Nuestra Señora de San Juan de los Lagos

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Vista completa de la imagen de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, vestida y restaurada.

Vista completa de la imagen de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, vestida y restaurada.

El pueblo católico mexicano tiene una profunda devoción a la Santísima Virgen María. Desde la primera evangelización de estas tierras pudo palparse el cariño y afecto que se ha profesado a la Madre de Dios. Culmen de ese idilio se haya en la devoción a Santa María de Guadalupe, cuyas apariciones en el cerrito del Tepeyac fueron el catalizador de la raza mexicana. Sin embargo, ha querido Dios, y sin duda, con el agrado de nuestra Madre, que en diversos puntos geográficos del país se desarrollaran otras advocaciones, con las que la Madre de Cristo ha manifestado su amor a sus hijos. Tal es el caso de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, cuyo santuario ocupa el segundo lugar, a nivel nacional, después del Tepeyac.

San Juan de los Lagos se ubica en el occidente de México, en el Noreste del estado de Jalisco, en la Región de los Altos. Por su situación geográfica, casi al centro del país y gracias a las vías terrestres de comunicación, el culto a Nuestra Señora se extendió fuera de la entidad llegando a la capital de la nación. Es posible que luego de Nuestra Señora de Guadalupe, la de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, sea la advocación mariana mexicana que tenga más iglesias y altares dedicados, claro está, con la debida proporción.

Los orígenes de San Juan de los Lagos se remontan a 1542, luego de la guerra del Cerro del Mixtón, en la que la sublevación de los indígenas contra la conquista española fue sofocada por el Virrey Antonio de Mendoza. Con la ayuda de los misioneros franciscanos, se fundaron o refundaron poblaciones con los indígenas derrotados. Así pues, le tocó a Fray Martín de Bolonia, fundar el pueblo de San Juan Bautista de Metzquititlán, en el que, conforme a la costumbre y devoción de la seráfica Orden y siguiendo la usanza misionera, construyó el hospital de la Limpia Concepción. En su capilla se veneró una imagen de la Inmaculada Concepción que es el centro de esta narración.

Esta imagen de la Virgen María está elaborada de tzatzingueni, una pasta hecha con la caña de maíz molida, amasada con orquídeas, y fue elaborada en los talleres de Pátzcuaro, Michoacán, donde se manufacturaban imágenes de la Madre de Dios y de Cristo crucificado. Las técnicas artesanales son propias del pueblo purépecha o tarasco. En esta cultura, antes de la Conquista, los indígenas moldeaban los ídolos de sus deidades, a veces de grandes proporciones, pero muy livianos, por lo que, cuando había batallas e iban perdiendo, era muy fácil cargar con sus ídolos y hacer la desbandada con mayor facilidad que si cargaran monolitos de roca.

Vista de la imagen de la Virgen sin vestimentas ni postizos, antes de su restauración.

Vista de la imagen de la Virgen sin vestimentas ni postizos, antes de su restauración.

Los primeros misioneros se dieron cuenta de las ventajas de estas técnicas artesanales y habiendo evangelizado a los indígenas, crearon escuelas y talleres donde se modelaban imágenes religiosas cristianas y hasta se hizo traer de España a un escultor, Matías de la Cerda, quien luego con su hijo Luis de la Cerda, con sus conocimientos y técnicas, hicieron que en este lugar floreciera una próspera fábrica que dotó de imágenes que acompañaban a los frailes en sus correrías apostólicas y que luego dejaban como regalo en los caseríos o pueblos que catequizaban. Así tuvieron su origen otras imágenes marianas como Nuestra Señora de Zapopan, Nuestra Señora del Rosario de Talpa, Nuestra Señora de los Remedios o de la Candelaria de Huajicori, en Nayarit; siendo los misioneros franciscanos los principales usuarios de esta manera de evangelizar, se atribuye pues, al referido Fray Miguel de Bolonia, la donación de la imagen que nos concierne, hacia el año de la fundación del poblado en 1542.

Probablemente la imagen se conservó en buen estado hasta finales del S. XVI, pero siendo de materia deleznable, como es la caña de maíz, con el transcurso del tiempo, la polilla la carcomió y al no mover a la devoción, el prioste del Hospital, con anuencia del Cura de Jalostotitlán, de donde dependía San Juan de los Lagos, la arrinconó con otras imágenes desgastadas en la sacristía, hacia el año de 1623. El prioste era un lugareño indígena, de nombre Pedro Andrés; su esposa se llamaba Ana Lucía y tenía más de ochenta años de edad.

A pesar del desgaste de la imagen, esta mujer le tenía mucho cariño y le llamaba “Cihuapilli”, es decir “Señora”. Fray Antonio Tello, historiador, refiere en su Crónica Miscelánea, que Ana Lucía hallaba la imagen en el altar de la capilla, la retiraba y al día siguiente, volvía a encontrarla en el mismo lugar. También cuenta que Ana Lucía le hablaba con cariño en su lengua materna y que la Virgen le devolvía la plática con palabras sencillas y cariñosas; cuenta además, que veía a la Virgen en diversos puntos de la ermita. Pero ella tuvo el cuidado de guardarse en secreto estos sucesos, dándose la razón que decía: “los españoles no saben los favores que hace esta imagen y aunque les dijéramos, como somos indios, no nos creerían”.

Corría el año de 1623 cuando pasó por el lugar una familia de cirqueros, los esposos con sus dos hijas; venían del mineral de San Luis Potosí. Se detuvieron en el pueblo para trabajar haciendo una demostración de sus malabares. Hacían demostraciones de suerte complicadas y arriesgadas. Entonces, el padre hizo que la hija menor saltara sobre unas cuchillas afiladas y puntiagudas, con tan mala suerte que cayó sobre ellas, hiriéndose gravemente y muriendo después. Ya amortajada la niña, fueron a buscar al cura de Jalostotitlán para darle sepultura. En eso estaban, cuando Ana Lucía, compadecida del llanto de la madre, fue a la sacristía de la capilla del hospital, tomó la imagen de la Virgen y la colocó sobre el pecho de la niña difunta, con la admiración, después, de todos los presentes, de que la niña volvió a la vida. Grande fue el agradecimiento del padre de la niña, quien obtuvo la autorización de llevar la imagencita a Guadalajara, para ser restaurada. Ya en la capital, refiere la crónica, en el lugar donde se hospedaba el saltimbanqui, se presentó un escultor con sus ayudantes pidiendo trabajo para restaurar imágenes. Le mostraron la figura de Nuestra Señora y prometió arreglarla a la brevedad posible.

Pintura del primer milagro de la imagen: la resurrección de la niña saltimbanqui,

Pintura del primer milagro de la imagen: la resurrección de la niña saltimbanqui,

Al día siguiente fueron a devolver la imagen con el rostro y las manos bien retocadas, pues era lo más dañado. Cuando buscaron a los restauradores para pagar lo convenido, no los hallaron por ningún lado. La imagen fue devuelta a su pueblo y Ana Lucía la colocó en el altar de la capilla, entregándosela entonces al P. Diego de Camarena, cura de Jalostotitlán, de quien se tiene por cierto, que por este suceso se avecindó en San Juan de los lagos. Desde entonces comenzó la fama de esta imagen, con una serie de favores que la hicieron célebre. El suceso relatado causó gran revuelo en la región y el insignificante pueblo de San Juan Bautista de Metzquititlán recibió numerosas peregrinaciones de personas deseosas de conocer la imagen, la cual tomó el nombre del lugar: “Nuestra Señora de San Juan de los Lagos”. [1]

Este acontecimiento tiene investigaciones jurídicas, ordenadas por los obispos de Guadalajara, capital del Reino de la Nueva Galicia. La primera, ordenada por el Obispo Leonel de Cervantes, realizada por el padre Juan de Contreras en el año de 1634, constatándose la verdad del hecho y autorizándose su culto. En 1688, el Obispo Francisco Verdín, conforme a las normas del Concilio de Trento, realizó un nuevo informe. En 1691, el padre Nicolás de Arévalo, por indicaciones del Obispo Juan de Santiago León y Garabito, recabó otra información. Finalmente, en 1734, el Obispo Nicolás Carlos Gómez de Mendiola, abrió otro expediente elaborado por el padre José Feijoó. Cabe señalar que el referido cura de Jalostotitlán, Diego de Camarena, siendo canónigo de la Catedral de Guadalajara, contó su experiencia al también ya mencionado R.P. Fray Antonio Tello, quien consignó el relato en el segundo capítulo de su Crónica Miscelánea. De ello resulta que la resurrección de la niña es un hecho históricamente cierto. Si es un milagro, eso toca a la Iglesia determinarlo.

Desde entonces, muchos peregrinos acuden al lugar buscando la protección de la Madre de Dios y el remedio de sus males. Ya en 1797, el rey Carlos IV concedió a San Juan de los Lagos una feria anual, que con el tiempo se hizo una de las más famosas de México, al punto de haber sido elegido este sitio y durante una de esas ferias, del 8 al 15 de diciembre de 1810, para dar inicio a la Guerra de la Lucha por la Independencia; pero siendo descubierta la conspiración, se tuvo que adelantar al 16 de septiembre del mismo año por Don Miguel Hidalgo, en Dolores, Guanajuato.

El papa San Juan Pablo II corona la imagen.

El papa San Juan Pablo II corona la imagen.

La piedad popular y la devoción de tantos fieles le dedicaron el actual santuario, iniciándose su construcción el 30 de noviembre de 1732 y concluyéndolo en la misma fecha del 30 de noviembre de 1769. Esta iglesia fue creada Colegiata en 1923. Elevada al rango de Basílica Menor el 1 de mayo de 1947. Erigida Catedral cuando el Papa Beato Pablo VI erigió la Diócesis de San Juan de los Lagos el 20 de junio de 1972.

En 1990, el 8 de mayo, tuvo la visita del más ilustre de sus peregrinos: el papa San Juan Pablo II. Ese día, en su alocución en el rezo del “Regina Coello”, se refirió a la imagen de la Virgen como “una imagen resucitada y resucitadora”, aludiendo sin duda, al primer prodigio realizado y a tono con el tiempo pascual, que celebra a Cristo resucitado. En ese mismo día, por la tarde, celebró una multitudinaria misa y luego de concluirla, impuso con sus manos una corona en las sienes de la bendita imagen.

La escultura de la Virgen Santísima tiene una altura de 38 cm., tiene un vestido de color carmín con un manto azul celeste tachonado de estrellas, con una media luna a sus pies. Está puesta la imagen en un vaso de plata con estrellas labradas. Colocada sobre una peana sencilla que a su vez se pone sobre otra de plata cincelada con forma de copón corto, circundada por asas con forma de acanto que le dan un aspecto original. Tiene una media luna de oro a sus pies.

Se viste a la imagen con ropas de finas telas y de variados colores, teniendo un amplio conjunto de vestidos. Cubre su cabeza una peluca de cabello natural, esparcido sobre sus hombros y sujetada por redecillas. Porta aretes de piedras preciosas y collares de perlas finas.

Detalle del rostro de la imagen restaurada, con los añadidos de pelo postizo, joyas y vestimenta.

Detalle del rostro de la imagen restaurada, con los añadidos de pelo postizo, joyas y vestimenta.

Su rostro es ovalado e inclinado hacia adelante, los ojos son pintados, de forma almendrada. Su nariz es recta, los labios cerrados. La cabeza se cubre con un casquete de plata para cuidar su conservación. Sus manos son orantes y están pegadas al pecho. Artísticamente es tosca e imperfecta, pero con todos sus ajuares, y sobre todo, con el cariño que se le profesa, se hace hermosa, digna de veneración, de cariño y de respeto.

San Pío X autorizó su coronación pontificia, que se realizó el 15 de agosto de 1904, colocando la corona el Arzobispo de Guadalajara José de Jesús Ortiz; desde entonces le fue sustituida la tradicional aureola por un conjunto de dos querubines que sostienen una banda elevada con la leyenda latina: “Mater Inmaculata, Ora Pro Nobis”, detalle que le da una distinción iconográfica particular.

Fue Patrona de la Arquidiócesis de Guadalajara desde el 5 de julio de 1957 al 11 de octubre de 1989, en que fue sustituido su patronazgo por el de Nuestra Señora de Zapopan, pues su imagen y su santuario habían quedado fuera de la jurisdicción de la Arquidiócesis Tapatía.

Las fiestas de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos son varias: el 8 de diciembre, fiesta titular de la imagen. Otra, más popular, es el 2 de febrero, día de la Presentación del Señor al Templo o de la Candelaria, impulsada por el Obispo de León, Guanajuato, Jesús Díez de Sollano y Dávalos, porque en la fecha anterior se cometían muchos desórdenes e invitó a sus fieles a visitar a Nuestra Señora en esa fecha. A su ejemplo, otras diócesis siguieron la indicación, convirtiéndose en una Romería de varios millones de fieles y logrando así, hacerla la fecha más importante. Para el 15 de agosto, día de la Asunción, Titular del la Catedral y aniversario de su coronación pontificia, hay otra fiesta, concurrida, pero con carácter más íntimo.

Vista del altar mayor donde está entronizada la Virgen de San Juan de los Lagos. A sus pies, San Juan Pablo II durante su visita a México para la coronación de la imagen.

Vista del altar mayor donde está entronizada la Virgen de San Juan de los Lagos. A sus pies, San Juan Pablo II durante su visita a México para la coronación de la imagen.

Es oportuno describir el retablo donde se expone, para su veneración, la imagen de nuestra Madre: de estilo neoclásico, tiene la figura de un baldaquino de medio nicho, que descansa sobre un altar que perteneció a la Iglesia de la Porciúncula, en Asís, el cual fue obtenido por el Siervo de Dios Francisco Orozco y Jiménez, Arzobispo de Guadalajara. Tiene combinaciones de mármoles: amarillo de África y blanco de Carrara. Al centro hay un nicho de plata, de muy sabor mexicano del S. XVIII, dentro del cual se venera la imagen de la Santísima Virgen María. Flanquean el nicho las imágenes de los Santos Joaquín y Ana, padres de Nuestra Señora. Corona el retablo una bella imagen de la Asunción de María, teniendo a los lados esculturas de San Juan Bautista y del Señor San José.

Entre los muchos tesoros que tiene la Catedral, conviene referir que en los cubos que sirven de base a cada torre y adaptados como capillas, se alojan los cuerpos santos de San Vicente y de San Benigno, niños mártires. Como dato curioso hay que relatar que muchas mujeres mexicanas llevan el nombre de Sanjuana, registrándose así un onomástico que nada tiene que ver con ningún personaje del santoral llamado Juan o Juana.

En el año de 2005, siendo Obispo de San Juan de los Lagos Don Javier Navarro, se decidió por necesario y por urgente restaurar la sagrada imagen, porque presentaba daños alarmantes. El proceso de restauración estuvo a cargo del escultor Juan José Méndez Hernández, quien en 1990 ya había restaurado la imagen de Nuestra Señora de Zapopan, siguiendo las mismas técnicas indígenas y usando la misma materia de pasta de caña, lográndose detener el daño causado por el paso del tiempo y prevenir para futuro un mayor deterioro.

Al igual que se hace en la zona metropolitana de Guadalajara y viendo los resultados pastorales alcanzados, esta Diócesis Alteña de San Juan de los Lagos ha venido en los últimos años imitando la costumbre de que una réplica de la Virgen de San Juan de los Lagos visite las comunidades de ese obispado, como lo hace la imagen de Nuestra Señora de Zapopan en la capital de Jalisco, si bien el origen de ambas visitas tienen un origen muy diferente. [2]

Detalle del rostro y las manos de la imagen tal y como se venera en la actualidad.

Detalle del rostro y las manos de la imagen tal y como se venera en la actualidad.

Finalizo este artículo refiriendo que Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, junto con Nuestra Señora de Zapopan y Nuestra Señora del Rosario de Talpa, son conocidas como las “tres hermanitas” o las “tres primas”, por la similitud de su diseño, tamaño, hechura, forma de vestir y origen, siendo las tres advocaciones las más famosas y queridas en el estado de Jalisco, donde se hallan sus santuarios.

Humberto

Bibliografía
Iconografía Mariana de la Provincia eclesiástica de Guadalajara. Cango. Luis Enrique Orozco Contreras. Tomo I y VI
Historia, Arte y Fe. Equipo Diocesano de Misiones Diócesis de San Juan de los Lagos


[1] Hacia 1663, muchos habitantes de la población de Santa María de los Lagos (hoy Lagos de Moreno) comenzaron a emigrar a San Juan, por lo que se cambió el apelativo de Metzquititlán por el de los Lagos.
[2] Las visitas de la imagen de Nuestra Señor a de Zapopan en Guadalajara se debió a la promesa hecha por las autoridades eclesiásticas y civiles en 1734, de que la imagen visitara a la ciudad para agradecer a Nuestra Señora su intercesión por cesar la peste y pedirle su protección ante las grandes tormentas que suceden durante el temporal de lluvias en la zona. Las visitas de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos se hicieron al ver el bien pastoral que las visitas de la Virgen de Zapopan producen en las comunidades parroquiales de la Arquidiócesis de Guadalajara.

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