Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

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Vista del icono de la Panagia de la Pasión (Virgen del Perpetuo Socorro) tras su restauración.

Vista del icono de la Panagia de la Pasión (Virgen del Perpetuo Socorro) tras su restauración.

La devoción a un icono de la Madre de Dios, invocada como Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, es una de las más populares dentro de la Iglesia Católica; para conocer mejor su historia es necesario revisar la tradición sobre su origen, los datos históricos sobre la propagación de su culto y descubrir en su simbolismo iconográfico su mensaje teológico.

Este icono es del estilo llamado “Virgen de la Pasión” y probablemente tenga su origen en la escuela de pintura de creto-veneciana. Su nombre se debe a la composición iconográfica, que presenta los instrumentos de la Pasión de Cristo, llevados por ángeles, a los que a veces, acompaña una inscripción latina o griega. Este estilo de pintura tiene su más amplia difusión entre los siglos XV y XVI, aunque la representación temática puede retrasarse un par de siglos. La pintura original se halla puesta para su veneración en la iglesia de San Alfonso María de Ligorio, en Roma, la cual es atendida por los padres redentoristas.

Tradición
Cuenta la tradición romana del siglo XVI, que un mercader originario de Creta, sustrajo de su patria esta imagen de la Virgen, la cual hacía muchos prodigios en una iglesia de esa isla. La resguardó en su equipaje y se embarcó fuera de ella. En el trayecto hubo una pavorosa tempestad, llegando sin embargo ileso a su destino. Así pues, luego de un año, estaba en Roma. Allí el mercader enfermó gravemente y por ello, contactó con un amigo, al cual le pidió que colocara la imagen en alguna iglesia de la ciudad. Luego de su muerte, el amigo de este hombre trató de cumplir el deseo del fallecido, pero su esposa lo disuadió, diciéndole que en todos los hogares cristianos había imágenes de Cristo y de su Madre; y se empeñó en conservar la imagen en su casa.

En una visión, la Virgen le dijo a este hombre que colocara su imagen en un lugar más digno, pero él no le hizo caso. Nuevas visiones con amonestaciones y desobediencias desembocaron en la última visión, en la cual la Virgen le reprochó su desobediencia: “Te he advertido, incluso con amenazas, que me sacaras de aquí y no me has querido creer; está visto que es necesario que tú salgas primero para que yo pueda encontrar un lugar más digno”. El hombre enfermó luego y murió; algo después la Virgen se apareció a la hija de este hombre, que tenía unos seis años y le dijo: “Dile a tu madre y a tu abuelo que Santa María del Perpetuo Socorro os requiere que la saquéis de vuestra casa, de lo contrario, moriréis todos”. La madre de la niña comenzó a temer, pues ella misma había tenido una visión semejante y se dio cuenta de que había causado la muerte de su marido.

El mercader cretense roba el icono de la Virgen. Vidriera en la iglesia de San Alfonso, Roma (Italia).

El mercader cretense roba el icono de la Virgen. Vidriera en la iglesia de San Alfonso, Roma (Italia).

Una vecina que la vio preocupada y llorar, al saber la causa de su pena, le dijo que no se preocupara, pues la Virgen estaba en el cielo y no se interesaba de sus imágenes, que si tenía tanto miedo, mejor le diera la imagen a ella y luego agregó muchas palabras irrespetuosas. Esta mujer, por la tarde y en su casa, se vio afectada por una dolencia extraña, de la que se vio libre al hacer un voto a la imagen. Nuevamente se apareció la Virgen a la niña, pidiéndole que la imagen se trasladara a una iglesia dedicada a San Mateo Apóstol, ubicada entre las Basílicas de San Juan de Letrán y de Santa María la Mayor. Esta iglesia tenía un convento anexo, atendido por los frailes agustinos. Avisados por la mujer, accedieron a llevar la imagen al templo y fue colocada en ese lugar el 27 de marzo de 1499. En la procesión se realizó un milagro: un hombre paralizado del brazo y lado derecho, se vio repentinamente curado con tan sólo encomendarse a Dios y hacer una promesa a Nuestra Señora. Hasta aquí la leyenda recogida en el texto de unas tablillas colocadas en el presbiterio de San Mateo que explicaban la procedencia de esa imagen.

Los agustinos tienen una devoción a Nuestra Señora del Socorro asociada a una iconografía muy peculiar pues se hacían representaciones muy diversas; por lo sucedido en esta iglesia de San Mateo, el icono de la Virgen de la Pasión recibió el título de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Propagación del culto
Hacia 1798, la iglesia de San Mateo, con otras treinta iglesias de Roma, fue demolida por orden de Massena, general de las tropas napoleónicas. La mayoría de los frailes agustinos de esa comunidad, por ser de origen irlandés, regresaron a Irlanda, unos muy pocos se acogieron a la vecina iglesia de San Eusebio y luego a la iglesia de Santa María in Pasterulana, junto al Tíber, llevando consigo el sagrado icono, que fue colocado en el oratorio particular, pues en ese templo era venerada una imagen de Nuestra Señora de Gracia. Así pues, se eclipsó su fama y el fervor por la imagen.

El 7 de febrero de 1863, el P. Francisco Bloisi SJ, en un sermón pronunciado en la iglesia del Gesú, exhortaba a recuperar la imagen y la devoción de un cuadro célebre de la Santísima Virgen María conocido como Nuestra Señora del Perpetuo Socorro que tenía más de sesenta años sin dar muestras de vida, el cual estuvo en la iglesia de San Mateo en la vía Merulana y que recordaba el deseo de la Virgen de querer estar expuesta a la veneración pública entre las Basílicas de San Juan de Letrán y de Santa María la Mayor. Invitaba a que si alguien conocía su paradero, hiciera lo posible de avisarlo, a fin de volverla a la pública veneración en algún templo ubicado entre el Monte Celio y el Monte Esquilino.

Este sermón llegó a la comunidad redentorista que desde 1855 se había asentado en el Esquilino y que había levantado un templo en honor de San Alfonso María de Ligorio en el terreno donde antes se ubicaba el desaparecido templo de San Mateo. En esa comunidad era miembro el P. Miguel Marchi, que tuvo parte importante para devolver el antiguo esplendor a esta advocación.

Vista de la fachada de la iglesia  de San Alfonso María de Ligorio, Roma (Italia), donde se venera el icono de la Virgen del Perpetuo Socorro.

Vista de la fachada de la iglesia de San Alfonso María de Ligorio, Roma (Italia), donde se venera el icono de la Virgen del Perpetuo Socorro.

La iglesia y convento (de San Mateo) se confió a los agustinos irlandeses y era una casa de formación en la provincia de Roma. Cuando este padre era niño, iba con frecuencia a Santa María in Pasterulana e hizo amistad con el hermano Agustín Orsetti. Escribe el P. Marchi en una noticia bajo juramento, que este hermano le decía: “Sábetelo Miguel, la Madonna de San Mateo es la que está arriba en la capilla: que no se te olvide… ¿Has entendido, mi querido Miguel? ¡Es milagrosa!”. En aquel tiempo el hermano había perdido casi completamente la vista. “Puedo decir de esta venerada imagen de la Madonna de San Mateo, denominada del Perpetuo Socorro, que desde mi niñez hasta mi entrada en la Congregación, siempre la he visto en el altar del convento de los padres agustinos de la provincia de Irlanda (…) sin culto, sin adorno, casi abandonada, sin lámpara alguna que la alumbrara y por lo general, llena de polvo, muchas veces ayudé allí a misa y la contemple con gran atención”.

El hermano Agustín murió a los 86 años en 1853 sin que su deseo de que la Virgen del Perpetuo Socorro se expusiera nuevamente al culto público. En 1855 los padres redentoristas compraron la Villa Caserta a la familia Gaetani, para transformarla en la sede de la casa generalicia en Roma. Sin saberlo habían comprado el terreno que la Virgen había escogido para su santuario. El 3 de mayo de 1859 fue consagrado este templo en honor de San Alfonso. En 1855 se había abierto el noviciado y entre ellos estaba Miguel Marchi, que una vez profeso y ordenado sacerdote, se destinó a esa comunidad.

La noticia del sermón del P. Blosi los sorprendió y más cuando investigando, se dieron cuenta de que en la huerta del convento estuvo la iglesia de San Mateo y conocieron la noticia de la prodigiosa imagen de la Madre de Dios venerada allí. Su inquietud por conocer el paradero del icono se calmó cuando el P. Marchi recordó su infancia y como el hermano Orsetti le refería sobre el cuadro de la Madonna de San Mateo en el oratorio privado, declarando que sabía muy bien donde se hallaba.

El Superior General de los Redentoristas, P. Nicolás Mauron, pidió al Beato Pío IX que autorizara que esta imagen fuera colocada en el templo de San Alfonso. Este Papa, que siempre quería hacer que todo redundara en un mayor honor de María Santísima, autorizó el 11 de diciembre de 1865 que dicha traslación fuera realizada, la cual se llevó a cabo el 19 de enero de 1866. Entonces, según la tradición, el Papa Pío IX dijo al Padre Superior: “Denla a conocer”. Tras las oportunas reparaciones hechas por el pintor polaco, Leopoldo Nowonty, el 26 de abril de 1866 se expuso la imagen en San Alfonso del Esquilino para su pública veneración. Su difusión desde entonces se ha hecho constante e intensa, a ello se debe el trabajo de los padres redentoristas, que la hicieron la imagen mariana de su congregación.

Vista del altar mayor de la iglesia de San Alfonso María de Ligorio, Roma (Italia), donde se encuentra expuesto el icono a veneración.

Vista del altar mayor de la iglesia de San Alfonso María de Ligorio, Roma (Italia), donde se encuentra expuesto el icono a veneración.

En atención a la devoción profesada hasta entonces al venerable icono y como reconocimiento oficial de su recuperación del olvido, el 23 de junio de 1867 fue coronada solemnemente la imagen, sobre poniendo sendas coronas sobre las sienes de Nuestra Señora y de su hijo; quien la coronó era el Decano del Capítulo Vaticano, que ostentaba el título de Patriarca de Constantinopla. Los hermanos orientales han visto en esta coronación un gesto ecuménico.

El 23 de mayo de 1871 la imagen fue trasladada de una capilla lateral a un nuevo retablo en el altar mayor, mismo que fue sustituido en 1966 con ocasión del primer centenario de exposición pública. El 31 de marzo de 1876 se erigió la archicofradía de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y de San Alfonso María de Ligorio.

En 1990, la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro fue retirada del altar mayor para satisfacer la demanda de nuevas fotografías del icono. Fue entonces cuando descubrió su estado de grave deterioro: tanto la madera como la pintura había sufrido seriamente los cambios ambientales y los torpes intentos de restauración. El Gobierno General de los Redentoristas decidió ponerse en contacto con los servicios técnicos del Museo del Vaticano para llevar a cabo una restauración general del icono, que resolvería el problema de la formación de grietas y hongos que amenazaban un daño irreversible.

La primera parte de la restauración consistió en una serie de rayos X, imágenes de infrarrojos, para el análisis cualitativo y cuantitativo de la pintura, y otro de prueba infrarroja y ultravioleta. Los resultados de estos análisis, y sobre todo, un texto con el carbono-14, indicaron que la madera del icono del Perpetuo Socorro, con seguridad puede situarse en los años 1325-1480.

Vista del estado del icono antes de su restauración.

Vista del estado del icono antes de su restauración. Fotografía de 1886.

La segunda fase consistió en la restauración de un trabajo físico para remodelar las zonas afectadas, para fortalecer la estructura que apoya el icono, etc. Esta intervención física se limitó a lo estrictamente necesario, ya que, como lo es para las operaciones quirúrgicas en el cuerpo humano, el trabajo de restauración siempre causa un trauma. El análisis artístico puso la pigmentación de la pintura a una fecha más reciente (después del siglo 17): esto explicaría por qué el icono ofrece una síntesis de elementos orientales y occidentales, sobre todo en el aspecto de las caras. En 1995 se pudo hacer la última restauración del icono, el cual se venera resguardado en una cápsula de cristal en el altar mayor de esa iglesia.

Descripción
La imagen de Nuestra Señora es pues, una Virgen de la Pasión de tipo Hodiguitria-Eleusa. Aparece de medio cuerpo con al actitud de estar de pie, viste túnica roja de mangas largas y ajustadas, su manto es azul y lleva una mantilla (maphorion) del mismo color, con forro de color verde. Los pliegues en los bordes y los adornos son dorados, La mantilla cubre su cabeza y cae sobre hombros y brazos, dejando ver una cofia azul celeste, que oculta los cabellos. La escotadura de la túnica lleva un borde dorado en el que se ha sobrepuesto un broche. En la parte central de la cabeza, sobre la mantilla, hay una estrella de ocho rayos rectilíneos y en el eje vertical del cuadro, hay otra estrella cruciforme, cubierta por otro broche. La aureola que circunda su cabeza tiene el punteado y decoración floral, típica de la escuela cretense. Su cabeza es redonda y bella, ligeramente vuelta la izquierda, recuerda el tipo bizantino. Su mirada es hierática y profunda, no se dirige a Cristo niño, sino a quien la contempla; sus ojos son grandes, con cejas fuertemente marcadas, su nariz es alargada, su boca es pequeña con los labios suavemente cerrados, esto le da a su figura una grandeza sacral.

El Niño Jesús es de facciones infantiles, está sentado en el brazo izquierdo de su Madre y sus manos se sujetan al dedo pulgar de la mano derecha de María, gesto típico de los iconos de la pasión; dirige la mirada no hacia el arcángel, sino a algún punto exterior derecho. Viste túnica verde con ceñidor y manto rojo, el manto y la túnica tienen una profusión de pliegues dorados, calza sandalias de color marrón con cintas doradas, la del pie derecho está suelta. Su mirada es serena a pesar del simbolismo que prefigura su Pasión. La aureola tiene una cruz de contornos rojos y como su madre, también ciñe una corona (la cual ha cubierto la cabeza de la cruz).

Detalle del arcángel Gabriel en el icono de la Panagia de la Pasión.

Detalle del arcángel Gabriel en el icono de la Panagia de la Pasión.

En la parte superior izquierda, una inscripción en rojo MPQY: “Meter Theu”, Madre de Dios. A la derecha del Niño Jesús, la abreviatura ICXC: “Iesos Xristos”, Jesucristo.

Hay dos arcángeles en los ángulos superiores, el de la izquierda es San Miguel con la leyenda OAPM: “O Arkanguelos Mikael”, el arcángel Miguel. Su túnica es roja con su manto azul, lleva un vaso, del que salen una caña con una esponja y una lanza; el de la derecha tiene otra leyenda que dice OAPR: “O Arkanguelos Gabriel”, el arcángel Gabriel. Su túnica es púrpura con sombras blancas; con un manto de color igual cubre sus manos, con las que empuña la Cruz con tres travesaños y cuatro clavos al pie de la misma. Ambas figuras son de medio cuerpo y asisten en actitud de adoración y ofrenda. Las miradas de estos personajes convergen en Cristo. Los instrumentos que presentan no parecen constituir un hecho futuro capaz de infundir terror, sino que presentan los símbolos gloriosos de la Pasión de Cristo, equivalentes a la Cruz gloriosa.

Tanto la Madre como el Hijo portan coronas de oro con piedras preciosas. En épocas posteriores se añadió el collar y la estrella sobre la frente.

El icono mide 51.8 cm. de alto, 40.4 cm. de ancho y su grosor es de 1.2 cm. La madera del cual está hecho parece de nogal, castaño o chopo y esta formado de una sola pieza. Fue restaurada en 1866 y algunas grietas dejan pasar la luz. Al parecer en 1964 fueron recubiertas con estuco. Las grietas contabilizadas son más de 9; en general su estado de conservación en bueno.

La extensión de su culto y la popularización de su devoción han difundido su imagen conforme a los gustos y exigencias populares de cada época y región, perdiendo por este proceso la pintura en su reproducción, las características propias de los iconos: hieratismo sacro y primitivismo religioso humanizado. Al regionalizar la imagen, que se ha reproducido en mosaico, esculturas, grabado y otras técnicas y estilos artísticos, se le hizo perder su estética, psicología y técnica artística. Afortunadamente, con el redescubrimiento de los iconos se ha frenado el daño con esto causado.

Mensaje
Una lectura a la pintura puede darnos una profunda catequesis. Algunas ideas interesantes en ella: el rostro de María es el rostro de la Madre de Dios, un título de señoría y gloria para aquella que es Madre del Verbo Encarnado. La estrella sobre la frente de María, con ocho puntas, representa la gracia de Dios Padre que desciende sobre María, la otra en forma de cruz remite a muchas ideas, pureza, luz, estrella del mar, etc. Los instrumentos de la Pasión nos recuerdan que por medio de la Cruz se va a la gloria de la Resurrección.

Detalle del arcángel Miguel en el icono de la Panagia de la Pasión.

Detalle del arcángel Miguel en el icono de la Panagia de la Pasión.

Las manos grandes son características de las imágenes de tipo Hodiguitria: con su mano izquierda sostiene al que tiene en su mano el universo y que ni el cielo ni la tierra pueden contener; su mano derecha de “Hodiguitria” es la que muestra el camino para llegar a Cristo, nos indica como en Caná: “Haced lo que Él os diga”. Esa mano grande es típica de la Theotokos que intercede ante el Pantocrátor. El color dorado del fondo nos invitan a contemplar a Jesucristo y a su Madre en le plenitud de la redención.

El arcángel Gabriel, presente en el misterio de la Encarnación, al mostrar la Cruz, parece que hace que Cristo, revestido de carne mortal, se atemorice y se refugie fuertemente en su Madre mediante un abrazo, eso podría significar la sandalia caída, el enfrentar el miedo con la responsabilidad. María pues, participa de ese dolor de su Hijo, que también es propio de sus hermanos, lo hace suyo y lo transforma en oración, como se deduce de su rostro y sus manos.

Su fiesta se instituyó el domingo anterior a la fiesta de la Natividad de San Juan Bautista, en recuerdo de su coronación, un 23 de junio de 1867 y en 1913 fue fijada el 27 de junio; en 1916 regresó al domingo anterior al 24 de junio y el 14 de mayo de 1975 se estableció de nuevo el 27 de junio.

Humberto

Bibliografía:
– FERRERO, F., “Santa María del Perpetuo Socorro. Un Icono de la Santa Madre de Dios, Virgen de la Pasión”, PS Editorial Covarrubias 1994.

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