San Teodosio el Cenobiarca

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Iconos del Santo en su monasterio de Belén (Palestina).

Es el fundador de un célebre monasterio en Palestina y es llamado Cenobiarca porque fue el mayor y mejor representante del estado de vida cenobítico.
Nació en el año 423, en la aldea de Garissos en Capadocia, en la actual Turquía. Recibió de sus padres una educación muy piadosa, cosa que le sirvió muchísimo en su posterior formación. El conocimiento de las Sagradas Escrituras le permitió ser ordenado como lector siendo aún muy joven y como muchos compatriotas suyos, decidió marchar a Palestina, a Tierra Santa. Durante su viaje, pasó por Antioquía y visitó a San Simeón el Estilita, quién le profetizó que sería monje, padre de un numeroso grupo de seguidores suyos en el monacato. También le aconsejó que no se incorporase a los eremitas que habitaban en el desierto de Egipto porque entre ellos estaba calando la herejía monofisita. Después de estar varios meses en Tierra Santa, viendo cuántos eran los medios de santificación que se le ofrecían, como tenía dudas sobre qué hacer, pidió consejo a un anciano llamado Longinos, que pertenecía a un grupo de fervorosos cristianos partidarios de estar rezando toda la noche y de no poseer bienes y que eran llamados “los celosos”.

Aceptando el consejo que le dio Longinos, decidió marchar al desierto de Judea donde también vivían otros ermitaños y se instaló en una gruta en una montaña donde no había nadie. Allí vivió durante cuarenta años comiendo solo frutas y hierbas silvestres y sin probar un solo bocado de pan. Como era normal, trascendió su fama de santidad y se le acercaron numerosos discípulos tal y como le había profetizado San Simeón Estilita. El, al principio se mostró muy reacio y solo aceptó que unos seis o siete viviesen cercanos a él, pero al final tuvo que ceder porque eran muchos los que se le acercaban. Lo primero que les enseñaba era a meditar sobre la muerte, porque les decía que en eso estaba el fundamento de todas las virtudes.

Como la gruta se quedó pequeña para que vivieran en ella tantos eremitas, buscó un lugar más adaptado a esas necesidades y se estableció en Cathismos a unos siete kilómetros al sur de Belén. Allí construyeron un gran monasterio, que pronto se les quedó también pequeño. Fuera de la clausura del monasterio y con la ayuda de una benefactora de la que se desconoce el nombre, montó tres enfermerías para atender a los enfermos de aquellas comarcas: una para los ancianos enfermos, otra para los enfermos mentales (entonces eran llamados “endemoniados”) y otra para los peregrinos. Se le acercaron muchísimos monjes procedentes de los países vecinos, con distintas lenguas, lo que hizo necesario que se construyeran tres iglesias: una para los de habla griega, otra para los sirios y una última para los armenios.

Sepulcro del Santo en su monasterio de Belén (Palestina).

Este modo de vida disgustó al emperador Anastasio, que era contrario a las decisiones del Concilio de Calcedonia que había condenado el eutiquianismo, o sea, el monofisismo más radical. Y así, Anastasio empezó a incordiar entre quienes permanecían fieles a la ortodoxia del Concilio y destituyó al Patriarca Elías de Jerusalén sustituyéndolo por un monje monofisita de nombre Severo.

Entonces San Teodosio llegó a un acuerdo con San Sabas, fundador de la Gran Laura en el desierto de Judea y que era gran amigo suyo, a fin de oponerse ambos a la política religiosa del emperador. Teodosio sería el guía de los cenobitas y Sabas el de los eremitas del desierto de Judea y así, Teodosio rechazó las ofertas del emperador, aunque aceptó del mismo una suma importante de dinero a condición de repartirla entre los pobres. Y tanto Sabas como Teodosio le dejaron claro que sólo aceptaban la doctrina emanada del Concilio de Calcedonia. A pesar de que tenía unos noventa años de edad viajó por toda Palestina para exhortar a todos los monjes cenobíticos a permanecer fieles a la ortodoxia del Concilio y en la mismísima ciudad de Jerusalén, en la Iglesia del Santo Sepulcro hizo una tan acalorada defensa de la ortodoxia, que provocó un gran revuelo en la ciudad. Enfadado por esta actuación de San Teodosio, el emperador Anastasio lo desterró, lo envío al exilio, pero como el emperador murió el día 1 de julio del año 518, el nuevo emperador Justino I, fiel al Concilio, le permitió volver a su monasterio cercano a Belén.

Allí pasó los últimos años de su vida, soportando una larga y dolorosa enfermedad, que aceptó con tal paciencia que incluso se oponía a que sus monjes rezasen pidiendo su curación. Allí murió en el año 529, con ciento cinco años de edad y rodeado de más de cuatrocientos monjes. Sus funerales fueron presididos por el Patriarca de Jerusalén y su cuerpo fue sepultado en la primitiva gruta donde había vivido. Del primitivo monasterio fundado por él solo quedan las ruinas, pero existe otro construido posteriormente, donde ahora se encuentra su sepulcro.

Defendió durante toda su vida la doctrina del Concilio: Cristo es verdadero Dios y verdadero Hombre. Su fiesta es conmemorada en el Martirologio Romano tal día como hoy, 11 de enero. Su vida fue escrita por un discípulo suyo llamado Teodoro, que posteriormente fue obispo de Petra, en Jordania.

Antonio Barrero

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