La devoción a la Theotokos en la Iglesia Ortodoxa

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Icono ortodoxo ruso de la Theotokos.

Al hablar de la Iglesia Ortodoxa Bizantina (Iglesia Ortodoxa en sí suena muy generalizado, si tomamos en cuenta que la Iglesia Copta, la Iglesia Malankar y la Siro Antioquena se consideran ortodoxas) nos viene a la mente, las cuestiones litúrgicas, teológicas y tradiciones que nos separan con nuestra Iglesia Católica Romana, pero a pesar de no alcanzar la plenitud al no estar en comunión mutua con la Iglesia Latina, su devoción, sacramentos y culto están fuertemente sustentados y son legítimos para el Catolicismo.

En realidad, fuera del asunto del Filioque (la doble procedencia del Espíritu Santo recitada en el credo latino pero rechazada por la Iglesia Griega), la Supremacía del Obispo de Roma (que en realidad nunca se ha cuestionado, pero que a diferencia de nosotros en que tenemos por dogma la infalibilidad papal, ellos rechazan esta cuestión asignando la Primacía de Honor, que al caer el Papa en la “Herejía” según ellos, la Primacía reside en el Patriarca de Constantinopla) y otras cosas que no son la hora de destacar, nunca se ha dudado de la Sucesión Apostólica, ni de la validez de los sacramentos, ya que al estar separados administrativamente y políticamente pero no de manera doctrinal, se asegura la validez misma; aunque para la Iglesia Romana, los ordenados sacerdotes ortodoxos actúan de manera ilícita, ya que al romperse la comunión, los sacramentos aunque válidos, (es decir la Presencia real de Cristo se hace realidad) no pueden formar parte de la Comunión en la Iglesia.

Cosa contraria ocurre con los Cristianos Ortodoxos, que la validez de los sacramentos administrados por la Iglesia Católica y las iglesias protestantes, han suscitado acalorados debates, en que no se tiene un consenso definitivo a esta cuestión. Pero fuera de esta perspectiva, hoy hablaremos de la importancia del culto de la Madre de Dios en las Iglesias de Rito Bizantino, en la cual destaca el desarrollo del arte mariano con distintos tipos de simbolismos catequéticos, que complementan esta devoción. El icono es una manera pedagógica y artística de evangelización que está presente en la Liturgia Bizantina, en la cual destaca la prolongada veneración a la “Theotokos “, en español Madre de Dios; cuya proclamación como tal, constituye uno de los dogmas más importantes del cristianismo.

Icono ortodoxo ruso naturalista de la Theotokos.

Historia del Dogma Mariano
Los debates teológicos en torno a la Maternidad Divina de la Virgen María, surgieron en el siglo IV, juntamente con las controversias en torno a la Divinidad de Cristo; durante el Reinado del Emperador Constantino (San Constantino El Grande para la Iglesia Ortodoxa) la cuestión del arrianismo (nombre con el cual es conocida la doctrina en que se negaba la divinidad del Hijo) fue resuelta tras el Concilio Ecuménico de Nicea en el año 325, en que esta herejía fue condenada formalmente y por el Concilio Primero de Constantinopla (ya que el arrianismo tomó fuerza gracias al Patriarca Eusebio de Nicomedia) presidido por San Gregorio Nacianceno y San Nectario de Constantinopla en el año 381.

El debate sobre la maternidad divina de la Virgen María nació cuando Apolinar de Laodicea propuso la doctrina en que el Verbo encarnado tomaba el cuerpo pero no el alma humana y estos errores comenzaron a ser enseñados en la Escuela Teológica de Antioquía, esto había pasado desapercibido hasta que Nestorio (quien fue consagrado como Patriarca de Constantinopla en el 428) propuso esta resolución: Dado que María es Madre de la Naturaleza Humana de Cristo entonces sería “correcto” proponer el nombre de Madre de Cristo, mas es incorrecto llamarla Madre de Dios.

Esta resolución causó estupor, sobre todo entre los monjes, en los cuales salieron los defensores de la Maternidad Divina de la Virgen; entre ellos destacan Eusebio de Dorilea y Proclo de Constantinopla. Nestorio recurrió a las autoridades civiles y apeló a la intervención del Papa Celestino I en el 429 para pedirle su opinión sobre la doctrina, entonces el Obispo de Roma puso sus escritos a consideración del Teólogo San Juan Casiano.

La Lucha con el naciente nestorianismo pasó a manos de la Escuela de Alejandría, y estaba acaudillada por San Cirilo, quien ya se había destacado en la polémica contra los semi-arrianos, los judíos y los paganos en su Patriarcado. Quien con sus argumentaciones que demostraban la heterodoxia del patriarca de Constantinopla envió una delegación a Roma, por esas fechas, también San Juan Casiano tomó una resolución desfavorable para las tesis de Nestorio.

Presentación de María en el Templo. Fresco ortodoxo griego.

Se recurrió al emperador Teodosio II, viendo que se afectaba la unidad del Cristianismo en Oriente y éste decidió convocar un Concilio. En Éfeso, puerto marítimo importante del Imperio con el Mediterráneo, se reunieron los delegados y los obispos, y San Cirilo presidió las sesiones. El nestorianismo afirmaba que las naturalezas de Cristo estaban completamente separadas, pero tampoco encontraron ortodoxa la tesis de Cirilo, que proponía la única naturaleza de Cristo, la divina (y que daría lugar al monofisismo tras su muerte); por otro lado se debatió sobre la Maternidad Divina, ya que Nestorio había propuesto llamar a María la Khristotokos o Madre de Cristo y no deba ser considerada Madre de Dios. Aprovechando que Nestorio no había ido a compadecer ante los padres conciliares, los defensores guiados por San Cirilo, aprovecharon la oportunidad de anatemizar a los nestorianos y sus doctrinas. Juan de Antioquía celebró un concilio paralelo en el que acusa a Cirilo de ser arriano y exigiendo su deposición. Pero éste soborna a los guardias imperiales y el emperador obliga a Nestorio a ser recluido en un monasterio y sus ideas se propagaron después hasta la lejana Edesa, donde la Iglesia Asiria se adhiere al nestorianismo, por lo que también llegó a la India y a China la fe cristiana, pero de manera heterodoxa.

Con el triunfo de la doctrina ortodoxa sobre la Maternidad divina, se inicia con mayor énfasis la veneración de la Madre de Dios, llegando a estar presente en la Liturgia. El Padre de la teología mariana, San Juan Damasceno llegó a escribir de ella: Proclamamos a la Santa Virgen propiamente y verdaderamente Madre de Dios (…) ya que la Santa Virgen no ha engendrado un simple hombre, sino al Dios verdadero; no desnudo, sino vestido de carne; no como un cuerpo descendido del cielo y transitado por ella como un canal, sino tomando de ella una carne consubstancial a la nuestra.

Icono ortodoxo americano de la Protección de la Theotokos.

Teología Mariana en la Iglesia Ortodoxa
La teología ortodoxa es muy rica en cuanto a la interpretación de ciertos episodios propiamente dichos y a la meditación sobre el papel importantísimo de la Madre de Dios en nuestra salvación. En relación sobre la infancia de la Virgen María, el Proto-evangelio de Santiago, un escrito apócrifo del Siglo II, fue considerado auténtico por Clemente de Alejandría y por Orígenes, nacida de una pareja de Justos llamados Joaquín y Ana, y a la edad de tres años llevada al Templo (este evento considerado apócrifo también dadas las costumbres judías de la época), la Iglesia Ortodoxa festeja la Presentación de la Madre de Dios en el Templo el 21 de noviembre.

La Iglesia Ortodoxa enseña que María fue escogida por Dios pero no predestinada, debido a que contradice este concepto del Pecado Original heredado de nuestros primeros padres, además coarta con el concepto del Libre Albedrío y sus raíces humanas. Por lo que no forma parte de la doctrina ortodoxa el concepto de la Inmaculada Concepción, dogma proclamado en 1854 por el Papa Pío IX; la ortodoxia considera el simbolismo vivo de la humanidad de María frente a la Divinidad de Dios Padre y Creador. Con el tiempo se descubre en María como poderosa intercesora ante el Creador, y ecónoma de la Salvación. No se puede negar la lucha de María por alcanzar y perfeccionar en la virtud. Tampoco se rechaza la idea de su libertad. Entonces la Voluntad de Dios, ella la acepta con amor y alegría de ser la Madre del Salvador. Con respecto a la herejía en que postula que la Santísima Virgen sólo dio a luz a la naturaleza humana y no a la divina de Jesucristo, la teología ortodoxa opina al respecto de que en Jesucristo está una sola persona, y una sola Voluntad, pero que en él también están las dos naturalezas sin confusión ni división.

También se diferencia la devoción ortodoxa de la Dormición, es decir del paso de la Santísima Virgen de éste mundo a la gloria eterna, y la devoción católica de la Asunción, aunque esta diferencia sea solamente cronológica ya que Melitón de Sardes (siglo II) y San Juan Damasceno (siglo VII) hablan de éste episodio, en el cual sientan las bases para lo que sería la devoción de la Dormición de la Virgen y su tránsito a los cielos en cuerpo y alma. Recordemos que esto no es basado en las Escrituras canónicas propiamente dicho, sino que se basan en tradiciones apócrifas, en las cuales se va heredando de manera oral y escrita.

Detalle de la Dormición de la Virgen en el ábside de la catedral de Sibiu, Rumanía.

Para la tradición ortodoxa, el papel de la Virgen María en la Salvación de la Humanidad es muy importante, la función de la Virgen en la Encarnación es doble; por un lado, ella asegura la continuidad de la raza humana. Su Hijo es Hijo de David, Hijo de Abraham y de todos los padres progenitores. Por otro lado, Él exhibió una nueva fuente de generación. Él fue el nuevo Adán.

La Encarnación está estrechamente ligada con dos conceptos ortodoxos acerca de la Virgen María: a) Su perpetua virginidad; b) Su denominación de Theotokos. El proceso de purificación y de iluminación de la raza judía tan anunciado en el Antiguo Testamento, alcanzó su culmen en la Virgen María; en ella hallaron cumplimiento la fe y el heroísmo de muchas generaciones del Pueblo Elegido. Su nombre es invocado en las oraciones litúrgicas y comunes, porque se ama no sólo como la Madre del Redentor, sino también como Madre de la Humanidad.

La Liturgia Bizantina tiene varios momentos en los que se honra a la Bienaventurada Virgen María, en la Divina Liturgia se le recuerda en las letanías, además de que en el Iconostasio en la puerta que cubre el Altar donde se celebra la Eucaristía, a los laterales se encuentra en el lado Izquierdo el Icono de la Madre de Dios con el Niño Jesús en su regazo, simbolizando el inicio de la Historia de la Salvación con el episodio de la Encarnación, y del lado derecho al Cristo Pantocrátor en el que nos recuerda a su segunda venida al final de los tiempos. Por eso el celebrante siempre muestra gran reverencia a la Madre de Dios y besa el Sagrado Icono.

María, Madre de Dios. Icono ortodoxo griego.

Ejemplos de Himnos Ortodoxos de la Santísima Virgen:
Los himnógrafos le han honrado con sus composiciones, entre los más importantes se encuentran San Nectario de Egina, san Romano el Mélodo, San Juan Damasceno y San José el Himnógrafo. Todos estos himnos de profundidad teológica y espiritual.

Axion Estin
Digno es verdaderamente bendecirte Oh Theotokos
Siempre bienaventurada e inmaculada y Madre de Dios.
Oh más honorable que los querubines, e incomparablemente más gloriosa que los serafines.
Tú que sin corrupción engendraste al Verbo Dios verdaderamente eres la Theotokos.
Te magnificamos.

Agni Parthene
Himno no litúrgico compuesto por San Nectario de Egina cuya traducción del griego es “Oh Virgen Pura”.
(A) Oh pura y virgen Señora, / Oh impecable Virgen: Regocíjense, oh pura novia! Oh Virgen Reina y Madre / Oh vellón más sagrado: / Regocíjate, Oh pura novia!
(B) Oh altura que trasciende por encima de los cielos / Oh haz de luz más radiante: / Regocíjate, Oh pura novia! Oh la alegría de casto y virgen sirvientas / superando todos los ángeles: / Regocíjate, Oh pura novia!
(C) Oh brillante luz de los cielos por encima y más claro y más radiante: / Regocíjate, Oh pura novia! Comandante jefe de los cielos por encima de E / S más sagrado de los santos/ Regocíjate, Oh pura novia!
(A) Oh siempre virgen María / Oh Maestra de creación: / Regocíjate, Oh pura novia! Oh todos-novia impecable y pura / Oh Dama de todos los santos: / Regocíjate, Oh pura novia!
(B) Oh santa María, Esposa y Reina / Oh causa de nuestra alegría / Regocíjate, Oh pura novia! Oh Reina honorable / Oh Madre santísima / Regocíjate, Oh pura novia!
(C) Más preciado que los querubines y más glorioso que los serafines/ Regocíjate, Oh pura novia! Superando principados / dominios, tronos y potestades: / Regocíjate, Oh pura novia!
(A) Regocíjense, canción de los querubines / Regocíjense, himno de los ángeles: / Regocíjate, Oh pura novia! Regocíjense, la oda del serafín / y la alegría de los arcángeles: / Regocíjate, Oh pura novia!
(B) Regocíjense, o la paz; Regocíjense, oh alegría / y refugio de salvación: Regocíjense, oh pura novia! Oh cámara nupcial de la Palabra / fragante flor: / Regocíjate, Oh pura novia!
(C) Regocíjense, las delicias del paraíso / Regocíjense, la vida eterna: / Regocíjate, Oh pura novia! Regocíjense, Oh árbol sagrado de la vida y fuente de la inmortalidad: / Regocíjate, Oh pura novia!

René

Enlaces Consultados (25/06/2017):
– www.acoantioquena.com
– www.ecclesia.com.br
– https://es.wikipedia.org

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Los iconos de la Virgen María en las Iglesias Ortodoxas

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Icono ortodoxo griego de la Virgen, recubierto de plata, venerado en la skete de Prodromos, Monte Athos (Grecia).

Icono ortodoxo griego de la Virgen, recubierto de plata, venerado en la skete de Prodromos, Monte Athos (Grecia).

El icono de la Virgen María está presente en la mayor parte de los hogares de los creyentes ortodoxos. No es sólo un símbolo de la maternidad y del amor maternal, sino también una ventana abierta a la misma Madre de Dios. El icono se coloca normalmente en la pared oriental de las habitaciones, a veces junto a una lámpara de aceite que arde especialmente en domingo y durante las grandes fiestas y en viernes, el día en que el Señor Jesucristo murió en la cruz.

El arte ortodoxo tiene mucho que ver con la pintura y no tanto con la escultura. Las estatuas son desconocidas en las iglesias de Grecia, muy raras en las de Rumanía y más habituales en Rusia, pero generalmente son una rareza, porque la teología mística del Este ve la iconografía desde la perspectiva del misterio del Reino de los Cielos, y las estatuas tienden a ser vistas como algo “demasiado material”.

En este contexto, los iconos que representan a la Madre de Dios son, como los demás iconos, una combinación de realidad y simbolismo. En general, Nuestra Señora siempre aparece representada con la cabeza cubierta por un velo que cae sobre sus hombros, según la tradición judía de su época. El color habitual del velo o cubrecabeza es rojo, y simboliza tanto el sufrimiento por su Hijo como su santidad. Bajo este velo, normalmente se ve un segundo velo azul, que simboliza la humanidad de la Virgen. A veces los colores se invierten, y vemos el azul en la tela exterior.

Otra particularidad de todos los iconos bizantinos de la Virgen son las tres estrellas pintadas en el velo: una en la frente y las otras dos en cada hombro de la Virgen María. Simbolizan su virginidad antes, durante y después de la Natividad. Otros teólogos interpretan las tres estrellas como el símbolo de la Santístima Trinidad, y en este contexto se explica el por qué la tercera estrella está cubierta, porque el Niño que ella lleva es Jesucristo, la segunda persona de la Trinidad.

Icono ortodoxo griego de San Lucas pintando a la Panagia Hodigitria.

Icono ortodoxo griego de San Lucas pintando a la Panagia Hodigitria.

Casi todos los iconos representan a la Santa Virgen con su Niño pequeño -aunque hay algunos tipos donde aparece sola- y el afecto entre la Madre y el Hijo es obvio. Tradicionalmente, el primer icono de la Virgen fue pintado por San Lucas Evangelista. También se cree comúnmente que el icono Hodigitria es el “modelo” que Lucas pintó, y su simbolismo lo explicaremos a continuación.

Hay cinco principales tipos de icono de la Theotokos en la iconografía ortodoxa, pero también existen otros tipos en un apartado menor:

– El icono de la Virgen “Hodigitria/Hodegetria” (Ὁδηγήτρια), literalmente, “La que muestra el Camino”, y, como se ha dicho, es tradicionalmente vinculado a San Lucas. Este tipo de icono es el más difundido de todos los de la Virgen. Ella sostiene al Salvador como un bebé y lo mira como guía hacia Dios y la salvación. Hay que remarcar que ella lleva al Niño en su brazo izquierdo, mientras que lo muestra con su mano derecha, siendo ésta la razón de por qué es conocida como la que muestra el Camino (Cristo es el Camino). El Niño tiene una cara madura (quizás también una ancha frente), un signo de que Él es la Sabiduría, y lleva un rollo, a veces plegado y otras extendido (que es el Evangelio). El icono original atribuido a San Lucas está hoy día perdido (fue custodiado por el monasterio de la Panagia Hodegetria en Constantinopla hasta la Cuarta Cruzada en 1204), aunque existen algunos iconos que se cree que son este original, en Italia o Rusia. Este tipo de icono está difundo tanto en las iglesias ortodoxas como en las católicas.

– El icono de la Virgen Eleousa (Ἐλεούσα). Desde la Hodegetria se desarrolló posteriormente la Panagia Eleousa (Virgen de la Tierna Misericordia). María todavía señala a Cristo, pero él está acariciando su mejilla, que ella inclina ligeramente hacia él. Al menos un brazo de Jesús aparece rodeando su cuello y hombro. La Madre de Dios, en este icono, simboliza a la Iglesia. La plenitud del amor entre Dios y los humanos se consigue pues sólo a través de un cercano amigo de la Iglesia, en este caso, la Madre de Dios. Los iconos rusos de la Theotokos de Vladimir y la Theotokos de Pochayiv son ejemplos bien conocidos de este tipo de icono.

Icono ortodoxo griego de la Virgen Pantanassa (variante una Panachranta).

Icono ortodoxo griego de la Virgen Pantanassa (variante una Panachranta).

Una subvariante de este tipo es el icono de la Theotokos Pelagonitissa (o “la Virgen con el Niño que juega”), donde la Virgen sujeta a Jesús en un movimiento abrupto, su cabeza hacia atrás y agarrándose a ella. El nombre del icono procede de la ciudad de Pelagonia (hoy día Bitola, en Macedonia) donde el icono apareció por primera vez, en los siglos XII-XIII. El icono de la Virgen Glikofilusa es otro ejemplo.

– El icono de la Graciosa Virgen o Panahranta (de πανάχραντος, “inmaculada”). En este tipo de icono, la Virgen María se sienta en un trono real con el Niño Jesús en su regazo, y ambos están mirando hacia delante. El trono simboliza la gloria real, siendo ella perfecta entre todos los humanos nacidos en la tierra. De acuerdo con las enseñanzas del cuarto Concilio Ecuménico, la Virgen María vela sobre los destinos del mundo junto a Cristo. Variantes de este icono son la Pantanassa -aquí el Niño no está mirando directamente, sino que se gira hacia su Madre- y la Theotokos de Kazan, en la cual Cristo está de pie sobre la Virgen.

– El icono de la Theotokos Agiosortissa (Αγιοσορτισσα), “la intercesora”. En esta representación, la Virgen María está sola y, vista de perfil, tiene las manos alzadas en oración. Está mirando hacia la izquierda, normalmente a un icono de Jesucristo que está aparte. A veces lleva un pergamino. El triple icono que representa a Jesús en el centro con la Virgen María y San Juan Bautista con sus manos hacia Jesús es conocido como “Deisis” (oración). Una variante de éste es el icono de la Virgen “el Refugio” (Παναγία η Καταφυγή), en el cual su brazo permanece bajo su velo.

– El icono de la Madre Orante u Oranta (Οραντα), o “la Santístima” (Panagia o Παναγια). La Virgen María se muestra de frente al observador con sus brazos alzados en la posición de orante, en oración. A veces Cristo Niño es mostrado dentro de un círculo en su seno -esta representación es conocida como “Platytera” (Πλατυτέρα, que significa literalmente más ancha o más espaciosa, o la Señora del Signo), siendo Cristo el signo de salvación.

Icono ortodoxo ruso de la Virgen de la Zarza Ardiente.

Icono ortodoxo ruso de la Virgen de la Zarza Ardiente.

Con estos tipos no termina la iconografía relativa a la Virgen María. Otros subtipos son también muy importantes para la piedad de los creyentes ortodoxos. Podemos mencionar:

– La Madre de Dios “Galaktotrophousa” (Παναγια Γαλακτοτροφουσα), “la que alimenta con leche”, una rara representación de la Virgen amamantando a su Hijo.

– La Virgen de la Zarza Ardiente, alusión a la visión de Moisés en el Sinaí, que es entendida como una profecía de la virginidad de la Theotokos.

– La Virgen con la Siete Espadas, alusión a la profecía de Simeón “y a ti misma una espada te atravesará el alma, para que los pensamientos de muchos corazones sean revelados” (Lc 2, 35).

– La Madre Doliente, que representa a la Virgen en ropas negras, durante el funeral de su Hijo, que también aparece en segundo plano, siendo crucificado. Este tipo está especialmente presente en Rumanía, como influencia de la Piedad católica (es la Piedad ortodoxa).

– La Protección (o el Velo) de la Theotokos (Σκέπη, Sképē or Покровъ, Pokrov), que representa a la Virgen que acoge bajo su velo a los devotos, estando este icono asociado con un milagro ocurrido en Constantinopla en el siglo IX; salvada de una invasión eslava. El día de su celebración es el 1 de octubre.

Otros iconos que representan a la Virgen están asociados a momentos diferentes de su vida: la Anunciación, la Presentación en el Templo, la Natividad, la Ascensión de Cristo, Pentecostés, la Dormición de la Virgen. No se refieren sólo a ella o no la presentan en primer plano, pero es importante que también sean mencionados.

Icono ortodoxo griego de la Virgen Katafgi ("el Refugio"), donde aparece orando con el brazo cubierto por su velo.

Icono ortodoxo griego de la Virgen Katafgi (“el Refugio”), donde aparece orando con el brazo cubierto por su velo.

Algunas veces los iconos de la Virgen son objeto de una especial devoción por parte de los creyentes. Algunos iconos son considerados como protectores contra distintas enfermedades. La Agiosortissa es especialmente invocada en casos de cáncer. De otros iconos en lugares específicos se cree que ayudan a las madres a tener hijos (como la Panagia Tsampika en la isla de Rodas, Grecia) o ayudan contra enemigos visibles e invisibles (como la Panagia Portaitissa, “de las Puertas”, en el Monasterio Iveron del Monte Athos), etc.

Otra forma de venerar el icono de la Theotokos es vestirlo en plata y oro (por ejemplo, la Theotokos de la Sketa Prodromos en Athos, que encabeza este artículo) y colgar de él objetos devocionales, a menudo asociados a enfermedades u órganos curados. Este fenómeno comenzó con un icono específico, la llamada Triherousa (la de Tres Manos), por una mano de plata votiva adherida a un icono (como es el caso del icono de la Triherousa en Hilandar, Monte Athos).

La veneración de los iconos de la Virgen tiene una función especial en el mundo eslavo. El calendario de la Iglesia Rusa está muy desarrollado en conmemorar diferentes iconos de la Theotokos, que se veneran en un día concreto. Llega a mencionar en torno a 260 iconos de la Virgen María, asociados con milagros y celebrados litúrgicamente. El Menaion de Sergio de Radonezh presenta en torno a 700 iconos de la Theotokos.

Troparion de la Theotokos de Prodromos (celebrada el 12 de julio)
Madre de Dios, siempre Virgen, veneramos tu santo y divino icono con fe y lo besamos con agradecimiento. Porque a través de él, tú das a los fieles verdadera curación de sus almas y cuerpos. Por eso, te decimos: gloria a tu virginidad, gloria a tu misericordia. ¡Gloria a tus cuidados, a ti, que eres bendita!

Mitrut Popoiu

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Venerables Santos José (Iosif) y Ciríaco (Chiriac) de Bisericani

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Icono ortodoxo rumano de los Santos.

Icono ortodoxo rumano de los Santos.

Los Santos José y Ciríaco fueron ermitaños en la montaña de Bisericani, en el condado de Neamt, al noroeste de Rumanía, y son venerados entre los fundadores del monasterio que lleva el mismo nombre, cerca del pueblo de Scaricica y no lejos de Pangarati, otro asentamientos monástico conocido por los Santos Simeón y Anfiloquio, que allí vivieron.

San José de Bisericani
San José nació a inicios del siglo XV en un pueblo del condado de Neamt y vivió una fuerte vida religiosa desde su infancia, de modo que entró en el monasterio de Bistrita desde su juventud. Después de recibir el skema monástico, aprendió rápidamente cómo luchar con sus pensamientos contra el mal, para poder recibir las virtudes monásticas del auto-sentido, obediencia y humildad. Los ejercicios ascéticos más importantes para lograr esto eran el ayuno y la incesante oración.

Poco después San José llegó a la conclusión de que no tenía suficiente calma en el monasterio de Bistrita y decidió peregrinar al Santo Sepulcro de Nuestro Señor en Jerusalén. Recibió la bendición del abad Domiciano y habiendo venerado el Santo Sepulcro, intentó encontrar la calma que buscaba en lo agreste del valle del Jordán. En pocos años se convirtió en un famoso ermitaño, viviendo primero solo en una cueva, donde solía comer una vez al día o cada dos días, y sólo pan seco y agua del río Jordán, mientras soportaba visiones y tentaciones malignas.

Posteriormente se reunieron en torno a él diecisiete ermitaños (quince rumanos y dos griegos) que crearon un pequeño eremitorio. El nombre de los discípulos más conocidos de San José es Simón, Metodio, Bernabé, Pedro, Averquio y Germán. Todos ellos siguieron estrictamente el consejo de su padre espiritual. Su regla ascética consistía en el ejercicio de la oración y el ayuno en la propia celda (de hecho, una cueva), con sólo una comida al día y tras la puesta del sol. En domingo todos iban al monasterio de San Gerásimo, cerca del Jordán, para tomar parte en la Divina Liturgia y comulgar con el Cuerpo y la Sangre del Señor. De vuelta en el desierto, los discípulos cenaban juntos en la celda de José. Su comunión duraba hasta el anochecer, cantando himnos y manteniendo conversaciones espirituales. Después de esta reunión semanal recibían la bendición del abad y regresaban todos a sus cuevas, para una nueva semana de vida solitaria.

Vista de la capilla de la Theotokos en el monasterio de Bisericani (Rumanía).

Vista de la capilla de la Theotokos en el monasterio de Bisericani (Rumanía).

El eremitismo de José no duró mucho. Después de una invasión árabe, José y sus 17 discípulos decidieron abandonar el desierto palestino y regresar a Moldavia, al monasterio Bistrita. Poco después, se trasladaron más allá de las montañas y permanecieron en la montaña Bisericani (la montaña de “los amantes de la iglesia” o “los religiosos”, puesto que “Biserica” significa “Iglesia” en rumano). San José y sus discípulos habían construido en un prado una cabaña para él mismo y una iglesia de madera dedicada a la Anunciación. Sus discípulos Simón, Metodio, Bernabé, Averquio, Germán, Pir y Grecul (“el griego”) construyeron también para sí mismos pequeñas cabañas de madera en ocho picos de las montañas de alrededor, viviendo la misma vida que antes, en el desierto del Jordán. La regla eremítica de la comunidad de José fue la misma: tras seis días de ayuno y oración en soledad, los monjes se reunían todos la noche del sábado en vigilia nocturna combinada con el sacramento de la confesión, que terminaba con la celebración de la Divina Liturgia. El domingo cenaban con el abad José, y luego se retiraban a sus celdas durante otra semana.

Después de un ataque turco en julio de 1442, se dice que San José y sus discípulos querían trasladarse una vez más, esta vez al monte Athos. Durante su viaje, la Santa Virgen se les apareció frente a un roble, preguntándoles a dónde iban. Los monjes respondieron que querían ir a Athos, al “jardín de la Santísima Virgen”. Entonces ella les pidió que regresaran, porque su jardín no estaba sólo en Athos, sino también en su eremitorio. Los monjes encontraron, escondido en un hueco del roble, un icono de la Santa Virgen, y lo trajeron de vuelta consigo a Bisericani. Allí construyeron una nueva iglesia de madera, los restos de la cual están a 200 metros de la actual iglesia del monasterio. Problablemente esta historia es la base de la creencia rumana de que Rumanía es “el Jardín de la Santa Virgen”, expresión usada, entre otros, por el papa Juan Pablo II durante su visita a Bucarest en 1999.

San José fue un padre espiritual no sólo para los monjes, sino para los cristianos de los pueblos que acudían a buscarle, buscando consejo y curaciones. Fue venerado como santo en la región de Neamt incluso estando vivo.

Aparición de la Virgen a San José y sus discípulos en el roble.

Aparición de la Virgen a San José y sus discípulos en el roble.

San José murió a finales del siglo XV. Su memoria era celebrada cada año en el eremitorio. A inicios del siglo siguiente, sus discípulos murieron también. Su nombre quedó en las montañas y en los valles: “los prados de José”, “la montaña de Simón”, “la montaña de Metodio”, etc.

El eremitorio de Bisericani no desapareció tras la muerte de José. En las primeras décadas del siglo XVI hubo más de 30 ermitaños. Los voivodas moldavos Esteban IV (1517-1527) y Pedro Rares (1527-1538; 1541-1547) ayudaron a la construcción de una iglesia de piedra, para sustituir a la de madera. Un documento de 6 de febrero de 1607 recordaba el “eremitorio de José, llamado Bisericani”, que iba seguido de un “akoimite”, un ritmo para celebraciones según el orden impuesto en el monasterio Studion de Constantinopla: los monjes se dividían en tres grupos. Mientras uno oraba en la iglesia, el otro se ocupaba del trabajo y el tercero descansaba.

San Ciríaco de Bisericani
San Ciríaco fue uno de los ermitaños que vivió posteriormente en Bisericani. Después de recibir la bendición del abad del eremitorio, vivió en una cueva ubicada en “la montaña de Simón”. Su duro ascetismo implicaba luchar no sólo contra las pasiones del cuerpo; sino también contra el frío clima de la montaña. Después de unos años, sus ropas estaban raídas, pero incluso así las vestía, pidiéndole a Dios poder vivir como San Onofre de Egipto.

Icono de la Virgen que fue hallado en el roble por San José y sus discípulos.

Icono de la Virgen que fue hallado en el roble por San José y sus discípulos.

Ciríaco estaba al tanto de lo que ocurría a su alrededor, incluso en su soledad. Parece que estaba interesado también en los libros espirituales, por lo que copió el manuscrito de Sbornic (un libro ascético difundido entre los monjes ortodoxos que contenía algunas vidas de los Santos, y algunos cánones, como los Apostólicos). Él anotó en el mismo: “El gran pecador Ciríaco lo escribió con sus débiles y pecadoras manos”, a pesar de que no es seguro que él pudiera ser el copista o que lo fue otro monje, con el mismo nombre, que hubiese vivido en Bisericani en esa misma época.

El abad Mitrófanes de Bisericani, contemporáneo de Ciríaco, fue llamado por el metropolita Dositeo de Moldavia (1617-1674 y 1675-1686) a Iasi para trabajar en la máquina impresora. Probablemente él informó a Dositeo sobre la especial vida del ermitaño Ciríaco, de modo que el metropolita escribió sobre él en su “Vida y muerte de los Santos”, como uno de los que son “elevados en las cosas buenas y que, en cuanto a modo de vida, descendieron a una profunda humildad, viviendo desnudos en las montañas durante sesenta años”.

El hieromonje Juanucio Balan, quien escribió el “Patericon Rumano” (Patericul Romanesc) en 1990, se refirió a San Ciríaco usando una información de un viejo manuscristo llamado “El Patericon de los santos de Moldo-Rumanía”, (1888, página 14A). Es una paráfrasis de la información transmitida por Dositeo, que recuerda el hecho de que el Santo vivía en soledad, bajo el frío y el calor del sol durante 60 años hasta el momento de su muerte, y que “es celebrado el 31 de diciembre”, junto a San Ciríaco de Tazlau.

San Ciríaco fue enterrado en la cueva donde vivió, que posteriormente fue transformada en una pequeña capilla. Hoy su montaña es llamada “la montaña de San Ciríaco”.

Celda donde vivió San Ciríaco, hoy transformada en capilla.

Celda donde vivió San Ciríaco, hoy transformada en capilla.

Veneración de los Santos
San José y San Ciríaco fueron venerados incluso en vida. Sus nombres fueron dados a conocer en el siglo XVII por San Dositeo de Moldavia, quien los mencionó entre otros santos locales en su “Vida y muerte de los Santos”. Los iconos de José y Ciríaco, aunque no estaban oficialmente canonizados todavía, fueron pintados en el siglo XIX por el Skete Prodoromos del Monte Athos y su memoria permaneció viva entre los monjes de la región de Neamt.

San José y San Ciríaco de Bisericani fueron oficialmente canonizados por el Santo Sínodo de la Iglesia Rumana los días 5 y 7 de marzo de 2008 y su proclamación oficial tuvo lugar el 5 de junio del mismo año. Su fiesta, en contra de lo que reza el trabajo de Dositeo, es el 1 de octubre, el mismo día que la fiesta de la Protección de Nuestra Señora.

Otras informaciones sobre el monasterio de Bisericani y la celda de San Ciríaco pueden hallarse aquí y aquí. Sobre las reliquias de los Santos José y Ciríaco, aquí y aquí, con la historia del roble donde la Virgen se apareció a los monjes. Aquí hay un artículo sobre el icono de la Theotokos, encontrado por los monjes en el roble.

Vista de las reliquias de los dos Santos expuestas a veneración de los fieles.

Vista de las reliquias de los dos Santos expuestas a veneración de los fieles.

Troparion (himno) de los Santos
Guías de los ermitaños, patronos de los necesitados y consoladores de los afligidos, Santos Padres José y Ciríaco, adquiristeis el fuego de la oración y os convertisteis en vasos escogidos del Espíritu Santo. ¡Rogad a Dios para que conceda paz y gran misericordia a nuestras almas!

Mitrut Popoiu

Bibliografía:
– Arhim. Ioanichie Bălan, Patericul Românesc, Editura Arhiepiscopiei Tomisului și Dunării de Jos, Galați, 1990
– ***, Sfinți români și apărători ai Legii strămoșeșsti, Editura Institutului Bibilic și de Misiune a Bisericii Ortodoxe Române, București, 1987

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa María, Madre de Dios

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La Theotokos de Vladimir, icono bizantino del siglo XII. Galería Tretyakov, Moscú (Rusia).

La Theotokos de Vladimir, icono bizantino del siglo XII. Galería Tretyakov, Moscú (Rusia).

“Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios”. Así reza una de las invocaciones marianas más antiguas de la Iglesia (s. IV), dando fe de la privilegiada veneración de que ha gozado Santa María en el cristianismo desde tan remotos tiempos. Y  más antiguo aún es el testimonio que los Padres de la Iglesia nos han dejado en diversos tratados y homilías, donde podemos rastrear que, al menos, desde el siglo II ya es tenida en consideración.  Pero es a partir del Concilio de Éfeso (año 431), a propósito de la definición dogmática de la doble naturaleza (humana y divina) de N. S. Jesucristo en la unidad de su Persona divina, cuando se da un especial florecimiento del culto mariano. Y esto sencillamente porque tal dogma cristológico lleva implícito el reconocimiento de que Santa María es “Theotókos”, madre de Dios. Así tenemos que, confesar la maternidad divina de María es reconocer a Cristo como hombre verdadero y al mismo tiempo como el Verbo eterno del Padre, consustancial a Él. Es pues el título de “Madre de Dios” la primera y principal razón para amar y venerar a María, de la que derivaran todos los demás reconocimientos con los que será honrada en lo sucesivo.

Será entonces en el siglo V, en la Iglesia de Jerusalén, donde encontramos una de las primeras memorias litúrgicas en honor de Santa María, Madre de Dios, la cual se celebraba el 15 de agosto; ésta festividad prontamente sería renombrada como la “Dormición de Santa María” o el “Tránsito”, como será conocida en Occidente, fiesta que corresponde, para los católicos de rito romano, a la actual “Asunción de la Sma. Virgen María a los cielos”. Por aquel mismo tiempo (siglo V) encontramos en Bizancio una “memoria de la Madre de Dios” celebrada el 26 de diciembre; es preciso saber que para aquella época ya la Iglesia bizantina había aceptado la propuesta proveniente de Roma de celebrar el 25 de diciembre la Natividad del Señor, y a su vez, los romanos incorporaban a su calendario litúrgico la festividad oriental de la Teofanía [1] del Señor (conocida actualmente como “Epifanía”) ubicada el 6 de enero. Así se entiende que los cristianos de Bizancio  hayan querido felicitar a María por el alumbramiento de su Hijo.

La Iglesia de Roma tardaría un poco más en establecer una fecha para conmemorar el misterio de la maternidad divina de María. Vale decir que en el siglo V el 1 de enero no era considerado día festivo por los cristianos romanos debido a que, en primer lugar, el tiempo desde la Navidad hasta la Epifanía se consideraba como una sola y única celebración de la manifestación del “Dios-con-nosotros”, y segundo, a causa de los escandalosos festejos protagonizados por los paganos con motivo del año nuevo. Ya en el siglo VI las circunstancias cambiarán un poco a favor de los cristianos, que establecerían para tal fecha una “Octava del Señor”, que no sería una octava [2] similar a la de Pascua , sino, más bien, una solemnidad mediante die festo similar a la que en Bizancio se celebraba en la mitad del tiempo pascual. De acuerdo con los leccionarios de esta época, la basílica donde tenía lugar la estación [3] era, inicialmente, la de Santa María ad Martyres en el Panteón de Agripa; después sería trasladada a Santa María de Trastévere, debido al pesebre que el papa Gregorio IV construyó allí a semejanza del de Santa María la Mayor. Sería por consideración a la basílica mariana donde la estación era celebrada que la fiesta pasó de ser una octava del Señor a una conmemoración especial en honor de Santa María; ya para el siglo VIII encontramos este día en los antifonales con el título de “Natale Sanctae Mariae” y varias oraciones y responsorios en los que se honra la maternidad divina de María.

Virgen con el Niño, catacumba de Priscila (s. II), Roma (Italia). Considerada la representación más antigua de la Virgen.

Poco después, debido a la influencia de la liturgia galicana, este día tendría por objeto conmemorar la Circuncisión del Señor, desplazando así a la memoria de la Madre de Dios, aunque, curiosamente, adoptaría toda la eucología [4] de acento mariano que ya se había elaborado, cambiando tan solo la lectura del evangelio que sería el de la circuncisión. Pasado el tiempo después de la desaparición de la fiesta en el calendario romano, el papa Pio XI, en 1931, la restableció fijándola para el 11 de octubre con ocasión del XV centenario del concilio de Éfeso, y concediéndole la categoría de “Doble de segunda clase”, equivalente a una solemnidad actual. Es de recordar que esta sería la fecha escogida por San Juan XXIII para inaugurar el concilio Vaticano II en 1962. Después, en la reforma litúrgica de 1969, se la ubicaría en su actual posición, con la denominación de “Octava de Navidad. Solemnidad de Santa María, Madre de Dios”. Un año antes, el Beato Pablo VI había instituido para este día la jornada mundial de oración por la Paz, quedando estos dos acontecimientos asociados en la misma fecha.

Actualmente, la maternidad divina de María es conmemorada por los ortodoxos bizantinos el 26 de diciembre en día llamado “Sinaxis de la Virgen María”; por los ortodoxos sirios el mismo día, con el nombre de “Felicitaciones a la Madre de Dios”; finalmente, los coptos cuentan con dos fechas: por el un lado, el 29 de kiahk (25 de diciembre), Navidad del Señor y Maternidad de María, con un fuerte tinte mariano, tanto así que los 40 días de preparación que preceden a esta fiesta son llamados “Ayuno de Nuestra Señora” y en general el mes de kiahk es considerado mes mariano, y por otro, el 16 de enero celebran una “memoria de la Madre de Dios”.

Dairon

[1] Se entiende por teofanías las manifestaciones de la Divinidad en la naturaleza y en la historia. Sirva de ejemplo la zarza ardiente que habló a Moisés y la nube que guió al pueblo israelita en el desierto. Para los Padres de la Iglesia, Cristo será la teofanía del Padre por excelencia. Cristo mismo, siendo Dios, manifiesta su condición divina, por ejemplo, en su bautismo en río Jordán.
[2] Se conoce con el nombre de Octava a los siete días siguientes a una gran solemnidad, con los que se pretende extender la celebración. Inicialmente solo la Pascua poseía tal privilegio, a imitación de la Pascua judía, que por mandato bíblico debía extender sus fiestas a lo largo de la semana.
[3] La statio cristiana en Roma consistía en la reunión del pueblo en una basílica o cementerio previamente anunciado para celebrar allí solemnemente la Eucaristía.
[4] La eucología es el conjunto de plegarias y oraciones compuestas para la liturgia.

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