Santo Tomás de Aquino, fraile dominico (III Parte)

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Actual sepulcro del Santo bajo el altar de la iglesia de los dominicos en Toulouse (Francia).

En este último artículo sobre Santo Tomás vamos a hablar muy someramente sobre su obra y sobre su culto, pues de hacerlo como debiera hacerse, a Santo Tomás hubiésemos tenido que dedicarle más de tres artículos.

Sus obras:
La obra de Santo Tomás es inmensa, por lo que no será posible entrar a valorar cada una de ellas ni desde el punto de vista teológico, ni cronológico y ni siquiera  biográfico. Además, no me considero capacitado para ello, sobre todo, cuando solo al estudio de la “Summa Theologica” se le han realizado muchísimas tesis doctorales. Mencionemos sólo algunas de las más importantes:

Comentarios a las Sagradas Escrituras:Comentarios a los Salmos, a los libros de Job, Isaías, Jeremías, a los evangelios de Mateo y Juan, a las epístolas de San Pablo, etc.

Comentarios a algunos autores eclesiásticos:

De teólogos: “De divinis nomínibus” del Pseudos-Dionisio, “Boethii de Hebdomadibus”, “Boethii de Trinitate”, “Sententias Petri Lombarda”.

De filósofos: “Perihermeneias”, “Posteriora Analytica”, “Physicam”, “De Generatione et Corruptione”, “Meteorológica”, “De Anima”, “De Sensu et Sensato”, “Memoria et Reminiscentia”, “Metaphysicam”, “Ethicam”, “Politicam”, “Librum de Causis”, etc.

Escritos mayores: “Summa contra Gentiles”, “Summa Theologiae”, “Quaestiones disputatae”: “De Veritate”, “De Potentia”, “De Malo”, “De Anima”, “De spiritualibus creaturis”, “De virtutibus in communi”, “De caritate”, “De correctione fraterna”, “De Unione Verbi Incarnati”, “De spes”, “De virtutibus cardinalibus”, etc, etc, etc.

Opúsculos y escritos menores: “Compendium Theologiae”, “De rege et regno”, “De regimene Iudaeorum”, “Contra errores Graecorum”, “De rationibus fidei”; “Responsio ad lectores Venetum”, “Responsio ad Gerardum Bisuntinum”, “De forma absolutionis”, “De articulis fidei et Ecclesiae sacramentis”, “De iudiciis astrorum”, “De sortibus”, “De occultis operationibus naturae”, “De aeternitate mundi”, “De unitate intellectus”, “De substantiis separatas”, “Expositio secundae Decretalis”, “Contra impugnantes Dei cultum et religiones”, etc, etc, etc.

Escritos atribuidos a él aunque dudosos: “Questio de Inmortalitate animae”, “Quesito utrum aliquid de libro vitae deleri possit”; “De fallaciis”, “De propositionibus modalibus”, “De demonstratione”, “De natura generis”, “De natura materiae”, “De natura accidentis”, “De principio individuationis”, “De natura verbi intellectus”, etc, etc, etc.

Como puede verse he reducido muchísimo esta relación de obras, los escritos de Santo Tomás de Aquino son innumerables y pretender tratarlos en un artículo sería de un atrevimiento rayano en la imprudencia. Pero aun así, hay que decir algo sobre su doctrina aunque sin pretender abarcar todas sus obras de teología y de filosofía.

Anterior sepulcro del Santo en la iglesia de los dominicos de Toulouse (Francia).

Santo Tomás introduce el concepto de “filosofía cristiana”, o sea, la única verdad que une lo procedente de la razón y de la revelación y en esto él se diferencia de los llamados filósofos puros, los llamados averroístas que no veían esta unidad así como de la llamada escuela tradicional. Esto explica el por qué Santo Tomás recurre a la teología para argumentar filosóficamente y viceversa. Para él las dos fuentes se complementan, no se contradicen.

El une en una síntesis propia  lo que descubre en autores como Aristóteles, Proclo, San Agustin, San Severino Boecio y lo que adquiere de diversas escuelas filosóficas (como la aristotélica, platonismo-neoplatonismo y estoicismo) y teológicas (como la latina y la griega). El hace una síntesis muy consistente, fuerte y sistemática, aunque no expone siempre sistemáticamente todas las partes de la filosofía. En sus análisis de las cosas y de las teorías el cree siempre necesario lo que llama “esse purum”, que lo explica todo y que es un concepto primordial que necesariamente, siempre tiene que aplicarse. Así él podrá explicar cuales son los errores del mal. La inteligencia tiene que abrirse al “ser” a fin de poder explicar la posibilidad de la revelación, de la elevación a un orden sobrenatural, de la elevación a la “beatitudo”. Esta doctrina hay que hacerla práctica en lo objetivo y en lo subjetivo y esta doctrina él la desarrolla y en ella basa su fundamento natural y su fundamente sobrenatural.

Su culto:
Su primera sepultura estuvo en la Abadía de Fossanova, donde murió, junto al altar mayor, pero el abad transportó el cuerpo a la capilla de San Esteban, donde estuvo siete meses. En el año 1281, siete años después de su muerte, fue exhumado el cadáver encontrándose incorrupto. En 1288 le quitaron la mano derecha, que se le dio a su hermana Teodora, la cual la llevó a Salerno, en la Campania italiana. Más tarde, los monjes le separaron la cabeza que pusieron en un relicario en la sacristía. En ese tiempo fue confirmada su autoridad doctrinal y su santidad hasta el punto  en que en mayo de 1274 (solo dos meses después de su muerte) la Facultad de Arte de la Universidad de París reclamó al Capítulo General de la Orden, el cuerpo del santo. Se dice que desde los primeros años después de su muerte mucha gente visitaba el sepulcro.

Pregunta: En el año 1960 comencé a estudiar en la Facultad de Medicina de Zaragoza y nuestra fiesta de estudiantes Universitarios era el día 7 de marzo por ser el día de Santo Tomás de Aquino. Me gustaría saber porqué cambiaron esta celebración, en qué fecha la cambiaron y si en vez de ser solo fiesta para la Universidad también se celebró en Colegios, Institutos y Escuelas. Muchas gracias. España

Respuesta: La iniciativa del proceso de canonización la tomó el Capítulo Provincial de la Orden en Gaeta, localidad de la provincia de Latina, en el año 1317 y en ese mismo tiempo se empezó a escribir su biografía. El Papa Juan XXII hizo examinar toda la documentación acumulada y el día 18 de julio del año 1323 promulgó la Bula de canonización, proclamando su fiesta el día de su muerte, o sea, el 7 de marzo. En el nuevo calendario litúrgico para la Iglesia Universal promulgado el 14 de febrero del año 1969 por el Papa Beato Pablo VI, se fijó su fiesta el día 28 de enero, día del traslado de sus reliquias a Toulouse, porque se estableció o adoptó el principio de no celebrar la fiesta de ningún santo durante la Cuaresma. Con esta explicación respondo a lo que comentabas en tu pregunta.

Relicario con el cráneo del Santo. Saugoma Priverno, Latina (Italia).

Entre los años 1321 y 1368 los monjes de la Abadía de Fossanova separaron los huesos de la carne del cadáver (este proceso no era raro en aquella época) y el Conde de Fondi se apoderó del cuerpo y pasó algunas reliquias a los dominicos. Estos recurrieron al Papa para recuperar el cuerpo y la cabeza, que como he dicho antes, había sido separada. Finalmente, el Beato Urbano V dio en 1368 el permiso para llevar los restos del santo a Toulouse, adonde llegaron en el año 1369. En aquella ocasión se hizo una nueva distribución de reliquias: a Itri, París, Roma… pero la mayor parte del cuerpo quedó en Toulouse. Sin embargo, el sepulcro fue profanado en el siglo XVI (en 1562) y fue sustituido por otro que destruyeron durante la Revolución Francesa. En el año 1791 las reliquias se salvaron llevándolas al convento de los dominicos. El cráneo, que quedó en Fossanova y había desaparecido, fue descubierto en el año 1585. Ponemos una foto en el artículo. Los fieles veneran algunos lugares y objetos ligados al santo: su celda en Nápoles, la cámara mortuoria en Fossanova, el Crucifijo con el que habló, la cátedra desde la cual enseñaba en París, etc.

El Capítulo General de la Orden celebrado en 1324 ordenó redactar un Oficio Propio para el día de su fiesta; posteriormente se le hicieron algunas correcciones por parte de Guillermo de Adam y el Papa León XIII cambió las lecciones del segundo nocturno del Oficio de Maitines. Antiguamente, la fiesta del 7 de marzo tenía una octava que celebraba la Orden de Predicadores (Dominicos). En el año 1943, se confeccionó un prefacio propio para su fiesta y aun existen traducciones del oficio para las liturgia bizantina (en griego) y Armenia (en armenio). Su fiesta llegó a ser de precepto en la archidiócesis de Nápoles.

El origen de su patronazgo sobre los universitarios es del año 1880 y fue proclamado Doctor de la Iglesia por San Pío V en el año 1567. El Concilio Vaticano II revalidó la importancia de su doctrina en el Decreto “Optatam totius” y en la Declaración “Gravissimum educationis

Para realizar estos tres artículos sobre Santo Tomás de Aquino he utilizado diversa bibliografía, relación que está a disposición de quien lo desee. Quiero hacer especial mención a los trabajos de Clemens M. Joris Vansteenkiste y a esta web.

Antonio Barrero

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Santo Tomás de Aquino, fraile dominico (II Parte)

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El Santo en un grabado del siglo XVI.

En el artículo publicado ayer hablábamos someramente sobre la vida de Santo Tomás de Aquino. En este lo haremos sobre su espiritualidad, su personalidad y algunas leyendas escritas sobre él y en el artículo de mañana hablaremos algo sobre su obra y su culto.

Su religiosidad:
Sus biógrafos dicen que Santo Tomás tenía la costumbre de celebrar la Santa Misa todos los días, salvo que estuviese gravemente enfermo y que durante la celebración, en muchísimas ocasiones lo vieron llorar. Y lo mismo le pasaba cuando al final del Oficio de Maitines rezaba el “Te Deum”, que como sabemos es un himno atribuido a San Ambrosio de Milán. Cuando había tormentas y relámpagos acostumbraba a hacer la señal de la cruz diciendo: “Deus in carnem venit; Deus pro nobis mortuus est”. El le había comentado a su amigo Reginaldo que todo cuanto había pedido rezando esto, siempre lo había obtenido. Todos los días leía o hacía que se le leyeran el “Collationes Patrum”. Dormía muy poco y se pasaba largas horas de la noche rezando en su celda o en la iglesia del convento. Jamás perdía el tiempo y cuando estaba de paseo siempre estaba absorto en la meditación. Esta concentración espiritual se manifestó en numerosas ocasiones.

Tenía una gran compasión por los pobres hasta el punto de desnudarse para darles sus ropas. También acostumbraba a que, cuando en su presencia se conversaba sobre temas que no fueran religiosos, él se quitaba de en medio. Aunque hablaba el dialecto de su región, siempre predicaba en italiano y lo hacía de forma muy sencilla para que todo el mundo lo entendiera. Era muy afable, siempre estaba de buen humor; era muy dulce, aunque raramente manifestaba sus emociones.

Algunos hechos que se comentan de él:
Se dice que habiendo encontrado dificultad para comprender un texto del profeta Isaías, fue ayudado por los apóstoles Pedro y Pablo. Decía a sus alumnos que el mayor don que Dios le había concedido era el que siempre había comprendido todos los libros que había estudiado. Sus compañeros decían que Santo Tomás era capaz de estar dictando al mismo tiempo sobre distintas materias a sus “secretarios escribanos”, sin equivocarse ni una sola vez y siguiendo correctamente el hilo de cuanto decía sobre cada cosa, aunque fueran muy distintas. Tradujo los libros de Aristóteles a su compañero y amigo Guillermo de Moerbeke, aunque en alguna ocasión también le ayudaron otros traductores. En cierta ocasión solicitó los escritos de Joaquín de Fiore subrayando todo aquello que no le parecía fuese cierto.

En París, durante un examen de magisterio, un religioso lo contradijo, él no replicó, pero como al día siguiente el mismo religioso seguía en sus treces, le demostró que todo aquello en lo que le contradecía eran afirmaciones de un concilio de la Iglesia. En cierta ocasión, mientras hablaba, un diente le causaba tanto dolor que le impedía hacerlo; él recurrió a la oración, se arrancó el diente y siguió hablando. En otra ocasión, algunos profesores de la Universidad le expusieron sus puntos de vista sobre el sacramento de la Eucaristía y él les dio su respuesta por escrito, escrito que había realizado encima de un altar; entonces, los presentes vieron al mismísimo Cristo acercarse a lo que Tomás había escrito y decirle: “Está muy bien lo que has escrito sobre el Sacramento de mi Cuerpo”. Un día, San Luís IX, rey de Francia, le invitó a comer y en un momento de la comida, quedó como absorto y, de repente, golpeó la mesa diciendo: “Modo conclusum est contra haeresim Manichaeorum”.

"Apoteosis de Santo Tomás de Aquino", óleo de Francisco de Zurbarán (1631). Museo de Bellas Artes de Sevilla (España).

En Italia, visitando el día de Navidad el castillo de la Molara,  Santo Tomás, con su conversación, convirtió a dos judíos; en Salerno más de una vez se le vio levitando junto al altar y en Roma estando predicando, una mujer que tenía fuertes hemorragias, se curó tocando su ropa (recordad el pasaje evangélico de la hemorroisa en Marcos, 5, 28) y en Nápoles en cierta ocasión en que era visitado por un cardenal, estando absorto, lo ignoró completamente. El pobre cardenal tuvo que irse (!!).

Entre la historia y la leyenda:
Los datos biográficos que de él poseemos, no son siempre seguros. Ayer mismo, pusimos en duda algunas cosas que de él se comentan, pero “su biografía” ha sido ampliada con algunos detalles cuyo objetivo ha sido “enriquecer” la vida de este gran Doctor de la Iglesia y en este sentido, algunos autores han añadido lo que han creído oportuno, fuera cierto o no. Por ejemplo: La madre de fray Reginaldo, su amigo, habría dicho que los agricultores y campesinos dejaban de trabajar cuando Tomás pasaba cerca de ellos porque quedaban admirados por su estatura y belleza (!!) Que cuando escribía la “Summa contra gentiles” lo hacía estando en éxtasis (!!) Que estando escribiendo sobre las epístolas de San Pablo, el mismo apóstol se le apareció; que todas las Navidades se le aparecía la Virgen, que San Luís rey de Francia lo había tenido como consejero, etc.

Muchas son las localidades que reivindican su presencia: Friesach en Austria; Lovaina y Amberes, en Bélgica; Pisa, Fondi, Foggia, Rimini, Siena, etc. en Italia y no en todas ellas hay constancia de que hubiese estado. Que el Papa Honorio III había sido el padrino en su bautizo, que escribió el oficio litúrgico de la festividad del “Corpus Christi”, que “se intercambiaba visitas con otros santos”, en fin, mucho es lo escrito que parece más legendario que histórico.

Su personalidad:
Físicamente, sus biógrafos y los documentos del proceso de beatificación, dicen que era corpulento, alto de estatura, pálido y la cabeza era grande aunque un poco calva. Esta descripción parece estar confirmada por el que se considera su más antiguo retrato, habiendo quienes aseguran que se lo hicieron en vida.

En cuanto a su temperamento y personalidad moral se dice que era emotivo, apasionado, que tendía a irritarse aunque raramente lo hacía y algo ambicioso. Estos datos parecen confirmarse en base a un estudio grafológico hecho a sus escritos. En el plano racional tenía un raro equilibrio entre un espíritu extremadamente especulativo y un espíritu práctico: prudente, con dotes docentes y de predicador, de compositor y de artista.

"Santo Tomás, fuente de sabiduría". Óleo de Antoine Nicolas (s. XVII).

Todas estas aptitudes se manifestaron con una gran precocidad, pues ya sus primeros escritos tienen los rasgos fundamentales de su personalidad. Tenía una memoria prodigiosa y una enorme capacidad de trabajo y aunque su temperamento tendía a la violencia, su voluntad predominaba, siendo dulce y no irascible. También todo esto está confirmado por un estudio grafológico. Siendo de este temperamento y sabiéndose dominar, todos afirman que en él tuvo que influir constantemente la gracia en la cual vivía, la cual imprimía toda su vida.

Estaba siempre disponible, eliminaba todos los obstáculos, era humilde, puro, discreto, obediente y sobre todo, un hombre de una profunda fe y muy piadoso, especialmente con la Eucaristía, el Crucifijo y la Virgen. Esta forma de actuar y su personalidad intelectual explican su sabiduría, sabiduría que se manifiesta en sus escritos, en sus conversaciones con Dios y con los santos: éxtasis, levitación, visiones… Resumiendo: se le puede definir como hombre de fe, muy sabio, pero también muy humilde.

En el artículo que publicaremos mañana, trataremos someramente sobre su obra y su culto.

Antonio Barrero

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Santo Tomás de Aquino, fraile dominico (I Parte)

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Detalle del Santo en el Retablo de Demidoff, obra de Carlo Crivelli (1476). National Gallery de Londres (Gran Bretaña).

Vamos a iniciar una serie de tres artículos sobre Santo Tomás de Aquino. Hoy escribiremos sobre las fuentes en las que nos basamos y brevemente, sobre su vida. En la segunda parte hablaremos de sus obras y doctrina y en la última, de su culto e iconografía.

Las fuentes directas son narrativas, oficiales, bibliográficas y literarias y las fuentes indirectas, son algunos datos sobre su familia y documentos sobre él escritos por personas ajenas a la Orden de Predicadores. Las narrativas son unas vidas legendarias primitivas escritas por Guillermo de Tosco,  Bernardo Guidonis y Pedro Calo, los tres del siglo XIV, que lo hicieron para apoyar su canonización. Las oficiales son el propio Proceso de Canonización, la Bula de canonización, algunas cartas papales y las Actas de los Capítulos de la Orden. Las bibliográficas son, principalmente, algunos escritos de la Universidad de París y las literarias son algunos panegíricos, epitafios y comentarios sobre él y sobre su obra. Las fuentes indirectas son algunos escritos sobre su familia, sobre su persona y la Orden, sus propias obras que indican cómo era y cómo pensaba y los documentos “Fontes Vitae S. Thomas Aquinatis” y “S. Thomas Aquinatis vitae fontes praecipuae”, todo esto por mencionarlo muy sucintamente, sin llegar a profundizar en ellas.

Sus padres se llamaban Landolfo, de origen longobardo y Teodora, de origen normando, la cual probablemente era la segunda esposa de Landolfo ya que éste se casó dos veces.  Se discute el año de su nacimiento, que sería entre el 1225 y el 1227 y probablemente fue en Roccasecca d’Aquino, en la provincia italiana de Frosinone. Siendo muy niño, una hermana suya fue fulminada por un rayo y se cuenta la anécdota de que un día, cuando su madre iba a lavarlo, se agachó al suelo y cogió un trozo de papel con el cual quiso meterse en el agua. En el papel estaba escrito “Ave Maria”.

Con solo cinco años de edad, su padre lo presentó como oblato en la Abadía de Montecassino, con la esperanza de que algún día fuera el abad de la misma. Durante el tiempo que estuvo en la Abadía, sus biógrafos recuerdan especialmente su vivo deseo de conocer a Dios, su carácter estudioso y su gusto por la soledad. Después de algún tiempo, Tomás abandonó la Abadía pero no se conocen cuales fueron los motivos. Estuvo algún tiempo en la Facultad de Arte de la Universidad de Nápoles y allí fue donde inició sus conocimientos sobre la doctrina aristotélica, siendo sus maestros Martín y Pedro de Ibernia. Tampoco se sabe cuanto tiempo estuvo en dicha Universidad ni donde se alojaba. Los biógrafos solo hacen hincapié en su precocidad.

Ya en Nápoles estableció contactos con los dominicos y se planteó entrar en la Orden. Parece que recibió el hábito de manos de Fray Juan de San Julián, perteneciendo por tanto a la Provincia Dominicana de Roma. Tendría unos veinte años de edad y se sabe que no toda su familia reaccionó bien ante esta decisión. Estuvo en el convento romano de Santa Sabina, después estuvo en Terracina, en Anagni y finalmente en París. Mientras estaba allí, fue detenido por sus hermanos junto con otros frailes, conducido al castillo de Monte San Giovanni Campano y probablemente, más tarde a Roccasecca.; en ese tiempo, su madre y sus hermanos intentaron convencerlo para que dejara la Orden, pero fue él quien consiguió que su hermana Marotta entrase en el convento de Santa Maria de Capua.

"Tentación de Santo Tomás de Aquino", óleo de Diego Velázquez (1632). Museo Catedralicio de Arte Sacro, Orihuela, Alicante (España).

Sin embargo sus hermanos seguían en sus treces y le enviaron a una muchacha con la intención de tentarlo; él se libró y oró para poder permanecer siempre en perpetua virginidad, solicitando a Dios un cíngulo-cinturón o cuerda de virginidad. Según contó su confesor después de su muerte, dos ángeles le confirmaron en sueño que ese objetivo lo conseguiría. Desde entonces, los frailes al ceñirse el cordón o la correa rezan: “Precinge me Domine, cíngulo puritatis et extingue in lumbis meis humoren libidinis, ut maneat in me virtus continentiae et castitatis(Cíñeme Señor con un cinturón de pureza y extingue de mis muslos los deseos libidinosos a fin de que permanezcan en mí las virtudes de la continencia y de la castidad).

Durante el tiempo que estuvo en prisión, los dominicos lo visitaron varias veces. La liberación de Tomás, según quién lo escriba, lo cuenta de una manera u otra. Probablemente fue conducido a Colonia (Alemania) donde enseñaba San Alberto Magno; otros dicen que se fugó. Lo más probable es que fuera entonces, alrededor del año 1248, cuando marchó a Colonia y se encontró con San Alberto Magno, con quién estudió. De este período de su vida se cuentan algunos episodios: Tomás era muy recogido y silencioso por lo que sus compañeros lo llamaban “el buey mudo”. Un día, mientras Alberto explicaba el “De divinis nominibus”, un compañero de estudios creyendo que Tomás no se enteraba de nada, se ofreció para explicárselo aparte, pero no tuvo éxito porque ocurrió exactamente lo contrario, por lo que el compañero se lo contó a Alberto, diciéndole que lo que pasaba era que Tomás había hecho promesa de no hablar y por eso siempre estaba callado. También se cuenta que otro día, un compañero encontró un escrito con anotaciones hechas por Tomás sobre un tema que había explicado Alberto y que era difícil de entender; se lo llevó al maestro (a Alberto) y éste, admirado por su aguda inteligencia, lo sometió a una discusión sobre dicho tema, tras lo cual llegó a decir Alberto: “Nosotros lo llamamos el buey mudo, pero él con su doctrina emitirá tal mugido que resonará en todo el mundo”. Desde entonces Tomás fue uno de los discípulos predilectos de Alberto. Un día el maestro comentó en el aula la “Etica”, obra de Aristóteles y le dijo a Tomás que redactara un resumen. El texto, recientemente descubierto, demuestra la originalidad y la independencia de su pensamiento. Otros episodios de su vida, más documentados, son el ofrecimiento que le hizo el Papa para que dirigiera la Abadía de Montecassino, su ordenación como sacerdote en Colonia y el encargo recibido para impartir enseñanza en la ciudad. También la escritura de algunas de sus obras.

En el año 1251, el General de la Orden,  Fray Juan el Teutónico le solicitó a San Alberto que le propusiese un candidato para ir a la Universidad de Paris; Alberto propuso a Tomás y Juan lo aceptó. La propuesta fue apoyada también por el cardenal Hugo de San Caro. El Padre General le escribió comunicándoselo y Tomás marchó a Paris estudiando bajo la guía del catedrático Elías Brunet. Allí ejerció como maestro en teología  bíblica utilizando unos métodos novedosos en dicha universidad, tanto en las cuestiones tratadas como en las opiniones vertidas.

El Santo predica en presencia de Gregorio X. Tabla de Bartolomeo degli Erri (s.XV).

En el año 1252 se inició una perspicaz lucha del clero secular contra los frailes de las órdenes mendicantes. Hubo un momento crítico dos años más tarde, cuando Inocencio IV abolió los privilegios que tenían los mendicantes; él  profetizó que el Papa sucesor, Alejandro IV restituiría lo abolido años antes.

Como las discrepancias tenían un carácter eminentemente doctrinal, Tomás intervino con el polémico escrito “Contra impugnantes” por lo que el Papa le conminó a que continuase con sus enseñanzas universitarias. También es probable que de esta época sean sus obras “De principiis naturae” y “De ente et essentia”. La incorporación de Tomás al cuerpo académico de la Universidad no se consiguió fácilmente y tuvo que intervenir el Papa.

Cinco años más tarde, en 1257, murió su hermana Marotta. El Domingo de Ramos del año 1259 estando predicando Tomás en París fue interrumpido por un representante de Picardie que leyó públicamente un escrito contra los frailes dominicos, acto que fue reprendido por el Papa quién se solidarizó con Tomás, el cual continuó enseñando en París hasta que retornó a Italia en una fecha no muy bien precisada, pero probablemente, después del Capítulo General celebrado en Valenciennes (septiembre de 1259) y antes del Capítulo Provincial de Nápoles (septiembre de 1260). En el Capítulo General de Valencienne defendió junto con San Alberto Magno y el Beato Pedro de Tarantasia, un documento que habían redactado por encargo del padre general de la Orden; el documento trataba sobre el ordenamiento de los estudios dentro de la Orden. En el Capítulo de Nápoles, ya en Italia, fue nombrado predicador general lo que le supuso permanecer en su país.

Participó en el Capítulo Provincial de Orvieto siendo destinado al convento de dicha ciudad, en la que residía el Papa Urbano IV. El Papa recurrió a Tomás para encomendarle diversos trabajos, como por ejemplo, la recopilación de la llamada “Catena Aurea” y del opúsculo “Contra errores graecorum”, documento que durante algunos siglos tuvo una influencia muy beneficiosa en las relaciones ecuménicas entre las iglesias de Oriente y Occidente. Colaboró en la institución de la fiesta del “Corpus Christi” aunque ningún autor dice que fue lo que realizó exactamente. Posteriormente pasó a Perugia y a Roma y hay autores que afirman que participó en el Capítulo General de Londres.

En Roma estuvo hasta el año 1267, marchando posteriormente a Bologna, donde participó en el traslado de los restos de Santo Domingo de Guzmán y donde recibió una carta del Papa Clemente IV referente a un problema con un obispo dominico residente en Siria. Se dice también que este Papa le ofreció el arzobispado de Nápoles, ofrecimiento que él rechazó. Posteriormente, vuelve de nuevo a París aunque hay quienes afirman que lo hizo solo por obediencia y allí ya se le sitúa en el año 1269. Se dedicó a defender a los religiosos y a su forma de vida contra los ataques del clero secular y a defender sus posiciones aristotélicas en contra de la nueva corriente conservadora surgida en la ciudad. Pero también se dedicó a defender la ortodoxia contra el aristotelismo unilateral de los llamados Everroistas. En estas discrepancias, llegó incluso a ser atacado físicamente, respondiendo siempre con dulzura y con bondad. Los escritos de Tomás contra el averroísmo fueron más efectivos que las condenas oficiales de la propia iglesia.

El Santo debate con los herejes. Tabla de Bartolomeo degli Erri (s. XV)

En París se le hicieron otros muchos encargos, en los que no entraré a fin de no alargar excesivamente este artículo. Pero debido a las dificultades que encontraba continuamente en la universidad parisina, marchó nuevamente a Italia para establecerse en Nápoles.

En Nápoles enseñó en el convento de Santo Domingo, siendo incorporados a la Universidad napolitana los estudios de teología que él impartía en el convento. Existe un documento fechado el día 15 de octubre del año 1272 que demuestra cómo el rey Carlos abonaba los gastos que se originaban; en Nápoles siguió escribiendo sobre filosofía y teología.

En este período continuó su actividad literario-doctrinal prosiguiendo su obra ya iniciada anteriormente, la “Summa Teologica”, que es su obra más famosa. Dentro y fuera de la Orden también le dieron algunas responsabilidades, como Padre Definidor (en el año 1273) y ejecutor testamentario de Ruggiero d’Aquila (en 1272). En esta etapa se le reconocen fenómenos de bilocación y levitación, así como conversaciones mantenidas con un crucifijo. En el 1273 fue invitado por el Beato Papa Gregorio X para que participase en el Concilio Ecuménico de Lyón, al que debía aportar su texto sobre la doctrina y comportamiento a seguir con los griegos y que como he dicho anteriormente escribió en tiempos de Urbano IV.

Con ocasión de la fiesta de San Nicolás el día 6 de diciembre de 1273, después de haber celebrado la Santa Misa en la capilla del santo, Tomás no quiso ni escribir ni dictar a pesar de la insistencia de su amigo Reginaldo, al que le dice: “no puedo más, creo que todo lo que he escrito es paja” y en compañía de Reginaldo y otros frailes se fue a visitar a su hermana Teodora. Allí, durante muchísimo tiempo, permaneció en éxtasis sin percibir la presencia ni las palabras de su hermana; cuando volvió en si predijo su muerte a todos los presentes. Desde San Severino, donde estaba su hermana, marchó a Nápoles y allí permaneció algún tiempo enfermo. Durante esta enfermedad, dos religiosos del convento vieron como una gran estrella entraba por la ventana de la celda posándose durante un momento sobre la cabeza del santo. Uno de estos religiosos manifestó lo que había visto cuando se inició el proceso de beatificación.

En la fiesta de Santa Inés del año siguiente, se fue con su amigo Reginaldo a Lyón pero a la altura de la ciudad de Teano se golpeó la cabeza con un árbol que había sido derribado. Reginaldo, para distraerlo, empezó a hablarle del Concilio, de sus trabajos y de cómo sería recibido en Lyón, donde se esperaba que lo nombrasen cardenal, pero a la altura del castillo de Maenza, enfermó aun más negándose prácticamente a comer. Se restableció y siguió el viaje llegando a la abadía de Fossanova donde fue recibido por los monjes cistercienses. Allí estuvo casi un mes y sintiendo que la muerte estaba cercana, en el mes de febrero, hizo confesión general y recibió el Viático, se levantó de la cama, se tiró al suelo, recitó algunas oraciones y pidió someter todas sus obras al juicio de la Iglesia; estaban presentes los cistercienses y algunos frailes dominicos y franciscanos. Al día siguiente recibió la Unción de los Enfermos, comulgó por última vez y murió en la mañana del miércoles día 7 de marzo del año 1274, teniendo cuarenta y siete años de edad.

Mañana, que es su festividad, seguiremos con la segunda parte de estos tres artículos dedicados a este gran santo, declarado Doctor de la Iglesia Católica.

Antonio Barrero

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