Nuestra Señora de los Remedios de Naucalpan

Nuestra Señora de los Remedios, mejor conocida como "La Gachupina" durante el virreinato y que se venera en su Basílica en Naucalpan, Estado de México.

Nuestra Señora de los Remedios, mejor conocida como “La Gachupina” durante el virreinato y que se venera en su Basílica en Naucalpan, Estado de México.

Esta imagen es sin duda la de más amplia devoción y culto bajo este título de los Remedios en México, su historia y leyenda se encuentran íntimamente ligadas a la de la nación mexicana y a la de la Virgen de Guadalupe, a las cuales en algún tiempo las consideraron imágenes “hermanas” y en otros tiempos devociones “rivales”, por lo que tratare de detallar el desarrollo del culto a María de los Remedios en México.

Todo parece indicar que la imagen de la Virgen de los Remedios venerada actualmente en Naucalpan, Estado de México, vino con un soldado perteneciente al ejército de Hernán Cortés conquistador de México, de nombre Juan Rodríguez de Villafuerte aunque otras versiones le llaman Gonzalo o Rodrigo pero el nombre más aceptado es el de Juan. La imagen según se nos narra pertenecía al hermano de este soldado que también pertenecía al ejército (otras versiones dicen que era religioso de San Agustín) y al saber que su hermano partía al Nuevo Mundo le obsequio la imagen de la Virgen para que le protegiera.

Cuando Cortés llegó a Tenochtitlán hizo derribar los ídolos paganos en el templo mayor y en su lugar mando a poner una cruz de madera y una imagen de la Virgen María que todos coinciden era la misma Virgen de los Remedios y que fue entronizada por el mercedario fray Bartolomé de Olmedo, y que después de estar la ciudad mucho tiempo en sequía al ser entronizada la Virgen cayó una copiosa lluvia, esto haría que posteriormente la Virgen de los Remedios fuera invocada siempre que existían problemas de sequía en la ciudad de México; las mismas crónicas hablan que los indígenas molestos al ver como sus dioses eran destruidos y cambiados por la cruz y la imagen de la Virgen intentaron quitar ambos símbolos del templo mayor pero que ambos se volvieron muy pesados y nadie los pudo levantar, por lo que se le informo al emperador Moctezuma de este hecho el cual lo juzgó como un gran misterio.

"El hallazgo de la Virgen de los Remedios", óleo/tela, anónimo novohispano, siglo XVIII, Pinacoteca de la Profesa de San Felipe Neri, México, D.F.

“El hallazgo de la Virgen de los Remedios”, óleo/tela, anónimo novohispano, siglo XVIII, Pinacoteca de la Profesa de San Felipe Neri, México, D.F.

El 30 de junio de 1520 los aztecas logran una victoria contra el ejército español al mando de Cortés y hacen huir a las huestes hispanas en lo que es conocido como “La Noche Triste” debido a que se dice que ante la impotencia de la derrota después de huir Cortés lloró en un árbol de ahuehuete, durante este trance se dice que Cortés ordeno a Juan Rodríguez de Villafuerte y a sus demás soldados encomendarse a la Virgen de los Remedios para que pudieran sobrevivir al ataque indígena, y el prodigio fue grande pues cuentan que se apareció la misma Virgen de los Remedios junto con el apóstol Santiago montado a caballo que luchaba sin ser herido en contra de los indios para que los españoles pudieran huir y que la Virgen de los Remedios con sus puños le arrojaba tierra a los ojos a los aztecas para que no pudieran seguir a Cortés.

En el fragor de la batalla y el miedo de ser capturados todo indica que Juan Rodríguez oculto la imagen de la Virgen de los Remedios entre unos magueyes del cerro de Otomcalpulco donde se encontraba un antiguo adoratorio para evitar que la imagen fuera profanada por los indios, donde quedó olvidada por muchos años.

Hacia el año de 1540 un cacique indígena recién convertido de nombre Juan de Tovar antiguamente llamado Ce Quautli, por lo que algunos relatores le llaman Juan del Águila pues eso significaba su antiguo nombre, pasando por el cerro de Otomcalpulco yendo rumbo a Tacuba vio que una hermosa señora en la que reconoció a la que hacía algunos años había auxiliado a los españoles le salía al encuentro, la Señora le pidió que buscara su imagen por aquel lugar, pero Juan de Tovar se conformó con contarle lo sucedido a los religiosos franciscanos de Tacuba a los cuales estaba ayudando en el construcción del templo.

Mientras Juan del Águila trabaja en el construcción sufrió un terrible accidente cayendo de un pilar y estando a punto de morir vio aparecerse de nuevo a la Señora del cerro quien le entregaba un cinto con el cual quedó curado y nuevamente le pidió que la buscara en el cerro, Juan no tardó en hacer caso a la petición de su benefactora y encontró debajo de un maguey la imagen de Nuestra Señora de los Remedios intacta, el indio la envolvió en su tilma para que nadie la viera y la llevo a su casa. Pero a pesar de que Juan de Tovar le hacía múltiples ofrendas a la imagen de flores, incienso y comida, la Virgen de los Remedios una y otra vez regresaba por las noches al maguey en el cerro de Otomcalpulco, como Juan de Tovar quería tenerla en su casa para su devoción particular y adorarla al modo de sus antiguas deidades llego al grado de encerrar la imagen en un cofre bajo cerrojo sobre el cual se acostó a dormir durante la noche, pero todo fue inútil a la mañana siguiente la imagen había regresado al maguey en el cerro.

"El hallazgo de la Virgen de los Remedios por el cacique Juan de Tovar", óleo/tela, Miguel Cabrera, siglo XVII.

“El hallazgo de la Virgen de los Remedios por el cacique Juan de Tovar”, óleo/tela, Miguel Cabrera, siglo XVII.

Molesto Juan de Tovar por que la imagen no se quedaba en su casa comenzó a perderle interés y devoción, en una ocasión en que se enfermó gravemente pidió a sus familiares que le llevaran al cerro del Tepeyac a implorarle a la Virgen de Guadalupe por su salud, se dice que al llegar al Santuario la Virgen de Guadalupe le hablo al indio Juan de Tovar y echándose a reír la Madre de Dios le dijo: “¿A qué vienes a mi casa, pues teniéndome en la tuya, me echaste de ella?”. La Virgen morena la recriminó duramente el que se hubiere olvidado de su devoción por su imagen de los Remedios y le dio órdenes precisas de cómo debería ser construida la ermita en honor a la Virgen de los Remedios sobre el cerro de Otomcalpulco, y cuando la ermita fue concluida la imagen de los Remedios fue colocada en el altar hacia 1553. El Santuario en honor a la Virgen de los Remedios se comenzó a construir en 1574 año en el que también fue declarada patrona de la ciudad de México por el ayuntamiento de dicha ciudad.

A la Virgen de los Remedios se le considera como la imagen que hizo surgir las primeras peregrinaciones en México, siendo esta una de indígenas venidos desde Querétaro. Durante el periodo virreinal existió una rivalidad constante entre los devotos de la Virgen de los Remedios y los de la Virgen de Guadalupe pues al ser la primera una imagen traída de España se le daba preponderancia sobre la Guadalupana “aparecida en estas tierras”, al grado que cuando ocurría alguna necesidad primero se hacían oraciones a la Virgen de los Remedios y sólo en dado caso que estas no surtieran efecto es que recurrían a pedirle a la Virgen del Tepeyac.

Del mismo modo también ambas advocaciones de la Madre de Dios pasaron a ser complementarias debido que mientras a la Virgen de los Remedios se le pedía en tiempos de sequía para que lloviera a la Virgen de Guadalupe se le imploraba en las inundaciones para que cesaran las lluvias, además ambas fueron invocadas en muchas ocasiones como abogadas contra los temblores. A Nuestra Señora de los Remedios debido a que fue su imagen encontrada en un maguey se le venera como patrona de quienes cultivan y trabajan el maguey, curiosamente planta de la que se saca la bebida conocida como pulque y que por los otomíes era considerada la “leche de la Virgen de Guadalupe.

La imagen de Nuestra Señora de los Remedios mide 27cm, y de esta forma luce sin sus vestimentas.

La imagen de Nuestra Señora de los Remedios mide 27cm, y de esta forma luce sin sus vestimentas.

Ante tal devoción de los hispanos por la Virgen de los Remedios, esta imagen comenzó a ser llamada un poco despectivamente por los devotos de la Virgen de Guadalupe, como “La Gachupina”, que es un término que se usa en México para referirse a los españoles y que se sigue usando pero ya no con ese significado despectivo sino como un simple sinónimo para referirse a alguien venido de España.

La pugna entre los devotos de los Remedios y la Guadalupana se recrudeció a partir de 1810 cuando el cura Miguel Hidalgo y Costilla iniciador de la lucha de independencia tomó como bandera de la lucha insurgente a la imagen de la Virgen de Guadalupe, del mismo modo los soldados insurgentes llevaban pegados en sus sombreros o pecho estampas de la Virgen de Guadalupe. Ante esto el Virrey de Nueva España Francisco Xavier Venegas decidió hacer traer de su Santuario a la catedral la imagen de la Virgen de los Remedios y nombrarla generala y abogada contra el enemigo insurgente, la Virgen de los Remedios desfilo por toda la ciudad con su bastón de mando y sable de generala dispuesta a la batalla contra la “Guadalupana”, a partir de aquí la Virgen de los Remedios ganó el mote por parte de sus devotos de “La General”, debido a esta tonta pugna de devociones se llegó a extremos tan ridículos que los españoles fusilaron varias imágenes de la Virgen de Guadalupe y los insurgentes hicieron lo mismo con imágenes de la Virgen de los Remedios. Con todo esto sólo dejaban ver que en el número de habitantes novohispanos existían una falta de evangelización para comprender como en la misma leyenda de los Remedios quedó claro que tanto Remedios como Guadalupe son imágenes de la misma Madre de Dios y nuestra.

En la ciudad de México capital del virreinato se llegó al extremo para descubrir a los “insurgentes” que en la catedral de México se puso primero la imagen de los Remedios y luego la de la Virgen de Guadalupe, si alguien pasaba junto a la Virgen de los Remedios sin hacerle reverencia y se la hacía a la Virgen de Guadalupe eso era causa de ser acusado de sedicioso y contrario a España, ser encarcelado y muchas veces fusilado.

Al término de la insurgencia y ser México independiente, hacia 1824 se decide hacer una restructuración en el mapa de la ciudad de México y los congresistas deciden a modo de “castigo” dejar fuera de la circunscripción de la capital mexicana a la localidad de Naucalpan donde se encuentra el Santuario de los Remedios, era una forma de exiliar a la Virgen considerada realista y contraria a la independencia, del “territorio” de la independentista Virgen de Guadalupe.

Óleo de hechura popular que representa a la Virgen de los Remedios, óleo/lámina, anónimo mexicano, siglo XIX.

Óleo de hechura popular que representa a la Virgen de los Remedios, óleo/lámina, anónimo mexicano, siglo XIX.

A pesar de todo esto durante el siglo XIX la Virgen de los Remedios continuo teniendo una devoción tan fuerte como la de la misma Virgen del Tepeyac, es sabido que la imagen de los Remedios llegó a tener una gran colección de joyería en oro y piedras preciosas que posteriormente se usaron para fundirlas y hacer con ellas una luna y peana para la imagen. Además que la imagen de los Remedios solía visitar constantemente los templos y conventos de la ciudad de México visitando a sus fieles devotos, este reconocimiento devocional hacia los Remedios llegó al grado que hacia 1857 cuando el presidente Benito Juárez mediante las leyes de Reforma decide expropiar los bienes de la Iglesia y hacer a esta pagar impuestos y contabilizar todas las pertenencias en sus templos, solo se excluyeron de tales leyes a dos Santuarios, el de la Virgen de Guadalupe y el de Nuestra Señora de los Remedios.

En 1974 S.S. Paulo VI concedió la coronación pontificia a Nuestra Señora de los Remedios la cual llevó a cabo el Obispo fray Felipe de Jesús Cueto. La festividad en honor a la Virgen de los Remedios se celebra el 1 de septiembre aunque las peregrinaciones comienzan desde mediados de agosto y terminan a mediados del mes siguiente.

Actualmente el culto a la Virgen de los Remedios es reconocido en todo el país ya que en casi todo el territorio existen templos dedicados a esta advocación y como mencione al principio siendo la más famosa de las Vírgenes con el título de los Remedios en México, muy a pesar de esto hoy en día el culto a esta imagen no se compara ni en lo más mínimo al que tiene la Virgen de Guadalupe.

Algunos investigadores dicen que la leyenda de la Virgen de Guadalupe y su aparición a San Juan Diego está basada en la del hallazgo de la Virgen de los Remedios y que la intervención de la Guadalupana en la leyenda de los Remedios es un añadido posterior, no sé hasta qué grado esto sea cierto, pero si pienso que esto parece más un intento por querer nuevamente subordinar a la Virgen de Guadalupe a una advocación española, como se ha intentado hacer con la Virgen de Guadalupe de Extremadura.

André Efrén

Bibliografía:
– ALBERRO, Solange, “El águila y la cruz”, México, Fondo de Cultura Económica, primera edición, 1999.
– CUADRIELLO, Jaime, et. alt. , “Zodiaco Mariano”, México, Museo de la Basílica de Guadalupe, s/e, 2004.
– FREYRE, Gabriel, “La Compañía de María”, Tomo II, México, Apolo, s/e, 2012.
– GARZA DE CHAPA, Rebeca, “María en México”, México, San Pablo, segunda edición, 2006.
– GRUZINSKI, Serge, “La guerra de las imágenes de Cristóbal Colón a “Blade Runner” (1492-2019)”, México, CONACULTA, primera reimpresión, 2012.
– QUIROZ MALCA, Haydée, “Fiestas, peregrinaciones y santuarios en México”, México, CONACULTA, primera reimpresión, 2012.
– TALAVERA SOLÓRZANO, Leticia y MONTERROSA PRADO, Mariano, “Las devociones cristianas en México”, México, CONACULTA, primera edición, 2002.

Enlace consultado (28/08/2014):

http://basilicadelosremedios.com/historia.html

Nuestra Señora de Juquila

Fotografía de la imagen.

Fotografía de la imagen.

En la población de Santa Catarina Juquila, en el estado mexicano de Oaxaca, existe una gran devoción a una pequeña imagen de la Inmaculada Concepción la cual ha ido ganando fama en todo el país desde hace algunos años. El caso de la Inmaculada Concepción, mejor conocida por sus devotos como Nuestra Señora de Juquila o “la Juquilita”, es uno más de pequeñas imágenes de no más de treinta centímetros que eran usadas por los religiosos para evangelizar, como sucedió en el caso de la imagen de la Virgen de Zapopan y otras celebres imágenes marianas.

El nombre de Juquila significa “lugar de legumbre hermosa” y se encuentra ubicado al sureste del estado de Oaxaca. Esta región fue evangelizada por los religiosos dominicos y es fray Jordán de Santa Catarina quien se encargó especialmente de esta tarea y quien traía consigo la imagen de la Inmaculada Concepción. Se dice que fray Jordán era acompañado en sus correrías por un indígena perteneciente al poblado de Amialtepec; este indígena mostró siempre una gran devoción por la pequeña imagen de María Santísima que llevaba consigo el religioso y entonces, al ser enviado fray Jordán a evangelizar otra región y no poder seguir llevando consigo al indígena, que de tanta ayuda le había servido, decidió obsequiarle la imagen de la Inmaculada, a la que tan fervor de dedicaba. El indígena, muy feliz por el obsequio del religioso, decidió regresar a su natal Amialtepec y, ya aquí, instaló la imagen en un pequeño altar en su casa, pero la imagen comenzó a concederle diversos favores a su dueño y sus vecinos, lo que logró que fuera cobrando cierta fama entre los habitantes y los pueblos vecinos.

Debido a la misma fama que fue cobrando la imagen, hacia 1633 el párroco de Juquila, Jacinto Escudero, decidió que sería mejor llevar la imagen a la parroquia para que estuviera en un lugar de más fácil acceso y de mejores condiciones, pero los pobladores de Amialtepec se negaron a entregar la preciada imagen y prometieron al religioso erigirle un mejor lugar para resguardarla. En aquella región los pobladores tenían la costumbre de quemar los campos para lograr mejores cosechas, pero en esa ocasión el incendio se salió de las manos de los pobladores, no logrando detenerlo e incendiando gran parte del pueblo y con ellos la pequeña ermita en honor a la Inmaculada Concepción; una vez apagado el fuego, los pobladores se acercaron a las cenizas de la ermita para tratar de rescatar algo que hubiera quedado, y su sorpresa fue grande al ver que incólume permanecía la imagen de la Inmaculada Concepción, únicamente un poco ennegrecida por el humo.

Antihua fotografía de la imagen.

Antihua fotografía de la imagen.

Debido al portento, la cantidad de fieles que llegaban a visitar a la imagen hicieron que el padre Escudero decidiera definitivamente trasladar la imagen a la parroquia del pueblo de Juquila, al ser trasladada se le coloca en el altar de San Nicolás, pero a la mañana siguiente no se encuentra la imagen en aquel sitio, sino que la Inmaculada había regresado al pueblo de Amialtepec [1]. Creyendo el sacerdote que habían sido los habitantes quienes la habían robado, decide llevarse de nuevo la imagen y cerrar con candados, pero a pesar de esto la situación se vuelve a repetir. Debido a que el padre Escudero es cambiado de parroquia, dejó que la imagen permaneciera en Amialtepec. El nuevo párroco será el padre Manuel Cayetano Casaus de Acuña, quien pedirá el apoyo al obispo para realizar el traslado de la imagen. Fray Ángel Maldonado, quien en aquella época era el obispo, dio un decreto el 30 de junio de 1719 con el cual se ordenaba que la imagen fuera trasladada, a pesar de esto la imagen nuevamente volvió a repetir el prodigio de volver a Amialtepec. Ante el persistente portento, el sacerdote decidió intentar una vez más el traslado, pero en esta ocasión se hizo en una solemne procesión a la que asistieron descalzos el mismo sacerdote y los gobernantes de ambos pueblos. Ante estas penitencias la imagen ya no volvió más a Amialtepec y se quedó en Juquila, donde se la venera hasta la actualidad. Hacia 1784 se decidió construir un Santuario más grande para albergar la imagen y que pudiera contener la gran cantidad de peregrinos que llegaban continuamente a visitar a la Virgen de Juquila. Este mismo Santuario se concluyó en 1791.

Entre los milagros que se cuentan de esta imagen hay uno bastante curioso, pues se dice que una peregrina, al llegar al Santuario y ver el pequeño tamaño de la imagen, dijo con bastante desdén que no había valido la pena recorrer tanto camino para venerar una imagen tan pequeña. A pesar de esto, encendió una vela y depositó una moneda como limosna, pero su sorpresa fue grande cuando, al regresar a su casa, encontró la misma vela y el mismo peso que había depositado en el Santuario sobre la mesa de su casa.

Nuestra Señora de Juquila es considerada y venerada como patrona de los transportistas y viajeros, al igual que el Beato Sebastián de Aparicio, y es gracias a los transportistas que el culto a la Virgen de Juquila se ha dado a conocer y llegado a rincones del país donde nunca antes se había escuchado sobre esta imagen. Desde hace algunos años su devoción ha ido aumentando y es común ver en las carreteras del centro del país pequeñas capillas dedicadas a la Virgen de Juquila, donde viajeros y transportistas pueden encomendarse a la que consideran su patrona.

Personalmente he sabido de los milagros de esta Virgen a los transportistas: conocí a una persona dedicada a este oficio que viajaba por todo el país transportando diversas mercancías y que tuvo un terrible accidente, en el que se incendió la unidad que conducía y él mismo resultó gravemente quemado en todo el cuerpo y su ropa se hizo cenizas, pero él mismo decía haberse salvado por milagro de la Virgen Juquila; ya que, a pesar de que toda su ropa fue consumida, por las llamas no así el escapulario con la imagen de la Virgen de Juquila que llevaba en el cuello.

Santuario de la Virgen de Juquila, Oaxaca, México.

Santuario de la Virgen de Juquila, Oaxaca, México.

La fiesta principal el honor de Nuestra Señora de Juquila se celebra el día 8 de diciembre. El pasado mes de abril, S.S. Francisco autorizó la coronación pontificia de la imagen de la Inmaculada Concepción de Juquila, la cual se llevará a cabo por manos del nuncio apostólico en México, Mons. Christophe Pierre, el próximo día 8 de octubre de 2014, para beneplácito de todo el pueblo católico mexicano.

André Efrén

Bibliografía:
– FREYRE, Gabriel, “La Compañía de María: iconografía célebre de México”, Tomo II, México, Apolo, primera edición, 2012.
– GARZA CHAPA, Rebeca, “María en México”, México, San Pablo, segunda edición, 2006.
– SCHNEIDES, Luis Mario, “Cristos, Santos y Vírgenes”, México, Planeta, primera edición, 1995.


[1] Este milagro es uno de los más comunes entre las leyendas de imágenes milagrosas, ya sea de imágenes de la Virgen o de Cristo, se cuentan por muchas las imágenes de las que se dice este mismo milagro, símbolo quizá para que los habitantes pensaran que eran los privilegiados y elegidos por la divinidad para resguardar aquella imagen tenida por milagrosa.

La Guadalupana y las Jerónimas de Puebla

Patrocinio de Nuestra Señora de Guadalupe y sobre la Orden de San Jerónimo y  el Convento de Jerónimas de Puebla, José Joaquín Magón, Museo Regional INAH, Cdad. de Puebla, México.

Patrocinio de Nuestra Señora de Guadalupe y sobre la Orden de San Jerónimo y el Convento de Jerónimas de Puebla, José Joaquín Magón, Museo Regional INAH, Cdad. de Puebla, México.

La devoción que suscita la patrona de la nación mexicana hacia su “Morenita del Tepeyac”, ha sido tan arraigada aun desde tiempos virreinales, sobre todo en la vida conventual femenina. La Ciudad de México y Puebla contaron, durante el periodo colonial, con más espacios para mujeres consagradas a Dios que en el resto de las ciudades en la Nueva España. En la Angelópolis aún quedan vestigios de estos espacios y se puede adivinar la vida dentro de sus muros. La Virgen de Guadalupe contó con gran fervor entre los recintos monacales poblanos, pues ya en el primer convento que tuvo la ciudad, que era el de dominicas de Sta. Catalina de Siena, la fiesta de la Guadalupana era celebrada por sus criadas. En la de las Concepcionistas fue nombrada segunda patrona del Convento. También existen pinturas y exvotos que muestra la aceptación por parte de las monjas de la ciudad hacia la Santa Señora del Tepeyac, como muestra el Museo de Arte Religioso del Ex convento de Santa Mónica.

El Convento de San Jerónimo y la Pintura Taumaturga
La Orden femenina de San Jerónimo se estableció en México a finales del siglo XVI, gracias a que unas monjas concepcionistas en la Ciudad de México en 1585, fundan la primera casa de la orden, donde vivió la gran poetisa Sor Juana Inés de la Cruz, y después el de San Lorenzo. Esta nueva orden de monjas contaba con ciertas prerrogativas, como poder hacer otras fundaciones en otras partes del país. El Convento de San Jerónimo de Puebla era uno de los más conocidos e importante, su nombre siempre estuvo ligado al colegio para mujeres o niñas vírgenes llamado de “Jesús María” que estaba dedicado a las más distinguidas y nobles de la ciudad, pues una condición primordial era que las alumnas probaran ser hijas de nobles caballeros.

Templo del Exconvento de San Jerónimo con su Colegio anexo de Jesús María, Cdad. de Puebla,  México.

Templo del Exconvento de San Jerónimo con su Colegio anexo de Jesús María, Cdad. de Puebla, México.

Primeramente se funda el Colegio, pues en 1586 el Cura Dn. Hernando Jerónimo de Santander compró unas casas, que más tarde donó al Ayuntamiento de la ciudad, para que se estableciera un colegio llevando el nombre de San Cristóbal. En 1597 una bula de la Santa Sede da el permiso para erigir un colegio de Niñas Vírgenes, uno de los patronos del Colegio el Capitán Juan García Barranco, solicitaba con mayor empeño que entrasen en el Colegio de Jesús María, las hijas de caballeros y personas más ilustres de la ciudad, y viendo que algunas se inclinaban al estado religioso gestionó la fundación del Convento en 1593, pero establecido formalmente el 15 de junio de 1600, resultado de un acuerdo entre el Obispo de Puebla Dn. Diego Romano y el Chantre de la Catedral de México Dn. Juan de Cervantes quien fungía como gobernador eclesiástico por sede vacante.

Para la casa de Puebla se escogieron 4 religiosas del convento San Lorenzo de la Ciudad de México, que fueron: Sor María de San Pablo como superiora, Sor Beatriz de la Magdalena, Sor Francisca de San Lorenzo y sor Juana de San Francisco. Por una cuestión no muy bien aclarada, parece que usaron un privilegio del Papa Clemente VII para cambiar los colores del hábito, el cual se diseñó con túnica blanca o crema, escapulario y manto rojo escarlata, en lugar del cíngulo de cuero, uno tejido de lino. Estando ya establecidas las jerónimas en su convento y colegio anexo, se pensó la construcción de su templo, iniciando en 1629 y terminándose en 1635. Grande debió ser la estima de los habitantes de Puebla hacia las religiosas, que tuvieron mucho benefactores, el más insigne seria el doctor José Carmona y Tamariz, quien, entre otras cosas, les regaló el Molino de Agua Azul, hoy un famoso balneario de la urbe. El Colegio de Jesús María estaba en la misma manzana que el convento, con entrada por la calle que lleva su nombre, aunque las monjas y colegialas estaban separabas pero compartían el templo a través de los coros, las colegialas estaban bajo la guía y dirección de una de las religiosas, siendo dichos institutos femeninos de los más prestigiosos en la ciudad.

Milagrosa imagen de la Guadalupana, Capilla de la Casa Central de la Hnas. Jerónimas, Cdad. de Puebla, (México).

Milagrosa imagen de la Guadalupana, Capilla de la Casa Central de la Hnas. Jerónimas, Cdad. de Puebla, (México).

Cuentan los relatos de las religiosas que una joven pareja, próxima a casarse, obtuvieron una pintura de la Guadalupana y que el contrayente llevó la obra al Santuario del Tepeyac en la Ciudad de México, para ser tocada con la original. Cerrado el templo donde se reguardaba el ayate original, la imagen fue tocada con la copia, pero cuenta que la imagen del sagrado original se borró para plasmarse en la copia, hecho que se tomó como milagroso, y con el temor que los indígenas y devotos, al otro día, no encontraran la bendita imagen, pidieron a la Santa Señora que regresara a su sitio, cosa que sucedió a fuerza de lágrimas y ruegos insistentes. La copia fue regalo de bodas a la novia, es de deducir que la imagen estuvo en el altar doméstico de una casa poblana. Este matrimonio tuvo muchos hijos, y dos hijas decidieron entrar en religión, inclinándose por el ya prestigioso Convento de San Jerónimo. Como regalo de los padre hacia sus hijas, les dieron la pintura de la Guadalupana, la cual consideraban su mayor tesoro, seguros que estaría mejor resguardado tras eso muros monjiles. Dicha imagen fue colocada en uno de los pasillos del claustro, hasta quedar relegada en el olvido sin culto y donde las condiciones climatológicas pudieran dañarla irremediablemente, pero que curiosamente, a pesar del descuido, siempre se mantenía como si fuera recién pintada.

La Virgen de Guadalupe, protectora del convento
El médico Pedro de Horta, escribe el “Informe Medico Moral de la penosísima y rigurosa enfermedad de la epilepsia“, en 1765 publicado en Madrid. En esta obra destaca la epilepsia como una enfermedad común en la ciudad de Puebla, el caso que originó tal obra fue el ocurrido en el Convento de San Jerónimo de la ciudad ocurrido en 1754, en el cual 77 religiosas manifestaron signos de epilepsia, cesando este “brote”, con la procesión con imagen de la Guadalupana que estaba en el Claustro, dentro del recinto monacal y jurándola como patrona. Como exvoto las monjas jerónimas mandaron hacer una pintura, atribuible a José Joaquín Magón y hoy se encuentra en el Museo Regional del INAH. En dicho cuadro se observa a la Santísima Trinidad rodeando a la Guadalupana, la cual es sostenida a modo de atlante por San Jerónimo patrono titular de la Orden. Bajo el manto de la Virgen se acogen en actitud devota a las monjas jerónimas y la figura del obispo de Puebla Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu, quien probablemente patrocinó la obra, pues incluso el mencionado prelado, aprobó la idea de que las religiosas proclamaran a la Virgen Guadalupana como patrona ante tan difícil circunstancia. A los lados de la Virgen y sosteniendo su manto se observa a Sta. Teresa de Jesús y a Santa Paula. La presencia de ambas santas en la pintura muestra el fervor de las religiosas para implorar la ayuda de los santos y su relación con su actividad monástica: Paula era seguidora de San Jerónimo y e inspirada por él, funda una comunidad de mujeres, es por ello que las jerónimas consideraran a esta mujer su Madre Espiritual y patrona de la rama femenina de la Orden; y Sta. Teresa a cuya intercesión acudió la superiora del convento Sor Alejandra Beatriz de los Dolores, para el delicado asunto del rompimiento de la Clausura por los médicos. La misma Sor Alejandra pidió consulta de la clausura con el vicario de religiosas don Gaspar Antonio Méndez de Cisneros, cuya respuesta favorable y la religiosa consideró que se debía a la ayuda de la santa doctora.

Milagrosa Imagen de la Guadalupana, Capilla de la Casa Central de la Hnas. Jerónimas, Cdad. de Puebla, México.

Milagrosa Imagen de la Guadalupana, Capilla de la Casa Central de la Hnas. Jerónimas, Cdad. de Puebla, México.

La imagen se convirtió en el baluarte espiritual del convento sucintándose gran veneración de los fieles que regalaban joyas para adornar la bendita imagen. Para agradecer tal prodigio que Dios había derramado a través de su Madre, las monjas renovarían cada año la Jura del Patronato de la Virgen sobre el Convento el 18 de julio, evento que aun sus sucesoras conservan llevando una copia de la dicha imagen en procesión por todo el recinto como se hizo en 1754.

Tras los avatares de la Guerra de Independencia, después de la aplicación de las Leyes de Reforma y la posterior Guerra Cristera en los que se afectó a los Conventos del país, las monjas Jerónimas de Puebla fueron expulsadas de su casa, pues tres veces compraron el convento gracias a familias amigas de las religiosas y con la venta de las joyas de la Virgen.

El Convento de las Jerónimas de Puebla, tras el periodo de paz después del conflicto religioso cristero, fuertemente influidas en 1940 por las enseñanzas y exhortaciones de la Constitución Apostólica “Sponsa Christi” de S. S. Pio XII, y guiadas por la prudencia y sabiduría del Vicario para religiosas, Monseñor Luis Maldonado Cortés, transformar el convento de clausura en un Instituto de Vida Apostólica. La Santa Sede otorga la transformación en Congregación de Derecho Pontificio el 7 de febrero de 1957. Siendo considerado el mencionado Padre Maldonado fundador en esta nueva etapa de las religiosas. Así como sus antecesoras, las Jerónimas de Puebla tomaron como patrona del su Instituto Religioso a la Taumaturga imagen de la Guadalupana, conservándose actualmente en la Capilla de la Casa Central de la Jerónimas de Puebla del Antiguo Convento de San Jerónimo.

En el Capitulo General de 2012 celebrado en la Casa General de la Congregación de la que salió como Superiora General, la Reverenda Madre Juana Pinto Vargas se decidió restaurar la imagen de la Patrona, previa consulta en capitulo a su Consejo y las religiosas de la comunidad central, descubriéndose tras una capa de pintura motivos florales que adornan la figura de la Guadalupana. El Instituto de Jerónimas de Puebla con más de 400 años de Historia es una prueba del amor a María, y que Ella no ha defraudado su confianza, antes bien pone en claro lo relatado en el Nican Mopohua: “¿No estoy aquí que soy tu Madre? …”

Tacho de Santa María

Bibliografía
– DE LEICHT, Hugo, Las Calles de Puebla. Secretaria de Cultura/ Gobierno del Estado de Puebla y H. Ayuntamiento de Puebla, 1999.
– MERLO JUÁREZ, Eduardo y QUINTANA FERNÁNDEZ, José Antonio, Las Iglesias de la Puebla de los Ángeles, Tomo II, Secretaria de Cultura/ Gobierno del Estado de Puebla, Universidad Popular Autónoma de Puebla. Octubre de 2001

– ANDRADE CAMPOS, Alejandro, Tesis “El Pincel de Elías: José Joaquín Magón y la Orden de Nuestra Señora del Carmen; Puebla mediados del siglo XVIII”. Puebla, Pue. Noviembre de 2013.

Enlace consultado:
– http://sendajeronima.jimdo.com/

Vírgenes de Cunduacán y Tacotalpa

Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán. Fotografía del grupo de Monaguillos de la Parroquia de la Natividad de María.

Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán. Fotografía del grupo de Monaguillos de la Parroquia de la Natividad de María.

Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán y la Asunción de Tacotalpa
En el sureste de México, en el estado de Tabasco, en dos poblaciones se veneran dos imágenes de María Santísima, una en el misterio de su Natividad y la otra en el de su Asunción, ambas imágenes entrelazadas por la leyenda que las une en un portento, el cual marcó el inicio de su culto en aquellas poblaciones y que dura hasta el día de hoy.

La leyenda nos dice que los poblados de Tacotalpa y Cunduacán mandaron a hacer a Guatemala dos imágenes de María, una de la Natividad para Tacotalpa, y la Asunción para Cunduacán, que eran sus respectivas patronas. Ambas imágenes fueron traídas a lomos de dos mulas desde Guatemala y llegaron a Tacotalpa el día 15 de agosto por la mañana, los pobladores se acercaron a recibir la imagen de su patrona, la Virgen de la Natividad, pero al tratar de destapar la caja que traía consigo la imagen, la mula no se dejó tocar, por más intentos que hicieron los pobladores, fue imposible quitarle su preciada carga al animal, cuando alguien se le acercaba, los golpeaba con sus patas traseras. Trataron de obligar a la mula, golpeándola y pinchándola con palos, pero nada servía, mientras, la mula se veía con los dientes al aire como riéndose de quienes intentaban descargarla. La otra mula se había echado pacíficamente sobre el pasto, mientras los pobladores se llevaron todo el día en sus intentos fallidos por descargar a su compañera.

Los pobladores convinieron de llamar al alcalde que era un hombre mayor, de gran sabiduría y fe, para que diera una resolución, pero como se encontraba muy enfermo, fue llevado hasta el lugar cargado en una silla. Al llegar, examinó el caso y quitó las dudas de los habitantes, que pensaban que eso era cosa del demonio, y les dijo que era una señal divina de que la Virgen de la Natividad quería ser venerada en Cunduacán y que la Asunción deseaba amparar a Tacotalpa, por lo tanto, fue descargada la mula que llevaba a la Virgen de Asunción con mucha facilidad, y esta imagen fue puesta en el altar principal del templo, y lo mismo se hizo en Cunduacán con la imagen de la Virgen de la Natividad.

Procesión de Nuestra Señora de la Asunción de Tacotalpa.

Procesión de Nuestra Señora de la Asunción de Tacotalpa.

Pero las leyendas alrededor de Nuestra Señora de la Natividad no terminan ahí. Se refiere en un novenario de principios del siglo XX que una antigua tradición narra que el 3 de mayo de 1693, debido a una terrible sequía que asolaba la región, el sacerdote y los fieles de Cunduacán acordaron sacar en procesión a la Virgen de la Natividad para pedirle que lloviera, y al pasar la imagen frente a una cruz de madera que se encontraba en el cementerio del templo, la cruz se inclinó dos veces, hasta tocar el suelo, en forma de reverencia ante Nuestra Señora. Debido a este milagro que todos constataron, el sacerdote decidió desenterrar la cruz y llevarla bajo palio en la procesión, detrás de la imagen de la Natividad, hasta ser colocada junto al altar mayor de la Iglesia. Posteriormente, el párroco del templo de la Natividad dio cuenta de lo sucedido al Papa y, después de ser autenticado el milagro, se decidió que la cruz fuera llevada a Roma y, ya en ese lugar, se dividió en tres partes con las que se formaron tres cruces: una se quedó en Roma, la otra fue enviada a España y la tercera se envió de vuelta al templo de la Natividad en Cunduacán, donde fue colocada a los pies de la imagen de María. Refiere esta novena que la bula por la cual se daba autenticidad a este milagro fue firmada en 1720, donde el Papa concedía indulgencias a quienes rezaran ante la Virgen de la Natividad, hicieran una peregrinación a su templo o rezaren su novena. Lo curioso del caso es que actualmente no se conserva ni la dicha bula ni la cruz que menciona este relato, muy posiblemente, de haber existido ambas cosas, se hayan perdido durante la persecución religiosa en Tabasco, que como es bien sabido, acostumbraban a quemar cuantos símbolos religiosos y documentos en los templos hubiera.

Ésta es una de las versiones de la novena, posiblemente la más fiable por estar en un documento antiguo que lo narra, pero también los fieles de Cunduacán narran oralmente otra versión de ésta, donde dicen que no fue una cruz la se que inclinó ante la imagen de María, sino que al ir en procesión, dos árboles de naranja con sus ramas estorbaban al paso de la imagen y que, al acercarse la procesión, estas ramas se inclinaron en reverencia dejando pasar a la Virgen, por lo cual ante el milagro se decidió cortar dichas ramas y hacer con ellas tres cruces, siendo enviada una a Roma, otra a España y la última resguardándose en ese mismo templo. Desgraciadamente tampoco se sabe si las dichas cruces enviadas a España y Roma aún existen.

Altar mayor del templo de Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán. Fotografía del grupo de Monaguillos de la Parroquia de la Natividad de María.

Altar mayor del templo de Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán. Fotografía del grupo de Monaguillos de la Parroquia de la Natividad de María.

Salves a la Virgen de la Natividad (fragmento)
Dios te salve, virgen pura,
Emperatriz celestial;
Amparo de pecadores
Patrona de Cunduacán.

Eres, Reina, la más linda
En vuestra Natividad
La más hermosa doncella
De la progenie de Adán.

Tu natividad gloriosa
Que hoy celebra Cunduacán
Así humilló a Satán
La cabeza presuntuosa,
Que tú huella majestuosa
En bien de la humanidad

Tanto esplendor y grandeza
Estos méritos te dan
Patrona de Cunduacán
Que eres celestial Princesa,
A cuya voz la ira cesa
De la excelsa majestad.

Tronos y dominaciones
Celebran tu nacimiento
Con respetuoso contento;
Que en las eternas regiones,
Causa gratas emociones
Tu grande festividad.

De tanta veneración
Una muerte dio la Cruz,
En donde tu hijo Jesús
Consumó la redención,
Como vio la población
Que exigía tu bondad.

Dos veces reverenciada
Fuiste Señora por ella
En tu imagen linda y bella
Que en el pueblo es venerada
Cuando en procesión llevada
Era con solemnidad.

André Efrén

Bibliografía:
– ORDÓÑEZ CAPETILLO, André Efrén, “Novena en piadosa prevención al festivo nacimiento de la sagrada aurora María Santísima en su advocación de Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán, Tabasco” (reedición), México, inédito, 2010.
– SANTA-ANNA, Justo Cecilio, “Tradiciones y leyendas tabasqueñas”, México, primera edición, Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, 2001.

Virgen de la Asunción de Tetiz, “la pobre de Loreto”

Imagen de Nuestra Señora de Tetiz, conocida como "la peregrina de Loreto".

Imagen de Nuestra Señora de Tetiz, conocida como “la peregrina de Loreto”.

En el estado de Yucatán, México, en la población de Tetiz, nombre que significa “lugar del chorro”, se venera una imagen de la Virgen bajo la advocación de la Asunción, la cual es nombrada cariñosamente como “La pobre o la peregrina de Loreto o “La pobre de Dios”, esto basado en la antigua leyenda que de ella se cuenta y que narra el obispo Crescencio Carillo y Ancona en su Historia del obispado de Yucatán.

Se relata que hacia el año de 1730, en el Convento de Franciscanos Recoletos de la ciudad de Sevilla, España, que se ubicaba en un lugar conocido como de “Nuestra Señora de Loreto” un día sábado durante el tiempo de Adviento, al padre guardián, de nombre fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejeda Díez de Velasco, conocido por su caridad, se le presentó una pobre peregrina pidiéndole caridad para reconstruir su hogar, el cual se encontraba en estado ruinoso según esta le relató, le dijo que vivía con su hijo a la intemperie y que padecía con él hambre, sed y desnudez. Fray Francisco hubiera querido ayudarla, pero ese día ya había repartido todas las ayudas que le habían dado, y mientras el religioso pensaba en cómo poder ayudar a la pobre mujer, ésta le dijo: “Padre mío, hoy sólo quiero de vos una limosna cualquiera, con la promesa de socorrerme después más largamente, o como podáis, porque yo os aseguro que otra vez hemos de volver a vernos. Yo os aseguro que contemplaréis con vuestros propios ojos el estado lamentable de mi humilde choza, y que entonces sabréis toda mi historia, y haréis por mí todo cuanto os inspira la santa caridad que en vuestro pecho arde. Estad persuadido de que yo quedo muy satisfecha y muy agradecida de vos, por cualquiera cosa que ahora me diereis, porque tomo además como hecho para mí, todo cuanto diariamente sé que practicáis a beneficio de todos los pobres”. Al momento el religioso fue a su celda y le dio a la mujer la única moneda que tenía, un peso fuerte de cuño español.

Cuatro años después de aquel suceso, fray Francisco de San Buenaventura fue nombrado obispo de Tricali y auxiliar de Cuba y la Florida. Hacia 1746 fray Francisco es nombrado nuevamente ahora para ser obispo de Yucatán en la Nueva España, diócesis de la que tomó posesión el 15 de junio de 1746.

Imagen de la Virgen de Tetiz  vestida con el traje tradicional el día de la vaquería en su honor. Fotografía cortesía del Antrop.  David Barthes Derrida .

Imagen de la Virgen de Tetiz vestida con el traje tradicional el día de la vaquería en su honor. Fotografía cortesía del Antrop. David Barthes Derrida .

Las primeras acciones que realizó como obispo de Yucatán fue comenzar la visita pastoral por toda su diócesis y, cuando se encontraba en la villa de Hunucmá, quiso ir a visitar la aldea de Tetiz, en donde supo que no había iglesia sino tan sólo una pequeña choza de paja en muy mal estado. Y por cosa curiosa, llegó a Tetiz en un sábado de Adviento y, al entrar a la pequeña choza que fungía como templo, quedó sorprendido al contemplar la imagen de la Virgen que estaba vestida con telas ya muy deterioradas, y sin dudar se percató que el rostro era el mismo de la pobre peregrina que hacía 14 años le había pedido una limosna en el convento de Sevilla. Al acercarse el ilustrísimo obispo a querer besar la imagen, vio con asombro que, engarzado con otros ex-votos de plata y oro que colgaban del vestido de la Virgen se encontraba aquel peso fuerte de cuño español que le entregara a la pobre peregrina en aquella ocasión. Este palpable milagro logró que el obispo se volviera fiel devoto de la Virgen de Tetiz, por lo que hizo que le fuera construido un Santuario para venerarla, al que acudía los viernes caminando desde el vecino pueblo de Hunucmá, mientras rezaba el Vía Crucis. Posteriormente, fray Francisco de San Buenaventura es nombrado obispo de Guadalajara, México, pero para cuando esto sucedió, ya había logrado extender la devoción a la Virgen de Tetiz entre los fieles de Yucatán.

Las festividades en honor a la Asunción de Tetiz se realizan del 1 al 18 de agosto de cada año. El día 1 de agosto inician las peregrinaciones de gremios en honor a la “Pobre de Dios”, cada día a las once de la mañana se realiza una misa para los gremios de señoras y señoritas que acuden a visitar a la Virgen y, al entrar a la iglesia, sus estandartes y pabellones son bendecidos por el sacerdote. Al retirarse los gremios son acompañados con música de charanga o mariachis. Desde el día 1 de agosto la imagen de Nuestra Señora de Tetiz es sacada en procesión cada noche para visitar algún lugar de la ciudad, donde se le celebra una misa y, al regresar a su templo, se reza el rosario.

Uno de los eventos de mayor importancia en la fiesta de la Virgen de Tetiz y en las festividades religiosas en todo Yucatán es la vaquería, la cual consiste en la realización de danzas tradicionales al son de la orquesta, mientras hombres y mujeres visten el traje tradicional yucateco. Esa única noche en que se realiza la vaquería la imagen de la Virgen es ataviada con el traje regional femenino. La vaquería inicia a las once de la noche y dura hasta las cuatro de la mañana.

Procesión en honor a Nuestra Señora de Tetiz durante sus festividades de agosto.

Procesión en honor a Nuestra Señora de Tetiz durante sus festividades de agosto.

En la víspera de la fiesta de la “Peregrina de Loreto”, numerosos grupos de mariachis acuden al templo de la Virgen a entonar serenatas durante la noche para festejar a la patrona del lugar.

André Efrén

Bibliografía:
– LÓPEZ MÉNDEZ, Roberto, “Leyendas de Vírgenes y Santos de Yucatán”, México, editorial Área Maya, s/e, s/a.
– RANSOM CARTY, Maureen (coord.), “Fiestas patronales y gastronomía de la cultura maya-yucateca”, México, Patrimonio Cultural, s/e, 2007.