Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo, arzobispo de Lima

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Retrato del Santo en la Galería de Retratos de Arzobispos. Matías Maestro (1800-1805).

Toribio nació en el seno de una familia noble en Mayorga de Campos (Valladolid) el día 16 de noviembre del año 1538, siendo sus padres don Luís de Mogrovejo y doña Ana de Robledo y Morán.
Hizo sus estudios de Humanidades en Valladolid y como quería completar su formación estudiando Derecho, marchó a Salamanca en el año 1562 ya que un tío suyo era profesor de dicha universidad. En el Colegio Mayor de San Salvador en Oviedo prosiguió sus estudios, consiguiendo la licenciatura en la universidad de Santiago de Compostela el 6 de octubre de 1568.

Como su tío Juan, profesor en Salamanca marchó a la universidad de Coimbra en Portugal, Toribio marchó con su tío residiendo en ella algunos años. De vueltas a Salamanca fue profesor de Derecho en su universidad. Aunque su deseo era doctorarse, no pudo conseguirlo porque en el mes de diciembre del año 1573 fue nombrado Inquisidor en Granada.

Como tal Inquisidor, entró en contacto con el rey Felipe II y logró conseguir su estima y su protección, pues en el año 1578, le hizo ir a la Corte para tratar con él algunos asuntos relacionados con Perú. Al conocer más de cerca sus cualidades humanas y su virtud, como estaba vacante la sede episcopal de Lima desde hacía tres años, el rey encontró en Toribio a la persona idónea para cubrir dicho arzobispado. El se resistió y se opuso a esta dignidad y responsabilidad pues era un simple seglar, pero tuvo que doblegarse a la voluntad del rey pues éste se lo propuso al Papa Gregorio XIII, que lo aceptó.

En el Consistorio del 16 de marzo de 1579 fue preconizado como arzobispo de Lima, por lo que, con dispensa papal, recibió todas las órdenes menores y mayores, ordenándose de sacerdote en Granada y siendo consagrado obispo por Monseñor Cristóbal de Rojas y Sandoval, en la catedral de Sevilla, en el mes de agosto de 1580.
En menos de un mes, se embarcó junto con su hermana y su cuñado, rumbo a América, desembarcando en el puerto peruano de Paita en la primavera del año siguiente. Desde allí, a pié y a caballo marchó rumbo a Lima predicando y bautizando durante el camino.
Tomó posesión de su sede el día 12 de mayo de 1581.

Capelo y sandalias pontificales usadas por el Santo.

Como la archidiócesis limeña había estado vacante durante seis años y el poder civil había interferido en los asuntos religiosos provocando la indisciplina de los eclesiásticos, él dedicó todos sus esfuerzos en restaurar dicha disciplina. Los conquistadores habían cometido toda suerte de tropelías contra los nativos y muchos sacerdotes, por miedo o por complicidad no se habían opuesto a las mismas. Toribio se enfrentó abiertamente a todo esto mostrándose de manera inflexible cuando el clero no respondía o cuando veía alguna injusticia cometida contra el pueblo bajo el falso pretexto de que esa era la costumbre.

Como era lógico, este proceder el arzobispo hizo que fuera perseguido por el poder civil e incluso que le calumniaran, pero él haciendo caso omiso, prosiguió con su labor de defensa de los pobres, entre quienes repartía todo lo que conseguía, argumentando que a quién siempre había que tener contento es a Cristo y no al Virey.
Fue un incansable trabajador: construyó iglesias, conventos y hospitales y en el año 1591 abrió el primer seminario en América Latina.
Su horario de trabajo diario era desde muy temprano hasta bien entrada la noche. En sus momentos libres estudiaba las lenguas y dialectos locales a fin de poder contactar mejor con sus fieles nativos; le gustaba expresarse en sus propias lenguas sin tener que recurrir a intérpretes y esto favoreció extraordinariamente el incremento de las conversiones.

El territorio que estaba bajo su jurisdicción era amplísimo, cogiendo gran parte de los actuales estados de Perú y Ecuador; aun así, realizó tres visitas pastorales y debido a ello estuvo prácticamente dos tercios del tiempo que permaneció al frente de la diócesis, fuera de la ciudad de Lima lo que le provocó algunos roces con las autoridades civiles.
A los tres años de su toma de posesión como arzobispo, o sea, en el año 1584 realizó su primera visita pastoral que duró seis años, en los cuales llegó hasta Cajamarca deteniéndose en Chachapoyas y Moyabamba. Siempre iba andando o montado a caballo, muchas veces solo y siempre expuesto no solo a las enfermedades, sino al resto de peligros que ese tipo de viajes conllevan. A su regreso a Lima y después de estar en la ciudad tres años, inició su segunda visita pastoral hacia el norte pero recorriendo el litoral y deteniéndose en Ancash, Trujillo, Chiclayo y Lambayeque. Su tercera visita pastoral iniciada en el año 1605 no pudo terminarla a causa de su muerte.

Casulla usada por el Santo.

Durante los veinticuatro años de gobierno diocesano, convocó tres concilios o sínodos provinciales: en 1583, 1591 y 1601, el primero de los cuales fue fundamental para el futuro de América del Sur y a él asistieron obispos de todos los países hispanoamericanos. Se trató el tema de la predicación en las lenguas vernáculas de los indígenas para lo que se creó una facultad de lenguas en la universidad de San Marcos, se ordenó imprimir el catecismo en quechua y aymara y en general, se trataron todas las normas importantes de pastoral.

Celebró trece sínodos diocesanos de los que salieron importantes decretos sinodales sobre todo en lo referente al cumplimiento de las normas establecidas por el Concilio de Trento y sobre el mantenimiento de la independencia de la Iglesia del poder civil aunque esto le costara enemistarse con el rey Felipe II.
Consiguió acercar el clero a los feligreses más pobres y mantuvo contactos más o menos asiduos con el resto de santos que en su época vivían en Lima: el franciscano San Francisco Solano y los dominicos San Juan Macias, Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres.

Con sesenta y ocho años de edad enfermó en la Villa de Pacasmayo cuando estaba cumpliendo su tercera visita pastoral pero aun así, decidió continuar el viaje llegando a la ciudad de Saña en unas pésimas condiciones de salud. Allí permaneció hasta su muerte, ocurrida en el convento de San Agustín en la tarde del Jueves Santo del día 23 de marzo del año 1606. Murió escuchando absorto el canto del Salmo 71 (70), 1: “In te, Domine, speravi, non confundar in aeternum” rodeado de fieles indígenas. Antes de morir, hizo testamento dejando sus escasos bienes a sus sirvientes y a los pobres.

Como era de corazón generoso y desprendido, en más de una ocasión se quedó sin nada. Un día al acercársele un mendigo, como no tenía nada que darle, le dio sus camisas pero rogándole que no se enterase su hermana pues era la única ropa que tenía para cambiarse. En otra ocasión, se desató una epidemia de peste en Lima y él para ayudar a los apestados se gastó todo el dinero que poseía, pidiéndole dinero prestado a su cuñado para poder seguir asistiendo a los enfermos en los hospitales, dinero que posteriormente le devolvió.

Y algo que le agradará a los antitaurinos: era contrario a las corridas de toros. Hizo todo lo posible por anularlas pero al no conseguirlo, prohibió a sus familiares que asistieran a ellas porque era totalmente contrario al maltrato de los animales.

Cráneo del Santo conservado en la catedral de Lima (Perú).

Su Causa de beatificación se inició rápidamente, siendo beatificado por el Papa Inocencio XI el día 24 de junio del año 1679 y canonizado por el Papa Benedicto XIII el día 10 de diciembre del año 1726.
Fue un gran obispo de la zona andina y es el santo patrono del Perú. Su fiesta es celebrada el 23 de marzo, fecha de su muerte y el 27 de abril, que fue cuando sus reliquias se trasladaron desde Saña hasta Lima, aunque casi todas se perdieron por el camino. Lo poco que queda de sus restos, entre ellos el cráneo, se veneran en la catedral limeña. El papa San Juan Pablo II lo proclamó patrono del episcopado latinoamericano en el año 1983.

Para realizar este artículo hemos consultado los trabajos de Niccolò Del Re, de la Biblioteca Apostólica Vaticana.

Antonio Barrero

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