Santos mártires y confesores de Nasaud

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo rumano de los mártire de Nasaud.

Icono ortodoxo rumano de los mártire de Nasaud.

Los cuatro soldados mártires de Nasaud, Atanasio Todoran de Bichigiu, Basilio Dumitru de Mocod, Marin Grigore de Zagra y Basilio Oichea de Telciu fueron torturados y asesinados debido a sus protestas contra la religión impuesta por las autoridades austríacas a los rumanos en sus tierras. Su martirio tuvo lugar el 12 de noviembre de 1763.

Contexto político y social
El Acta de Unión con la Iglesia Católica firmada por los 38 decanos (protopopi) en 1699 tuvo grandes consecuencias para la población rumana en Transilvania. Durante aproximadamente un siglo no se les permitió tener un obispo ortodoxo. Además, los privilegios prometidos por los dos decretos de Leopoldo no fueron realmente aplicados. La población de etnia rumana quedó sin representación en las juntas locales y en el Parlamento. Las posteriores investigaciones de los delegados imperiales mostraron el relativo escaso éxito de la Unión. Se señalaron a veces algunos abusos, como es el caso de algunas parroquias en Bihor, que fueron declaradas uniatas, a pesar de que la gente no lo aceptó. El alzamiento de la población ocurrió durante la misión de los monjes Besarión Sarai y Sofronio de Cioara, lo que condujo a una nueva investigación imperial respecto a la situación. Al mismo tiempo, una reforma en defensa del sistema del Imperio Austríaco condujo a la creación de los llamados regimientos limítrofes en Transilvania del este y en Eslavonia (Croacia). Los miembros de estos regimientos y sus familias, a veces también la población que vivía en estas tierras limítrofes, fueron registrados como greco-católicos sin que se les preguntara al respecto. Esta situación, junto con el maltrato de los soldados rumanos en los regimientos limítrofes, condujo a algunas revueltas. Uno de los líderes de las mismas fue Atanasio Todoran, un viejo veterano de 104 años del condado de Nasaud.

La vida de Atanasio Todoran
Atanasio Todoran, apodado Tanase, procedía de una familia de campesinos libres de Bichigiu, un pueblo del valle fluvial de Salauta, en el condado de Nasaud, nacido antes de 1663. Su familia era una de las más ricas de su pueblo y siempre tenía algo importante que decir en las reuniones locales. En su juventud fue también miembro de un regimiento de defensa en Viena, pero después del algún tiempo desertó, siendo perseguido por las autoridades en las montañas alrededor de su hogar. Sirvió incluso en las montañas en la armada del voivoda Miguel Racovita de Moldavia (en su tercer reinado, 1716-1726). Un acto de este último en 1723 muestra que Atanasio fue liberado de su cargo a los 74 años, después de haber servido 13 años en el rango de capitán. En esta ocasión fue elevado al rango de hacendado (campesino libre). Sin embargo, de vuelta a casa, no escapó al castigo por su deserción y fue encarcelado algunos años en la torre Coopers de la ciudadela de Bistrita. Después de su liberación, regresó a Bichigiu.

Mapa de la frontera militar de Transilvania (Rumanía), escenario de la rebelión.

Mapa de la frontera militar de Transilvania (Rumanía), escenario de la rebelión.

Atanasio fue un fuerte defensor de la ortodoxia. Se sabe que su hijo estaba moribundo y Atanasio se opuso fieramente a que un sacerdote uniata le administrara los sacramentos de confesión y comunión. Finalmente, al menos el entierro se hizo según el rito ancestral, oficiado por un sacerdote ortodoxo.

Como autoridad entre los rumanos, negoció junto con otros líderes locales la militarización de 21 comunidades de la región de Nasaud en 1761-1762 y marchó en delegación a Viena, para firmar un pacto con el gobierno austríaco. Recibieron confirmación de que, para los rumanos de Nasaud, entrar dentro del regimiento limítrofe significaba disfrutar de más derechos. Atanasio pidió que los rumanos no fueran obligados a renunciar a la fe ortodoxa. Poco después comprendió que era una causa perdida y empezó a oponerse al proceso de militarización que anteriormente había apoyado. La militarización de Nasaud comenzó en agosto de 1762 con la llegada de oficiales austríacos para organizar el regimiento. Todos ellos eran austríacos y no conocían a los lugareños, de modo que despreciaron a los rumanos y los maltrataron. Los novatos fueron tratados con excesiva severidad y el soldado se indignó profundamente porque los oficiales del regimiento se burlaban de su religión y de su Iglesia, intentado arrastrarlos hacia el catolicismo.

La transición terminó el 10 de mayo de 1763, con un desfile donde el general Bukow, el cabeza militar de Transilvania y el obispo uniata Pedro Pablo Aron (1754-1764) llegaron al lugar. Se suponía que debían recibir el juramento de los guardianes fronterizos de Nasaud y santificar su bandera en una ceremonia en Salva, en la meseta llamada “Mocirla” (lodo).

Los batallones de infantes y las compañías de caballeros estaban preparadas para recibir al general Bukow, y cuando llegó el momento, Atanasio iba al frente de ellos, cabalgando y diciendo a los soldados: “Hemos sido soldados fronterizos durante dos años, ¡pero todavía no hemos recibido carta de la alta emperatriz, diciéndonos que seríamos gente libre! Somos todavía siervos, pagamos impuestos, servimos al ejército, sin ningún derecho, y nuestros hijos permanecen ignorantes (sin educación). ¡No portaremos nuestras armas si ellos perturban nuestras santas leyes! ¡Bajad vuestras armas! ¡Arrojad a los paganos de nuestras fronteras! Oíd, cristianos rumanos, serviremos únicamente cuando veamos la carta de la augusta emperatriz confirmado, en la cual veamos que nuestros derechos son reforzados. No hasta entonces. Todo lo que el gobierno y la cancillería en Viena dicen es nada, sólo mentiras vacías”. La revuelta empezó tras este discurso. Los soldados formados para el juramento bajaron sus armas, como signo de desobediencia.

Retrato del general Bukow, al mando de las tropas austríacas en Rumanía.

Retrato del general Bukow, al mando de las tropas austríacas en Rumanía.

Atanasio Todoran, de 104 años de edad, se encontró con el obispo Pedro Pablo Aron y, preguntándole de dónde era, el obispo dijo: “De Blaj”. El veterano le dijo entonces que regresara a su hogar y no perturbara su fe. Después de eso, se llevó al obispo lejos de la muchedumbre alborotada. El general Bukow y el obispo Aron huyeron y los soldados fronterizos enviaron sus estandartes a Nasaud, para que fueran custodiados por el sacerdote en la iglesia.

La muerte de Atanasio Todoran y otros cabecillas de la rebelión
La rebelión condujo a una investigación que duró 6 meses. Atanasio no se retractó de nada, y bajo la acusación de rebelión, él asumió la responsabilidad de los acontecimientos. El veredicto pronunciado el 12 de noviembre de 1763 sentenciaba a Atanasio Todoran, dijo de Danila de Bichigiu, a ser destrozado en la rueda arriba y abajo. Su cabeza debía ser atada a la rueda, porque él había alentado al pueblo contra la unión y el enrolamiento y se había opuesto a que su hijo recibiese la comunión de un sacerdote uniata en su lecho de muerte. Basilio Dumitru, el dijo del sacerdote de Mocod, Marin Grigore de Zagra y Basilio Oichea de Telciu fueron sentenciados a muerte por ahorcamiento, y sus cuerpos no debían ser enterrados por los mismos motivos. A otros quince líderes de los rebeldes se les commutó la pena de muerte a cambio de “pasar 10 veces a través de los golpes de vara de 300 soldados”. Algunos de ellos murieron a causa de la paliza. Las cabezas de los mártires fueron colocadas en postes frente a las casas donde vivieron, y algunos trozos de sus cuerpos descuartizados fueron colocados en cruces de caminos.

Al oír la sentencia, Atanasio Todoran y sus compañeros declararon que no se arrepentían de morir por la justicia y la ley, porque era mejor perder sus vidas que vivir en cautividad. La tradición local ha conservado una canción narrando las palabras de Atanasio durante la tortura.

Fresco ortodoxo rumano de los mártires de Nasaud.

Fresco ortodoxo rumano de los mártires de Nasaud.

La veneración local de los cuatro santos se mantuvo ininterrumpida en Nasaud. 245 años después de su muerte, el Sínodo de la Iglesia Rumana decidió, en su encuentro del 22-24 de octubre de 2007 la canonización de los mártires de Nasaud, y su celebración tiene lugar el 12 de noviembre, el día de su martirio. Su proclamación solemne tuvo lugar el 11 de mayo de 2008 en Salva. El monasterio de este lugar tiene a estos santos como segundos protectores, al estar situado cerca del lugar de su ejecución. El nuevo monasterio de Bichigiu goza también de la protección de los cuatro mártires.

Troparion (himno) de San Atanasio
Luchador de la fe y la nación, victorioso contra los adversarios de Cristo y defensor sin miedo de la ortodoxia, tú creciste en la tierra de Nasaud y recibiste allí valientemente tu martirio. Así, destruyendo los engaños de los opresores ganaste la corona eterna de santidad. ¡Feliz Atanasio, ruega a Cristo nuestro Dios que tenga piedad y salve nuestras almas!

Mitrut Popoiu

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Beatos Vicente Lewoniuk y compañeros mártires de Pratulin

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Mural contemporáneo de los mártires de Pratulin.

Mural contemporáneo de los mártires de Pratulin.

Los sucesos que condujeron a la masacre de Pratulin, localidad situada dentro de la jurisdicción de la actual diócesis polaca de Siedlice, en los que murieron Vicente Lewoniuk y doce compañeros, se debieron a la persecución a la que se vio sometida la Iglesia Católica-Rutena en la segunda mitad del siglo XIX. En aquellos tiempos se hicieron varias tentativas, algunas de las cuales fructificaron, para unificar esta Iglesia con la Iglesia Ortodoxa Rusa. Los católicos rutenos de Pratulin defendieron su fe contra el comportamiento de los rusos y contra las órdenes de algunos clérigos traidores a la fe católica. Ellos, encontrándose abandonados por sus autoridades eclesiásticas que se pasaron a la ortodoxia y sin párroco, no podían contactar con Roma. El único medio que les quedó fue el “sensus fidelium”, o sea, “el sentido de los fieles”.

Hagamos un poco de historia. Durante el pontificado de Clemente VIII, en el año 1596, se consiguió la denominada Unión de Brest, por la que voluntariamente varios metropolitas y obispos ortodoxos, así como los señores de Pinsk, Polotsk y Chelm se unieron a la Iglesia Católica conservando su liturgia bizantina. Los opositores a esta unión, con el príncipe Constantino Basilio Ostrogski a la cabeza, asistido por el obispo Gedeón Balaban de Lviv, organizaron un anti-sínodo en la misma ciudad, en el que excomulgaron a los obispos y fieles que se habían unido a Roma.

Unos nobles ortodoxos de Kiev, Volyn y Bratslav consiguieron que el Parlamento de Varsovia, en el año 1609 reconociera el derecho a la existencia de una Iglesia Ortodoxa en Polonia, consagrándose a sus nuevos obispos. De esta manera, coexistían una jerarquía católica uniata (unida a Roma) y una jerarquía ortodoxa, que utilizaban los mismos ritos. Desgraciadamente, poco a poco fue creciendo una cierta hostilidad mutua entre los ortodoxos y los uniatas. Esto culminó con el martirio de San Josafat Kuncewycz de Vladimir, arzobispo de Polotsk (de quien ya hemos escrito), en el año 1623. Los efectos de este martirio fueron positivos para la Iglesia Católica, pues algunos obispos ortodoxos se unieron a Roma.

En el siglo XVIII Polonia fue dividida y los zares de Rusia recurrieron a la Iglesia Ortodoxa Rusa para ejecutar sus planes. En el año 1794, Catalina II abolió la Iglesia Uniata de Ucrania. En 1839, el zar Nicolás I, ayudado por un ex sacerdote uniata (Joseph Siemaszko) comenzó a destruir esta Unión, liquidando la Iglesia Uniata de Bielorrusia y Lituania y designando que todas las diócesis uniatas de su imperio se integraran administrativamente en la Iglesia Ortodoxa Rusa, bajo el viejo principio de “cuius regio eius religio”. En Polonia sólo quedó la diócesis uniata de Chelm.

Ilustración contemporánea del martirio de los Beatos frente a la iglesia.

Ilustración contemporánea del martirio de los Beatos frente a la iglesia.

Desde San Petersburgo se dirigió la operación: contra la jerarquía y el clero, contra todo aquello que tuviera algún tipo de relación con la liturgia y contra los utensilios de los templos, incluidos confesionarios y campanas. Al mismo tiempo, recordándoles la nueva identidad polaca, los funcionarios zaristas instaron a los uniatas a aceptar voluntariamente la religión del zar y a quienes no aceptaban, los amenazaban, ponían impuestos tan elevados que eran difíciles de pagar, los encarcelaban e incluso, los exiliaban en Siberia. Así, los obispos y clérigos uniatas que no quisieron pasarse a la ortodoxia, fueron exilados, dejando a los fieles laicos privados de sus pastores. Finalmente, recurrieron al uso de las armas y al asesinato. Había que desmantelar la Unión, que tenía que dejar de ser católica y someterse sin más a la religión del zar, para lo cual, los funcionarios del zar se dedicaron a “purificar” todos los templos uniatas destruyendo todo aquello que pudiese mostrar la unidad con Roma.

Empezaron por la parroquia de Ostrow Lubelski y por la de Włodawa, destruyendo todo a su paso y maltratando a todos los fieles que se habían congregado en sus templos, incluidas las mujeres y los niños. A muchos los enviaron a la prisión de Biala Podlaska. Destruyeron sus granjas y pertenencias, se llevaron su ganado y alimentos almacenados e incluso los ajuares de las casas: todo aquello que pudiera ser útil a los militares o que pudiese ser vendido para conseguir dinero. Lo destruyeron todo, incluido el arbolado, al que prendieron fuego.

Fosa común donde fueron enterrados los mártires.

Fosa común donde fueron enterrados los mártires.

Los rusos continuaron forzando a los uniatas, llegando incluso a secuestrar a los niños recién nacidos para que fueran bautizados en las iglesias ortodoxas. Esto, para muchas familias fue un verdadero drama, especialmente en la parroquia de Mszanna Dziadkowskie, donde las familias católicas se encerraban en sus casas cuando veían venir al sacerdote ortodoxo y escondían a sus niños incluso dentro de los hornos donde hacían el pan. A tal grado llegó la opresión que en alguna ocasión algún militar ruso se opuso a que los niños fueran bautizados mediante coacción. Las familias uniatas reunían en secreto a sus hijos y en secreto eran bautizados por algún sacerdote uniata. Algo parecido ocurrió en numerosas ocasiones con el sacramento de la penitencia, llevando a rastras a los fieles uniatas para que forzosamente se confesaran con sacerdotes ortodoxos. Fue tal la presión que algunas familias (como la familia Koniuszewskich), llegaron a auto-inmolarse antes de renunciar a su fe católica recibiendo algún sacramento por parte de un sacerdote ortodoxo. Antes de apostatar de su fe, prefirieron sufrir la muerte por el fuego.

Cualquier desobediencia era castigada con golpes y latigazos e incluso con el asedio hasta conseguir la ruina de todo el pueblo, como ocurrió con la localidad de Sworach, que era la más rica de toda la región y en la que los niños llegaron a morir de hambre ya que el asedio fue completo en 1874 y 1875. Aun así, el espíritu religioso y la constancia en la fe, no se debilitaron, lo que incluso despertó la admiración de los rusos y la conversión de algunos de ellos. Las autoridades militares se percataron de este hecho y optaron por sustituir el contingente militar cada dos meses.

En este contexto, ocurrieron los hechos de Pratulín, localidad donde la población uniata era muy numerosa y se mantenía unida en torno a su fe. El 24 de enero de 1874 un contingente militar ruso, acompañado por un sacerdote ortodoxo, quiso tomar la parroquia uniata para profanarla. Un grupo de vecinos de la ciudad, sabiendo que podían morir defendiendo su fe, se despidieron de sus seres queridos y vestidos con sus mejores galas, se opusieron pacíficamente, defendiendo y rodeando la iglesia, armados con una cruz de madera. Fueron amenazados para que se dispersaran y como no lo hicieron, fueron brutalmente asesinados ese mismo día. Estos son los defensores de la fe:

Sepulcro de los mártires en su santuario de Pratulin.

Sepulcro de los mártires en su santuario de Pratulin.

Vicente Lewoniuk, hijo de Basilio, había nacido en el año 1849 en el poblado de Krzyczew, siendo bautizado en la iglesia parroquial según el rito greco-católico (católico bizantino), por lo que al mismo tiempo, recibió el sacramento de la crismación o confirmación. Era agricultor y estaba al servicio del señor Brindas, en la finca que tenía en Woroblin. Se distinguía por su mansedumbre, dulzura, capacidad de servicio y piedad y teniendo conocimiento de que los militares rusos estaban forzando a los habitantes de Pratulin para que les entregaran la parroquia católica de rito bizantino, junto con otros compañeros, tomaron una cruz e hicieron pacíficamente todo lo posible para impedir que este último baluarte del catolicismo cayera en manos de los ortodoxos. Fue herido por arma de fuego, recibiendo por parte de un soldado, un golpe en la cabeza con una piedra, causándole la muerte; era el 14 de enero de 1874, tenía 25 años de edad y dejó viuda a su esposa Mariana. Fue el primero en caer martirizado.

Daniel Karmasz, era hijo de Kondras y de Anastasia Hrycuniak y había nacido el 22 de diciembre de 1826 en Przedmiescie-Pratulin, recibiendo los sacramentos del bautismo y confirmación al día siguiente de su nacimiento, según el rito greco-católico. Era un cristiano temeroso de Dios y dotado de especiales sentimientos religiosos. Buen marido y padre de familia y como presidente de la Hermandad constituida por los uniatas, portando la cruz, fue también a defender la iglesia parroquial de Pratulim, muriendo el mismo día que sus compañeros, con cuarenta y ocho años de edad.

Lucas Bojko, de familia noble, era hijo de Demetrio y de Anastasia Wojda. Nació en Zaczopki el 29 de octubre del 1852. Estaba soltero y era muy estimado por todos por ser una persona muy honesta y religiosa. En su defensa de la iglesia de Praturlin, llegó a subir al campanario y con veintidós años de edad, encontró la muerte junto con sus compañeros, cuando defendía su iglesia parroquial.

Bartolomé Osipyuk, era hijo de un agricultor llamado Basilio y de Maria Kondrasiuk. Nació el 3 de septiembre de 1843, estaba casado y tenía dos hijos. Mientras defendía su parroquia, fue herido en el vientre y transportado aun vivo a la localidad de Bohukal, donde sufriendo terribles dolores, murió sin increpar a los ortodoxos rusos que lo habían matado. Tenía treinta y un años de edad.

Relicario e icono de los mártires en Kostomloty (Polonia).

Relicario e icono de los mártires en Kostomloty (Polonia).

Onofre Wasiluk, había nacido el 20 de abril del año 1853 en Zaczopki, destacando por su defensa del catolicismo y por una intensa vida de piedad. Con veintiún años de edad, murió defendiendo la parroquia de Pratulin.

Felipe Geryluk, era hijo de Basilio y de Domínica Koroluk y había nacido el 26 de noviembre del año 1830, también en Zaczipki. No dudó en participar en la defensa de la iglesia de Pratulin, siendo fusilado con cuarenta y cuatro años, por los soldados rusos.

Constantino Bojko, hijo de Román y de Ghwedora Kononiuk, había nacido el 25 de agosto de 1826 en la granja donde trabajaban sus padres, en Derlo. Cuando defendía la iglesia, fue herido mortalmente en la cabeza. Tenía cuarenta y ocho años de edad. Era un campesino muy pobre, pero muy honesto.

Nicetas Hryciuk, hijo de José y de Juliana, nació en Zaczopki en el año 1855. Con diecinueve años de edad murió defendiendo la parroquia de Pratulin. Es comparado con San Estanislao de Kostka.

Ignacio Franczuk, nacido en Derlo en el año 1824, era hijo de Daniel y de Acacia. Era muy religioso, estaba casado con Elena y había educado cristianamente a sus siete hijos. Con firmeza y coraje, se dispuso a defender su fe aun previendo lo que habría de pasarle. Antes de salir de su casa para defender la parroquia de Pratulin, había limpiado todo y se puso ropa limpia porque decía que sabía que no regresaría y quería morir por su fe llevando vestidos limpios y decentes. Tenía cincuenta años de edad.

Juan Andrzejuk, hijo de Esteban y de Juana Tomaszuk, nació en Derlo el 8 de abril de 1848. Era el cantor de la parroquia. Estaba casado con Marina y tenía dos hijos. Fue gravemente herido en la cabeza y habiendo perdido la conciencia, fue llevado vivo a casa de sus padres, donde murió el mismo día que sus compañeros. Tenía veintiséis años de edad.

Detalle de un relicario de los mártires colocado sobre su sepulcro en Pratulin.

Detalle de un relicario de los mártires colocado sobre su sepulcro en Pratulin.

Constantino Lukaszuk, había nacido en 1829 en Zaczopki, siendo hijo de Fadaj y de Franka; como todos sus compañeros fue bautizado y crismado según el rito greco-católico. Estaba casado y tenía siete hijos. Herido mientras defendía la iglesia donde había recibido las aguas bautismales, murió dos días más tarde, o sea, el 16 de enero de 1874.

Máximo Havryluk, hijo de Pablo y de Bárbara Wasyluk, había nacido en Bohukaly el día 2 de mayo de 1840. Trabajaba como agricultor, estaba casado con Dominica y era muy estimado por su rectitud. Murió en defensa de la parroquia de Pratulín, tres días más tarde, o sea, el 17 de enero.

Miguel Wawryluk, hijo de Nicetas, nació en la localidad de Derlo en el año 1853 y trabajaba en la finca de Pablo Pikuli. Encontró la muerte con sus compañeros, aunque muriendo tres días más tarde.

Todos ellos eran gente sencilla, con edades comprendidas entre los diecinueve y los cincuenta años y aunque no se tiene mucha información sobre sus vidas – sólo lo que he reseñado – los testimonios de los testigos y los documentos históricos nos dicen que eran conscientes de que ponían en riesgo sus vidas, defendiendo la madurez de su fe. Fueron mártires similares a los de los primeros siglos del cristianismo, simples fieles que profesaron con audacia su fe en Cristo unidos a la sede de Pedro.

Concelebración en ritos bizantino y latino conmemorando a los mártires.

Concelebración en ritos bizantino y latino conmemorando a los mártires.

Los rusos enterraron a los mártires en una fosa común en un lugar apartado y posteriormente arrasaron la tumba. Cuando Polonia recuperó la independencia en el año 1918, los habitantes de Pratulin, comenzaron a venerarlos en su tumba y el 18 de mayo de 1990, exhumaron sus restos y trasladaron sus reliquias a la iglesia parroquial. El proceso de beatificación fue incoado por la diócesis de Siedlice y el día 21 de diciembre de 1968 fue emitido el decreto aceptando la Causa en Roma. Fueron beatificados por el Papa San Juan Pablo II, el día 6 de octubre de 1996. Su fiesta se celebra en 23 de enero.

Antonio Barrero

Bibliografía:
“Index ac Status Causarum”, Sacra Congregatio pro Causis Sanctorum, Roma, 1985.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctorum” I Apéndice, Città N. Editrice, Roma, 1996.

Enlaces consultados (02/10/2013):
http://diecezja.radiopodlasie.pl/ (web de la diócesis)
http://unici.pl/content/view/22/

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Santos mártires y confesores de Transilvania

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Icono ortodoxo griego de los Santos Moisés Macinic, Besarión Sarai, Nicolás Oprea, Sofronio de Cioara y Juan de Gales (izqda. a dcha).

Icono ortodoxo griego de los Santos Moisés Macinic, Besarión Sarai, Nicolás Oprea, Sofronio de Cioara y Juan de Gales (izqda. a dcha).

Tras el Acta de Unión que fue firmada por 38 decanos de los sacerdotes rumanos en Transilvania, la Iglesia Ortodoxa Rumana desapareció de iure de Transilvania hasta 1761, cuando el emperador Francisco I aceptó un obispo serbio ortodoxo para Transilvania. De facto, hubo muchas protestas entre la población rumana que no aceptó la unión. Entre ellos había monjes (Besarión Sarai y Sofronio de Cioara), sacerdotes (Juan de Gales y Moisés Macinic de Sibiel), pero también laicos (como Nicolás Oprea Miclaus de Salistea Sibiului) y muchos otros que abiertamente protestaron contra la situación, enviando representantes o yendo personalmente a Viena o San Petersburgo para quejarse de su falta de libertad religiosa. Algunos de ellos regresaron a casa. Otros, como los mencionados anteriormente, murieron en la prisión o en el exilio. Son venerados como defensores de la Iglesia Ortodoxa en Transilvania contra la unión eclesiástica impuesta.

San Besarión (Visarion) nació en Majdan, Bosnia, como Nicolás Sarai, siendo sus padres Máximo y María Sarai, que más tarde vivieron en Kostainica, Croacia. Su nacionalidad es objeto de disputa, porque la administración austríaca de Timisoara repetidamente se refirió a él como “el ermitaño de Valaquia”. En su juventud viajó a Tierra Santa, donde fue tonsurado como monje con el nombre de Besarión en 1738 por el patriarca Partenio de Jerusalén (1737-1766) en el monasterio de San Sabas. De vuelta a los Balcanes, primero pasó por Athos y después por Serbia, entrando en 1742 en el monasterio Pakra. En 1744 fue a Karlowitz, la sede el patriarca serbio Arsenio Ioannivic Shakabent, quien le entregó el 13 de febrero de 1742 una carta de recomendación y viajó como misionero por Transilvania. De allí marchó a Timisoara, con la intención de llegar al corazón de Transilvania, predicando contra el uniatismo. En Lipova, una ciudad rumana en el río Mures y una importante encrucijada comercial, plantó una cruz en una colina y empezó a predicar a los rumanos, que quedaron fascinados por su simplicidad tanto de acto como de palabra. El decano de Hateg, Nicolás Stoica, escribió la crónica de sus movimientos en Trasilvania y dio testimonio de que cerca de la cruz apareció una fuente milagrosa de repente, cosa que permaneció en la tradición local como “la fuente del Santo”.

Fresco ortodoxo rumano de los Santos Besarión Sarai, Nicolás Oprea y Sofronio de Cioara (izqda. a dcha.)

Fresco ortodoxo rumano de los Santos Besarión Sarai, Nicolás Oprea y Sofronio de Cioara (izqda. a dcha.)

Las prédicas de Besarión atrajeron a muchos lugareños que lo consideraban un Santo. Era muy ferviente contra el uniatismo y declaraba sus sacramentos inválidos, incluso alentando a la gente a oponerse a los sacerdotes uniatas. Los peregrinajes a la cruz de Besarión alarmaron al comité imperial de guerra, que repetidamente ordenó en 1744 y 1745 la destrucción de los edificios para peregrinos cerca de la cruz, pero no la cruz misma. Besarión dejó Lipova y marchó al este, a Deva, el 12 de abril de 1744, donde fue bienvenido no sólo por los ortodoxos, sino también por los calvinistas de la región. El monje llegó posteriormente a Salistea Sibiului, un centro fuerte de resistencia ortodoxa en la periferia de Sibiu, la capital austríaca de Transilvania. Allí se encontró incluso con el obispo uniata Juan Inocencio Micu y, después de una contradictoria discusión, el obispo huyó a Fagaras y más tarde a Viena, bajo la presión de los lugareños.

En el sínodo del 6 de julio de 1744 el obispo dijo que mucha gente había comenzado a desobedecer a los sacerdotes uniatas, no acudía a los servicios religiosos e incluso estaban bautizando a sus hijos ellos mismos. El 28 de mayo de 1744 la administración militar de Timisoara ordenó la detención de Besarión, que fue encarcelado en verano en Sibiu, y obligado a responder a un interrogatorio de 44 preguntas, que él respondió con prudencia. Entre otras cuestiones, él afirmó que los uniatas tenían dos religiones, pero que realmente no seguían ninguna de las dos. De Sibiu, Besarión fue enviado a Alba Iulia, Deva y Timisoara, y secretamente a Viena, para evitar alborotos. Fue acusado de misionar sin la autorización de su patriarca, pero el patriarca serbio rehusó condenarlo e incluso afirmó que él era el único capacitado para juzgar las acciones del monje. No se sabe si Besarión murió en la prisión de Kufstein, o fue liberado y huyó a Rusia, como dijeron algunos rumores.

Entre los luchadores por la fe estaba también el campesino Nicolás Oprea o “Miclaus”, nacido en Salistea, un suburbio de Sibiu, una región que mantuvo una importante resistencia contra la unión. Fue repetidamente enviado por la comunidad local con peticiones a Viena. En octubre de 1748, él alcanzó la capital austríaca junto con Juan Oancea, un carnicero de Fagaras. Sus peticiones fueron enviadas al marido de la emperatriz María Teresa, al general comandante de Transilvania y al embajador ruso, pero no se encontraron personalmente con la emperatriz. En su petición, pedían la libertad de confesión y sacerdotes ortodoxos para sus comunidades. Amenazaron con que morirían como mártires de la fe o provocarían una migración masiva en Valaquia.

Detalle de San Moisés Macinic en un icono ortodoxo rumano.

Detalle de San Moisés Macinic en un icono ortodoxo rumano.

De vuelta a casa, Juan Oancea fue golpeado por las autoridades locales y encarcelado. Salistea y otros pueblos fueron ocupados por el ejército, quien obligó a las comunidades locales a aceptar la comunión uniata de los enfermos y el bautismo de los niños, bajo la presión de las armas. Oprea escribió otra carta y la presentó personalmente a la emperatriz en 1749 con una delegación de otros cuatro campesinos de los pueblos de alrededor. De vuelta, Nicolás Oprea encontró refugio en Becicherec (cerca de Timisoara), donde se encontraron con el patriarca serbio de Karlowitz. En la última petición, demandaba la libertad de fe, el envío de una comisión que registrara el deseo personal de cada ciudadano respecto al uniatismo o la ortodoxia y la consagración de un obispo ortodoxo para los rumanos. Con dinero procedente de Salistea, él tradujo su carta y acudió por tercera vez, junto con Moisés Macinic, el sacerdote ortodoxo de Sibiel, que ya había sido encarcelado en torno a 1746 durante 17 meses por haber sido ordenado en Valaquia.

La audiencia con la emperatriz y el canciller Kaunitz no tuvo la impresión esperada. Los dos solicitantes fueron arrestados y encarcelados de por vida en la prisión de Kufstein, de donde uno de ellos -no se se sabe a dónde- escapó en 1756. En cualquier caso, ninguno de ellos regresó a casa. En 1784 Stana, la esposa de Oprea, envió una carta al emperador José pidiendo la libertad de su marido, pero no obtuvo ninguna respuesta, y él no regresó jamás, obteniendo la inmortal corona del martirio.

San Juan o Ioanes Varvorea de Gales fue sacerdote en su pueblo cerca de Sibiu. En 1756 el obispo uniata Pedro Pavel Aron informó al gobernador de Sibiu que Juan estaba predicando y agitando a la gente contra la unión. En mayo de 1756 fue arrestado y encarcelado en Sibiu. Un año más tarde fue trasladado a Deva y posteriormente a Graz. Allí recibió, en 1776, la visita de algunos mercaderes de Brasov. A ellos les dijo que prefería morir a abandonar su fe ortodoxa. Posteriormente, fue trasladado a Kufstein. En 1780 el archimandrita serbio Genadio Vasic, un antiguo candidato a la sede episcopal de los rumanos, pidió a la zarina Catalina II de Rusia que intercediera por su libertad, pero no obtuvo una respuesta positiva.

Hay otros muchos manifestantes contra la situación de los ortodoxos rumanos en Transilvania, como Juan, sacerdote en Aciliu, Stan, sacerdote en Glamboaca, Juan Piuariu, sacerdote de Sadu, Nicolás Pop, sacerdote de Balomir y el hieromonje Nicodemo, entre otros.

Detalle de San Juan de Gales en un icono ortodoxo rumano.

Detalle de San Juan de Gales en un icono ortodoxo rumano.

Otro monje confesor fue Sofronio de Cioara, un pueblo cercano a Orastie, una región donde la resistencia al uniatismo fue repetidamente registrada por las autoridades. Siendo Stan Popovici como laico, era hijo de una familia sacerdotal y fue tonsurado como monje en Cozia, en Valaquia. En torno a 1756 regresó a casa, viviendo como ermitaño en los bosques junto a unos pocos compañeros. Empezó a instruir a la gente de los alrededores, lo que provocó la irá de la guarnición militar local responsable de Vintu, que en la primavera de 1757 destruyó el eremitorio de Sofronio.

En 1759 Sofronio empezó a predicar contra el uniatismo, en el mismo año en que las autoridades austríacas empezaron a aplicar la ley de la libertad religiosa. En este contexto, Sofronio animó a los lugareños a desobedecer a los sacerdotes uniatas y a pedir la filiación con la Iglesia de Jerusalén. En torno a las Navidades de 1759 fue encarcelado en Bobalna, pero fue liberado por unos 600 campesinos, liderados por Juan, el sacerdote de Saliste. Una vez más fue arrestado en los Cárpatos Occidentales, en Abrud, pero las autoridades lo liberaron una vez más, para evitar otra revuelta.

Sofronio convocó un “sínodo” de sacerdotes y laicos el 10 de agosto de 1769 en Zlatna y escribió una petición a la emperatriz María Teresa, pidiendo un obispo ortodoxo, la restitución de las iglesias y de sus propiedades, y la libertad de los manifestantes arrestados Oprea Miclaus, Moisés Macinic, Juan de Gales, Juan de Sadu y Juan de Aciliu. El movimiento tuvo efecto en toda Transilvania, por lo que la emperatriz decidió, el 20 de octubre de 1760, enviar una comisión para investigar la situación local. El comité imperial envió al general Bukow a Transilvania, que llevó a cabo una campaña de investigación de la situación religiosa de los rumanos transilvanos. Los lugareños tuvieron en 1761 su primer obispo ortodoxo, el serbio Dionisio Novakovic. En este contexto, Sofronio se encontró el 1 de mayo de 1761 con el general Bukow y firmó una proclamación a los rumanos, pidiéndoles la paz. Abandonó Transilvania y vivió como egumeno en el eremitorio de Robaia, cerca de Arges en Valaquia, hasta su muerte.

La investigación imperial llevada a cabo en Transilvania por el general Bukow mostró que 2250 sacerdotes y 25223 familia había aceptado el uniatismo, mientras que 1365 sacerdotes y 128635 familia habían permanecido ortodoxos. En lugar de la prometida tolerancia, en 1761 el ejército austríaco destruyó casi todas las iglesias de madera y todos los monasterios de piedra de los ortodoxos rumanos. En medio de la represión tuvieron lugar masacres locales y conversiones forzadas, como las que ocurrieron en las regiones limítrofes de Bistrita y Transilvania del sur.

Veneración
La veneración local de los confesores tiene una larga historia, especialmente con Besarión Sarai, que fue considerando santo incluso en vida. Los otros fueron vistos siempre en el contexto de la resistencia ortodoxa en Transilvania como mártires de la fe.

Vista de la fortaleza de Kufstein, donde estuvieron prisioneros los Santos.

Vista de la fortaleza de Kufstein, donde estuvieron prisioneros los Santos.

Los Santos Besarión Sarai y Sofronio de Cioara, junto con San Nicolás Oprea “Miclaus”, fueron canonizados durante el contexto de unión con la Iglesia Greco-Católica con la Iglesia Ortodoxa Rumana bajo las presiones comunistas en 1947. A pesar de que el acto per se fue político, la lucha de estos hombres por la libertad de su fe es valiosa por confesar su fe incluso hasta la muerte. Por su testimonio fueron honrados con el título de santos confesores y santo mártir respectivamente -en el caso de Nicolás Oprea- durante el encuentro del Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rumana el 28 de febrero de 1950. Su proclamación oficial tuvo lugar el 21 de octubre de 1955 en la catedral ortodoxa de Alba Iulia, que es el día de su celebración. Los otros dos confesores, los sacerdotes Moisés Macinis y Juan de Gales fueron proclamados en 1993 y son celebrados conjuntamente el 21 de octubre.

Después de la caída del comunismo se organizó una parroquia ortodoxa en Kufstein, cerca de la vieja fortaleza donde algunos de los mártires estuvieron prisioneros, en la iglesia del hospital de la prisión. El primer sacerdote de esta comunidad pertenecía a la Iglesia Rusa Fuera de Rusia (ROCOR en siglas inglesas), pero se celebraban servicios litúrgicos también por greco-católicos ucranianos y misioneros croatas y serbios. El número de serbios aumentó en el Tirol (donde está situada Kufstein) después de la guerra de Yugoslavia. En 2001 crearon la parroquia serbio-ortodoxa y desde entonces celebran regularmente servicios religiosos en esta iglesia, teniendo como patrón a San Besarión Sarai (Besarión de Erdelji, en serbio).

Troparion (himno de los Santos)
Luchadores de la ortodoxia, habéis refrescado como trompetas angélicas el valor de confesar la verdadera fe, y como sabios predicadores, habéis alimentado a la gente con la enseñanza correcta e iluminada. Vuestros trabajos fueron grandes; grande fue también vuestro celo predicador; grande fue el resultado de vuestra justa lucha, ¡soldados de Cristo por siempre memorables!

Mitrut Popoiu

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

El Uniatismo en Transilvania (1698-1701)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Este artículo no pretende ser propaganda anticatólica, sino una introducción a las vidas de un grupo de santos confesores proclamados en 1955 y en 2007. Una parte de ellos murieron mártires por su fe durante la campaña de catolicización forzada de los rumanos transilvanos en el siglo XVIII. Otros lucharon durante toda su vida por la libertad de la fe ortodoxa entre los rumanos. Primero presentaré el contexto del proceso del llamado “uniatismo” en Transilvania.

Lienzo-retrato de Atanasio Anghel, metropolita rumano y primer obispo de la Iglesia Uniata.

Lienzo-retrato de Atanasio Anghel, metropolita rumano y primer obispo de la Iglesia Uniata.

El contexto político de Transilvania en la tardía Edad Media
Después de la batalla de los mohacs en 1526, el reino húngaro cayó bajo dominio turco. El principado autónomo de Transilvania mantuvo su estatus especial bajo el gobierno turco. Los príncipes húngaros de Alba Iulia respetaron las viejas leyes del país, las llamadas Uno Trium Nationum (“la regla de las tres naciones”, los húngaros, los sajones y los escequelios) y el privilegio de las cuatro Religiones Receptas (las religiones aceptadas, que eran el catolicismo, el luteranismo, el calvinismo y el unitarianismo). Los rumanos y su fe ortodoxa fueron simplemente “tolerados” por el sistema. No había una nobleza rumana ni representantes en el Parlamento local y su estatus religioso no era claro. Los metropolitas de Transilvania, atestiguados por primera vez en 1377 (el metropolita Gelasio, que residía probablemente en el monasterio Rameti), eran ordenados tradicionalmente en Valaquia y su situación material dependía sustancialmente de las donaciones de los voivodas de Valaquia y Moldavia.

Al iniciarse la Reforma, los príncipes transilvanos, la mayoría de ellos calvinistas, intentaron imponer un programa de calvinización entre los rumanos. En medio de esta campaña de iluminación de los rumanos, consistente en la traducción de la Biblia a su lengua nativa, los metropolitas se veían bajo la presión de aceptar algunas medidas no ortodoxas, como renunciar al culto de los Santos, la catequización según la Biblia y evitar las tradiciones patrísticas y renunciar a la mayor parte de las tradiciones, que fueron interpretadas como supersticiones paganas.

Por otro lado, la situación de la ortodoxia entre los rumanos de Transilvania fue buena, según la tolerancia religiosa. El diácono Coresi de Brasov imprimió a finales del siglo XVI, principios del XVII, diversos libros eclesiásticos en rumano (entre ellos un catecismo, un libro de los cuatro Evangelios y un Salterio), contando con una importante ayuda de la comunidad luterana sajona de Brasov. El metropolita Simeón Esteban imprimió en 1648 el Nuevo Testamento en rumano. Pero la pobreza del pueblo rumano y la falta de derechos sobre la propiedad privada y la libertad de comercio hizo su situación muy difícil.

Transilvania bajo el gobierno de Austria
En 1688 Transilvania se convirtió en una provincia de Austria. El emperador Leopoldo I (1658-1705), que era un creyente católico, reconoció las viejas leyes de Transilvania, incluyendo los derechos de las tres naciones y los de las cuatro “religiones aceptadas”. En cualquier caso, él quería fortalecer el poder de la Iglesia Católica en Transilvania en competencia con el calvinismo, por lo que intentó atraer a los rumanos al bando católico. La Constitución imperial del 14 de abril de 1698 preveía la libertad de los rumanos a aceptar una de las cuatro confesiones, o permanecer ortodoxos. El manifiesto del cardenal Leopoldo Kolonics, arzobispo de Esztergom, dirigido al clero rumano el 2 de juio de 1698, preveía que una posterior conversión a la fe católica supondría obtener los mismos derechos y privilegios que los sacerdotes y comunidades católicas.

Para convertirse en católico, el ortodoxo rumano debía aceptar cuatro puntos: la primacía papal, la comunión con pan ázimo (hostia), la enseñanza de la procedencia del Espíritu Santo también del Hijo (“Filioque”) y la existencia del Purgatorio, que fueron los puntos discutidos por los representantes de las Iglesias Orientales y Occidentales durante el Concilio de Florencia (1439). El documento del cardenal Kolonics destruye cualquier hipótesis de que ya el anterior metropolita Teófilo habría sido convocado a la Unión en 1697. Incluso en tal caso, el manifiesto del prelado húngaro muestra cuán impopular podría haber sido la Unión entre la población rumana.

En cualquier caso, desde 1698 los ortodoxos transilvanos tuvieron un nuevo metropolita, llamado Atanasio Anghel, consagrado por el patriarca Dositeo de Jerusalén en Valaquia. Como metropolita, firmó una Confesión de la fe ortodoxa por cuanto respecta al rito, los cánones y el dogma.

Primera página del Manifiesto de Unión de 1699.

Primera página del Manifiesto de Unión de 1699.

El Acta de Unión de 1699
Atanasio fue a Alba Iulia bajo una gran presión política y eclesiástica para que aceptara la fe católica. Finalmente, organizó un sínodo de decanos locales el 7 de octubre de 1698. El sínodo finalizó con la firma del acta de unión con la Iglesia Católica, que de hecho fue firmada por 38 decanos, pero no por el metropolita. El contenido del acta había sido concebido por el jesuita Pablo Baranyi. Los decanos firmantes declararon que se unían con la Iglesia Católica Romana, porque querían disfrutar los privilegios de los miembros y sacerdotes de esta santa Iglesia. En el post scriptum manifestaban que aceptaban la unión si “nosotros y nuestros descendientes no vemos modificada nuestra tradición de nuestra Iglesia Oriental, sino que por cuanto respecta a nuestras fiestas, ayunos, de aquí a partir de ahora, seamos libres de cumplirlas según nuestro viejo calendario, y nadie tenga el poder de cambiar a su Santidad nuestro señor Atanasio de su sede hasta su muerte”.

La segunda página (el verso) fue posteriormente completada con la “traducción” latina donde no se mencionan las condiciones exigidas por los decanos. En lugar de ello, el traductor dice que los decanos aceptan la doctrina católica por completo y en particular los cuatro puntos florentinos. Las siguientes tres páginas contienen las firmas de los 38 decanos que aceptaron también las dos páginas escritas en latín, una lengua que les era desconocida. En la página 5, Atanasio añadió una postdata que confirma el hecho de que ellos no sabían lo que habían firmado: “y por tanto nosotros, como queda escrito arriba, nos unimos pero nuestra ley por completo, el ritual de la iglesia, la liturgia, nuestras Cuaresmas y calendario deberán quedar fijos (permanecerán igual) y si no lo hacen, estos sellos no tienen ningún poder sobre nosotros y nuestro señor Atanasio permanecerá como líder y nadie lo podrá expulsar”. Su firma ha desaparecido, sólo la experiencia de los grafólogos ha demostrado que él fue el autor de este último párrafo. La sexta página quedó en blanco. La acta de unión quedó oculta por mucho tiempo, siendo descubierta en 1879 en la biblioteca de la Universidad de Budapest.

El metropolita Atanasio tuvo una actitud ambigua respecto a la unión. Él prosiguió sus relaciones imperturbables con la iglesia de Valaquia y el príncipe Constantino Brancoveanu, que donó el 15 de junio de 1700 el dominio de Merisani (en Arges, Valaquia) para beneficio del metropolitanato rumano de Transilvania. El sínodo anual del 14 de septiembre de 1700 no mencionó ninguna acta de unión.

El emperador y el régimen transilvano eran probablemente conscientes sólo de la versión latina del texto. Aún así, el régimen decidió hacer una investigación en los pueblos, para comprobar la situación real de la unión. Los resultados de la investigación de enero de 1699 mostraron que ningún pueblo quería la unión y sólo algunos sacerdotes dijeron que se unirían, si el metropolita lo hacía. Eso significaba que los sacerdotes no tenían conocimiento del manifiesto de unión.

“Satisfecho por la Unión”, Leopoldo publicó en febrero de 1699 el llamado primer diploma leopoldino, en relación con la fundación de la Iglesia Uniata. Sus posesiones y sus sacerdotes estuvieron exentos de impuestos. El 19 de marzo de 1701, el emperador Leopoldo emitió un segundo diploma confirmando la exención de los sacerdotes y laicos que se unieran. El obispo uniata estaba sometido al arzobispo católico romano de Esztergom y era asistido en todos sus actos por un teólogo jesuita. El 24 de marzo de 1701, Atanasio fue consagrado sacerdote en Viena y el día siguiente lo fue como obispo de la Iglesia Uniata. El 7 de abril de 1701 Atanasio firmó una nueva Confesión de fe en 16 puntos, jurando que aboliría todas las conexiones con Valaquia y obligaría a sus sacerdotes y fieles a aceptar la nueva confesión. Atanasio se convirtió en consejero imperial y se instaló el 14 de junio de 1701 como obispo en su antigua catedral de Alba Iulia, construida por el príncipe Miguel el Valiente de Valaquia unos cien años antes.

Protestas contra el Manifiesto de Unión
Durante 1700 los rumanos empezaron a protestar contra la unión. El Guardián del Metropolitanato, Pater Ianos de Brasov, envió una carta a Atanasio en Viena, reprobando al metropolita su gesto de aceptar su nueva ordenación.

Protestando contra el uniatismo, el noble Gabriel de Tagu Mare (condado de Bistrita) y otros rumanos firmantes de un memorandum fueron arrestados y encarcelados en octubre de 1701 en Sibiu, la capital austríaca de Transilvania, por instigación contra la ley gobernante. Algunos de ellos fueron liberados en 1706.

En 1701 la parroquia rumana de Schei Brasovului rehusó aceptar el gobierno de Atanasio y pidió la jurisdicción del metropolita de Valaquia. Cada nuevo sacerdote ordenado de los rumanos en Brasov fue obligado a hacer una confesión pública de la fe ortodoxa. La comunidad rumana de Brasov envió repetidamente representantes a Viena, para protestar contra la Unión. En 1724 el representante Cristóbal Voicu obtuvo el permiso imperial de pasar a estar bajo la jurisdicción del obispo de Ramnic (Valaquia occidental, que fue anexionada a Austria por un corto período) y posteriormente del Patriarca serbio de Karlowitz.

Entre los manifestantes contra la Unión estaba el monje misionero serbio Besarión Sarai, que murió en las prisiones de Kufstein algún tiempo después de 1744; Nicolás Oprea Miclaus, de Saliste Sibiului y el sacerdote Moisés Macinic de Sibiel, muerto en la misma prisión después de 1752. Nicolás Pop de Balomir, el antiguo vicario del obispo uniata Juan Inocencio Micu, marchó a Rusia, a San Petersburgo, para implorar ayuda de la zarina Isabel (1741-1761), pero nunca regresó a casa, huyendo a Valaquia. Un monje llamado Nicodemo de Alba marchó a Rusia también y allí se quedó posteriormente.

El número de manifestantes, sacerdotes y laicos, contra la unión es incluso mayor. Muchos rumanos huyeron a las montañas de Valaquia y Moldavia, de modo que hoy día todavía existen aldeas transilvanas en Valaquia (pobladas por “ungureni”, siendo ésta la denominación de los rumanos de Hungría). El hieromonje Sofronio de Cioara (condado de Alba) incluso organizó una rebelión contra el gobierno austríaco y un sínodo anti-unión en 1761. Sus protestas condujeron a una investigación imperial en Transilvania, organizada por el general Bukow. Ésta mostró que 2250 sacerdotes y 25223 familias habían aceptado la unión, mientras que 1365 sacerdotes y 128635 familias permanecieron en la ortodoxia. 515 iglesias eran uniatas y 1362 ortodoxas. Bukow tenía mala reputación en Transilvania porque su ejército destruyó a cañonazos cientos de iglesias de madera y todas las iglesias de piedra y monasterios de los rumanos ortodoxos de Transilvania.

El 29 de octubre de 1781, el emperador José II emitió el Edicto de Tolerancia. La libertad de confesión fue aceptada no sólo para los ortodoxos, sino también para los protestantes. Debido a que mucha gente quería regresar a su vieja confesión, el 19 de agosto de 1782 el mismo emperador firmó la Patente de Unión, una ley que establecía que ninguna confesión podría, en adelante, llevar a cabo campañas de proselitismo en comunidades pertenecientes a otra fe.

Mitrut Popoiu

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es