Las apariciones de la Virgen en Ezkioga

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista de una postal "souvenir" de las apariciones de Ezkioga. Fotomontaje con la Dolorosa, Ramona Olazábal y Manuel Irurita, obispo de Barcelona. Foto: J. Juanes. Octubre 1931.

Una de las presuntas apariciones marianas más extrañas y al día de hoy, casi olvidada y desconocida por la mayoría de la gente, es la ocurrida en la población guipuzcoana de Ezkioga. Ocurrió en 1931 y llegó a congregar a miles de personas.
Dos jóvenes hermanos llamados Andrés y Antonia Bereciartu regresaban a casa después de realizar unas labores en el campo, cuando de pronto se vieron sorprendidos por un resplandor y por la (a continuación), aparición de una bella mujer vestida completamente con un manto negro y con una espada en la mano.
Aquella Señora les habló y los hermanos rápidamente fueron a contárselo a sus padres en el caserío familiar. Los padres apenas les prestaron atención, imaginándose quizás que se trataba de un juego de los dos hermanos.

Al día siguiente volvieron al lugar sobre la misma hora y la Señora se manifestó de nuevo en medio de un resplandor. La lechera del pueblo que llegaba de repartir por los pueblos vecinos les sorprendió en una especie de trance y les preguntó que es lo que hacían. Antonia y Andrés lo contaron y no tardó mucho en propagarse la noticia por los pueblos de los alrededores y de llegar a oídos del párroco de Ezkioga.

Las apariciones cobraron fama y multitud de personas se congregaban para ver a los hermanos Bereciartu clavados de rodillas y con la mirada perdida mientras transmitían las palabras que la Señora les decía. La gente creyó que si los dos jóvenes eran capaces de ver a la Virgen, ellos también podrían.
En pocos días llegaron a reunirse en torno al lugar de las apariciones…¡¡doscientos presuntos videntes!!, hombres, mujeres y niños. En las faldas del monte se alzó un pequeño e improvisado santuario, la noticia se extendió por toda la comarca y llegaban miles de personas en coches y autobuses repletos, desde Bilbao, San Sebastián etc.

¿Pero cual o cuales eran los mensajes de la Señora que llegó a congregar a tal cantidad de gente? Pues por el aspecto de la Aparición, obviamente nada bueno. La Virgen hablaba una y otra vez de una guerra que enfrentaría a hermanos contra hermanos, muertes y destrucciones, bolas de fuego que cruzarían los cielos y miles de cuerpos tendidos en el campo de batalla.

Vista de una expedición barcelonesa de devotos realizando una estación del via-crucis en Ezkioga.

Estas palabras cobrarían sentido cuando unos años después se desató la guerra civil en el año 1936. Vicenta Larrañaga, una de las personas que acudía al lugar recordaría esas palabras proféticas cuando durante la guerra vio los cuerpos de los soldados tendidos en los campos y los obuses surcar el cielo como bolas de fuego.

El padre Laburu, sacerdote jesuita, se interesó por el fenómeno e hizo un seguimiento intensivo de todos los acontecimientos, llegando a filmar un documental para explicar lo sucedido. Este sacerdote tenía conocimientos de psicoanálisis y pretendía bien demostrar la autenticidad de las apariciones o bien que era un fraude.
Mientras los numerosos videntes se encontraban en trance, el padre Laburu les pasaba velas encendidas por las manos; la gran mayoría se quemaban y quedaban descartados, pero más de una docena de ellos permanecían impasibles a pesar de estar expuestos a la llama de la vela de forma prolongada.

En el teatro “Victoria Eugenia”, el padre Laburu presentó su documental, estando presentes algunos de los visionarios que habían sido invitados. Mientras se emitía el documental el padre Laburu ofrecía una disertación por megafonía y arremetía con mucha dureza interpretándolo como un fraude a excepción de algunos pocos casos (refiriéndose a los visionarios), a los que relacionó mas con una enfermedad mental que con un misterio mariano.

Lugar de las apariciones, en Ezkioga.

Se armó una gran confrontación en el teatro, los visionarios fueron insultados y ultrajados. El gobierno de la República decidió que unos mensajes tan catastrofistas no ayudarían por el momento que pasaba el Estado. La Guardia Civil se presentó en la campa de Ezkioga prohibiendo el acceso, derruyó todo lo instalado y acordonó la zona.
El pueblo y cientos de creyentes de otras poblaciones se enfrentaron generando un conflicto que fue sofocado con gran dureza. Algunos de los visionarios fueron encarcelados temporalmente y otros enviados al psiquiátrico de “Mondragón”.

El culto continuó en la clandestinidad llegando hasta la actualidad. En el lugar exacto de las apariciones se alza un pequeño altar con una cubierta y varios bancos de madera para los fieles que se reúnen a rezar.
La Iglesia como en otros casos no se ha llegado a pronunciar al respecto, como en el caso de las apariciones de El Escorial, a pesar de que ya han pasado mas de veinte años desde la primera aparición de la Virgen sobre un olivo.

Un libro sobre el tema que parece ser bastante interesante es el escrito por el padre Amado de Cristo Burguesa: “Los hechos de Ezquioga ante la razón y la fe”.
Desgraciadamente son menos de diez ejemplares los que se cree se conservan tras ser quemados la mayoría de ellos en una pira publica durante la represión.

Abel

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