El Señor y la Virgen del Milagro de Salta, Argentina

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Vista de las dos veneradas imágenes y el templo homónimo en Salta, Argentina. Estampa devocional.

Vista de las dos veneradas imágenes y el templo homónimo en Salta, Argentina. Estampa devocional.

Pregunta: Buenas, hermano. Quisiera saber la historia del Señor y la Virgen del Milagro que tienen como patrono en la ciudad de Salta, Argentina. Bendiciones.

Respuesta: Fue fray Francisco de Vitoria, que era obispo de Tucumán, cuando ya había regresado a España, quien decidió enviar hacia América dos cajas; una con la imagen de un Cristo crucificado para la iglesia de Salta; y la otra con una Virgen del Rosario para la iglesia de Córdoba, ambas localidades en el Virreinato de la Plata, actual Argentina.

Era el año de 1592 cuando en el puerto del Callao, en Perú, la gente pudo divisar desde la orilla dos cajones que flotaban sobre las aguas y, al rescatarlos, se dieron cuenta que tenían inscrito algo que decía: “Un Cristo crucificado para la iglesia matriz de Salta, provincia de Tucumán, remitido por fray Francisco de Vitoria, obispo de Tucumán”, y el otro “Una Señora del Rosario para el convento de predicadores de la ciudad de Córdoba, provincia de Tucumán, remitido por fray Francisco de Vitoria, obispo de Tucumán”.

Nunca se supo qué sucedió con el barco y la tripulación que traía consigo ambas imágenes, es posible que haya naufragado. La gente de Perú, llena de devoción, llevó en procesión ambas imágenes hasta Lima, donde según la tradición fueron veneradas por Santo Toribio de Mogrovejo, Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres.

Las autoridades civiles hicieron lo debido y, poco tiempo después, enviaron ambas imágenes a sus respectivos destinos: la Virgen del Rosario a Córdoba, donde se convirtió en la patrona, y el Cristo a Salta. Al llegar la imagen del Cristo a Salta las autoridades organizaron un recibimiento y una misa en su honor, y la imagen se ubicó definitivamente en el altar de Ánimas. Posteriormente a las celebraciones por el recibimiento de la imagen, ésta quedó totalmente olvidada por muchos años.

Imagen del Señor del Milagro de Salta, Argentina.

Imagen del Señor del Milagro de Salta, Argentina.

La imagen de Nuestra Señora, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, ya se encontraba en Salta, pues pertenecía a una familia devota de la ciudad que, cada 8 de septiembre, para celebrar la Natividad de la Santísima Virgen, llevaba la imagen a la iglesia para los oficios, y por una razón desconocida ese año se decidió dejarla unos días más en el templo.

Era el año de 1692, un siglo exacto desde la llegada del Cristo a Salta, y la imagen de la Inmaculada se encontraba en un nicho tres metros sobre el suelo. El 13 de septiembre de ese año, a las 10 de la mañana, un terrible terremoto asoló la ciudad. Cuando había pasado el terrible suceso, muchas personas, acompañados del sacristán Juan Ángel Peredo, decidieron ir a la iglesia para rescatar al Santísimo Sacramento y grande fue su sorpresa al encontrar la imagen de la Inmaculada echada al pie del altar, con el rostro hacia arriba mirando al Sagrario, y su rostro se mostraba pálido y demacrado, como implorando misericordia por sus hijos de la ciudad de Salta. La imagen no había sufrido ningún daño, pero el dragón que llevaba a sus pies se encontraba en malas condiciones y también la media luna. La imagen fue llevada a un altar improvisado fuera de la iglesia, donde toda la gente le imploraba intercediera por ellos ante su Hijo.

El 15 de septiembre de ese año, la tierra no dejaba de temblar constantemente y la gente se encontraba durmiendo en la intemperie por miedo a morir en un terremoto. Un sacerdote de la compañía de Jesús, el padre José Carrión, escuchó una voz que le decía que, mientras no sacasen en procesión al Santo Cristo abandonado en el altar de Ánimas, no cesarían los temblores. Con algo de dificultad sacaron la imagen en procesión, a la cual acudieron las autoridades civiles y militares, así como los pobladores, implorando el cese de los terribles temblores, y tal como había escuchado el jesuita, inmediatamente cesaron los temblores y desde ahí, las imágenes de la Virgen y el Cristo fueron llamados como el Señor y Nuestra Señora del Milagro, y se juró que cada año se repetiría la procesión del 15 de septiembre en su honor.

Detalle del busto de Nuestra Señora del Milagro de Salta, Argentina.

Detalle del busto de Nuestra Señora del Milagro de Salta, Argentina.

El 8 de octubre de ese año, el cabildo de Salta calificó de milagroso lo sucedido en Salta, y el 13 de octubre de ese mismo año se nombró a Nuestra Señora del Milagro patrona y abogada de Salta, celebrándose la festividad de Nuestra Señora del Milagro el 13 de septiembre y la del Señor del Milagro el día 15 de septiembre.

En 1844, debido a que el Santo Cristo libró nuevamente a la ciudad de Salta de un terremoto, se labró una cinta en plata que se puso a la imagen del Cristo con el lema: “Tú eres nuestro y nosotros somos tuyos”.

Análisis que se han hecho a la imagen de Nuestra Señora muestran que originalmente fue una imagen de candelero, que sólo tenía tallados la cabeza y las manos, y posteriormente se le talló un cuerpo con manto, el cual posteriormente fue, una vez más, modificado para poderla vestir, y que las extremidades de la imagen se articularon.

En 1902, el Papa S.S. León XIII concedió la coronación pontificia de la Virgen del Milagro, la cual se llevó a cabo el 13 de septiembre de ese año.

André Efrén

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Virgen de la Paciencia de Oropesa del Mar

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Imagen de la Virgen de la Paciencia, patrona de Oropesa del Mar, Castellón (España).

Imagen de la Virgen de la Paciencia, patrona de Oropesa del Mar, Castellón (España).

Una de las historias entrañables que nos da la mariología valenciana es la de la Virgen de la Paciencia de Oropesa del Mar.

Se cuenta que en el año 1619 llegaron unos galeotes moros a esta localidad y atacaron el pueblo, arrasando el castillo y la iglesia con sus imágenes interiores. Destrozada la imagen de la Virgen del Rosario del s.XVI que se veneraba en la conocida como Capilla de la Defensa, el Conde de Cervelló, señor de Oropesa, recogió todos los pedazos y los llevó al Convento de las Carmelitas Descalzas de Valencia para ser entregada a las monjas del Convento de San José y Santa Teresa de Valencia.

En el año 1588, fray Ambrosio Mariano de San Benito, fraile carmelita descalzo colaborador de Santa Teresa de Jesús en sus fundaciones, había fundado este monasterio de la Orden de los descalzos del Carmen. El lugar escogido para la construcción del nuevo convento fue la plaza del Portal Nou y, aunque era de dimensiones reducidas y sufrió un incendio, disponía de iglesia, claustro, salas conventuales y huerto. Este fue por tanto el lugar en que restauraron la imagen de la Virgen y, quizás por la paciencia con que la que fueron repuestas sus piezas, se la rebautizó con el nombre de la Virgen de la Paciencia. Se trataba de una talla en madera de ciprés, de 57 centímetros y datada a finales del siglo XVI aproximadamente, coincidiendo con la repoblación de Oropesa. Además, en torno al año 1630 se construyó una ermita en los huertos del convento para su veneración.

La imagen fue acogida entonces en el convento durante más de tres siglos pero, al llegar el período de la Guerra Civil, la imagen hubo de ser escondida en la casa particular de la familia Marco Prats, cuya vivienda estaba situada frente a la Puerta de los Hierros de la Catedral de Valencia. Tras acoger esta familia a dos hermanos religiosos, la vivienda fue objeto de continuos registros policiales hasta que, en agosto de 1936, unos milicianos se presentaron en el domicilio para llevárselos detenidos. Fue en uno de los asaltos cuando un miliciano golpeó la imagen contra la pared y la cabeza de la escultura rodó por el suelo, partiéndose en varios trozos que la familia conservó. Terminada la contienda en 1939, la imagen se recompuso y dicha imagen permaneció en Valencia hasta el 3 de octubre del año 1964 en que regresó a Oropesa, 345 años después de su devoción, bajo grandes festejos tras haber insistido largamente el párroco de Oropesa para su retorno a la localidad castellonense.

Detalle del busto de la imagen. Oropesa del Mar, Castellón (España).

Detalle del busto de la imagen. Oropesa del Mar, Castellón (España).

En el año 2007, el número de religiosas del convento carmelita era mínimo y la orden vendió el convento a un industrial valenciano para construir en su lugar un hotel de lujo. Pero la anécdota es que las monjas vaciaron las obras de arte del convento y arrancaron de una manera poco respetuosa los zócalos cerámicos de todo el monasterio, lo que llevó a que muchos de ellos se rompieran. Enterados los medios de comunicación del destrozo, intervino la Administración, y en la actualidad los azulejos se encuentran en el Museo de Bellas Artes de Valencia en depósito, mientras la Justicia establece la titularidad y la responsabilidad de los daños sufridos. Las monjas finalmente se han trasladado al convento que la Orden del Carmen tiene en la cercana población de Serra.

Como colofón a esta historia, la Virgen de la Paciencia será coronada canónicamente el cinco de octubre próximo, día de su fiesta. El obispo de la Diócesis, Casimiro López Llorente, ha decidido igualmente con un decreto que se destine a obras de caridad, a través de Cáritas parroquial, al menos una cantidad igual al coste de la diadema o corona y que la coronación canónica sirva de ocasión para que su ermita se convierta en sede y centro de un genuino culto litúrgico y de activo apostolado cristiano.

La iglesia parroquial de la Virgen de la Paciencia de Oropesa, que es la casa de la imagen, es austera y sencilla en su edificación, contando con una serie de capillas en los laterales que rodean la nave central. En la capilla de la Virgen podemos ver algunos azulejos de bonita factura que datan del siglo XVIII y que pertenecían a la localidad de Alcora, rodeando la imagen de la patrona de la localidad.

Altar de la patrona en la iglesia parroquial. Oropesa del Mar, Castellón (España).

Altar de la patrona en la iglesia parroquial. Oropesa del Mar, Castellón (España).

En la actualidad se conservan dos copias de ésta en Oropesa, una para ser procesionada y otra para ser venerada en la parroquia. Una tercera copia se donó al convento de San José de Valencia, hoy ubicado en la localidad de Serra, y una cuarta imagen se entregó al museo diocesano de la catedral de Segorbe.

Salvador

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San José, Patrono de Zapotlán el Grande, Jalisco

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Vista de la imagen de San José venerada en Zapotlán (México).

Vista de la imagen de San José venerada en Zapotlán (México).

Introducción:
En el mes de mayo del presente año, se dio a conocer una adaptación en las Plegarias Eucarísticas de la celebración de la misa. Un detalle sencillo, pero muy significativo. El Santo Padre Francisco autorizó que en dichas anáforas se hiciera mención de San José, inmediatamente luego de la conmemoración que de la Santísima Virgen María. Ya San Juan XXIII había incluido, luego de siglos, el recuerdo del Esposo de María, en el Canon Romano, pero el reconocimiento no se consolidó en los demás esquemas litúrgicos. Con este gesto se colma el deseo y anhelo de muchos devotos del Padre Nutricio de Nuestro Señor Jesucristo, que desde hace décadas insistían en este cometido que por fin ha llegado a feliz término. Como homenaje a este suceso y en continuación y sintonización con los artículos que se han publicado sobre San José en este blog, se une este artículo que trata sobre una devoción que se le tiene al Santo Patriarca en el municipio de Zapotlán el Grande, Jalisco, cuya cabecera, Ciudad Guzmán, es la sede de la Diócesis del mismo nombre.

Ciudad Guzmán:
Zapotlán el Grande es un municipio ubicado en el sur de Jalisco, cuya cabecera municipal se llama Ciudad Guzmán, y que es la sede de la Región Sur del Estado. [1] Zapotlán significado “donde abundan los zapotes o chirimoyos”, un fruto de sabor agradable. El apelativo de “El Grande” le viene para distinguirlo de otros poblados con el mismo nombre que tuvieron menor influencia política, económica y social en la entidad. Tiene su origen entre 1632 y 1633, en que el venerable Padre Fray Juan de Padilla, OFM, posteriormente martirizado en Sinaloa, fundó una doctrina que denominó “Doctrina de Santa María de la Asunción de Tzapotlán” y que fue el centro misional de aquella vasta región, llegando a tener una influencia determinante para la evangelización de los naturales no solo de ahí mismo, sino de otras provincias como Tamazula, Ávalos, Autlán, Tenamaxtlán y Amula.

Fueron los hijos de San Francisco quienes administraron eclesiásticamente esta zona, que por entonces pertenecía al entonces llamado Obispado de Michoacán, hasta finales del siglo XVIII, en que se secularizó la administración clerical. Por agencias del Siervo de Dios don Antonio Alcalde y Barriga, obispo de Guadalajara, al ver la distancia que había entre la sede episcopal de Michoacán y esta zona, obtuvo que las provincias de La Barca, Colima y Zapotlán el Grande se segregaron de ese obispado y se anexaran al Obispado de la Nueva Galicia, con sede en Guadalajara, con la finalidad de que los fieles tuvieran una mejor atención espiritual.

Vista de la catedral de Ciudad Guzmán, México.

Vista de la catedral de Ciudad Guzmán, México.

Desde el siglo XIX latía la idea de un Obispado en ese rumbo, pero fue hasta durante el pontificado del Beato Papa Pablo VI que mediante la Bula “Qui Omnium Christifidelium” del 25 de marzo de 1972 se erigió la deseada Diócesis, que quedó como sufragánea de la de Guadalajara, y que quedó erigida formalmente el 30 de junio de 1972, siendo nombrado como primer Obispo, Don Leobardo Viera, anteriormente obispo de Colima. La sede catedralicia se determinó que fuera la parroquia del lugar, dedicada a la Asunción de Nuestra Señora y que es el centro de culto y devoción a San José, junto al que se une la veneración de Nuestra Señora del Rosario.

San José
El culto que se le da a Dios se llama “latría” o adoración. Con este se le reconoce como Padre, Creador y Señor; origen y fin de nuestras existencias; reconociéndolo como Ser Supremo del cual siempre dependemos. A la Santísima Virgen María, unida de manera especial a la Santísima Trinidad, le damos un culto especial sobre todos los Santos. El culto a los Santos se le llama “dulía” y lo que hacemos con ellos, es reconocerlos como ejemplo e intercesores. Pero a la Madre de Cristo, esta veneración, por razones obvias se le llama “hiperdulía”, es decir, más fuertemente. San José, su esposo, que hizo las veces de padre terrenal de Cristo, tiene un culto denominado “protodulía”, puesto que siendo jefe de la Sagrada Familia, estuvo por muchas razones, lleno de más gracias y dones que todos los Santos. La razón del culto a San José, el Carpintero de Nazaret, esta esencialmente fundado en que luego de María, no hay otra persona más santa que Él. Es de suponerse que Cristo no le negara nada quien le dio sustento; como hizo el Faraón de Egipto a su primer ministro, el hijo de Jacob, parece que ahora nos dice a nosotros: “Id a José”.

Imagen de San José venerada en Zapotlán, México.

Imagen de San José venerada en Zapotlán, México.

José es pues de Cristo, así como Cristo es de José. Por la Encarnación del Verbo en el seno de María, José llegó a ocupar las funciones del Padre Celestial con el Hijo del Hombre. Y así como después de Jesús, no hay nadie más importante en el corazón de María que José, en el corazón de Jesús tampoco hay nadie más importante luego de María que José.

Esta devoción al Santo Patriarca fue madurando con el tiempo, el pueblo cristiano supo descubrir en él, por muchas razones, a un protector, un intercesor, un defensor. Hay ciertos lugares en el mundo en que se le tiene mayor afecto a San José. Razones geográficas como en Belén y Nazareth, donde vivió, así como en Egipto, donde vivió en el exilio. También a causa de algunas reliquias suyas existen centros de devoción josefina: Neuville, Francia, que asegura tener su cinturón. En Chiusi, en Toscana, Italia, se venera un anillo. En Florencia, su Cayado. En Lovaina tiene un Santuario Nacional. En Holanda, en la provincia de Venray, hay otro Santuario muy visitado; Barcelona tiene el célebre templo de San José de la Montaña. En America, el más famoso de los santuarios se halla en Montreal, Canadá, cuya promoción y construcción se debe a San Andrés Bessette.

En 1524, Fray Martín de Valencia y los primeros doce franciscanos que misionaron en la Nueva España, ya habían constituido patrono de la evangelización a San José. Además el Rey Carlos II de España había ordenado que San José tuviera en su monarquía el rango de Titular. En México hay muchos templos, parroquianos y santuarios esparcidos por todo el territorio nacional, sin detenernos en detallarlos a todos, sólo se referirá que en 1555, luego del I Concilio Provincial Mexicano se nombró a San José como Patrono de la Iglesia de México, titulo ratificado por el III concilio provincial de 1583. Sin duda alguna, la imagen del Castísimo Patriarca Señor San José más celebre y más venerada en el occidente del país es la que se conserva con ferviente culto en la Catedral de la Diócesis de Ciudad Guzmán.

Los hijos de San Francisco, motivados por estas y otras razones, establecieron en la parroquia del Zapotlán la devoción a San José, rastreándose su culto desde el S. XVII. Es probable que anterior a la actual imagen haya existido otra, la que fue sustituida por esta, con origen en la escuela de Guatemala, que floreció desde el S. XVI y que produjo imágenes religiosas de Nuestro Señor Jesucristo, la Santísima Virgen María y de varios Santos. Se recuerda entre los escultores de este lugar a Quirino Castaño, que esculpió el Santo Cristo de Esquípulas, así como Mateo y Evaristo Paz, Juan de Pedroza y Alonso de la Paz. De este lugar se diseminaron por diversas partes de México bastantes imágenes que han llegado a nuestros días.

Antigua fotografía de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán (México).

Antigua fotografía de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán (México).

La leyenda
La piedad mal entendida y falsa devoción, para dar mayor veneración a las imágenes famosas, quieren darles siempre un origen sobrenatural y la conseja dice que un arriero llegó a la población de la Cofradía del Rosario donde dejó un cajón, desapareciendo sin dejar rastro. Tiempo después, la autoridad eclesiástica con la civil destaparon el cajón donde, con sorpresa, hallaron las imágenes de San José y de Nuestra Señora del Rosario, las cuales fueron conducidas en su solemne procesión a la iglesia parroquial. Para dar mayor crédito y firmeza a la leyenda, se le adorna con la palabra “TRADICIÓN”. Lo bueno es que hay documentos y testimonios históricos que aclaran el origen histórico. Los archivos refieren que los franciscanos hicieron venir de Guatemala, junto a la imagen de San José, otra de la Santísima Virgen María para darles culto en este lugar.

Hacia 1806 la imagen se salvó de la destrucción causada por un terremoto que derribó la iglesia parroquial. El 25 de marzo de ese año, un temblor asoló la ciudad, muriendo más de 2000 personas. La imagen del Santo Patriarca se condujo al templo de la Tercera Orden donde permaneció hasta el 6 de septiembre de 1881, en que el entonces párroco Don Atenogenes Silva, luego Obispo de Colima, dedicó la nueva parroquia al Sagrado Corazón de Jesús e hizo trasladar el Santísimo Sacramento con la imagen del Señor San José a la nueva sede. Aquí permaneció 19 años hasta que el 7 de octubre de 1900 se traslado a la nueva iglesia parroquial, hoy Catedral, quedando colocada al fondo de la nave lateral poniente exactamente en el lugar opuesto al altar de la Virgen del Rosario.

Hacia 1909, siendo párroco Don Silvano Carrillo, luego obispo de Sinaloa, un sacerdote Vicario y Sacristán Mayor, tuvo la idea de deshacerse de la imagen por anticuada y carente de belleza. La hizo colocar sobre unas columnitas falsas para que por el peso se venciera, lo cual sucedió el 9 de marzo de ese año, cuando el Sacristán se subió a su altar para sacudirla. Lleno de angustia el señor cura Carrillo determinó que la reparara temporalmente el P. Enrique Gómez, con habilidades artísticas y conocimiento de escultura. La reparación provisional se hizo y luego se mandó a Guadalajara donde un escultor profesional la reparó y al unir el cráneo quebrado, antes de hacerlo, encontró en su interior un papel con el nombre del escultor y referencias de su origen de un taller guatemalteco. En junio de ese año, el escultor queretano de gran fama y pericia Agustín de Espinoza, consolidó magníficamente la restauración, dotando además a la imagen del Niño Jesús que antes no tenía.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Fotografía de 1909.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Fotografía de 1909.

Desafortunadamente en 1957, con motivo de su coronación pontificia, el entonces párroco Don Adolfo Hernández Hurtado, luego Obispo de Tapachula y posteriormente Auxiliar de Guadalajara, se dejó llevar por un torpe aprendiz de escultor llamado Félix Álvarez y se retocó la imagen, destruyendo la singular coloración y belleza que le había puesto el Maestro Espinoza, situación lamentable para quienes entienden de arte.

Descripción de la imagen
Los rasgos de la imagen testifican su origen guatemalteco y no queretano, como algunos han querido. Tiene vestiduras de talla y estofadas con dorado, algo deterioradas, se le sobreponen ropas elaboradas con telas finas y artísticas. Aunque tiene la cabellera tallada en la misma cabeza, le colocan una cabellera de pelo natural. Su pierna derecha es recta y la izquierda flexionada; a la inversa de la iconografía tradicional, sostiene con el brazo derecho al Niño Dios y con la mano izquierda lleva el báculo florecido con azucenas. Deja asomar sus pies, calzados con sandalias. Su rostro no es de belleza artística, pero es devoto y de lineamientos aceptables. Sus ojos son de vidrio y con pestañas sobrepuestas. Su barba bien moldeada y partida. Tiene la boca entreabierta mostrando la lengua y la dentadura, lo que le torna expresivo y animado, inspirando respeto y devoción. Ordinariamente viste túnica verde y manto amarillo, estrena ropa cada año para las festividades, algunas veces con estilos muy artísticos e incluso con colores no tradicionales. Tanto él como el Niño Dios portan coronas imperiales.

El patronato
La Región Sur de Jalisco ha padecido constantemente temblores de tierra, originados por el volcán de Colima que anteriormente se llamaba volcán de Zapotlán. Estos sismos han causado en Zapotlán muerte, sangre, luto y llanto. En 1747 ocurrió un sismo de tal magnitud que conforme a la usanza de la época colonial, los Padres Juan Bautista Solís y Juan Antonio Caro, ambos Franciscanos, con algunos principales vecinos y en privado, juraron a San José, Patrono de Zapotlán contra los temblores. Dos años más tarde, el 22 y 23 de octubre de 1749, sucedieron otros terribles temblores, lo que llevó a los principales vecinos a elevar un voto público y jurídico que refrendara el de 1747, comprometiéndose a celebrar anualmente su fiesta el 22 de octubre, aniversario del temblor. El Obispo de Michoacán, Don Martín de Elisacoechea dio su aprobación para ratificar el juramento.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2009.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2009.

El 25 de marzo de 1806 un temblor asoló la región, hubo como 2000 muertos, muchos de ellos dentro de la parroquia pues asistían a una misión de los Padres Franciscanos del convento de Santa Cruz de Querétaro. Ante esta tragedia se renovó el voto juramentando, siendo desde esas fechas que se celebran religiosamente y puntualmente las fiestas del 22 de octubre.

El cariño de los lugareños a San José le ha dado un grado tan singular, que lo consideran protector y defensor contra rayos, inundaciones, sequías y calamidades públicas. Su imagen se saca en procesión cuando hay graves malestares, como cuando explotó el volcán de Colima el 20 de enero de 1913 o en sequías prolongadas, como en 1945 y 1969, cuando tras públicas rogativas, se precipitaron copiosas lluvias que fueron el inicio de un buen temporal.

La coronación pontificia
Con intención piadosa, el vecindario de Zapotlán tenía el deseo de que la imagen de San José se coronara con la autoridad del Papa, lo cual se logró con la autorización de S.S. Pío XII con breve de 12 de marzo de 1957, lo cual se realizó el 22 de octubre de ese mismo año. Coronó la imagen del Niño Dios, el Delegado Apostólico Don Luigi Raimondi, la del Santo Patriarca, el Arzobispo José Garibi Rivera y la de Nuestra Señora del Rosario, el Arzobispo de Primado de México, Don Miguel Darío Miranda. Cabe señalar que las coronas de San José y Niño Dios son de forma imperial, mientras que la de Nuestra Señora del Rosario es Condal, pues por detalles administrativos se solicitó solamente y como tal se concedió, la coronación pontificia para San José.

Las fiestas
Desde 1747 se celebra anualmente el 22 de octubre el Patronazgo de San José. El novenario comienza el 13 de octubre, repartiéndose los gastos de cada día entre grupos, personas y asociaciones. La función del día 22 de octubre corre por cuenta del Mayordomo, elegido por sorteo cada año, quien procura de su peculio, la fiesta de San José y de la Virgen del Rosario, su inseparable compañera. Hay peregrinaciones de los distintos decanatos y vicarias.

El 22 de octubre se celebra la fiesta principal, comenzando desde muy temprano con el canto de las mañanitas. La misa principal es concelebrada y presidida en ocasiones por algún Obispo invitado, incluyendo a veces, al Nuncio Apostólico. Por la noche hay juegos pirotécnicos, que son el culmen de una feria regional que atrae visitantes del sur de Jalisco, de Colima y aún de diversas zonas de la República Mexicana.

Detalle de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario sacadas en procesión en Zapotlán, México.

Detalle de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario sacadas en procesión en Zapotlán, México.

El 23 de octubre se realiza el acto más popular. Se celebra temprano un funeral por los Mayordomos difuntos. Luego se realiza un magno desfile de carros alegóricos, cuyo origen data desde 1844. Cierra el contingente un carro denominado “El Trono de San José” en el que va su venerable imagen acompañada de la Virgen del Rosario con el Niño Jesús en sus brazos. Al terminar el desfile, las imágenes son llevadas a la casa del Mayordomo, donde son colocadas en un bien aliñado altar. Allí se velan toda la noche, acudiendo el devoto vecindario a venerarlas. Al día siguiente son trasladadas con igual pompa a la catedral, donde son recibidas por el Obispo Diocesano, para ser colocadas en sus respectivos nichos realizando a continuación el tradicional sorteo para elegir al nuevo Mayordomo de las festividades del año siguiente.

Apéndice: Nuestra Señora del Rosario
Junto a San José, Ciudad Guzmán ha unido desde siempre la devoción a Nuestra Señora del Rosario, cuya cofradía data desde 1617 y que fue en esos tiempos la promotora de su culto y devoción. La imagen original con cerca de tres siglos, fue retirada del culto y luego de rodar por diversos lugares pasó a la iglesia de la Merced, donde pese a ser una imagen antigua y con cierta venerabilidad, estuvo arrinconada sin veneración alguna. Luego fue restaurada por un escultor mediocre que la transformó de talla a media talla, quedando muy fea. Para mayor desatino, en la década de los años cuarenta fue retocada por manos inexpertas, acabando con esta antigua imagen que se salvó del terrible temblor de 1806.

Como quedo dicho anteriormente los Padres Franciscanos hicieron venir desde Guatemala, las imágenes de San José y La Santísima Virgen María, pero la que llegó de estos lugares, no es la que está en la Catedral. En 1978, el primer Obispo de Ciudad Guzmán, Don Leobardo Viera localizó una imagen muy bella, vestida de la Virgen del Carmen. Por sus formas y estilos es probable que esta imagen haya sido la que acompañó la imagen de San José desde Guatemala. Como la imagen de la Virgen del Rosario que está en la Catedral, fue coronada canónicamente, no se sustituyó y fue colocada al parecer en el Oratorio privado de la casa del Obispo, ubicada en al esquina de Colón y Rayón de esa ciudad.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2011.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2011.

Fray Luis del Refugio Palacio, gran autoridad en arte e historia, asienta que la Virgen del Rosario de Zapotlán es una escultura de la autoria de Mariano Perusquía, escultor de origen español que perfeccionó sus aptitudes en la Academia de San Carlos y que nació en 1771. Tuvo su taller en Querétaro y luego se trasladó a Guadalajara, de cuyos talleres salieron hermosas imágenes para ambas ciudades. Por tanto, esta imagen debe de datar de la tercera década del S. XIX. Y fue adquirida muy probablemente por el párroco de Zapotlán en aquel tiempo, Don Patricio Arteaga. Aunque hay otra opinión que asegura que fue el P. Atenógenes Silva, quien siendo párroco de Zapotlán fue quien la adquirió durante su gestión entre 1880 y 1883. Lo cierto es que esta imagen es la más bella que tiene el estado de Jalisco respecto a la advocación de Nuestra Señora del Rosario.

Es digno de mencionarse que esta imagen estuvo a punto de ser estropeada en 1957, cuando iba a ser coronada junto con la imagen de San José. Un escultor aprendiz sorprendió al párroco Don Adolfo Hernández y puso mano en la imagen de San José; su maestro Fidel N. Galindo le hizo un serio reproche y, con la colonia de Zapotlán que había en Guadalajara, acudieron al Arzobispado de Guadalajara, Don José Garibi Rivera, para que impidiera que un inexperto tocara la imagen de Nuestra Señora del Rosario, obra de Don Mariano Perusquía, así que de inmediato se suspendió el proyecto y la Virgen del Rosario se libró de un atropello de leso arte y quedó en su prístina belleza original, cual salió del afamado artista.

Imagen de la Virgen del Rosario venerada en Zapotlán, México.

Imagen de la Virgen del Rosario venerada en Zapotlán, México.

Descripción
Es una imagen de tamaño natural, con un rostro de incomparable belleza, fruto de un profundo estudio y gran dedicación. Su cuello es esbelto y su cabeza se inclina a la izquierda, tiene un aspecto virginal y maternal a la vez. Sus ojos de cristal tienen una mirada baja y en sus labios se dibuja una sonrisa dulce que atrae el corazón. La mano derecha aparece elevada con actitud de tomar entre sus bien delineados y delgados dedos pulgar e índice, el extremo del Rosario, que también toma con su mano izquierda con la que sostiene al Niño Jesús. La coloración de la Virgen es apiñonada y un tanto morena, la imagen es exclusiva para vestirse de telas, teniendo un rico y variado guardarropa de vestidos y mantos de telas, seda y brocados. Anualmente estrena un vestido nuevo. Tiene cabellera postiza sobrepuesta sobre su cabeza, la que se cubre con una mantilla que le da un cierto donaire. Antes llevaba corona imperial, pero desde la coronación pontificia porta una corona ducal. Tiene un altar en el fondo de la nave lateral oriente, en un nicho de madera labrada y resguardada por cristales. Su principal festividad es el 7 de octubre, aunque comparte las celebraciones en honor de su esposo San José el 22 de octubre.

Humberto

Bibliografía:
– OROZCO CONTRERAS, Luis Enrique Cango. Iconografía Mariana de la Provincia Eclesiástica de Guadalajara. Sine Labe Concepta, pp. 142-20, Guadalajara, Jalisco. 1980. Editado por el Autor.


[1] Zapotlán ha tenido varios nombres: primero se llamó Tlayolán, luego Tzapotlán, después Tzaputlán y pueblo de Santa María de la Asunción de Zapotlán, nombre dado por el misionero fray Juan de Padilla al ponerlo bajo la advocación de la Virgen. El nombre de Zapotlán el Grande lo llevó oficialmente durante 150 años. Sin embargo, el 19 de abril de 1856, en memoria de Gordiano Guzmán, un insurgente de la lucha de independencia y que también combatió en contra la intervención norteamericana en México durante 1847. Fue fusilado en 1854 por ser un estorbo político para el dictador Antonio López de Santa Ana. Se le puso el nombre de Ciudad Guzmán a este municipio siendo gobernador de Jalisco Santos Degollado. Sin embargo, el 9 de enero de 1997, se publica el decreto número 16474 emitido por el H. Congreso del Estado, en el que se aprueba el cambio de nombre del municipio de Ciudad Guzmán por el de Zapotlán el Grande.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Nuestra Señora del Rosario de Talpa

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Vista de la imagen completa y vestida de Nuestra Señora del Rosario de Talpa, México.

Vista de la imagen completa y vestida de Nuestra Señora del Rosario de Talpa, México.

Además de Nuestra Señora de Guadalupe, el pueblo católico mexicano venera a lo largo del país a la Santísima Virgen María en santuarios de verdadero alcance nacional. Tales son los casos de Nuestra Señora de los Remedios en Naucalpan, Estado de México, Nuestra Señora de la Soledad, en Oaxaca, Nuestra Señora del Roble, en Monterrey, Nuevo León, Nuestra Señora de la Luz, en León, Guanajuato, Nuestra Señora de la Salud, en Pátzcuaro, Michoacán. En el occidente del país, en el estado de Jalisco, se hallan los santuarios más celebres, con la suerte de que aunque estén dentro de una misma entidad federativa, cada uno corresponde a diferentes diócesis. En efecto, Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, a la Diócesis de San Juan de los Lagos, Nuestra Señora de Zapopan, a la Arquidiócesis de Guadalajara y Nuestra Señora de Talpa, a la Diócesis de Tepic, cuya sede se encuentra en el vecino estado de Nayarit.

A estas tres últimas advocaciones se les conoce como las “hermanitas” o “primas”; dado que tienen casi el mismo tamaño, se les viste casi igual y tienen su origen y hechura en los talleres de Páztcuaro, Michoacán, donde los misioneros obtenían imágenes que los acompañaban en sus correrías apostólicas, donándolas luego como recuerdo personal a la población o una persona en particular. [1]

Este artículo trata sobre Nuestras Señora del Rosario de Talpa, cuya taumaturga imagen es la meta de muchas peregrinaciones a lo largo del año. A ella acuden miles de personas buscando el consuelo en sus penas, el remedio de sus necesidades y la paz para sus almas.

Talpa
Talpa viene del náhuatl: “Tlalli” (tierra) y “pan” (encima o sobre), por lo que este nombre significa “Sobre la Tierra”. Fue cabecera de un cacicazgo dependiente del tlatoanazgo de Amoxocotlán, hoy Mascota, feudatarios ambos del reino de Xalisco. Hacia 1523, el conquistador de México, Hernán Cortés nombró a su primo Francisco Cortés de San Buenaventura como Alcalde Mayor de Colima, con la consigna de conquistar las provincias al Norte y Oeste de ese lugar, lo cual se logró hacia 1525.

Detalle del rostro de Nuestra Señora del Rosario de Talpa, México.

Detalle del rostro de Nuestra Señora del Rosario de Talpa, México.

Luchas internas entre los conquistadores Cortés de San Buenaventura y Nuño Beltrán de Guzmán, hicieron que este último volviera a conquistar estas regiones, poniendo como sede de esta provincia a Compostela, quedando de esta manera Mascota y Talpa dentro de su jurisdicción.

La conquista espiritual de estos lugares se debió en primer lugar al Br. Don Juan de Villadiego, sacerdote anciano que acompañaba a la tropa de Francisco Cortés, hacia 1524. En 1530 se tiene noticia del paso por estas zonas de Fray Martín de la Coruña, Fray Gerónimo de la Cruz y Fray Juan de Badillo, de la orden franciscana; sin embargo, la verdadera labor correspondió por su trabajo, dedicación y trágico fin, a Fray Francisco Lorenzo, quien evangelizó el valle de Ahuacatlán y fundó el pueblo de Santiago de Tlalpan, dando como patrono al Apóstol Santo Santiago el Mayor. El método evangelizador de este misionero consistía en bautizar a los niños y catequizar y luego bautizar a los adultos. Este bendito religioso fue electo guardián del convento de Etzatlán, Jalisco, a donde se dirigió con otro hermano lego, Fray Francisco de la Anunciación. Ambos fueron sacrificados en la iglesia de Cacalotlán, estando Fray Francisco Lorenzo de rodillas ante el altar. Los mataron a macanazos los indígenas del lugar y de donde luego sus cuerpos fueron llevados al convento de Etzatlán, donde se guardan sus restos como preciosas reliquias. Así, con el martirio, consumó su vida el fundador y evangelizador de Talpa.

Como es costumbre entre los misioneros franciscanos, en cada pueblo fundado y atendido por ellos, se construía un hospital, dedicado siempre a la Limpia Concepción de Nuestra Señora, el de Talpa se ubicaba donde ahora se halla la Parroquia de San José. Los misioneros franciscanos atendieron espiritualmente este pueblo fundado el 25 de Julio de 1551 hasta finales del S. XVI, en que se entregó su administración al Clero secular de la Diócesis de Guadalajara, capital del Reino de la Nueva Galicia.

En el siglo XVII, la zona de Guachinango, a ocho leguas de Talpa, tuvo un florecimiento enorme debido al descubrimiento de minas, las cuales se fueron explotando hasta las proximidades de Talpa, donde hubo minas como las del Bramador, de la Concepción y el Desmoronado, Ostotipac, San Sebastián y La Resurrección, logrando este lugar gran bonanza, llevando por eso el nombre de “Real de Santiago de Talpa”. Este lugar se estableció como Ayuntamiento en 1844 siendo elevado a la categoría de Villa el 18 de Septiembre de 1885 con el apelativo de Allende, en honor del insurgente Don Ignacio Allende.

Mural que representa la redacción de la Auténtica.

Mural que representa la redacción de la Auténtica.

La Auténtica
Muchas versiones, incluso por escrito, han tratado de referir el origen y el culto de Nuestra Señora de Talpa, pero todas ellas carecen de fundamento. Históricamente hay un documento, el cual fue mandado redactar por el sacerdote que entonces era párroco de Guachinango, que fue protagonista del suceso y que relata como sucedió el prodigio que renovó a la imagen. Se llama “La Auténtica” y no es que sea ese el nombre del documento, sino que así se le ha conocido popularmente, como queriendo dar a entender que es la auténtica relación al milagro. Es a esta fuente a la que se ha de acudir para conocer o estudiar el suceso histórico que sucedió en Talpa el 19 de septiembre de 1644.

El documento original fue entregado al Obispo Juan Ruiz Colmenero con motivo de su visita pastoral al lugar en 1649, cinco años luego del prodigio. El prelado dejó en Talpa una copia del documento rubricado. Veintiséis años después, el mismo sacerdote añadió un último párrafo añadiendo nuevas noticias. Se hizo una nueva copia de esta relación en el pueblo de Mascota firmada y rubricada por clérigos y religiosos de la región con fecha del 17 de Septiembre de 1670. En 1721, el señor Cura Jerónimo Fernández de Lara ordenó la nueva redacción del documento con presencia de testigos y notario. En 1732, el 24 de diciembre, el Br. Don Joaquín Eustaquio de Estuñiga y Barrios se dió a la tarea de transcribir el testimonio, en el Libro de Asientos de Casamientos que también firmaron algunos testigos. Ha llegado a nuestros días la copia original que hizo redactar el Sr. Cura interino José Antonio Macías, también rubricado por testigos y fechada el 26 de Abril de 1836.

Este documento concuerda con el original registrado en el libro primero de gobierno de la segunda a la quinta foja. Esta copia cita detalles, testimonios, fechas y copias anteriores y que concuerda con el estampado de una tabla de la sacristía que estaba apolillada y maltratada por el tiempo, que se podía leer pero requería su conservación histórica en algún libro. Este documento lo hizo publicar y conocer el Padre Juan Nepomuceno Ibarra con autorización de la Sagrada Mitra de Guadalajara para que la conocieran los devotos de Nuestra Señora del Rosario de Talpa y firmó una nueva copia con fecha del 7 de Septiembre de 1854. Finalmente el 14 de Octubre de 1930, el Párroco de Talpa, Don Filemón López González, al ver el deterioro del libro 1º de Gobierno de la basílica, escribió personalmente una copia en el libro de Gobierno de la Basílica por entonces en uso, y que se conserva en el archivo parroquial.

El interés del P. Pedro Rubio Félix y de los párrocos posteriores para dejar por escrito la relación del prodigio sucedido es sólido y continuo, en un afán de conservar la memoria de tan importante suceso para que llegara a las generaciones venideras el texto en su integridad.

Mural que representa la renovación milagrosa de la imagen.

Mural que representa la renovación milagrosa de la imagen.

La renovación de la imagen de Nuestra Señora del Rosario
En septiembre de 1644, el párroco de Guachinango, P. Pedro Rubio Félix, adonde pertenecía el poblado de Talpa, visitó el lugar para celebrar la fiesta del Apóstol Santo Santiago y la de Nuestra Señora de la Limpia Concepción. [2] Al ver en el altar de la capilla varias imágenes de Cristo Nuestro Señor, de la Santísima Virgen y de otros Santos en muy mal estado y que no movían a la devoción, porque estaban carcomidas, quebradas y desfiguradas, pidió a los mayordomos que hicieran un hoyo en la sacristía, que las envolvieran en una sábana y que las sepultaran allí. [3]

En esas faenas estaban la Tenanchi [4] María, hija del cantor Francisco, el día 19 de septiembre del mismo año, cuando tomó la imagen de Nuestra Señora del Rosario, una de las figuras más carcomidas y desbaratadas por estar hecha de caña de Michoacán y muy antigua. Entonces salió de la imagen un gran resplandor que la deslumbró e hizo caer a la mujer, otras mujeres que aseaban la capilla, al verla tirada, fueron a levantarla y al preguntarle lo que le había pasado, les dijo: “¿No veis esa Virgen desbaratada que está de otra manera? Echando resplandores de fuego, rodeada de nubes que me hizo así. ¿Qué será esto?”. Las indígenas se acercaron al altar y al mirarla, les sucedió lo que a la Tenanchi, cayendo todas por el suelo; un muchacho fue luego a dar aviso al Alcalde, al Fiscal y a otros naturales del lugar, quienes vinieron de prisa y espantados por tal prodigio, cayeron de rodillas y pusieron a los lados de la imagen dos velas que encendieron.

Enviaron luego al Cantor Francisco Miguel a buscar al Cura de Guachinango, P. Pedr Rubio Félix, quien se dirigió a Talpa acompañado de algunos españoles y un notario para averiguar el caso. Para el día 22 en que llegaron a Talpa, la noticia del portento se había extendido por la comarca, habiendo ido muchos vecinos de Mascota, para ser testigos del hecho. El P. Rubio fue a la capilla a hacer oración y dispuso que se encendieran en el altar unas velas que había portado para la ocasión y se sorprendió porque las velas que se habían encendido a cada lado de la imagen, no se habían consumido. Prendió las velas que llevaba, cantó las Vísperas y al día siguiente celebró una misa. Las velas que llevó y que juntas pesaban 6 libras se consumieron, pero las velas primeras ardían sin derretirse y consumirse todavía. Este se considera el segundo milagro luego de la renovación de la imagen de Nuestra Señora.

Vista completa de la imagen sin los adornos.

Vista completa de una réplica de la imagen sin los adornos.

Para perpetuar el evento, hizo averiguaciones pertinentes entre los naturales y españoles presentes, y al inquirir el origen de la imagen, supo que era de un indígena llamado Diego Felipe, criado de Clemente de Torres, que había descubierto la mina de la Resurrección, y quien la donó a un hermano tuyo, vecino e indio principal de Talpa, encargándole que le tuviera insigne veneración, puesto que por su intercesión se había visto favorecido en sus necesidades. Este hombre la tuvo en su casa hasta poco antes de morir, por algunos años, dejándosela en herencia a su hijo Francisco Miguel que era el Cantor de la capilla y quien decidió donarla a la capilla del hospital donde se carcomió por el tiempo y la polilla. Cabe señalar que este nombre es el padre de la muchacha que iba a sepultar la imagen de la Virgen.

Luego de su renovación, la imagen continuó presentando los mismos rasgos fisonómicos con que fue esculpida, tal como la hacían los artistas indígenas de Pátzcuaro, pero su peso se modificó y de ser liviana y ligera, se hizo pesada, como de madera. En el S. XIX, el capellán de la Basílica Pbro. Don Juan N. Ibarra, con el afán de de hacerla vestirla con ropas de tela, con una imprudente piedad, hizo que se le hicieran unos rebajes de la espalda de la imagen, y la materia desprendida se conserva como reliquias que se guardan en la Basílica. De lo hasta aquí narrado es oportuno declarar que si la extraordinaria renovación es un milagro, corresponde a la Iglesia determinarlo. Pero el hecho histórico ha quedado consignado y analizando los hechos, lugares y cargos, dan una referencia válida.

Cuando el afamado orfebre del occidente de México Don J. Manuel Peregrina hizo el vaso de plata que resguarda la imagen, al examinarla, pudo dar testimonio al P. Luis Enrique Orozco Contreras, gran historiador de las imágenes Marianas de la provincia Eclesiástica de Guadalajara, que observó que la imagen era de madera oscura, maciza y pesada como de Tepehuaje, dando un parecido a el cedro rojo. La transmutación logró que pasara a ser de materia sólida, con un acabado típico de las imágenes elaboradas en Michoacán, habiendo sido en su origen humilde, débil y deleznable. ¡Cosas del poder de Dios!

Fotografía de la imagen original sin los adornos.

Fotografía de la imagen original sin los adornos.

Descripción de la imagen
Mide la pequeña escultura 38 cm. de altura, la Virgen está de pie y es toda de una sola pieza con el Niño Jesús que porta de pie sobre su mano izquierda. Su cuello es erguido y su rostro tiene una altura de 6 cm. de la barbilla a la frente, con facciones de un tanto regordido. Los ojos son pintados, sus labios son cerrados y las pestañas son señaladas con una sombra. Tanto la Madre como el Hijo tienen la piel morena, oscurecida por la pátina del tiempo y con barniz brillante como el de las imágenes elaboradas en Páztcuaro.

Su túnica fue policromada y hoy aparece deslucida, le baja del cuello a los pies y muestra la rodilla derecha muy flexionada. Lleva un manto que le cae desde la nuca y que se confunde con los pliegues de la túnica. Su brazo izquierdo lo tiene recogido con la palma de la mano vuelta hacia arriba y en la que se posa el Niño Jesús completamente desnudo, quien mide 8 cm. de alto, y que tiene la mano derecha levantada con actitud de bendecir. Las cabezas de ambos tienen un pibote incrustado para sostener las coronas. Tanto el rostro de la Madre como del Hijo muestran en su mejilla derecha una pequeña mancha, como un lunar, sobre los que también se han tejido muchas leyendas [5] y que no son sino un defecto de la pasta de caña en su origen o de la primitiva coloración y barniz que le diera su autor y que persistió luego de su renovación.

Nunca han sido restauradas, muestran el estropeo del paso del tiempo y de los rebajes que se le hicieron con afán de vestirlos con ropa de tela. La Virgen se viste con una túnica y se le pone un manto imperial con cauda, llevando sobre las caídas unas guirnaldas de flores que le dan un estilo particular.

La Virgen como el Niño llevan sobre sus cabezas pelucas postizas, sobre las que portan sendas coronas imperiales. Resplandor sólo tiene la imagen de Nuestra Señora. Se posa la imagen en una peana cuadrangular y a cuyos pies se pone la tradicional media luna. Del cuello pende un corazón de oro que le fue colocado el 19 de septiembre de 1915 con motivo del 217 aniversario de su renovación, con una inscripción alusiva de los nombres del Obispo de Tepic y los sacerdotes que por esas fechas trabajaban en Talpa.

Detalle del busto de la imagen sin adornos.

Detalle del busto de una réplica de la imagen sin adornos.

Culto y veneración
A lo largo de estos siglos, la Santísima Virgen María ha recibido en este lugar muchas manifestaciones de cariño y afecto; a cambio, Ella ha dado a sus devotos la paz para sus almas atribuladas, el remedio de sus necesidades y la salud de sus cuerpos. El cariño de los Talpenses promovió que el Obispo de Tepic, Don Manuel Azpeitia y Palomar, pidiera a Roma la Coronación Pontificia, lo que se logró el 12 de mayo de 1923, tras un lucido novenario en que peregrinaron al Santuario las parroquias de esa Diócesis. El día de la Coronación estuvieron varios Obispos presentes, colocando la Corona de la Santísima Virgen el Prelado Diocesano y al Niño Jesús, el Arzobispo de Michoacán, Don Leopoldo Ruiz y Flores.

Estas joyas le fueron robadas a la imagen la noche del 26 de Noviembre de 1942, sin poderse nunca recuperar las alhajas y dar con los culpables. Al año siguiente, el afamado orfebre J. Manuel Peregrina, elaboró otras joyas nuevas para reparar el hurto, las cuales fueron impuestas a la imagen de la Virgen Santísima y el Niño Jesús por el Obispo Diocesano, Don Anastasio Hurtado el 12 de Mayo de 1943 y que son las joyas que porta hasta el día de hoy.

Incontables favores ha derramado la Madre de Dios sobre Talpa y su región: por su intercesión cesó la peste en 1660. En 1731 una tromba cayó en la población, acudiendo el vecindario a la Virgen para implorar su protección, cesando la inundación sin dejar accidentes lamentables. En 1737, Talpa y Mascota se vieron libres de la epidemia del Matlazáhuatl y en 1833 del Cólera Morbus por mediación de María Santísima.

En 1861, durante la guerra de los Tres Años había un guerrillero liberal muy temido, un malvado militar, el General Antonio Rojas, ranchero inculto que con sus tropas cometía todo tipo de crímenes sin cuenta, sembrando a su paso robos, asesinatos de sacerdotes, terror y cosas que la pluma no se atreve a mencionar. Habiendo llegado a las inmediaciones de Talpa, el Capellán del templo y el vecindario acudieron al amparo de la Madre de Dios y el temido militar y su tropa se retiraron inexplicablemente del lugar, dejando en paz a la población y al vecindario.

Vista de la fachada de la Basílica de Talpa, México, donde se venera la sagrada imagen.

Vista de la fachada de la Basílica de Talpa, México, donde se venera la sagrada imagen.

En 1932 sucedió un hecho notable: el 3 de junio de este año hubo un temblor de tierra que sacó de su base la torre norte de la Basílica con la inminente amenaza de desplomarse y averiar el Santuario. La Torre estaba ladeada y fuera de su asiento, parecía estar en el aire. La tarde de ese día salió la venerable imagen en procesión de rogativas para pedir su protección en la localidad. Al día siguiente, una replica del sismo sacudió a Talpa y se acomodó la torre como puede verse hasta hoy. Por estas y otras razones, el Clero y vecindario de Talpa obtuvieron que el Primer Obispo de Tepic, Don Francisco Díaz y Macedo, proclamara a la Virgen del Rosario como Patrona de la Villa el 1 de octubre de 1901.

En 1944, al celebrarse el tercer centenario de su renovación, el Obispo de Tepic, Don Anastasio Hurtado, obtuvo de la Santa Sede que Nuestra Señora del Rosario de Talpa fuera proclamada Celestial y Principal Patrona ante Dios de la diócesis de Tepic. El proyecto original pretendía que la imagen original fuera llevada a Tepic, pero el vecindario se opuso a esto, rectificándose la formula de proclamación en la Catedral el 1 de mayo de ese año y el día 12, en la Basílica de Talpa. Por esta causa, el Obispo Hurtado determino que en todas las iglesias parroquiales de la Diócesis se colocara una réplica de la imagen como se encuentran en la mayoría de las iglesias del Obispado hasta hoy.

Festividades anuales
Las celebraciones en honor de Nuestras Señora del Rosario son varias, la primera y principal, la del 19 de Septiembre, aniversario de la renovación. También viene celebrándose el 2 de febrero, desde el mismo S.XVII, día de la Candelaria, dado que los peregrinos no podían transitar por los caminos anegados por la lluvia en septiembre.

Otra fecha es la del 19 de marzo, fiesta de San José. El 19 de marzo de 1867 fue dedicada la Parroquia de este lugar y al llevar la imagen del Castísimo Patriarca a su iglesia, la imagen de Nuestra Señora se bajó de su altar para acompañarlo en devota procesión. Esta salida dio origen a esta festividad también conmemorativa. Por cierto, en esta parroquia hay reliquias, con sus respectivas auténticas, de fragmentos óseos de Santa Victoria mártir y de San Luis IX, Rey de Francia.

Se festeja también solemnemente el 12 de mayo para conmemorar su Coronación Pontificia, la proclamación del Patronato sobre la Diócesis de Tepic y la erección del Santuario en la Basílica Menor. Una postrera fiesta es la del 7 de Octubre, la titular de la imagen: Nuestra Señora del Rosario.

Vista del altar mayor, en el interior de la Basílica de Talpa, México.

Vista del altar mayor, en el interior de la Basílica de Talpa, México.

La Basílica
Don Juan Ruiz Colmenero, primer Obispo de Guadalajara que visitó Talpa, al ver la pequeña capilla del hospital y lo insuficiente que era para la multitud de peregrinos, ordenó la construcción de un nuevo templo en 1649, colocando él mismo la primera piedra, trasladándose a este lugar la imagen el 19 de Septiembre de 1651. En 1679, otro Obispo de Guadalajara, Don Santiago de León y Garabito, dispuso que se construyera otro templo que se dedicó en Septiembre de 1682. En 1722, Mascota se erigió en Parroquia, dependiendo Talpa, a partir de la fecha, de ese lugar.

En 1755, luego de la visita pastoral del Obispo de Guadalajara, Don Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejeda y Diez Velasco OFM, determinó la construcción de un nuevo Santuario que se puso en servicio en el año de 1782 y que es el actual, él cual sufrió cambios del churrigueresco al neoclásico, la construcción de las torres actuales, el nuevo pavimento del presbiterio hecho de cantera, el templete con cúpula al centro del altar mayor que resguarda la bendita imagen y la restauración del atrio. A últimos años, conforme al directorio de los Santuarios Nacionales, se ha adaptado una capilla penitencial para atender a los peregrinos.

Fue agregada a la Basílica de Letrán el 10 de Diciembre de 1861 y erigida como Basílica Menor por breve del Papa Pío XII el 27 de noviembre de 1946. Por esta razón, se reformó el altar mayor y el templete que guarda a la imagen, construyéndose con mármol de Carrara, así como el piso del presbiterio y otras importantes reformas.

Su interior es de cruz latina, de una sola nave y crucero, con bóvedas de media naranja sobre arcos de medio punto y pilastras estriadas, de cantera. El retablo del altar mayor es clásico. En el tímpano parece un marco con la pintura de la Santísima Trinidad y en los intercolumnios de cada cuerpo, las esculturas de San Joaquín y de Santa Ana, padres la Santísima Virgen María, cuya imagen está adentro templete rodeado de cristales.

Vista del Monumento al Peregrino, en el camino del Santuario de Talpa.

Vista del Monumento al Peregrino, en el camino del Santuario de Talpa.

La ruta del peregrino
Desde tiempos pretéritos, con una duración de más de doscientos años, durante las celebraciones ya referidas y aun en cualquier tiempo del año, Talpa es un centro de peregrinaciones multitudinarias realizadas principalmente a pie, en bicicleta u otros medios de transporte. Muchos peregrinos o romeros van a ese lugar principalmente en marzo, con la fiesta de San José y durante la Semana Santa.

Los romeros recurren ordinariamente un trayecto de 117 Km., saliendo de un punto común: el municipio de Ameca, Jalisco. Caminan trayectos sinuosos y planos tanto de día como de noche, haciendo estaciones para dormir, abastecerse de agua y comida. A veces en tramos de carretera, otros por la Sierra Madre Occidental. Este caminar les hace entrar en contacto con la naturaleza, pues se atraviesan cañaverales, maizales, bosques junto con predios ganaderos, ríos y arroyos.

En este camino también tienen contacto con la gastronomía regional, elaborada con bebidas y guisos caseros, como los pajaretes de leche recién ordeñada, que se toma cruda con alcohol, atole blanco de masa, tortillas recién hechas con platillos como, cecina, birria, quesos y otros derivados lácteos como el jocoque.

Es tradicional que muchos de quienes no hacen o no pueden hacer el recorrido a pie, lo hagan desde un punto llamado “La Santa Cruz de Romero”, 5 km. antes de llegar al Santuario, que es el último trayecto del peregrinaje. Hay una organización entre los municipios, por donde atraviesa la ruta se organizan operativos viales, vigilancia de policía, atención de la Cruz Roja, disponiendo puestos de alimentos y bebidas, botes para basura y baños públicos.

En el sexenio del Gobierno Estatal 2006-2013 se desarrolló un proyecto para mejorar la ruta del peregrino, dada su influencia turística. Se construyeron tres miradores, tres ermitas laicas, seis sitios de descanso, dos albergues para hospedaje. Este proyecto no se vio libre del escándalo, pues hubo opositores que alegaban la separación de la Iglesia y el Estado. Los retos a vencer actualmente son, entre otros puntos, la basura generada y el mantenimiento de las obras arquitectónicas y de otra infraestructura que se hallan a lo largo del camino.

Imagen de Nuestra Señora de Talpa revestida de adornos.

Imagen de Nuestra Señora de Talpa revestida de adornos.

Antes de concluir este articulo, hay que referir la trascendencia del peregrino o romero en cualquier parte del mundo donde haya una peregrinación. Ésta representa nuestro caminar de esta vida temporal a la eterna, de este ir a la casa del Padre en el cielo, donde Cristo nos tiene preparadas unas moradas para habitarlas. Pero en Talpa de Allende tal vez sea el único lugar del mundo donde se le ha erigido un monumento al peregrino. Porque gracias a los peregrinos, la economía del lugar tiene progreso y florecimiento. Cerca de la plaza principal, en un lugar cercano se levanta un monumento a este personaje, representado en una familia que peregrinaba con los sacrificios físicos y espirituales de antes: la esposa cargando al hijo y el marido de rodillas, sin camisa y con nopales espinosos en el dorso y el torso, con un paño cubriéndole los ojos.

El peregrino, luego de visitar la Casa de Dios e implorar la intercesión de Nuestra Señora del Rosario para remediar sus penas, dolores y angustias, puede obtener además, de los recuerdos religiosos del lugar, deliciosos dulces como los rollos de ate de guayaba, cueros de dulce de mango, dulces del leche y exquisitas bebidas como el vino de roble, usado como medicina o el rompope, bebida elaborada desde la época virreinal con leche, yema de huevo, azúcar y alcohol.

Humberto

Bibliografía:
– CARRILLO DUEÑAS, Manuel; ESTRADA SING, Cecilio, La Autentica: Relación del Milagro, Colección “Alabemos a María”. Ed. Basílica de Nuestra Señora de Talpa.
– OROZCO CONTRERAS, Luis Enrique Cango, Iconografía Mariana de la Provincia Eclesiástica de Guadalajara, In Cuelum Assumpta, Guadalajara, Jalisco 1982. Ed. del autor.


[1] Bien podría ser este el caso de Nuestra Señora del Rosario de Talpa, que era propiedad particular de un indígena del lugar y que luego fue llevada a la capilla del Hospital. Caso semejante sería el de Nuestra Señora de Santa Anita, en Tlaquepaque, Jalisco, que también era propiedad de una mujer indígena.
[2] Dado que había escasez de sacerdotes por esas fechas, y que uno solo tenía que atender varias poblaciones a la vez, además del ministerio ordinario de cura de almas, también tenía que presidir las fiestas patronales. Por ello, es probable quela visita que hizo a Talpa, haya sido en una fecha entre el 25 de julio y el 8 de diciembre. Como esta última fecha estaba muy apretada en la agenda por ser la Purísima Concepción titular y patrona de varios hospitales y parroquias, lo lógico es que haya sido una fecha intermedia que bien pudo haber sido el 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María y precisamente diez días antes del evento aquí narrado.
[3] En la sacristía de la Parroquia de San José de Talpa, se conserva aún la excavación donde se iba a sepultar la imagen, cubierta ahora por una rejilla. Al frente de la mima, se encuentra un altar con una réplica de la imagen de Nuestra Señora de Talpa.
[4] Los Hospitales de la Limpia Concepción tenían una organización administrativa bien definida. Estaba a cargo de la Cofradía del mismo título. Con cargos jerárquicos como : Prioste, Mayordomo, Primer Diputado, Segundo Diputado, Vaquero, Pastor, Tenanzi (Tenanchi) con los grados de Capitana, Coronera y Despensera y en algunos casos, un escribano. Esta administración creada por los misioneros franciscanos continuó luego de que su responsabilidad pasó al clero diocesano, como se deduce de lo aquí relatado.
[5] La más popular y conocida de ellas es que un incrédulo quemó los rostros con un cigarro encendido y al ver que se hizo una quemadura como la de un persona, se arrepintió y creyó.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Nuestra Señora del Rayo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista de la imagen completa de la Virgen del Rayo.

Vista de la imagen completa de la Virgen del Rayo.

Las advocaciones de la Santísima Virgen María son muy diversas. Las principales, refieren un suceso de su vida o de su participación en la vida de la Iglesia; otras recuerdan sus virtudes, o también las maneras como interviene desde el cielo en favor de los fieles cristianos. Algunas son referentes a alguna aparición o algún milagro hecho por su intercesión; se dan los casos en que también está ligada a ciertos puntos geográficos. En todos ellas, el pueblo creyente la invoca y le rinde su amor porque sabe que además de ser Madre de Dios, es también Madre nuestra.

Realmente hay cultos universales, en que todos los bautizados la conocen, como la Inmaculada Concepción, otros han traspasado las fronteras, como Nuestra Señora de Lourdes. Hay nombres fuertemente ligados a un instituto religioso como María Auxiliadora, con la familia salesiana. Títulos entrañables y venerables por su antigüedad, como Nuestra Señora del Carmen; patronazgo nacional que se convierte en continental, como Nuestra Señora de Guadalupe, de México para América. Pero también hay nominaciones pequeñas, locales, que n son conocidas más allá de las fronteras de algún lugar determinado, pero no por ello menos queridas y mucho menos, olvidadas; este es el caso de una imagen de la Madre de Dios que se venera en la Iglesia de Jesús María, en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, y que está anexa a un convento de monjas dominicas.

El pueblo católico tapatío tiene una gran variedad de advocaciones marianas que a lo largo del año va conmemorando y celebrando, agradeciendo a Dios el maternal cariño de María, la mujer que le supo decir sí. Además de la Guadalupana, las tres advocaciones populares de Zapopan, San Juan de los Lagos y de Talpa, también venera a Nuestra Señora de la Merced, la Virgen de la Soledad y la de la Medalla Milagrosa. En toda esta diadema de nombres marianos, resalta por discreta, constante y fervorosa una joya delicada, porque a pesar de ser muy local, ha traspasado calladamente las fronteras sin hacer ruido, y porque se le tiene un cariño muy particular, se trata de Nuestra Señora del Rosario del Rayo, popularmente conocida como Nuestra Señora del Rayo.

Hacia el siglo XVI, en el edificio donde hoy se levanta el templo y convento de Jesús María, había una ermita dedicada a San Sebastián, en el que se levantó un Beaterio autorizado por el obispo de la ciudad don Felipe Galindo y Chávez, para que lo habitaran las Beatas de Jesús Nazareno. Luego de cuarenta años de servir con este propósito, se destinó el lugar para su fin original: ser un convento de monjas, lo que finalmente sucedió en 1722, siendo sus primeras moradas religiosas dominicas.

Detalle del busto de la venerada imagen.

Detalle del busto de la venerada imagen.

Al recinto se le llamó de “¡Jesús María!” originalmente porque las Nazarenas de Jesús daban culto en este lugar de manera sobresaliente a Nuestra Señora de Guadalupe, así las primeras moradoras de este recinto decían que eran de Jesús y de María. Así se combinó el nombre Jesús María. En este lugar había una imagen de la Virgen Santísima que representaba el misterio de su Asunción. Así, cuando las hijas de Santo Domingo se posesionaron del convento, transformaron su fisonomía en Nuestra Señora del Rosario. Esta imagen primero fue colocada en un deambulatorio sobre la portería del convento y luego se arrinconó en uno de los dormitorios donde fue ignorada.

En Guadalajara, el temporal de lluvias es muy peculiar, pues llueve mucho y hay inundaciones, las tormentas son fortísimas y van acompañadas de relámpagos y truenos que hacen cimbrar los cimientos de la tierra. Así sucedió que el 13 de agosto de 1807, como a las 2:30 de la madrugada, se dejó sentir una tremenda tempestad acompañada de muchos rayos, una tremenda descarga se sintió en el dormitorio donde estaba la imagen y un fuerte olor a quemado se percibió en toda la estancia, con la presencia de mucho humo. Las monjas alarmadas en medio de la obscuridad se pusieron a revisar la instalación y con sorpresa descubrieron que la imagen de la Virgen había servido de pararrayos, quedando quemada, con los ojos de vidrio reventados, la ropa y la cabellera chamuscados, con el Niño Dios que portaba ileso y las monjas que dormían en el lugar totalmente sin daño. Agradecidas las religiosas con la Madre de Dios porque su imagen recibió la descarga, librándolas a ellas de un daño fatal, le estuvieron cantando alabanzas y luego trasladaron la imagen al coro alto de la iglesia y luego a la iglesia para hacer celebrar una misa de acción de gracias para devolverla nuevamente al coro alto.

Allí estaba el 18 de agosto siguiente cuando una religiosa, llamada Sor María Teresa de San Joaquín, acompañada de dos mozos la hizo trasladar junto a una religiosa gravemente enferma. En ese momento se cernía sobre la torre de la iglesia una nube negra que presagiaba tormenta. De pronto, la imagen comenzó a iluminarse con un color blanco que le subía del pecho al rostro, la monja quiso correr por el susto pero no pudo, en eso entró la Superiora al lugar, la madre María Francisca de la Concepción, a la que la otra religiosa le dijo: “Madre, mire a la Santísima Virgen como se está poniendo”. En eso llegó la comunidad y viendo lo que pasaba, llenas de emoción y muy conmovidas entonaron alabanzas a la Madre de Dios. Al entonar el “Magnificat”, un relámpago ilumino la estancia por varios minutos y un color rosado apareció en el rostro de la Virgen, como hasta nuestros días. Los ojos que están reventados se abrieron nuevamente y el rosario que portaba y se había ennegrecido, volvió al primitivo color blanco.

Interior del templo de Jesús y María de Guadalajara, México. Fotografía: Francisco Juárez, año 2008.

Interior del templo de Jesús y María de Guadalajara, México. Fotografía: Francisco Juárez, año 2008.

Fueron también testigos de esto, el Capellán de la iglesia, Don Manuel Cerviño y el señor Canónigo José María Gómez, gobernador de la mitra y Obispo electo de Michoacán, que murió sin ser consagrado. Se hicieron las declaraciones por escrito con juramento y se guardaron en los archivos del entonces Obispado, documentos que se perdieron durante la Guerra de los Tres Años.

Dos curaciones obtenidas por intercesión de la Virgen, le dieron mayor atención y popularidad: una, a una religiosa llamada Sor María de Jesús Cecilia de San Cayetano, que sanó repentinamente delante de esta imagen el 17 de septiembre de 1850, luego de seis años de parálisis total y otra, hecha a favor de Doña Micaela Gómez de Contreras, enferma de la espina dorsal, el 17 de septiembre de 1856, cuando repentinamente fue aliviada al ser trasladada la imagen a la Iglesia, pasando por el atrio, para celebrarle una función; de estos sucesos se guardaron relaciones con juramento y también se archivaron en las dependencias de la Mitra.

En 1868 se le dedicó un altar lateral en la Iglesia para exponerla a veneración pública, pues hasta entonces estaba en el interior del convento. Un poco tiempo después se le colocó en el Templete del altar mayor por disposición del Arzobispo José de Jesús Ortiz, siendo desplazado el conjunto escultórico de la Sagrada Familia al lugar donde antes estaba la imagen de la Virgen del Rayo y que en la actualidad ha sido reemplazado por otro de menor calidad artística, ante la tremenda ola de robo de arte sacro que afecta a todo el país.

Fotografía antigua del busto de la venerada imagen.

Fotografía antigua del busto de la venerada imagen.

El 12 de agosto de 1907 le fue concedida la coronación diocesana con motivo del primer centenario de su renovación con autorización del Arzobispo Ortiz. En 1941, por gestión del Arzobispo José Garibi, que había sido monaguillo en ese templo, obtuvo la autorización de la Santa Sede para que se le coronara canónicamente, lo que se realizó el 18 de agosto 1941 en una solemne ceremonia con 22 Obispos de la República Mexicana. En el año 2007 se realizaron emotivos festejos para celebrar el bicentenario de su prodigiosa restauración, siendo coronada nuevamente por el hoy Arzobispo emérito de Guadalajara, el Cardenal Don Juan Sandoval Íñiguez.

La imagen mide 104 cm. de altura y se viste con ropas de telas finas y tiene colocadas joyas para engalanarla; su brazo derecho permanece extendido y sostiene un cetro y un rosario que se prolonga hasta el Niño Dios, quien lo sujeta y que también tiene su cetro. Ambas imágenes portan corona imperial, resplandor sólo tiene la imagen de la Virgen, el cual le da un equilibrio al conjunto. A los pies de la Señora, en su peana, esta la tradicional media luna que se le pone a casi todas las imágenes de la Virgen María. Su rostro es un tanto severo y lleno de majestad, sus ojos bajos y el cuello erguido y recto, lleva su cabeza una peluca de pelo natural que a su vez es cubierto por un velo; su aspecto es hermoso y piadoso, el cual atrae el cariño de sus devotos.

La fiesta de Nuestra Señora del Rayo se celebra en el aniversario de su renovación, el día 18 de agosto, precedida de un lucido novenario. El día de la fiesta, a las dos de la tarde se tiene la costumbre de entonar un Tedeum al que ordinariamente asiste el Arzobispo de Guadalajara y con el que se agradece a Dios el prodigio con que se transformó. En las misas de ese día se efectúa la bendición de campanitas, las que se tocan y dan un aire festivo y popular en el recinto, también se pone sobre las espaldas de los fieles el manto de la imagen de la Madre de Dios para invocar sobre ellos su protección. Esto también se hace mensualmente cada día 18, en que se le conmemora. En algunas ocasiones hay eventos culturales y también termina la fiesta con los tradicionales fuegos artificiales. En general, la devoción a este título de la Virgen es de ámbito local, la cual es fuerte y tiende a crecer. El dieciocho de cada mes hay culto especial para ella en este templo, al que de unos años a la fecha acuden las madres que están esperando un bebé, para invocar su auxilio en su embarazo y a la hora del parto.

Otra vista completa de la imagen de la Virgen.

Otra vista completa de la imagen de la Virgen.

Es también normal, aunque no frecuente, que haya mujeres que tienen por nombre María del Rayo, que sin duda le fue impuesto en su honor a la Madre de Dios.
En la misma ciudad de Guadalajara, en la popular colonia de Miravalle, se le ha dedicado una parroquia y fuera de esta ciudad, su culto puede hallarse de manera discreta en lugares como el Templo de Capuchinas de la Villa de Guadalupe en la ciudad de México y también hay noticias de que en Puebla de los Ángeles se le ha rendido culto.
Entre los devotos de la Virgen del Rayo existe la certeza de que Nuestra Señora concede a sus fieles seguidores tres dádivas: una limosna sin pedirla, un destino sin buscarlo y una verdadera amistad.

Humberto

Bibliografía:
– OROZCO, Luis Enrique, “Iconografía Mariana de la Arquidiócesis de Guadalajara” Tomo I Año Mariano de 1954.

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