Nuestra Señora del Refugio de Pecadores

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Lienzo de Nuestra Señora del Refugio, obra de José de Páez.

Lienzo de Nuestra Señora del Refugio, obra de José de Páez.

Historia
Una de las advocaciones marianas con más cariño profesado por los católicos mexicanos es la de Nuestra Señora del Refugio de Pecadores. Siendo originaria de Europa, su culto se extendió y fortaleció de tal manera en México, que el amor que se le brinda le ha dado una identidad mexicana. Luego de Nuestra Señora de Guadalupe y de otras advocaciones locales, comparte con Nuestra Señora del Carmen y Nuestra Señora del Perpetuo Socorro una devoción muy popular en este país.

Este título con que se venera a la Madre de Dios tiene su origen en los comienzos del siglo XVIII y tiene como promotor de su devoción al Beato Antonio Baldinucci S.J. Hacia 1709 este bienaventurado, en sus trabajos misioneros, quería tener una imagen de la Santísima Virgen María que moviera los corazones hacia la piedad y que los alejados de Dios volvieran al buen camino e hizo reproducir en pintura, un bajorrelieve de Nuestra Señora de la Encina de Poggio Prato, cerca de Montepulciano. La imagen fue pintada por un artista de escaso talento pero sin embargo, resultó hermosa, atractiva y devota, se veneró luego en Frascatti, al sureste de Roma, en el camino a Nápoles.

El Beato Antonio, en su celo apostólico por la salvación de las almas y por la conversación de los pecadores, quiso acompañarse de esta imagen en sus correrías misioneras en muchas poblaciones y ciudades de Italia y la llamó Nuestra Señora del Refugio. Su ardiente celo se vio recompensado por la intercesión de la Madre de Dios, pues con sus predicaciones logró que muchos hombres y mujeres alejados de Cristo y de su Iglesia retornaran al buen camino y también, al promover el culto a esta imagen de Nuestra Señora, logró que muchas personas tras invocarla en sus necesidades, sintieran por su ayuda el favor de Dios.

Durante los siglos XVII y XVIII, la Iglesia se vio afectada por el Jansenismo; esto tuvo como consecuencia el enfriamiento y la devoción de los fieles, provocando una indiferencia religiosa y alejamiento de la vida sacramental. Se llegó a pensar que nadie era digno de recibir la Eucaristía y que Dios era un ser rígido, justiciero y lejano al ser humano. Estos años coincidieron con la propagación de grandes pestes que asolaron Italia y otras partes de Europa.

Estampa del Beato Antonio Baldinucci, jesuita y promotor de la devoción a la Virgen del Refugio.

Estampa del Beato Antonio Baldinucci, jesuita y promotor de la devoción a la Virgen del Refugio.

Estas circunstancias se agravaban por la extrema pobreza de los campesinos, la hambruna que continuaba por ello y el alto índice de mortalidad. Así pues, los pastores la invocaban para encender la fe y la caridad en los corazones, y los fieles que le pedían su ayuda en las calamidades que los afectaban, todos ellos sintieron realmente que era un refugio que los protegía y amparaba de los peligros y dificultades, Por esa razón, los misioneros jesuitas, al observar los óptimos resultados que se habían logrado con la ayuda de esta advocación, decidieron reproducirla y la dieron a conocer en las misiones que predicaban y en los templos encomendados a su cuidado.

Esta célebre imagen fue colocada en el altar mayor de una capilla de la Iglesia del Jesús, regentada por la Compañía de Jesús, el día 1de junio de 1723. Fueron tantas las gracias y favores, así como las conversiones que Dios obró por intercesión de la Madre de Cristo bajo esta advocación, que el Cardenal Nicolás Accacioli solicitó al Papa Clemente XI que le fuera concedida a la imagen la coronación pontificia. Misma que realizó el Arcipreste de la Basílica Vaticana, Aníbal Albani el día 4 de julio de 1717. Ese día, luego de su coronación, el Beato Antonio Baldinucci S.J., hizo grabar al pie de la imagen esta leyenda: “Refugium Peccatorum”, el nombre con que es invocada. En algunas ocasiones, la imagen fue trasladada a la Catedral de la ciudad de Frascatti como en 1909, para celebrar su bicentenario. Así fue como en 1943, en plena Guerra Mundial, con afán de implorar su protección sobre esa ciudad, fue llevada de nuevo a la Catedral, allí estaba el 18 de septiembre de ese año cuando Frascatti fue bombardeada, siendo destruida la iglesia madre de la diócesis y con ella desapareció también la venerable imagen, quedando como rastro una mínima parte de la cabeza y las coronas que aparecieron totalmente fundidas entre los escombros. Tal fue el fin de una imagen tan célebre y querida por la cristiandad. Se dice que cuando el Papa Pío XII fue informado de esta pérdida, derramó lágrimas de pesar. Para remediar tan irreparable pérdida, por lo menos en parte, se colocó en su lugar una copia directa de la pintura, la cual se conservaba en el Noviciado de la Compañía de Jesús de la Provincia Romana, en Galloro.

Culto en México
La particularidad de este culto es que vino a la Nueva España impulsado por un italiano, el jesuita Juan José Giuca. No es pues, una devoción inculcada por los misioneros españoles. Este padre había presenciado la coronación apostólica de la imagen en Frascatti en 1717 y trajo una estampa con él a estas tierras. Realizó su ministerio en la Diócesis de Puebla de los Ángeles, donde la dio a conocer y donde la hizo popular, pues se imprimieron cuatro láminas que en breve, debido a la popularidad que logró, se reprodujeron, hasta en cuatrocientas mil estampas. Poco después arribó la primera imagen pintada. Así su fama se extendió desde la Alta California hasta el Sur de Guatemala.

Óleo de la Virgen del Refugio, obra de Pablo Valdés. Basílica de San Sebastián de Analco, México.

Óleo de la Virgen del Refugio, obra de Pablo Valdés. Basílica de San Sebastián de Analco, México.

Hacia 1744 el franciscano Fray José María Guadalupe y Alcibia, predicador apostólico del Colegio de Propaganda Fide con sede en el Convento de Guadalupe, Zacatecas, obtuvo del P. Giuca una copia de la imagen que llevó a ese lugar. En una carta que remite Fray José María Guadalupe en 1746 al P. Giuca, le relata su experiencia misionera en nueve meses y como al final de ese lapso, la imagen era venerada en el altar mayor de la Iglesia de ese convento, teniendo miles de devotos que la visitaban para implorar su protección y para también darle gracias por su ayuda. Las misiones de este Colegio Apostólico tenían como patrona a Nuestra Señora de los Dolores, pero al observar el crecimiento de la devoción de los fieles, se optó por nombrar como Patrona a Nuestra Señora del Refugio. Así pues, los padres franciscanos propagaron su devoción por todo el norte de México.

En 1994 los religiosos de este convento celebraron el 250 aniversario de la llegada de esta imagen, colocada ahora en un altar del crucero de la iglesia; por esta razón aprovecharon la ocasión para restaurar la pintura, que se había resentido por los efectos del tiempo.

Devoción en Guadalajara
El culto tributado a Nuestra Señora del Refugio en la ciudad y en la arquidiócesis de Guadalajara tiene una especial mención; la sede principal de esta advocación se encuentra en la Basílica de San Sebastián, en el barrio de Analco. Esta iglesia es una de las más antiguas de la ciudad pues data del siglo XVI. Allí se venera su imagen, cuya fama es la de ser la más artística de este arzobispado.

Hacia la década de los años setenta del siglo XIX, el P. Manuel Noriega promovía procesiones de fieles por la Garita de El Leal, hoy las confluencias de las Avenidas México y Chapultepec, rezando el Rosario. Luego se cambió el punto de reunión en el Templo de San Sebastián hacia el Cementerio de Los Ángeles, donde ahora se halla la antigua central camionera, cerca del Parque Agua Azul. En estas procesiones se llevaba un cromo de la Virgen del Refugio, como se le conoce popularmente. En ese lugar, al concluir la procesión, el P. Noriega predicaba un sermón con el que encendía los corazones en el amor y devoción a esta imagen, de la cual era amante devoto. Esto dio origen a que se formara una cofradía en honor de Nuestra Señora del Refugio, teniendo como sede el Templo de San Sebastián. Fue tanta la devoción que los miembros de esta asociación mandaron hacer al notable pintor jalisciense Pablo Valdés un cuadro de la celestial Señora, que fue colocado en ese templo hacia 1880. Los favores alcanzados por intercesión de Nuestra Señora del Refugio fueron tales y tantos, que su imagen fue colocada en el altar mayor, donde hoy es venerada.

Estampa devocional de la Virgen del Refugio, inspirada en la imagen original de Frascatti, Italia.

Estampa devocional de la Virgen del Refugio, inspirada en la imagen original de Frascatti, Italia.

El celo de la cofradía creció con el fin de promover esta devoción y muchos miembros se integraron a ella. Así, otras cofradías se fundaron en otras parroquias de la ciudad, pero seguían reconociendo como central a la iglesia de San Sebastián. Por esta razón y para que se guardara el mismo fin y la unidad, el Siervo de Dios Don Francisco Orozco y Jiménez, arzobispo de Guadalajara, pidió al Papa Pío XI que elevara a Archicofradía a esta asociación el 1 de agosto de 1935. El 2 de febrero de 1937, el Cardenal Secretario de Estado de la Ciudad del Vaticano, Eugenio Pacelli, expidió el respectivo breve elevando a Archicofradía la Asociación de Nuestra Señora del Refugio de San Sebastián de Analco, con la facultad de agregar e esta sede a las demás asociaciones que con el mismo nombre hubiera en la República Mexicana, comunicándoles las numerosas indulgencias que pueden lucrar los asociados. La basílica de San Sebastián de Analco es el Santuario Nacional de Nuestra Señora del Refugio y centro de esta advocación en la República Mexicana.

Otro lugar donde se le tributa culto a la Santísima Virgen María es en un templo ubicado en la Avenida de Federalismo, ante calle del Moro. Esta iglesia se encuentra en el barrio de la Capilla de Jesús, ilustre porque ahí vivieron los Beatos Ezequiel y Salvador Huerta Jiménez, Ramón y Jorge Vargas González y Santa María Guadalupe García Zavala.

Este templo fue fundado por el franciscano fray Pascual del Niño Jesús Avelar, quien era confesor de las hermanas Librada, María y Matiana Orozco, quienes deseosas de una vida de perfección le pidieron que fundara una “Congregación de Terciarias Franciscanas”, cosa que sucedió luego de muchas dificultades, siendo fundadora de las misma la hoy Sierva de Dios, madre Librada Orozco. La Congregación se llamó de Religiosas Franciscanas de Nuestra Señora del Refugio. El culto en esta iglesia se abrió el 4 de agosto de 1859. En 1933 el templo fue incautado por orden del Presidente de México Abelardo L. Rodríguez, quedando fuera del culto hasta comienzos de la década de los años cincuenta por gestiones del Arzobispo José Garibi Rivera. En 1976 este bello templo de estilo gótico estuvo a punto de ser derrumbado al ser ampliada la calle Moro para dar paso a la Avenida de Federalismo. De manera ingeniosa ha quedado en el camellón central.

Lienzo de la Virgen del Refugio, obra de fray Amador Castro, venerado en la Calzada del Federalismo, Guadalajara (México).

Lienzo de la Virgen del Refugio, obra de fray Amado Castro, venerado en la Calzada del Federalismo, Guadalajara (México).

La pintura de la Virgen de esta iglesia fue hecha por fray Amado de la Madre de Dios Castro, que vivía en el convento de la Basílica de Nuestra Señora de Zapopan. Este hermano lego era hermano de Felipe Castro y ambos, hijos de José Castro, éstos últimos pintores de lo mejor que ha habido en la ciudad, aunque hoy son desconocidos. El hermano Castro no tuvo la pericia de su padre y hermano y más bien fue un copista, reprodujo varias imágenes de Nuestra Señora del Refugio, delineadas por un calco de cera de la imagen que se venera en esa Basílica y pintada por su padre José Castro. Todas las imágenes que producía eran iguales en proporción y tamaño, pero todas de trabajo esmerado, de atractivo irresistible y encantadora belleza. La imagen de este templo es de las más artísticas y encantadoras de la ciudad. Fue coronada con decreto episcopal el 4 de julio de 1950.

Además de estos dos lugares, tiene dos parroquias dedicadas en barrios antiguos de Zapopan. La Experiencia y el Batán y últimamente se han erigido otras dos en colonias populares: El Colli y Lomas de Zapopan. Hay pueblos que lleva su nombre, como en Tala, Jalisco. Es oportuno mencionar que en la Parroquia de Zapotiltic, de la Diócesis de Ciudad Guzmán, en Jalisco, hay una pintura de este título, realizada en base a una foto de la imagen desaparecida de Frascatti. Su imagen es venerada en muchos templos y parroquias del país, incluso la catedral de Tampico, Tamaulipas, tiene como titular a esta advocación de Nuestra Señora del Refugio.

Descripción
La imagen de Nuestra Señora se ha multiplicado en varios modelos, identificándose hasta tres o cuatro variantes. Sin embargo, el común denominador de ellas es la Virgen sentada, quien lleva en su regazo al Niño de pie, a quien sostiene con sus manos. Casi siempre su vestido es rosa o rojo, tachonado con el monograma JHS. Su manto es azul y lleva un paño que le rodea el cuello y le cruza el pecho. Este paño en otras pinturas puede identificarse como un chal. Su cabeza no tiene velo y su cabello está recogido hacia atrás, porta aretes y lleva un anillo. Este detalle es original de la escuela mexicana. Su rostro es amable y su mirada se fija en quien la observa. El Niño Jesús viste un ligero paño de pudor o una túnica larga de tela translucida y vaporosa. A veces la rodea un arco de flores. Tanto la Madre como el Hijo llevan ceñidas sus cabezas con sendas coronas de tipo condal; en algunas representaciones la faz de la virgen está rodeada por una aureola de doce estrellas. Últimamente las casas que venden artículos religiosos han promocionado la novedad de su imagen de talla o bulto, mas no se ha visto en alguna iglesia que ponga a culto público esta figura.

Conjunto escultórico de la Virgen del Refugio venerado en Acímbaro, Guanajuato (México).

Conjunto escultórico de la Virgen del Refugio venerado en Acámbaro, Guanajuato (México).

Mensaje
El pecado es una realidad espiritual que ofende a Dios y aleja al ser humano de Él. El hombre, por sí solo, no puede remediar los efectos y las causas del pecado, para eso se encarnó Jesucristo en el seno de María, para salvarnos con un cuerpo como el nuestro. Solamente Dios puede perdonar el pecado y alejar del hombre las consecuencias del mismo, por ello, es conveniente recordar que para ello el Señor Jesús instituyó el sacramento de la reconciliación, que restituye su gracia en el alma arrepentida que busca de corazón su perdón.

A la misión salvífica de Cristo está asociada la figura de la Virgen María. Cristo, el nuevo Adán; y María, la nueva Eva, ponen el ejemplo a la humanidad de cómo obedecer el plan de Dios, en contraposición de la primera pareja, que desobedecieron el mandato del Creador y pecaron. Es claro que Cristo vale por sí solo y no necesita de la Virgen para redimirnos, sin embargo, la ha unido a su obra redentora y nos la ha dejado como Madre al pie de la Cruz, otro árbol con otro fruto y otros efectos muy diferentes del árbol del bien y del mal que había en el paraíso. Esa misión de Madre, hace que María sea Refugio, Consuelo, Auxilio, Defensa y Socorro de todos los bautizados que necesitan ayuda para remediar sus miserias espirituales y materiales.

Esta advocación coincide con una invocación de las letanías lauretanas: Refugio de los Pecadores, que ha inspirado la conversión de muchas almas, que sintiendo lo negativo del pecado en sus vidas, reconocen en María a aquella que es el Refugio que puede librarlos del peligro de la perdición eterna y que puede ayudarlos en todas sus necesidades si es para bien de sus almas.

Fiesta
La fiesta de Nuestra Señora del Refugio se celebra en México el 4 de Julio, en recuerdo de la coronación pontificia de la imagen de Frascatti. Su celebración litúrgica, con categoría de memoria opcional, coincide con la también memoria opcional de Santa Isabel, reina de Portugal, pero se celebra como memoria obligatoria por el cariño que se le profesa y la popularidad que tiene, así pues, la celebración de la santa soberana lusa queda de esta manera omitida.

Humberto

Bibliografía
– OROZCO, Luis Enrique, Iconografía Mariana de la Arquidiócesis de Guadalajara, Año Mariano, Tomo I, 1954 (edición a cargo del autor).

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