Nuestra Señora del Sagrado Corazón

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Virgen del Sagrado Corazón. Estampa devocional de los años 20.

Virgen del Sagrado Corazón. Estampa devocional de los años 20.

El título o advocación de Nuestra Señora del Sagrado Corazón es relativamente reciente, sin embargo, tiene muy derramada su fama y son bastantes sus fieles devotos que confían en la Madre de Cristo, cuyo Corazón, hoguera ardiente de caridad, espera que su Progenitora sea invocada para derramar sus gracias y misericordias generosamente por medio de Ella. Esta devoción ha conocido muchas variantes en su culto: la iconografía, el aumento y disminución de devotos, propagación rápida por muchos lugares y el ocaso con su misma rapidez, pero no por ello ha sido un obstáculo para tener una popularidad semejante a la de Nuestra Señora del Refugio o Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Por lo pronto, cabe decir que, por lo menos en México, es una de las advocaciones más invocadas y queridas. Mayo es el mes de María y al concluir sus días, la Iglesia celebra la Visitación de la Santísima Virgen María, pero es conocido de sobra que en un día el santoral católico tiene mas de una celebración. En este caso, el 31 de mayo, tiene otra celebración mariana a la cual dedicamos este artículo y, que se trata, como dice el encabezado, de Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

Orígenes
Issoudun es una ciudad de la diócesis de Bourges, en Francia. En la parroquia de este lugar, durante la segunda mitad del s.XIX, surge este nombre mariano. Los padres Julio Chevalier y Maugnest, jóvenes vicarios de esta iglesia, tenían el proyecto de fundar un instituto religioso de carácter misionero al que denominarían “Congregación de Misioneros del Sagrado Corazón”, en la que procurarían también honrar de manera especial a la Santísima Virgen María. El 8 de diciembre de 1854, día en que el Beato Pío IX declaraba como dogma de fe la Inmaculada Concepción de María, ambos sacerdotes concluían una novena en la que pedían a Dios las luces para discernir este proyecto. Tomaron como una señal de Dios el que, al terminar la misa mayor de ese día, una persona anónima les ofreció una limosna de 20,000 francos para que establecieran una obra piadosa, preferentemente con carisma misionero. Dicha fundación fue aprobada por el arzobispo de Bourges, Carlos A-Brown, y el 9 de septiembre de 1855 recibió oficialmente en nombre de “Misioneros del Sagrado Corazón”. Solamente quedaba pendiente la segunda intención de honrar a Nuestra Señora de modo especial.

Primitiva imagen en la Basílica de Issoudun, Francia.

Primitiva imagen en la Basílica de Issoudun, Francia.

La ocasión llego el 31 de mayo de 1859. El P. Chevalier oraba sobre un reclinatorio en la sacristía de la parroquia luego de haber celebrado el ejercicio vespertino para concluir el mes de mayo. En el altar se había venerado estos días una imagen de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, la cual fue retirada por el sacristán y llevada a la sacristía, siendo depositada sobre una cómoda. Accidentalmente puso a los pies de esta imagen una estatua del Sagrado Corazón de Jesús, cuyo mes se iniciaba al día siguiente y que sería puesta para su veneración en el altar. El P. Chevalier contempló este detalle de cómo María mostraba con sus dos manos a su Hijo y se sintió impulsado a darle el título de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Con esta intención, hizo que fuera pintado un cuadro con esta idea, y luego hizo que se diseñara una vidriera para exponerla en una ventana de la parroquia, la cual se reprodujo en grabados que se difundieron rápidamente. Posteriormente hizo tallar una estatua de mármol con esta misma idea y la puso en el altar mayor de la parroquia, siendo ésta la primitiva y original imagen de esta devoción mariana. Tuvo además la inspiración de que la Congregación promoviera el culto a este nombre mariano.

Como se propagó intensamente esta devoción, se solicitó su Coronación Pontificia a la Santa Sede, quien examinó la imagen, su advocación y su historia. Surgió entonces un detalle: el Beato Pío IX dispuso que, conforme a la tradición de la Iglesia, en lo sucesivo, la Virgen sería representada de pie, con el Niño Jesús sentado en su brazo izquierdo y teniendo en su mano derecha el Corazón de Jesús que sale de su pecho abierto. La razón teológica de fondo para este cambio es que Cristo no podía estar a los pies de su Madre. Tal disposición despertó angustias, por considerar que la imagen había sido prohibida. Así, el arzobispo de Bourges, Carlos A-Brown, escribió al P. Chevalier una carta donde le refería unas puntualizaciones del cardenal Patrizi al respecto: las estatuas y pinturas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón destinadas al culto público se modificarían conforme a las indicaciones establecidas; sin embargo, la venerable y venusta imagen de Issodoun podía seguir siendo venerada en su santuario, las representaciones e imágenes que la reprodujeron podían mantenerse y conservarse. Además, las gracias concedidas a la imagen original de Issoudun permanecían en su integridad.

Imagen de la Virgen del Sagrado Corazón modificada según las disposiciones del Beato papa Pío IX.

Imagen de la Virgen del Sagrado Corazón modificada según las disposiciones del Beato papa Pío IX.

Culto en el mundo
Para fomentar esta devoción mariana, el P. Chevalier redactó los estatutos de la Cofradía de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, que fue erigida canónicamente el 6 de abril de 1864, y en la que años más tarde se inscribiría como socio San Pío X. El Papa León XIII la erigió como Archicofradía Universal el 26 de abril de 1879.

En Holanda, en la ciudad de Sittard, se le erigió un santuario cuya imagen titular es una copia de la de Issoudun. Es tal el culto y devoción que esta imagen fue coronada por decreto pontificio en 1873, y este templo se declaró como Basílica Nacional. En Roma, la iglesia de Santiago de los Españoles es regenteada por los Misioneros del Sagrado Corazón, por lo que en este lugar es un centro que promueve su culto. Su fama se ha extendido en España, Portugal, Suiza, Alemania, Inglaterra, Argelia, Egipto, Nigeria, Oceanía, Irlanda, Australia, Israel, Turquía, Japón, Vietnam, Estados Unidos, México y el resto de América, por lo que su fama puede considerarse, con toda razón, como internacional.

El Beato Pío IX constituyó a Nuestra Señora del Sagrado Corazón como patrona de la Congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón el 7 de junio de 1867, concediendo que su celebración anual tuviera lugar el 31 de mayo. También concedió la Coronación Pontificia, que se llevó a cabo el 8 de septiembre de 1869. Como desde esta fecha comenzaron muchas peregrinaciones al santuario de Issoudun y eran tantas las personas que acudían a este lugar, fue necesario construir un templo más espacioso, en estilo neogótico, que una vez concluido, fue elevado al rango de Basílica Menor por el mismo Papa. Además, el P. Chevalier fundó dos institutos religiosos con el nombre de Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

Imagen que se veneraba en la iglesia de la Merced de Guadalajara, México. Actualmente arrinconada.

Imagen que se veneraba en la iglesia de la Merced de Guadalajara, México. Actualmente arrinconada.

En México
Fue el P. Joaquín J. de Araoz quien, estando en Roma en 1900, fue ordenado sacerdote por el cardenal Pedro Respighi. Él era miembro de la Sociedad Católica para la Defensa de la Religión. De regreso a México, fue nombrado Canónigo Honorario de la Catedral Metropolitana y Presidente de la mencionada sociedad. Él puso entonces en la catedral referida una imagen de la Virgen que había traído de Europa y de la que se convirtió en su propagador. A ella la nombró patrona de los obreros y artesanos y promovió su Archicofradía. De la capital del país, su culto se propagó en su misma circunscripción y luego pasó a otras partes, como Morelia, Acapulco, Ciudad Juárez, Durango, Xalapa, Mexicali, Monterrey, Puebla; lo que viene a confirmar cuánta devoción se tiene en México a Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

Mención particular debe hacerse a la parroquia de San José en la Ciudad de México. Aquí se venera un cuadro de Nuestra Señora desde 1940. Tan en breve se encendió su devoción, que le fue dedicada una capilla, que pronto se atestó de una cantidad increíble de exvotos, los cuales forman un retablo en el fondo del testero de esta capilla, con figuras artísticas agradables y de buen gusto. En 1948, con motivo de las bodas de plata del arzobispo primado de México, Don Luis María Martínez, actualmente siervo de Dios, se obtuvo del Papa Pío XII la autorización para coronar con decreto pontificio esta imagen, la cual se realizó en la Catedral Metropolitana, adonde fue trasladada la imagen y que fue hecha finalmente el domingo 26 de septiembre del 1948.

Guadalajara
En esta ciudad se dio a conocer en México esta advocación mariana. Fue el P. Rafael Sabás Camacho, luego obispo de Querétaro, quien en 1861, con motivo de los disturbios civiles originados por la promulgación de las Leyes de Reforma, tuvo que ir al destierro a Europa. Allí conoció personalmente al P. Chevalier, con quien tuvo un trato personal. Emocionado por lo que el P. Chevalier le refería sobre la muchas y admirables gracias que Dios concedía por intercesión de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, trajo a México una copia de la imagen de Issoudun, con el propósito de promover su culto. Una vez de regreso a la Perla Tapatía, obtuvo del azobispo metropolitano Pedro Loza y Pardave la autorización de usar la capilla anexa a la iglesia de Nuestra Señora de la Merced.

Imagen venerada en la iglesia homónima, Guadalajara, México.

Imagen venerada en la iglesia homónima, Guadalajara, México.

El entonces ya canónigo Camacho hizo reparar y embellecer esta capilla e hizo traer de Queretaro, del afamado taller de don Abraham Fuentes, una escultura de tamaño natural de Nuestra Señora del Sagrado Corazón vestida de media talla y copia de la original de Issoudun. Esta imagen fue reputada como una de las más bien acabadas y perfectas de la estatuaria moderna, y una de las más bellas de Guadalajara. La inauguración de la capilla, con su bendición y entronización de la imagen, tuvo lugar el 31 de mayo de 1871. En este lugar se instituyó la Archicofradía que promovía ampliamente su culto. Hacia 1910 estaba como capellán el P. Luis Gonzaga Romo, quien, al ser nombrado capellán de la iglesia de la Compañía, tuvo la autorización de trasladar la imagen a esta iglesia, que en 1914 fue confiscada por las tropas del general Álvaro Obregón, por lo que volvió a la capilla original. Aquí continuó recibiendo muestras de fervor, al grado de que el arzobispo de Guadalajara, José Garibi Rivera, autorizó que fuera coronada litúrgicamente el 29 de mayo de 1937.

El culto a Nuestra Señora del Sagrado Corazón en este lugar conoció épocas de esplendor, pero tristemente, una vez que murieron los sacerdotes que mantenían viva su devoción, ésta comenzó a languidecer, hasta que finalmente se extinguió. En un momento dado se decidió volver a abrir la puerta de esta capilla al interior del templo de Nuestra Señora de la Merced, para que tuviera comunicación; se destinó entonces la capilla para el culto del Santísimo Sacramento (que fue un gran acierto), y la venerada imagen se arrinconó en la capilla derecha del presbiterio, donde conoció el olvido. Últimamente esta capilla fue remozada y se dedicó al culto de los Santos mártires mexicanos, así como de otros Santos nacionales. Entonces, la imagen se trasladó a la capilla del Calvario. Allí permanece, dentro de una vitrina que la desmerece, tristemente sin ninguna devoción, pese a haber estado coronada con decreto episcopal. Como dice el adagio latino, “sicut transit gloriae mundi”, de cuyo significado no se libran ni las imágenes que tuvieron mucha devoción.

A Nuestra Señora del Sagrado Corazón se le ha dedicado una iglesia moderna, en la década de los sesenta, en la colonia Villaseñor. Fue hecha construir por el P. Vicente Enríquez Peregrina (+) y tiene adjunto el monasterio de Santa María de Gracia, de monjas dominicas, que fue el primero instituido en la capital de Jalisco. Dicho convento, al no tener el espacio necesario, fue necesario trasladarlo a este lugar. Cabe señalar que por este templo han pasado insignes sacerdotes como el P. Esteban Sánchez Valdés (+) el P. Salvador García Radillo, Monseñor Juan Pablo Preciado; y actualmente está a cargo del P. Javier Magdaleno, que es también el Secretario Canciller del Arzobispado. Este templo es un lugar que atiende pastoralmente a una buena sección de la ciudad.

Detalle de la imagen que se veneraba en la iglesia de la Merced, Guadalajara (México), actualmente arrinconada.

Detalle de la imagen que se veneraba en la iglesia de la Merced, Guadalajara (México), actualmente arrinconada.

Conclusión
La imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón representa a la Madre de Dios, que está de pie y porta al Niño Jesús en su brazo izquierdo, viste una túnica roja y lleva un mantón azul marino. Porta una diadema condal, mientras que la de su Divino Hijo es imperial. En su mano derecha toma el Corazón de Jesús, como para ofrecerlo al pecador que tiene necesidades en el alma o en el cuerpo. Esta iconografía es común hallarla en algunas iglesias, aunque también es más frecuente encontrarla en cuadros pintados. Últimamente han surgido otras variantes muy distintas en estilo, porque se le da otra visión artística, donde incluso la Santísima Virgen María tiene a la vista su Inmaculado Corazón.

Nuestra Señora del Sagrado Corazón es conocida como abogada de las causas difíciles y desesperadas. Tal vez por ello su culto en general se mantiene firme, y tiene mucho cariño y confianza entre los católicos mexicanos. Su devoción no ha de considerarse como dulzona o impregnada de emotividad; al estar injertada directamente en Cristo, de cuyo corazón brotó la Iglesia. Se nos enseña que María nos lleva a Cristo y que, en todas las angustias y necesidades que tengan los seres humanos, sobre todo para convertirse de sus pecados, Ella siempre nos dará con rapidez y efectividad los dones de la misericordia de Cristo, Hijo de Dios vivo y Salvador de los Hombres.

Humberto

Bibliografía:
– OROZCO CONTRERAS, Luis Enrique, Iconografía Mariana de la Provincia Eclesiástica de Guadalajara, Sine Labe Concepta, Guadalajara, 1980, pp. 221-236.

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