Venerable César Baronio, cardenal

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Cardenal César Baronio. Grabado del siglo XVII.

Cardenal César Baronio. Grabado del siglo XVII.

César Baronio: se puede describir su vida como un gran defensor de la verdad, de la Iglesia y de los estudios históricos. Cesar nació en Sora el 30 de octubre de 1538; vivió en Roma tras haber realizado en Veroli los primeros estudios y después de haber iniciado los jurídicos en Nápoles. A temprana edad dejó Nápoles para ir a Roma, donde siguió la marcha del Concilio de Trento, tratando de reformar la Iglesia, y es ahí en Roma donde conoció al sacerdote San Felipe Neri. Vivió con un compañero de estudios en la plaza del Duque (la actual plaza Farnese), a un par de pasos de San Jerónimo, donde vivía el Padre Felipe; frecuentaba la Sapienza, escuela del gran jurista César Costa.

César Baronio conoció al P. Felipe por un cierto Marco, proveniente de su tierra y con la humanidad y la alegría que le caracterizaba, Felipe abrazó a César, dejándole la sensación de que aquel singular sacerdote era el padre que él buscaba para su alma. San Felipe sería para César todo un maestro del alma, quedando el propio César, joven de 20 años, impresionado por la caridad del Santo.

“En cuanto comenzó a dirigirse con el Santo – escribe Primo Vannutelli – Dios le comunicó tan gran abundancia de espíritu y desprecio de esta tierra que, si Felipe no le hubiese mandado por obediencia continuar los estudios jurídicos, habría dejado el mundo y se habría retirado a cualquier orden religiosa estricta para servir más perfectamente a Dios […] Pero el Santo Padre no le quiso dar nunca licencia, diciéndole que el Señor quería otra cosa de él”.

Pretendió ser religioso capuchino y teatino o ingresar a otras órdenes reformadas, mas sin embargo el Padre Felipe nunca le dio licencia: de tal forma que muchas personas religiosas se escandalizaron del Padre, diciendo que retenía a los hombres para que no fuesen a las órdenes religiosas; y eso era porque no veían lo que Dios mostraba a dicho padre. A petición del Padre Felipe le encomendó la tarea de estudiar historia de la Iglesia. César lo haría durante treinta años, retomando desde el principio, cada cuatro años.

Portada de los “Annales ecclesiastici”, obra del Venerable.

Portada de los “Annales ecclesiastici”, obra del Venerable.

Con 22 años de edad y con tan sólo dos años de haber conocido al Padre Felipe Neri, el 16 de diciembre de 1560 informó César a su familia de la decisión de recibir las Sagradas Órdenes y en cuestión de días fue ordenado subdiácono. En una carta del 21 de mayo de 1561 anunciaba a su padre: “… he satisfecho vuestro deseo: he sido doctorado en civil y en canónico”, mas sin embargo no mencionó que había rasgado el título doctoral y destruido el libro de poesía que había escrito.

El primero entre los discípulos de Felipe será ordenado sacerdote el 27 de mayo de 1564 para la iglesia de San Juan de los Florentinos; se encargaría entonces del florecimiento y desarrollo de la Congregación. A partir de 1588, por decisión de la Congregación, inicia la publicación de los Anales Eclesiásticos, fruto del meticuloso estudio con el que el padre César preparaba los sermones del Oratorio.

Por encargo del papa Gregorio XIII revisó el Martirologio desde 1580 a 1584; dos años después, aparecería un gran volumen con las Notas. “Más preciosos que el oro y el topacio”, escribió San Francisco de Sales a Baronio, agradeciéndole los Anales. Y Justo Calvino, pariente del homónimo ginebrino, que por la lectura de los Anales comprendió la propaganda protestante, volviendo a la Iglesia Católica quiso cambiar su nombre por el de Justo Baronio, en reconocimiento de aquél.

Un día, estando César y Felipe en la habitación de éste, “vi la birreta cardenalicia que había llevado el Papa Gregorio XIII, quien me la envió para hacerme cardenal y yo la acepté con esta condición: que yo le diría cuándo querría ser cardenal, y así el Papa quedó contento y yo me quiero hacer un trapo para la barriga”.

Tras todo el éxito de sus primeros escritos, recibió de parte del padre Felipe Neri grandes pruebas de humildad: recordemos las pruebas que le hizo pasar el Santo a otro discípulo suyo, San Camilo de Lelis y con quien tuvo además una distancia por no obedecerle por un período. César tuvo grandes trabajos intelectuales, pero no descuidaba su trabajo como sacerdote, oración y penitencia, así como el ejercicio de la caridad para con los pobres y necesitados.

Estatua contemporánea del Venerable dedicada en su ciudad natal de Sora, Frosinone (Italia).

Estatua contemporánea del Venerable dedicada en su ciudad natal de Sora, Frosinone (Italia).

En 1593, tras la partida de Tarugi, nombrado arzobispo de Aviñón, el Padre Felipe le eligió como su sucesor y, en julio del siguiente año, por expresa voluntad de Baronio, tal nombramiento fue sometido a la elección de la Congregación que, por unanimidad, lo eligió Prepósito. El Papa Clemente VIII lo tuvo por confesor, le tenía una gran estima y quiso elevarlo a una dignidad eclesiástica más alta, lo que rehusó. Como confesor del Papa, ejerció influencias sobre él como la reconciliación de Enrique IV de Francia con la Iglesia.

Tres veces rechazó sedes episcopales, pero por imposición de Papa fue nombrado Protonotario Apostólico; en 1596, por obediencia al Papa, tuvo que aceptar la Sagrada Púrpura bajo pena de excomunión si se hubiese rehusado a aceptarla, recibiendo como título cardenalicio la Basílica de los Santos Nereo y Aquiles – el antiguo y venerable Titulus Fasciolae [Título Cardenalicio de Fasciolae (“la Cinta”)] – verdaderamente elegida por él ya que, extenuante y necesitada de restauración, era rechazada por todos los demás Cardenales.

Tiempo después, por su fuerte carácter que en defensa de la verdad le surgía, tuvo un encuentro desfavorable con el cardenal Aldobrandini, sobrino del Papa Clemente VIII. Disgustado por la franqueza con la que Baronio le reprochaba sus omisiones, le recordó sus deberes para con su Familia Purpurada; Baronio respondió: “Yo nunca he buscado ni deseado la dignidad cardenalicia; por eso, sin dolor dejaré aquello que sin amor poseo. Tome su Púrpura; voluntariamente me revisto de mis pobres hábitos: nada deseo más que volver a mis hermanos y a mi celda, de la cual aún llevo conmigo la llave; quedaos para Vos vuestros honores; a mí me basta la conciencia tranquila”. Vivió con austeridad en el Vaticano y como bibliotecario de la Santa Iglesia Romana, conservando en el bolsillo la llave de su habitación en la Vallicella, donde acudía con frecuencia.

Tras el Año Santo de 1600, abrió su casa a los pobres y peregrinos, cosa que también harían otros clérigos, En el cónclave de 1605, tras la muerte del Papa Clemente fue electo el amigo “filipense” Card. Alejandro de Medici, quien durante pocos días – como le había predicho Padre Felipe – fue Papa con el nombre de León XI. También durante el cónclave, del que salió elegido el Cardenal Camilo Borghese con el nombre de Pablo V quien sería un hombre muy reflexivo, que odiaba la precipitación, por lo que la solución de los problemas avanzó con lentitud. Fue este mismo pontífice quien beatificaría a San Felipe Neri.

Padeció una grave enfermedad del estómago, por lo que fue llevado a Frascati, a la modesta casa que poseía – “Morituro satis” [“el que va a morir satisfecho”] había hecho escribir sobre la puerta – pero, sintiéndose cercano a la muerte, hizo que le llevasen a Roma, a la Vallicella, diciendo: “Vamos a morir a Roma para que “non decet Cardinalem mori in agro” [no se diga que un cardenal ha muerto en el campo]: vamos, no deseo otra cosa que morir en mi Congregación, en las manos de mis Padres”.

Sepulcro del Venerable en la iglesia de Santa Maria in Vallicella, Roma (Italia).

Sepulcro del Venerable en la iglesia de Santa Maria in Vallicella, Roma (Italia).

El 19 de junio por la noche llegaría a Roma y se le llevó el Santísimo Sacramento a la habitación; y con gran humildad pidió perdón de sus pecados, renovó “como habitualmente” las promesas bautismales y comulgó con gran devoción. Después, cantó alternativamente con el sacerdote el “Nunc dimittis” y se quedó absorto en oración. Por la mañana quiso que le llevaran a la capilla para asistir a la Santa Misa y que se celebrase todos los días en su presencia.

Proporcionó sabios consejos a Camilo Bandini. A los padres y hermanos del Oratorio les contó las penas y el agotamiento que le ocasionó el cardenalato, que se consideraba indigno de ser un simple sacerdote y les recomendó a todos buscar siempre a Dios.

Sobre su dignidad eclesiástica diría al P. Ángel Saluzzi, que le asistía: “No he tenido nunca en esta vida cosa que me haya producido más grandes molestias y dolores que el cardenalato: anótelo bien y hágalo manifiesto a todo el mundo. Verus honor est serviré Deo cum omni humilitate. Quaerite Deum, quaerite Deum. [Es un verdadero honor servir a Dios con toda humildad. Buscad a Dios, buscad a Dios]”.

Recibió la Unción de los Enfermos de manos del P. Flaminio Ricci y sus últimas palabras fueron: “¡He aquí! ¡Aquí está el momento tan esperado del gozo!: ¡muramos!”. Besó la imagen de la Virgen y las reliquias de los Santos, respondiendo a las preces como mejor podía. Rodeado de sus hermanos de comunidad expiró a las catorce horas, un sábado, 30 de junio de 1607. Celebraron sus exequias treinta cardenales con una inmensidad de fieles.

Descansa en la cripta de la Chiesa Nuova, en la humildad más absoluta, sencillísima en su elegancia, uno junto a otro en el sepulcro de la Congregación, César Baronio y Francisco Mª Tarugi, Cardenales de la Santa Iglesia Romana, esperando la resurrección en aquella comunión fraterna que vivieron en la escuela del P. Felipe: “Ne corpora disiungerentur in norte quórum animi, divinis virtutibus insignes, in vita coniunctissimi fuerant” [No serán separados los cuerpos de aquellas almas, inflamadas en virtudes divinas, que íntimamente unidas estuvieron en vida].

Emmanuel

Bibliografía:
– CERRATO, E. A., “C.O. en el IV Centenario del Venerable cardenal César Baronio, Discípulo y Primer Sucesor de S. Felipe”. Roma, 2006.

Enlace consultado (11/06/13):
http://oratoriosanfelipeneri.org

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