Venerable Fray Antonio Margil de Jesús: apóstol de Centroamérica y Texas

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Escultura del Venerable fray Antonio Margil de Jesús.

Escultura del Venerable fray Antonio Margil de Jesús.

Hijo de Juan y Esperanza Ros, naturales de Valencia (España); nació el Venerable el 18 de agosto de 1657 y fue bautizado en la parroquia de San Juan del Mercado de su natal Valencia con el nombre de Agapito Luis Paulino Antonio. Se dice que en una ocasión la señora Esperanza recibió la visita del franciscano Melchor López, quien se dice que al ver al niño le dijo a la madre: “Tenga usted mucho cuidado con este niño, porque Dios lo tiene destinado para apóstol suyo y para que me acompañe cuando yo vaya a predicar el evangelio en tierras paganas”.

Se dice que el pequeño Agapito, antes de ir a la escuela, siempre pasaba a la iglesia a visitar al Santísimo y por las mañanas acudía a misa y ayudaba como monaguillo. En sus vacaciones pasaba largos ratos ante en Sagrario.

A la edad de dieciséis años ingresó en el convento franciscano de la Corona de Cristo de Valencia para hacer el noviciado. El 22 de abril de 1673 vistió el hábito franciscano y profesó el 25 de abril de 1674 con el nombre de Antonio Margil de Jesús. Estudió filosofía, artes y teología en los conventos de San Antonio de Dènia y de la Corona de Cristo, donde se ordenó de sacerdote en 1862. Desde esta época el padre Margil comenzó a firmar sus cartas refiriéndose a él mismo como “la misma nada”.

Un día llegó el padre Antonio Linaz a predicar al convento en Valencia para tratar de conseguir misioneros para el Nuevo Mundo, a lo que el padre Margil aceptó. El 6 de junio de 1683 llegaron al puerto de Veracruz los veinticuatro misioneros franciscanos e inmediatamente se dispusieron a atender a los heridos y enfermos que había dejado en la ciudad una reciente incursión pirata. A mediados del mes de junio el padre Margil tomó camino a la ciudad de México en compañía del padre Melchor López, aquel al que la leyenda dice profetizó que algún día el pequeño Agapito lo acompañaría en las misiones.

El padre Margil decidió hacer un sacrificio: caminar descalzo hasta la ciudad de México, y esto lo seguirá haciendo gran parte de su vida en la mayoría de viajes que realizó. En agosto de ese año el padre Linaz envió a los padres Margil, Francisco Estévez, Juan Bautista Lázaro y Pedro Antonio Frontera a Querétaro, a fundar el Colegio Apostólico de Propaganda Fide, convirtiéndose en el primero Colegio para la Propagación de la Fe fundado en América.

Mapa de los viajes misiones del Venerable Margil de Jesús por Centroamérica y Texas.

Mapa de los viajes misiones del Venerable Margil de Jesús por Centroamérica y Texas.

En San Juan del Río, Querétaro, fray Margil reorganizó una escuela para niñas bajo la advocación de Nuestra Señora de los Dolores, que había sido fundada algún tiempo atrás por dos franciscanos. La escuela se encontraba en terribles condiciones y el padre Margil decidió reconstruir el lugar; y para señalar el límite clavó su bastón en la tierra, el cual se quedó en ese lugar por olvido del fraile, al día siguiente fray Margil regresó a pedir su bastón y al ir a buscarlo se dieron cuenta que el bastón había retoñado y era un limonero. Dicho árbol duró muchos años hasta el periodo de las persecuciones en México en que fue arrancado por soldados.

Hacia 1684 al padre Margil le llegó la orden de ir hacía la península de Yucatán para misionar en aquella región. Del puerto de Campeche hacía Mérida, fray Margil y sus demás compañeros hicieron el camino a pie. Al llegar a Mérida, los padres Melchor López y Margil fueron destinados a Guatemala. Tomaron el camino nuevamente pasando por Campeche y Tabasco; al atardecer, si les tocaba entrar en algún pueblo, ambos sacerdotes entraban cantando el “Alabado” compuesto por el mismo fray Antonio Margil quien gustaba de cantar y enseñar alabanzas al pueblo. Algunas de las estrofas de este “Alabado” aún se cantan hoy en día en algunos lugares; parte de éste dice de esta forma:

Vídeo de una orquesta en Texas interpretando el “Alabado” del Venerable Margil de Jesús:

Alabado y ensalzado
sea el Divino Sacramento
en que Dios asiste
de las almas el sustento.

Y la Limpia Concepción
de la Reina de los Cielos,
que quedando Virgen Pura
es Madre del Verbo Eterno
.

Grabado que representa al padre Margil predicando a los indígenas.

Grabado que representa al padre Margil predicando a los indígenas.

Y el glorioso San José,
electo de Dios inmenso,
para padre estimativo
de su Hijo, el Divino Verbo.

Quien a Dios quiera seguir
y a su gloria quiera entrar,
dos cosas ha de decir
y de corazón aclamar:
¡Morir antes de pecar,
antes que pecar morir!

El 21 de septiembre de 1685 llegaron los dos misioneros a Guatemala, después de una breve estancia en Chiapas. Los primeros meses se dedicaron a predicar a las tropas en la ciudad de Guatemala. En 1686 el padre Margil que tenía gran devoción por el rezo del Vía Crucis, la semana santa de aquel año salió por las calles con una cruz a cuestas, descalzo y con una corona de espinas en la cabeza rezando las catorce estaciones.

A mediados del año de 1686 ambos misioneros salieron con rumbo a Nicaragua, Honduras y Costa Rica. Cuando estaban predicando en El Salvador se cuenta que hubo un temblor y los indios temerosos se arrodillaron ante los sacerdotes y confesaron que tenían ocultos ídolos en la Iglesia, los cuales fueron mostrados y quemados en el acto. Los indígenas claramente pensaban que aquel temblor era un castigo por la idolatría. [1]

Hacia 1691 el padre Margil y el padre López decidieron misionar entre los Talamancas, que eran tribus residentes en los actuales territorios de Costa Rica y Panamá, los cuales en varias ocasiones, infructuosamente, los españoles intentaron conquistar. Hacía febrero de ese año los dos misioneros llegaron a una de las aldeas de los Talamancas pero fueron recibidos de mal modo. Los misioneros les mostraron un crucifijo pero los indios le escupieron y a los frailes les golpearon hasta dejarlos medio muertos tirados en el suelo, después al poder levantarse los sacerdotes decidieron retirarse del lugar ante la hostilidad de la gente.

Celda del padre Margil en el Convento de Nuestra Señora de Guadalupe, Zacatecas, México.

Celda del padre Margil en el Convento de Nuestra Señora de Guadalupe, Zacatecas, México.

Después de esta derrota los misioneros decidieron dirigirse hacia la zona de los indios Térrabas; en este lugar ambos franciscanos fueron recibidos de mejor manera y pudieron convertir a gran parte de estas gentes y levantar una ermita en honor de San Andrés. Seis meses después los frailes decidieron volver a intentar evangelizar a los talamancas, y en esta ocasión fueron mejor recibidos y los naturales se disculparon con ellos por la pasada ocasión, explicándoles que pensaban que habían sido enviados por los españoles para hacerles daño. Algún tiempo después los frailes se estaban preparando para partir hacia Colombia, pero les llegó una carta ordenándoles volver al convento de la Santa Cruz de Querétaro.

Hacia 1696 el padre Margil fue nombrado guardián del Colegió de Propagando Fide de Querétaro. Al enterarse el frailes se puso en marcha rumbo a aquella ciudad en compañía del comisario general de las misiones que iba a caballo. Éste le ofreció a fray Margil una mula pero el franciscano la rechazó y dijo que prefería ir caminando. Era sorprendente puesto que el padre comisario salía temprano, el padre Margil se quedaba largas horas confesando en los pueblos y a pesar de esto llegaba antes que el Comisario a los lugares. El padre Comisario sorprendido le preguntó en una ocasión, “¿Por dónde viene usted que no le vi pasar?” y el padre Margil le respondió: “Como yo soy práctico de los lugares tengo mis atajos y además Dios también me ayuda”, a lo que el comisario replicó “Temo que con este hombre me ha de juzgar Dios, pues anda más el a pie que yo a caballo”.

El 22 de abril de 1697 llegó por fin a Querétaro, donde fue muy bien recibido y dejó muy buen recuerdo a todos por su gestión en dicho convento. De aquel entonces nos queda una descripción del padre Margil que hiciera uno de los frailes: “Venía el humilde padre, tostado por el sol, con un hábito muy pobre y remendado, un sombrero colgado a la espalda, y en la cuerda, pendiente una calavera que le servía en los sermones”. Se dice que en una ocasión, viniendo de misionar el padre Margil, trayendo su bastón en el que se apoyaba, lo clavó en lo que ahora es el jardín y al pasar el tiempo el bastón comenzó a retoñar y a producir ramas con espinas en forma de cruces, hasta convertirse en un árbol que hasta hoy se conserva en dicho convento.

Monumento a fray Margil en el atrio del templo del Convento de Propaganda Fide de la Santa Cruz de Querétaro.

Monumento a fray Margil en el atrio del templo del Convento de Propaganda Fide de la Santa Cruz de Querétaro.

Hacia 1701 se terminó el periodo de mandato del padre Margil y decidió regresar a Guatemala, en donde se encargó de la fundación del Colegio Apostólico de Propaganda Fide de Cristo Crucificado, en el cual el mismo padre trabajó acarreando piedras y material, y trabajando como arquitecto, capataz y peón. Posteriormente de un tiempo de misiones de nuevo entre los talamancas y de encargarse de la organización del Colegio Apostólico de Guatemala, recibió la orden de ir a fundar otro Colegio de Propaganda Fide en Zacatecas, en la zona norte de México.

Se dice que cuando el padre se dirigía a Zacatecas, en el camino le salió un bandido que al ver que era tan sólo un humilde fraile, se acercó a preguntarle: “¿Por dónde anda, padre mío?”, “Camino para la gloria” contestó el franciscanos, “Y yo ¿por dónde camino?” le replicó el malhechor, “También para la gloria” le dijo el sacerdote. El ladrón, impactado por las misteriosas respuestas, le contó al fraile todo lo que había hecho y a lo que se dedicaba; y que él estaba más en camino del infierno que de la gloria; entonces el ladrón le preguntó: “¿Cómo podrá ser lo que usted dice, siendo yo ladrón de profesión?”, “Dejando precisamente esta maldita profesión y arrepintiéndote de tus pecados” le dijo el fraile, y el ladrón, tocado por el padre Margil, se confesó y arrepintió de sus pecados; entonces el padre le entregó un papelito y le dijo que se lo entregara al superior del convento próximo; y le dijo al ladrón que su penitencia serían los pasos que diera hasta el convento. Al llegar el ladrón y después de haberle entregado el papel al superior se desplomó en el suelo y cayó muerto, el papel tenía escrito: “Dará vuestra paternidad sepultura cristiana al portador”.

Hacia 1707 llegó a Zacatecas y fundó el Colegio de Propaganda Fide de Nuestra Señora de Guadalupe. A principios de 1709 al padre Margil se dirigió a San Luis Potosí a presidir el Capítulo de los franciscanos. Ya de regreso se dice que se hospedó en casa de un amigo suyo. Durante la cena el padre comió con mucho apetito y la esposa del dueño de la casa, al verlo comiendo y sabiendo la fama que tenía de santo, pensó que aquel hombre no podía tener nada de santo si comía y bebían tan a gusto, a lo que el padre, leyéndole el pensamiento le dijo “Usted sabe que si no se alimenta al pobre burro, éste se caerá muerto en el camino”, con lo que dejó perpleja a la mujer, la cual no dudó más de la santidad de fray Margil.

Espinas en forma de Cruz que según la leyenda salen del bastón de fray Margil que retoñó en el jardín en Querétaro.

Espinas en forma de Cruz que según la leyenda salen del bastón de fray Margil que retoñó en el jardín en Querétaro.

Después de terminar su gestión en Zacatecas, hacía 1716 el padre se unió a una expedición rumbo a Texas donde bautizó a varios indios y fundaron algunas misiones, un año después visitó la región de los indios Ays y fundó la misión de Nuestra Señora de los Dolores. Los franciscanos lograron fundar seis misiones en Texas; desgraciadamente, tiempo después, varias de las misiones fueron destrozadas por una expedición de franceses y tuvieron que ser reconstruidas, muchas de estas misiones fueron la base para la fundación de muchas de las actuales ciudades de Texas.

Hacia 1722 el padre Margil fue nombrado prefecto de misiones en Texas y fundó la misión del Espíritu Santo. Algunos meses después fray Margil fue nombrado guardián del Colegió de Guadalupe en Zacatecas. Estando en Zacatecas no se olvidó de las misiones en Texas y junto con el padre Isidro Espinoza, decidieron ir a ver al Virrey para pedirle ayuda para aquellas lejanas misiones. Por más que hablaron con dicha autoridad nada consiguieron, y se dice que el padre Margil, a la salida, dijo una famosa frase: “Es más fácil tratar con Dios a quien no vemos, que con el Virrey a quien se puede ver”. Aprovechó su estancia en México para predicar en los conventos de la Orden y toda la gente quedaba admirada ante su predicación.

Algún tiempo antes de su muerte, el padre recorrió varios estados de la actual república mexicana: estuvo en Jalisco, en los pueblos de Guadalajara, Chapala y La Barca, en Valladolid hoy Morelia, Michoacán, y en muchos pueblos que a su paso y en todos se dedicaba a confesar, rezar el rosario y el vía crucis con los pobladores. Pero al llegar a Querétaro el padre comenzó a sentirse mal, aprovechó a pasar a San Juan del Río a visitar el colegio para niñas que había fundado. El 2 de agosto de 1726 llegaron a la ciudad de México y se quedaron en el convento de San Francisco y el 6 de agosto falleció en aquel convento, diciendo entre sus labios “Ya es hora de ir a ver a Dios. Sí, ya es hora”.

Monumento del Venerable Margil de Jesús en el Convento de la Santa Cruz de Querétaro.

Monumento del Venerable Margil de Jesús en el Convento de la Santa Cruz de Querétaro.

Al funeral del padre Margil asistieron los miembros de la Audiencia de México y el mismo Virrey. Fue sepultado en el cementerio del convento de San Francisco, pero el 1 de noviembre de 1983 sus restos fueron trasladados al Convento de Nuestra Señora de Guadalupe en Zacatecas.

En 1737 la fama del padre Margil era tal, que su compañero el padre Isidro Espinoza escribió una biografía, la cual sería de gran inspiración para otro gran misionero franciscano, el Beato Junípero Serra. Se calcula que el padre Margil bautizó cerca de cuarenta mil indígenas y en sus últimos años de vida siempre usó el mismo roído hábito, al cual durante sus funerales le fueron arrancados pedazos. El 31 de agosto de 1836, el Papa Gregorio XVI lo declaró Venerable.

André Efrén

Bibliografía:
– Munari, Tiberio, “Antonio Margil”, México, Ediciones Xaverianas, primera edición, 2004.
– Saucedo Zarco, Carmen, “Historias de Santos Mexicanos”, México, Planeta, primera edición, 2002.


[1] Esto fue muy común en las misiones indígenas, muchos naturales -aunque eran bautizados- seguían adorando a sus antiguos dioses y muchas veces los escondían detrás de los santos católicos, para que al venerarlos los misioneros pensaran que era al santo, cuando en verdad sería a su deidad.

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