Venerable Bernardino Álvarez, fundador

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 El Venerable Bernardino Álvarez, fundador de la Orden de san Hipólito.

El Venerable Bernardino Álvarez, fundador de la Orden de san Hipólito.

El Venerable Bernardino Álvarez es uno de los hombres en camino a los altares que ha quedado casi en el total olvido en México muy a pesar de la gran obra de beneficencia que logró en su época, por lo que con este artículo intento recobrar los datos más importantes de la vida de este hombre que todo lo hizo por amor a Cristo y a los enfermos.

Bernardino Álvarez de Herrera nació en la Villa de Utrera, Sevilla, España, hijo de Luis Álvarez y Juana de Herrera y tuvo tres hermanos más, dos de sus hermanas fueron religiosas. Su madre Ana de Herrera se encargó siempre de educar cristianamente a todos sus hijos. A los veinte años de edad Bernardino se enlistó en el ejército para ser enviado a la Nueva España donde se dirigió a Zacatecas a combatir contra los chichimecas, pero cansado de esto dejó el servicio militar y regresó a la ciudad de México donde se entregó al juego y al vicio, Bernardino junto a varios amigos suyos se dedicaban a visitar casas de juegos, era Bernardino tan bueno en el juego de cartas que sus compañeros comenzaron a llamarle “Capitán”, pero fueron atrapados y metidos a la cárcel por desacato junto con doce compañeros y los condenaron a ser enviados a China. Bernardino y algunos de sus amigos no contentos con la resolución decidieron escapar de la cárcel antes de ser enviados a China, pero tres de los amigos de Bernardino fueron capturados y ahorcados en la plaza mayor, Bernardino por su parte fue socorrido por una mujer que estaba enamorada de él y quien lo escondió en su casa y le dio dinero, armas y un caballo para que este se fuera a Acapulco y de ahí emprendiera en un barco rumbo al Perú.

Primero Bernardino llegó a Lima y de ahí se dirigió al Cusco donde logró amasar una gran fortuna dedicándose al oficio de soldado y de mercader. Habiéndose vuelto en Cusco un hombre de opulencia decidió después de algunos años regresar a México y ya estando en la Nueva España se enteró de la muerte de su padre por lo que presto le envió una carta a su madre Ana de Herrera para que esta viajara junto a sus hermanos a la Nueva España para disfrutar sus últimos años de las riquezas que su hijo había logrado en Perú, en esta misma carta Bernardino le narraba a su madre todo lo que había pasado en su vida hasta ese momento y le acompañaba de mil pesos. Su madre después de leer la carta y todo lo que de la vida de su hijo había sido rechazo la oferta de este, y le dijo que con su dinero y haciendas procurara servir a Dios ya que ella no lo necesitaba pues desde la muerte de su padre había decidido servir a Dios por completo y había recibido hábito religioso, su madre le firmaba de esta forma: “que vivas bien y virtuosamente en servicio de Dios”. Esta carta y la decisión de su madre respecto a tomar vida religiosa y rechazar las riquezas caló profundamente en el corazón de Bernardino Álvarez llevando a cabo de esta forma su completa conversión.

El templo y hospital de Jesús Nazareno y la Limpia Concepción de María en el cual ofreció sus servicios el Venerable después de su conversión.

El templo y hospital de Jesús Nazareno y la Limpia Concepción de María en el cual ofreció sus servicios el Venerable después de su conversión.

Bernardino arrepentido de la vida que había llevado hasta ese entonces por causa de la carta de su madre decidió hacer ayunos y penitencias para pedir perdón a Dios por sus pecados, usando cilicios y dando limosnas a los pobres de la ciudad, Bernardino decidió recluirse en el Hospital de la Limpia Concepción de la ciudad de México para dedicarse a ayudar a los enfermos donde estuvo alrededor de diez años ayudando. Bernardino decidió dejar sus ricos vestidos y cambiarlos por un hábito de tela burda y se cortó el cabello para evitar tentaciones. Llegaban diariamente una gran cantidad de enfermos al hospital ya que en ese momento solo existían dos hospitales en la ciudad de México y Bernardino se encargaba de atenderlos con paciencia y con su propio dinero se encargó de agrandar la sala de enfermería.

También Bernardino Álvarez con su dinero se encargó de ayudar a la fundación, construcción y posterior ampliación del convento de religiosas de Jesús María. Habiéndose dado cuenta Bernardino Álvarez que el espacio y los servicios del Hospital de la Limpia Concepción eran insuficientes y que muchos enfermos eran despedidos sin ser atendidos y se encontraban desperdigados tirados en las calles agravándose aún más por su enfermedad, debido a esta misma situación decidió abrir su propio hospital para lo cual solicito licencia al arzobispo de México a la postre fray Alonso de Montufar quien en 1567, acepto gustoso y él mismo fue quien eligió que el hospital debería estar junto al antiguo templo de san Hipólito patrón de la ciudad de México , para lo cual Bernardino compró varios solares en los cuales construyó diversas casas de adobe para los enfermos que no eran atendidos en los hospitales de la Limpia Concepción y en el de las Bubas del Amor de Dios y nombró a su hospital como Hospital general de inocentes de san Hipólito, así como también comenzó a recoger a los que eran tenidos por locos que padecían enfermedades mentales y que Bernardino fue el primero en Nueva España en tratarlos como enfermos y no como tontos o poseídos por el demonio, lo que le ha ganado que se le considere precursor de la psiquiatría en México. Al preguntarle a Bernardino porque él no despreciaba a los locos que en otros lugares sí, respondía de esta forma “Todos somos hechuras de Dios; estos pobrecitos inocentes son piedras vivas, necesitan de sustento, para vivir, como los sabios; estos deben mirar por sí, dejólos Dios en manos de su consejo, más estas piedras vivas, que son los inocentes, en cuanto no tienen libre albedria, ni entendimiento, son como piedras que no lo saben buscar, en cuanto a tener necesidad de comer, son piedras vivas que si no se les prepara el alimento, morirán de hambre y por tanto tienen más necesidad de quien cuide de ellos”. Bernardino cuidó del buen trato de los enfermos mentales dándoles habitaciones como a cualquier enfermo sin encerrarlos en jaulas u otro tipo, cuidando que nadie les maltratara ni golpeara y que se les mantuviera seguros para que no atacaran a nadie y limpio el lugar en donde habitaran; todas estas iniciativas que tomó Bernardino Álvarez en el cuidado de los enfermos mentales fue una primicia en lo que se refiere al tratamiento de enfermedades mentales en el mundo de aquel momento, también por esto fue comparado como el San Juan de Dios del nuevo mundo.

El venerable auxiliando a los pobres.

El venerable auxiliando a los pobres.

Bernardino dispuso que un grupo de los religiosos que le ayudaban continuamente estuvieran en el puerto de Veracruz para encargarse que cada ocasión que llegara un barco desde España inmediatamente todos los que llegaran en estados inconvenientes fueran trasladados a la ciudad de México al hospital de san Hipólito hasta que se restablecieran por completo. La obra benéfica que realizaba Bernardino Álvarez en su hospital de san Hipólito se volvió famosa en la ciudad de México y en toda la Nueva España lo que le gano que muchas personas se adhirieran a ayudarle, por lo que Bernardino pensó en realizar una fundación en especial debido a que su obra cada vez iba creciendo más pues se le abrieron las puertas para realizar varias fundaciones de hospitales similares a la de san Hipólito: El hospital de Oaxtepec, el hospital de la Limpia Concepción en Xalapa y el hospital de la Virgen de Belén en el desierto de Perote. Su obra era inmensa y diariamente tan sólo en el hospital de san Hipólito servía 400 raciones de comida.

El Venerable Bernardino Álvarez funda la Orden de la Caridad de la Hospitalidad de san Hipólito el 20 de mayo de 1700 aprobada por S.S. Inocencio XII, con los votos solemnes de castidad, pobreza, obediencia y hospitalidad, bajo la regla de san Agustín. La cual se convirtió en la primera orden religiosa fundada en América. A la orden de san Hipólito se le concedió las mismas gracias que tenía en España la Orden Hospitalaria de san Juan de Dios. A las puertas del Hospital de san Hipólito, Bernardino hizo poner una imagen de Cristo Ecce Homo al cual nombra “Dominus Providevit” enseñando con esto a sus religiosos que era Cristo es que se encargaría de proveer todos los bienes necesarios que para su obra hicieran falta e instruyéndolos al respecto de esta manera: “Ecce Homo si le miráis en cuanto hombre, le hallareis infinitamente caritativo y piadoso, si le contempláis en cuanto a Dios, es infinitamente magnífico y poderoso”. En una ocasión se narra que llegó una pobre mujer a las puertas del convento pidiendo algo de harina para comer, pero la despensa estaba vacía y la mujer insistió con uno de los religiosos y este fue con Bernardino Álvarez a explicarle la situación y de que debían despedir a la mujer pues las provisiones se habían terminado, Bernardino Álvarez le dijo al religioso que fuera de nuevo a revisar la despensa y le trajera un costal de harina a la mujer, el religioso le replico que estaba vacía pero que por obediencia lo haría, su sorpresa fue mayúscula al ir enojado a la despensa y encontrarla rebosante de harina que quedó bañado con esta, de la cual pudo sacar el saco para la mujer y despachar gustoso a esta; el religioso volvió luego a donde Bernardino y le dijo: “¿Qué es esto padre que el aposento de la harina está lleno? A lo que el Venerable respondió: Demos gracias a Dios que todo lo llena. Tenga vuestra caridad siempre fe y esperanza en Dios. Tan gloriosos saca Dios a sus amigos de sus empeños y de esta manera hace abundar a sus limosneros”.

 Claustro del ex convento y ex hospital de san Hipólito en la ciudad de México.

Claustro del ex convento y ex hospital de san Hipólito en la ciudad de México.

A los setenta años de edad Bernardino Álvarez enfermo gravemente y fue tratado por los médicos más importante de la Nueva España, al examinarle este dijeron que no le daban más de tres horas de vida, pero el Venerable Bernardino les replico que él no moriría hasta dentro de diez días, recibió los últimos sacramentos y al día siguiente le visitaron los médicos esperando encontrarle muerto y le encontraron aún vivo y el venerable les dijo: “no es llega aún la hora hasta el día de san Hipólito”. Falleció el venerable Bernardino Álvarez fundador de la Orden de la Caridad de san Hipólito el día 12 de agosto de 1584 después de mediodía en la víspera de la fiesta de san Hipólito. Su entierro fue muy concurrido por ser en la fiesta del patrón de la ciudad de México y acudieron tanto el Virrey de la Nueva España como el Arzobispo de México y los miembros de la Audiencia, fue sepultado al pie del altar mayor del templo de san Hipólito.

La Orden de San Hipólito duró todo el periodo colonial siguiendo los designios de su fundador, destacándose por su pobreza y atención desinteresada a los enfermos, pero en las primeras décadas del siglo XIX al promulgarse la Constitución de Cádiz de 1812 esta decretó la supresión de las ordenes hospitalarias y al ponerse en vigor esta ley en Nueva España la Orden de la Caridad de san Hipólito es suprimida y se extingue hacia 1821, años después morirá el último religioso Hipólito dentro del que fuera el ex hospital de san Hipólito. Con la supresión de la Orden también cayó en el olvido el proceso de canonización de su fundador Bernardino Álvarez, y actualmente es uno de los Venerables más desconocidos en México y menos recordados por la iglesia.

Altar mayor del templo de san Hipólito en el cual fue sepultado el Venerable Bernardino Álvarez.

Altar mayor del templo de san Hipólito en el cual fue sepultado el Venerable Bernardino Álvarez.

Actualmente lo que es el ex convento y ex hospital de san Hipólito es usado como un salón de fiestas en el que se han celebrado las bodas de la crema y nata de la sociedad mexicana, así como también es usado como locales comerciales. El venerable Bernardino Álvarez por su aporte en el cuidado de los enfermos mentales es considerado precursor de la psiquiatría en México y debido a esto el Hospital General de Psiquiatría de la ciudad de México lleva su nombre.

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André Efrén

Bibliografía:
– Demeneghi, Teresa, “Más de cien años en san Hipólito desde 1892”, México, editorial Demeneghi, segunda edición, 1994.
– Días de Arce, Juan, “Libro de la vida del próximo evangélico el venerable padre Bernardino Álvarez patriarca, y fundador de la sagrada religión de la Caridad y San Hipólito mártir, en esta Nueva España, Confirmada y aprobada por nuestro santísimo padre Inocencio Duodécimo”, México, Imprenta de don Cristóbal y don Felipe de Zúñiga y Ontiveros, reimpresión, 1762.

Consultado en línea (01/09/2016):
– Suárez, Marcela, “La infraestructura de la beneficencia novohispana: los hermanos de la caridad de san Hipólito y la hacienda del hospital”, archivo pdf, colección caleidoscopio.

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