Los Tres Santos Fanentes: Gregorio, Teodoro y León de Samos

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Detalle del icono de los Tres Santos Fanentes (1654) conservado en la iglesia de la Panagia de Sami, Cefalonia (Grecia).

Los santos Gregorio, Teodoro y León, conocidos por los griegos como “los Santos Fanentes” fueron tres eremitas que vivieron en la Isla griega de Cefalonia. Esta es la isla más grande del Mar Jónico y en ella predicó el apóstol Pablo, lo cual es un gran orgullo para la iglesia griega pues desde los tiempos apostólicos el cristianismo se asentó en la isla, dando frutos de santidad, como San Gerasimos de Cefalonia (1506-1579), San Antimos Kouroukis (1727-1782) o San Panagias Basha (1801-1888). Esta isla fue también bendecida por la presencia de San Cosme de Etolia y San Macario Notarás en el siglo XVIII.

Pero, ya en los primeros siglos de nuestra Era, hombres santos honraron la isla con su presencia pues en su parte oriental, concretamente en Sami, vivieron como eremitas los Santos Gregorio, Teodoro y León (los llamados Santos Fanentes).
Según una antigua tradición oral existente en la isla y confirmada por los hallazgos arqueológicos efectuados en la zona de Sami, estos tres eremitas provenían de la parte oriental del imperio romano y formaban parte del ejército imperial destinados en Sicilia. Distinguidos por sus muchas virtudes y por su profunda fe en Cristo, cuando el emperador Constancio II (muerto en el año 360) decretó que todos sus súbditos tenían que convertirse a la herejía arriana, temiendo por sus vidas al no querer abrazarla, huyeron junto con otros soldados griegos y se asentaron en la isla de Cefalonia. Una vez allí, optaron por separarse del resto de los soldados y dedicarse a Dios llevando vida de eremitas, para lo cual buscaron el lugar que creyeron más adecuado. Gregorio era un anciano, Teodoro tenía unos treinta años y León era un joven.

El valle de Sami, situado en la parte oriental de la isla fue el lugar más apropiado para vivir allí el resto de sus vidas. Era un lugar ideal: algunas cuevas, un denso bosque de árboles y arbustos, frutos silvestres y abundancia de agua. Allí vivieron y allí murieron juntos un 24 de agosto de un año indeterminado quedando sus cuerpos sin sepultar. Eran unos desconocidos y su memoria se perdió hasta que un rico habitante de la isla de nombre Miguel que sufría una enfermedad incurable (posiblemente lepra) y que estaba desahuciado de los médicos, decidió depositar su confianza en Dios.

Ruinas del monasterio dedicado a los Tres Santos Fanentes; valle de Sami, Cefalonia (Grecia).

Una noche tuvo una visión mientras dormía: tres hombres con figuras de ángeles se le aparecieron y le prometieron su curación si él encontraba sus cuerpos. Cuando Miguel despertó, no conocía ni los nombres de estos tres personajes ni el lugar donde estaban, pero encontró a un porquero, quien le contó que uno de sus cerdos se había apartado de la piara y se había adentrado en el bosque encontrando tres cuerpos humanos sin enterrar en el interior de una cueva de la que salía una suave fragancia.
Miguel se percató de que estas tres personas pudieran ser los tres hombres que se le habían aparecido en sueños y, guiado por el pastor, fue a caballo hasta el bosque donde encontró las reliquias en un lugar luminoso. Arrodillado, dio gracias a Dios y repentinamente se sintió curado de la lepra.

En el lugar donde fueron encontradas las reliquias de los tres santos, con su dinero construyó un monasterio el cual fue un foco de espiritualidad en la isla durante varios siglos y en el cual se depositaron los tres cuerpos santos. Es el monasterio de los Santos Fanentes, construido en el año 1164 en la parte superior de la ciudadela de la antigua Sami. Cuando el pirata normando Margaritone de Brindisi ocupó la isla en el año 1185, comenzó el declinar del monasterio y como consecuencia de ello, años más tarde, los venecianos robaron las reliquias de los santos y después de un penoso viaje en barco, las trasladaron a la iglesia de San Zacarías en Venecia.

Sepulcro de los Tres Santos Fanentes. Iglesia de San Zacarías, Venecia (Italia).

En el siglo XV el monasterio fue reconstruido con parte de los materiales de construcción de las ruinas de la antigua ciudadela de Sami y se mantuvo floreciente hasta el siglo XVIII. A principios del siglo XIX, como consecuencia de la política religiosa desarrollada por los británicos, el monasterio fue abandonado y posteriormente destruido por el terremoto del año 1953. Pero se salvó un antiguo icono de los tres santos, que data del año 1654 y que se conserva en la iglesia de la Panagia en Sami. Junto a las ruinas del monasterio se construyó una capilla donde anualmente los habitantes de la isla conmemoran la festividad de los tres santos y donde se ha puesto una copia de este icono. A ella se accede por un sendero que parte de la ciudad de Sami y pasa a través de la antigua acrópolis.

Pero a principios del nuestro siglo, en el año 2004, el metropolitano Spyridon Kalafatakis de Cefalonia contactó con la Iglesia Católica a fin de conseguir la devolución de las reliquias robadas por los venecianos. Esto fue precedido por un arduo trabajo de investigación del Padre Georgios Antzoulatos de Cefalonia, que durante veinticinco años buscó los testimonios de numerosos sacerdotes católicos y peregrinos encontrando las reliquias de los santos en un osario de mármol en la mencionada iglesia de San Zacarías. Francesco Intron, especialista forense de la Universidad de Bari confirmó el descubrimiento mediante el análisis de los tres cuerpos, reafirmando lo que se sabía por tradición: que uno de ellos murió con unos sesenta años de edad, otro con unos treinta y el tercero con unos veinte años.

El 30 de enero del año 2009 se procedió a la investigación de la documentación presentada y ya encontradas las reliquias en la mencionada iglesia veneciana de San Zacarías, el cardenal patriarca de Venecia, Angelo Scola procedió a la devolución de parte de las mismas. Estas, fueron depositadas durante tres meses en la iglesia de San Jorge de Atenas, retornando solemnemente a Sami (Cefalonia), el día 2 de mayo del mismo año, o sea, hace tres años.

Sacerdotes ortodoxos en oración ante las reliquias de San León de Samos; tras la devolución de las reliquias de los Tres Santos Fanentes a Grecia en 2009.

En el año 1686 el bolandista C. Janninck intentó documentar este traslado de reliquias desde Sami hasta Venecia, pero se dio cuenta de que su trabajo sería inútil porque un incendio había destruido todos los documentos que con anterioridad habían existido sobre este tema. Ni siquiera eran ciertas las noticias que habían permanecido hasta la fecha. Sobre este tema, había escrito por primera vez el dominico P. Carlo, que había fallecido en el año 1340 y el obispo de Iesolo, Pedro de Natalibus, que recopiló en su “Catalogus sanctorum” lo que había encontrado. Ellos decían que todas las noticias existentes sobre estos tres santos eran las escritas por ese noble y rico habitante de la Isla de Cefalonia, llamado Miguel, pero que incluso esta fuente de información se había perdido. Sin embargo, el tal Miguel lo que había hecho es escribir lo que los propios santos le habían dicho en una visión después de su muerte y eso es lo que hemos escrito sobre sus vidas en este artículo.

Antonio Barrero

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