Santo Tomás de Villanueva y el primer seminario preconciliar

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

El Santo repartiendo limosna entre los pobres. Lienzo de Bartolomé Esteban Murillo (ca. 1678). Museo Provincial de Bellas Artes de Sevilla, España.

El Santo repartiendo limosna entre los pobres. Lienzo de Bartolomé Esteban Murillo (ca. 1678). Museo Provincial de Bellas Artes de Sevilla, España.

Ya realizamos, en otra época, un artículo resaltando la obra caritativa de Santo Tomás de Villanueva, y en este queremos incidir en el hecho de que su intervención fue decisiva para que en Valencia se estableciera el primer colegio con tintes de seminario, tal y como hoy conocemos estas instituciones. Así, Santo Tomás de Villanueva, religioso agustino y Arzobispo de Valencia de 1544 a 1555, fundó el 21 de Noviembre de 1550 el Colegio Mayor de la Presen­tación de la Bienaventurada Virgen en el Templo, considerado comúnmente el único seminario diocesano para la formación de sacerdotes que se instituyó con anterioridad al Concilio de Trento. Tal y como prescribe el Art.4 de las Constituciones Fundacionales del Santo; “que en él se instituyan aquellos que quieran recibir el Orden del Presbiterado” primando en sus colegiales la pureza de vida y la honestidad de costumbres al brillo de la sabiduría. Dicho Colegio todavía hoy subsiste como seminario. También en ellas se manifiesta que “Declaramos que nuestro propósito ha sido fundar este colegio para estudiantes pobres, quienes formados e instruidos en él con suma pureza y santidad puedan llegar al sagrado orden del presbiterado y, una vez hubieren salido del colegio, sean en esta nuestra diócesis valentina celosos sacerdotes que lleven las almas a Dios con su predicación, su saber y su ejemplo.”

Carlos Martínez Herrer, Profesor de la Universidad Católica San Vicente Mártir, señala en su trabajo “SANTO TOMÁS DE VILLANUEVA O. S. A. Y LOS COLEGIOS JESUITAS DE VALENCIA Y GANDÍA” que existió una íntima vinculación de patronazgo de Santo Tomás de Villanueva con la entonces incipiente Compañía de Jesús, y que los colegios de Valencia y Gandía de esta orden fueron incluso anteriores a la creación de la institución tomasiana. Es por ello por lo que afirma que éste conocía las iniciativas pioneras que los jesuitas desarrollaban, y que bien pudieron ser la experiencia piloto que desembocaron en las disposiciones trentinas en cuestiones de promoción de la formación de sacerdotes. No debe sorprendernos que se diga, por tanto, que los jesuitas fueran, por tanto, los grandes promotores de dicha formación sacerdotal después del Concilio de Trento.

Santo Tomás de Villanueva había sido estudiante y maestro de Artes y Teología en Alcalá. Como su intención fue la de profesar en el Convento de San Agustín de Salamanca, rehusó una cátedra de Filosofía Natural en la Universidad. Es por eso por lo que su conocimiento de la vida de los “colegios” o “colegios mayores”, antes de llegar a Valencia, debió ser muy profunda. Prosigue Carlos Martínez diciendo que: “Desde la Baja Edad Media hasta fines del S.XVIII, especialmente en las universidades españolas, un colegio mayor era una institución que impartía formación universitaria de grados mayores (licenciatura y doctorado) y daba alojamiento a los estudiantes. Los colegios mayores funcionaban con una gran autonomía; los profesores iban a dar clases en ellos, aunque luego los colegiales debían rendir examen en la Universidad. Los propios colegiales regían su Colegio en los aspectos administrativos y económicos y nombraban rector de entre ellos. Los estu­diantes de los colegios más renombrados presumían durante toda su vida de haber pertenecido a ellos. Este es el régimen que, mutatis mutandi, se contiene en las Cons­tituciones del Colegio Mayor de la Presentación”.

Colegio de la Presentación a finales del siglo XIX. Calle Pintor Sorolla, Valencia (España).

Colegio de la Presentación a finales del siglo XIX. Calle Pintor Sorolla, Valencia (España).

Presenciamos aquí igualmente el caso de estudiantes pobres, cuya formación era costeada por algún miembro adinerado, y cuyo conocimiento también tuvo Santo Tomás por su estancia, pasada en Alcalá en el Colegio de San Ildefonso. Por tanto, la fundación del considerado primer seminario del mundo viene precedida del conocimiento de la existencia previa del colegio-seminario jesuita de Valencia (1544), del colegio-seminario jesuita de Gandía (1545) y de la erección de la Universidad jesuita de Gandía (1547), cuyos modelos sirvieron de ejemplo. Todas estas instituciones son muy anteriores, y por tanto antecedentes causales, de la reforma en materia de formación sacerdotal del Concilio de Trento.

Por la evidente relajación de costumbres y actitudes impropias existente en el clero valenciano en el momento de la llegada de Santo Tomás de Villanueva a la sede valentina, éste creó el “Colegio de la Presentación”, que fue el precursor de los seminarios posteriores al Concilio de Trento. El 2 de agosto de 1544, el provincial de la orden de los agustinos había obligado a aceptar a Tomás de Villanueva el Arzobispado de Valencia, condición que le había sido ofrecida por el Papa a petición del Emperador Carlos V. Aquél se vio obligado a aceptar por estricta obediencia, y no pudo exonerarse como años antes había hecho, rehusando el de Granada. La creación del colegio, como decimos, le pareció una medida adecuada para enderezar conductas poco aleccionadoras que se habían instalado entre muchos canónigos valencianos, sin duda alentados porque la sede episcopal valenciana había estado vacante durante unos años. Para ello, convocó un sínodo diocesano en el año 1548, en que ya los canónigos díscolos se negaron en principio a reconocer la autoridad del prelado para tomar tal determinación. Pero, al poco tiempo, se vieron obligados a rectificar, no por convicción, sino para que el fuero del arzobispo rescatara del gobernador a un canónigo que había sido encarcelado por tentativa de homicidio en el año 1548. Conocido popularmente como el “Colegio dels Tomasins”, éste fue tomado como seminario modelo que el Concilio de Trento estableció después en todos los obispados. En la fundación del Colegio y la orden de registrar en los libros las partidas bautismales y fallecimientos, el Santo se adelantó, en aquel sínodo, a algunas directrices del Concilio. Finalmente, el 7 de Noviembre de 1550, el escribano Miguel Real legalizaba el auto definitivo de fundación y el Arzobispo de Valencia Tomás de Villanueva imponía la beca a varios colegiales. Existe un cuadro de Ribalta que muestra la escena, imponiendo la beca a dos colegiales tomasinos.

Colegio de la Presentación de Santo Tomás de Villanueva, Valencia (España). Fotografía de los años 30.

Colegio de la Presentación de Santo Tomás de Villanueva, Valencia (España). Fotografía de los años 30.

Para Martínez, “tras la re­solución 18 de la Sesión XXII del Concilio de Trento, en 1563, una de las principales bases de la reforma eclesiástica, los papas Pío IV, Pío V y Gregorio XIII suscitaron en todo el orbe católico iniciativas educativas dirigidas al clero que no eran otras que los seminarios de formación, poniéndose en funcionamiento estas instituciones educativas por parte de los obispos en sus respectivas diócesis. Al año de ultimarse el Concilio, en 1564, y sirviéndose de una real cédula de Felipe II que lo declaraba ley de Estado, comenzaron a proliferar los seminarios en España”.

Salvador Raga Navarro
PRESIDENTE
Asociación Cultural VIA VICENTIUS – GOGISTES VALENCIANS

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Santo Tomás de Villanueva, arzobispo agustino de Valencia

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El Santo repartiendo limosna entre los pobres. Lienzo de Bartolomé Esteban Murillo (ca. 1678). Museo Provincial de Bellas Artes de Sevilla, España.

Tomás de Villanueva (1486-1555) fue un prestigioso predicador que fue llamado “el divino Tomás” por el enorme afecto que generaba como un nuevo apóstol San Pablo, enviado por Dios para transformar a los pecadores. Y es que nació en la localidad de Fuenllana y su sobrenombre le vino por la ciudad donde se educó y creció, Villanueva de los Infantes, donde fue a refugiarse con su familia con motivo de la peste que asolaba el lugar donde vivían. Ya en su infancia y, a pesar de que su familia tenía una posición acomodada, muchas veces andaba desnudo porque había dado sus ropas a los más necesitados.

Realizó sus estudios con gran éxito en la universidad de Alcalá y en 1516 solicitó y consiguió ser admitido en la comunidad de los padres agustinos en Salamanca. En el año 1518 fue ordenado sacerdote y luego se dedicó a la docencia en la universidad. Destacaba sin duda por su excepcional inteligencia y por dar soluciones certeras a los problemas complejos que se le planteaban. En cambio, se dice que su memoria no era tan buena y que debía esforzarse en exceso para no distraerse en cosas menores.

En su atención a los enfermos era en lo que ponía una especial atención pues en ellos decía que uno se encuentra con Dios y puede hablar con él. Con cada vez más frecuencia entraba en éxtasis cuando celebraba la Misa y entonces su rostro se iluminaba, lo que llamaba la atención de quienes le veían. Ejemplo de esto es que se dice que un cierto día mientras predicaba en Burgos contra el pecado, tomó en sus manos un crucifijo y levantándolo gritó “¡Pecadores, mírenlo!”, y se quedó en éxtasis durante un cuarto de hora mirando hacia el cielo, tras lo que se disculpó con los que le miraban sorprendidos.

Como su fama fue creciendo notablemente el emperador Carlos V, que admiraba profundamente sus sermones y le nombró su consejero y confesor, le ofreció reiteradamente el cargo de arzobispo de Granada pero él nunca lo había aceptado. Tras esto le ofreció el de Arzobispo de Valencia y Tomás se volvió a negar totalmente a obedecer al emperador en esto. El hijo del gobernante, que sería el futuro Felipe II, le rogó que aceptara pero tampoco quiso aceptar. Sólo cuando su superior de comunidad se lo ordenó bajo voto de obediencia, a pesar de pertenecer a la orden de ermitaños de San Agustín, entonces aceptó el cargo.

Vista de las reliquias del Santo veneradas en su capilla de la catedral de Valencia, España. Foto: www.catedraldevalencia.es

Prueba de su humildad es que cuando llegó a Valencia de medianoche y en medio de una tormenta pidió hospedaje de caridad en el convento de los Padres Agustinos y que sólo quería una estera para echarse en el suelo. Al descubrir los frailes quién era se arrodillaron ante él. Además, rechazó un regalo de 4.000 monedas de plata de los sacerdotes de la ciudad y lo entregó al hospital que necesitaba ser reedificado. Pronto empezó a recibir críticas de los amantes de las sedas y los oropeles ya que vestía una sotana vieja y casi andrajosa.

Valencia vivía unas condiciones espirituales deplorables después de un siglo sin un obispo residente, con muchos clérigos en situación irregular y atenazada por la agitación morisca. Tomás busca la recristianización de la diócesis y, por ello, una de sus obsesiones fue la de que sus sacerdotes tuvieran una conducta intachable y se cuenta que en una ocasión llamó a uno que le daba más de un problema y le dijo que la culpa de que no se hubiese enmendado era de él mismo ya que no había realizado penitencias para su conversión, por lo que comenzó a fustigarse duramente hasta derramar sangre. Al ver esto, el otro se arrodilló y mejoró su conducta.

Fundó el llamado Colegio de la Presentación,en el que diez estudiantes pobres podían prepararse al sacerdocio en un ambiente de estudio, recogimiento y piedad. Además, criticaba duramente en algunos de sus sermones la crueldad en las corridas de toros. A pesar de que la oración y la meditación ocupaban gran parte de su tiempo había dado órdenes a su secretario de que cualquier pobre, y eran muchos, que se acercara a su Palacio debía recibir algo. Especial cuidado tuvo de los huérfanos y no hubo muchacha pobre de la ciudad que en el día de su matrimonio no recibiera un buen regalo del arzobispo.

Losa del sepulcro del Santo, expuesta en el suelo de su capilla en la catedral de Valencia, España. Foto: www.catedraldevalencia.es

Algunos le criticaban por tanta magnanimidad con gentes con pocos merecimientos y él les decía: “Mi primer deber es no negar un favor a quien lo necesita, si en mi poder está el hacerlo. Si abusan de lo que reciben, ellos responderán ante Dios”. Además era especialmente insistente con las gentes de riquezas en que no debían gastar en cosas superfluas para así practicar la caridad e, incluso, les conminaba a repartir ayudas a los que no se atrevían a pedir. Esas ideas le mueven a denunciar injusticias, a fustigar el lujo de los ricos y, sobre todo, a ser cauto en la administración y parsimonioso en los gastos. Sólo así podría ser generoso con los pobres. Ejemplo de ello es que en su tiempo las rentas del arzobispado ascendieron de 18.000 a 30.000 ducados, de los que la mitad los destinaba a socorrer a los pobres.

Finalmente, un Septiembre del año 1555 sufrió una angina de pecho y se dispuso a repartir entre los pobres todo el dinero que había en su casa. Y murió con 66 años este noble ejemplo de caridad y bondad sobrehumanas. Su cuerpo, enterrado en la iglesia agustiniana del Socorro, fue trasladado a la catedral de Valencia en el año 1658.

Salvador Raga Navarro
PRESIDENTE
Asociación Cultural VIA VICENTIUS – GOGISTES VALENCIANS

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