Venerable Saturnino López Novoa, sacerdote fundador

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

El Venerable vestido con hábito de canónigo. Estampa devocional.

El Venerable vestido con hábito de canónigo. Estampa devocional.

“La caridad hace ceder, hace esperar, hace amar”.

Infancia
En la noble e histórica ciudad de Sigüenza (Guadalajara) nació el niño Saturnino en las primeras horas del día 29 de noviembre de 1830. Era el primer hijo de los tres que llegaron a tener el joven matrimonio que formaron Julián e Ildefonsa. Al día siguiente de nacer, se le bautizó en la parroquia de San Vicente, poniéndole el nombre de Saturnino en honor al santo del día.

Trascurridos casi cinco años, Dª Ildefonsa se dispone a dar a luz a su tercer hijo, Justa, en el parto sufre complicaciones y desafortunadamente muere. Para el pequeño Saturnino este episodio fue muy triste, aunque por razones obvias no fue muy consciente del momento tan doloroso que vivía la familia. A lo largo de su vida, recordó a su madre con un inmenso cariño, solía decir que fue el germen de lo que era él, de todas sus virtudes y afectos.

Al quedar la familia sin un pilar tan importante como es la madre, Dª Manuela, tía materna de la fallecida y a su vez madre del futuro obispo de Huesca; Basilio Gil y Bueno, se hace cargo de Saturnino, desempeñado las tareas de una verdadera madre. Esta virtuosa mujer fue clave para la educación y vocación religiosa del niño Saturnino. Con diez años recibió la primera comunión y poco tiempo después empieza sus estudios de latinidad, destacando por ser un ejemplar estudiante. Educado en un ambiente familiar religioso, maduraron tempranamente sus deseos de ser sacerdote de Cristo.

Vocación
Con doce años, en el mes de septiembre de 1842, Saturnino ingresa como seminarista externo en el Seminario Conciliar de San Bartolomé de Sigüenza, afamado por ser uno de los que mejores sacerdotes formaba en España. Entre estos muros se caracterizó por ser un seminarista ejemplar, de profunda vida interior y constante en sus obligaciones. En lo referente a los estudios de filosofía y teología adquirió unos sobresalientes conocimientos. El veintiuno de junio de 1848 recibió la tonsura junto a su hermano Silverio, también seminarista. Con casi dieciocho años ya había finalizado con éxito su tercer año de estudios teológicos. En el curso 1851-1852 Saturnino termina su séptimo y último curso en el seminario, tenía entonces tan sólo veintiún años y por esa razón no podía ser todavía ordenado sacerdote: veinticuatro años era la edad que marcaban las leyes. En este transcurso de tiempo, se le confiaron los cargos de celador y subdirector del seminario, además de ser nombrado catedrático de segundo de latinidad. El día 12 de marzo de 1853 recibió las cuatro órdenes menores, el presbiterado.

El Venerable en oración ante un Crucifijo.

El Venerable en oración ante un Crucifijo.

Sacerdocio y traslado a Barbastro
En la primavera de 1853 el tío del Venerable Saturnino, Dº Basilio Gil y Bueno, fue trasladado a la diócesis de Barbastro para despeñar el nuevo cargo que le había sido confiado. Saturnino marchó a las tierras aragonesas con su tío, abriéndose para él un nuevo camino. Como su nombre empezaba a destacar en Sigüenza y en otros lugares, el anciano Obispado de Barbastro confió en él para que fuese vicerrector y catedrático de Filosofía del recién restaurado seminario de Sto. Tomás de Aquino. En Huesca ve culminados sus años de estudios y se prepara para la inminente ordenación, el 3 de marzo de 1855 fue conferido subdiácono; el 2 de junio recibió el diaconado y el 22 de septiembre fue ordenado sacerdote. Celebró pocos días después su primera misa en el Santuario barbastrense de Ntra. Sra. del Pueyo.

Como joven sacerdote se dedicó por completo a atender su parroquia, a impartir sus clases en el seminario y pero sobre todo a ayudar a su tío, el ya obispo de Huesca, del que fue su mano derecha, su amigo, su fiel colaborador, su secretario, etc. El joven Dº Saturnino obtuvo por méritos propios la canonjía titular y capellanía de la catedral de Barbastro. En esta nueva andadura se dedicó con el máximo celo a las tareas pastorales, fundando también muchas cofradías y asociaciones pías, como la Conferencia de San Vicente de Paúl, que de alguna forma hacían entrever el carisma de su futura fundación de las Hermanitas.

En 1863 se traslado de Barbastro a Huesca, por petición de su tío que lo necesitaba allí en la sede episcopal. Aquí tomo posesión de la canonjía y vistió por primera vez el hábito coral característico. También fue nombrado Chantre de la catedral. Con motivo del Concilio Vaticano I, el Venerable Saturnino viajó a Roma con su tío para asistir como secretario y consultor teólogo, mientras duró esta estancia Dº Basilio murió en la Ciudad Eterna.

Al regresar del Concilio Vaticano I, se encontró más libre de todo lo que conllevaba la burocracia de la diócesis, por esta razón se dedicó con mayor celo –si cabe- al ministerio pastoral, a la dirección de almas, a la predicación y a escribir cantidad obras pastorales, espirituales e históricas. Entre sus trabajos como historiador, escribió la historia de la ciudad de Barbastro (siendo hoy en día una obra clave para el estudio de esta ciudad).

El Venerable entregando las constituciones a Santa Teresa Jornet.

El Venerable entregando las constituciones a Santa Teresa Jornet.

Fundación de la Hermanitas de los ancianos desamparados
Como venimos diciendo a lo largo del artículo, el Venerable Saturnino destacó por ser un sacerdote coherente con su vocación, su amor a Jesús y a la Iglesia prevalecían sobre todo, pero los pobres, en los que veía el rostro de Jesús agonizante, eran su predilección, desde pequeño se esmeró por cumplir la voluntad de Dios, en los pobres y ancianos encontró la manera de servirlo fielmente.

En el año 1871, convencido de ayudar a los ancianos en soledad, establece con todo su esfuerzo una casita de las Hermanitas de los pobres (congregación originaria de Francia). No colmados sus deseos, emprende la fundación de una nueva congregación junto a unos amigos sacerdotes oscenses. Los primeros días de octubre de 1872 reúne a las cinco primeras aspirantes que deciden seguir su carisma de servir a la ancianidad desvalida de ambos sexos.

Como ya vimos en el artículo de ayer, a través del sacerdote Pedro Llacera, el Venerable Saturnino conoce a Santa Teresa de Jesús Jornet y a su hermana María. Maravillado con la rica y virtuosa personalidad de Teresa y haciendo caso a Dº Pedro, el padre Saturnino la nombra provisionalmente superiora y le hace entrega de las Constituciones que él mismo redacta. Al recibir estas reglas de vida de la naciente congregación, exclamó: “Este librito, Padre, me ha de salvar o me ha de condenar”. Finalmente, el 27 de enero de 1873 vio cumplido su ardiente deseo, la Congregación había sido aprobada, la casa del El Pueyo ya estaba recibiendo vocaciones y las diez primeras hermanas tomaban el hábito (que él mismo diseñó) este mismo día. Gracias al arzobispo de Valencia, Mariano Barrio Fernández, que vio muy necesario este nuevo carisma para su diócesis, las Hermanitas establecen la casa madre en Valencia, instalándose definitivamente el día 8 de mayo de 1873. Desde aquí echaron a andar, hasta llegar a muchos países donde están presentes a día de hoy.

El Venerable con las primeras Hermanitas. A su derecha, S. Teresa Jornet.

El Venerable con las primeras Hermanitas. A su derecha, S. Teresa Jornet.

Últimos años en Huesca y muerte
El Venerable Saturnino, después de que fundará y dejara establecidas a las Hermanitas, se retiró a Huesca, no las dejó abandonadas, sino que prefirió retirarse y dejarlas obrar por ellas mismas – les dejó el protagonismo a ellas-. No queriendo ser el centro y motivo de halago, dejó anotado: “Es santo el que es humilde; más santo el que es más humilde; y santísimo el que es humilísimo; porque tanto es uno más precioso a los ojos de Dios, cuando es más despreciable a sus propios ojos”. Él siempre estuvo en continuo contacto y dirección con las Hermanitas desde Huesca. A pesar de tener la mayor parte de su tiempo ocupado con las nuevas casas y aspirantes, siguió dedicando todos sus esfuerzos a las obras de beneficencia, como por ejemplo, la “casa de estudiantes pobres”, que fue residencia de todos aquellos chavales sin recursos. Por aquellas fechas adoptó a un niño llamado Francisco Oliván, era huérfano y, en un acto de amor sin medida, lo adoptó el día de Nochebuena. En 1885 una epidemia de cólera arrasó Huesca y Dº Saturnino puso todo su empeño, trabajo y recursos a favor de los enfermos, éste le consto el unánime reconocimiento de la ciudad, que lo quiso premiar con una notable distinción de honor, a lo que él se negó.

En las navidades de 1904 su salud va haciéndose cada día más delicada, el Venerable Saturnino es consciente que esta enfermedad es crónica (neumonía pulmonar), y que debe cuidarse. No obstante atiende todos sus asuntos y saca tiempo para escribir felicitaciones a todas las casas, la Congregación contaba en ese mismo momento con 138 fundaciones. Pocos meses después, el 12 de marzo de 1905, su vida se va apagando y a las cinco de la mañana entrega su alma a Dios en absoluta paz y rodeado de sus hijas. Tenía setenta y cuatro años. A la misma hora que murió se solía levantar todas las mañanas diciendo esta misma oración escrita por él: “He de morir y no sé cuándo, concededme Señor, por el Inmaculado Corazón de vuestra Santísima Madre y mía, que cuando llegue la hora, responda a vuestro divino llamamiento, y tenga una muerte tranquila, pacífica y santa”. Al día siguiente su entierro fue multitudinario, las Hermanas, los sacerdotes y toda Huesca lo acompañaron hasta el cementerio. Habían perdido a un padre, a un amigo y a un santo.

Sepulcro del Vble en ña Casa Madre. Fotografía: David Garrido.

Sepulcro del Vble en ña Casa Madre. Fotografía: David Garrido.

Proceso de canonización
Siete años después de su muerte, según sus últimos deseos, sus restos mortales fueron trasladados desde este cementerio a la cripta de la Casa Madre de Valencia, donde en la actualidad se encuentra. En 1974 se examinó toda su vida y obra, fue abierto el proceso de beatificación. En la diócesis de Valencia, durante tres años se sucedieron las investigaciones diocesanas, que fueron reconocidas válidamente en 2001. En 2013 tuvo lugar el congreso de consultores teólogos, que dieron un resultado positivo a esta causa. Finalmente, el Papa Francisco ha autorizado a la Congregación de la Causa de los Santos la promulgación del decreto de las virtudes heroicas, declarándolo Venerable. Ya se está estudiando un posible milagro atribuido a su intercesión.

David Garrido

Bibliografía:
– ASENJO PELEGRINA, Juan José, Saturnino López Novoa, Col. Santos, Amigos de Dios, Ed. Edibesa.
Decretum Super Virtutibus, Causa de Los Santos, El Vaticano.

Enlaces consultados (12/01/2015):
– www.aciprensa.com/noticias/etiquetas/beatificacion-siervo-de-dios-saturnino-lopez-novoa-hermanitas-de-los-ancianos-desamparados/
– es.wikipedia.org/wiki/Saturnino_L%C3%B3pez_Novoa
– www.hermanitas.net

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