Nuestra Señora del Rayo

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Vista de la imagen completa de la Virgen del Rayo.

Vista de la imagen completa de la Virgen del Rayo.

Las advocaciones de la Santísima Virgen María son muy diversas. Las principales, refieren un suceso de su vida o de su participación en la vida de la Iglesia; otras recuerdan sus virtudes, o también las maneras como interviene desde el cielo en favor de los fieles cristianos. Algunas son referentes a alguna aparición o algún milagro hecho por su intercesión; se dan los casos en que también está ligada a ciertos puntos geográficos. En todos ellas, el pueblo creyente la invoca y le rinde su amor porque sabe que además de ser Madre de Dios, es también Madre nuestra.

Realmente hay cultos universales, en que todos los bautizados la conocen, como la Inmaculada Concepción, otros han traspasado las fronteras, como Nuestra Señora de Lourdes. Hay nombres fuertemente ligados a un instituto religioso como María Auxiliadora, con la familia salesiana. Títulos entrañables y venerables por su antigüedad, como Nuestra Señora del Carmen; patronazgo nacional que se convierte en continental, como Nuestra Señora de Guadalupe, de México para América. Pero también hay nominaciones pequeñas, locales, que n son conocidas más allá de las fronteras de algún lugar determinado, pero no por ello menos queridas y mucho menos, olvidadas; este es el caso de una imagen de la Madre de Dios que se venera en la Iglesia de Jesús María, en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, y que está anexa a un convento de monjas dominicas.

El pueblo católico tapatío tiene una gran variedad de advocaciones marianas que a lo largo del año va conmemorando y celebrando, agradeciendo a Dios el maternal cariño de María, la mujer que le supo decir sí. Además de la Guadalupana, las tres advocaciones populares de Zapopan, San Juan de los Lagos y de Talpa, también venera a Nuestra Señora de la Merced, la Virgen de la Soledad y la de la Medalla Milagrosa. En toda esta diadema de nombres marianos, resalta por discreta, constante y fervorosa una joya delicada, porque a pesar de ser muy local, ha traspasado calladamente las fronteras sin hacer ruido, y porque se le tiene un cariño muy particular, se trata de Nuestra Señora del Rosario del Rayo, popularmente conocida como Nuestra Señora del Rayo.

Hacia el siglo XVI, en el edificio donde hoy se levanta el templo y convento de Jesús María, había una ermita dedicada a San Sebastián, en el que se levantó un Beaterio autorizado por el obispo de la ciudad don Felipe Galindo y Chávez, para que lo habitaran las Beatas de Jesús Nazareno. Luego de cuarenta años de servir con este propósito, se destinó el lugar para su fin original: ser un convento de monjas, lo que finalmente sucedió en 1722, siendo sus primeras moradas religiosas dominicas.

Detalle del busto de la venerada imagen.

Detalle del busto de la venerada imagen.

Al recinto se le llamó de “¡Jesús María!” originalmente porque las Nazarenas de Jesús daban culto en este lugar de manera sobresaliente a Nuestra Señora de Guadalupe, así las primeras moradoras de este recinto decían que eran de Jesús y de María. Así se combinó el nombre Jesús María. En este lugar había una imagen de la Virgen Santísima que representaba el misterio de su Asunción. Así, cuando las hijas de Santo Domingo se posesionaron del convento, transformaron su fisonomía en Nuestra Señora del Rosario. Esta imagen primero fue colocada en un deambulatorio sobre la portería del convento y luego se arrinconó en uno de los dormitorios donde fue ignorada.

En Guadalajara, el temporal de lluvias es muy peculiar, pues llueve mucho y hay inundaciones, las tormentas son fortísimas y van acompañadas de relámpagos y truenos que hacen cimbrar los cimientos de la tierra. Así sucedió que el 13 de agosto de 1807, como a las 2:30 de la madrugada, se dejó sentir una tremenda tempestad acompañada de muchos rayos, una tremenda descarga se sintió en el dormitorio donde estaba la imagen y un fuerte olor a quemado se percibió en toda la estancia, con la presencia de mucho humo. Las monjas alarmadas en medio de la obscuridad se pusieron a revisar la instalación y con sorpresa descubrieron que la imagen de la Virgen había servido de pararrayos, quedando quemada, con los ojos de vidrio reventados, la ropa y la cabellera chamuscados, con el Niño Dios que portaba ileso y las monjas que dormían en el lugar totalmente sin daño. Agradecidas las religiosas con la Madre de Dios porque su imagen recibió la descarga, librándolas a ellas de un daño fatal, le estuvieron cantando alabanzas y luego trasladaron la imagen al coro alto de la iglesia y luego a la iglesia para hacer celebrar una misa de acción de gracias para devolverla nuevamente al coro alto.

Allí estaba el 18 de agosto siguiente cuando una religiosa, llamada Sor María Teresa de San Joaquín, acompañada de dos mozos la hizo trasladar junto a una religiosa gravemente enferma. En ese momento se cernía sobre la torre de la iglesia una nube negra que presagiaba tormenta. De pronto, la imagen comenzó a iluminarse con un color blanco que le subía del pecho al rostro, la monja quiso correr por el susto pero no pudo, en eso entró la Superiora al lugar, la madre María Francisca de la Concepción, a la que la otra religiosa le dijo: “Madre, mire a la Santísima Virgen como se está poniendo”. En eso llegó la comunidad y viendo lo que pasaba, llenas de emoción y muy conmovidas entonaron alabanzas a la Madre de Dios. Al entonar el “Magnificat”, un relámpago ilumino la estancia por varios minutos y un color rosado apareció en el rostro de la Virgen, como hasta nuestros días. Los ojos que están reventados se abrieron nuevamente y el rosario que portaba y se había ennegrecido, volvió al primitivo color blanco.

Interior del templo de Jesús y María de Guadalajara, México. Fotografía: Francisco Juárez, año 2008.

Interior del templo de Jesús y María de Guadalajara, México. Fotografía: Francisco Juárez, año 2008.

Fueron también testigos de esto, el Capellán de la iglesia, Don Manuel Cerviño y el señor Canónigo José María Gómez, gobernador de la mitra y Obispo electo de Michoacán, que murió sin ser consagrado. Se hicieron las declaraciones por escrito con juramento y se guardaron en los archivos del entonces Obispado, documentos que se perdieron durante la Guerra de los Tres Años.

Dos curaciones obtenidas por intercesión de la Virgen, le dieron mayor atención y popularidad: una, a una religiosa llamada Sor María de Jesús Cecilia de San Cayetano, que sanó repentinamente delante de esta imagen el 17 de septiembre de 1850, luego de seis años de parálisis total y otra, hecha a favor de Doña Micaela Gómez de Contreras, enferma de la espina dorsal, el 17 de septiembre de 1856, cuando repentinamente fue aliviada al ser trasladada la imagen a la Iglesia, pasando por el atrio, para celebrarle una función; de estos sucesos se guardaron relaciones con juramento y también se archivaron en las dependencias de la Mitra.

En 1868 se le dedicó un altar lateral en la Iglesia para exponerla a veneración pública, pues hasta entonces estaba en el interior del convento. Un poco tiempo después se le colocó en el Templete del altar mayor por disposición del Arzobispo José de Jesús Ortiz, siendo desplazado el conjunto escultórico de la Sagrada Familia al lugar donde antes estaba la imagen de la Virgen del Rayo y que en la actualidad ha sido reemplazado por otro de menor calidad artística, ante la tremenda ola de robo de arte sacro que afecta a todo el país.

Fotografía antigua del busto de la venerada imagen.

Fotografía antigua del busto de la venerada imagen.

El 12 de agosto de 1907 le fue concedida la coronación diocesana con motivo del primer centenario de su renovación con autorización del Arzobispo Ortiz. En 1941, por gestión del Arzobispo José Garibi, que había sido monaguillo en ese templo, obtuvo la autorización de la Santa Sede para que se le coronara canónicamente, lo que se realizó el 18 de agosto 1941 en una solemne ceremonia con 22 Obispos de la República Mexicana. En el año 2007 se realizaron emotivos festejos para celebrar el bicentenario de su prodigiosa restauración, siendo coronada nuevamente por el hoy Arzobispo emérito de Guadalajara, el Cardenal Don Juan Sandoval Íñiguez.

La imagen mide 104 cm. de altura y se viste con ropas de telas finas y tiene colocadas joyas para engalanarla; su brazo derecho permanece extendido y sostiene un cetro y un rosario que se prolonga hasta el Niño Dios, quien lo sujeta y que también tiene su cetro. Ambas imágenes portan corona imperial, resplandor sólo tiene la imagen de la Virgen, el cual le da un equilibrio al conjunto. A los pies de la Señora, en su peana, esta la tradicional media luna que se le pone a casi todas las imágenes de la Virgen María. Su rostro es un tanto severo y lleno de majestad, sus ojos bajos y el cuello erguido y recto, lleva su cabeza una peluca de pelo natural que a su vez es cubierto por un velo; su aspecto es hermoso y piadoso, el cual atrae el cariño de sus devotos.

La fiesta de Nuestra Señora del Rayo se celebra en el aniversario de su renovación, el día 18 de agosto, precedida de un lucido novenario. El día de la fiesta, a las dos de la tarde se tiene la costumbre de entonar un Tedeum al que ordinariamente asiste el Arzobispo de Guadalajara y con el que se agradece a Dios el prodigio con que se transformó. En las misas de ese día se efectúa la bendición de campanitas, las que se tocan y dan un aire festivo y popular en el recinto, también se pone sobre las espaldas de los fieles el manto de la imagen de la Madre de Dios para invocar sobre ellos su protección. Esto también se hace mensualmente cada día 18, en que se le conmemora. En algunas ocasiones hay eventos culturales y también termina la fiesta con los tradicionales fuegos artificiales. En general, la devoción a este título de la Virgen es de ámbito local, la cual es fuerte y tiende a crecer. El dieciocho de cada mes hay culto especial para ella en este templo, al que de unos años a la fecha acuden las madres que están esperando un bebé, para invocar su auxilio en su embarazo y a la hora del parto.

Otra vista completa de la imagen de la Virgen.

Otra vista completa de la imagen de la Virgen.

Es también normal, aunque no frecuente, que haya mujeres que tienen por nombre María del Rayo, que sin duda le fue impuesto en su honor a la Madre de Dios.
En la misma ciudad de Guadalajara, en la popular colonia de Miravalle, se le ha dedicado una parroquia y fuera de esta ciudad, su culto puede hallarse de manera discreta en lugares como el Templo de Capuchinas de la Villa de Guadalupe en la ciudad de México y también hay noticias de que en Puebla de los Ángeles se le ha rendido culto.
Entre los devotos de la Virgen del Rayo existe la certeza de que Nuestra Señora concede a sus fieles seguidores tres dádivas: una limosna sin pedirla, un destino sin buscarlo y una verdadera amistad.

Humberto

Bibliografía:
– OROZCO, Luis Enrique, “Iconografía Mariana de la Arquidiócesis de Guadalajara” Tomo I Año Mariano de 1954.

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