Los iconos de la Virgen María en las Iglesias Ortodoxas

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo griego de la Virgen, recubierto de plata, venerado en la skete de Prodromos, Monte Athos (Grecia).

Icono ortodoxo griego de la Virgen, recubierto de plata, venerado en la skete de Prodromos, Monte Athos (Grecia).

El icono de la Virgen María está presente en la mayor parte de los hogares de los creyentes ortodoxos. No es sólo un símbolo de la maternidad y del amor maternal, sino también una ventana abierta a la misma Madre de Dios. El icono se coloca normalmente en la pared oriental de las habitaciones, a veces junto a una lámpara de aceite que arde especialmente en domingo y durante las grandes fiestas y en viernes, el día en que el Señor Jesucristo murió en la cruz.

El arte ortodoxo tiene mucho que ver con la pintura y no tanto con la escultura. Las estatuas son desconocidas en las iglesias de Grecia, muy raras en las de Rumanía y más habituales en Rusia, pero generalmente son una rareza, porque la teología mística del Este ve la iconografía desde la perspectiva del misterio del Reino de los Cielos, y las estatuas tienden a ser vistas como algo “demasiado material”.

En este contexto, los iconos que representan a la Madre de Dios son, como los demás iconos, una combinación de realidad y simbolismo. En general, Nuestra Señora siempre aparece representada con la cabeza cubierta por un velo que cae sobre sus hombros, según la tradición judía de su época. El color habitual del velo o cubrecabeza es rojo, y simboliza tanto el sufrimiento por su Hijo como su santidad. Bajo este velo, normalmente se ve un segundo velo azul, que simboliza la humanidad de la Virgen. A veces los colores se invierten, y vemos el azul en la tela exterior.

Otra particularidad de todos los iconos bizantinos de la Virgen son las tres estrellas pintadas en el velo: una en la frente y las otras dos en cada hombro de la Virgen María. Simbolizan su virginidad antes, durante y después de la Natividad. Otros teólogos interpretan las tres estrellas como el símbolo de la Santístima Trinidad, y en este contexto se explica el por qué la tercera estrella está cubierta, porque el Niño que ella lleva es Jesucristo, la segunda persona de la Trinidad.

Icono ortodoxo griego de San Lucas pintando a la Panagia Hodigitria.

Icono ortodoxo griego de San Lucas pintando a la Panagia Hodigitria.

Casi todos los iconos representan a la Santa Virgen con su Niño pequeño -aunque hay algunos tipos donde aparece sola- y el afecto entre la Madre y el Hijo es obvio. Tradicionalmente, el primer icono de la Virgen fue pintado por San Lucas Evangelista. También se cree comúnmente que el icono Hodigitria es el “modelo” que Lucas pintó, y su simbolismo lo explicaremos a continuación.

Hay cinco principales tipos de icono de la Theotokos en la iconografía ortodoxa, pero también existen otros tipos en un apartado menor:

– El icono de la Virgen “Hodigitria/Hodegetria” (Ὁδηγήτρια), literalmente, “La que muestra el Camino”, y, como se ha dicho, es tradicionalmente vinculado a San Lucas. Este tipo de icono es el más difundido de todos los de la Virgen. Ella sostiene al Salvador como un bebé y lo mira como guía hacia Dios y la salvación. Hay que remarcar que ella lleva al Niño en su brazo izquierdo, mientras que lo muestra con su mano derecha, siendo ésta la razón de por qué es conocida como la que muestra el Camino (Cristo es el Camino). El Niño tiene una cara madura (quizás también una ancha frente), un signo de que Él es la Sabiduría, y lleva un rollo, a veces plegado y otras extendido (que es el Evangelio). El icono original atribuido a San Lucas está hoy día perdido (fue custodiado por el monasterio de la Panagia Hodegetria en Constantinopla hasta la Cuarta Cruzada en 1204), aunque existen algunos iconos que se cree que son este original, en Italia o Rusia. Este tipo de icono está difundo tanto en las iglesias ortodoxas como en las católicas.

– El icono de la Virgen Eleousa (Ἐλεούσα). Desde la Hodegetria se desarrolló posteriormente la Panagia Eleousa (Virgen de la Tierna Misericordia). María todavía señala a Cristo, pero él está acariciando su mejilla, que ella inclina ligeramente hacia él. Al menos un brazo de Jesús aparece rodeando su cuello y hombro. La Madre de Dios, en este icono, simboliza a la Iglesia. La plenitud del amor entre Dios y los humanos se consigue pues sólo a través de un cercano amigo de la Iglesia, en este caso, la Madre de Dios. Los iconos rusos de la Theotokos de Vladimir y la Theotokos de Pochayiv son ejemplos bien conocidos de este tipo de icono.

Icono ortodoxo griego de la Virgen Pantanassa (variante una Panachranta).

Icono ortodoxo griego de la Virgen Pantanassa (variante una Panachranta).

Una subvariante de este tipo es el icono de la Theotokos Pelagonitissa (o “la Virgen con el Niño que juega”), donde la Virgen sujeta a Jesús en un movimiento abrupto, su cabeza hacia atrás y agarrándose a ella. El nombre del icono procede de la ciudad de Pelagonia (hoy día Bitola, en Macedonia) donde el icono apareció por primera vez, en los siglos XII-XIII. El icono de la Virgen Glikofilusa es otro ejemplo.

– El icono de la Graciosa Virgen o Panahranta (de πανάχραντος, “inmaculada”). En este tipo de icono, la Virgen María se sienta en un trono real con el Niño Jesús en su regazo, y ambos están mirando hacia delante. El trono simboliza la gloria real, siendo ella perfecta entre todos los humanos nacidos en la tierra. De acuerdo con las enseñanzas del cuarto Concilio Ecuménico, la Virgen María vela sobre los destinos del mundo junto a Cristo. Variantes de este icono son la Pantanassa -aquí el Niño no está mirando directamente, sino que se gira hacia su Madre- y la Theotokos de Kazan, en la cual Cristo está de pie sobre la Virgen.

– El icono de la Theotokos Agiosortissa (Αγιοσορτισσα), “la intercesora”. En esta representación, la Virgen María está sola y, vista de perfil, tiene las manos alzadas en oración. Está mirando hacia la izquierda, normalmente a un icono de Jesucristo que está aparte. A veces lleva un pergamino. El triple icono que representa a Jesús en el centro con la Virgen María y San Juan Bautista con sus manos hacia Jesús es conocido como “Deisis” (oración). Una variante de éste es el icono de la Virgen “el Refugio” (Παναγία η Καταφυγή), en el cual su brazo permanece bajo su velo.

– El icono de la Madre Orante u Oranta (Οραντα), o “la Santístima” (Panagia o Παναγια). La Virgen María se muestra de frente al observador con sus brazos alzados en la posición de orante, en oración. A veces Cristo Niño es mostrado dentro de un círculo en su seno -esta representación es conocida como “Platytera” (Πλατυτέρα, que significa literalmente más ancha o más espaciosa, o la Señora del Signo), siendo Cristo el signo de salvación.

Icono ortodoxo ruso de la Virgen de la Zarza Ardiente.

Icono ortodoxo ruso de la Virgen de la Zarza Ardiente.

Con estos tipos no termina la iconografía relativa a la Virgen María. Otros subtipos son también muy importantes para la piedad de los creyentes ortodoxos. Podemos mencionar:

– La Madre de Dios “Galaktotrophousa” (Παναγια Γαλακτοτροφουσα), “la que alimenta con leche”, una rara representación de la Virgen amamantando a su Hijo.

– La Virgen de la Zarza Ardiente, alusión a la visión de Moisés en el Sinaí, que es entendida como una profecía de la virginidad de la Theotokos.

– La Virgen con la Siete Espadas, alusión a la profecía de Simeón “y a ti misma una espada te atravesará el alma, para que los pensamientos de muchos corazones sean revelados” (Lc 2, 35).

– La Madre Doliente, que representa a la Virgen en ropas negras, durante el funeral de su Hijo, que también aparece en segundo plano, siendo crucificado. Este tipo está especialmente presente en Rumanía, como influencia de la Piedad católica (es la Piedad ortodoxa).

– La Protección (o el Velo) de la Theotokos (Σκέπη, Sképē or Покровъ, Pokrov), que representa a la Virgen que acoge bajo su velo a los devotos, estando este icono asociado con un milagro ocurrido en Constantinopla en el siglo IX; salvada de una invasión eslava. El día de su celebración es el 1 de octubre.

Otros iconos que representan a la Virgen están asociados a momentos diferentes de su vida: la Anunciación, la Presentación en el Templo, la Natividad, la Ascensión de Cristo, Pentecostés, la Dormición de la Virgen. No se refieren sólo a ella o no la presentan en primer plano, pero es importante que también sean mencionados.

Icono ortodoxo griego de la Virgen Katafgi ("el Refugio"), donde aparece orando con el brazo cubierto por su velo.

Icono ortodoxo griego de la Virgen Katafgi (“el Refugio”), donde aparece orando con el brazo cubierto por su velo.

Algunas veces los iconos de la Virgen son objeto de una especial devoción por parte de los creyentes. Algunos iconos son considerados como protectores contra distintas enfermedades. La Agiosortissa es especialmente invocada en casos de cáncer. De otros iconos en lugares específicos se cree que ayudan a las madres a tener hijos (como la Panagia Tsampika en la isla de Rodas, Grecia) o ayudan contra enemigos visibles e invisibles (como la Panagia Portaitissa, “de las Puertas”, en el Monasterio Iveron del Monte Athos), etc.

Otra forma de venerar el icono de la Theotokos es vestirlo en plata y oro (por ejemplo, la Theotokos de la Sketa Prodromos en Athos, que encabeza este artículo) y colgar de él objetos devocionales, a menudo asociados a enfermedades u órganos curados. Este fenómeno comenzó con un icono específico, la llamada Triherousa (la de Tres Manos), por una mano de plata votiva adherida a un icono (como es el caso del icono de la Triherousa en Hilandar, Monte Athos).

La veneración de los iconos de la Virgen tiene una función especial en el mundo eslavo. El calendario de la Iglesia Rusa está muy desarrollado en conmemorar diferentes iconos de la Theotokos, que se veneran en un día concreto. Llega a mencionar en torno a 260 iconos de la Virgen María, asociados con milagros y celebrados litúrgicamente. El Menaion de Sergio de Radonezh presenta en torno a 700 iconos de la Theotokos.

Troparion de la Theotokos de Prodromos (celebrada el 12 de julio)
Madre de Dios, siempre Virgen, veneramos tu santo y divino icono con fe y lo besamos con agradecimiento. Porque a través de él, tú das a los fieles verdadera curación de sus almas y cuerpos. Por eso, te decimos: gloria a tu virginidad, gloria a tu misericordia. ¡Gloria a tus cuidados, a ti, que eres bendita!

Mitrut Popoiu

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Venerables Santos José (Iosif) y Ciríaco (Chiriac) de Bisericani

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo rumano de los Santos.

Icono ortodoxo rumano de los Santos.

Los Santos José y Ciríaco fueron ermitaños en la montaña de Bisericani, en el condado de Neamt, al noroeste de Rumanía, y son venerados entre los fundadores del monasterio que lleva el mismo nombre, cerca del pueblo de Scaricica y no lejos de Pangarati, otro asentamientos monástico conocido por los Santos Simeón y Anfiloquio, que allí vivieron.

San José de Bisericani
San José nació a inicios del siglo XV en un pueblo del condado de Neamt y vivió una fuerte vida religiosa desde su infancia, de modo que entró en el monasterio de Bistrita desde su juventud. Después de recibir el skema monástico, aprendió rápidamente cómo luchar con sus pensamientos contra el mal, para poder recibir las virtudes monásticas del auto-sentido, obediencia y humildad. Los ejercicios ascéticos más importantes para lograr esto eran el ayuno y la incesante oración.

Poco después San José llegó a la conclusión de que no tenía suficiente calma en el monasterio de Bistrita y decidió peregrinar al Santo Sepulcro de Nuestro Señor en Jerusalén. Recibió la bendición del abad Domiciano y habiendo venerado el Santo Sepulcro, intentó encontrar la calma que buscaba en lo agreste del valle del Jordán. En pocos años se convirtió en un famoso ermitaño, viviendo primero solo en una cueva, donde solía comer una vez al día o cada dos días, y sólo pan seco y agua del río Jordán, mientras soportaba visiones y tentaciones malignas.

Posteriormente se reunieron en torno a él diecisiete ermitaños (quince rumanos y dos griegos) que crearon un pequeño eremitorio. El nombre de los discípulos más conocidos de San José es Simón, Metodio, Bernabé, Pedro, Averquio y Germán. Todos ellos siguieron estrictamente el consejo de su padre espiritual. Su regla ascética consistía en el ejercicio de la oración y el ayuno en la propia celda (de hecho, una cueva), con sólo una comida al día y tras la puesta del sol. En domingo todos iban al monasterio de San Gerásimo, cerca del Jordán, para tomar parte en la Divina Liturgia y comulgar con el Cuerpo y la Sangre del Señor. De vuelta en el desierto, los discípulos cenaban juntos en la celda de José. Su comunión duraba hasta el anochecer, cantando himnos y manteniendo conversaciones espirituales. Después de esta reunión semanal recibían la bendición del abad y regresaban todos a sus cuevas, para una nueva semana de vida solitaria.

Vista de la capilla de la Theotokos en el monasterio de Bisericani (Rumanía).

Vista de la capilla de la Theotokos en el monasterio de Bisericani (Rumanía).

El eremitismo de José no duró mucho. Después de una invasión árabe, José y sus 17 discípulos decidieron abandonar el desierto palestino y regresar a Moldavia, al monasterio Bistrita. Poco después, se trasladaron más allá de las montañas y permanecieron en la montaña Bisericani (la montaña de “los amantes de la iglesia” o “los religiosos”, puesto que “Biserica” significa “Iglesia” en rumano). San José y sus discípulos habían construido en un prado una cabaña para él mismo y una iglesia de madera dedicada a la Anunciación. Sus discípulos Simón, Metodio, Bernabé, Averquio, Germán, Pir y Grecul (“el griego”) construyeron también para sí mismos pequeñas cabañas de madera en ocho picos de las montañas de alrededor, viviendo la misma vida que antes, en el desierto del Jordán. La regla eremítica de la comunidad de José fue la misma: tras seis días de ayuno y oración en soledad, los monjes se reunían todos la noche del sábado en vigilia nocturna combinada con el sacramento de la confesión, que terminaba con la celebración de la Divina Liturgia. El domingo cenaban con el abad José, y luego se retiraban a sus celdas durante otra semana.

Después de un ataque turco en julio de 1442, se dice que San José y sus discípulos querían trasladarse una vez más, esta vez al monte Athos. Durante su viaje, la Santa Virgen se les apareció frente a un roble, preguntándoles a dónde iban. Los monjes respondieron que querían ir a Athos, al “jardín de la Santísima Virgen”. Entonces ella les pidió que regresaran, porque su jardín no estaba sólo en Athos, sino también en su eremitorio. Los monjes encontraron, escondido en un hueco del roble, un icono de la Santa Virgen, y lo trajeron de vuelta consigo a Bisericani. Allí construyeron una nueva iglesia de madera, los restos de la cual están a 200 metros de la actual iglesia del monasterio. Problablemente esta historia es la base de la creencia rumana de que Rumanía es “el Jardín de la Santa Virgen”, expresión usada, entre otros, por el papa Juan Pablo II durante su visita a Bucarest en 1999.

San José fue un padre espiritual no sólo para los monjes, sino para los cristianos de los pueblos que acudían a buscarle, buscando consejo y curaciones. Fue venerado como santo en la región de Neamt incluso estando vivo.

Aparición de la Virgen a San José y sus discípulos en el roble.

Aparición de la Virgen a San José y sus discípulos en el roble.

San José murió a finales del siglo XV. Su memoria era celebrada cada año en el eremitorio. A inicios del siglo siguiente, sus discípulos murieron también. Su nombre quedó en las montañas y en los valles: “los prados de José”, “la montaña de Simón”, “la montaña de Metodio”, etc.

El eremitorio de Bisericani no desapareció tras la muerte de José. En las primeras décadas del siglo XVI hubo más de 30 ermitaños. Los voivodas moldavos Esteban IV (1517-1527) y Pedro Rares (1527-1538; 1541-1547) ayudaron a la construcción de una iglesia de piedra, para sustituir a la de madera. Un documento de 6 de febrero de 1607 recordaba el “eremitorio de José, llamado Bisericani”, que iba seguido de un “akoimite”, un ritmo para celebraciones según el orden impuesto en el monasterio Studion de Constantinopla: los monjes se dividían en tres grupos. Mientras uno oraba en la iglesia, el otro se ocupaba del trabajo y el tercero descansaba.

San Ciríaco de Bisericani
San Ciríaco fue uno de los ermitaños que vivió posteriormente en Bisericani. Después de recibir la bendición del abad del eremitorio, vivió en una cueva ubicada en “la montaña de Simón”. Su duro ascetismo implicaba luchar no sólo contra las pasiones del cuerpo; sino también contra el frío clima de la montaña. Después de unos años, sus ropas estaban raídas, pero incluso así las vestía, pidiéndole a Dios poder vivir como San Onofre de Egipto.

Icono de la Virgen que fue hallado en el roble por San José y sus discípulos.

Icono de la Virgen que fue hallado en el roble por San José y sus discípulos.

Ciríaco estaba al tanto de lo que ocurría a su alrededor, incluso en su soledad. Parece que estaba interesado también en los libros espirituales, por lo que copió el manuscrito de Sbornic (un libro ascético difundido entre los monjes ortodoxos que contenía algunas vidas de los Santos, y algunos cánones, como los Apostólicos). Él anotó en el mismo: “El gran pecador Ciríaco lo escribió con sus débiles y pecadoras manos”, a pesar de que no es seguro que él pudiera ser el copista o que lo fue otro monje, con el mismo nombre, que hubiese vivido en Bisericani en esa misma época.

El abad Mitrófanes de Bisericani, contemporáneo de Ciríaco, fue llamado por el metropolita Dositeo de Moldavia (1617-1674 y 1675-1686) a Iasi para trabajar en la máquina impresora. Probablemente él informó a Dositeo sobre la especial vida del ermitaño Ciríaco, de modo que el metropolita escribió sobre él en su “Vida y muerte de los Santos”, como uno de los que son “elevados en las cosas buenas y que, en cuanto a modo de vida, descendieron a una profunda humildad, viviendo desnudos en las montañas durante sesenta años”.

El hieromonje Juanucio Balan, quien escribió el “Patericon Rumano” (Patericul Romanesc) en 1990, se refirió a San Ciríaco usando una información de un viejo manuscristo llamado “El Patericon de los santos de Moldo-Rumanía”, (1888, página 14A). Es una paráfrasis de la información transmitida por Dositeo, que recuerda el hecho de que el Santo vivía en soledad, bajo el frío y el calor del sol durante 60 años hasta el momento de su muerte, y que “es celebrado el 31 de diciembre”, junto a San Ciríaco de Tazlau.

San Ciríaco fue enterrado en la cueva donde vivió, que posteriormente fue transformada en una pequeña capilla. Hoy su montaña es llamada “la montaña de San Ciríaco”.

Celda donde vivió San Ciríaco, hoy transformada en capilla.

Celda donde vivió San Ciríaco, hoy transformada en capilla.

Veneración de los Santos
San José y San Ciríaco fueron venerados incluso en vida. Sus nombres fueron dados a conocer en el siglo XVII por San Dositeo de Moldavia, quien los mencionó entre otros santos locales en su “Vida y muerte de los Santos”. Los iconos de José y Ciríaco, aunque no estaban oficialmente canonizados todavía, fueron pintados en el siglo XIX por el Skete Prodoromos del Monte Athos y su memoria permaneció viva entre los monjes de la región de Neamt.

San José y San Ciríaco de Bisericani fueron oficialmente canonizados por el Santo Sínodo de la Iglesia Rumana los días 5 y 7 de marzo de 2008 y su proclamación oficial tuvo lugar el 5 de junio del mismo año. Su fiesta, en contra de lo que reza el trabajo de Dositeo, es el 1 de octubre, el mismo día que la fiesta de la Protección de Nuestra Señora.

Otras informaciones sobre el monasterio de Bisericani y la celda de San Ciríaco pueden hallarse aquí y aquí. Sobre las reliquias de los Santos José y Ciríaco, aquí y aquí, con la historia del roble donde la Virgen se apareció a los monjes. Aquí hay un artículo sobre el icono de la Theotokos, encontrado por los monjes en el roble.

Vista de las reliquias de los dos Santos expuestas a veneración de los fieles.

Vista de las reliquias de los dos Santos expuestas a veneración de los fieles.

Troparion (himno) de los Santos
Guías de los ermitaños, patronos de los necesitados y consoladores de los afligidos, Santos Padres José y Ciríaco, adquiristeis el fuego de la oración y os convertisteis en vasos escogidos del Espíritu Santo. ¡Rogad a Dios para que conceda paz y gran misericordia a nuestras almas!

Mitrut Popoiu

Bibliografía:
– Arhim. Ioanichie Bălan, Patericul Românesc, Editura Arhiepiscopiei Tomisului și Dunării de Jos, Galați, 1990
– ***, Sfinți români și apărători ai Legii strămoșeșsti, Editura Institutului Bibilic și de Misiune a Bisericii Ortodoxe Române, București, 1987

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa María, Madre de Dios

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

La Theotokos de Vladimir, icono bizantino del siglo XII. Galería Tretyakov, Moscú (Rusia).

La Theotokos de Vladimir, icono bizantino del siglo XII. Galería Tretyakov, Moscú (Rusia).

“Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios”. Así reza una de las invocaciones marianas más antiguas de la Iglesia (s. IV), dando fe de la privilegiada veneración de que ha gozado Santa María en el cristianismo desde tan remotos tiempos. Y  más antiguo aún es el testimonio que los Padres de la Iglesia nos han dejado en diversos tratados y homilías, donde podemos rastrear que, al menos, desde el siglo II ya es tenida en consideración.  Pero es a partir del Concilio de Éfeso (año 431), a propósito de la definición dogmática de la doble naturaleza (humana y divina) de N. S. Jesucristo en la unidad de su Persona divina, cuando se da un especial florecimiento del culto mariano. Y esto sencillamente porque tal dogma cristológico lleva implícito el reconocimiento de que Santa María es “Theotókos”, madre de Dios. Así tenemos que, confesar la maternidad divina de María es reconocer a Cristo como hombre verdadero y al mismo tiempo como el Verbo eterno del Padre, consustancial a Él. Es pues el título de “Madre de Dios” la primera y principal razón para amar y venerar a María, de la que derivaran todos los demás reconocimientos con los que será honrada en lo sucesivo.

Será entonces en el siglo V, en la Iglesia de Jerusalén, donde encontramos una de las primeras memorias litúrgicas en honor de Santa María, Madre de Dios, la cual se celebraba el 15 de agosto; ésta festividad prontamente sería renombrada como la “Dormición de Santa María” o el “Tránsito”, como será conocida en Occidente, fiesta que corresponde, para los católicos de rito romano, a la actual “Asunción de la Sma. Virgen María a los cielos”. Por aquel mismo tiempo (siglo V) encontramos en Bizancio una “memoria de la Madre de Dios” celebrada el 26 de diciembre; es preciso saber que para aquella época ya la Iglesia bizantina había aceptado la propuesta proveniente de Roma de celebrar el 25 de diciembre la Natividad del Señor, y a su vez, los romanos incorporaban a su calendario litúrgico la festividad oriental de la Teofanía [1] del Señor (conocida actualmente como “Epifanía”) ubicada el 6 de enero. Así se entiende que los cristianos de Bizancio  hayan querido felicitar a María por el alumbramiento de su Hijo.

La Iglesia de Roma tardaría un poco más en establecer una fecha para conmemorar el misterio de la maternidad divina de María. Vale decir que en el siglo V el 1 de enero no era considerado día festivo por los cristianos romanos debido a que, en primer lugar, el tiempo desde la Navidad hasta la Epifanía se consideraba como una sola y única celebración de la manifestación del “Dios-con-nosotros”, y segundo, a causa de los escandalosos festejos protagonizados por los paganos con motivo del año nuevo. Ya en el siglo VI las circunstancias cambiarán un poco a favor de los cristianos, que establecerían para tal fecha una “Octava del Señor”, que no sería una octava [2] similar a la de Pascua , sino, más bien, una solemnidad mediante die festo similar a la que en Bizancio se celebraba en la mitad del tiempo pascual. De acuerdo con los leccionarios de esta época, la basílica donde tenía lugar la estación [3] era, inicialmente, la de Santa María ad Martyres en el Panteón de Agripa; después sería trasladada a Santa María de Trastévere, debido al pesebre que el papa Gregorio IV construyó allí a semejanza del de Santa María la Mayor. Sería por consideración a la basílica mariana donde la estación era celebrada que la fiesta pasó de ser una octava del Señor a una conmemoración especial en honor de Santa María; ya para el siglo VIII encontramos este día en los antifonales con el título de “Natale Sanctae Mariae” y varias oraciones y responsorios en los que se honra la maternidad divina de María.

Virgen con el Niño, catacumba de Priscila (s. II), Roma (Italia). Considerada la representación más antigua de la Virgen.

Poco después, debido a la influencia de la liturgia galicana, este día tendría por objeto conmemorar la Circuncisión del Señor, desplazando así a la memoria de la Madre de Dios, aunque, curiosamente, adoptaría toda la eucología [4] de acento mariano que ya se había elaborado, cambiando tan solo la lectura del evangelio que sería el de la circuncisión. Pasado el tiempo después de la desaparición de la fiesta en el calendario romano, el papa Pio XI, en 1931, la restableció fijándola para el 11 de octubre con ocasión del XV centenario del concilio de Éfeso, y concediéndole la categoría de “Doble de segunda clase”, equivalente a una solemnidad actual. Es de recordar que esta sería la fecha escogida por San Juan XXIII para inaugurar el concilio Vaticano II en 1962. Después, en la reforma litúrgica de 1969, se la ubicaría en su actual posición, con la denominación de “Octava de Navidad. Solemnidad de Santa María, Madre de Dios”. Un año antes, el Beato Pablo VI había instituido para este día la jornada mundial de oración por la Paz, quedando estos dos acontecimientos asociados en la misma fecha.

Actualmente, la maternidad divina de María es conmemorada por los ortodoxos bizantinos el 26 de diciembre en día llamado “Sinaxis de la Virgen María”; por los ortodoxos sirios el mismo día, con el nombre de “Felicitaciones a la Madre de Dios”; finalmente, los coptos cuentan con dos fechas: por el un lado, el 29 de kiahk (25 de diciembre), Navidad del Señor y Maternidad de María, con un fuerte tinte mariano, tanto así que los 40 días de preparación que preceden a esta fiesta son llamados “Ayuno de Nuestra Señora” y en general el mes de kiahk es considerado mes mariano, y por otro, el 16 de enero celebran una “memoria de la Madre de Dios”.

Dairon

[1] Se entiende por teofanías las manifestaciones de la Divinidad en la naturaleza y en la historia. Sirva de ejemplo la zarza ardiente que habló a Moisés y la nube que guió al pueblo israelita en el desierto. Para los Padres de la Iglesia, Cristo será la teofanía del Padre por excelencia. Cristo mismo, siendo Dios, manifiesta su condición divina, por ejemplo, en su bautismo en río Jordán.
[2] Se conoce con el nombre de Octava a los siete días siguientes a una gran solemnidad, con los que se pretende extender la celebración. Inicialmente solo la Pascua poseía tal privilegio, a imitación de la Pascua judía, que por mandato bíblico debía extender sus fiestas a lo largo de la semana.
[3] La statio cristiana en Roma consistía en la reunión del pueblo en una basílica o cementerio previamente anunciado para celebrar allí solemnemente la Eucaristía.
[4] La eucología es el conjunto de plegarias y oraciones compuestas para la liturgia.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es