La Santa Casa de Loreto

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Imagen de la capilla dentro de la Santa Casa. Se aprecia el llamado “altar de los apóstoles” y la imagen original de Nuestra Señora de Loreto.

“La Santa Casa de Loreto es un icono de una verdad no abstracta, sino de un acontecimiento, de un misterio: la Encarnación del Verbo”. Esto afirmó el papa San Juan Pablo II en su discurso en el santuario mariano de Loreto.

Pero, ¿qué se venera en este lugar?
El Santuario de Loreto surgió en el lugar donde, según la leyenda, la casa de la Virgen María fue transportada milagrosamente por los ángeles. Este santuario tiene sus orígenes en el siglo IV, siendo uno de los más antiguos santuarios marianos. El culto de la Santa Casa se ha extendido por todo el mundo, edificándose edificios similares a este sagrado edificio del que ahora hablaremos.

La Santa Casa fue el hogar de la Santa Madre de Dios, transportada a Loreto desde Nazareth, donde se encontraba delante de la Gruta, aún venerada en la basílica de la Anunciación. Un hipotético solapamiento entre los dos lugares – ahora sería posible hacerlo mediante modernas técnicas – que muestran la coexistencia entre la Gruta y la Casa.

Según la tradición, la llegada de la Santa Casa ocurrió en el año 1291. Fue salvada por los Cruzados y llevada a un lugar seguro cuando tuvieron que marcharse de los Santos Lugares. Inicialmente, en el año 1291 fue trasladada a la antigua Iliria, a un lugar no precisado. Existe un santuario mariano en Tersatto (Croacia) en memoria de que allí hicieron una parada, pero en la noche del 9 al 10 de diciembre del 1294, la Casa fue transportada al antiguo territorio de Recanati, en primer lugar al puerto (hoy Porto Recanati) y posteriormente a la colina actual de Loreto.

Vista de los muros de la Santa Casa, que conservan aún restos de frescos góticos de temática mariana.

¿Por qué Loreto?
Estamos en una época muy especial en la historia de la Iglesia. En aquella época el Papa era Celestino V (San Pedro Celestino o de Morrone), famoso porque sabemos que renunció al Papado – Dante lo describe como “el hombre que por cobardía realizó el gran rechazo” – y que nunca puso un pie en Roma. Durante esta ausencia papal, la gestión de las indulgencias y la decisión de donde poner las reliquias estaban en manos del Vicario de Roma, que desde 1291 hasta 1295, era el obispo Salvo de Recanati. Hay que suponer que él fue quien decidió que las “piedras sagradas” que venían del otro lado del Mar Adriático, quedasen en su diócesis por decisión del Papa.

¿Pero son auténticas estas “piedras sagradas”?
La arqueología ha efectuado diversos estudios entre los años 1955-1960 demostrando que la Casa de Nazareth en un principio, fue protegida por una iglesia tipo sinagoga de los siglos II-III y que a continuación, en el siglo V, lo fue por una basílica bizantina; finalmente, en el siglo XII fue protegida por una majestuosa basílica realizada por los Cruzados. Así que hasta el 1291, la Santa Casa fue capaz de resistir a todos los agentes atmosféricos.

Otras excavaciones realizadas en Loreto entre los años 1962-1965, encontraron que la Casa no tiene una base propia, sino que se apoya en la via pública, que ahora ha sido protegida por la construcción de sofisticadas edificaciones y con un muro alrededor, que es llamado de los recanatenses. Esto demuestra el deseo de proteger y conservar los muros originales. Además, para adecuar el lugar al culto, se erigió el muro donde se encuentra el altar – que en su base está apoyado en la Gruta – siendo elevada la Casa usando ladrillos locales.

Vista del bellísimo edificio que recubre y proteje la Santa Casa.

Esta doble presencia es verificable por el hecho de que la sección inferior de las tres paredes originales consta de piedras que existen en Nazareth, pero no en Loreto y, viceversa, o sea, lo contrario ocurre en la sección superior. El estilo de las piedras, especialmente aquellas de la parte superior, presentan un acabado exterior característico de los nabateos en Palestina.
Se han identificado graffitis en alrededor de sesenta piedras, escritos y signos cristológicos de los primeros siglos, similares a los aparecidos en Tierra Santa, incluida Nazareth. Estos graffitis son una marca de origen de estas “piedras sagradas” de la Casa.

Por último, bajo el actual altar del siglo XX, está protegido y vigilado por una rejilla de metal el llamado “altar de los apóstoles”. Según la tradición él llegó junto con las “piedras sagradas” y su elaboración es de estilo nabateo, tanto la misma mesa como lo que ella representa. Se llama así porque de acuerdo con una explicación devota, allí habrían celebrado los apóstoles cuando estaban en la Casa de María en Nazareth.

Después de esta somera reconstrucción histórica y arqueológica, volvemos a hacernos la pregunta original: ¿Qué se venera en este lugar? Éste no es un lugar de una verdad abstracta, sino el lugar donde ocurrió el evento inicial de la fe cristiana: el misterio de la Encarnación. Sin embargo, también ocurrió allí la concepción inmaculada de María – “amanecer que precede al Sol de justicia”, según el Misal Romano – porque aquí nació y fue educada la Santa Madre de Dios por sus padres Joaquín y Ana.

Éste fue el hogar del compromiso entre “una virgen, prometida como esposa de un hombre de la Casa de David, llamado José. Y el nombre de la virgen era María” (Lucas, 1, 27). Pero aunque de manera ocasional, también fue la Casa donde vivió la Sagrada Familia, la cual habitaba legalmente en la vecina casa de José, ya que inicialmente, la Casa de María sólo tenía una sola habitación.

Detalle de la imagen original de Nuestra Señora de Loreto, venerada en el santuario de la santa Casa.

En fin, la Casa nos recuerda el lugar donde Jesús “estaba bajo su custodia” (Lucas, 2, 51) y “crecía en sabiduría, edad y gracia delante de Dios y de los hombres” (Lucas, 2, 52); y es el lugar donde murió José asistido por María y por Jesús.

Concluyo, como lo inicié, con un pensamiento de San Juan Pablo II: “La Santa Casa de Loreto es el primer Santuario de ámbito internacional dedicado a la Virgen y es el verdadero corazón mariano de la cristiandad”.

Damiano Grenci

Fuentes:
Il Messaggero della Santa Casa–Loreto, Julio/Agosto 2009, pag. 256-257.

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