San Vicente de Paul, sacerdote fundador

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Retrato del Santo.

Escribir sobre San Vicente me es muy grato ya que me recuerda mi infancia. Cuando niño, mi parroquia estaba regentada por los padres paules. Todos sabemos que San Vicente es el fundador de los Sacerdotes de la Misión (Paules), de las Hijas de la Caridad y de las Siervas de los Pobres y Damas de la Caridad.

Fue el tercer hijo del campesino Juan de Paul y nació en Pony, cerca de Dax, en Francia, el día 24 de abril del año 1581. Aunque su apellido era Depaul, esto no indica ningún origen nobiliario. Hasta los catorce años de edad solo se ocupaba de los juegos de niños y del trabajo en el campo, pero con esa edad fue al colegio de los franciscanos en Dax  para estudiar y ordenarse de sacerdote. En el colegio estuvo muy poco tiempo ya que un juez de su pueblo, mecenas suyo, se dió cuenta de su valía como estudiante y se lo llevó a su casa educándolo con sus propios hijos. Recibió la tonsura y las órdenes menores el 20 de diciembre de 1696 (con solo quince años de edad) y al año siguiente ingresó en la universidad de Toulouse para estudiar teología, siendo ordenado sacerdote con diecinueve años, el 23 de septiembre del año 1600. En Francia, en aquella época, se hacía poco caso a las prescripciones del Concilio de Trento. Ordenado sacerdote continuó estudiando en Toulouse hasta octubre del año 1604; más tarde estudió Derecho Canónico en Roma y en París.

A finales de julio del año 1605, en un viaje marítimo desde Marsella a Narbona, es apresado por unos piratas turcos, llevado a Túnez y vendido como esclavo. A los dos años recuperó la libertad huyendo en una pequeña embarcación y atravesando el Mediterráneo, arribó a la Provenza francesa el 28 de junio de 1607. Es después de esta fecha cuando fue a Roma, como he dicho antes, estableciéndose posteriormente en París formando parte de un grupo de sacerdotes que preparaban una reforma del clero francés. Aunque algunos biógrafos ponen en duda la cuestión de la esclavitud en Túnez, yo no voy a profundizar en esto por no extenderme en demasía.

En el año 1612 acepta ser párroco de Cliché, en la periferia de Paris y después de estar un año de párroco, aconsejado por el director del grupo de sacerdotes del que formaba parte, entró como preceptor del primogénito de la familia Gondi, el que sería futuro duque de Retz. Hay en este tiempo un pequeño paréntesis de seis meses, en el que estuvo de párroco en Châtillon-les-Dombes.

Cerámica votiva con la imagen del Santo. Parroquia de Santo Domingo, Lucena, Córdoba (España).

En el año 1617 funda sus dos primeras congregaciones de seglares: las Siervas de los Pobres y las Damas de la Caridad. Era párroco de Châtillon cuando le comunicaron que una familia de la feligresía estaba toda enferma y sin asistencia alguna. El recurrió a los parroquianos y así, nació la idea de formar una hermandad de personas que turnándose, cuidara de los enfermos de la parroquia y es de esta manera como nacen las Siervas de los Pobres el día 20 de agosto de 1617. Tres meses después, Vicente escribió un reglamento que se lo aprobó el arzobispo de Lyon. “Ver a Cristo en el pobre y santificarse ejerciendo la caridad personal, llevándola tanto espiritual como materialmente al mismísimo lugar donde está el pobre”.

De vueltas a París fundó numerosas hermandades similares en otros muchos pueblos. Aunque él hubiese querido que las fundaciones masculinas y femeninas trabajasen juntas, él se ocupó especialmente de dirigir a las hermandades femeninas. Las masculinas las fundó con el mismo método en París en el año 1833 Manuel Baillo, reuniendo inicialmente a siete jóvenes “universitarios de buena voluntad”, siendo el líder o alma del grupo el Beato Federico Ozanam. Así resurgieron las hermandades masculinas con las Conferencias de San Vicente de Paul.

En París, en el año 1629, las Siervas de los Pobres se denominaron Damas de la Caridad y la asociación principal fue sin dudas, la del hospital Hotel-Dieu que Vicente organizó en el año 1634. Esta fue la ayuda más valiosa que tuvo el santo para sus numerosísimas obras de caridad. Esta asociación contó con centenares de asociados de la alta sociedad parisina, entre ellas, la futura reina de Polonia, Luisa Maria de Gonzaga. La Compañía de las Damas de la Caridad tiene hoy casi un millón de miembros y están extendidas por todo el mundo. La fundación masculina, los Sacerdotes de la Misión, la creó en el año 1625. Se llaman también Padres Paules, Misioneros de San Vicente o Lazaristas. Su primera casa (Casa Madre) se llamaba “San Lázaro”.

La idea de crear esta Congregación nació en una predicación en el pueblo de Folleville, donde fueron tantas las conversiones que faltaron confesores. Algunos sacerdotes se fueron acercando a él y continuaron su ejemplo misionando de pueblo en pueblo. Fue tanto el éxito que el arzobispo de París, puso a Vicente al frente de este movimiento y les ofreció el antiguo colegio de los Buenos Niños en la calle San Víctor. Financiaba los gastos la familia Gondi. Los sacerdotes que se acercaban debían hacer vida en comunidad, renunciar a sus dignidades eclesiásticas y predicar en los pueblos. La impronta de la nueva Congregación era dedicarse eminentemente al bien espiritual de la gente pobre del campo, que estaba completamente abandonada. La Congregación de la Misión fue aprobada por el arzobispo de Paris el día 24 de abril de 1626, por el rey de Francia en mayo del año siguiente y por el Papa Urbano VIII el día 12 de enero de 1632.

Dibujo del Santo a lápiz.

Los sacerdotes de la Misión son el primer ejemplo de Congregación sin votos. Cuando San Vicente murió, solo en la Casa Madre de San Lázaro había más de ochocientos cuarenta misioneros. Hoy son más de diez mil y están por todo el mundo.
La tercera fundación fue la de las “Hijas de la Caridad”. Originariamente eran muchachas del campo deseosas de consagrarse al servicio de los pobres. Posteriormente, Vicente pensó confiar a estas jóvenes a Santa Luisa de Marillac para que las instruyese y las preparase mejor al trabajo de asistencia a los pobres. Las primeras aspirantes fueron recibidas por Santa Luisa en su casa el día 29 de noviembre del 1633 y al año siguiente ya eran doce: la idea de formar una nueva comunidad había tomado cuerpo. A la muerte de San Vicente ya contaban con cincuenta casas. Vicente no quiso que las Hijas de la Caridad fuesen religiosas en sentido estricto: “Tendréis por monasterio las casas de los enfermos y la de la superiora, por celda una cama, por capilla la parroquia, por claustro las calles de la ciudad, por clausura la obediencia y por velo, la santa modestia” Era un intento nuevo, no existían las comunidades de vida activa. Hacen votos simples que renuevan cada año.

La aprobación jurídica fue dada en el año 1646 por el arzobispo de Paris y en 1668 por la Santa Sede, ocho años después de la muerte de Vicente. Se ocuparon de los enfermos en hospitales, de los huérfanos, de los ancianos, de los heridos en los campos de batalla, etc. Hoy en día, las Hijas de la Caridad son la familia religiosa más numerosa de la Iglesia Católica.

Pero Vicente hizo aun mucho más. Fue uno de los más eficaces reformadores del clero francés en el siglo XVII, inició la costumbre de que los que se iban a ordenar hiciesen antes los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, organizó en 1633 las llamadas “Conferencias de los martes” en las que semanalmente, se reunían los sacerdotes para revisar si vivían santamente su sacerdocio. Tuvieron tanta resonancia que Richelieu le solicitaba nombres de sacerdotes para ser elegidos obispos. Lo mismo hizo el rey Luís XIII. Hizo que los seminarios volviesen a las normas del Concilio de Trento. Los miembros de su Congregación empezaron a regir los seminarios de diversas diócesis.

Fue llamado por la reina Ana de Austria para formar parte del llamado Consejo de Conciencia o Congregación de los asuntos eclesiásticos. Presidido por el cardenal Mazzarino, este Consejo se ocupaba especialmente de la elección de obispos y de la distribución de ciertas ayudas. Fue activo luchador contra el Jansenismo, que se propagaba por Francia. Reformó la predicación barroca de su tiempo, difundiendo un particular método que hacia más simple y eficaz la predicación. Este método consiste en buscar y proponer la virtud como argumento, su naturaleza y los motivos y medios más oportunos para practicarla. Los miembros de las “Conferencias de los martes” fueron los encargados de difundir esta técnica oratoria.

La caridad fue su campo específico de acción: con los prisioneros, con los que se embarcaban como remeros en las galeras, con los esclavos (en Túnez), con los hijos de madres solteras que eran muy despreciados como bastardos, con los niños, los abandonados, los ancianos, los mendigos, con los que sufrían los saqueos en las guerras, etc.

Sepulcro del Santo.

San Vicente estuvo durante más de diez años bajo la dirección espiritual del cardenal Bérulle, influyendo el cardenal tremendamente en Vicente. También fue gran amigo de San Francisco de Sales, influyéndole su humanismo y fue gran admirador del ascetismo de San Ignacio de Loyola. Sustancialmente, San Vicente de Paul era un moralista y un asceta, no era un místico. Es característico del espíritu vincenciano, la simplicidad, la humildad, la mansedumbre, la mortificación y el celo por la salvación de las almas, lo que él llama en la Regla de su Congregación: “Las cinco piedras de David”. Murió en el año 1660, con setenta y nueve años de edad, el día 27 de septiembre a las cuatro de la madrugada.

El proceso de beatificación se inició en Paris el día 5 de enero de 1705. El Papa Benedicto XIII lo declaró Venerable el 22 de septiembre de 1727. El decreto de beatificación fue publicado el 13 de agosto de 1729 y fue canonizado ocho años más tarde, por el Papa Clemente XII, el día 16 de junio de 1737. Aunque su fiesta se estableció el día 19 de julio, en el nuevo calendario para la Iglesia Universal promulgado por el Papa Beato Pablo VI, se pasó al día 27 de septiembre, fecha de su muerte. Fue declarado patrono universal de las obras de caridad por el Papa León XIII en 1885.

Sus restos mortales, revestidos con los ornamentos sacerdotales se conservan en la capilla de la Casa Madre en París. Su corazón, puesto en un relicario de plata, está expuesto en la capilla de la Virgen Milagrosa. Monseñor Abelly que fue su primer biógrafo, dice que era de estatura media, de cabeza un poco calva y grande pero bien proporcionada al resto del cuerpo, la frente larga y majestuosa, la cara ni grande ni pequeña; su mirada era dulce, la vista perspicaz y aguda, el oído muy fino; grave en su porte pero benigna su gravedad, de simple y franco comportamiento, afable en su manera de acoger y de una naturaleza buena y amable. Era de temperamento sanguíneo y de robusta y fuerte complexión.

De San Vicente no existe ningún retrato y para pintarlo se recurrió a una estrategia: un pintor llamado Simon François se coló en San Lázaro, lo observó sin ser reconocido y posteriormente, en su gabinete, lo pintó. Se llevó varios años para terminar el retrato.

Para preparar esta artículo nos hemos basado en las Constituciones de la Congregación de la Misión, en “Las conferencias a los Misioneros e Hijas de la Caridad” y en la biografía de Monseñor Luís Abelly obispo de Rodez, así como en alguno de los textos de su Causa de beatificación.

Antonio Barrero

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