Virgen al Pie de la Cruz de Puçol

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Imagen original de la Virgen al Pie de la Cruz. Puçol, Valencia (España).

Imagen original de la Virgen al Pie de la Cruz. Puçol, Valencia (España).

Es en la mañana del último domingo de agosto, cuando los devotos puzolenses emprenden una gran romería desde la parroquia de Puçol hasta la montaña del lugar conocido como Cabeçol, en la que participan más de dos mil personas. Allí se imponen las pañoletas y las medallas de la Virgen a todos los bautizados en el último año, aunque muchos bautismos de niños de la localidad se hacen en ese día, como una señal para demostrar que pertenecen a la hermandad de la Virgen. A continuación, se celebra una ceremonia religiosa oficiada por el sacerdote de Puçol.

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Y es éste el lugar de peregrinación, pues nos remontamos a un 6 de septiembre de 1570 cuando un ermitaño de Puçol, llamado Pedro Muñoz, encontró un relieve en yeso que contenía una imagen de la Virgen.  Resulta que, en las inmediaciones del convento cartujo de Valldecrist de Altura, se levantaba una ermita dedicada a San Julián (de la que apenas quedan restos), en la que estuvo como ermitaño el tal Pedro Jerónimo Muñoz, al que se tenía por persona de grandes virtudes. Éste había sido dirigido en su juventud por el Beato franciscano Nicolás Factor, hasta que decidió retirarse a la citada ermita en 1590, donde adoctrinaría a los vecinos de la comarca del Palancia con el beneplácito de los religiosos. Éstos llegaron a testificar acerca de la excelencia de sus virtudes, de su devoción al Santísimo Sacramento, a San Vicente Ferrer y a su hermano Bonifacio Ferrer, así como de la veracidad acerca de las muchas curaciones y otros sucesos milagrosos que se le atribuían.

Grabado de la imagen.

Grabado de la imagen.

Fue entonces, desde su retiro de San Julián, cuando observó cómo caían cinco estrellas sobre un montecillo próximo a El Puig. Cuando comunicó el ermitaño la visión a su cordial amigo, el venerable Fray Pedro Nicolás Factor, religioso franciscano que entonces era guardián del convento de la Vall de Jesús de la Santa Recolección, ambos intuyeron que debía tratarse de un prodigio, pues allí comenzaron a cavar, con la esperanza de encontrar el misterio tan ansiado.

Como se había hecho de noche, resolvieron retirarse, pero dos labradores, que estaban sobre aviso de la búsqueda, continuaron cavando y se encontraron un relieve en yeso con la imagen de la conocida como Virgen al Pie de la Cruz enmarcado en un cuadro, y lo llevaron a su casa, con intención de apropiárselo. Como al día siguiente Pedro Muñoz vio que el hueco en la tierra era mayor que el que él había dejado, fue cuando tuvo la determinación inspiradora de acudir, con el patriarca San Juan de Ribera, a casa de los dos labradores para recuperar la imagen santa y llevarla consigo.

Sin embargo, como consecuencia de un incendio posterior en su vivienda, el entonces arzobispo de Valencia, el Patriarca Juan de Ribera, le rogó que lo depositara en la primitiva iglesia de Puçol. De ella pasó, el 28 de octubre del año 1607, a la actual Parroquia de los Santos Juanes y, con el tiempo, esa imagen se ha convertido en la patrona  de Puçol. Todavía hoy el reverso del cuadro aparece calcinado como consecuencia de aquel fuego. En el año 1925 fue nombrada patrona canónica de Puçol, siendo clavarios todos los sacerdotes hijos del pueblo. Recibió aquel acto el nombre de “fiesta de los capellanes”.

Otro grabado de la venerada patrona de Puçol, Valencia (España).

Otro grabado de la venerada patrona de Puçol, Valencia (España).

Tal es la devoción que le tiene el pueblo, que en la conocida como Casa Social tenemos un relieve con un bello azulejo que la representa. Esta advocación servita tiene además un convento en Sagunto y tuvo uno en Valencia, de cuyo rastro sólo nos queda el nombre de una calle. De origen no menos antiguo, encontramos la antigua ermita de Nuestra Señora al Pie de la Cruz, que se encuentra en la entrada de la urbanización Monte Picayo.

La ermita primitiva fue levantada en los siglos XV o XVI por los padres franciscanos del que fue Convento de la Vall de Jesús y que se hallaba en las proximidades del lugar de su hallazgo. Ésta fue reconstruida en el año 1959, dándole el aspecto actual el matrimonio Alicia Cerezo y Jesús Gómez, momento a partir del cual fue dedicada a Santa Alicia.

Salvador Raga

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Nuestra Señora de los Dolores

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"Mater Dolorosa", lienzo del pintor barroco italiano Carlo Dolci.

“Mater Dolorosa”, lienzo del pintor barroco italiano Carlo Dolci.

Introducción
Para entender la fiesta mariana de este día, hay que utilizar dos textos bíblicos: el primero del libro del Génesis y el segundo del Evangelio de San Juan. En el primer caso, recordamos a la primera pareja que cayó en el pecado y en el segundo a Cristo y María en el Calvario, siendo el primero el Redentor de los caídos y la segunda, la mujer asociada a la salvación del género humano. En una de sus homilías, San Juan Crisóstomo compara como en el Edén estaba un hombre, la mujer y el árbol de cuyo fruto prohibido comieron, desobedeciendo el mandato de Dios y logrando como consecuencia el dolor, la muerte y la derrota. En cambio, en el segundo pasaje, Cristo es el nuevo Adán, María, la nueva Eva, la Cruz, donde esta clavado el Redentor es el árbol de la vida, cuyo fruto salvífico es Cristo mismo. Cristo y su Madre obedecieron el plan de Dios y obteniendo así la reparación del error de la primera pareja. El Señor Jesús logró el perdón, la esperanza, la recreación del hombre y la salvación del género humano. Así en este proceso, quiso tener a María a un lado suyo, para hacerla madre de la humanidad redimida, siendo así una verdadera Madre de los vivientes.

El texto evangélico de esta fiesta
Para sintonizar mejor con lo que esta fiesta celebra, conviene recordar el pasaje alusivo del Evangelio de San Juan: “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su Madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” y luego dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa” (Jn. 19,25-27).

María al pie de la Cruz
En toda la vida pública de Cristo, luego de su primer milagro en las bodas de Cana, el Evangelio no refiere algún hecho donde intervenga directamente María de Nazareth. Esto podría entenderse desde dos puntos, el primero, María no aparece reclamando atención y queriendo ser el centro de las miradas, proponiéndose como la Madre de Cristo. No roba cámara ni llama la atención, permanece en su hogar cumpliendo sus obligaciones y esperando la hora de Cristo. Cuando ésta llega, que es el punto siguiente, se muestra como la que es solidaria con el que sufre, la que permanece al lado de Cristo cuando todos le abandonan, la que no teme que la relacionen con Él. Lo hace porque en su Madre y está consciente de que debe colaborar con a su lado para que se realice la Redención.

"Descendimiento de Cristo", de Roger Van Der Weyden. Museo Nacional del Prado, Madrid (España). Obsérvese cómo se representa a  la Virgen desmayada.

“Descendimiento de Cristo”, de Roger Van Der Weyden. Museo Nacional del Prado, Madrid (España). Obsérvese cómo se representa a la Virgen desmayada.

Los sufrimientos de María deben verse a la luz de la fe, una fe como la suya, que ve en Cristo a su hijo, que como judía sabe que el que pende en la Cruz es su Mesías y como creyente sabe que el crucificado es su Dios. Todo ello en base a la experiencia de su oración y su meditación constante, sobre todo a la luz del misterio de la Encarnación: María estaba convencida de que la vida que había germinado milagrosamente en su seno no podía acabar en la Cruz.

Sin embargo, esto no impedía que sintiera la emoción y los sentimientos por ver sufrir a su Hijo. Los padecimientos de Jesús los vivió Ella uniéndose íntimamente al varón lleno de dolores con la firme esperanza de la resurrección, pero de momento, tuvo que sentir o mejor dicho, vivir, esa espada de dolor que en la Presentación de su Hijo en el Templo de Jerusalén le profetizó Simeón que iba a traspasar su alma. Así María podría decir con palabras que la liturgia pone en su boca lo que siente en estos momentos en su corazón: “¡Oh vosotros cuantos pasáis por el camino: mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor!” (Lam. I, 12), y con la misma Palabra de Dios, los fieles podrían responderle: “¿Con quién podré compararte? ¿A quién te asemejaré, hija de Jerusalén? ¿Quién te podrá salvar y consolar, virgen, hija de Sión? Inmenso como el mar es tu quebranto: ¿quién te podrá curar?” (Lam. 2, 13).

Durante la Edad Media, las devociones y sentimientos de compasión hacia la Virgen Dolorosa llegaron al grado de representarla desfallecimiento de dolor, desmayada y caída porque el sufrimiento fue insoportable. Nada más equivocado. El Evangelio dice claramente: “Al pie de la Cruz, estaba su Madre”. María permaneció firme, dolorosa pero imperturbable; transida de pena, pero no derrumbada. De pie, es decir, segura, llena de confianza, aunque de momento todo parecía ser el final y una trágica derrota.

"La Pietà", conjunto escultórico de la Virgen con Cristo muerto, obra de Michelangelo Buonarrotti (1498-99). Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

“La Pietà”, conjunto escultórico de la Virgen con Cristo muerto, obra de Michelangelo Buonarrotti (1498-99). Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Es entonces cuando Cristo la constituye como Madre de los hombres en la persona de Juan: “Hijo, he allí a tu Madre”, “Mujer he ahí a tu hijo”. Es el momento más sublime en la vida de María luego de la Encarnación de Jesús. Ahí comienza otra misión de donde la vienen todas las advocaciones, pues por esta maternidad espiritual, todos los hombres la invocan y la aclaman.

Al ser bajado Cristo muerto de la Cruz, la Madre Dolorosa recibe en su regazo al cadáver de su amado hijo y los causantes de esa muerte son ahora sus nuevos hijos. Por ello, al ser depositado Jesús en el sepulcro, Ella tiene plena seguridad de que se cumplirán las palabras del Redentor: “Si el grano de trigo no cae y muere en la tierra, no tendrá vida”. (Jn. 12, 24) La tarde de ese primer Viernes Santo, María es la única lámpara que brilla en las tinieblas, esas tinieblas que son más densas precisamente porque está por emerger la luz.

Historia
A partir del s.VIII, los escritores eclesiásticos hablan de la “Compasión de la Virgen”, es decir de su participación en los dolores del Crucificado. Pronto surgen las devociones a sus 7 dolores y la composición de himnos con los que el pueblo fiel profesa su solidaridad con la Virgen Dolorosa. Esta fiesta comienza a celebrarse en Occidente en la Edad Media. Se habla de la Transfixión de María, de la Recomendación de María en el Calvario. Esta conmemoración se realizaba en el tiempo de Pascua.

En el s.XII, los religiosos servitas celebran el recuerdo de María bajo la Cruz con oficio y misa especial. Hacia el s.XIV en Alemania hay una conmemoración el viernes tercero de Pascua a la que se conoció como Transfixión o Martirio del Corazón de la Bienaventurada Virgen María, o de La Lamentación de la Bienaventurada Virgen María y finalmente de Los Dolores de la Bienaventurada Virgen María.

Políptico de los Siete Dolores, obra de Albrecht Dürer (ca.1500). Museo de Dresde, Alemania.

Políptico de los Siete Dolores, obra de Albrecht Dürer (ca.1500). Museo de Dresde, Alemania.

En algunos lugares comienza a surgir la devoción a sus cinco dolores, que pronto se convertirán en siete. A Santa Brígida se le debe una piadosa tradición, según la cual la Madre de Dios le prometió que todo aquel que la honrara con el rezo de siete aves marías diariamente en honor de su siete dolores, que ella personalmente los asistiría en ese trance y que morirían en la gracia de Dios.

Hacia el siglo XVII ya se celebra el domingo tercero de septiembre esta fiesta y también el viernes anterior al domingo y de Ramos hay una conmemoración de la Virgen Dolorosa, la que popularmente se conoce como Viernes de Dolores. El Papa Benedicto XIII extendió la celebración del Viernes de Dolores a todo el mundo en 1472 y el Papa Pio VII, en 1814 fija la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores para el 15 de septiembre insertando la celebración en el Calendario Universal.

Para entender la razón de esta fecha hay que revisar este calendario. El 14 de septiembre, un día anterior, se celebra la Exaltación de la Santa Cruz; por tanto, nada mejor que este día para celebrar a la Madre Dolorosa, que como dice el Evangelio, estaba junto a la Cruz. Este comentario es muy oportuno para los lectores de México, pues al celebrarse la Santa Cruz el 3 de mayo, el día 14 de septiembre es un día ordinario y así, el 15 de septiembre pierde su conexión.

Stabat Mater
Este Himno se atribuye al franciscano Jocopone de Todi (+ 1306) y es un texto que se utiliza como secuencia en la misa de este día y fragmentado, como himno en la Liturgia de las Horas para Laudes y Vísperas. Es un poema de 20 estrofas, de profunda espiritualidad con clave poética. El discípulo de Cristo se siente interpelado en algunas estrofas para vivir en su interior el llanto y la pena de la Virgen Santa, para empatizar con sus sentimientos ante la Muerte de su Hijo. Este texto ha sido musicalizado por Palestrina, Pergolesi, Haynd, Wagner, Perosi y otros autores. A continuación se presenta el texto en castellano, oficializado en la Liturgia y cuyo arreglo se debe a Lope de Vega.

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía.
Cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.
¡Oh, cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena
.

Imagen de la Virgen Dolorosa en la Basílica del Monte Calvario de Jerusalén, Israel.

Imagen de la Virgen Dolorosa en la Basílica del Monte Calvario de Jerusalén, Israel.

Y ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
Y ¿quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.

Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo.
Porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea.
Porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea
.

Dolorosa de Francisco Salzillo. Museo Salzillo, Murcia (España). Foto de J. Zamora.

Dolorosa de Francisco Salzillo. Museo Salzillo, Murcia (España). Foto de J. Zamora.

Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio.
Porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén.
Porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén
.

Oración:
Dios Nuestro, que quisiste que la Madre de tu Hijo compartiera con él, de pie junto a la Cruz, sus sufrimientos, haz que nosotros, asociados con la Virgen en la Pasión de Cristo, participemos también en la gloria de la Resurrección. Por…

Humberto

Bibliografía:
– MARTÍNEZ PUCHE, José A., Nuevo Año Cristiano, Septiembre, Madrid, 2001 pp. 279-291.

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Nuestra Señora de los Dolores de Izúcar de Matamoros

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Milagrosa Imagen de Ntra. Sra. de los Dolores, la “Virgen que lloró”, Templo de Sto. Domingo, Izúcar de Matamoros, Puebla.

“Salve Reina hermosa,
Salve triste Madre.
Salve Mar de pena,
Fuente de piedades”

(Canto popular)

En la Mixteca Poblana (México), al sur del estado, se encuentra la Ciudad de Izúcar de Matamoros, rica en tradiciones, costumbres y de un gran fervor religioso. La zona fue evangelizada en el siglo XVI por la Orden de Predicadores o Dominicos. Entre los habitantes existe una profunda piedad mariana, manifestada en la devoción a distintas advocaciones y festividades en honor a la Madre de Cristo; entre ellas la Asunción que es titular de la Parroquia y dos de sus barrios, del Rosario patrona y devoción extendida por los dominicos, la Guadalupana y muchas más.
Destaca la imagen Milagrosa de la Dolorosa del Convento Dominico, cuya imagen es objeto de tierna veneración entre los fieles izucareños.

La Imagen
Es una imagen al óleo que representa en un busto a la Virgen en su título de los Dolores, en una actitud devota y conmovedora. Sobre un fondo claroscuro se destaca la imagen de la Virgen que lleva un vestido en tenue violeta y manto azul oscuro. La daga perforando el lado del corazón hace a la Virgen volver su rostro hacia el lado opuesto con una angustiosa convulsión. Tres serafines entrecruzando sus alas contemplan a María; pareciera que participan a su modo de los Dolores de Nuestra Señora. Junto a la figura de la Virgen, aparece una peña sobre la cual está el pensamiento de la Madre: los tres clavos tintos aún en la sangre de Cristo. Apenas una tenue ráfaga de luz que hace distinguir el bello rostro de María abatido, pero radiante. Tal parece que aquella luz viene como del cielo para alumbrar un poco las tinieblas del dolor por la soledad. La imagen es un cuadro pequeño posiblemente de finales del siglo XVIII o principios del XIX de autor anónimo, pero seguro éste emanaba gran piedad y conocimiento en el arte y distribución de los colores, sabiéndolo plasmar en esta bella imagen mariana.

El Milagro
En la Ciudad de Izúcar de Matamoros en la última década de la paz porfiriana, vivía una existencia impregnada de hospitalidad y sencillez; es en este ambiente donde aconteció el hecho verdaderamente milagroso del cual dieron testimonio los supervivientes que tuvieron la dicha de presenciarlo.

En la calle que antiguamente se llamaba “de la Acequia Chiquita” vivían en unos aposentos adjuntos a la casa de Dn. Néstor Torres, una familia pobre de tejedores: Rafael Soriano, su esposa Nazaria Flores, y su hija adolescente, Ana María. En dichos aposentos dada la pobreza de la familia que no se permitía lujos, todo era muy humilde, aunque embargo poseía, un cuadro de pequeñas dimensiones, que les había obsequiado un tío de Nazaria cuando estaban en Guerrero (posiblemente Tlapa), su tierra natal.

El cuadro estaba en completo abandono sobre una mesa de rincón sin más adorno que un marco sencillo y deteriorado. Aquel óleo que representaba a María de los Dolores, por la inclemencia del tiempo y el descuido de sus dueños estaba un tanto ennegrecido. Pero el Cielo tomo cartas en el asunto y el 24 de septiembre de 1900, este cuadro de tanta inspiración debía salir del rincón en que se hallaba.

Serían las ocho de la mañana, cuando la joven Ana María, se disponía a barrer el aposento donde se encontraba la pintura, mientras su madre se ocupada en otras tareas domésticas, cuando repentinamente se oyó un grito de sorpresa que resonó en el humilde hogar: “Mamá, mamá, ¡la Virgen está llorando!”. Apresuradamente entró su madre: “¿Dónde hija mía?”, Ana María respondió señalando la Imagen de la Dolorosa. Un temor piadoso las embargo y fuera de sí, salió Nazaria a dar cuenta de ello a Dn. Agustín Verdín vecino suyo y Dña. Luisa Cuevas, quien salió de inmediato acompañada de su pequeña hija de 7 años María, siendo estas las primeras en presenciar el portento despues de los dueños.

La Dolorosa Milagrosa. Templo del ex convento de Sto. Domingo, Izúcar de Matamoros, Puebla, México.

Efectivamente dice María Montaño siendo ya una persona adulta: “Yo la vi llorar y estuve ahí desde la primeras horas hasta las seis de la tarde en que me fui a comer. Durante diez minutos que la estuve contemplando, brotaban de sus ojos lágrimas de que se deslizaban lentamente, una lágrima más gruesa rodó hasta la parte inferior del marco de la Virgen”.

Tanto este testigo, como las demás que la vieron, aseguran “que no se podía ver este fenómeno sin sentirse movidos a llorar. La piedad transformo en un momento aquel recinto pequeño en Santuario de María, escuchándose y recitándose ante ella el santo Rosario dirigido por una piadosa profesora llamada Flora Martínez, después terminado el rezo siguieron llegando las multitudes trayendo flores y lágrimas de emoción. Los testigos nos dicen que se realizo otra maravilla en la imagen de Nuestra Señora: los ojos que parecían más verdaderos que dibujados, estaban enrojecidos y como escalados por el llanto, pero lo que admiró fue que también simultáneamente sudaba la santa imagen. Bañaba su frente un tenue sudor como rocío y en forma de diadema y sobre el labio superior el mismo sudor, semejante al que brota en las personas que han llorado mucho”. Con todo esto según los testimonio de los presentes se desvanecía la duda sobre la realidad de las lágrimas del cuadro de la Virgen.

Pero las lágrimas no se secaron hasta que llegara alguna autoridad eclesiástica que debía juzgar el hecho. Ello hizo que Dn. Agustín Verdín saliera a buscar al Sr. Cura Delfino González que por el momento no se encontraba en la población. En tanto, a nadie se le permitía tocar el venerable cuadro hasta que llegaron los Padres Vicarios Gilberto Roldán y José María López, quienes al principio atribuyeron primero a una alucinación colectiva cuando les referían el hecho de las “lacrimaciones“ de la imagen. Cambio su opinión, cerciorándose ellos mismos con sus ojos los que pasaba. El Padre Roldán pidió algodones y con el mayor respeto limpio el rostro de la Virgen. La gente lloraba, gritaba y pedía perdón a María Santísima. Algo debía de suceder donde llorara la Madre de Jesús. Salieron los sacerdotes hondamente conmovidos. La noticia eléctricamente se había difundido. Toda la ciudad de Izúcar de Matamoros desfiló haciendo guardia de honor a la Virgen Milagrosa.

Siendo las once de la mañana, el prodigio se repitió por segunda vez. La Virgen volvió a sudar y a llorar. “No era compatible que manos pecadoras tocaran el cuadro”, decían las gentes; fue la niña Carmen Ibarra quien respetuosamente enjugó por segunda vez el rostro de la Santa Imagen. Todos los testigos aseguran que el cuadro de la Virgen Dolorosa, hasta entonces ennegrecido, quedó renovado milagrosamente desde aquel día.
María Montaño que junto con la joven Ana María Soriano repartían flores a cuantos se acercaban, confiesan que “era imposible describir la gran multitud, sus gemidos y el esfuerzo que hacían por entrar a ver a la Virgen. A las cuatro de la tarde aquello era una verdadera feria, el recinto estaba perfumado con flores y las plegarias que brotaban de los corazones de los fieles”.

Altar del Sagrado Corazón de Jesús con la Dolorosa Milagrosa. Templo del ex convento de Sto. Domingo, Izúcar de Matamoros, Puebla, México.

Al caer la tarde de ese mismo día, llego el Señor Cura de la Parroquia, el Padre Delfino González y seguramente experimentaría los que sentían cuantos entraban: un santo temor y luego una honda conmoción. Lo mismo sintió uno de los que ponían en duda el portento: “y cuando entré –dice- sentí que se erizaban mis cabellos, no acerté a hablar, solo pude rezar”.

Como era natural, profunda fue la pena de Rafael y Nazaria al saber que iban a llevarse su único tesoro. Al fin consintieron no sin dolor y mediante una venta simbólica (esto según algunas versiones) fue trasladada la venerada imagen al Templo de Santo Domingo, lo que se hizo por orden del Sr. Cura González a las ocho de la noche. El mismo llevo personalmente el bendito cuadro y aunque, no hizo la procesión con toda la pompa indicada; fue sin embargo, muy devota.
Bajo un dosel colocaron a la Imagen donde al día siguiente se le honró de un modo especial prometiendo no ofenderla jamás. Aquél día no se hablo de otra cosa sino de la “Virgen que lloró”, fue un día tan especial que recordará siempre la Ciudad de Izúcar de Matamoros. Para honrar tan gloriosa fecha después se organizaron para los días 21 al 23 de septiembre en el templo conventual dominicano un solemne triduo y el día 24 después de la procesión con la Sacratísima Imagen de María, se exponía a la veneración pública en un lugar accesible para que los fieles tuvieran la oportunidad de besar tan preciosa y milagrosa reliquia.

En el Templo del ex convento de Santo Domingo de Guzmán, ha quedado hasta la fecha el Cuadro Milagroso, derramando gracias y beneficios a cuantos la invocan. Los devotos de esta piadosa imagen adornaron su cuadro y altar con multitud de exvotos como símbolos de su gratitud y de los favores que han recibido de Ella. Lamentablemente hoy esas muestras visibles de devoción ya no existe o no se exhiben.
La Imagen prodigiosa de Nuestra Señora de los Dolores se encuentra ubicada en el altar dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, un tanto abandonada por todos en fechas recientes, pero que es elemento invaluable de la Historia de la Ciudad de Izúcar.

¿QUÉ HOMBRE NO LLORARÍA, SI VIESE A LA MADRE DE CRISTO, EN ATROZ SUPLICIO?

(Canto del Stabat Mater)

Tacho de Santa María

Fuentes:
Relato Histórico de Nuestra Señora de los Dolores. Párroco Arturo Márquez Aguilar, Izúcar de Matamoros.
– Colaboración del Lic. Noé López García, Miembro de la Guardia de la HH. De Nuestra Señora de la Soledad del Templo de Sto. Domingo, de Izúcar de Matamoros, Puebla.

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Las apariciones de la Virgen en Ezkioga

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Vista de una postal "souvenir" de las apariciones de Ezkioga. Fotomontaje con la Dolorosa, Ramona Olazábal y Manuel Irurita, obispo de Barcelona. Foto: J. Juanes. Octubre 1931.

Una de las presuntas apariciones marianas más extrañas y al día de hoy, casi olvidada y desconocida por la mayoría de la gente, es la ocurrida en la población guipuzcoana de Ezkioga. Ocurrió en 1931 y llegó a congregar a miles de personas.
Dos jóvenes hermanos llamados Andrés y Antonia Bereciartu regresaban a casa después de realizar unas labores en el campo, cuando de pronto se vieron sorprendidos por un resplandor y por la (a continuación), aparición de una bella mujer vestida completamente con un manto negro y con una espada en la mano.
Aquella Señora les habló y los hermanos rápidamente fueron a contárselo a sus padres en el caserío familiar. Los padres apenas les prestaron atención, imaginándose quizás que se trataba de un juego de los dos hermanos.

Al día siguiente volvieron al lugar sobre la misma hora y la Señora se manifestó de nuevo en medio de un resplandor. La lechera del pueblo que llegaba de repartir por los pueblos vecinos les sorprendió en una especie de trance y les preguntó que es lo que hacían. Antonia y Andrés lo contaron y no tardó mucho en propagarse la noticia por los pueblos de los alrededores y de llegar a oídos del párroco de Ezkioga.

Las apariciones cobraron fama y multitud de personas se congregaban para ver a los hermanos Bereciartu clavados de rodillas y con la mirada perdida mientras transmitían las palabras que la Señora les decía. La gente creyó que si los dos jóvenes eran capaces de ver a la Virgen, ellos también podrían.
En pocos días llegaron a reunirse en torno al lugar de las apariciones…¡¡doscientos presuntos videntes!!, hombres, mujeres y niños. En las faldas del monte se alzó un pequeño e improvisado santuario, la noticia se extendió por toda la comarca y llegaban miles de personas en coches y autobuses repletos, desde Bilbao, San Sebastián etc.

¿Pero cual o cuales eran los mensajes de la Señora que llegó a congregar a tal cantidad de gente? Pues por el aspecto de la Aparición, obviamente nada bueno. La Virgen hablaba una y otra vez de una guerra que enfrentaría a hermanos contra hermanos, muertes y destrucciones, bolas de fuego que cruzarían los cielos y miles de cuerpos tendidos en el campo de batalla.

Vista de una expedición barcelonesa de devotos realizando una estación del via-crucis en Ezkioga.

Estas palabras cobrarían sentido cuando unos años después se desató la guerra civil en el año 1936. Vicenta Larrañaga, una de las personas que acudía al lugar recordaría esas palabras proféticas cuando durante la guerra vio los cuerpos de los soldados tendidos en los campos y los obuses surcar el cielo como bolas de fuego.

El padre Laburu, sacerdote jesuita, se interesó por el fenómeno e hizo un seguimiento intensivo de todos los acontecimientos, llegando a filmar un documental para explicar lo sucedido. Este sacerdote tenía conocimientos de psicoanálisis y pretendía bien demostrar la autenticidad de las apariciones o bien que era un fraude.
Mientras los numerosos videntes se encontraban en trance, el padre Laburu les pasaba velas encendidas por las manos; la gran mayoría se quemaban y quedaban descartados, pero más de una docena de ellos permanecían impasibles a pesar de estar expuestos a la llama de la vela de forma prolongada.

En el teatro “Victoria Eugenia”, el padre Laburu presentó su documental, estando presentes algunos de los visionarios que habían sido invitados. Mientras se emitía el documental el padre Laburu ofrecía una disertación por megafonía y arremetía con mucha dureza interpretándolo como un fraude a excepción de algunos pocos casos (refiriéndose a los visionarios), a los que relacionó mas con una enfermedad mental que con un misterio mariano.

Lugar de las apariciones, en Ezkioga.

Se armó una gran confrontación en el teatro, los visionarios fueron insultados y ultrajados. El gobierno de la República decidió que unos mensajes tan catastrofistas no ayudarían por el momento que pasaba el Estado. La Guardia Civil se presentó en la campa de Ezkioga prohibiendo el acceso, derruyó todo lo instalado y acordonó la zona.
El pueblo y cientos de creyentes de otras poblaciones se enfrentaron generando un conflicto que fue sofocado con gran dureza. Algunos de los visionarios fueron encarcelados temporalmente y otros enviados al psiquiátrico de “Mondragón”.

El culto continuó en la clandestinidad llegando hasta la actualidad. En el lugar exacto de las apariciones se alza un pequeño altar con una cubierta y varios bancos de madera para los fieles que se reúnen a rezar.
La Iglesia como en otros casos no se ha llegado a pronunciar al respecto, como en el caso de las apariciones de El Escorial, a pesar de que ya han pasado mas de veinte años desde la primera aparición de la Virgen sobre un olivo.

Un libro sobre el tema que parece ser bastante interesante es el escrito por el padre Amado de Cristo Burguesa: “Los hechos de Ezquioga ante la razón y la fe”.
Desgraciadamente son menos de diez ejemplares los que se cree se conservan tras ser quemados la mayoría de ellos en una pira publica durante la represión.

Abel

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El Viernes de Dolor en México

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Nuestra Señora de los Dolores, óleo/tela, anónimo novohispano, siglo XVIII, en este cuadro se aprecia a la Virgen dolorosa traspasada por una espada en recuerdo de la profecía de Simeón.

La devoción a Nuestra Señora de los Dolores se difundió especialmente por las visiones de Santa Brígida de Suecia y posteriormente gracias a la Orden de los Siervos de María fundados en el siglo XIII, pero no es hasta 1413 que el Sínodo de Obispos reunidos en Colonia, Alemania deciden dedicar el sexto viernes de Cuaresma a recordar los dolores de la Virgen María. Durante el siglo XVII la Compañía de Jesús y en especial el padre José Vidal promueven la devoción a los Dolores de la Virgen María. Hacia 1960 con S.S. el Beato Pablo VI se suprime esta fiesta del sexto viernes de cuaresma y se traslada la conmemoración de la Virgen Dolorosa para el 15 de septiembre, fecha cercana a la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre) pero a pesar de este traslado se permite en los lugares que la conmemoración del Viernes de Dolores sigue teniendo mucha devoción se realice una única misa con la liturgia de la Virgen de los Dolores del 15 de septiembre.

Los siete dolores de la Virgen que tradicionalmente se recuerdan se relacionan con episodios de la vida de Cristo y son:
1.- La profecía de Simeón en el Templo
2.- La huída a Egipto
3.- El niño Jesús perdido y hallado en el templo
4.- El encuentro de María y Jesús en el camino del Calvario
5.- María al pie de la Cruz de Cristo en el Calvario
6.- María recibe a Cristo muerto en su regazo
7.- La sepultura de Cristo.
Es común ver que iconográficamente a la Virgen de los Dolores se le represente con un puñal o con siete puñales o espadas atravesando su pecho y su inmaculado corazón en recuerdo de estos siete dolores y con lágrimas en los ojos. En otras ocasiones portando la corona de espinas o los clavos en las manos, aunque esto es más común en su advocación de Virgen de la Soledad o al pie de la cruz.

Durante la época colonial se popularizó la costumbre de poner en los templos y posteriormente en las casas un altar dedicado a la Virgen de los Dolores; se piensa que posiblemente el ya citado padre José Vida S.J. fuera quien introdujera esta tradición. En el siglo XIX nos narra García Cubas que el Viernes de Dolor era un gran acontecimiento que comenzaba en las primeras horas del día con el toque de diana a lo que la gente se levantaba para ir a diversos mercados a comprar las flores que utilizarían en la elaboración y adorno del altar a la Virgen. Las festividades de la Dolorosa se difundieron especialmente en esta época por considerarla patrona del hogar, abogada de las aflicciones domésticas y defensora de la honra familiar.

Altar de Dolor dedicado a la Virgen Dolorosa donde se aprecian el tapete de semillas y aserrín con símbolos de la pasión, fotografía y elaboración del altar cortesía de Alberto Rosher.

La festividad del Viernes de Dolor se comienza a preparar mucho antes de que inicie la Cuaresma, pues el día 2 de febrero festividad de la Presentación del Señor y la Purificación de la Virgen se llevan a bendecir al templo junto con las imágenes del Niño Jesús (sobre lo que ya se escribió anteriormente en el articulo Día de Reyes y la Candelaria en México) diversas semillas recordando la profecía de Simeón en el Templo a María diciéndole: “y a ti una espada atravesará tu alma” (Lc 2,35.), las cuales se pondrán en macetas o recipientes de barro con diversas formas en especial forma de pino con hendiduras que servirán de adorno en el altar de dolor y se cuidaran durante el tiempo que dura la cuaresma hasta el Viernes de Dolor a que retoñen las semillas. Algunas serán guardadas en la oscuridad para que las plantas por la ausencia del sol se tornen de un color amarillo y al ser expuestas en el altar y reciban los rayos del sol poco a poco tomen su color verde haciendo alusión a un tipo de paso de la muerte a la vida y a la resurrección de Cristo. Los recipientes como ya mencioné eran en forma de pino para que al retoñar las semillas tomaran una forma de un ciprés que es un símbolo de la Virgen María.

Con algunos días de anticipo también se comienzan a preparar diversas aguas de sabores con colores muy distintivos, también preparados algunos con semillas como la chía o con flor de Jamaica, también de horchata y el agua de limón. Estas aguas se pondrán en el altar recordando las lágrimas de la Virgen y se endulzan porque aun siendo lágrimas de dolor son dulces por venir de la Virgen María; se ponen en siete vasos recordando sus siete dolores y los diversos colores evocan varios significados: de este modo el rojo recuerda la sangre de Cristo, el purpura la cuaresma, la penitencia, la blanca horchata la pureza de la Virgen, el agua de tamarindo de color café recordaba el vinagre que le dieron a beber a Cristo en la cruz, también había otros colores que se lograban con algunas reacciones químicas como el azul que recuerda a la Inmaculada Concepción de María o el verde que recuerda la esperanza. Estas aguas preparadas también se ofrecerán a los invitados que visiten el altar de la Virgen en este día y al llegar a visitarlo la persona que llega debe preguntar “¿Ya lloró la Virgen?” para que le den un vaso de agua y al momento de entregárselo el anfitrión debe decirle “Aquí lloró la Virgen”, del mismo modo también se ofrecen nieves de sabores.

Altar del Viernes de dolor donde se observan las aguas de sabores y diversos elementos del altar.

Para montar el altar se utilizan mesas y cajones pues tradicionalmente se debe elaborar en tres niveles recordando las tres caídas de Cristo en el Vía Crucis [1] aunque esto puede variar dependiendo la región o la posibilidad de la familia pueden ser menos escalones o más. En algunos lugares los ponen de siete niveles recordando los dolores de María, se pone una cortina blanca o de algún otro color en referencia con la cuaresma, el luto, la sangre de Cristo o la pureza de María y en el nivel más alto del altar se pone el cuadro o la imagen de la Virgen de los Dolores y sobre ella un crucifijo. En los diversos niveles del altar se ponen siete naranjas agrias recordando el dolor de la Virgen por la muerte de Cristo y en la naranja se ponen banderitas en colores oro y plata que simbolizan al sol y la luna, Cristo y María respectivamente. En algunos lugares se acostumbran que sean 14 banderas haciendo alusión a las estaciones del Vía Crucis [2] y también se suelen poner algunas otras frutas, como recuerdo de los frutos de la redención. Como ya se menciono se ponen semillas y los sembrados que se han cuidado durante todo este tiempo; esto es en relación a cierta costumbre prehispánica hacia la fertilidad de la tierra de ofrecer los frutos de estas a sus antiguos dioses queriendo con esto pedirle buenas cosechas a Dios por intercesión de María. Se ponen semillas o espigas de trigo recordando a la Eucaristía y doce velas o cirios al pie del altar o dispersos en el altar recordando a los doce apóstoles.

Asimismo, se ponen lámparas de aceite que se encienden recordando que Cristo es la luz; estas lámparas se suelen poner detrás de las aguas de colores para que al encenderse creen un bello efecto de luz de colores, esta iluminación le ganó a los altares de dolores ser conocidos en el siglo XIX como “incendios” por la luminosidad que despedían. En algunos hogares se acostumbraba exhibir en el altar todas sus vajillas o cubiertos de plata como símbolo de que María es tan pura como la plata fina; en las familias de escasos recursos y que no tenían objetos de plata se comenzó a poner simbolizando lo mismo, esferas de azogue de enorme tamaño en diversos colores sobre jarrones muy similares a la esferas que se cuelgan en el árbol navideño; en la parte de abajo del altar se acostumbra hacer un tapeque con semillas y aserrín pintado por lo general con el monograma de la Virgen o con el corazón traspasado con los siete puñales o algún dibujo en alusión a la Pasión.

Altar de Dolor en una casa del estado de Guanajuato con la curiosa tradición de la "tendida o acostada de los Cristos".

Se acostumbra poner diversas flores como las rosas por ser María la rosa mística, las azucenas o flores blancas por la pureza de la Virgen, flores rojas que recuerdan la sangre de Cristo, flores moradas que recuerdan la cuaresma y la luto de la Virgen. En algunos lugares también se pone un espejo en símbolo de que María es el espejo de justicia, del mismo modo se ponen otros elementos de acuerdo a la imaginación recordando los símbolos de la pasión, de la redención o de la Virgen María, como manzanas y la figura de Adán y Eva por el pecado original y por la redención que vino por María, la Santa Faz recordando el calvario, la lanza, etc.; es común ver adornados los altares con papel picado en diversas formas en especial simbolizando los dolores de María y por lo general el papel debe ser en colores blancos por la pureza, morado por la penitencia o negro por el luto de la Virgen.

Por las tardes durante el siglo XIX era común tener invitados con los cuales hacer el rezo del rosario y posteriormente las familias de más dinero realizaban una misa en sus casas a la cual asistían hombres y mujeres de riguroso negro y se entonaban cantos dedicados a la Dolorosa, en especial el Stabat Mater, se acostumbraba dar alimentos a los asistentes y las ya mencionadas aguas de sabores. Habían muchos que iban de casa en casa visitando altares para probar los diversos platillos cuaresmales que se preparaban y el sabor de las aguas preparadas en cada casa; las familias de menos recursos acostumbraban ir a los diversos templos donde se montaba el altar a escuchar la misa del día dedicada a la Virgen de los Dolores y también se acostumbraban devociones como el rezo de la coronilla de los siete dolores o la meditación de estos.

En algunos estados del país se acostumbra después del Viernes de Dolor, no quitar el altar y se realiza otra curiosa tradición conocida como “la tendida o acostada de los Cristos” la cual consiste que en una mesa en la que se usó para el altar de dolor muchas veces, sobre flores y otras hierbas se recuesta un crucifijo recordando el Santo Entierro y simulando una especie de velorio a Cristo muerto esperando su resurrección. Con esto se repite la tradición de la gente que pasa a venerar la imagen del Cristo muerto como antes lo hicieran con la Virgen dolorosa.

Altar de dolor donde se aprecian las plantaciones de las semillas bendecidas el día de la Candelaria. Fotografía y elaboración del altar, cortesía de Saúl Legazpi.

Debo recordar que tanto los elementos como el significado de los mismos pueden variar. Esta tradición del altar de dolor actualmente en México se celebra únicamente en el centro del país y en algunos estados del norte, y desgraciadamente cada vez son menos los hogares y templos que los instalan; esta disminución en la tradición puede deberse en primer lugar a la supresión hecha de la memoria del Viernes de Dolor para darle más énfasis a la del 15 de septiembre; lo que propició que en muchos templos esta tradición quedara en el olvido y que ya no se hable en absoluto de ella, así como el aumento de religiones protestantes y la misma antipatía de los creyentes, sumado a que además la devoción a la Virgen Dolorosa siempre tuvo más devotos en estas regiones del país donde existen diversos templos y santuarios dedicados a ella, a diferencia del sureste mexicano donde es una advocación poco venerada.[3]

Lic. André Efrén Ordóñez Capetillo

BIBLIOGRAFÍA:
– García Cubas, Antonio, “Viernes de Dolores”, en Altamirano, Ignacio Manuel et. al., “Leyendas y costumbres de México”, México, Editorial Valle de México, s/E, s/a.
– Cedillo Vargas, Reina A., “El altar de Dolores rescate arqueológico de una tradición mexicana”, en Arqueología Mexicana, revista bimestral, México, Vol. XV, Núm. 90, marzo-abril de 2008.
– Iglesias y Cabrera, Sonia, “La Semana Santa en México con la muerte en la cruz”, México, CONACULTA, primera edición, 2001.
– N/N, “Las fiestas tradicionales de México”, México, Selector, primera edición, 2009.
– Parra Sánchez, Tomás, “Diccionario de los Santos”, México, San Pablo, cuarta edición, 2002.


[1] Los significados del altar siempre tienen relación con la pasión de Cristo o con la Virgen.
[2] Los números y la cantidad de elementos pueden variar del mismo modo dependiendo de la región o la costumbre del lugar.
[3] Lo que ha sucedido en mi caso que al residir en el sureste de México esta hermosa tradición del altar de Dolor me era totalmente desconocida y ajena hasta hace poco tiempo, y aun actualmente y a pesar de este articulo aun me sigo considerando bastante ignorante en varios simbolismos y tradiciones alrededor de esta tradición la cual en mi ciudad no existe.

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