La Virgen del Castillo

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Imagen de la Virgen del Castillo venerada en Ambivere, Italia.

Imagen de la Virgen del Castillo venerada en Ambivere, Italia.

La Italia de los santuarios: Ambivere (BG), aquí se venera a la Madre de Dios, dicha “del Castillo”. Aquí la Santa Virgen es celebrada en modo particular el segundo domingo de septiembre, en proximidad a la fiesta de la Natividad de María (8 de septiembre), del Santo Nombre de María (12 de septiembre) y de la Dolorosa (15 de septiembre).

El santuario era en sus orígenes (finales de 1400), según algunos historiadores, el oratorio de un castillo levantado en la primera mitad de 1300, para otros estudiosos, sin embargo, nació gracias a las “limosnas” aportadas tras un suceso milagroso. Se cuenta, de hecho, que algunos soldados franceses se atrincheraron en el castillo y estuvieron a punto de morir de sed, pero entonces intervino la Virgen, que hizo brotar agua fresca ante sus ojos. Actualmente, en la iglesia existe un pozo amurallado, pero no puede saberse que tenga relación alguna con el milagro.

La iglesia fue reedificada a mediados de 1600, utilizando parte del material de la mansión en ruinas. El santuario tiene una sola nave y guarda algunos frescos interesantes: una Virgen con Niño y al fondo, un castillo con torres de color amarillo. En 1832 se abre un período de grandes transformaciones: fue derribada la torre medieval, se levantaron muros de delimitación y la plaza asumió su aspecto actual.

En una acta notarial de 1833 se menciona la adquisición del vestido con el cual se viste la imagen de madera de la Virgen. Tejida con oro y plata, con un manto ciertamente espléndido, es mostrada la imagen en los días de fiesta. Este vestido confiere a la estatua un aspecto imponente y devoto, de gusto típicamente sureño… ¡pero es de Bérgamo!

El título mariano de la Santa Madre de Dios venerada en Ambivere, como se entiende, deriva de la presencia de un antiguo castillo. El título del castillo es, sin embargo, un tema espiritual muy querido por la Santa de Ávila. Santa Teresa de Jesús se da cuenta de que no hay palabras para explicar las maravillas de Dios en el alma, por lo que para dar una enseñanza espiritual a sus hijas, hace uso de las imágenes: el alma-castillo. Explica que nuestra alma es como un hermoso castillo, que parece un diamante terso con mil facetas.

Imagen de la Virgen del Castillo venerada en la Basílica de Santa Catalina de Siena, Italia.

Imagen de la Virgen del Castillo venerada en la Basílica de Santa Catalina de Siena, Italia.

Escribe la Santa Madre de la reforma del Carmelo: “Nuestra inteligencia, por aguda que sea, nunca va a llegar a comprenderla, como nunca va a comprender a Dios, a cuya imagen y semejanza hemos sido creados. Si esto es verdad – y no puede ponerse en duda – es inútil cansarse en querer comprender la belleza del castillo. Sin embargo, para tener una idea de su excelencia y dignidad, piensa que Dios dice que lo hizo a su imagen, a pesar de que entre el castillo y Dios siempre hay una diferencia de Creador y criatura, siendo también el alma una criatura”.

En el corazón del castillo está Dios
Cuanto más claro esté nuestro castillo diamantino, o alma, más claro brilla a Dios a través de ellos. Este castillo tiene muchas moradas, se cuentan por millones. Escribe la Santa Madre de la reforma del Carmelo: “Pero como el diablo es maligno, en cada morada debe tener legiones de sus pares, para evitar que pasemos de una morada a otra, por lo que las pobrecillas, que no son conscientes, están enredadas en mil lazos: eso no ocurre tan fácilmente a las que están más cerca del apartamento real”.

Y también escribe: “Por otra parte, si lo pensamos bien, ¿qué es el alma de los justos: un paraíso donde el Señor dice que tomemos sus delicias? Entonces, ¿cómo será la morada en la cual se deleita un Rey tan poderoso, tan sabio, tan puro, tan lleno de riquezas? ¡No, no hay nada que pueda compararse con la gran belleza de un alma y de su inmensa capacidad!”

Hay un universo exterior y uno interior de cada uno de nosotros. Jesús llama a la puerta de nuestros corazones, para ayudar a purificar tu castillo, y así ver a Dios, ¿recuerdas? “Los puros de corazón verán a Dios”.

Los habitantes del castillo
Los habitantes del castillo, los castellanos, son: nuestra inteligencia, memoria, voluntad y nuestros sentidos. Miles… son los “personajes” que lo visitan: tentaciones, ataques, vicios, demonios que despiertan en el alma pensamientos y deseos contrarios a la palabra de Jesús. Estos “personajes” nos hacen vivir en la periferia o en el exterior del castillo, lo hacen frívolo y superficial, y en fin, hacen todo lo posible para no dejarnos entrar al interior, a conocer a nuestro gran Rey. Casi todos los que viven fuera del castillo, o en las moradas, podríamos decir que son los siervos.

Imagen de la Virgen del Castillo venerada en Formicola, Italia.

Imagen de la Virgen del Castillo venerada en Formicola, Italia.

Santa Teresa hace una comparación al decir esto: “Nuestras facultades, salidas del castillo para andar con extraños, reconociéndose culpables, se aglutinan en torno al castillo, pero sin volver a entrar. El gran Rey, que vive en el centro del castillo, se digna en su gran misericordia a llamarlas de nuevo a sí, bajo la apariencia del Buen Pastor, con un silbido tan dulce que ellas mismas casi no lo oyen, hace que conozcan su voz y no estén tan perdidas, sino que vuelvan a su morada. Este silbido de pastor ejerce sobre ellos tanta fuerza que, dejando las cosas exteriores en las que estaban distraídas, vuelven a entrar dentro del castillo. Me parece que nunca he explicado esta idea tan bien como ahora”.

La puerta del castillo
La puerta del castillo es la oración o súplica. La oración es recogerse uno mismo en la presencia de Dios y hablar con Él, es la llave que abre el corazón de Dios. Ésa es la oración oral, hecha por la voz.
La meditativa es la que reflexiona sobre todo lo relacionado con Dios.
La contemplativa es donde se pueden admirar los misterios de la fe, de Dios, que amamos, pero sin utilizar tantos razonamientos, sino con una simple mirada.

La guardiana del castillo
La Santísima Madre de Dios, solamente Ella es capaz de custodiar la inteligencia, la memoria, la voluntad y los sentidos, porque es la “llena de gracia”, que nos ayuda a custodiar nuestro castillo interior, en el que cada día, con paciencia, llama a su Hijo Jesucristo, ¡que te quiere sólo para Él! María, Nuestra Señora del Castillo, ¡ruega por nosotros!

Damiano Grenci

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Santa Teresa de Ávila: reformadora del Carmelo

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"Venerable Teresa de Jesús", óleo de Fray Juan de la Miseria. Considerado el retrato más verídico de la Santa.

“Venerable Teresa de Jesús”, óleo de Fray Juan de la Miseria. Considerado el retrato más verídico de la Santa.

Su nombre de pila era Teresa de Cepeda y Ahumada y nació en Ávila, el día 28 de marzo del año 1515; sus padres: Alonso Sánchez de Cepeda y Beatriz de Ahumada. Es educada de forma piadosa y ya de niña le gusta leer las vidas de los santos, cosa que le influye cuando intenta escaparse con su hermano Rodrigo para ir “a tierra de moros” y sufrir el martirio. Su tío la encuentra, la devuelve a casa y entonces pasa por su mente infantil imitar la vida de los eremitas del desierto. Cuando tiene unos catorce años, muere su madre y entonces, ella elige a la Virgen como madre. Se educa en el monasterio de Agustinas de Santa María de Gracia y volviendo a las “fechorías” de niña, cae enferma y tiene que salir de allí cuando tenía unos diecisiete años de edad.

En el año 1533 con unos dieciocho años de edad, es llevada a Castellano de la Cañada y poco después vuelve a Ávila. Entra en las Carmelitas de la Encarnación el día 2 de noviembre de 1535 y está un año de postulante, iniciando el noviciado el 2 de noviembre de 1536 y emitiendo los votos simples, con veintidós años y medio, el día 3 de noviembre de 1537. Un año después enferma gravemente por lo que tiene que salir del monasterio para curarse.

Confiada por su tío a una curandera de Becedas, casi se muere. En 1539 la llevan a Ávila y le dio un colapso (caída grave de la tensión arterial que causa una insuficiencia circulatoria), que le duró tres días. Se recuperó el día 18 de agosto por lo que entra de nuevo en el convento, aunque estuvo tres años paralítica. Según ella misma cuenta, se curó milagrosamente gracias a San José y una vez curada “se relanza” espiritualmente. Cuando tiene ventiocho años, el 24 de diciembre de 1543, muere su padre y ella se encierra en la oración y aunque tiene momentos de cansancio y de vacilaciones, en esa actitud está durante varios años.

Según ella misma cuenta, en el año 1557, con cuarenta y dos años de edad y siendo monja desde el año 1537 es cuando se realiza su conversión definitiva. Empieza a experimentar gracias místicas, ayuna y se mortifica frecuentemente, es incomprendida por las monjas y por algún que otro confesor, etc. Aunque ya entonces, San Francisco de Borja dice textualmente refiriéndose a ella: “todo esto es obra de Dios”. Desde el año 1560 al 1562, el franciscano San Pedro de Alcántara es su confesor y él mismo, la ilumina, la reconforta, la sostiene espiritualmente…y son en estos años, cuando Santa Teresa tiene las grandes visiones místicas, los llamados raptos místicos y la famosa transverberación. Es también por esas fechas cuando tiene su célebre visión del infierno.

Emite nuevamente sus votos hechos en 1537, los renueva, y decide “seguir la Regla con la mayor perfección posible”, llegando a concretizar con algunas hermanas este objetivo y decidiendo fundar un monasterio “donde se siga la Regla primitiva de la Orden más perfectamente”. Sabemos que por aquel entonces había infinidad de relajaciones en los conventos, como por ejemplo, las monjas eran tratadas como señoras teniendo incluso sus criadas. Santa Teresa, ayudada por su confesor San Pedro de Alcántara hace realidad esta idea de fundar un convento el día 24 de agosto de 1562, el llamado monasterio de San José, un monasterio extremadamente pobre en una ciudad muy pobre: Ávila. Esto es mal visto en la ciudad, le llaman la atención sus superiores e incluso interviene en el tema el Consejo de la Ciudad (lo que hoy sería el Ayuntamiento). Sin embargo este hecho es defendido ardientemente por el célebre teólogo dominico Domingo Báñez, que le ayuda a obtener de la Penitenciaría Apostólica la aprobación definitiva el día 5 de diciembre de ese mismo año, o sea, solo unos meses más tarde.

Relicario con el brazo incorrupto de la Santa. Carmelo de Alba de Tormes, Salamanca (España).

Allí viven en extrema y perfecta pobreza, siguen a rajatabla la regla antigua y la eligen priora del monasterio a principios del año siguiente, 1563. Domingo Báñez se convierte en amigo, maestro y sostén de Teresa.

En ese mismo monasterio experimenta nuevas gracias místicas: revelaciones, extásis y la “visión de la Humanidad de Cristo”. Es cuando ella se convierte en “Teresa de Jesús y Él, en Jesús de Teresa”. Este intenso amor a Cristo le lleva a tener un deseo inmenso de morir, para ver a Dios y para encontrarse definitivamente con Él. Y poco a poco, va realizando y reforzando la idea de reformar la Orden.

El 17 de julio de 1565 el papa Pío IV confirma la concesión de la Penitenciaría Apostólica y en abril de 1567, el General de los Carmelitas, Fray Juan Bautista de Rossi, en la mismísima Ávila le autoriza a que funde otros conventos reformadores. Entonces inicia la gran tarea de las fundaciones.

En 1567, en el monasterio de Medina del Campo se encuentra con San Juan de la Cruz. Juan quiere ser cartujo y Teresa le convence para que sea carmelita descalzo. Un año más tarde, funda los monasterios de Malagón y de Valladolid y el 28 de noviembre de 1568, en una casucha de Durvelo, muy cerca de Ávila, se funda el primer convento masculino. Ella los visita en la Cuaresma del año 1569 y les da normas concretas de vida atenuando la extrema austeridad de practicaban. Ese mismo año funda los monasterios de Toledo y de Pastrana y uno también masculino.

Son años durísimos, de largos viajes en carruaje por caminos infernales, de negociaciones con los dueños para conseguir casas donde fundar los monasterios, de solucionar los problemas de cada fundación, dolores físicos, etc. Pero la reforma de la Orden se va consolidando y se va desarrollando, aunque aparecen los primeros conflictos de jurisdicción entre el nuncio y el rey y los problemas entre los carmelitas y los carmelitas descalzos. Esto le duele a ella en el alma, pero con un coraje impropio afronta de frente los problemas y al mismo tiempo se intensifica en ella la vida de oración. Era una mujer activa y contemplativa, una mujer hecha y derecha.

Y es en este período, desde 1562 a 1572, donde vive la gracia de los “esponsorios con Cristo” y donde cada vez es más fiel y generosa y está más disponible al servicio y Dios. En el año 1570 funda el Carmelo de Salamanca y al año siguiente, el de Alba de Tormes. El visitador apostólico, la nombra priora del antiguo Monasterio de la Encarnación en Ávila y, aunque allí es mal recibida por las monjas, ella se comporta con dulzura y con humildad. Entonces su confesor es San Juan de la Cruz y es el día 15 de noviembre de ese año cuando se producen “los esponsorios espirituales” de los que hablé antes: tiene una visión en la cual ve que Cristo se desclava de la cruz y le dice:”Desde hoy en adelante tu serás mi esposa. Desde ahora te preocuparás de mi honor, porque soy tu Dios, tu Rey y tu Creador; pero también serás mi verdadera esposa. Mi honor es el tuyo y el tuyo es el mío” Si antes quería morir para ver a Dios, ahora está serena porque sabe que lo posee, goza de su presencia continua y ve a Cristo como Dios y como Hombre, lo que se ha venido en llamar, visión intelectual de Teresa. Su paz interior es una paz mística; está en permanente coloquio con Él; tiene conciencia de que todo lo que hace es oración, incluso las tareas domésticas ordinarias.

Relicario del corazón incorrupto de la Santa. Carmelo de Alba de Tormes, Salamanca (España).

En el año 1574 tiene que cerrar el monasterio de Pastrana para librarse de las impertinencias y exigencias de la princesa Ana de Mendoza, pero un año más tarde funda los conventos de Beas de Segura y de Sevilla. Ese mismo año hay problemas en la Orden y ella tiene que escribir al rey Felipe II a fin de que interceda y los Carmelitas Descalzos puedan formar “Provincia Propia”, distinta de los otros.

En el año 1576 marcha a Toledo y allí se queda cerca de un año. Es cuando escribe su obra: “Castillo interior”, pero al año siguiente marcha nuevamente a Ávila donde asiste impotente a la lucha contra la Reforma y meten en la cárcel a San Juan de la Cruz, teniendo ella que escribir al rey solicitando la libertad de Juan. Como Juan se fuga de la cárcel y algunos carmelitas descalzos cometen ciertas imprudencias, la hostilidad del nuevo nuncio Felipe Sega le lleva a Madrid en julio de ese año (1577) con una gran animadversión hacia la obra de Teresa y Juan. De ella decía que era una mujer inquieta, vagabunda, desobediente, contumaz, que salía de la clausura desoyendo las consignas del Concilio de Trento y que en contra de lo que escribió San Pablo, ella se atrevía a enseñar como maestra. Ya tenemos otro episodio consecuencia del machismo de San Pablo. Pero el nuncio tuvo que rendirse y aceptar lo que quería el rey y así en el año 1579, los carmelitas descalzos consiguen tener “Provincia propia”. Se impuso la razón.

Teresa coge ánimos, aunque nunca le faltaron y reanuda sus fundaciones al mismo tiempo que escribe “Camino de perfección”, que es editado sólo cuatro años más tarde. Funda los monasterios de Villanueva de la Jara y Palencia en 1580 y ese mismo año, el 22 de junio, recibe una gratísima noticia: el papa Gregorio XIII erige a los Descalzos como Provincia separada de los Carmelitas. En marzo de 1581 se reúne el Primer Capítulo de la nueva Provincia, eligen al primer prior general y se promueven las nuevas Constituciones tanto para las mujeres como para los hombres.

Pero ella sigue (para algo se le ha llamado la santa andariega, ¡vagabunda la llamaba el Nuncio! ¡Vaya prenda estaba hecho ese personaje!) y ese mismo año funda los conventos de Soria y de Granada; y es en Granada donde se encuentra por última vez con San Juan de la Cruz, que había llegado desde Ávila. Ella vuelve a Burgos y funda allí otro monasterio, incansable. Pero desde Burgos se dispuso a marchar a Ávila con la intención de preparar la fundación de un convento en Madrid y en Medina del Campo se encuentra con el vicario provincial que le dice que vaya a Alba de Tormes ¡para consolar a la duquesa! Fue por obediencia, pero era la vez que más le costaba cumplir con ese voto. Llega a Alba de Tormes ya vieja, cansada, agotada y con terribles hemorragias y así, el día 1 de octubre cae en cama y el día 3 recibe el Viático. “Doy gracias a Dios por morir dentro de la Iglesia”. En efecto, murió la tarde del día 4 de octubre de 1582 con sesenta y siete años y medio de edad. Con la corrección del Calendario Gregoriano, el día 15 de octubre.

Relicario con una mano incorrupta de la Santa. Carmelo de Ronda, Málaga (España).

Fue una mujer trabajadora, como Marta, y mística, como María. Ha sido y es una de las personalidades más importantes de la Iglesia, de un dinamismo y una espiritualidad inalcanzables, que emanaba alegría contagiosa y una santidad que también se contagiaba. Fue notable su amor a la Eucaristía y a la Virgen. También a las reliquias de los santos (en eso se parecía a Felipe II).

Escribió numerosas obras: “El Libro de mi vida”, “Camino de perfección”, “Castillo interior” (o “Las Moradas”), “Las Fundaciones”, “Conceptos del Amor de Dios”, “Exclamaciones del alma a Dios”, las “Constituciones de las Carmelitas Descalzas” y numerosas cartas y otros escritos.

Recibió culto casi después de su muerte. Murió en Alba de Tormes y allí está sepultada, allí se veneran la mayor parte de sus restos. Pablo V la beatificó con el Breve “Regis aeternae” el día 24 de abril de 1614 y fue canonizada por Gregorio XV, el día 12 de marzo del año 1622, junto con San Isidro labrador, Ignacio de Loyola, Francisco Javier y Felipe Neri. El día 15 de octubre de 1967, el Beato Pablo VI la declaró “Doctora de la Iglesia”.

Es patrona de varias diócesis españolas, de la archidiócesis de México (desde el 25 de septiembre de 1618), de Nápoles (desde el día 22 de enero de 1664), de la Intendencia Militar Española (desde el 13 de diciembre de 1961) y de los escritores españoles (desde el 10 de septiembre de 1965).

Antonio Barrero

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Los reformadores del Carmelo

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Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, reformadores del Carmelo

Pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús? En cuanto a su espiritualidad. Déjeme explicarme: es decir, Santa Teresa reforma la rama femenil de las CARMELITAS mientras San Juan la varonil. Es decir ¿uno como varón (o sea yo) digamos puede seguir más la espiritualidad de San Juan que la de Santa Teresa pues es mujer? Se que la santa tuvo relación con un fraile franciscano Fr. Pedro de Alcántara. ¿Cuál cree que fue la influencia espiritual que ejerció él santo sobre Santa Teresa? Dios les Bendiga. Espero su respuesta. México.

Respuesta: Digamos que en el año 1557 (teniendo Teresa 42 años de edad y siendo monja desde el año 1537) es cuando, según ella misma escribe, se realiza su conversión definitiva. Empieza a experimentar gracias místicas, ayuna y se mortifica frecuentemente, es incomprendida por las monjas y por algún que otro confesor, etc. Aunque ya entonces, San Francisco de Borja dice textualmente refiriéndose a ella: “todo esto es obra de Dios”.

Desde el año 1560 al 1562, el franciscano San Pedro de Alcántara, que es el confesor de Santa Teresa, la ilumina, la reconforta, la sostiene espiritualmente… y es en estos años, cuando Santa Teresa tiene las grandes visiones místicas, los llamados raptos místicos y la famosa transverberación. Es también por esas fechas cuando tiene su célebre visión del infierno, del que llega a decir que “está tapizado de coronillas de curas”.

Emite nuevamente sus votos hechos en 1537, los renueva, y decide “seguir la Regla con la mayor perfección posible”, llegando a concretar con algunas hermanas este objetivo y decidiendo fundar un monasterio “donde se siga la Regla primitiva de la Orden más perfectamente”. Sabemos que por aquel entonces había infinidad de relajaciones en los conventos: las monjas eran tratadas como señoras teniendo incluso sus criadas…

Santa Teresa, ayudada por su confesor San Pedro de Alcántara hace realidad esta idea de fundar un convento el día 24 de agosto de 1562, el llamado monasterio de San José, un monasterio extremadamente pobre en una ciudad muy pobre: Ávila. Esto es mal visto en la ciudad, le llaman la atención sus superiores e incluso interviene en el tema el Consejo de la Ciudad (lo que hoy sería el Ayuntamiento). Sin embargo este hecho es defendido ardientemente por el célebre teólogo dominico Domingo Báñez, que le ayuda a obtener de la Penitenciaría Apostólica la aprobación definitiva el día 5 de diciembre de ese mismo año, o sea, solo unos meses más tarde. La eligen priora del monasterio a principios del año siguiente, 1563.

El 17 de julio de 1565 el papa Pío IV confirma la concesión de la Penitenciaría Apostólica y en abril de 1567, el General de los Carmelitas, Fray Juan Bautista de Rossi, en la mismísima Ávila le autoriza a que funde otros conventos reformadores.

Y es entonces cuando se encuentra con San Juan de la Cruz, en 1567, en el monasterio de Medina del Campo. Juan quiere ser cartujo y Teresa le convence para que se haga carmelita descalzo y es desde entonces cuando ella se dedica a reformar el Carmelo femenino y él hace lo propio con el Carmelo masculino. Este tema puedo desarrollarlo muchísimo más, pero creo que no es necesario.

Con esta pequeña narración te señalo cuales fueron las relaciones entre los tres santos: Teresa de Ávila, Juan de la Cruz y Pedro de Alcántara. Teresa y Juan son los reformadores del Carmelo. Pedro es el confesor de Teresa, que la anima y conforta.

Y con respecto a Santa Teresa y la pregunta sobre qué hacer,  sobre si ha de seguir la espiritualidad de Teresa o de Juan, yo le diría que coja una sandía, la parta en dos trozos y coja el trozo que quiera: es la misma sandía.

Antonio Barrero

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