El Oficio de Tinieblas

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Ilustración contemporánea del Calvario.

Ilustración contemporánea del Calvario.

El llamado Oficio de Tinieblas o Tenebrae es en la actualidad muy poco conocido, ha quedado como un recuerdo de los antiguos esplendores de la liturgia romana, pero a pesar de esto se le ha querido recuperar adaptándolo a la liturgia reformada o retomando su antiguo ritual de 1962. Este oficio corresponde a los maitines y laudes del jueves, viernes y sábado de la Semana Santa.

Antecedentes litúrgicos
Para conocer el contexto del oficio de Tinieblas hay que tener en cuenta el precedente de la actual Liturgia de las Horas, es decir el antiguo breviario romano.

El Breviarium Romanum es el libro de oraciones del clérigo que consistía en el rezo de los 150 salmos cada semana con ciertas antífonas, lecturas y oraciones, todo repartido en 8 momentos u horas litúrgicas: Maitines, Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completa. El omitir su recitación era considerado pecado, sin una causa justificable, hasta los tiempos del Beato Pablo VI.

Diviserunt sibi vestimenta mea (Antífona)

Con la reforma litúrgica el breviario desapareció y dio lugar a la Liturgia de las Horas que reparte los salmos en cuatro semanas. Maitines fue sustituido por el Oficio de Lectura el cual se vio enriquecido con lecturas más extensas y disminución de salmos. El oficio de Prima fue suprimido junto con la lectura del martirologio. Esto a fin de que las horas quedaran en el simbólico septenario.

Al haberse suprimido el rezo de los Maitines, el Oficio de Tinieblas en Semana Santa desapareció. En algunos lugares quiso reavivarse “Tenebrae” al hacer adaptaciones de la Liturgia de las Horas, no siempre de manera exitosa, para este oficio anual de la Semana Mayor.

Después de Summorum Pontificum, en 2007, el breviario ha regresado con igualdad de derechos que la Liturgia de las Horas y prueba de ello son las constantes y agotadas ediciones que se están realizando para satisfacer la demanda de estos libros tanto en clérigos como en seglares. Desde 2008 el Oficio de Tinieblas ha renacido.

Los oficios de la Semana Santa
Los oficios litúrgicos tradicionales alrededor de la Semana Santa están llenos de significados que acentúan el dolor por la muerte de Cristo, siendo al mismo tiempo esperanzadores al fijar la mirada en el triunfo del Redentor tanto en la Cruz y como en su resurrección. El Himno Vexilla Regis recuerda a la cruz en el contexto de triunfo más que de derrota.

En el contexto del Oficio de Tinieblas debe tenerse en cuenta la liturgia anterior al Beato Pablo VI, ya que sin esta referencia no se puede entender. De aquí en adelante se tratará de exponer lo referente a las ceremonias de esta liturgia hoy caída en desuso, pero no extinta.

Fotografía de la Prisión de Jesucristo en Jerusalén (Israel), donde dice la tradición que estuvo encadenado.

Fotografía de la Prisión de Jesucristo en Jerusalén (Israel), donde dice la tradición que estuvo encadenado.

Desde las primeras Vísperas del domingo anterior al Domingo de Ramos, llamado “Primer Domingo de Pasión”, las imágenes de la Iglesia son cubiertas con velo morado, incluso la cruz del altar. Solamente el Jueves Santo, a causa del gozo eucarístico, la cruz del altar es cubierta con velo blanco. Este signo litúrgico de la velación acentúa el hecho de la proximidad a “la hora” del Redentor. El nombre del Domingo de Ramos corresponde entonces a “II Domingo de Pasión”. El tiempo de Pasión va aún más lejos al eliminar las doxologías (alabanzas finales en honor a la Santísima Trinidad), en especial el Gloria Patri en todos los oficios litúrgicos. Aparece el himno Vexilla Regis, arriba mencionado, un canto egregio a la Cruz del Salvador.

El Domingo de Ramos una jubilosa procesión vitorea a Cristo Rey con palmas, el ministro viste de rojo durante la procesión de los ramos, rica en símbolos e himnos: Pueri hebraeorum, Gloria Laus y otros. La Misa que sigue a la procesión triunfal retoma los “ornamentos” morados y el canto de la Pasión según San Mateo; con ello se cierra el paréntesis que se abrió con la procesión de las palmas y comienza la Semana Mayor.

El Lunes Santo el evangelio narra la intención de matar a Jesús por parte de las autoridades judías. El Martes y Miércoles Santos se lee la Pasión según San Marcos y San Lucas respectivamente. En el breviario todo sigue igual en sus ocho horas litúrgicas, salvo la eliminación de las doxologías como se dijo.

Rezando en la oscuridad
Ahora llegamos al núcleo de nuestro interés: el Oficio de Tinieblas. Este oficio sustituye al rezo normal de los maitines y laudes del Jueves, Viernes y Sábado Santos ya que dentro de la ceremonia están incluidos. Normalmente en estos tres días hay oficios solemnes y mucha actividad en las iglesias y por tal motivo la oración se anticipaba a la noche anterior a fin de que en la mañana hubiese tiempo para la preparación y celebración de las acciones litúrgicas. Al rezarse en la noche y a la luz de las velas el oficio recibió el nombre de Tenebrae, es decir de las tinieblas.

Lo que fue una costumbre generalizada por practicidad términó constituyéndose en una tradición en toda la Iglesia. Los monasterios aún continúan rezando este oficio en la mañana del día que le corresponde sin anticipación nocturna. Debido a esta anticipación de la oración muchos creían que el rezo correspondía a los días Miércoles, Jueves y Viernes Santo, pero los rituales son claros en expresar el día correspondiente al oficio. Cabe aclarar que la iglesia prefiere la celebración de los oficios con luz y aún se mantiene la prohibición de celebrar Misa y oficios litúrgicos en la oscuridad: No solo los cirios que iluminan el altar sino el espacio celebrativo debe estar iluminado.

La Vigilia Pascual o lucernario se realiza, en su primera parte, a oscuras pero al entrar el Cirio Pascual a la Iglesia la iluminación se hace presente, por lo que la parte final de la Vigilia y la Misa se realizan con iluminación y no con velitas. El oficio recibió el nombre no tanto por la oscuridad de la Iglesia sino de la noche en que se anticipaba la oración o la madrugada en que se rezaba, además de que la iluminación anteriormente dependía del número de velas y lámparas con que se contaba.

"La Pietà", conjunto escultórico de la Virgen con Cristo muerto, obra de Michelangelo Buonarrotti (1498-99). Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

«La Pietà», conjunto escultórico de la Virgen con Cristo muerto, obra de Michelangelo Buonarrotti (1498-99). Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

La particularidad de este oficio, cuando es rezado en coro, recae en los rituales según las diversas tradiciones de rito romano. Se tratará de explicar los diversos signos y rituales de este oficio litúrgico.

En estos días los salmos no finalizan con la doxología Gloria Patri como en todo el tiempo de Pasión. No hay himnos, no hay bendición final, el tono de las antífonas y responsorios es de dolor. La sobriedad del recinto, el altar desnudo en Viernes y Sábado Santo, las imágenes cubiertas y el mismo ambiente en la ceremonia es una invitación a la contemplación y meditación de los misterios de la salvación. Solo viviendo la experiencia del Oficio de Tinieblas puede entenderse esta realidad con sus evocadores signos litúrgicos.

Al respecto comparto la respuesta que me dijo un benedictino cuando le pregunté cómo le había parecido la película “La Pasión de Cristo” producida por Mel Gibson. Él sólo me respondió: “Tenemos la liturgia”. Personalmente al estudiar el oficio de tinieblas no sólo en su traducción e historia, sino en experiencia consiente pude constatar la realidad de una liturgia que expresa los sentimientos con signos muy claros. Así como la Vigilia Pascual poco a poco nos lleva a la expresión de júbilo por la resurrección, de igual manera el Oficio de Tinieblas, en sus rituales, propicia una verdadera contemplación del misterio de la Cruz y el dolor del alma fiel ante el redentor sufriente; en ambas realidades está presente la luz: en Tinieblas como símbolo esperanzador entre el duelo y la muerte, en Pascua como alegría festiva por la presencia del Resucitado. La luz, signo de incorrupción, es también testimonio de la fe como don divino cuyos misterios se expresan fuertemente en los días santos de la Pascua.

Aunque el Oficio se recite en latín, con la inclusión del alfabeto hebreo en el canto de las Lamentaciones, usualmente los libros tienen una traducción de todas las oraciones y lecturas para el estudio de la liturgia y para facilitar a las personas la comprensión de los textos.

Vista de un tenebrario con las 15 velas encendidas.

Vista de un tenebrario con las 15 velas encendidas.

El tenebrario
En la oscuridad de la iglesia aparece a un lado del altar, nunca como elemento central, un candelabro triangular con 15 cirios amarillos, es el tenebrario o tenebrarium; su uso se remonta al menos hasta el siglo VII. El número de 15 velas fue fijado en tiempo de San Pío X en 1915 ya que anteriormente las velas llegaron en diversas épocas incluso a las 72. Los tenebrarios tradicionalmente son triangulares pero existen también en forma circular, en caso de que funjan como candil pendiente del techo. El número de velas corresponden a los salmos que se van cantando durante el oficio, 9 para Maitines y 8 para Laudes.

No es la única iluminación en la Iglesia y que también están encendidos los cirios del altar y las luces del coro que facilitan la visión de los textos, por tanto la iglesia no se encuentra totalmente en oscuridad.

A las velas se les quiere dar la interpretación de los 11 apóstoles, sin Judas el traidor, más las tres Marías junto con la Santísima Virgen para dar el número 15. Al finalizar cada salmo una vela se apaga, intercalándose de izquierda a derecha; es el aparente triunfo de las tinieblas sobre la luz y de allí que al apagarse las velas se simboliza que se va apagando la fe de los 11 apóstoles fieles y de las tres Marías. La vela 15 que permanece encendida representa a la Virgen María, según una interpretación piadosa, debido a que ella no dudó de la resurrección de Cristo. Este apagar de las velas al final de cada salmo se remonta al siglo V.

Después de cierto número de salmos hay responsorios cuyo canto es patético precisamente para expresar el duelo por la pasión de Cristo. Las lecturas de Maitines son tomadas del libro de las Lamentaciones del profeta Jeremías cuyo canto no puede más que definirse como el de un alma quebrantada por un dolor profundísimo. Se incluyen además otras lecturas bíblicas.

Incipit lamentatio Ieremiae prophetae

Al terminar el rezo queda aún un cirio encendido en el tenebrario. Hay varios rituales para concluir. En la tradición monástica durante las últimas estrofas del Benedictus (Cántico de Zacarías) se van apagando progresivamente también las velas del altar y las pocas luces del templo si es que las hay. El oficio termina en un silencio sepulcral en total oscuridad con la única excepción de la vela decimoquinta del candelabro.

En el rito romano la costumbre es diferente. Acabado el rezo de Laudes y una vez apagadas las luces del altar sigue el canto del Miserere o Salmo 50 durante cual el último cirio se oculta tras el altar simbolizando así la sepultura de Cristo y la esperanza de la Iglesia en la resurrección. Terminado el Salmo el director del oficio comienza a hacer ruido con el libro que tiene en sus manos o con las tradicionales carracas y matracas de madera, lo secunda el clero y los fieles en este ruido que simula los fenómenos naturales acaecidos a la muerte de Cristo. La vela encendida sale nuevamente con la luz de la esperanza en la resurrección y a una señal del director, el ruido cesa. La luz perdurable vendrá con la alegría Pascual.

A este ruido en las tinieblas del recinto sacro luego se le añadieron gritos, gemidos y ayes, incluso palabras altisonantes, no generalizadas, que dieron pie a abusos de quienes aprovechaban este triduo de oración para ir a gritar a la Iglesia. Actualmente con la renovación litúrgica solo el ruido de los libros y de las carracas son permitidos en el rezo litúrgico, desprovisto ya de folclor secular y manteniendo la tradición de los signos de esta oración: Solemne austeridad, tristeza en el canto, esperanza en el dolor, oscuridad, ruido y silencio.

La oración termina con la siguiente sentencia de Filipenses 2: 8-9.

Cristo por nosotros se hizo obediente hasta la muerte,
Incluso muerte de cruz,
Por lo cual Dios le ha exaltado y le ha dado el nombre que es sobre todo nombre.
Christus factus es pro nobis obédiens usque ad mortem,
Mortem autem crucis.
Propter quod et Deus exaltávit illum: et dedit illi nomen, quod est super omne nomen.

Christus factus es pro nobis obédiens usque ad mortem

En el oficio del jueves se entona solo la primera parte, el viernes se añade la segunda y el sábado se entona completo.

Nuevas expresiones litúrgicas
Debido a la desaparición casi completa del breviario y por tanto del Oficio de Tinieblas se intenta en algunos lugares la adaptación de la Liturgia de las Horas con algunas particularidades al oficio mencionado. No hay cantos lúgubres en nota gregoriana, no se omiten los himnos y doxologías (Gloria Patri) que maneja la Liturgia de las Horas y se tiende a juntar todas las horas litúrgicas en este oficio. Por una tradición litúrgica se omiten las Vísperas del Jueves y Viernes Santo además del Oficio de Lectura y Completas entre el Sábado Santo y el Domingo de Pascua. Estas omisiones optativas son debido a que los oficios litúrgicos de estos días sustituyen la obligación del rezo litúrgico.

Al existir una cierta nostalgia por las tradiciones aparentemente abolidas se tendió a continuar la costumbre multisecular extrapolando la reforma litúrgica al oficio de tinieblas. De allí que a partir de la Semana Santa del 2008 el Oficio de Tinieblas tradicional reaparece.

Vexilla Regis

Poncho

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Las reliquias de la Pasión de Cristo

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La Crucifixión, óleo del pintor danés Carl Heinrich Bloch (s.XIX).

Desde los primeros siglos del cristianismo, el culto a las reliquias ha estado siempre muy extendido tanto en Oriente como en Occidente. Primero se veneraron las reliquias de los mártires sobre las cuales se celebraba la Eucaristía, pero desde que Santa Elena, en el año 320, descubrió la supuesta cruz en la que fue clavado nuestro Salvador, la veneración a las reliquias de la Pasión de Cristo fue tomando cada vez mayor auge en toda la cristiandad. Sin embargo preguntémonos si Santa Elena sabía “donde debería excavar para encontrar las reliquias que buscaba”.

En el año 132 se prohibió a los judíos la entrada en Jerusalén, la cual había sido destruida en el año 70 y reconstruida posteriormente. Sobre la explanada del Antiguo Templo se había levantado una estatua de Adriano y sobre el Calvario y el Santo Sepulcro, un templo a Afrodita. Si Adriano construyó allí un templo a Afrodita fue porque quiso extirpar el primitivo culto cristiano rendido en aquel lugar. Los cristianos, a través de la sucesión apostólica de Santiago que fue el primer obispo de Jerusalén tuvieron conocimiento de forma ininterrumpida del lugar exacto donde estaba ubicado el Calvario y el Santo Sepulcro y esto nos queda confirmado por los escritos de San Jerónimo, San Eusebio, Sozomeno, Melitón de Sardes, Alejandro de Capadocia, Orígenes y otros muchos autores cristianos de los primeros siglos. Por eso, cuando los mensajeros de Santa Elena llegaron a Jerusalén, sabían exactamente dónde tenían que buscar y lo hicieron.

San Eusebio de Cesarea, que fue testigo ocular, dice: “Cuando estrato tras estrato, apareció el nivel más bajo del terreno, se nos ofreció a la vista el santísimo santuario de la resurrección del Señor y la caverna, que es el lugar más sagrado que exista en el mundo, recobró el mismo aspecto que tenía cuando resucitó el Señor”. Identificaron el sepulcro vacío a treinta y ocho metros de distancia del Calvario y comprobaron que coincidía con las descripciones que a ellos se les había transmitido de manera oral.
Diversas excavaciones arqueológicas realizadas a finales del siglo XIX y en los años setenta del siglo XX han confirmado la topografía original del Calvario así cómo las sucesivas construcciones realizadas sobre él. Hasta aquí, todo parece histórico y exacto: el Santo Sepulcro está sobre la tumba de Cristo y Santa Elena ordenó excavar en el lugar correcto.

Detalle del lignum crucis venerado en el monasterio de Santo Toribio de Liébana, España.

Apenas transcurridos veinte años de lo realizado por Santa Elena y viviendo aun muchos de los testigos oculares, aparecen los primeros escritos relatando esta historia del descubrimiento del Sepulcro y de la Santa Cruz y es a finales del siglo V, cuando Sozomeno, por primera vez, rechaza las “exageraciones” que sobre este tema escribieron algunos autores, lo que supone que desde un principio esta cuestión se vio abocada a sufrir añadidos devocionales, poco históricos.
San Ambrosio, arzobispo de Milán que vivió en el siglo IV, en su obra “De obitu Theodosii” dice textualmente: “Llegó Elena y comenzó a visitar los lugares santos. Entonces el Espíritu de Dios le sugirió buscar el leño de la cruz. Fue al Gólgota e hizo excavar y aparecieron tres instrumentos de martirio que yacían desordenados, sepultados bajo los escombros, escondidos del enemigo, pero el triunfo de Cristo no podía permanecer sepultado en las tinieblas”.

Nadie pone en duda la autenticidad y veracidad de los escritos de San Ambrosio, pero es verdad que ya aquí empieza la primera discrepancia en cuanto a lo sucedido, porque mientras Teodoreto de Ciro y Rufino de Aquileia cuentan el hecho milagroso de poner a un enfermo sobre las tres cruces hasta que en una sanó, San Ambrosio dice que “la cruz de Cristo fue reconocida porque tenía unido a ella el “titulus crucis” (lo que llamamos el INRI) mientras que las otras dos no tenían inscripciones”.

Santa Elena se marchó de Jerusalén en el año 325 y dispuso que las reliquias encontradas se distribuyesen entre Jerusalén, Constantinopla y Roma y todo esto queda atestiguado por San Cirilo de Jerusalén, San Juan Crisóstomo y San Gregorio de Niza (siglo IV) y San Paulino de Nola a principios del siglo V. Asimismo, ordenó construir la llamada “Basílica del martyrium” en aquel lugar y no por el hecho de descubrirse allí el Sepulcro, sino por haberse descubierto allí la Cruz y una prueba de ello es que la consagración de la Basílica no se hace en el día de Pascua sino en el mes de septiembre.

Pero los restos de la presunta Cruz de Cristo sufrieron diversas vicisitudes a lo largo de la Edad Media, tanto en Jerusalén (que fue desvastada por los persas en el siglo VII), como en Constantinopla (donde los cruzados la destruyeron y saquearon en los siglos XII y XIII) y en Roma (saqueada por los godos), luego los diversos y numerosos trozos que hasta nosotros han llegado ¿pertenecen a la Cruz encontrada por Santa Elena aunque diéramos esta por auténtica?

Mesa de la Última Cena venerada en la Basílica de San Juan de Letrán, Roma (Italia).

Sobre la autenticidad de estas supuestas reliquias se ha escrito en demasía, sobre todo recientemente, cuando se han puesto en entredicho muchas afirmaciones rotundas de autenticidad, que sin más ni más se daban por ciertas por aquello de “según la tradición…”.
Aunque absolutamente todas las presuntas reliquias de la Pasión se han puesto en cuestión, sobre todo se han gastado toneladas de papel y múltiples esfuerzos en defender o atacar especialmente la autenticidad de las reliquias de la Santa Cruz y de la Sábana Santa que envolvió el cadáver de Cristo cuando fue sepultado la tarde del Viernes Santo. De este último tema publicaremos mañana un artículo.

Yo, que soy escéptico por naturaleza, voy a reservarme mi opinión personal y me voy a limitar a enumerar a algunas de las que se dicen existir y que cada cual, según su criterio, crea lo que estime más conveniente. Este no es un tema de fe sino que es solo un tema de tradición. A un objeto se le puede venerar por lo que representa independientemente de su autenticidad o no autenticidad. Diré, a modo de ejemplo, que la Santa Cruz es un signo de salvación y merece ser siempre venerada independientemente de que tenga una forma u otra o esté hecha de uno u otro material e independientemente de que sea una simple cruz procesional o que se diga de ella que porta un “Lignum crucis”.
Como he dicho, en este artículo vamos a hacer mención de algunas de estas reliquias, de las más notables de entre ellas.

Vista del Lignum Crucis que se venera en el monasterio Vatopedi del Monte Athos (Grecia).

La Santa Cruz
“Y allí le crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio”. (Juan, 19, 18)

En el artículo que publicamos el pasado día 14 de septiembre sobre la Invención de la Santa Cruz, y también en este ya hemos explicado cómo fue descubierta por Santa Elena, madre del emperador Constantino y cómo desde entonces es venerada en toda la cristiandad. Asimismo, en la Semana Santa del año pasado publicamos tres artículos de nuestra compañera Ana María referentes de la Crucifixión (Lunes, Martes y Miércoles Santo). Sería interesante releerlos.

A los trozos de ese Sagrado Madero se les conocen con el nombre de “Lignum crucis” y hay miles repartidos por los cinco continentes. Existen muchos detractores que niegan la autenticidad de esta reliquia basándose en tres hechos: en todo el misterio y leyenda que han encubierto no solo a su descubrimiento sino al destino final de los tres grandes trozos que quedaron en las tres ciudades santas, en el hecho de que existen tantas reliquias que si se juntasen todas se podrían construir varias cruces completas y en el hecho de que el Vaticano, cuando raramente concede alguna, lo hace sin la correspondiente “auténtica”.

Sin entrar en la historia de cada uno de ellos digamos que los trozos más insignes se veneran actualmente en la Basílica de San Pedro del Vaticano, en la Basílica Santa Croce in Gerusalemme (Roma, Italia), en el monasterio de Santo Toribio de Liébana (Cantabria, España), en la catedral de Anagni (Italia), en la Colegiata Mayor de Caspe (Zaragoza, España), en el monasterio Vatopedi del Monte Athos (Grecia) y en otros muchos lugares tanto de Oriente como de Occidente. La reliquia existente en el Santo Sepulcro de Jerusalén se perdió en el año 1187 cuando Saladino derrotó a los cruzados.

En este día de Viernes Santo, con “Lignum crucis” o sin él, la Santa Cruz tiene que ser para nosotros todo un símbolo de esperanza en Aquel que quedó colgado en ella. Eso, la Iglesia lo quiere demostrar incluso con la adoración que en el día de hoy se le tributa a este signo de salvación que nos identifica a los cristianos ante todos los hombres. En honor de la Santa Cruz, quiero poner en este lugar un vídeo del hermoso himno “Crux fidelis” cantado en gregoriano.


Columna de la Flagelación venerada en la iglesia de Santa Práxedes de Roma, Italia.

La columna de la flagelación y los azotes
“Pilatos entonces tomó a Jesús y mandó azotarle” (Juan, 19, 1)

Los evangelistas relatan que Jesús fue azotado antes de ser entregado para que lo crucificasen pero no consta en los evangelios que fuera amarrado a ninguna columna. Si lo azotaron a la manera en la que lo hacían los romanos, lo más probable es que fuera atado a una columna o poste, pero eso no lo podemos afirmar a ciencia cierta; eso solo lo sabemos por la tradición.
Aunque parte de esta columna de la flagelación se dice que está en la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén, especialmente es venerada como tal la que se encuentra en la iglesia romana de Santa Práxedes. La Basílica de San Marcos de Venecia (Italia) y el monasterio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid, España) presumen de poseer pequeñas porciones de esta columna.

En esta web podemos seguir el relato que sobre este suplicio infringido a Cristo escribió la Beata Ana Catalina Emmerich, según dice le fue revelado; (ver artículo del 19 de junio pasado). En la catedral de Anagni (Italia) y en la iglesia romana de Santa Maria in vía Lata afirman poseer los látigos utilizados en esta flagelación.

Relicario de la Corona de Espinas de San Luis IX, rey. Sainte Chapelle de París, Francia.

La corona de espinas
“Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas…” (Mateo, 27, 29)

Según los datos aportados por la Sábana Santa venerada en Turín, la corona de espinas debió tener la forma de un casco en la que metieron la cabeza del Salvador, clavándose las espinas por todo el contorno de la frente, cabeza y nuca. Es célebre el relicario de la corona de espinas que se venera en París y que fue ordenado realizar en el año 1248 por parte de San Luís IX, rey de Francia. Este relicario se venera en la llamada Capilla Santa de París y conserva la corona, aunque sin las espinas; pero relicarios con espinas de esa corona existen por toda la cristiandad, especialmente en Roma (Basílica de San Pedro del Vaticano, Basílica de San Juan de Letrán, iglesias de Santa Práxedes, de San Marcos y otras). Los relicarios más famosos venerados en España se encuentran en el monasterio de Montserrat (Cataluña) y en el monasterio de El Escorial (Madrid).

“Título de la Cruz” o INRI
“Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos” (Juan, 19, 19)

Estamos hablando de una reliquia que tiene una gran importancia jurídica pues es la sentencia de muerte de Cristo escrita por orden del gobernador Poncio Pilato.
Desde el siglo IV existen documentos que mencionan a esta reliquia, a la cual se le han hecho el análisis del Carbono 14 y de paleoescritura con el fin de datarla. Se trata de un trozo de madera de nogal de 687 gramos de peso fechada en el siglo I de nuestra era. Tiene señales de descomposición en los bordes al haber estado sumergida en agua durante unos trescientos años, teniendo una parte recortada por lo que es muy difícil leer la inscripción hebrea. En el centro de la tabla existen restos de tintas gris blancuzca y negra sobre algunas de las letras y la escritura está en hebreo, latín y griego.

Titulus (INRI) de la Cruz. Basílica della Santa Croce in Gerusalemme, Roma (Italia).

Sozomeno, cuando escribe sobre su descubrimiento en el siglo V dice textualmente: “Fueron encontradas tres cruces y otro pedazo de madera sobre el cual, en color blanco resaltaba escrito en caracteres hebreos, griegos y latinos: Jesús de Nazareth, rey de los judíos”.
Santa Elena, cuando descubrió este “titulus crucis”, dejó parte en Jerusalén (actualmente perdido) y parte se llevó a Roma conservándose en la Basílica romana de Santa Croce in Gerusalemme. Durante varios siglos (desde el V – para preservarla durante la invasión del rey godo Alarico – hasta el día 1 de febrero de 1492) esta reliquia estuvo escondida dentro de una caja de plomo oculta por un azulejo en el techo de la capilla de Santa Elena en la mencionada basílica romana.

Santo "Chiodo" (Clavo de la Crucifixión) venerado en el Duomo de Milán, Italia.

Los clavos de la crucifixión
“Era la hora tercera cuando le crucificaron” (Marcos, 15, 25)

Tradicionalmente creemos que Cristo fue sujeto a la cruz por tres clavos, pero hay quienes con fundamento mantienen que los clavos fueron cuatro. En la ya mencionada Basílica de Santa Croce in Gerusalemme se conserva uno de ellos, otro (llamado “Santo Chiodo”) se conserva en la catedral de Milán y en el Palacio Real de Madrid se afirma tener un tercero. Asimismo, en la catedral de Monza, en Italia, existe la llamada “corona de hierro de Lombardía”, que se dice fue realizada fundiendo uno de los clavos de la crucifixión.
Hay algunos otros en otras localidades lo que viene en abundar en las dudas sobre su autenticidad aunque existen autores que afirman que eso es debido a que los dos palos de la cruz (el stipite y el patibulum), estaban clavados entre sí.

La lanza de Longino
“Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua”. (Juan, 19, 34).

Según la tradición, la lanza de Longino sin su punta se conserva y venera en la Basílica de San Pedro del Vaticano, mientras que la punta está en la Santa Capilla de París. Los armenios, por su parte, afirman tenerla en la Santa Sede de Etchmiadzin (Armenia).

Lanza de Longino, llevada por San Judas Tadeo a Echmiadzin, Armenia.

El Jueves Santo del año pasado publicamos un interesante artículo sobre el Santo Cáliz de la Cena, venerado en la catedral de Valencia (España) y mañana publicaremos otro artículo sobre la Sábana Santa, que se conserva y venera en la catedral de Turín (Italia), pero podríamos seguir hablando de otras presuntas reliquias de la Pasión, lo que haría demasiado extenso el artículo; solo mencionaré que en la Basílica Lateranense se dice conservar la parte superior de la “mesa de la Cena” e incluso “la toalla del lavatorio de los pies” y “el manto de púrpura o clámide” que le pusieron cuando fue coronado de espinas y que otros lugares de la cristiandad manifiestan tener las cuerdas con las que fue atado en Getsemaní, el “velo de la Verónica”, la “esponja” con la que le dieron a beber hiel y vinagre, el “sudario” de la mortaja, “la túnica sin costura” que llevaba y que le arrancaron antes de crucificarle, etc.

En cuanto a los lugares en concreto donde sucedieron los hechos, está identificado el lugar del “Cenáculo”, el “Huerto de Getsemaní”, el “Pretorio de Pilatos”, la “Vía Dolorosa”, el “Calvario”, la “Piedra de la Unción” y el “Santo Sepulcro”, todos, por supuesto, en Jerusalén.

Capilla de la Prisión de Cristo, Jerusalén (Israel).

Termino el artículo diciendo que, para muchos, la autenticidad de estas reliquias es más que discutible, mientras que para otros, son objetos sagrados que sirvieron de tormento a nuestro Redentor y que estuvieron en contacto con su Cuerpo y con su Sangre.
Ese Cuerpo y esa Sangre sí que tenemos la certeza de poseerlos en la Sagrada Eucaristía bajo las apariencias de pan y vino y esa seguridad nos la dan sus palabras: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo, 28, 20).

Antonio Barrero

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Viernes Santo: Pasión del Señor

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"Ecce Homo", óleo de Antonio Ciseri (1891). Palacio Pitti, Florencia (Italia)

En la Iglesia Católica, el Viernes Santo es el segundo día del Triduo Pascual: en estos tres días se celebra el “kerigma” cristiano (Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús):

“Israelitas, escuchad estas palabras: Jesús de Nazareth, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su intercesión los milagros, prodigios y signos que todos conocéis, a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y previsión de Dios, como bien sabéis, vosotros lo matasteis haciéndole crucificar a manos de los impíos. Pero Dios lo ha resucitado, librándolo de los dolores de la muerte porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él… A este Jesús, Dios lo resucitó y todos nosotros somos testigos… Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que vosotros habéis crucificado, Dios lo ha hecho Señor y Mesías” (Hechos de los Apóstoles, 2, 22.32.36)

Pero entremos en el Viernes Santo. Así irrumpe el Apóstol Pablo en su epístola a los Gálatas, exaltando la cruz y el Crucificado: “Lejos esté de mí gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por medio de la cual, el mundo me ha crucificado a mí y yo al mundo”. (Gálatas, 6, 14). Nosotros, los cristianos del tercer milenio todavía estamos desconcertados cuando pensamos en el modo en el cual el Padre ha querido salvarnos en Jesús de Nazareth. El desconcierto también está apoyado por las imágenes de la famosa película “La Pasión” a trevés de la cual hemos adquirido mayor conciencia de lo que afirma el Apóstol Pedro: ”Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra manera vana de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles como oro y plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defectos”. (1 Pt 1, 18-19).

"Cristo de San Juan de la Cruz", óleo del pintor surrealista Salvador Dalí (1951). Museo Kelvingrove, Glasgow (Reino Unido).

El Viernes Santo hace en primer lugar memoria del gesto salvador de Cristo: es el día de la Cruz y de “Aquel que nos ama y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre”. (Ap 1,5).

La Cruz es el símbolo del cristianismo y está presente en nuestra vida desde el nacimiento hasta la muerte: en los signos del Bautismo, en la absolución del Sacramento de la Penitencia, en las bendiciones recibidas y dadas en todo acto devocional o sacramental; las tres cruces en la frente y en las palmas de las manos en el Sacramento de la Unción de los Enfermos, en la señal trazada por el sacerdote en el cuerpo ya muerto, en la cruz que preside los funerales y en la cruz sobre la tumba. Pero la señal de la Cruz no se conmemora como signo de muerte, sino como signo de salvación y de vida. Incluso la misma cruz sobre la tumba, significa eso.

La Cruz es el símbolo supremo del sufrimiento y de la muerte de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, que con su sacrificio nos ha rescatado de la muerte del pecado, lo que indica que también la vida pasa por el sufrimiento. La cruz es un símbolo de la conformidad de Cristo con sus discípulos y para eso, recordemos algunos pasajes de las Sagradas Escrituras.

Entonces Jesús, llamando a la multitud junto con sus discípulos, les dijo: El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar todo el mundo si pierde su propia vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras ante esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando esté en la gloria de su Padre con sus santos ángeles” (Mc 8, 34-38). O en la Epístola a los Colosenses: “Ahora me alegro en lo que padezco por vosotros y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1,24) Nuestra conformación, semejanza, con Cristo se convierte en redentoza; Cristo salva a través de sus discípulos.

Todo esto nos lleva a pensar en las lesiones, las cinco santas heridas de Jesús (Santas Llagas) y de manera particular en los estigmas, fenómeno que por primera vez es citado por el mismo San Pablo:”Yo llevo los estigmas de Jesús en mi propio cuerpo” (Gálatas 6, 17), dándose luego este fenómeno numerosas veces en la historia de la Iglesia. Esta es una lista de testijos del Evangelio que muestran el fenómeno de las “marcas de los clavos” (Juan, 20, 25):

o Beata Ana Catalina Emmerick, religiosa MR (9 de febrero),

o          Beata Ana Rosa Gattorno, religiosa MR (6 de mayo),

o          Beata Catalina Mattei da Racconigi, dominica MR (4 de septiembre),

o          Beata Cristina de Stommeln, religiosa MR (6 de noviembre),

o          Beata Dorotea de Montau, viuda y religiosa MR (25 de junio),

o          Beata Juana Maria Bonomo, religiosa  MR (1 de marzo),

o          Beata Lucia (Broccadelli) de Narni, dominica (15 de noviembre),

o          Beata Margarita Bays, terciaria franciscana MR (27 de junio),

o          Beata María de la Pasión (María Gracia Tarallo), religiosa (27 de julio).

o          Beata María de Jesús (Lopez de Rivas), religiosa MR (13 de septiembre),

o          Santa María de Jesús Crucificado (Mariam Baouardy), carmelita MR (26 de agosto),

o          Beata Maria de Oignies, monja fundadora MR (23 de junio),

o          Beata María Magdalena (Margarita) Martinengo, religiosa MR (27 de julio),

o          Beata María Teresa Chiramel Mankidiyan, fundadora MR (8 de junio),

o          Beata Hosanna Andreasi, dominica MR (18 de junio),

o          Beata Stefana Quinzani, dominica MR (2 de enero),

o          Beato Dodón de Haske, premonstratense (30 de marzo),

o          San Francisco de Asís, patrono de Italia MR (4 de octubre),

o          San Francisco de Asís, Impresión de las Llagas de Cristo (17 de septiembre),

o          San Pío de Pietrelcina (Francisco Forgione), capuchino MR (23 de septiembre),

o          Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia, patrona de Italia MR (29 de abril),

o          Santa Catalina de’ Ricci, virgen MR (2 de febrero),

o         Santa Gema Galgani, virgen MR (11 de abril),

o          Santa Gertrudis la Grande, virgen MR (16 de noviembre),

o          Santa María Magdalena de Pazzi, virgen MR (25 de mayo),

o          Santa Rita de Cascia, viuda y religiosa MR (22 de mayo),

o          Santa Verónica Giuliani, virgen MR (9 de julio),

o          Sierva de Dios Ester Moriconi, religiosa

o          Sierva de Dios Josefina Comoglio, terciaria franciacana,

o          Sierva de Dios Luisa Piccarreta, terciaria dominica,

o          Sierva de Dios Maria Dominica Lazzeri, mística,

o          Sierva de Dios Marta Robin, fundadora de los Focolari de la Caridad,

o          Sierva de Dios Rosina Ferro, terciaria dominica, vidente y estigmatizada,

o          Sierva de Dios Teresa Comoglio, terciaria franciscana,

o          Sierva de Dios Teresa Electa Rivetti del Corazón de Jesús, religiosa,

o          Sierva de Dios Teresa Gardi, terciaria franciscana,

o          Sierva de Dios Teresa Neumann, seglar estigmatizada,

o          Testigo de la fe Catalina Savelli, seglar consagrada,

o          Testigo de la fe Natuzza Evolo, seglar de Paravati (CS)

o          Venerable Inés de Baviera, niña seglar,

o          Venerable Catalina Brugora, religiosa,

o          Venerable Diomira Allegri, religiosa,

o          Venerable Elena Aiello, religiosa,

o         Venerable Genoveva de Troia, terciaria,

o          Venerable María Diomira del Verbo Encarnado, abadesa, capuchina.

A modo de conclusión de esta pequeña lista, decir que la sigla MR indica que el culto está certificado por el Martirologio Romano.

Reliquias de la Pasión. Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, Roma (Italia).

La Cruz es la culminación de toda la vida humana e histórica de Jesús y la “Pasión” es un evento que celebramos el Viernes Santo. En este día, la Iglesia (es diverso según los ritos y yo me estoy refiriendo al rito romano) vive dos gestos esenciales: la celebración de la Pasión y el “Via Crucis”.

El “Via Crucis” es una práctica devocional, nacida probablemente en Tierra Santa e introducida posteriormente en Europa, siendo su mayor propagandista el franciscano San Leonardo de Porto Mauricio (20 de diciembre de 1676 – Roma, 26 de noviembre de 1751). Con ella, la Iglesia Católica recuerda y celebra con “catorce estaciones” (fases, episodios, algunos inspirados en los evangelios y otros en la concepción espiritual de San Leonardo) los momentos del doloroso camino hacia la crucifixión de Jesús. Destacaré algunos lugares que celebran la Pasión recordando el Santuario del Monte Calvario de Domodossola (Verbania) y la “Nueva Jerusalén” en Varallo Sesia (Vercelli).Las tradicionales estaciones del “Via Crucis” que han llegado hasta nosotros son las siguientes.

1. Jesús es flagelado, burlado y condenado a muerte.

2. Jesús carga con la cruz.

3. Jesús cae por primera vez.

4. Jesús encuentra a su Madre.

5. Jesús es ayudado por Simón de Cirene a llevar su cruz.

6. Santa Verónica limpia el rostro de Jesús.

7. Jesús cae por segunda vez.

8. Jesús habla con las mujeres de Jerusalén.

9. Jesús cae por segunda vez.

10. Jesús es despojado de sus vestiduras.

11. Jesús es clavado en la cruz.

12. Jesús muere en la cruz.

13. Jesús es descendido de la cruz.

14. El cuerpo de Cristo es puesto en el sepulcro.

Columna de la Flagelación. Iglesia de Santa Práxedes, Roma (Italia).

La Pasión de Jesús comenzó después de la Última Cena con sus apóstoles, en la cual, El dió a la humanidad el don más grande que puede darse: a sí mismo en el Sacramento de la Eucaristía, en la institución del Sacerdocio cristiano y en una gran lección de humildad y de amor al prójimo lavando los pies a los doce apóstoles: “¿Entendéis lo que he hecho por vosotros? Vosotros me llamais Maestro y Señor y en verdad lo soy. Pues si yo, el Señor y Maestro he lavado vuestros pies, vosotros debeis tambien lavaros los pies los unos a los otros. Os he dado ejemplo para que también vosotros hagais como yo he hecho con vosotros. En verdad, en verdad os digo: un siervo no es más grande que su señor, ni el enviado es mayor que el que lo envió. Sabiendo estas cosas, sereis bienaventurados si las poneis en práctica” (Juan, 13, 12-17) y: “dicho esto, Jesús se estremeció profundamente y dijo: en verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me entregará” (Juan, 13, 21).

La Pasión transcurre con una secuencia de imágenes dramáticas: en primer lugar la traición de Judas en el huerto, al que se había retirado con sus discípulos para orar y donde Jesús tuvo una visión angustiosa de su próximo final, agonía que le hizo sudar sangre y que hizo que le pidiera al Padre que, si era posible, pasase de él esa copa amarga de sufrimiento, ese cáliz, pero aceptando al mismo tiempo su voluntad.

Siguió el arresto nocturno por parte de los soldados y de la guardia de los sumos sacerdotes y fariseos. Jesús sufre el interrogatorio de Anás, posteriormente el juicio del Sanedrín con Caifás, que le formula una pregunta que permita condenarle a muerte. Al mismo tiempo, Pedro reniega de él tres veces; Jesús es conducido ante el gobernador Poncio Pilatos acusado de haberse proclamado rey de los judios, cometiendo de esa manera un delito de lesa majestad ante el emperador romano. Pilatos, no queriendo pronunciarse lo envía a Herodes que estaba esos días en Jerusalén, el cual, después de un inútil interrogatorio e instigado por los sumos sacerdotes y escribas, lo desprecia e insulta y vestido de blanco lo envía a Pilatos.

Pilatos, otra vez indeciso, pregunta al pueblo qué delito ha cometido porque el no encuentra ninguno; ante los gritos de condena, lo hace flagelar pensando que así se calmarían, pero ellos gritaban cada vez más fuerte que lo crucificará; entonces Pilatos, como la costumbre local le permitía liberar un prisionero por la Pascua, le pide al pueblo que escoja entre Jesús y Barrabás. Aun así, la gente seguía gritando contra Jesús, por lo cual Pilatos lo condena a muerte por crucifixión.

Clavo de la Crucifixión. Catedral de Bamberg, Alemania.

Los soldados pusieron sobre la cabeza de Jesús una corona de espinas, haciéndole cargar el “patibulum”sobre sus hombros ya lacerados por la flagelación, poniéndose en marcha hacia la colina del Gólgota, llamada de la calavera. Esta definición nos retrotrae al primer hombre, Adán, porque la iconografía sagrada de la crucifixión pone bajo la cruz una calavera: es el sepulcro de Adán. Jesús lava con su sangre a todos los hombres, desde el primero hasta el último; salva a todos.

A continuación viene toda una serie de episodios que se verifican antes y después de la muerte de Cristo, como el suicidio de Judas, el intercambio de palabras con los dos ladrones que estaban crucificados junto a él, la rotura del velo del Templo de Jerusalén, el terremoto, la convulsión de los elementos atmosféricos, la presencia de su madre Maria al pie de la cruz, la presencia de las otras mujeres y de Juan, la acogida recíproca entre Maria y Juan, las últimas siete palabras pronunciadas antes de morir. Y la Pasión concluye con la bajada de la cruz al estar próximo el comienzo del Sabbah, sepultando su cuerpo en una tumba proporcionada por José de Arimatea.

Toda esta descripción se revive en el rito de la celebración de la Pasión, que toda la comunidad católica celebra el Viernes Santo a las tres de la tarde, pues según los evangelios, a esa hora Jesús expiró (Mateo, 27, 50). La liturgia prevé la lectura de estos pasajes evangélicos, con el gesto de arrodillarse en el momento en el que se lee la muerte de Cristo; posteriormente se adora la Cruz y se proclama la gran oración, llamada también “oración universal”. Finalmente se reparte la comunión con las especies consagradas el día anterior ya que el Viernes Santo no se celebra la Misa. El Viernes Santo es un día de gran penitencia por lo que es día de ayuno y abstinencia.

La historia triste y dolorosa de la Pasión ha inspirado a la piedad popular, no solo participando en los ritos litúrgicos del Viernes Santo y el “Vía Crucis”, sino también con otras manifestaciones de gran encanto y penitencia, precesionando los Misterios del Cristo muerto seguido de la imagen de la Bienaventurada Virgen María afligida por un inmenso dolor (La Dolorosa). Son infinitos los ritos que la piedad popular celebran el Viernes Santo, presentes en imnumerables lugares del Orbe Católico.

Por último, otro elemento que es realizado el Viernes Santo es el culto a las reliquias de la Pasión. En primer lugar, el Santo Sepulcro en Jerusalén y otras muchas reliquias, como la “Sábana Santa” (en Turín), el “Titulus Crucis” (en la Iglesia de la Santa Cruz en Jerusalén, en Roma), el “Santo Rostro” (en Manoppello), el “Sagrado Sudario” (en Oviedo), la “Túnica” (en Argenteuil), la túnica de Trier, la “Columna de la flagelación” (en la iglesia romana de Santa Práxedes), la Corona de espinas y varias espinas sueltas pertenecientes a esta corona que se encuentra en la Santa Capilla de Paris, Vicenza, Andria, etc. la “Sagrada Lanza” (en el Vaticano, en Nuremberg y en Smirna), los “santos clavos” (en Milán, Monza, Roma, Torno, etc.) y finalmente la “Santa Cruz” y sus varios fragmentos conservados en la Iglesia romana de la Santa Cruz en Jerusalén y en imnumerables catedrales, basílicas y parroquias de todo el mundo.

"La Piedad", fresco de William Adolphe Bouguereau (1876). Capilla de la Virgen, Catedral de San Luis, La Rochelle (Francia).

Concluyo con el canto previo a la adoración de la Cruz: “He aquí, el leño de la cruz, en el que fue colgado Cristo, el Salvador del mundo” “Venid y adoremos

Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi, quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum”.

“Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz, redimiste al mundo”.

“Ti adoriamo, o Cristo, e ti benediciamo, perché con la tua santa croce hai redento il mondo”.

“We adore You, O Christ, and we bless You, because by your Holy Cross, You have redeemed the world”

Damiano Grenci

Vexilla regis prodeunt:
fulget Crucis mysterium,
quo carne carnis conditor,
suspensus est patibulo.

Quo vulneratus insuper
mucrone diro lanceæ,
ut nos lavaret criminae,
manavit unda sanguine.

Beata,cuius brachiis
sæcli pependit pretium;
statera facta est corporis
prædam tulitque tartari.

O Crux,ave,spes unica,
hoc passionis tempore:
auge piis justiam,
reisque dona veniam.

Arbor decora et fulgida
ornata regis purpura,
electa digno stipite,
tam sancta membra tangere.

Te,fons salutis,Trinitas,
collaudet omnis spiritus;
quos per crucis mysterium
salvas fove per sæcula.
Amén.
Las banderas del Rey aparecen:
resplandece el misterio de la Cruz,
donde el creador de la carne en carne,
está suspendido en un patíbulo.

Donde herido además
por la punta terrible de la lanza,
para lavarnos de la acusación,
manó agua con sangre.

Dichosa tú, de cuyos brazos,
estuvo pendiente el rescate del mundo;
se hizo balanza de su propio cuerpo
y arrebató la presa del infierno.

Salve, oh Cruz, esperanza única,
en este tiempo de pasión:
aumenta a los justos la santidad
y a los pecadores concede el perdón.

Oh árbol bello y refulgente
hermoseado con la púrpura del Rey,
escogido del más digno tronco,
para tocar tan santos miembros.

¡Oh Trinidad, fuente de salvación!,
que todo espíritu te alabe;
a los que por el misterio de la Cruz
salvas, guárdalos del mal por siempre.
Así sea.

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