La Madre Santísima de la Luz

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La Madre Santísima de la Luz, reproducción del original venerado en León Guanajuato, obra de Miguel Cabrera, Museo Nacional del Virreinato.

La Madre Santísima de la Luz, reproducción del original venerado en León Guanajuato, obra de Miguel Cabrera, Museo Nacional del Virreinato.

Según se nos narra, en el siglo XVIII el jesuita italiano Antonio Genovesi deseaba una imagen mariana que aumentara la devoción en sus fieles, entonces decidió pedirle a una mujer famosa por su piedad y visiones que le pidiese a la Virgen que los inspirase para hacer una imagen.

La Virgen se apareció ante la piadosa mujer, reluciente, sosteniendo con una de sus manos a un alma para que no cayera en las fauces de la bestia infernal, también un ángel ofrecía al niño Jesús, que María llevaba en brazos, un canasto lleno de los corazones preservados del mal, y accediendo a la petición, le dijo a la mujer: “Observa bien mi traje, mírame atentamente y tal como me ves quiero ser retratada”. La misma Virgen le dijo a la mujer que quería ser venerada bajo el título de “Madre Santísima del Lumen o de la Luz”.

Dice Laureano Veres en su devocionario que: “Miróla con grandísima atención la religiosa; y de una manera tan exacta y con tal viveza quedaron como estampadas en su imaginación las facciones bellísimas y la actitud de la celestial Señora, que bien pudiera decirse que esta imagen, grabada desde entonces en su fantasía, fue la primera copia que de la Santísima Virgen se formó”. A pesar de todo esto, tal parece que la imagen no resultó como la Virgen la había pedido, tal vez, después de todo, la memoria de la mujer no fue tan exacta, por lo que la Virgen se volvió a aparecer ante la mujer para decirle: “Vete al pintor, que está actualmente con la obra entre manos: allá me hallarás, a ti sola visible; y entre tanto que tú teniéndome delante de los ojos, instruyeres con la voz al pintor, yo invisiblemente le dirigiré el pincel, de modo, que acabada la obra, cualquiera conocerá de su belleza más que humana, que inteligencia y arte superior había dispuesto los colores, y delineado la idea de la obra”, por lo que la mujer no tardó en dirigirse a Palermo, donde se encontraba el pintor. Al ser terminada la pintura con beneplácito la Virgen, sonrió y la bendijo asegurando que obraría muchos milagros a favor de aquellos que la invocaran y honrasen con el nombre de Nuestra Señora de la Luz.

Los jesuitas, posteriormente, decidieron que la imagen debería ser destinada a una de sus nuevas casas en América, por lo que se decidió hacer un sorteo para decidir en qué lugar debería ser venerada la Madre Santísima de la Luz, y tres veces realizaron el sorteo y las tres apareció nombrada la ciudad de León, Guanajuato. Transcurría el año de 1732. El 2 de julio de ese año, la imagen de la Virgen de la Luz fue recibida entre un gran jolgorio de la población de la en ese entonces villa de León.

La primera aparición de la Madre Santísima de la Luz. oleo/tela, atribuido a Miguel Cabrera.

La primera aparición de la Madre Santísima de la Luz. oleo/tela, atribuido a Miguel Cabrera.

Los jesuitas se encargaron de propagar el culto a la Madre Santísima de la Luz en toda América. Para 1742, en la iglesia de los dominicos de México, ya existía una imagen de esta advocación en el altar de ánimas y se fundó una cofradía en su honor, a la cual S.S. Benedicto XIV concedió varias indulgencias y privilegios. Hacia 1770 se menciona en un documento del Ayuntamiento de la ciudad de León, enviado al virrey Gálvez, que la ciudad había jurado a la Santísima Virgen de la Luz como patrona contra rayos y centellas.

En 1771, el IV Concilio Provincial Mexicano dispuso que el leviatán en la imagen de la Virgen de la Luz se borrase y, en adelante, no se pintase más. Del mismo modo existía una prohibición de la Congregación de Ritos del 27 de enero de 1742 que ordenaba al obispo de Zaragoza, España, que se quitaran las imágenes de la Virgen de la Luz. Del mismo modo también hubo prohibiciones por parte del Consejo de Castilla, el obispo de Cádiz y el arzobispo de Sevilla. A pesar de todo esto, el Concilio Provincial Mexicano, después de escuchar a varios consultores juristas, llegaron a la conclusión de que la imagen no debería ser prohibida. Todo esto porque, tal parece que la presencia de aquel ser infernal movía a confusión a los fieles, quienes creían que “con sólo invocar a la Madre Santísima de la Luz, las almas podían salir de la condenación eterna”, lo que como sabemos es imposible, pues nadie sale del infierno. Mucho se ha especulado al respecto y tal parece que algo más que llevó a que en varias partes la imagen fuera prohibida fue por su origen jesuita, el mismo S.S. Benedicto XIV prohibió su culto por un tiempo, pues su devoción era considerada como un tipo de resistencia a la expulsión de los jesuitas.

Debido a todo esto, en la Nueva España comenzaron a aparecer tratados apologéticos en defensa del culto a la Madre Santísima de la Luz, donde se explicaba el verdadero significado de la imagen de María al sostener aquella alma, evitando que cayera al infierno, mas no sacándola del mismo. Todo esto llevó a que, en varias reproducciones de la Virgen de la Luz, el dragón infernal sea sustituido por nubes, llamas, el rosario o algún otro objeto.

La segunda aparición de la Madre Santísima de la Luz.

La segunda aparición de la Madre Santísima de la Luz.

El culto a la Virgen de la Luz, especialmente en Nueva España, se siguió extendiendo al grado que, en 1784, el Santo Oficio de la ciudad de México fue notificado de una estampa que era distribuida de nombre “San José de la Luz”, donde se mostraba al santo en la misma actitud y con los mismos simbolismos de la Virgen de la Luz, por lo que el calificador de la Santa Inquisición de México, fray Francisco Larrea, tuvo que dar su parecer a propósito de este grabado con la imagen de San José. La Inquisición, después de examinarla, dio su parecer diciendo que no encontraba nada en ella contrario a la fe, y el mismo fray Francisco Larrea dijo que le complacía ver dicha estampa, pero que lo mejor era recoger todas aquellos grabados, pinturas o esculturas de San José de la Luz, ya que aunque el título de “La luz” se puede aplicar a cualquier santo, carecen estas imágenes de las indulgencias y demás gracias pontificias concedidas a la de la Virgen de la Luz.

En México, en 1790, sale a la luz la “Carta apologética a favor del título de Madre Santísima de la Luz” de José Antonio Alcocer, donde nuevamente se intentaba explicar el verdadero significado de la presencia del dragón en la imagen de Nuestra Señora de la luz. Este mismo autor insiste en algo muy importante, haciendo ver que los fieles pueden tener a caer en errores, debido a la falta de instrucción de los mismos en los significados de la imagen.

Para 1849, el sacerdote Ignacio Aguado, párroco de León, Guanajuato, junto con toda la ciudad, juraron a la Virgen de la Luz como Patrona de León. Un año después, debido a la epidemia del cólera, la ciudad hizo voto perpetuo de solemnizar cada año los tres días anteriores a la Asunción, cantando públicamente las letanías lauretanas. Poco después, la epidemia cesó.

"San José de la Luz", colección del Museo de arte religioso de Santa Mónica, Puebla. Fotografía de Enrique Tamayo.

“San José de la Luz”, colección del Museo de arte religioso de Santa Mónica, Puebla. Fotografía de Enrique Tamayo.

En 1866 se concluyó el grandioso templo y actual catedral de Nuestra Señora de la Luz, siendo consagrado en el mes de marzo del mismo año. El 19 de septiembre 1872, el papa Pío IX declaró a la Santísima Virgen de la Luz patrona principal de la diócesis de León, Guanajuato. El 8 de octubre de 1902, concedida por S.S. León XIII, es coronada pontificalmente.

Entre las festividades en honor a la Madre Santísima de la Luz, se celebran el miércoles anterior al domingo de Pentecostés, que es la fiesta principal, el 31 de mayo y el 2 de julio.

André Efrén

Bibliografía:
– Cabrera Cruz, Luis, “Imágenes de la Madre Santísima de la Luz en la isla de Sicilia”, México, Lumen, 1964.
– Garza de Chapa, Rebeca, “María en México”, México, San Pablo, segunda edición, 2006.
– Martínez, Iván, “Atlas Mariano”, en “Zodiaco Mariano”, México, Museo Soumaya, Museo de la Basílica de Guadalupe, primera edición, 2004.

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La dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor

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Fachada de la Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

Fachada de la Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

Introducción
La ciudad de Roma es sagrada, los lugares santos dentro de su perímetro se desbordan. Las iglesias conservan dentro de sí las reliquias de numerosos santos y son la estela del paso de otros por la urbe o son el memorial de su martirio. Cuatro son las Basílicas Papales que son la meta para quienes se dirigen en peregrinación a la Ciudad Eterna: San Pedro en el Vaticano, San Pablo, fuera de las murallas que delimitaban el entorno de la misma, la Archibasílica del Salvador que se conoce popularmente como san Juan de Letrán, en las faldas del Monte Celio; y Santa María la Mayor, junto al monte Esquilino. Esta última Basílica completa el cuadro de las llamadas “Basílicas Mayores”, que anteriormente se les denominaba “Patriarcales” y es sobre esta iglesia y las advocaciones marianas que contiene de lo que trata el presente artículo.

La dedicación de un templo
La liturgia católica tiene un rito para consagrar un edificio, en este caso, un templo, para el culto divino. Las ceremonias contempla una riqueza de signos: encender la luz, consagrar el altar con el Santo Crisma y depositar en su ara las reliquias de santos, la unción con este mismo óleo de doce cruces en sus paredes o en sus respectivas columnas que recuerdan al colegio apostólico, la incensación, etc. En la antigüedad esta ceremonia era trascendental para el pueblo cristiano, de modo que la comunidad guardaba en su calendario la fecha en que se había realizado y anualmente conmemoraba esta dedicación. Actualmente, las rúbricas vigentes indican que cada templo debe celebrar este aniversario en su fecha correspondiente y que si esta se desconociese por diversos motivos, ha de celebrarse el 25 de octubre.

La Virgen coronada, de Jacopo Torriti (1296). Ábside de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

La Virgen coronada, de Jacopo Torriti (1296). Ábside de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

La Basílica de Santa María en Roma no es la primera ni la única, muchas iglesias se construyeron en su honor, sin embargo, es ésta la principal, pues el recuerdo de la Madre de Dios está unida a ella a causa de ser como una extensión de la gruta de Belén donde Cristo nuestro Señor nació de Santa María la Virgen, y porque el título o prerrogativa de Madre de Dios tuvo en este lugar una gran acogida luego del Concilio de Éfeso, que en el año de 431 definió este nombre como un dogma de fe. Por ello, la causa primera y principal de esta fiesta es la dedicación de un templo que es la casa de Dios. Así lo recuerda el actual martirologio Romano: “Dedicación de la basílica de Santa María, en Roma, construida en el Monte Esquilino, que el Papa Sixto III ofreció al pueblo de Dios como recuerdo del Concilio de Éfeso, en el que la Virgen María fue saludada como Madre de Dios”. Es pues tal la importancia de este templo, que para diferenciarla de otros dedicados a Nuestra Señora, recibió el apelativo de “Mayor”, es decir, principal.

Mensaje
Dentro de los primeros años del cristianismo fueron forjándose los dogmas de esa fe, y su centro y culmen es Cristo el Señor. Estos dogmas se fueron aceptando paulatinamente, hasta terminar de asentarse sólidamente, no sin dificultades y luchas. El principal dogma sobre el Verbo es que tiene la misma sustancia que su Padre y que es Dios como Él. San Atanasio de Alejandría aplicó para ello el término de hipóstasis o naturaleza, este Verbo de Dios también es Hombre, un ser humano con cuerpo y alma. Esta doble naturaleza de Cristo converge en el Logos de Dios y ello se debió a la colaboración de María de Nazareth, en cuyo seno se engendró según la carne o naturaleza humana al mismo e idéntico Hijo, engendrado desde la eternidad en el seno del Padre.

Vista del baldaquino barroco en el altar mayor de la Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

Vista del baldaquino barroco en el altar mayor de la Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia).

Hubo voces que se inconformaron y las inquietudes continuaban zozobrando al cristianismo. El portador de tales inquietudes fue el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Nestorio, que también se opuso a que María fuera llamada Madre de Dios, puesto que Dios no tiene principio; él proponía que fuera llamada Madre de Cristo, pues era madre solamente de la naturaleza humana del Salvador. Esta teoría atentaba contra la Encarnación del Verbo, pues si la divinidad del mismo hubiera sido infusa luego del nacimiento de Cristo, Dios no hubiera compartido completamente la humanidad con el hombre desde su concepción. Así, en el año 431 se reunió el cuarto Concilio Ecuménico en Éfeso, presidido por San Cirilo de Alejandría, que acordó que en Cristo, concebido y nacido de Santa María, la Virgen, era verdaderamente Dios y Hombre, sin confusión o mezcla de naturalezas, y que es legítimo llamarla a Ella “Theotokos”, pues es engendradora de la humanidad y con ella, del Verbo encarnado.

La basílica
El templo de Santa María fue dedicado hacia el año de 366 durante el pontificado del papa San Liberio, por lo que también se le conoce como Basílica Liberiana. Fue restaurada y dedicada un 5 de agosto “al pueblo de Dios”, como se lee en la cima de su arco triunfal por San Sixto III hacia el año 435. También se le conoce como Santa María de las Nieves, por la leyenda que narra cómo fue construida, o como Santa María ad Praesepre, pues en su cripta se guardan las reliquias del pesebre del Belén, en el que la Virgen Madre acostó a su Hijo, Dios hecho Hombre.

En su interior están sepultadas las reliquias de dos santos muy importantes: San Jerónimo, Padre y Doctor de la Iglesia; y San Pío V, Papa. También tiene sepultura aquí los Papas Clemente VII, Pablo V y Sixto V. Entre las muchas riquezas dignas de mencionar están el mosaico del ábside que representa a Cristo coronando a su Madre, y el bello baldaquino de la confesión del altar mayor. Se dice que el artesonado del techo de esta iglesia fue engalanado con el primer oro que Cristóbal Colón trajo de América a Europa, y que fue donado por los Reyes Católicos. Como no es la finalidad de este artículo la descripción minuciosa de este lugar, queda abierta la posibilidad de que se presente un artículo sobre el particular. El conjunto del edificio ha conocido diversas modificaciones, desde la Edad Media hasta las épocas que van de 1673 hasta 1758, de cuando data la actual fisonomía.

"El sueño del patricio", lienzo de Bartolomé Esteban Murillo. Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

“El sueño del patricio”, lienzo de Bartolomé Esteban Murillo. Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Nuestra Señora de las Nieves
En el s.XIV se difundió la leyenda de que, hacia el año 352, vivía un noble y acaudalado patricio llamado Juan, que vivía con su esposa sin haber tenido descendencia, por lo que deseaba gastar su hacienda en obras buenas. La noche del 5 de agosto tuvieron un sueño en el que se les indicaba que construyeran un templo dedicado a la Madre de Dios en un terreno del Monte Esquilino, y para que no tuvieran duda, el área del mismo estaría cubierto de nieve. También se les recomendaba que fueran con el Papa, que entonces era san Liberio, para que diera su autorización al proyecto. Grande fue su sorpresa al saber que también el Pontífice había tenido el mismo sueño, y juntos se dirigieron al lugar indicado. Quedaron asombrados al hallar una superficie bien delimitada por nieve en pleno estío. Por ello se atribuye a este Papa la posible edificación del primitivo edificio y, a causa de este nombre, muchas mujeres han sido portadoras del mismo desde su bautismo. Como recuerdo de este episodio, cada año en una solemne ceremonia, de una parte del artesonado de la iglesia se hace caer una lluvia de pétalos blancos.

María, Salus Populi Romani
Cada nación o ciudad tiene un afecto especial por una imagen o advocación de Santa María. Roma no se queda atrás. En esta singular Basílica, dentro de la llamada Capilla Paulina, se guarda un icono que es el imán de los corazones romanos y que representa a la Madre de Dios portando en sus manos a su divino Hijo. Es una pintura de origen bizantino y de discutida cronología, y que la tradición atribuye a San Lucas evangelista como autor.

Humberto

Bibliografía:
– LODI, Enzo, Los Santos en el Calendario Romano: orar con los Santos en la liturgia, Ediciones Paulinas, Madrid, 1993, pp. 271-274.
– COMITÉ PARA EL GRAN JUBILEO DEL AÑO 2000, La Guía Oficial para el Gran Jubileo, Tomo I, Guía artístico – espiritual, Ediciones Palabra, Madrid 1999, pp. 88-101.

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La Virgen del Castillo

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Imagen de la Virgen del Castillo venerada en Ambivere, Italia.

Imagen de la Virgen del Castillo venerada en Ambivere, Italia.

La Italia de los santuarios: Ambivere (BG), aquí se venera a la Madre de Dios, dicha “del Castillo”. Aquí la Santa Virgen es celebrada en modo particular el segundo domingo de septiembre, en proximidad a la fiesta de la Natividad de María (8 de septiembre), del Santo Nombre de María (12 de septiembre) y de la Dolorosa (15 de septiembre).

El santuario era en sus orígenes (finales de 1400), según algunos historiadores, el oratorio de un castillo levantado en la primera mitad de 1300, para otros estudiosos, sin embargo, nació gracias a las “limosnas” aportadas tras un suceso milagroso. Se cuenta, de hecho, que algunos soldados franceses se atrincheraron en el castillo y estuvieron a punto de morir de sed, pero entonces intervino la Virgen, que hizo brotar agua fresca ante sus ojos. Actualmente, en la iglesia existe un pozo amurallado, pero no puede saberse que tenga relación alguna con el milagro.

La iglesia fue reedificada a mediados de 1600, utilizando parte del material de la mansión en ruinas. El santuario tiene una sola nave y guarda algunos frescos interesantes: una Virgen con Niño y al fondo, un castillo con torres de color amarillo. En 1832 se abre un período de grandes transformaciones: fue derribada la torre medieval, se levantaron muros de delimitación y la plaza asumió su aspecto actual.

En una acta notarial de 1833 se menciona la adquisición del vestido con el cual se viste la imagen de madera de la Virgen. Tejida con oro y plata, con un manto ciertamente espléndido, es mostrada la imagen en los días de fiesta. Este vestido confiere a la estatua un aspecto imponente y devoto, de gusto típicamente sureño… ¡pero es de Bérgamo!

El título mariano de la Santa Madre de Dios venerada en Ambivere, como se entiende, deriva de la presencia de un antiguo castillo. El título del castillo es, sin embargo, un tema espiritual muy querido por la Santa de Ávila. Santa Teresa de Jesús se da cuenta de que no hay palabras para explicar las maravillas de Dios en el alma, por lo que para dar una enseñanza espiritual a sus hijas, hace uso de las imágenes: el alma-castillo. Explica que nuestra alma es como un hermoso castillo, que parece un diamante terso con mil facetas.

Imagen de la Virgen del Castillo venerada en la Basílica de Santa Catalina de Siena, Italia.

Imagen de la Virgen del Castillo venerada en la Basílica de Santa Catalina de Siena, Italia.

Escribe la Santa Madre de la reforma del Carmelo: “Nuestra inteligencia, por aguda que sea, nunca va a llegar a comprenderla, como nunca va a comprender a Dios, a cuya imagen y semejanza hemos sido creados. Si esto es verdad – y no puede ponerse en duda – es inútil cansarse en querer comprender la belleza del castillo. Sin embargo, para tener una idea de su excelencia y dignidad, piensa que Dios dice que lo hizo a su imagen, a pesar de que entre el castillo y Dios siempre hay una diferencia de Creador y criatura, siendo también el alma una criatura”.

En el corazón del castillo está Dios
Cuanto más claro esté nuestro castillo diamantino, o alma, más claro brilla a Dios a través de ellos. Este castillo tiene muchas moradas, se cuentan por millones. Escribe la Santa Madre de la reforma del Carmelo: “Pero como el diablo es maligno, en cada morada debe tener legiones de sus pares, para evitar que pasemos de una morada a otra, por lo que las pobrecillas, que no son conscientes, están enredadas en mil lazos: eso no ocurre tan fácilmente a las que están más cerca del apartamento real”.

Y también escribe: “Por otra parte, si lo pensamos bien, ¿qué es el alma de los justos: un paraíso donde el Señor dice que tomemos sus delicias? Entonces, ¿cómo será la morada en la cual se deleita un Rey tan poderoso, tan sabio, tan puro, tan lleno de riquezas? ¡No, no hay nada que pueda compararse con la gran belleza de un alma y de su inmensa capacidad!”

Hay un universo exterior y uno interior de cada uno de nosotros. Jesús llama a la puerta de nuestros corazones, para ayudar a purificar tu castillo, y así ver a Dios, ¿recuerdas? “Los puros de corazón verán a Dios”.

Los habitantes del castillo
Los habitantes del castillo, los castellanos, son: nuestra inteligencia, memoria, voluntad y nuestros sentidos. Miles… son los “personajes” que lo visitan: tentaciones, ataques, vicios, demonios que despiertan en el alma pensamientos y deseos contrarios a la palabra de Jesús. Estos “personajes” nos hacen vivir en la periferia o en el exterior del castillo, lo hacen frívolo y superficial, y en fin, hacen todo lo posible para no dejarnos entrar al interior, a conocer a nuestro gran Rey. Casi todos los que viven fuera del castillo, o en las moradas, podríamos decir que son los siervos.

Imagen de la Virgen del Castillo venerada en Formicola, Italia.

Imagen de la Virgen del Castillo venerada en Formicola, Italia.

Santa Teresa hace una comparación al decir esto: “Nuestras facultades, salidas del castillo para andar con extraños, reconociéndose culpables, se aglutinan en torno al castillo, pero sin volver a entrar. El gran Rey, que vive en el centro del castillo, se digna en su gran misericordia a llamarlas de nuevo a sí, bajo la apariencia del Buen Pastor, con un silbido tan dulce que ellas mismas casi no lo oyen, hace que conozcan su voz y no estén tan perdidas, sino que vuelvan a su morada. Este silbido de pastor ejerce sobre ellos tanta fuerza que, dejando las cosas exteriores en las que estaban distraídas, vuelven a entrar dentro del castillo. Me parece que nunca he explicado esta idea tan bien como ahora”.

La puerta del castillo
La puerta del castillo es la oración o súplica. La oración es recogerse uno mismo en la presencia de Dios y hablar con Él, es la llave que abre el corazón de Dios. Ésa es la oración oral, hecha por la voz.
La meditativa es la que reflexiona sobre todo lo relacionado con Dios.
La contemplativa es donde se pueden admirar los misterios de la fe, de Dios, que amamos, pero sin utilizar tantos razonamientos, sino con una simple mirada.

La guardiana del castillo
La Santísima Madre de Dios, solamente Ella es capaz de custodiar la inteligencia, la memoria, la voluntad y los sentidos, porque es la “llena de gracia”, que nos ayuda a custodiar nuestro castillo interior, en el que cada día, con paciencia, llama a su Hijo Jesucristo, ¡que te quiere sólo para Él! María, Nuestra Señora del Castillo, ¡ruega por nosotros!

Damiano Grenci

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Nuestra Señora del Refugio de Pecadores

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Lienzo de Nuestra Señora del Refugio, obra de José de Páez.

Lienzo de Nuestra Señora del Refugio, obra de José de Páez.

Historia
Una de las advocaciones marianas con más cariño profesado por los católicos mexicanos es la de Nuestra Señora del Refugio de Pecadores. Siendo originaria de Europa, su culto se extendió y fortaleció de tal manera en México, que el amor que se le brinda le ha dado una identidad mexicana. Luego de Nuestra Señora de Guadalupe y de otras advocaciones locales, comparte con Nuestra Señora del Carmen y Nuestra Señora del Perpetuo Socorro una devoción muy popular en este país.

Este título con que se venera a la Madre de Dios tiene su origen en los comienzos del siglo XVIII y tiene como promotor de su devoción al Beato Antonio Baldinucci S.J. Hacia 1709 este bienaventurado, en sus trabajos misioneros, quería tener una imagen de la Santísima Virgen María que moviera los corazones hacia la piedad y que los alejados de Dios volvieran al buen camino e hizo reproducir en pintura, un bajorrelieve de Nuestra Señora de la Encina de Poggio Prato, cerca de Montepulciano. La imagen fue pintada por un artista de escaso talento pero sin embargo, resultó hermosa, atractiva y devota, se veneró luego en Frascatti, al sureste de Roma, en el camino a Nápoles.

El Beato Antonio, en su celo apostólico por la salvación de las almas y por la conversación de los pecadores, quiso acompañarse de esta imagen en sus correrías misioneras en muchas poblaciones y ciudades de Italia y la llamó Nuestra Señora del Refugio. Su ardiente celo se vio recompensado por la intercesión de la Madre de Dios, pues con sus predicaciones logró que muchos hombres y mujeres alejados de Cristo y de su Iglesia retornaran al buen camino y también, al promover el culto a esta imagen de Nuestra Señora, logró que muchas personas tras invocarla en sus necesidades, sintieran por su ayuda el favor de Dios.

Durante los siglos XVII y XVIII, la Iglesia se vio afectada por el Jansenismo; esto tuvo como consecuencia el enfriamiento y la devoción de los fieles, provocando una indiferencia religiosa y alejamiento de la vida sacramental. Se llegó a pensar que nadie era digno de recibir la Eucaristía y que Dios era un ser rígido, justiciero y lejano al ser humano. Estos años coincidieron con la propagación de grandes pestes que asolaron Italia y otras partes de Europa.

Estampa del Beato Antonio Baldinucci, jesuita y promotor de la devoción a la Virgen del Refugio.

Estampa del Beato Antonio Baldinucci, jesuita y promotor de la devoción a la Virgen del Refugio.

Estas circunstancias se agravaban por la extrema pobreza de los campesinos, la hambruna que continuaba por ello y el alto índice de mortalidad. Así pues, los pastores la invocaban para encender la fe y la caridad en los corazones, y los fieles que le pedían su ayuda en las calamidades que los afectaban, todos ellos sintieron realmente que era un refugio que los protegía y amparaba de los peligros y dificultades, Por esa razón, los misioneros jesuitas, al observar los óptimos resultados que se habían logrado con la ayuda de esta advocación, decidieron reproducirla y la dieron a conocer en las misiones que predicaban y en los templos encomendados a su cuidado.

Esta célebre imagen fue colocada en el altar mayor de una capilla de la Iglesia del Jesús, regentada por la Compañía de Jesús, el día 1de junio de 1723. Fueron tantas las gracias y favores, así como las conversiones que Dios obró por intercesión de la Madre de Cristo bajo esta advocación, que el Cardenal Nicolás Accacioli solicitó al Papa Clemente XI que le fuera concedida a la imagen la coronación pontificia. Misma que realizó el Arcipreste de la Basílica Vaticana, Aníbal Albani el día 4 de julio de 1717. Ese día, luego de su coronación, el Beato Antonio Baldinucci S.J., hizo grabar al pie de la imagen esta leyenda: “Refugium Peccatorum”, el nombre con que es invocada. En algunas ocasiones, la imagen fue trasladada a la Catedral de la ciudad de Frascatti como en 1909, para celebrar su bicentenario. Así fue como en 1943, en plena Guerra Mundial, con afán de implorar su protección sobre esa ciudad, fue llevada de nuevo a la Catedral, allí estaba el 18 de septiembre de ese año cuando Frascatti fue bombardeada, siendo destruida la iglesia madre de la diócesis y con ella desapareció también la venerable imagen, quedando como rastro una mínima parte de la cabeza y las coronas que aparecieron totalmente fundidas entre los escombros. Tal fue el fin de una imagen tan célebre y querida por la cristiandad. Se dice que cuando el Papa Pío XII fue informado de esta pérdida, derramó lágrimas de pesar. Para remediar tan irreparable pérdida, por lo menos en parte, se colocó en su lugar una copia directa de la pintura, la cual se conservaba en el Noviciado de la Compañía de Jesús de la Provincia Romana, en Galloro.

Culto en México
La particularidad de este culto es que vino a la Nueva España impulsado por un italiano, el jesuita Juan José Giuca. No es pues, una devoción inculcada por los misioneros españoles. Este padre había presenciado la coronación apostólica de la imagen en Frascatti en 1717 y trajo una estampa con él a estas tierras. Realizó su ministerio en la Diócesis de Puebla de los Ángeles, donde la dio a conocer y donde la hizo popular, pues se imprimieron cuatro láminas que en breve, debido a la popularidad que logró, se reprodujeron, hasta en cuatrocientas mil estampas. Poco después arribó la primera imagen pintada. Así su fama se extendió desde la Alta California hasta el Sur de Guatemala.

Óleo de la Virgen del Refugio, obra de Pablo Valdés. Basílica de San Sebastián de Analco, México.

Óleo de la Virgen del Refugio, obra de Pablo Valdés. Basílica de San Sebastián de Analco, México.

Hacia 1744 el franciscano Fray José María Guadalupe y Alcibia, predicador apostólico del Colegio de Propaganda Fide con sede en el Convento de Guadalupe, Zacatecas, obtuvo del P. Giuca una copia de la imagen que llevó a ese lugar. En una carta que remite Fray José María Guadalupe en 1746 al P. Giuca, le relata su experiencia misionera en nueve meses y como al final de ese lapso, la imagen era venerada en el altar mayor de la Iglesia de ese convento, teniendo miles de devotos que la visitaban para implorar su protección y para también darle gracias por su ayuda. Las misiones de este Colegio Apostólico tenían como patrona a Nuestra Señora de los Dolores, pero al observar el crecimiento de la devoción de los fieles, se optó por nombrar como Patrona a Nuestra Señora del Refugio. Así pues, los padres franciscanos propagaron su devoción por todo el norte de México.

En 1994 los religiosos de este convento celebraron el 250 aniversario de la llegada de esta imagen, colocada ahora en un altar del crucero de la iglesia; por esta razón aprovecharon la ocasión para restaurar la pintura, que se había resentido por los efectos del tiempo.

Devoción en Guadalajara
El culto tributado a Nuestra Señora del Refugio en la ciudad y en la arquidiócesis de Guadalajara tiene una especial mención; la sede principal de esta advocación se encuentra en la Basílica de San Sebastián, en el barrio de Analco. Esta iglesia es una de las más antiguas de la ciudad pues data del siglo XVI. Allí se venera su imagen, cuya fama es la de ser la más artística de este arzobispado.

Hacia la década de los años setenta del siglo XIX, el P. Manuel Noriega promovía procesiones de fieles por la Garita de El Leal, hoy las confluencias de las Avenidas México y Chapultepec, rezando el Rosario. Luego se cambió el punto de reunión en el Templo de San Sebastián hacia el Cementerio de Los Ángeles, donde ahora se halla la antigua central camionera, cerca del Parque Agua Azul. En estas procesiones se llevaba un cromo de la Virgen del Refugio, como se le conoce popularmente. En ese lugar, al concluir la procesión, el P. Noriega predicaba un sermón con el que encendía los corazones en el amor y devoción a esta imagen, de la cual era amante devoto. Esto dio origen a que se formara una cofradía en honor de Nuestra Señora del Refugio, teniendo como sede el Templo de San Sebastián. Fue tanta la devoción que los miembros de esta asociación mandaron hacer al notable pintor jalisciense Pablo Valdés un cuadro de la celestial Señora, que fue colocado en ese templo hacia 1880. Los favores alcanzados por intercesión de Nuestra Señora del Refugio fueron tales y tantos, que su imagen fue colocada en el altar mayor, donde hoy es venerada.

Estampa devocional de la Virgen del Refugio, inspirada en la imagen original de Frascatti, Italia.

Estampa devocional de la Virgen del Refugio, inspirada en la imagen original de Frascatti, Italia.

El celo de la cofradía creció con el fin de promover esta devoción y muchos miembros se integraron a ella. Así, otras cofradías se fundaron en otras parroquias de la ciudad, pero seguían reconociendo como central a la iglesia de San Sebastián. Por esta razón y para que se guardara el mismo fin y la unidad, el Siervo de Dios Don Francisco Orozco y Jiménez, arzobispo de Guadalajara, pidió al Papa Pío XI que elevara a Archicofradía a esta asociación el 1 de agosto de 1935. El 2 de febrero de 1937, el Cardenal Secretario de Estado de la Ciudad del Vaticano, Eugenio Pacelli, expidió el respectivo breve elevando a Archicofradía la Asociación de Nuestra Señora del Refugio de San Sebastián de Analco, con la facultad de agregar e esta sede a las demás asociaciones que con el mismo nombre hubiera en la República Mexicana, comunicándoles las numerosas indulgencias que pueden lucrar los asociados. La basílica de San Sebastián de Analco es el Santuario Nacional de Nuestra Señora del Refugio y centro de esta advocación en la República Mexicana.

Otro lugar donde se le tributa culto a la Santísima Virgen María es en un templo ubicado en la Avenida de Federalismo, ante calle del Moro. Esta iglesia se encuentra en el barrio de la Capilla de Jesús, ilustre porque ahí vivieron los Beatos Ezequiel y Salvador Huerta Jiménez, Ramón y Jorge Vargas González y Santa María Guadalupe García Zavala.

Este templo fue fundado por el franciscano fray Pascual del Niño Jesús Avelar, quien era confesor de las hermanas Librada, María y Matiana Orozco, quienes deseosas de una vida de perfección le pidieron que fundara una “Congregación de Terciarias Franciscanas”, cosa que sucedió luego de muchas dificultades, siendo fundadora de las misma la hoy Sierva de Dios, madre Librada Orozco. La Congregación se llamó de Religiosas Franciscanas de Nuestra Señora del Refugio. El culto en esta iglesia se abrió el 4 de agosto de 1859. En 1933 el templo fue incautado por orden del Presidente de México Abelardo L. Rodríguez, quedando fuera del culto hasta comienzos de la década de los años cincuenta por gestiones del Arzobispo José Garibi Rivera. En 1976 este bello templo de estilo gótico estuvo a punto de ser derrumbado al ser ampliada la calle Moro para dar paso a la Avenida de Federalismo. De manera ingeniosa ha quedado en el camellón central.

Lienzo de la Virgen del Refugio, obra de fray Amador Castro, venerado en la Calzada del Federalismo, Guadalajara (México).

Lienzo de la Virgen del Refugio, obra de fray Amado Castro, venerado en la Calzada del Federalismo, Guadalajara (México).

La pintura de la Virgen de esta iglesia fue hecha por fray Amado de la Madre de Dios Castro, que vivía en el convento de la Basílica de Nuestra Señora de Zapopan. Este hermano lego era hermano de Felipe Castro y ambos, hijos de José Castro, éstos últimos pintores de lo mejor que ha habido en la ciudad, aunque hoy son desconocidos. El hermano Castro no tuvo la pericia de su padre y hermano y más bien fue un copista, reprodujo varias imágenes de Nuestra Señora del Refugio, delineadas por un calco de cera de la imagen que se venera en esa Basílica y pintada por su padre José Castro. Todas las imágenes que producía eran iguales en proporción y tamaño, pero todas de trabajo esmerado, de atractivo irresistible y encantadora belleza. La imagen de este templo es de las más artísticas y encantadoras de la ciudad. Fue coronada con decreto episcopal el 4 de julio de 1950.

Además de estos dos lugares, tiene dos parroquias dedicadas en barrios antiguos de Zapopan. La Experiencia y el Batán y últimamente se han erigido otras dos en colonias populares: El Colli y Lomas de Zapopan. Hay pueblos que lleva su nombre, como en Tala, Jalisco. Es oportuno mencionar que en la Parroquia de Zapotiltic, de la Diócesis de Ciudad Guzmán, en Jalisco, hay una pintura de este título, realizada en base a una foto de la imagen desaparecida de Frascatti. Su imagen es venerada en muchos templos y parroquias del país, incluso la catedral de Tampico, Tamaulipas, tiene como titular a esta advocación de Nuestra Señora del Refugio.

Descripción
La imagen de Nuestra Señora se ha multiplicado en varios modelos, identificándose hasta tres o cuatro variantes. Sin embargo, el común denominador de ellas es la Virgen sentada, quien lleva en su regazo al Niño de pie, a quien sostiene con sus manos. Casi siempre su vestido es rosa o rojo, tachonado con el monograma JHS. Su manto es azul y lleva un paño que le rodea el cuello y le cruza el pecho. Este paño en otras pinturas puede identificarse como un chal. Su cabeza no tiene velo y su cabello está recogido hacia atrás, porta aretes y lleva un anillo. Este detalle es original de la escuela mexicana. Su rostro es amable y su mirada se fija en quien la observa. El Niño Jesús viste un ligero paño de pudor o una túnica larga de tela translucida y vaporosa. A veces la rodea un arco de flores. Tanto la Madre como el Hijo llevan ceñidas sus cabezas con sendas coronas de tipo condal; en algunas representaciones la faz de la virgen está rodeada por una aureola de doce estrellas. Últimamente las casas que venden artículos religiosos han promocionado la novedad de su imagen de talla o bulto, mas no se ha visto en alguna iglesia que ponga a culto público esta figura.

Conjunto escultórico de la Virgen del Refugio venerado en Acímbaro, Guanajuato (México).

Conjunto escultórico de la Virgen del Refugio venerado en Acámbaro, Guanajuato (México).

Mensaje
El pecado es una realidad espiritual que ofende a Dios y aleja al ser humano de Él. El hombre, por sí solo, no puede remediar los efectos y las causas del pecado, para eso se encarnó Jesucristo en el seno de María, para salvarnos con un cuerpo como el nuestro. Solamente Dios puede perdonar el pecado y alejar del hombre las consecuencias del mismo, por ello, es conveniente recordar que para ello el Señor Jesús instituyó el sacramento de la reconciliación, que restituye su gracia en el alma arrepentida que busca de corazón su perdón.

A la misión salvífica de Cristo está asociada la figura de la Virgen María. Cristo, el nuevo Adán; y María, la nueva Eva, ponen el ejemplo a la humanidad de cómo obedecer el plan de Dios, en contraposición de la primera pareja, que desobedecieron el mandato del Creador y pecaron. Es claro que Cristo vale por sí solo y no necesita de la Virgen para redimirnos, sin embargo, la ha unido a su obra redentora y nos la ha dejado como Madre al pie de la Cruz, otro árbol con otro fruto y otros efectos muy diferentes del árbol del bien y del mal que había en el paraíso. Esa misión de Madre, hace que María sea Refugio, Consuelo, Auxilio, Defensa y Socorro de todos los bautizados que necesitan ayuda para remediar sus miserias espirituales y materiales.

Esta advocación coincide con una invocación de las letanías lauretanas: Refugio de los Pecadores, que ha inspirado la conversión de muchas almas, que sintiendo lo negativo del pecado en sus vidas, reconocen en María a aquella que es el Refugio que puede librarlos del peligro de la perdición eterna y que puede ayudarlos en todas sus necesidades si es para bien de sus almas.

Fiesta
La fiesta de Nuestra Señora del Refugio se celebra en México el 4 de Julio, en recuerdo de la coronación pontificia de la imagen de Frascatti. Su celebración litúrgica, con categoría de memoria opcional, coincide con la también memoria opcional de Santa Isabel, reina de Portugal, pero se celebra como memoria obligatoria por el cariño que se le profesa y la popularidad que tiene, así pues, la celebración de la santa soberana lusa queda de esta manera omitida.

Humberto

Bibliografía
– OROZCO, Luis Enrique, Iconografía Mariana de la Arquidiócesis de Guadalajara, Año Mariano, Tomo I, 1954 (edición a cargo del autor).

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista del icono de la Panagia de la Pasión (Virgen del Perpetuo Socorro) tras su restauración.

Vista del icono de la Panagia de la Pasión (Virgen del Perpetuo Socorro) tras su restauración.

La devoción a un icono de la Madre de Dios, invocada como Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, es una de las más populares dentro de la Iglesia Católica; para conocer mejor su historia es necesario revisar la tradición sobre su origen, los datos históricos sobre la propagación de su culto y descubrir en su simbolismo iconográfico su mensaje teológico.

Este icono es del estilo llamado “Virgen de la Pasión” y probablemente tenga su origen en la escuela de pintura de creto-veneciana. Su nombre se debe a la composición iconográfica, que presenta los instrumentos de la Pasión de Cristo, llevados por ángeles, a los que a veces, acompaña una inscripción latina o griega. Este estilo de pintura tiene su más amplia difusión entre los siglos XV y XVI, aunque la representación temática puede retrasarse un par de siglos. La pintura original se halla puesta para su veneración en la iglesia de San Alfonso María de Ligorio, en Roma, la cual es atendida por los padres redentoristas.

Tradición
Cuenta la tradición romana del siglo XVI, que un mercader originario de Creta, sustrajo de su patria esta imagen de la Virgen, la cual hacía muchos prodigios en una iglesia de esa isla. La resguardó en su equipaje y se embarcó fuera de ella. En el trayecto hubo una pavorosa tempestad, llegando sin embargo ileso a su destino. Así pues, luego de un año, estaba en Roma. Allí el mercader enfermó gravemente y por ello, contactó con un amigo, al cual le pidió que colocara la imagen en alguna iglesia de la ciudad. Luego de su muerte, el amigo de este hombre trató de cumplir el deseo del fallecido, pero su esposa lo disuadió, diciéndole que en todos los hogares cristianos había imágenes de Cristo y de su Madre; y se empeñó en conservar la imagen en su casa.

En una visión, la Virgen le dijo a este hombre que colocara su imagen en un lugar más digno, pero él no le hizo caso. Nuevas visiones con amonestaciones y desobediencias desembocaron en la última visión, en la cual la Virgen le reprochó su desobediencia: “Te he advertido, incluso con amenazas, que me sacaras de aquí y no me has querido creer; está visto que es necesario que tú salgas primero para que yo pueda encontrar un lugar más digno”. El hombre enfermó luego y murió; algo después la Virgen se apareció a la hija de este hombre, que tenía unos seis años y le dijo: “Dile a tu madre y a tu abuelo que Santa María del Perpetuo Socorro os requiere que la saquéis de vuestra casa, de lo contrario, moriréis todos”. La madre de la niña comenzó a temer, pues ella misma había tenido una visión semejante y se dio cuenta de que había causado la muerte de su marido.

El mercader cretense roba el icono de la Virgen. Vidriera en la iglesia de San Alfonso, Roma (Italia).

El mercader cretense roba el icono de la Virgen. Vidriera en la iglesia de San Alfonso, Roma (Italia).

Una vecina que la vio preocupada y llorar, al saber la causa de su pena, le dijo que no se preocupara, pues la Virgen estaba en el cielo y no se interesaba de sus imágenes, que si tenía tanto miedo, mejor le diera la imagen a ella y luego agregó muchas palabras irrespetuosas. Esta mujer, por la tarde y en su casa, se vio afectada por una dolencia extraña, de la que se vio libre al hacer un voto a la imagen. Nuevamente se apareció la Virgen a la niña, pidiéndole que la imagen se trasladara a una iglesia dedicada a San Mateo Apóstol, ubicada entre las Basílicas de San Juan de Letrán y de Santa María la Mayor. Esta iglesia tenía un convento anexo, atendido por los frailes agustinos. Avisados por la mujer, accedieron a llevar la imagen al templo y fue colocada en ese lugar el 27 de marzo de 1499. En la procesión se realizó un milagro: un hombre paralizado del brazo y lado derecho, se vio repentinamente curado con tan sólo encomendarse a Dios y hacer una promesa a Nuestra Señora. Hasta aquí la leyenda recogida en el texto de unas tablillas colocadas en el presbiterio de San Mateo que explicaban la procedencia de esa imagen.

Los agustinos tienen una devoción a Nuestra Señora del Socorro asociada a una iconografía muy peculiar pues se hacían representaciones muy diversas; por lo sucedido en esta iglesia de San Mateo, el icono de la Virgen de la Pasión recibió el título de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Propagación del culto
Hacia 1798, la iglesia de San Mateo, con otras treinta iglesias de Roma, fue demolida por orden de Massena, general de las tropas napoleónicas. La mayoría de los frailes agustinos de esa comunidad, por ser de origen irlandés, regresaron a Irlanda, unos muy pocos se acogieron a la vecina iglesia de San Eusebio y luego a la iglesia de Santa María in Pasterulana, junto al Tíber, llevando consigo el sagrado icono, que fue colocado en el oratorio particular, pues en ese templo era venerada una imagen de Nuestra Señora de Gracia. Así pues, se eclipsó su fama y el fervor por la imagen.

El 7 de febrero de 1863, el P. Francisco Bloisi SJ, en un sermón pronunciado en la iglesia del Gesú, exhortaba a recuperar la imagen y la devoción de un cuadro célebre de la Santísima Virgen María conocido como Nuestra Señora del Perpetuo Socorro que tenía más de sesenta años sin dar muestras de vida, el cual estuvo en la iglesia de San Mateo en la vía Merulana y que recordaba el deseo de la Virgen de querer estar expuesta a la veneración pública entre las Basílicas de San Juan de Letrán y de Santa María la Mayor. Invitaba a que si alguien conocía su paradero, hiciera lo posible de avisarlo, a fin de volverla a la pública veneración en algún templo ubicado entre el Monte Celio y el Monte Esquilino.

Este sermón llegó a la comunidad redentorista que desde 1855 se había asentado en el Esquilino y que había levantado un templo en honor de San Alfonso María de Ligorio en el terreno donde antes se ubicaba el desaparecido templo de San Mateo. En esa comunidad era miembro el P. Miguel Marchi, que tuvo parte importante para devolver el antiguo esplendor a esta advocación.

Vista de la fachada de la iglesia  de San Alfonso María de Ligorio, Roma (Italia), donde se venera el icono de la Virgen del Perpetuo Socorro.

Vista de la fachada de la iglesia de San Alfonso María de Ligorio, Roma (Italia), donde se venera el icono de la Virgen del Perpetuo Socorro.

La iglesia y convento (de San Mateo) se confió a los agustinos irlandeses y era una casa de formación en la provincia de Roma. Cuando este padre era niño, iba con frecuencia a Santa María in Pasterulana e hizo amistad con el hermano Agustín Orsetti. Escribe el P. Marchi en una noticia bajo juramento, que este hermano le decía: “Sábetelo Miguel, la Madonna de San Mateo es la que está arriba en la capilla: que no se te olvide… ¿Has entendido, mi querido Miguel? ¡Es milagrosa!”. En aquel tiempo el hermano había perdido casi completamente la vista. “Puedo decir de esta venerada imagen de la Madonna de San Mateo, denominada del Perpetuo Socorro, que desde mi niñez hasta mi entrada en la Congregación, siempre la he visto en el altar del convento de los padres agustinos de la provincia de Irlanda (…) sin culto, sin adorno, casi abandonada, sin lámpara alguna que la alumbrara y por lo general, llena de polvo, muchas veces ayudé allí a misa y la contemple con gran atención”.

El hermano Agustín murió a los 86 años en 1853 sin que su deseo de que la Virgen del Perpetuo Socorro se expusiera nuevamente al culto público. En 1855 los padres redentoristas compraron la Villa Caserta a la familia Gaetani, para transformarla en la sede de la casa generalicia en Roma. Sin saberlo habían comprado el terreno que la Virgen había escogido para su santuario. El 3 de mayo de 1859 fue consagrado este templo en honor de San Alfonso. En 1855 se había abierto el noviciado y entre ellos estaba Miguel Marchi, que una vez profeso y ordenado sacerdote, se destinó a esa comunidad.

La noticia del sermón del P. Blosi los sorprendió y más cuando investigando, se dieron cuenta de que en la huerta del convento estuvo la iglesia de San Mateo y conocieron la noticia de la prodigiosa imagen de la Madre de Dios venerada allí. Su inquietud por conocer el paradero del icono se calmó cuando el P. Marchi recordó su infancia y como el hermano Orsetti le refería sobre el cuadro de la Madonna de San Mateo en el oratorio privado, declarando que sabía muy bien donde se hallaba.

El Superior General de los Redentoristas, P. Nicolás Mauron, pidió al Beato Pío IX que autorizara que esta imagen fuera colocada en el templo de San Alfonso. Este Papa, que siempre quería hacer que todo redundara en un mayor honor de María Santísima, autorizó el 11 de diciembre de 1865 que dicha traslación fuera realizada, la cual se llevó a cabo el 19 de enero de 1866. Entonces, según la tradición, el Papa Pío IX dijo al Padre Superior: “Denla a conocer”. Tras las oportunas reparaciones hechas por el pintor polaco, Leopoldo Nowonty, el 26 de abril de 1866 se expuso la imagen en San Alfonso del Esquilino para su pública veneración. Su difusión desde entonces se ha hecho constante e intensa, a ello se debe el trabajo de los padres redentoristas, que la hicieron la imagen mariana de su congregación.

Vista del altar mayor de la iglesia de San Alfonso María de Ligorio, Roma (Italia), donde se encuentra expuesto el icono a veneración.

Vista del altar mayor de la iglesia de San Alfonso María de Ligorio, Roma (Italia), donde se encuentra expuesto el icono a veneración.

En atención a la devoción profesada hasta entonces al venerable icono y como reconocimiento oficial de su recuperación del olvido, el 23 de junio de 1867 fue coronada solemnemente la imagen, sobre poniendo sendas coronas sobre las sienes de Nuestra Señora y de su hijo; quien la coronó era el Decano del Capítulo Vaticano, que ostentaba el título de Patriarca de Constantinopla. Los hermanos orientales han visto en esta coronación un gesto ecuménico.

El 23 de mayo de 1871 la imagen fue trasladada de una capilla lateral a un nuevo retablo en el altar mayor, mismo que fue sustituido en 1966 con ocasión del primer centenario de exposición pública. El 31 de marzo de 1876 se erigió la archicofradía de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y de San Alfonso María de Ligorio.

En 1990, la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro fue retirada del altar mayor para satisfacer la demanda de nuevas fotografías del icono. Fue entonces cuando descubrió su estado de grave deterioro: tanto la madera como la pintura había sufrido seriamente los cambios ambientales y los torpes intentos de restauración. El Gobierno General de los Redentoristas decidió ponerse en contacto con los servicios técnicos del Museo del Vaticano para llevar a cabo una restauración general del icono, que resolvería el problema de la formación de grietas y hongos que amenazaban un daño irreversible.

La primera parte de la restauración consistió en una serie de rayos X, imágenes de infrarrojos, para el análisis cualitativo y cuantitativo de la pintura, y otro de prueba infrarroja y ultravioleta. Los resultados de estos análisis, y sobre todo, un texto con el carbono-14, indicaron que la madera del icono del Perpetuo Socorro, con seguridad puede situarse en los años 1325-1480.

Vista del estado del icono antes de su restauración.

Vista del estado del icono antes de su restauración. Fotografía de 1886.

La segunda fase consistió en la restauración de un trabajo físico para remodelar las zonas afectadas, para fortalecer la estructura que apoya el icono, etc. Esta intervención física se limitó a lo estrictamente necesario, ya que, como lo es para las operaciones quirúrgicas en el cuerpo humano, el trabajo de restauración siempre causa un trauma. El análisis artístico puso la pigmentación de la pintura a una fecha más reciente (después del siglo 17): esto explicaría por qué el icono ofrece una síntesis de elementos orientales y occidentales, sobre todo en el aspecto de las caras. En 1995 se pudo hacer la última restauración del icono, el cual se venera resguardado en una cápsula de cristal en el altar mayor de esa iglesia.

Descripción
La imagen de Nuestra Señora es pues, una Virgen de la Pasión de tipo Hodiguitria-Eleusa. Aparece de medio cuerpo con al actitud de estar de pie, viste túnica roja de mangas largas y ajustadas, su manto es azul y lleva una mantilla (maphorion) del mismo color, con forro de color verde. Los pliegues en los bordes y los adornos son dorados, La mantilla cubre su cabeza y cae sobre hombros y brazos, dejando ver una cofia azul celeste, que oculta los cabellos. La escotadura de la túnica lleva un borde dorado en el que se ha sobrepuesto un broche. En la parte central de la cabeza, sobre la mantilla, hay una estrella de ocho rayos rectilíneos y en el eje vertical del cuadro, hay otra estrella cruciforme, cubierta por otro broche. La aureola que circunda su cabeza tiene el punteado y decoración floral, típica de la escuela cretense. Su cabeza es redonda y bella, ligeramente vuelta la izquierda, recuerda el tipo bizantino. Su mirada es hierática y profunda, no se dirige a Cristo niño, sino a quien la contempla; sus ojos son grandes, con cejas fuertemente marcadas, su nariz es alargada, su boca es pequeña con los labios suavemente cerrados, esto le da a su figura una grandeza sacral.

El Niño Jesús es de facciones infantiles, está sentado en el brazo izquierdo de su Madre y sus manos se sujetan al dedo pulgar de la mano derecha de María, gesto típico de los iconos de la pasión; dirige la mirada no hacia el arcángel, sino a algún punto exterior derecho. Viste túnica verde con ceñidor y manto rojo, el manto y la túnica tienen una profusión de pliegues dorados, calza sandalias de color marrón con cintas doradas, la del pie derecho está suelta. Su mirada es serena a pesar del simbolismo que prefigura su Pasión. La aureola tiene una cruz de contornos rojos y como su madre, también ciñe una corona (la cual ha cubierto la cabeza de la cruz).

Detalle del arcángel Gabriel en el icono de la Panagia de la Pasión.

Detalle del arcángel Gabriel en el icono de la Panagia de la Pasión.

En la parte superior izquierda, una inscripción en rojo MPQY: “Meter Theu”, Madre de Dios. A la derecha del Niño Jesús, la abreviatura ICXC: “Iesos Xristos”, Jesucristo.

Hay dos arcángeles en los ángulos superiores, el de la izquierda es San Miguel con la leyenda OAPM: “O Arkanguelos Mikael”, el arcángel Miguel. Su túnica es roja con su manto azul, lleva un vaso, del que salen una caña con una esponja y una lanza; el de la derecha tiene otra leyenda que dice OAPR: “O Arkanguelos Gabriel”, el arcángel Gabriel. Su túnica es púrpura con sombras blancas; con un manto de color igual cubre sus manos, con las que empuña la Cruz con tres travesaños y cuatro clavos al pie de la misma. Ambas figuras son de medio cuerpo y asisten en actitud de adoración y ofrenda. Las miradas de estos personajes convergen en Cristo. Los instrumentos que presentan no parecen constituir un hecho futuro capaz de infundir terror, sino que presentan los símbolos gloriosos de la Pasión de Cristo, equivalentes a la Cruz gloriosa.

Tanto la Madre como el Hijo portan coronas de oro con piedras preciosas. En épocas posteriores se añadió el collar y la estrella sobre la frente.

El icono mide 51.8 cm. de alto, 40.4 cm. de ancho y su grosor es de 1.2 cm. La madera del cual está hecho parece de nogal, castaño o chopo y esta formado de una sola pieza. Fue restaurada en 1866 y algunas grietas dejan pasar la luz. Al parecer en 1964 fueron recubiertas con estuco. Las grietas contabilizadas son más de 9; en general su estado de conservación en bueno.

La extensión de su culto y la popularización de su devoción han difundido su imagen conforme a los gustos y exigencias populares de cada época y región, perdiendo por este proceso la pintura en su reproducción, las características propias de los iconos: hieratismo sacro y primitivismo religioso humanizado. Al regionalizar la imagen, que se ha reproducido en mosaico, esculturas, grabado y otras técnicas y estilos artísticos, se le hizo perder su estética, psicología y técnica artística. Afortunadamente, con el redescubrimiento de los iconos se ha frenado el daño con esto causado.

Mensaje
Una lectura a la pintura puede darnos una profunda catequesis. Algunas ideas interesantes en ella: el rostro de María es el rostro de la Madre de Dios, un título de señoría y gloria para aquella que es Madre del Verbo Encarnado. La estrella sobre la frente de María, con ocho puntas, representa la gracia de Dios Padre que desciende sobre María, la otra en forma de cruz remite a muchas ideas, pureza, luz, estrella del mar, etc. Los instrumentos de la Pasión nos recuerdan que por medio de la Cruz se va a la gloria de la Resurrección.

Detalle del arcángel Miguel en el icono de la Panagia de la Pasión.

Detalle del arcángel Miguel en el icono de la Panagia de la Pasión.

Las manos grandes son características de las imágenes de tipo Hodiguitria: con su mano izquierda sostiene al que tiene en su mano el universo y que ni el cielo ni la tierra pueden contener; su mano derecha de “Hodiguitria” es la que muestra el camino para llegar a Cristo, nos indica como en Caná: “Haced lo que Él os diga”. Esa mano grande es típica de la Theotokos que intercede ante el Pantocrátor. El color dorado del fondo nos invitan a contemplar a Jesucristo y a su Madre en le plenitud de la redención.

El arcángel Gabriel, presente en el misterio de la Encarnación, al mostrar la Cruz, parece que hace que Cristo, revestido de carne mortal, se atemorice y se refugie fuertemente en su Madre mediante un abrazo, eso podría significar la sandalia caída, el enfrentar el miedo con la responsabilidad. María pues, participa de ese dolor de su Hijo, que también es propio de sus hermanos, lo hace suyo y lo transforma en oración, como se deduce de su rostro y sus manos.

Su fiesta se instituyó el domingo anterior a la fiesta de la Natividad de San Juan Bautista, en recuerdo de su coronación, un 23 de junio de 1867 y en 1913 fue fijada el 27 de junio; en 1916 regresó al domingo anterior al 24 de junio y el 14 de mayo de 1975 se estableció de nuevo el 27 de junio.

Humberto

Bibliografía:
– FERRERO, F., “Santa María del Perpetuo Socorro. Un Icono de la Santa Madre de Dios, Virgen de la Pasión”, PS Editorial Covarrubias 1994.

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