El Viernes de Dolor en México

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Nuestra Señora de los Dolores, óleo/tela, anónimo novohispano, siglo XVIII, en este cuadro se aprecia a la Virgen dolorosa traspasada por una espada en recuerdo de la profecía de Simeón.

La devoción a Nuestra Señora de los Dolores se difundió especialmente por las visiones de Santa Brígida de Suecia y posteriormente gracias a la Orden de los Siervos de María fundados en el siglo XIII, pero no es hasta 1413 que el Sínodo de Obispos reunidos en Colonia, Alemania deciden dedicar el sexto viernes de Cuaresma a recordar los dolores de la Virgen María. Durante el siglo XVII la Compañía de Jesús y en especial el padre José Vidal promueven la devoción a los Dolores de la Virgen María. Hacia 1960 con S.S. el Beato Pablo VI se suprime esta fiesta del sexto viernes de cuaresma y se traslada la conmemoración de la Virgen Dolorosa para el 15 de septiembre, fecha cercana a la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre) pero a pesar de este traslado se permite en los lugares que la conmemoración del Viernes de Dolores sigue teniendo mucha devoción se realice una única misa con la liturgia de la Virgen de los Dolores del 15 de septiembre.

Los siete dolores de la Virgen que tradicionalmente se recuerdan se relacionan con episodios de la vida de Cristo y son:
1.- La profecía de Simeón en el Templo
2.- La huída a Egipto
3.- El niño Jesús perdido y hallado en el templo
4.- El encuentro de María y Jesús en el camino del Calvario
5.- María al pie de la Cruz de Cristo en el Calvario
6.- María recibe a Cristo muerto en su regazo
7.- La sepultura de Cristo.
Es común ver que iconográficamente a la Virgen de los Dolores se le represente con un puñal o con siete puñales o espadas atravesando su pecho y su inmaculado corazón en recuerdo de estos siete dolores y con lágrimas en los ojos. En otras ocasiones portando la corona de espinas o los clavos en las manos, aunque esto es más común en su advocación de Virgen de la Soledad o al pie de la cruz.

Durante la época colonial se popularizó la costumbre de poner en los templos y posteriormente en las casas un altar dedicado a la Virgen de los Dolores; se piensa que posiblemente el ya citado padre José Vida S.J. fuera quien introdujera esta tradición. En el siglo XIX nos narra García Cubas que el Viernes de Dolor era un gran acontecimiento que comenzaba en las primeras horas del día con el toque de diana a lo que la gente se levantaba para ir a diversos mercados a comprar las flores que utilizarían en la elaboración y adorno del altar a la Virgen. Las festividades de la Dolorosa se difundieron especialmente en esta época por considerarla patrona del hogar, abogada de las aflicciones domésticas y defensora de la honra familiar.

Altar de Dolor dedicado a la Virgen Dolorosa donde se aprecian el tapete de semillas y aserrín con símbolos de la pasión, fotografía y elaboración del altar cortesía de Alberto Rosher.

La festividad del Viernes de Dolor se comienza a preparar mucho antes de que inicie la Cuaresma, pues el día 2 de febrero festividad de la Presentación del Señor y la Purificación de la Virgen se llevan a bendecir al templo junto con las imágenes del Niño Jesús (sobre lo que ya se escribió anteriormente en el articulo Día de Reyes y la Candelaria en México) diversas semillas recordando la profecía de Simeón en el Templo a María diciéndole: “y a ti una espada atravesará tu alma” (Lc 2,35.), las cuales se pondrán en macetas o recipientes de barro con diversas formas en especial forma de pino con hendiduras que servirán de adorno en el altar de dolor y se cuidaran durante el tiempo que dura la cuaresma hasta el Viernes de Dolor a que retoñen las semillas. Algunas serán guardadas en la oscuridad para que las plantas por la ausencia del sol se tornen de un color amarillo y al ser expuestas en el altar y reciban los rayos del sol poco a poco tomen su color verde haciendo alusión a un tipo de paso de la muerte a la vida y a la resurrección de Cristo. Los recipientes como ya mencioné eran en forma de pino para que al retoñar las semillas tomaran una forma de un ciprés que es un símbolo de la Virgen María.

Con algunos días de anticipo también se comienzan a preparar diversas aguas de sabores con colores muy distintivos, también preparados algunos con semillas como la chía o con flor de Jamaica, también de horchata y el agua de limón. Estas aguas se pondrán en el altar recordando las lágrimas de la Virgen y se endulzan porque aun siendo lágrimas de dolor son dulces por venir de la Virgen María; se ponen en siete vasos recordando sus siete dolores y los diversos colores evocan varios significados: de este modo el rojo recuerda la sangre de Cristo, el purpura la cuaresma, la penitencia, la blanca horchata la pureza de la Virgen, el agua de tamarindo de color café recordaba el vinagre que le dieron a beber a Cristo en la cruz, también había otros colores que se lograban con algunas reacciones químicas como el azul que recuerda a la Inmaculada Concepción de María o el verde que recuerda la esperanza. Estas aguas preparadas también se ofrecerán a los invitados que visiten el altar de la Virgen en este día y al llegar a visitarlo la persona que llega debe preguntar “¿Ya lloró la Virgen?” para que le den un vaso de agua y al momento de entregárselo el anfitrión debe decirle “Aquí lloró la Virgen”, del mismo modo también se ofrecen nieves de sabores.

Altar del Viernes de dolor donde se observan las aguas de sabores y diversos elementos del altar.

Para montar el altar se utilizan mesas y cajones pues tradicionalmente se debe elaborar en tres niveles recordando las tres caídas de Cristo en el Vía Crucis [1] aunque esto puede variar dependiendo la región o la posibilidad de la familia pueden ser menos escalones o más. En algunos lugares los ponen de siete niveles recordando los dolores de María, se pone una cortina blanca o de algún otro color en referencia con la cuaresma, el luto, la sangre de Cristo o la pureza de María y en el nivel más alto del altar se pone el cuadro o la imagen de la Virgen de los Dolores y sobre ella un crucifijo. En los diversos niveles del altar se ponen siete naranjas agrias recordando el dolor de la Virgen por la muerte de Cristo y en la naranja se ponen banderitas en colores oro y plata que simbolizan al sol y la luna, Cristo y María respectivamente. En algunos lugares se acostumbran que sean 14 banderas haciendo alusión a las estaciones del Vía Crucis [2] y también se suelen poner algunas otras frutas, como recuerdo de los frutos de la redención. Como ya se menciono se ponen semillas y los sembrados que se han cuidado durante todo este tiempo; esto es en relación a cierta costumbre prehispánica hacia la fertilidad de la tierra de ofrecer los frutos de estas a sus antiguos dioses queriendo con esto pedirle buenas cosechas a Dios por intercesión de María. Se ponen semillas o espigas de trigo recordando a la Eucaristía y doce velas o cirios al pie del altar o dispersos en el altar recordando a los doce apóstoles.

Asimismo, se ponen lámparas de aceite que se encienden recordando que Cristo es la luz; estas lámparas se suelen poner detrás de las aguas de colores para que al encenderse creen un bello efecto de luz de colores, esta iluminación le ganó a los altares de dolores ser conocidos en el siglo XIX como “incendios” por la luminosidad que despedían. En algunos hogares se acostumbraba exhibir en el altar todas sus vajillas o cubiertos de plata como símbolo de que María es tan pura como la plata fina; en las familias de escasos recursos y que no tenían objetos de plata se comenzó a poner simbolizando lo mismo, esferas de azogue de enorme tamaño en diversos colores sobre jarrones muy similares a la esferas que se cuelgan en el árbol navideño; en la parte de abajo del altar se acostumbra hacer un tapeque con semillas y aserrín pintado por lo general con el monograma de la Virgen o con el corazón traspasado con los siete puñales o algún dibujo en alusión a la Pasión.

Altar de Dolor en una casa del estado de Guanajuato con la curiosa tradición de la "tendida o acostada de los Cristos".

Se acostumbra poner diversas flores como las rosas por ser María la rosa mística, las azucenas o flores blancas por la pureza de la Virgen, flores rojas que recuerdan la sangre de Cristo, flores moradas que recuerdan la cuaresma y la luto de la Virgen. En algunos lugares también se pone un espejo en símbolo de que María es el espejo de justicia, del mismo modo se ponen otros elementos de acuerdo a la imaginación recordando los símbolos de la pasión, de la redención o de la Virgen María, como manzanas y la figura de Adán y Eva por el pecado original y por la redención que vino por María, la Santa Faz recordando el calvario, la lanza, etc.; es común ver adornados los altares con papel picado en diversas formas en especial simbolizando los dolores de María y por lo general el papel debe ser en colores blancos por la pureza, morado por la penitencia o negro por el luto de la Virgen.

Por las tardes durante el siglo XIX era común tener invitados con los cuales hacer el rezo del rosario y posteriormente las familias de más dinero realizaban una misa en sus casas a la cual asistían hombres y mujeres de riguroso negro y se entonaban cantos dedicados a la Dolorosa, en especial el Stabat Mater, se acostumbraba dar alimentos a los asistentes y las ya mencionadas aguas de sabores. Habían muchos que iban de casa en casa visitando altares para probar los diversos platillos cuaresmales que se preparaban y el sabor de las aguas preparadas en cada casa; las familias de menos recursos acostumbraban ir a los diversos templos donde se montaba el altar a escuchar la misa del día dedicada a la Virgen de los Dolores y también se acostumbraban devociones como el rezo de la coronilla de los siete dolores o la meditación de estos.

En algunos estados del país se acostumbra después del Viernes de Dolor, no quitar el altar y se realiza otra curiosa tradición conocida como “la tendida o acostada de los Cristos” la cual consiste que en una mesa en la que se usó para el altar de dolor muchas veces, sobre flores y otras hierbas se recuesta un crucifijo recordando el Santo Entierro y simulando una especie de velorio a Cristo muerto esperando su resurrección. Con esto se repite la tradición de la gente que pasa a venerar la imagen del Cristo muerto como antes lo hicieran con la Virgen dolorosa.

Altar de dolor donde se aprecian las plantaciones de las semillas bendecidas el día de la Candelaria. Fotografía y elaboración del altar, cortesía de Saúl Legazpi.

Debo recordar que tanto los elementos como el significado de los mismos pueden variar. Esta tradición del altar de dolor actualmente en México se celebra únicamente en el centro del país y en algunos estados del norte, y desgraciadamente cada vez son menos los hogares y templos que los instalan; esta disminución en la tradición puede deberse en primer lugar a la supresión hecha de la memoria del Viernes de Dolor para darle más énfasis a la del 15 de septiembre; lo que propició que en muchos templos esta tradición quedara en el olvido y que ya no se hable en absoluto de ella, así como el aumento de religiones protestantes y la misma antipatía de los creyentes, sumado a que además la devoción a la Virgen Dolorosa siempre tuvo más devotos en estas regiones del país donde existen diversos templos y santuarios dedicados a ella, a diferencia del sureste mexicano donde es una advocación poco venerada.[3]

Lic. André Efrén Ordóñez Capetillo

BIBLIOGRAFÍA:
– García Cubas, Antonio, “Viernes de Dolores”, en Altamirano, Ignacio Manuel et. al., “Leyendas y costumbres de México”, México, Editorial Valle de México, s/E, s/a.
– Cedillo Vargas, Reina A., “El altar de Dolores rescate arqueológico de una tradición mexicana”, en Arqueología Mexicana, revista bimestral, México, Vol. XV, Núm. 90, marzo-abril de 2008.
– Iglesias y Cabrera, Sonia, “La Semana Santa en México con la muerte en la cruz”, México, CONACULTA, primera edición, 2001.
– N/N, “Las fiestas tradicionales de México”, México, Selector, primera edición, 2009.
– Parra Sánchez, Tomás, “Diccionario de los Santos”, México, San Pablo, cuarta edición, 2002.


[1] Los significados del altar siempre tienen relación con la pasión de Cristo o con la Virgen.
[2] Los números y la cantidad de elementos pueden variar del mismo modo dependiendo de la región o la costumbre del lugar.
[3] Lo que ha sucedido en mi caso que al residir en el sureste de México esta hermosa tradición del altar de Dolor me era totalmente desconocida y ajena hasta hace poco tiempo, y aun actualmente y a pesar de este articulo aun me sigo considerando bastante ignorante en varios simbolismos y tradiciones alrededor de esta tradición la cual en mi ciudad no existe.

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