Santa Trifina: decapitada y resucitada

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Vidriera de Santa Trifina llevando de la mano a su hijo, San Tremoro. Capilla de Santa Trifina, Saint-Aignan, Pontivy (Francia).

Pregunta: ¿Podrías hablarme de cierta santa cefalófora, Sainte Tréphine? He visto algunas fotos suyas llevando su cabeza en las manos, pero no había oído hablar de ella. Alemania

Respuesta: Te refieres a Santa Trifina, esposa y mártir (8 de noviembre), una santa bretona de la que ciertamente se sabe poco, y lo poco que se sabe, es tan inverosímil que no permite ahondar en su improbable existencia histórica.

Se dice que era hija del conde de Guérrok –la corona con que la representan alude a este origen noble- y llamó la atención de Comorre, conde de Cornualles, un típico “Barba Azul” que había asesinado a todas las mujeres con las que había estado y habían quedado embarazadas (!!) Por medio de San Gildas, Comorre pidió la mano de Trifina prometiendo concordia entre los dos ducados y un tratamiento justo y honesto a la futura esposa. El padre aceptó a fin de estar en paz con él, pero a condición de que su hija le fuese restituida si osaba maltratarla. Se celebró la boda y la relación entre los dos esposos fue buena, hasta el día en que Comorre se dio cuenta de que ella estaba encinta. En cuanto Trifina notó el cambio de carácter de su marido, se fugó a Vannes con algunos criados para poder dar a luz sin peligro. Su padre, advertido de lo que había pasado, salió en su auxilio, pero llegó tarde: Comorre ya la había encontrado y matado, cortándole la cabeza.

El padre recogió el cuerpo de su hija y se la llevó al castillo de La Motte, prohibiendo específicamente darle sepultura, fue a buscar a San Gildas, le contó lo ocurrido y le recordó su promesa como intermediario del enlace, diciendo que su hija volvería a él antes de ser maltratada. Ambos marcharon para parlamentar con el asesino, que se negó a recibirles. Entonces Gildas oró, arrojó un puñado de tierra hacia el castillo, y éste se derrumbó sobre Comorre hiriéndolo gravemente.

Posteriormente Gildas regresó junto al cadáver de Trifina y reunió en torno a ella a muchos presentes. Tomando la cabeza de Trifina, oró diciendo: “Trifina, en nombre de Dios Omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te ordeno que te levantes y digas dónde quieres estar”. Ella resucitó e informó de que había estado en el cielo, pero que al mandato de Gildas había regresado a su cuerpo. El padre agradeció efusivamente al Santo la resurrección de su hija y ella insistió en permanecer con él, pero como no fuera conveniente que una joven encinta permaneciese junto a un monje, le recomendó ingresar en un monasterio femenino. Así que cuando Trifina dio a luz a su hijo, Tremoro, se retiró a un convento que ella misma había fundado cerca de Vannes, recibió los hábitos de manos del obispo de la ciudad y permaneció allí hasta su muerte.

Como puedes ver, el relato de la vida de esta Santa es más que leyenda, es directamente un disparate. Datos fabulosos de damas decapitadas y resucitadas los vemos en las vidas de otras mártires míticas como Winifred de Chittlehampton. En primer lugar, la única mención a ella aparece en la “Vita” de San Gildas (s. VI), precisamente en los capítulos 20-25. Es decir, que ella sólo supone un capítulo más dentro de los milagros de este santo monje.  El hagiógrafo Duine dice claramente: “no hace falta decir que la vida de Santa Trifina es una pieza folklórica”, y demuestra, más que nada, la capacidad de inventiva que tenían los clérigos que escribieron la vida de San Gildas, sin el menor escrúpulo ni sentido crítico. Tal fábula, totalmente inverosímil, viene reproducida por A. Le Grand, siguiendo a Lobineau.

San Gildas resucita a Santa Trifina. Artesonado de madera policromada, s. XVIII. Capilla de Santa Trifina, Pontivy (Francia).

Con todo, cabe decir que Santa Trifina aparece en todas las antiguas letanías de santos de Bretaña y su vida inspiró dos obras dramáticas: “Santa Trifina y el rey Arturo” y “Cognomerus y Santa Trifina”.  Se la invocaba cuando un niño caía enfermo, quizá porque ella había huido para proteger al que llevaba en su vientre, y había resucitado para gestarlo y darlo a luz. En la región bretona de Pontivy le tienen dedicada una capilla y se la celebra el 8 de noviembre. También es la segunda patrona de la ciudad de Carhaix. No parecen existir reliquias suyas y en cualquier caso su autenticidad sería más que dudosa, dado lo fabuloso de su vida. En resumen: es una santa a la que aún se venera hoy en día, pero no existen pruebas de su existencia histórica, es absolutamente legendaria.

Meldelen

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