Las Coronaciones Marianas Pontificias en México

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista de la colosal Inmaculada Concepción venerada en su basílica de Chignahuapan, Puebla (México).

El reconocimiento de un católico hacia María como hijo y súbdito parece derivar de modo natural a los largo de varios siglos, de su atributo primero: la Maternidad Divina. Llamar Señora, Princesa, Reina o Emperatriz, parece natural a un creyente que no puede conceder menor titulo a quien aceptó ser Madre de su Creador y Redentor. La piedad en México le ha cantado muchos años:

Adiós, Reina del cielo,
Madre del Salvador,
Adiós, oh Madre mía,
adiós, adiós, adiós
.

Se reconoce a María en su posición e intervención en el Reino de Cristo. En este Reino se le ha considerado siempre la primera después de Dios, a su lado recibiendo todo de Él y por encima de cualquier otra creatura. Aparece, por tanto, compartiendo los cuidados y solicitudes del Rey por su reino. Como Madre de Dios-Hijo y Esposa de Dios- Espíritu Santo, se le llamo Reina y como Hija de Dios-Padre, Princesa.

Poetas, escritores, santos le dedicaron obras; entre ellos cabe mencionar a San Alfonso María de Ligorio con sus “Glorias de María” o la monja concepcionista, la Venerable María de Jesús de Agreda con su “Mística Ciudad de Dios”; ambos autores acentúan la Realeza de María. Poetas como Dante la llama “Soberana Luz”, o en el siglo XIX el sacerdote mexicano José Manuel Sartorio compone una consagración a la Virgen: “A ti Celestial Princesa, Virgen Sagrada María…”

Los creyentes la llamaron Madre, la reconocieron Virgen, y la coronaron Reina, por tanto, coronar a María fue expresar un concepto cristiano en un lenguaje simbólico universal. Coronas, diademas, cetros, mantos le han sido impuestos en bajorrelieves, oleos, grabados, dibujos y todo tipo de representaciones.

Antigua fotografía de la Coronación Pontificia de la imagen de Nuestra Señora de la Soledad de Oaxaca, México.

Como pionero de la Coronaciones Pontificias Marianas fue, el padre Jerónimo Paolucci fraile capuchino llamado “Apóstol de la Madonna”, (nacido a mitad del siglo XVI), que en el transcurso de su vida se dedicó a realizar notables predicaciones, dando término con la imposición de una corona, a las sagradas imágenes de la Virgen más veneradas en el lugar en que realizaba su labor pastoral. Siguiendo su ejemplo, sus hermanos en la Orden fundaron dentro de ella la “Pía Opera dell Incoronazione”. Con todo esto al pasar el tiempo fue adquiriendo forma, un noble de origen italiano, el Conde Alejandro Sforza Palavicino, fundó al comenzar el siglo XVII una obra que se propuso dar orden y realce en todo el mundo a las Coronaciones de María y guardar memoria en un registro que se abrió en el Centro del catolicismo, la Basílica de San Pedro Vaticano en Roma. Todo “para promover el culto de la Siempre Virgen Madre de Dios; y para alentar la piedad de los fieles con las imágenes de la Santísima Señora”. Para ello legó una parte de su fortuna. El Cabildo de San Pedro debía recibir una solicitud y examinar su procedencia. Tres eran los criterios que debían ser estudiados: la antigüedad en la veneración de la Imagen, su popularidad y la cantidad de milagros atribuidos a su intercesión, aprobados por el obispo del lugar.

Si la solicitud era aceptada, se llevaba un acto solemne en el que todo el público fuera testigo, un acontecimiento semejante al que solo veía en las pinturas. Tal acto solemne se hacia acompañar de procesiones por las calles y fiestas religiosas a las que el pueblo tenía pleno acceso, en las que sus autoridades rendían tributo a la Imagen y el Santuario se veía honrado y singularizado. Un instructivo emitido en Roma durante los primeros años del siglo XVIII por el mencionado Cabildo acentuaba la necesidad de que “este acto celebrado en honor del Príncipe de los Apóstoles corresponde, como es razón, en la pompa y lucimiento a nuestro deseo y principalmente a la dignidad de la Soberana Virgen María”.

Las normas iban al detalle, cuidando lo que debía hacerse antes, durante y después de la coronación. Decían, ”remitimos también el orden o fórmula que se ha de guardar en poner la corona de oro, o coronas en caso de que esté juntamente con la Santísima Virgen la imagen de Jesucristo Señor Nuestro; como asímismo las armas que se han de grabar en una (o en ambas) de Nuestro Reverendísimo Cabildo, y del Conde Alejando Sforza Palavicino, que fue el fundador de esta obra tan piadosa”.

Hacia 1740 se calculaba que cada año, a partir de 1700, se había coronado una imagen de María con las solemnidades previstas. El Cabildo de San Pedro mandaba fabricar la corona, delegaba a un canónigo u obispo para que acudiera a coronar la Imagen, gestionaba del Papa favores especiales –generalmente indulgencias- para el día de la celebración y promovía con las autoridades religiosas del lugar la fundición de medallas, la pintura de lienzos y la impresión de estampas.

Estampa antigua de Nuestra Señora de la Expectación de Zapopan, venerada en su basílica de la homónima ciudad, México.

El ambiente previsto era de gran fiesta. Desde 3 días antes de la fecha señalada debían repicar a vuelo las campanas y se procedía a adornar el Santuario y sus alrededores con gran lucimiento. Se debían cubrir las paredes del templo con telas de seda, escribir en los muros poemas de alabanza a María y colocar los escudos del Papa, el Cardenal Arcipreste de San Pedro y el Canónigo u Obispo delegado. La música cumplía un papel preponderante: coros e instrumentos diversos interpretaban Himnos Marianos. Se cantaba la Misa, y se oraba por los presentes y por el eterno descanso del fundador Alejandro Sforza Palavicino, por intercesión de María “Reina de Misericordia y graciosa Princesa”.

El momento culminante de la coronación debía ser acompañado de clarines, tambores, repique de campanas y salvas de artillería. Por la noche seguían fuegos artificiales y durante los 3 días posteriores se celebraban “misas solemnes, sermones panegíricos, composiciones retóricas, sagrados coloquios y otros conciertos de suaves y armoniosas consonancias”. Se repartían estampas con la Imagen coronada, de las cuales 30 debían hacerse en seda sobre tono amarillo o galón de oro o plata para los canónigos de San Pedro en Roma. Un gran lienzo debía enviarse a Roma para conservarlo en recuerdo del acontecimiento. Los responsables del templo prestaban juramento de que la corona permanecería en la cabeza de la Imagen y, seguramente, todos guardaban en la memoria las palabras rituales de aquella Coronación, esperando que se cumplieran:
Así como por nuestras manos eres coronada en la tierra, así también merezcamos ser coronados de honor y gloria por Cristo en los cielos.

Las Coronaciones Marianas han cambiado a través de los años pero siempre conservando algunas de las 3 normas establecidas desde el principio, agregando algunos otros elementos como: el sentimiento nacional o regional como es el caso de Nuestra Señora de Jasnagóra, (Czwestojowa), en Polonia, o de Guadalupe del Tepeyac en México; otras, por impacto espiritual que tiene hacia los fieles como lo es Fátima en Portugal o Lourdes en Francia. Unas, por su gran tradición y difusión del culto a imágenes originales como Nuestra Señora de Loreto en Ancona, o Nuestra Señora del Refugio en Frascatti ambas en Italia o el Pilar de Zaragoza en España; o por la difusión de los institutos religiosos como la pintura de María Auxiliadora en Turín, Italia. También, se da el caso como acto de reparación a la Virgen, al rescatar sus imágenes del olvido, como sucedió con el icono original de la Virgen del Perpetuo Socorro venerada actualmente en el Templo del Santísimo Redentor y San Alfonso en la Vía Merulana de Roma.

Las primeras imágenes coronadas fueron: Nuestra Sra. de Oropa, “Santa María della febbre”, venerada en una de las Sacristías de San Pedro en la Ciudad Eterna, siguiendo la imagen de Ntra. Sra. de la Nieves “Salus Populi Romani” de la Basílica de Sta. María la Mayor también en Roma.

Imagen de Nuestra Señora de la Raíz o de la Esperanza de Jacona, Michoacán (México).

En México también llegó esa fiebre de amor a María con estos actos. Como precedente tenemos la llegada del italiano Lorenzo Buturini Benaduci, Señor del Castillo de Hom, que vino a México en 1736 quedando maravillado con el prodigio Guadalupano. Familiarizado con la Fundación del legado del Conde Sforza Palavicino, decidió poner en marcha el procedimiento para coronar la Imagen Guadalupana. Buturini solicito el 18 de julio de 1738 la anuencia del Cabildo Vaticano para coronar solemnemente a la Virgen del Tepeyac, el permiso llegó dos años después, la licencia se otorgó por única ocasión de manera extraordinaria. No existía solicitud del arzobispo de México por entonces Juan Antonio Vizarrón y Enguiarreta, ni de la Ciudad de México para comprobar la “antigüedad de la imagen, frecuencia del pueblo y muchedumbre de milagros”, como establecían las normas. El Cabildo Vaticano pidió al Arzobispo que se encargara de subsanar estas faltas y lo delegó para proceder a la coronación. Concedía, por otra parte, el permiso, pero no enviaba la corona, que debería costearse en México y forjarse según las normas establecidas por el Cabildo de San Pedro.

Buturini inició una colecta entre dignatarios eclesiásticos y particulares. Pretextando la imposibilidad de acudir a España por la guerra que ésta libraba con Inglaterra y por los numerosos piratas en el Atlántico, solicitó permiso de coronación a la Real Audiencia de México, la cual concedió de inmediato. Esto irritó al Virrey Conde de Fuenclara ya que a él no se le solicitó la anhelada aprobación, en su calidad de representante del soberano español. Prohibió el acto, mandó a encarcelar a Buturini y decomisó los fondos de la colecta. Buturini salió de Nueva España en 1744 y no regresó más a México, a pesar de que fue rehabilitado y se le otorgó permiso para hacerlo. La Coronación Pontificia de Sta. Maria de Guadalupe quedó en suspenso por más de 147 años.

Esta es una lista con detallitos, no completa, de las imágenes coronadas pontificiamente en México. Al menos, son las más conocidas y veneradas:
Ntra. Señora de la Raíz de Jacona o de la Esperanza, Michoacán. Fue la primera Imagen de la Virgen que fue coronada de modo pontificio en el país y quizás en toda América Latina, ocurrida en febrero de 1886, de ésta se despuntaron las demás.
La Sagrada Imagen Original de la Virgen de Guadalupe en la Ciudad de México, coronada por fin el 12 de Octubre de 1895. En este acto asistieron no solo los prelados mexicanos si no también algunos extranjeros, fue un día de júbilo nacional, contó con la simpatía del Gral. Porfirio Díaz Presidente de la República ya que su esposa Dña. Carmen Romero Rubio fue Presidenta del Patronato de las festividades.
La Virgen de la Salud de Pátzcuaro, Michoacán, fue coronada en 1899 por el Arzobispo de Morelia Dn. José Ignacio Arciaga, acompañado por el Metropolitano de Guadalajara, Dn. José de Jesús Ortiz. Se llego a decir entre los fieles michoacanos que en Morelia estaba el báculo, y en de Pátzcuaro el cetro.
La Madre Santísima de la Luz que quiso estar en la ciudad guanajuatense de León, fue coronada en octubre de 1902. Esta imagen es una de las representaciones marianas más vista en los templos novohispanos del centro y bajío mexicano gracias a la acción pastoral de jesuitas y franciscanos.

Lienzo de la Madre Santísima de la Luz, venerado en su basílica de León, Guanajuato (México).

Nuestra Señora de la Soledad, patrona del estado de Oaxaca, el 18 de enero de 1904. Coronación promovida por el primer arzobispo de la ciudad de la Antequera de Oaxaca, Dn. Eulogio Gillow y Zavala, amigo cercano del Presidente Díaz (Dn. Porfirio era oaxaqueño). La corona fue hecha con las joyas y esmeraldas que donó el prelado y que pertenecieron a su señora madre la Condesa de Selva Nevada.
La Corona y ángeles con la filacteria “MATER INMACULATA, ORA PRO NOBIS”, que fue mandada hacer en Nueva York por el Instituto Pontificio de Artes Cristianas de Benzinger Brothers, se uso para coronar a la Virgen de San Juan de los Lagos, el 15 de agosto de 1904, por el Arzobispo de Guadalajara, Dn. José de Jesús Ortiz.

La imagen de María Santísima de Ocotlán, en el estado de Tlaxcala. Coronada por el Venerable Siervo de Dios Dn. Ramón Ibarra y González primer arzobispo de Puebla y Dn. Eulogio Gillow y Zavala, (Tlaxcala fue elevado a diócesis en la década de los años sesenta), el 18 de enero de 1907. Es patrona actualmente de la Provincia Eclesiástica de Puebla que comprende las Diócesis de Puebla, Tlaxcala, Tehuacán, Chilapa-Chilpalncingo, Guerrero y Huajuapan de León, Oax.
La imagen de María con el nombre de la Ciudad de Guanajuato, patrona del estado del mismo nombre y que se dice fue encontrada en Santa Fe de Granada, España y enviada a estas tierras por el propio Carlos V, fue coronada el 31 de mayo de 1908.
En 1910 año de la Revolución Mexicana, fue coronada la imagen de la Inmaculada Concepción, patrona de la ciudad de Celaya, en el estado de Guanajuato.
La Santísima Virgen de la Expectación de Zapopan en enero de 1921, siendo la única imagen mariana coronada pontificiamente en la Sede Catedralicia y no en su propio Santuario. (La Imagen de la Virgen de San Juan en aquel tiempo su templo no había sido elevado a la categoría catedralicia y dependía de la Arquidiócesis de Guadalajara). La corona se hizo con la donación de la cruz episcopal del Fray José María de Jesús Portugal, Obispo de Aguascalientes.

El Obispo de León, Guanajuato, Dn. Emeterio Valverde, coronó en Irapuato a la patrona de la ciudad: Ntra. Señora de la Soledad. Fue el 30 de abril de 1922.
La Chaparrita de Talpa de la Sierra de Jalisco, la taumaturga imagen de la Virgen Santísima del Rosario fue coronada el 12 de mayo de 1923. Esta imagen es la única Patrona de la Diócesis de Jesús María del Nayar, con sede en Tepic, Nayarit. Junto con las imágenes de la Virgen de Zapopan y San Juan de los Lagos, son los ejes de la devoción mariana en el estado de Jalisco. Un sacerdote tapatío refiriéndose a estas imágenes dijo “María esta en el corazón de Jalisco y Jalisco en el corazón de María”.
Ntra. Sra. de los Dolores de Acatzingo. El 15 de septiembre de 1924 es coronada por el arzobispo de Puebla Dn. Pedro Vera y Zuria. Se cuenta que el párroco de San Juan Acatzingo fundió algunas alhajas y vasos sagrados para que fuera posible la hechura de la corona.
El 16 de Octubre de 1942, en Tlalpujahua, Michoacán se coronó solemnemente a la Virgen del Carmen, imagen pintada en una pared.
El hermano del hoy San Rafael Guizar y Valencia, don Antonio, a la sazón arzobispo de Chihuahua, coronó a la patrona del estado, la Virgen Santísima de la Soledad de Parral. Fue el día 22 de octubre de 1943.

Detalle del rostro de la imagen de Nuestra Señora de Izamal, venerada en la localidad homónima de Yucatán, México.

En Acámbaro, Guanajuato, en 1945 se coronó la Imagen la Virgen del Refugio de autor anónimo, copia de de la que trajo a México el padre jesuita Juan José Guica, que llevaba hacia Zacatecas, durante la incursión de la Compañía de Jesús al norte del país.
En un pueblo de los Altos de Jalisco, Ayotlán, fue coronada su santa Patrona, Ntra. Madre de la Soledad, en 1947.
La Inmaculada Virgen de Izamal, en Yucatán, cuya coronación se efectuó el 22 de agosto de 1949. Se dice que la corona fue obsequio de los Reyes Españoles.
Ntra. Sra. del Rosario de Charcas, San Luis Potosí, su coronación se llevó a cabo el día 20 de agosto de 1951. También en ese mismo año fue coronada por el Obispo de Querétaro Dn. Marciano Tinajero y Estrada, la imagen de María Santísima del Pueblito de la Villa de Corregidora, nombrándola patrona de la ciudad Episcopal y del estado, es también patrona de la Provincia Franciscana de Michoacán.
En 1956 es coronada en la Ciudad del Carmen, Campeche. A la Virgen que le da nombre a la ciudad, el 16 de julio.
En el año de 1964 fueron coronadas las imágenes de la Sma. Virgen del Roble, patrona de la Arquidiócesis de Monterrey, y la Dolorosa de Soriano patrona de la Diócesis de Querétaro.
La Patrona del Puerto de Acapulco, María Santísima de la Soledad se coronó el 8 de diciembre de 1965.
Durante el episcopado de Don Ignacio Márquez y Toriz, en la Arquidiócesis de Puebla de los Ángeles, se coronaron las imágenes de la Virgen del Rosario del Convento de Sto. Domingo, la Inmaculada Concepción obra del Mtro. Manuel Tolsá que se encuentra en la Capilla del Seminario Palafoxiano y Ntra. Señora de la Defensa que preside el Altar de los Reyes de la Catedral Angelopolitana.
Ntra. Sra. de los Remedios de Naucalpan, testigo de la derrota de los españoles en la Noche Triste durante la conquista, y en la época de la Independencia enarbolada como patrona, generala y protectora de los realistas; en 1974 fue coronada por el primer obispo de diócesis (hoy Arquidiócesis), de Tlalnepantla, Estado de México, Fray Felipe de Jesús Cueto.

La Virgen de Santa Anita, “Salud de los enfermos”, también llamada “la Candelaria de Jalisco”, fue coronada por el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, ayudado por los obispos Fray Ramón Godínez, Fray Antonio Pérez Sánchez y Fray Manuel Romero Arvizu de la Orden de San Francisco ya que el santuario de dicha imagen esta custodiada por la mencionada Orden.
La Inmaculada Concepción de Chignahuapan, Puebla. Coronada en 1999 por el entonces Nuncio Apostólico en México Justo Mullor. Esta imagen de María podría ser la de mayor tamaño venerada en todo el mundo.

De estas imágenes, muchas fueron coronadas antes del Conflicto Religioso que atravesó el país. El pueblo católico invoco a Nuestra Señora, Ella, respondiendo a sus clamores, no quiso defenderlos como niños asustadizos sino que suscitó en la Nación corazones valientes que defendieron la Fe, la Unidad con Cristo en la Iglesia y con el Papa.
El Pueblo Cristiano que ve en María una Dulce Soberana, la veneran como fieles vasallos, y la invocan como Madre, que Ella nos bendiga y proteja…

Tacho de Sta. María

Bibliografía:
Felicidad de México. Fausto Zerón- Medina, Editorial Clío. México D.F. 1995.
Historia del culto de María en Iberoamérica y de sus imágenes y santuarios más celebrados. Tomo I y II. Rubén Vargas Ugarte. Tercera edición. Madrid, 1956.

Fuentes Orales:
– Antonio Martínez Verduzco, Miembro de la Guardia de Honor de Ntra. Sra. de Zapopan, Guadalajara Jalisco.
– Jesús Emanuel Gerardo Coss Saldatte, diseñador y restaurador de Arte Sacro, Guadalajara, Jalisco

Otras fuentes:
– Ciclo de Conferencias: “Imágenes Marianas en la Nueva España, Memoria y Permanencia”. 7, 14, 21 y 28 de Julio de 2011. Ponentes: Mtra. Denise Fallena Montaño, Mtra. Mónica Pulido Echeveste, Mtro. Armando Gonzales Morales y Mtra. Bertha Pascasio.
– Biblioteca Franciscana/UDLAP. Convento Franciscano de San Gabriel Arcángel, San Pedro Cholula, Puebla.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Nuestra Señora del Pueblito

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Imagen de Nuestra Señora del Pueblito en su santuario de Villa de la Corregidora, México.

A ocho kilómetros de la capital del estado de Querétaro, México, se encuentra ubicado El Pueblito. Durante la colonia se le llamó a esta población San Francisco Galileo; hacia el siglo XIX, el Congreso del Estado lo elevó a la categoría de villa y le cambió el antiguo nombre por el de Villa de Santa María del Pueblito, y hoy lleva oficialmente el nombre de Villa de la Corregidora, pero comúnmente se le llama El Pueblito. Con ocasión de la coronación pontificia de la imagen de Ntra. Sra. Del Pueblito se solicito se le restituyera en antiguo nombre logrando que la cabecera municipal se llamara Villa del Pueblito ya que el laicismo constitucional no permite el antiguo nombre.

La imagen de madera de no más de cincuenta centímetros de altura representa a la Virgen María en el misterio de su Inmaculada Concepción. Al lado derecho tiene al Niño Jesús, el cual fue añadido posteriormente, y a los pies de la Virgen una imagen de San Francisco de Asís (antiguo patrón de la Villa del Pueblito) hincado y sosteniendo sobre su cabeza y las manos levantadas en alto, tres esferas que representan las tres órdenes fundadas por el Santo.

Fue el padre fray Sebastián Gallegos, de los franciscanos de Querétaro, quien esculpiera la imagen de Nuestra Señora, hacia 1632 y la regaló al cura doctrinero de San Francisco Galileo, fray Nicolás de Zamora. Este último se encontraba bastante preocupado debido a las prácticas idolátricas que muchos de sus feligreses continuaban realizando en la cima de una pirámide chichimeca en un cerrillo al norte de la población conocido como “Cerro pelón”; un día a escondidas fray Nicolás colocó cerca del antiguo adoratorio indígena la imagen de la Santísima Virgen, y le rogó que convirtiese a Dios aquellos corazones obstinados. Aconteció que yendo los indios a sus cultos, se encontraron con la imagen y se pararon atónitos a contemplarla, y se obró en ellos un cambio radical: abandonaron sus antiguas prácticas y abrazaron la religión cristiana.

Hacia el siglo XVIII se llevó la imagen a una capilla de adobe y posteriormente gracias a uno de sus devotos, el capitán Pedro de Urtiaga, librado de la muerte en una grave enfermedad ordenó se le levantara un templo mejor.

Fue el propio pueblo indígena que pidió que a la Virgen se le acompañara con la imagen de su Hijo, así como también la de San Francisco de Asís. De esa forma se conformó lo que vemos actualmente, aunque se desconoce la fecha exacta en que la imagen se modificó, pero debe haber sido en los primeros siglos de su culto pues existen cuadros muy antiguos que ya la representan con el Niño Jesús a su lado y el padre San Francisco.

Vista del altar del Santuario con la imagen de la Virgen. Villa de la Corregidora, México.

El 15 de enero de 1745, ante la imagen de Nuestra Señora del Pueblito, el Rev. Padre Provincial Fr. Antonio Villalba, hincado de rodillas la declaró patrona principal de la provincia franciscana de San Pedro y San Pablo de Michoacán (juramento que fue ratificado por la Sagrada Congregación de Ritos el 28 de septiembre de 1787 y concedió a la fiesta de la Inmaculada todas las prerrogativas de los Santos Patronos principales). El 3 de junio de 1830 fue declarada por el Congreso del Estados patrona principal del Estado de Querétaro y en 1958 fue declarada patrona principal de la Diócesis.

Según cuenta el padre Francisco de Florencia en su Zodiaco Mariano, en los primeros años de culto a la imagen de Nuestra Señora del Pueblito se le vio muchas veces llorar, otras veces se le veían los ojos muy encendidos y en veintidós ocasiones se le vio sudar abundantemente al grado de empapar los lienzos con que se le limpiaba.

Durante el movimiento independentista de México la imagen de Nuestra Señora del Pueblito jugó un papel importante pero del lado de los realistas, el 29 de octubre de 1810 el ejército realista junto con el Ayuntamiento y la Autoridades eclesiásticas proclamaron Generala a la Virgen del Pueblito y le pusieron sobre el pecho una rica banda correspondiente a su rango militar y en sus manos el bastón de mando.

El brigadier Félix María Calleja (conocido como el azote de los insurgentes y que posteriormente sería Virrey de la Nueva España y fusilaría a los principales cabecillas del movimiento insurgente) mandó a pintar en sus banderas la imagen de Nuestra Señora del Pueblito y triunfó sobre el ejército insurgente en la batalla de Aculco.

De la misma forma hacia finales del siglo XIX generales como Miramón y Mejía (conservadores que cooperarían en la invasión francesa a México) se declaraban abiertamente devotos de Nuestra Señora del Pueblito y liberales como el general Arteaga no dudaba en llevar en andas la santa imagen.

Vista general del Santuario del Pueblito. Villa de la Corregidora, México.

Hacia 1951 se llevó a cabo la coronación pontificia de la imagen por don Marciano Tinajero y Estrada obispo de la misma diócesis de Querétaro. Actualmente a la imagen se le celebra tres veces, la más antigua se lleva a cabo el domingo de Carnaval, la segunda es el sábado anterior al cuarto domingo de Pascua y la tercera recordando el aniversario de la coronación pontificia que suele efectuarse dos domingos después del 17 de octubre.

André Efrén

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es