Nuestra Señora de Guadalupe: reina de México y emperatriz de América (IX)

Anónimo novohispano, óleo/tela,  "El Padre Eterno pintando a la Virgen de Guadalupe", siglo XVIII, Museo de la Basílica de Guadalupe.

Anónimo novohispano, óleo/tela,  “El Padre Eterno pintando a la Virgen de Guadalupe”, siglo XVIII, Museo de la Basílica de Guadalupe.

El impacto Guadalupano en el arte pictórico
Desde 1531 fecha de la aparición de Santa María de Guadalupe a San Juan Diego el relato y leyenda de este acontecimiento ha tenido una repercusión muy grande en lo que se refiere al arte y especialmente en pinturas y grabados, muchos artistas movidos por la popularidad que esta devoción tomó fueron movidos por encargo o fervor propio a intentar realizar copias fieles a la imagen original desde el siglo XVI.

Precisamente los registros más antiguos de óleos de la Virgen de Guadalupe se remontan al siglo XVI perteneciente a un templo en el Estado de México, la catedral de San Cristóbal de las Casas, Chiapas y en la parroquia de Mixco, Guatemala obra fechada entre 1540 y 1542 llevada por los religiosos mercedarios, esto demuestra la temprana difusión del culto guadalupano en toda la Nueva España. En el libro “La estrella del norte de México” del religioso Francisco de Florencia se menciona que San Juan Diego tenía una imagen de la Virgen de Guadalupe que en el momento de su muerte (1548) heredó a un hijo suyo llamado Juan. Se dice que este cuadro se conserva a un actualmente el cual fue obsequiado por la familia Mecde a San Juan Pablo II durante su primera visita a tierras mexicanas.

Existe del mismo modo un cuadro fechado en 1606 obra del pintor novohispano Baltazar de Echave que representa a Nuestra Señora de Guadalupe y es la primer obra firmada por el autor que reproduce a la Virgen del Tepeyac; en Ozumba, Estado de México se resguarda un fresco mural de las apariciones de Nuestra Señora a San Juan Diego fechado hacia 1613.

Entre 1615 y 1620 apareció el primer grabado representando a la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe obra del belga Samuel Stradanus a petición del arzobispo Juan de la Serna para recaudar limosnas para la construcción de la ermita de Guadalupe. También se tiene registro que en 1669 el pintor novohispano Juan Correa envió un cuadro suyo de la Virgen de Guadalupe a Roma.

Matías de Arteaga y Alfaro, grabado/papel,  "La primera aparición de Nuestra Señora de Guadalupe", 1686, este grabado forma parte de la primera serie de cuatro que representa a las apariciones de la Virgen en el Tepeyac y que inspiraría obras posteriores.

Matías de Arteaga y Alfaro, grabado/papel,  “La primera aparición de Nuestra Señora de Guadalupe”, 1686, este grabado forma parte de la primera serie de cuatro que representa a las apariciones de la Virgen en el Tepeyac y que inspiraría obras posteriores.

Llega hasta nuestros días noticias gracias a Francisco de Florencia de que en 1648 el vicario de la ermita de la Virgen de Guadalupe, el bachiller Lasso de la Vega, mandó a que se pusiera un cercado para proteger el sitio del manantial del Pocito donde se realizara la tercera aparición guadalupana y que el sitio fuera decorado con hermosas pinturas de las apariciones de la Virgen. Ese mismo año, Miguel Sánchez publicó el primer grabado que representaba el momento de la aparición y estampamiento de la imagen guadalupana en el ayate de San Juan Diego. Existe otra serie de grabados muy importantes para el guadalupanismo en el arte tratándose de los publicados en 1686 por Luis Becerra Tanco en su obra “Felicidad de México” y que fueron obra de Matías de Arteaga y Alfaro, son de suma relevancia puesto que en la edición sevillana de este libro es donde aparecen por primera vez representadas las cuatro apariciones de la mariofanía, estos grabados de Matías de Arteaga fueron un parteaguas en lo que se refiere a las representaciones guadalupanas pues a partir de estas muchas de las pinturas, grabados y relieves se basaron en estos grabados para representar a la Virgen de Guadalupe y sus cuatro apariciones, la misma serie de cuatro apariciones que adorna la fachada de la antigua basílica de Guadalupe parecen estar inspiradas en dichos grabados.

La Virgen de Guadalupe a lo largo de todo el periodo virreinal fue pintada por todos los grandes pintores, como el ya mencionado Baltazar Echave, José de Alcíbar, Francisco Morlete, Juan Correa y el más famoso entre ellos Miguel Cabrera, pero también fue pintada por indígenas desconocidos que reprodujeron en pequeñas y grandes escalas la imagen guadalupana.

Miguel Cabrera fue el pintor que más reprodujo la imagen guadalupana y el que más era buscado por la iglesia y los fieles para este fin, esto le ha ganado ser llamado el evangelista de la Virgen de Guadalupe, todo esto se debe a que el pintor tenía un profundo conocimiento de la imagen guadalupana ya que el 30 de abril de 1751 en compañía de los también pintores José de Ibarra, Manuel de Ossorio y Juan Patricio Morlete se le permitió realizar una inspección al ayate original de San Juan Diego cuyas observaciones el mismo Cabrera publicaría posteriormente en un libro llamado “Maravilla americana”; Cabrera ayudado de José de Alcíbar y José Ventura Arnáez realizo tres copias de la imagen de Guadalupe, una para el arzobispo de México Manuel Rubio y Salinas, una más para el Papa Benedicto XIV y otra más para sí mismo para posteriormente reproducirla en su taller; de la misma manera otros pintores sacaron una copia en papel aceitado para poder reproducir a la Virgen en sus talleres, Miguel Cabrera en sus observaciones al momento de hacer la copia declaro al respecto que fue muy difícil hacerlo debido a que: “es tan única y tan extraña, que no es invención de humano artífice, sino del Todopoderoso”. Gracias a estas copias que realizaron los pintores novohispanos a partir de ese momento se popularizaron los “Verdaderos retratos” de la Virgen de Guadalupe y las “copias del original”, del mismo modo fueron muy buscados aquellos cuadros que eran tocados al original pues se consideraba que al tocar el verdadero ayate se convertían en una extensión del mismo.

Miguel Cabrera, óleo/tela,  "Nuestra Señora de Guadalupe con cuatro apariciones y la frase Non fecit talliter onmi nationi", En esta obra de Cabrera se aprecia aquella frase que según se cuenta dijo el Papa al ver la imagen Guadalupana desplegada frente a él.

Miguel Cabrera, óleo/tela,  “Nuestra Señora de Guadalupe con cuatro apariciones y la frase Non fecit talliter onmi nationi”, En esta obra de Cabrera se aprecia aquella frase que según se cuenta dijo el Papa al ver la imagen Guadalupana desplegada frente a él.

La copia que Cabrera hiciera al Papa es la misma la cual el jesuita Francisco López llevara consigo a Roma para mostrársela y entregarla al Papa después de narrarle la historia de las apariciones y pedirle el patronato de Santa María de Guadalupe sobre la Nueva España, se dice que después de esto el Papa quedó tan maravillado que pronuncio aquella frase bíblica de “No hizo cosa igual con ninguna otra nación” (Non fecit taliter omni nationi), frase la cual desde ese momento comenzó a ser incluida en muchos cuadros y grabados que representaban a la Virgen morena, y perduro en sus estampas hasta ya entrado el siglo XX, cuando ante la entrada de la estampas reproducidas en serie desapareció por completo esta frase de las representaciones guadalupanas.

Un hecho iconográfico que destacar en la Virgen de Guadalupe en sus pinturas de este periodo es que en todas era representada con una corona sobre su cabeza formada por 9 o 10 rayos de sol, a partir del siglo XIX esta corona desaparece por completo de la gran parte de representaciones, la primera vez que se tiene registro que ya no aparece la corona es en un grabado de 1893 mandado a hacer por José Antonio Plancarte y Labastida quien fuera abad de la Basílica de Guadalupe, este grabado hecho en Paris se basó en una fotografía de 1887 en la que dicha corona ya no se lograba distinguir, esto se piensa que se debe a que por mucho tiempo el ayate original permaneció sin vidrio, por lo cual los fieles solían arrancar fibras de la parte superior de la imagen para llevarla a sus casas como reliquias, lo que propicio que al paso de los años esta corona desapareciera y por lo mismo también desapareció de las representaciones de la Señora del Tepeyac.

Con la entrada del arte neoclásico a Nueva España la Virgen de Guadalupe también destaco en especial en una de las obras cumbres de esta corriente en territorio novohispano con la obra “El milagro del pocito” de 1809, del pintor Rafael Ximeno y Planes quien la hiciera para el techo de la capilla del Palacio de Minería en la ciudad de México.

José Guadalupe Posada, grabado/papel, "Novena para los nueve días de jornada con el auto religioso "La Virgen del Tepeyac", finales del siglo XIX, Colección Andrés Blaisten.

José Guadalupe Posada, grabado/papel, “Novena para los nueve días de jornada con el auto religioso “La Virgen del Tepeyac”, finales del siglo XIX, Colección Andrés Blaisten.

Durante el siglo XIX aunque la Virgen de Guadalupe no desapareció de las creaciones artísticas el número de ellas si disminuyo debido a la entrada del laicismo en México y la separación de la Iglesia y el Estado, con lo cual se dio una corriente nacionalista del arte donde se representaban hechos históricos de la Nación Mexicana y en esto la Virgen de Guadalupe pasó a estar en segundo plano en muchas pinturas como en los retratos del Padre de la Patria Miguel Hidalgo. Durante este periodo es cuando la Virgen de Guadalupe pasa de las pinturas de caballete al arte popular en óleos sobre lámina y madera en especial en los llamados ex votos que aun siendo un arte que empezó en la época colonial conoció su auge en el siglo XIX al comenzar a ser realizados por artistas del pueblo sin mucha enseñanza quienes los elaboraban a bajos costos, y representaban en diversas formas a la Virgen de Guadalupe realizado favores y milagros que el pueblo fiel agradecía con estos mismos ex votos.

En las últimas décadas del decimonónico y abarcando el periodo histórico conocido como Porfiriato destaco en sus trabajos el grabador José Guadalupe Posada considerado el mejor grabador de su época quien desde sus inicios en Aguascalientes y León, Guanajuato se dedicó a realizar una inmensa cantidad de grabados de estampas religiosas, entre los que destacaron los de la Virgen de Guadalupe, a pesar de que actualmente Posada es más famoso por sus calaveras, Posada empezó su carrera realizando grabados religiosos y los realizo durante toda su vida, puesto que eran los que realmente le dejaban ganancias; de este modo realizo varios grabados dedicados a la aparición de Guadalupe, tanto estampas en hojas sueltas, como grabados para representar milagros que se narraban también en hojas sueltas, portadas para libros de gozos y de oraciones.

Desde finales del siglo XIX y hasta los años 30 del siglo XX destaco en reproducir imágenes de la Virgen de Guadalupe el sacerdote jesuita Gonzalo Carrasco, provincial de la Compañía de Jesús en México y que también dedicó gran parte de su vida a la pintura, varias de sus obras guadalupanas adornan las paredes de la antigua Basílica de Guadalupe, destacando entre ellas la de “el primer milagro de la Virgen de Guadalupe”, del mismo modo realizo varios “verdaderos retratos” y algunas alegorías guadalupanas.

Gonzalo Carrasco, óleo/tela, "Salve Reina de la América Latina", 1930, Museo de la Basílica de Guadalupe.

Gonzalo Carrasco, óleo/tela, “Salve Reina de la América Latina”, 1930, Museo de la Basílica de Guadalupe.

Durante los años treinta del siglo XX y hasta los años cincuenta la imagen de la Virgen de Guadalupe fue difundida especialmente con estampas y fotografías en blanco y negro coloreadas a mano, no fue sino a partir de los cincuenta que la empresa Galas de México contrato varios artistas algunos reconocidos y otros no tanto con el afán de que realizaran varias obras de corte popular para reproducirlas y usarlas para calendarios de pared así como para estampas devocionales reproducidas en serie, muchos de estos cuadros después de ser reproducidos eran embodegados, sin embargo estas obras formaron parte del imaginario y la devoción popular con los calendarios que se obsequiaban cada diciembre en las tiendas, carnicerías y demás establecimientos para ser colgados en casas y talleres y que muchas de estas imágenes pasaron a ser enmarcadas y formas parte así de la devoción de la gente.

Los diversos artistas de cromos y calendarios, se basaron en estampas europeas y mexicanas para realizar los diversos pasajes religiosos y del tema guadalupano, artistas como el reconocido muralista Jorge González Camarena quien realizara la conocidísima obra “Milagro del Tepeyac” que aun actualmente es una de las estampas más comunes de la tercera aparición Guadalupana, Jesús de la Helguera considerado el mejor artista de cromos y calendarios realizo diversas obras con el tema guadalupano en especial “Ofrenda a la Virgen Morena”, Antonio Gómez R. con “Charrería mexicana”, Jaime Sadurní con la obra “Dios y Patria”, José Bribiesca, Humberto Limón, Torres Palomar, Demetrio y Ángel Martín; muchas de las obras guadalupanas de estos artistas debido al carácter para el que fueron hechas de simplemente ser usadas como base para reproducirlas en estampas y calendarios en serie quedaron sin que sus autores les pusieran un título, pero cada una de ellas son reflejo del impacto que la Virgen de Guadalupe ha tenido en el arte mexicano; estas obras en su gran mayoría solían tener mensajes nacionalistas implícitos esto debido a la influencia del pensamiento posrevolucionario imperante en la época.

En los años setenta causo expectación la serie de obras de la pintora norteamericana Yolanda López, en las que representaba a la Virgen de Guadalupe en actividades diarias como costurando en una máquina de coser, corriendo en una competencia atlética y fusionada con la escultura de la diosa Tonantzin, esta autora muy posiblemente sea de las representantes del arte chicano más populares por esta serie, ya que este tipo de arte se distingue por el recurrente uso del tema guadalupano como recuerdo de sus raíces latinas.

Jaime Sadurni, óleo/tela, "Dios y Patria", 1957, Museo Soumaya.

Jaime Sadurni, óleo/tela, “Dios y Patria”, 1957, Museo Soumaya.

En la última década de los años noventa del siglo XX aparecieron las primeras fotografías digitales del ayate de San Juan Diego, copias fieles a la imagen de la Basílica, estas hicieron que estampas y óleos fueran dejados atrás, y propicio que muchos cuadros antiguos fueran relegados a las bodegas y sustituidos por estos “verdaderos retratos” (nunca mejor dicho), la mayoría de templos y fieles han comenzado a preferir estas fotografías digitales de la imagen original a otro tipo de obras y aun actualmente son de las más buscadas, sin embargo esto no ha menoscabado el gusto de los artistas por realizar obras con el tema de la Virgen de Guadalupe, así pues durante finales del siglo XX y lo que va del siglo XXI ha aparecido obras que a diferencia de las de siglos pretéritos en que la Virgen de Guadalupe aparecía entre nubes, como símbolo nacional, como signo de respeto, muchas artistas actuales han optado por pintar a una Virgen de Guadalupe más humana, más en contacto con el pueblo, plasmándola en actividades cotidianas, participando en una tertulia en una vecindad, durmiendo, etc.

Entre los artistas destacados de finales del siglo XX y lo que va de este siglo XXI, podemos referirnos a Agustín Cárdenas pintor que se ha destacado por su estilo muy místico y poético, conjugando la imagen Guadalupana con símbolos prehispánicos lo que ha llevado a que sus cuadros y murales sean muy gustados por la Iglesia y los fieles, pintando en muchas ocasiones murales para iglesias, entre sus obras más destacadas están: “sol del más venturoso día”, “Cuando el invierno florece” y “Gloria excelsa del paraíso”.

Otro de los autores que alcanzó fama en este periodo y que aun actualmente sus imágenes de la Virgen de Guadalupe siguen siendo muy gustadas es el guanajuatense Octavio Ocampo, con su estilo llamado metamórfico en que el conjugando varios elementos logra formas una imagen más grande.

Amparo Serrano Espinoza, "Guadalupanisima", 2010, Distroller.

Amparo Serrano Espinoza, “Guadalupanisima”, 2010, Distroller.

José Jesús Chan Guzmán es otro artista de este nuevo siglo que ha destacado con sus obras guadalupanas como “cargando pilas” de 2003, “el árbol de las apariciones” de 2005 y “encuentro” en el mismo año.

Desde hace algunos pocos años un tipo de representación guadalupana comenzó a cobrar éxito y me refiero a las obras de las diseñadora gráfica Amparo Serrano quien en un afán de realizar adornos llamativos para los niños para bautizos y primeras comuniones creo la llamada “Guadalupanisima” una representación de la Virgen de Guadalupe muy colorida y con características de dibujos infantiles y caricaturescos, esta nueva representación ha tenido tal éxito que impuso moda la cual fue llamada “Lupita fashion”, y que gracias a esto se pudo consolidar una empresa de nombre Distroller que actualmente ha convertido a la Virgen de Guadalupe en su producto más vendido realizando un sinfín de productos con la imagen, zapatos, ropa, toallas de baño, pulseras, aretes, figuras decorativas, peluches, cuadernos, etc, productos que son vendidos a altos costos y que a veces son acompañados con ciertas oraciones algunas consideradas por los fieles como “egoístas”; este uso de la imagen Guadalupana tuvo tanto éxito para le empresa Distroller que ha hecho versiones de muchos santos y devociones aprobadas y de algunas no aprobadas por la iglesia, asi se puede ver en este estilo “lupita fashion” a San Judas Tadeo, la Virgen del Carmen, San Antonio o el polémico Jesús Malverde. Este preponderante estilo y moda guadalupano ha permeado tanto al grado que muchos artesanos han comenzado a copiar el diseño y realizado esculturas para reproducir en serie con esta imagen, lámparas en cerámica, etc, estas figuras que deberían verse más como un adorno y una moda han llegado al grado que muchos fieles las llevan a bendecir a la Iglesia y las ponen en altares, las usan para novenarios y demás devociones, logrando así menguar mucho el uso de las obras de arte de tiempos postrimeros.

Agustín Cárdenas, Virgen de Guadalupe sedente, Parroquia de San Francisco de Asís, Jalpa de Méndez, Tabasco.

Agustín Cárdenas, Virgen de Guadalupe sedente, Parroquia de San Francisco de Asís, Jalpa de Méndez, Tabasco.

Aunque en este artículo eh tratado de abarcar gran parte de lo que el impacto de la Virgen de Guadalupe en el arte ha hecho, no son todas las obras ni todos los artistas que la han pintado los que aparecen aquí, pues la cantidad es inmensa, del mismo modo no eh podido mostrarles muchas imágenes de obras relevantes debido al reducido espacio, pero este recorrido por la historia del arte en Guadalupe nos deja ver con certeza la influencia que el culto Guadalupano tuvo y tiene desde sus inicios en el siglo XVI en el arte, sin duda la famosa aparición Guadalupana ha sido y será de los temas preferidos por los artistas mexicanos.

Por disposición de la Conferencia del Episcopado Mexicano se ha pedido que este 12 de diciembre todos nos unamos en oración junto a S.S. el Papa Francisco para pedir por la paz en México y el mundo por la intercesión de Santa María de Guadalupe, por lo mismo me tomo la libertad de compartirles la oración por la paz que los Obispos de México han pedido se ore para que todos aquellos que quieran se unan a esta noble causa:

ORACIÓN POR LA PAZ
Señor Jesús, tu  eres nuestra paz,
mira nuestra Patria dañada por la violencia
y dispersa por el miedo y la inseguridad.
Consuela el dolor de quienes sufren.
Da acierto a las decisiones de quienes nos gobiernan.
Toca el corazón de quienes olvidan
que somos hermanos
y provocan sufrimiento y muerte.
Dales el don de la conversión.
Protege a las familias,
a nuestros niños, adolescentes y jóvenes,
a nuestros pueblos y comunidades.
Que como discípulos misioneros tuyos,
ciudadanos responsables,
sepamos ser promotores de justicia y de paz,
para que en ti, nuestro pueblo tenga vida digna.
Amén.

José Jesús Chan Guzmán, "Cargando Pilas", 2003, Museo de la Basílica de Guadalupe.

José Jesús Chan Guzmán, “Cargando Pilas”, 2003, Museo de la Basílica de Guadalupe.

Santa María de Guadalupe, Reina de la paz, ruega por nosotros.

André Efrén

Bibliografía:
-Alberro, Solange, “El águila y la cruz”, México, Fondo de Cultura Económica, primera edición, 1999.
-Camacho de la Torre, María Cristina, “Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe”, México, CONCULTA, primera edición, 2001.
-Leroy Ayala, Iván, et. al., “La leyenda de los cromos”, México, Museo Soumaya, segunda edición, 2001.
-Sánchez Lacy, Alberto, “Visiones de Guadalupe”, México, Artes de México, número 29, s/a.
-Zarebska, Carla, “Guadalupe”, México, Debolsillo, primera edición, 2005.

Nuestra Señora de los Remedios de Naucalpan

Nuestra Señora de los Remedios, mejor conocida como "La Gachupina" durante el virreinato y que se venera en su Basílica en Naucalpan, Estado de México.

Nuestra Señora de los Remedios, mejor conocida como “La Gachupina” durante el virreinato y que se venera en su Basílica en Naucalpan, Estado de México.

Esta imagen es sin duda la de más amplia devoción y culto bajo este título de los Remedios en México, su historia y leyenda se encuentran íntimamente ligadas a la de la nación mexicana y a la de la Virgen de Guadalupe, a las cuales en algún tiempo las consideraron imágenes “hermanas” y en otros tiempos devociones “rivales”, por lo que tratare de detallar el desarrollo del culto a María de los Remedios en México.

Todo parece indicar que la imagen de la Virgen de los Remedios venerada actualmente en Naucalpan, Estado de México, vino con un soldado perteneciente al ejército de Hernán Cortés conquistador de México, de nombre Juan Rodríguez de Villafuerte aunque otras versiones le llaman Gonzalo o Rodrigo pero el nombre más aceptado es el de Juan. La imagen según se nos narra pertenecía al hermano de este soldado que también pertenecía al ejército (otras versiones dicen que era religioso de San Agustín) y al saber que su hermano partía al Nuevo Mundo le obsequio la imagen de la Virgen para que le protegiera.

Cuando Cortés llegó a Tenochtitlán hizo derribar los ídolos paganos en el templo mayor y en su lugar mando a poner una cruz de madera y una imagen de la Virgen María que todos coinciden era la misma Virgen de los Remedios y que fue entronizada por el mercedario fray Bartolomé de Olmedo, y que después de estar la ciudad mucho tiempo en sequía al ser entronizada la Virgen cayó una copiosa lluvia, esto haría que posteriormente la Virgen de los Remedios fuera invocada siempre que existían problemas de sequía en la ciudad de México; las mismas crónicas hablan que los indígenas molestos al ver como sus dioses eran destruidos y cambiados por la cruz y la imagen de la Virgen intentaron quitar ambos símbolos del templo mayor pero que ambos se volvieron muy pesados y nadie los pudo levantar, por lo que se le informo al emperador Moctezuma de este hecho el cual lo juzgó como un gran misterio.

"El hallazgo de la Virgen de los Remedios", óleo/tela, anónimo novohispano, siglo XVIII, Pinacoteca de la Profesa de San Felipe Neri, México, D.F.

“El hallazgo de la Virgen de los Remedios”, óleo/tela, anónimo novohispano, siglo XVIII, Pinacoteca de la Profesa de San Felipe Neri, México, D.F.

El 30 de junio de 1520 los aztecas logran una victoria contra el ejército español al mando de Cortés y hacen huir a las huestes hispanas en lo que es conocido como “La Noche Triste” debido a que se dice que ante la impotencia de la derrota después de huir Cortés lloró en un árbol de ahuehuete, durante este trance se dice que Cortés ordeno a Juan Rodríguez de Villafuerte y a sus demás soldados encomendarse a la Virgen de los Remedios para que pudieran sobrevivir al ataque indígena, y el prodigio fue grande pues cuentan que se apareció la misma Virgen de los Remedios junto con el apóstol Santiago montado a caballo que luchaba sin ser herido en contra de los indios para que los españoles pudieran huir y que la Virgen de los Remedios con sus puños le arrojaba tierra a los ojos a los aztecas para que no pudieran seguir a Cortés.

En el fragor de la batalla y el miedo de ser capturados todo indica que Juan Rodríguez oculto la imagen de la Virgen de los Remedios entre unos magueyes del cerro de Otomcalpulco donde se encontraba un antiguo adoratorio para evitar que la imagen fuera profanada por los indios, donde quedó olvidada por muchos años.

Hacia el año de 1540 un cacique indígena recién convertido de nombre Juan de Tovar antiguamente llamado Ce Quautli, por lo que algunos relatores le llaman Juan del Águila pues eso significaba su antiguo nombre, pasando por el cerro de Otomcalpulco yendo rumbo a Tacuba vio que una hermosa señora en la que reconoció a la que hacía algunos años había auxiliado a los españoles le salía al encuentro, la Señora le pidió que buscara su imagen por aquel lugar, pero Juan de Tovar se conformó con contarle lo sucedido a los religiosos franciscanos de Tacuba a los cuales estaba ayudando en el construcción del templo.

Mientras Juan del Águila trabaja en el construcción sufrió un terrible accidente cayendo de un pilar y estando a punto de morir vio aparecerse de nuevo a la Señora del cerro quien le entregaba un cinto con el cual quedó curado y nuevamente le pidió que la buscara en el cerro, Juan no tardó en hacer caso a la petición de su benefactora y encontró debajo de un maguey la imagen de Nuestra Señora de los Remedios intacta, el indio la envolvió en su tilma para que nadie la viera y la llevo a su casa. Pero a pesar de que Juan de Tovar le hacía múltiples ofrendas a la imagen de flores, incienso y comida, la Virgen de los Remedios una y otra vez regresaba por las noches al maguey en el cerro de Otomcalpulco, como Juan de Tovar quería tenerla en su casa para su devoción particular y adorarla al modo de sus antiguas deidades llego al grado de encerrar la imagen en un cofre bajo cerrojo sobre el cual se acostó a dormir durante la noche, pero todo fue inútil a la mañana siguiente la imagen había regresado al maguey en el cerro.

"El hallazgo de la Virgen de los Remedios por el cacique Juan de Tovar", óleo/tela, Miguel Cabrera, siglo XVII.

“El hallazgo de la Virgen de los Remedios por el cacique Juan de Tovar”, óleo/tela, Miguel Cabrera, siglo XVII.

Molesto Juan de Tovar por que la imagen no se quedaba en su casa comenzó a perderle interés y devoción, en una ocasión en que se enfermó gravemente pidió a sus familiares que le llevaran al cerro del Tepeyac a implorarle a la Virgen de Guadalupe por su salud, se dice que al llegar al Santuario la Virgen de Guadalupe le hablo al indio Juan de Tovar y echándose a reír la Madre de Dios le dijo: “¿A qué vienes a mi casa, pues teniéndome en la tuya, me echaste de ella?”. La Virgen morena la recriminó duramente el que se hubiere olvidado de su devoción por su imagen de los Remedios y le dio órdenes precisas de cómo debería ser construida la ermita en honor a la Virgen de los Remedios sobre el cerro de Otomcalpulco, y cuando la ermita fue concluida la imagen de los Remedios fue colocada en el altar hacia 1553. El Santuario en honor a la Virgen de los Remedios se comenzó a construir en 1574 año en el que también fue declarada patrona de la ciudad de México por el ayuntamiento de dicha ciudad.

A la Virgen de los Remedios se le considera como la imagen que hizo surgir las primeras peregrinaciones en México, siendo esta una de indígenas venidos desde Querétaro. Durante el periodo virreinal existió una rivalidad constante entre los devotos de la Virgen de los Remedios y los de la Virgen de Guadalupe pues al ser la primera una imagen traída de España se le daba preponderancia sobre la Guadalupana “aparecida en estas tierras”, al grado que cuando ocurría alguna necesidad primero se hacían oraciones a la Virgen de los Remedios y sólo en dado caso que estas no surtieran efecto es que recurrían a pedirle a la Virgen del Tepeyac.

Del mismo modo también ambas advocaciones de la Madre de Dios pasaron a ser complementarias debido que mientras a la Virgen de los Remedios se le pedía en tiempos de sequía para que lloviera a la Virgen de Guadalupe se le imploraba en las inundaciones para que cesaran las lluvias, además ambas fueron invocadas en muchas ocasiones como abogadas contra los temblores. A Nuestra Señora de los Remedios debido a que fue su imagen encontrada en un maguey se le venera como patrona de quienes cultivan y trabajan el maguey, curiosamente planta de la que se saca la bebida conocida como pulque y que por los otomíes era considerada la “leche de la Virgen de Guadalupe.

La imagen de Nuestra Señora de los Remedios mide 27cm, y de esta forma luce sin sus vestimentas.

La imagen de Nuestra Señora de los Remedios mide 27cm, y de esta forma luce sin sus vestimentas.

Ante tal devoción de los hispanos por la Virgen de los Remedios, esta imagen comenzó a ser llamada un poco despectivamente por los devotos de la Virgen de Guadalupe, como “La Gachupina”, que es un término que se usa en México para referirse a los españoles y que se sigue usando pero ya no con ese significado despectivo sino como un simple sinónimo para referirse a alguien venido de España.

La pugna entre los devotos de los Remedios y la Guadalupana se recrudeció a partir de 1810 cuando el cura Miguel Hidalgo y Costilla iniciador de la lucha de independencia tomó como bandera de la lucha insurgente a la imagen de la Virgen de Guadalupe, del mismo modo los soldados insurgentes llevaban pegados en sus sombreros o pecho estampas de la Virgen de Guadalupe. Ante esto el Virrey de Nueva España Francisco Xavier Venegas decidió hacer traer de su Santuario a la catedral la imagen de la Virgen de los Remedios y nombrarla generala y abogada contra el enemigo insurgente, la Virgen de los Remedios desfilo por toda la ciudad con su bastón de mando y sable de generala dispuesta a la batalla contra la “Guadalupana”, a partir de aquí la Virgen de los Remedios ganó el mote por parte de sus devotos de “La General”, debido a esta tonta pugna de devociones se llegó a extremos tan ridículos que los españoles fusilaron varias imágenes de la Virgen de Guadalupe y los insurgentes hicieron lo mismo con imágenes de la Virgen de los Remedios. Con todo esto sólo dejaban ver que en el número de habitantes novohispanos existían una falta de evangelización para comprender como en la misma leyenda de los Remedios quedó claro que tanto Remedios como Guadalupe son imágenes de la misma Madre de Dios y nuestra.

En la ciudad de México capital del virreinato se llegó al extremo para descubrir a los “insurgentes” que en la catedral de México se puso primero la imagen de los Remedios y luego la de la Virgen de Guadalupe, si alguien pasaba junto a la Virgen de los Remedios sin hacerle reverencia y se la hacía a la Virgen de Guadalupe eso era causa de ser acusado de sedicioso y contrario a España, ser encarcelado y muchas veces fusilado.

Al término de la insurgencia y ser México independiente, hacia 1824 se decide hacer una restructuración en el mapa de la ciudad de México y los congresistas deciden a modo de “castigo” dejar fuera de la circunscripción de la capital mexicana a la localidad de Naucalpan donde se encuentra el Santuario de los Remedios, era una forma de exiliar a la Virgen considerada realista y contraria a la independencia, del “territorio” de la independentista Virgen de Guadalupe.

Óleo de hechura popular que representa a la Virgen de los Remedios, óleo/lámina, anónimo mexicano, siglo XIX.

Óleo de hechura popular que representa a la Virgen de los Remedios, óleo/lámina, anónimo mexicano, siglo XIX.

A pesar de todo esto durante el siglo XIX la Virgen de los Remedios continuo teniendo una devoción tan fuerte como la de la misma Virgen del Tepeyac, es sabido que la imagen de los Remedios llegó a tener una gran colección de joyería en oro y piedras preciosas que posteriormente se usaron para fundirlas y hacer con ellas una luna y peana para la imagen. Además que la imagen de los Remedios solía visitar constantemente los templos y conventos de la ciudad de México visitando a sus fieles devotos, este reconocimiento devocional hacia los Remedios llegó al grado que hacia 1857 cuando el presidente Benito Juárez mediante las leyes de Reforma decide expropiar los bienes de la Iglesia y hacer a esta pagar impuestos y contabilizar todas las pertenencias en sus templos, solo se excluyeron de tales leyes a dos Santuarios, el de la Virgen de Guadalupe y el de Nuestra Señora de los Remedios.

En 1974 S.S. Paulo VI concedió la coronación pontificia a Nuestra Señora de los Remedios la cual llevó a cabo el Obispo fray Felipe de Jesús Cueto. La festividad en honor a la Virgen de los Remedios se celebra el 1 de septiembre aunque las peregrinaciones comienzan desde mediados de agosto y terminan a mediados del mes siguiente.

Actualmente el culto a la Virgen de los Remedios es reconocido en todo el país ya que en casi todo el territorio existen templos dedicados a esta advocación y como mencione al principio siendo la más famosa de las Vírgenes con el título de los Remedios en México, muy a pesar de esto hoy en día el culto a esta imagen no se compara ni en lo más mínimo al que tiene la Virgen de Guadalupe.

Algunos investigadores dicen que la leyenda de la Virgen de Guadalupe y su aparición a San Juan Diego está basada en la del hallazgo de la Virgen de los Remedios y que la intervención de la Guadalupana en la leyenda de los Remedios es un añadido posterior, no sé hasta qué grado esto sea cierto, pero si pienso que esto parece más un intento por querer nuevamente subordinar a la Virgen de Guadalupe a una advocación española, como se ha intentado hacer con la Virgen de Guadalupe de Extremadura.

André Efrén

Bibliografía:
– ALBERRO, Solange, “El águila y la cruz”, México, Fondo de Cultura Económica, primera edición, 1999.
– CUADRIELLO, Jaime, et. alt. , “Zodiaco Mariano”, México, Museo de la Basílica de Guadalupe, s/e, 2004.
– FREYRE, Gabriel, “La Compañía de María”, Tomo II, México, Apolo, s/e, 2012.
– GARZA DE CHAPA, Rebeca, “María en México”, México, San Pablo, segunda edición, 2006.
– GRUZINSKI, Serge, “La guerra de las imágenes de Cristóbal Colón a “Blade Runner” (1492-2019)”, México, CONACULTA, primera reimpresión, 2012.
– QUIROZ MALCA, Haydée, “Fiestas, peregrinaciones y santuarios en México”, México, CONACULTA, primera reimpresión, 2012.
– TALAVERA SOLÓRZANO, Leticia y MONTERROSA PRADO, Mariano, “Las devociones cristianas en México”, México, CONACULTA, primera edición, 2002.

Enlace consultado (28/08/2014):

http://basilicadelosremedios.com/historia.html

Nuestra Señora de Juquila

Fotografía de la imagen.

Fotografía de la imagen.

En la población de Santa Catarina Juquila, en el estado mexicano de Oaxaca, existe una gran devoción a una pequeña imagen de la Inmaculada Concepción la cual ha ido ganando fama en todo el país desde hace algunos años. El caso de la Inmaculada Concepción, mejor conocida por sus devotos como Nuestra Señora de Juquila o “la Juquilita”, es uno más de pequeñas imágenes de no más de treinta centímetros que eran usadas por los religiosos para evangelizar, como sucedió en el caso de la imagen de la Virgen de Zapopan y otras celebres imágenes marianas.

El nombre de Juquila significa “lugar de legumbre hermosa” y se encuentra ubicado al sureste del estado de Oaxaca. Esta región fue evangelizada por los religiosos dominicos y es fray Jordán de Santa Catarina quien se encargó especialmente de esta tarea y quien traía consigo la imagen de la Inmaculada Concepción. Se dice que fray Jordán era acompañado en sus correrías por un indígena perteneciente al poblado de Amialtepec; este indígena mostró siempre una gran devoción por la pequeña imagen de María Santísima que llevaba consigo el religioso y entonces, al ser enviado fray Jordán a evangelizar otra región y no poder seguir llevando consigo al indígena, que de tanta ayuda le había servido, decidió obsequiarle la imagen de la Inmaculada, a la que tan fervor de dedicaba. El indígena, muy feliz por el obsequio del religioso, decidió regresar a su natal Amialtepec y, ya aquí, instaló la imagen en un pequeño altar en su casa, pero la imagen comenzó a concederle diversos favores a su dueño y sus vecinos, lo que logró que fuera cobrando cierta fama entre los habitantes y los pueblos vecinos.

Debido a la misma fama que fue cobrando la imagen, hacia 1633 el párroco de Juquila, Jacinto Escudero, decidió que sería mejor llevar la imagen a la parroquia para que estuviera en un lugar de más fácil acceso y de mejores condiciones, pero los pobladores de Amialtepec se negaron a entregar la preciada imagen y prometieron al religioso erigirle un mejor lugar para resguardarla. En aquella región los pobladores tenían la costumbre de quemar los campos para lograr mejores cosechas, pero en esa ocasión el incendio se salió de las manos de los pobladores, no logrando detenerlo e incendiando gran parte del pueblo y con ellos la pequeña ermita en honor a la Inmaculada Concepción; una vez apagado el fuego, los pobladores se acercaron a las cenizas de la ermita para tratar de rescatar algo que hubiera quedado, y su sorpresa fue grande al ver que incólume permanecía la imagen de la Inmaculada Concepción, únicamente un poco ennegrecida por el humo.

Antihua fotografía de la imagen.

Antihua fotografía de la imagen.

Debido al portento, la cantidad de fieles que llegaban a visitar a la imagen hicieron que el padre Escudero decidiera definitivamente trasladar la imagen a la parroquia del pueblo de Juquila, al ser trasladada se le coloca en el altar de San Nicolás, pero a la mañana siguiente no se encuentra la imagen en aquel sitio, sino que la Inmaculada había regresado al pueblo de Amialtepec [1]. Creyendo el sacerdote que habían sido los habitantes quienes la habían robado, decide llevarse de nuevo la imagen y cerrar con candados, pero a pesar de esto la situación se vuelve a repetir. Debido a que el padre Escudero es cambiado de parroquia, dejó que la imagen permaneciera en Amialtepec. El nuevo párroco será el padre Manuel Cayetano Casaus de Acuña, quien pedirá el apoyo al obispo para realizar el traslado de la imagen. Fray Ángel Maldonado, quien en aquella época era el obispo, dio un decreto el 30 de junio de 1719 con el cual se ordenaba que la imagen fuera trasladada, a pesar de esto la imagen nuevamente volvió a repetir el prodigio de volver a Amialtepec. Ante el persistente portento, el sacerdote decidió intentar una vez más el traslado, pero en esta ocasión se hizo en una solemne procesión a la que asistieron descalzos el mismo sacerdote y los gobernantes de ambos pueblos. Ante estas penitencias la imagen ya no volvió más a Amialtepec y se quedó en Juquila, donde se la venera hasta la actualidad. Hacia 1784 se decidió construir un Santuario más grande para albergar la imagen y que pudiera contener la gran cantidad de peregrinos que llegaban continuamente a visitar a la Virgen de Juquila. Este mismo Santuario se concluyó en 1791.

Entre los milagros que se cuentan de esta imagen hay uno bastante curioso, pues se dice que una peregrina, al llegar al Santuario y ver el pequeño tamaño de la imagen, dijo con bastante desdén que no había valido la pena recorrer tanto camino para venerar una imagen tan pequeña. A pesar de esto, encendió una vela y depositó una moneda como limosna, pero su sorpresa fue grande cuando, al regresar a su casa, encontró la misma vela y el mismo peso que había depositado en el Santuario sobre la mesa de su casa.

Nuestra Señora de Juquila es considerada y venerada como patrona de los transportistas y viajeros, al igual que el Beato Sebastián de Aparicio, y es gracias a los transportistas que el culto a la Virgen de Juquila se ha dado a conocer y llegado a rincones del país donde nunca antes se había escuchado sobre esta imagen. Desde hace algunos años su devoción ha ido aumentando y es común ver en las carreteras del centro del país pequeñas capillas dedicadas a la Virgen de Juquila, donde viajeros y transportistas pueden encomendarse a la que consideran su patrona.

Personalmente he sabido de los milagros de esta Virgen a los transportistas: conocí a una persona dedicada a este oficio que viajaba por todo el país transportando diversas mercancías y que tuvo un terrible accidente, en el que se incendió la unidad que conducía y él mismo resultó gravemente quemado en todo el cuerpo y su ropa se hizo cenizas, pero él mismo decía haberse salvado por milagro de la Virgen Juquila; ya que, a pesar de que toda su ropa fue consumida, por las llamas no así el escapulario con la imagen de la Virgen de Juquila que llevaba en el cuello.

Santuario de la Virgen de Juquila, Oaxaca, México.

Santuario de la Virgen de Juquila, Oaxaca, México.

La fiesta principal el honor de Nuestra Señora de Juquila se celebra el día 8 de diciembre. El pasado mes de abril, S.S. Francisco autorizó la coronación pontificia de la imagen de la Inmaculada Concepción de Juquila, la cual se llevará a cabo por manos del nuncio apostólico en México, Mons. Christophe Pierre, el próximo día 8 de octubre de 2014, para beneplácito de todo el pueblo católico mexicano.

André Efrén

Bibliografía:
– FREYRE, Gabriel, “La Compañía de María: iconografía célebre de México”, Tomo II, México, Apolo, primera edición, 2012.
– GARZA CHAPA, Rebeca, “María en México”, México, San Pablo, segunda edición, 2006.
– SCHNEIDES, Luis Mario, “Cristos, Santos y Vírgenes”, México, Planeta, primera edición, 1995.


[1] Este milagro es uno de los más comunes entre las leyendas de imágenes milagrosas, ya sea de imágenes de la Virgen o de Cristo, se cuentan por muchas las imágenes de las que se dice este mismo milagro, símbolo quizá para que los habitantes pensaran que eran los privilegiados y elegidos por la divinidad para resguardar aquella imagen tenida por milagrosa.

La Guadalupana y las Jerónimas de Puebla

Patrocinio de Nuestra Señora de Guadalupe y sobre la Orden de San Jerónimo y  el Convento de Jerónimas de Puebla, José Joaquín Magón, Museo Regional INAH, Cdad. de Puebla, México.

Patrocinio de Nuestra Señora de Guadalupe y sobre la Orden de San Jerónimo y el Convento de Jerónimas de Puebla, José Joaquín Magón, Museo Regional INAH, Cdad. de Puebla, México.

La devoción que suscita la patrona de la nación mexicana hacia su “Morenita del Tepeyac”, ha sido tan arraigada aun desde tiempos virreinales, sobre todo en la vida conventual femenina. La Ciudad de México y Puebla contaron, durante el periodo colonial, con más espacios para mujeres consagradas a Dios que en el resto de las ciudades en la Nueva España. En la Angelópolis aún quedan vestigios de estos espacios y se puede adivinar la vida dentro de sus muros. La Virgen de Guadalupe contó con gran fervor entre los recintos monacales poblanos, pues ya en el primer convento que tuvo la ciudad, que era el de dominicas de Sta. Catalina de Siena, la fiesta de la Guadalupana era celebrada por sus criadas. En la de las Concepcionistas fue nombrada segunda patrona del Convento. También existen pinturas y exvotos que muestra la aceptación por parte de las monjas de la ciudad hacia la Santa Señora del Tepeyac, como muestra el Museo de Arte Religioso del Ex convento de Santa Mónica.

El Convento de San Jerónimo y la Pintura Taumaturga
La Orden femenina de San Jerónimo se estableció en México a finales del siglo XVI, gracias a que unas monjas concepcionistas en la Ciudad de México en 1585, fundan la primera casa de la orden, donde vivió la gran poetisa Sor Juana Inés de la Cruz, y después el de San Lorenzo. Esta nueva orden de monjas contaba con ciertas prerrogativas, como poder hacer otras fundaciones en otras partes del país. El Convento de San Jerónimo de Puebla era uno de los más conocidos e importante, su nombre siempre estuvo ligado al colegio para mujeres o niñas vírgenes llamado de “Jesús María” que estaba dedicado a las más distinguidas y nobles de la ciudad, pues una condición primordial era que las alumnas probaran ser hijas de nobles caballeros.

Templo del Exconvento de San Jerónimo con su Colegio anexo de Jesús María, Cdad. de Puebla,  México.

Templo del Exconvento de San Jerónimo con su Colegio anexo de Jesús María, Cdad. de Puebla, México.

Primeramente se funda el Colegio, pues en 1586 el Cura Dn. Hernando Jerónimo de Santander compró unas casas, que más tarde donó al Ayuntamiento de la ciudad, para que se estableciera un colegio llevando el nombre de San Cristóbal. En 1597 una bula de la Santa Sede da el permiso para erigir un colegio de Niñas Vírgenes, uno de los patronos del Colegio el Capitán Juan García Barranco, solicitaba con mayor empeño que entrasen en el Colegio de Jesús María, las hijas de caballeros y personas más ilustres de la ciudad, y viendo que algunas se inclinaban al estado religioso gestionó la fundación del Convento en 1593, pero establecido formalmente el 15 de junio de 1600, resultado de un acuerdo entre el Obispo de Puebla Dn. Diego Romano y el Chantre de la Catedral de México Dn. Juan de Cervantes quien fungía como gobernador eclesiástico por sede vacante.

Para la casa de Puebla se escogieron 4 religiosas del convento San Lorenzo de la Ciudad de México, que fueron: Sor María de San Pablo como superiora, Sor Beatriz de la Magdalena, Sor Francisca de San Lorenzo y sor Juana de San Francisco. Por una cuestión no muy bien aclarada, parece que usaron un privilegio del Papa Clemente VII para cambiar los colores del hábito, el cual se diseñó con túnica blanca o crema, escapulario y manto rojo escarlata, en lugar del cíngulo de cuero, uno tejido de lino. Estando ya establecidas las jerónimas en su convento y colegio anexo, se pensó la construcción de su templo, iniciando en 1629 y terminándose en 1635. Grande debió ser la estima de los habitantes de Puebla hacia las religiosas, que tuvieron mucho benefactores, el más insigne seria el doctor José Carmona y Tamariz, quien, entre otras cosas, les regaló el Molino de Agua Azul, hoy un famoso balneario de la urbe. El Colegio de Jesús María estaba en la misma manzana que el convento, con entrada por la calle que lleva su nombre, aunque las monjas y colegialas estaban separabas pero compartían el templo a través de los coros, las colegialas estaban bajo la guía y dirección de una de las religiosas, siendo dichos institutos femeninos de los más prestigiosos en la ciudad.

Milagrosa imagen de la Guadalupana, Capilla de la Casa Central de la Hnas. Jerónimas, Cdad. de Puebla, (México).

Milagrosa imagen de la Guadalupana, Capilla de la Casa Central de la Hnas. Jerónimas, Cdad. de Puebla, (México).

Cuentan los relatos de las religiosas que una joven pareja, próxima a casarse, obtuvieron una pintura de la Guadalupana y que el contrayente llevó la obra al Santuario del Tepeyac en la Ciudad de México, para ser tocada con la original. Cerrado el templo donde se reguardaba el ayate original, la imagen fue tocada con la copia, pero cuenta que la imagen del sagrado original se borró para plasmarse en la copia, hecho que se tomó como milagroso, y con el temor que los indígenas y devotos, al otro día, no encontraran la bendita imagen, pidieron a la Santa Señora que regresara a su sitio, cosa que sucedió a fuerza de lágrimas y ruegos insistentes. La copia fue regalo de bodas a la novia, es de deducir que la imagen estuvo en el altar doméstico de una casa poblana. Este matrimonio tuvo muchos hijos, y dos hijas decidieron entrar en religión, inclinándose por el ya prestigioso Convento de San Jerónimo. Como regalo de los padre hacia sus hijas, les dieron la pintura de la Guadalupana, la cual consideraban su mayor tesoro, seguros que estaría mejor resguardado tras eso muros monjiles. Dicha imagen fue colocada en uno de los pasillos del claustro, hasta quedar relegada en el olvido sin culto y donde las condiciones climatológicas pudieran dañarla irremediablemente, pero que curiosamente, a pesar del descuido, siempre se mantenía como si fuera recién pintada.

La Virgen de Guadalupe, protectora del convento
El médico Pedro de Horta, escribe el “Informe Medico Moral de la penosísima y rigurosa enfermedad de la epilepsia“, en 1765 publicado en Madrid. En esta obra destaca la epilepsia como una enfermedad común en la ciudad de Puebla, el caso que originó tal obra fue el ocurrido en el Convento de San Jerónimo de la ciudad ocurrido en 1754, en el cual 77 religiosas manifestaron signos de epilepsia, cesando este “brote”, con la procesión con imagen de la Guadalupana que estaba en el Claustro, dentro del recinto monacal y jurándola como patrona. Como exvoto las monjas jerónimas mandaron hacer una pintura, atribuible a José Joaquín Magón y hoy se encuentra en el Museo Regional del INAH. En dicho cuadro se observa a la Santísima Trinidad rodeando a la Guadalupana, la cual es sostenida a modo de atlante por San Jerónimo patrono titular de la Orden. Bajo el manto de la Virgen se acogen en actitud devota a las monjas jerónimas y la figura del obispo de Puebla Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu, quien probablemente patrocinó la obra, pues incluso el mencionado prelado, aprobó la idea de que las religiosas proclamaran a la Virgen Guadalupana como patrona ante tan difícil circunstancia. A los lados de la Virgen y sosteniendo su manto se observa a Sta. Teresa de Jesús y a Santa Paula. La presencia de ambas santas en la pintura muestra el fervor de las religiosas para implorar la ayuda de los santos y su relación con su actividad monástica: Paula era seguidora de San Jerónimo y e inspirada por él, funda una comunidad de mujeres, es por ello que las jerónimas consideraran a esta mujer su Madre Espiritual y patrona de la rama femenina de la Orden; y Sta. Teresa a cuya intercesión acudió la superiora del convento Sor Alejandra Beatriz de los Dolores, para el delicado asunto del rompimiento de la Clausura por los médicos. La misma Sor Alejandra pidió consulta de la clausura con el vicario de religiosas don Gaspar Antonio Méndez de Cisneros, cuya respuesta favorable y la religiosa consideró que se debía a la ayuda de la santa doctora.

Milagrosa Imagen de la Guadalupana, Capilla de la Casa Central de la Hnas. Jerónimas, Cdad. de Puebla, México.

Milagrosa Imagen de la Guadalupana, Capilla de la Casa Central de la Hnas. Jerónimas, Cdad. de Puebla, México.

La imagen se convirtió en el baluarte espiritual del convento sucintándose gran veneración de los fieles que regalaban joyas para adornar la bendita imagen. Para agradecer tal prodigio que Dios había derramado a través de su Madre, las monjas renovarían cada año la Jura del Patronato de la Virgen sobre el Convento el 18 de julio, evento que aun sus sucesoras conservan llevando una copia de la dicha imagen en procesión por todo el recinto como se hizo en 1754.

Tras los avatares de la Guerra de Independencia, después de la aplicación de las Leyes de Reforma y la posterior Guerra Cristera en los que se afectó a los Conventos del país, las monjas Jerónimas de Puebla fueron expulsadas de su casa, pues tres veces compraron el convento gracias a familias amigas de las religiosas y con la venta de las joyas de la Virgen.

El Convento de las Jerónimas de Puebla, tras el periodo de paz después del conflicto religioso cristero, fuertemente influidas en 1940 por las enseñanzas y exhortaciones de la Constitución Apostólica “Sponsa Christi” de S. S. Pio XII, y guiadas por la prudencia y sabiduría del Vicario para religiosas, Monseñor Luis Maldonado Cortés, transformar el convento de clausura en un Instituto de Vida Apostólica. La Santa Sede otorga la transformación en Congregación de Derecho Pontificio el 7 de febrero de 1957. Siendo considerado el mencionado Padre Maldonado fundador en esta nueva etapa de las religiosas. Así como sus antecesoras, las Jerónimas de Puebla tomaron como patrona del su Instituto Religioso a la Taumaturga imagen de la Guadalupana, conservándose actualmente en la Capilla de la Casa Central de la Jerónimas de Puebla del Antiguo Convento de San Jerónimo.

En el Capitulo General de 2012 celebrado en la Casa General de la Congregación de la que salió como Superiora General, la Reverenda Madre Juana Pinto Vargas se decidió restaurar la imagen de la Patrona, previa consulta en capitulo a su Consejo y las religiosas de la comunidad central, descubriéndose tras una capa de pintura motivos florales que adornan la figura de la Guadalupana. El Instituto de Jerónimas de Puebla con más de 400 años de Historia es una prueba del amor a María, y que Ella no ha defraudado su confianza, antes bien pone en claro lo relatado en el Nican Mopohua: “¿No estoy aquí que soy tu Madre? …”

Tacho de Santa María

Bibliografía
– DE LEICHT, Hugo, Las Calles de Puebla. Secretaria de Cultura/ Gobierno del Estado de Puebla y H. Ayuntamiento de Puebla, 1999.
– MERLO JUÁREZ, Eduardo y QUINTANA FERNÁNDEZ, José Antonio, Las Iglesias de la Puebla de los Ángeles, Tomo II, Secretaria de Cultura/ Gobierno del Estado de Puebla, Universidad Popular Autónoma de Puebla. Octubre de 2001

– ANDRADE CAMPOS, Alejandro, Tesis “El Pincel de Elías: José Joaquín Magón y la Orden de Nuestra Señora del Carmen; Puebla mediados del siglo XVIII”. Puebla, Pue. Noviembre de 2013.

Enlace consultado:
– http://sendajeronima.jimdo.com/

Vírgenes de Cunduacán y Tacotalpa

Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán. Fotografía del grupo de Monaguillos de la Parroquia de la Natividad de María.

Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán. Fotografía del grupo de Monaguillos de la Parroquia de la Natividad de María.

Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán y la Asunción de Tacotalpa
En el sureste de México, en el estado de Tabasco, en dos poblaciones se veneran dos imágenes de María Santísima, una en el misterio de su Natividad y la otra en el de su Asunción, ambas imágenes entrelazadas por la leyenda que las une en un portento, el cual marcó el inicio de su culto en aquellas poblaciones y que dura hasta el día de hoy.

La leyenda nos dice que los poblados de Tacotalpa y Cunduacán mandaron a hacer a Guatemala dos imágenes de María, una de la Natividad para Tacotalpa, y la Asunción para Cunduacán, que eran sus respectivas patronas. Ambas imágenes fueron traídas a lomos de dos mulas desde Guatemala y llegaron a Tacotalpa el día 15 de agosto por la mañana, los pobladores se acercaron a recibir la imagen de su patrona, la Virgen de la Natividad, pero al tratar de destapar la caja que traía consigo la imagen, la mula no se dejó tocar, por más intentos que hicieron los pobladores, fue imposible quitarle su preciada carga al animal, cuando alguien se le acercaba, los golpeaba con sus patas traseras. Trataron de obligar a la mula, golpeándola y pinchándola con palos, pero nada servía, mientras, la mula se veía con los dientes al aire como riéndose de quienes intentaban descargarla. La otra mula se había echado pacíficamente sobre el pasto, mientras los pobladores se llevaron todo el día en sus intentos fallidos por descargar a su compañera.

Los pobladores convinieron de llamar al alcalde que era un hombre mayor, de gran sabiduría y fe, para que diera una resolución, pero como se encontraba muy enfermo, fue llevado hasta el lugar cargado en una silla. Al llegar, examinó el caso y quitó las dudas de los habitantes, que pensaban que eso era cosa del demonio, y les dijo que era una señal divina de que la Virgen de la Natividad quería ser venerada en Cunduacán y que la Asunción deseaba amparar a Tacotalpa, por lo tanto, fue descargada la mula que llevaba a la Virgen de Asunción con mucha facilidad, y esta imagen fue puesta en el altar principal del templo, y lo mismo se hizo en Cunduacán con la imagen de la Virgen de la Natividad.

Procesión de Nuestra Señora de la Asunción de Tacotalpa.

Procesión de Nuestra Señora de la Asunción de Tacotalpa.

Pero las leyendas alrededor de Nuestra Señora de la Natividad no terminan ahí. Se refiere en un novenario de principios del siglo XX que una antigua tradición narra que el 3 de mayo de 1693, debido a una terrible sequía que asolaba la región, el sacerdote y los fieles de Cunduacán acordaron sacar en procesión a la Virgen de la Natividad para pedirle que lloviera, y al pasar la imagen frente a una cruz de madera que se encontraba en el cementerio del templo, la cruz se inclinó dos veces, hasta tocar el suelo, en forma de reverencia ante Nuestra Señora. Debido a este milagro que todos constataron, el sacerdote decidió desenterrar la cruz y llevarla bajo palio en la procesión, detrás de la imagen de la Natividad, hasta ser colocada junto al altar mayor de la Iglesia. Posteriormente, el párroco del templo de la Natividad dio cuenta de lo sucedido al Papa y, después de ser autenticado el milagro, se decidió que la cruz fuera llevada a Roma y, ya en ese lugar, se dividió en tres partes con las que se formaron tres cruces: una se quedó en Roma, la otra fue enviada a España y la tercera se envió de vuelta al templo de la Natividad en Cunduacán, donde fue colocada a los pies de la imagen de María. Refiere esta novena que la bula por la cual se daba autenticidad a este milagro fue firmada en 1720, donde el Papa concedía indulgencias a quienes rezaran ante la Virgen de la Natividad, hicieran una peregrinación a su templo o rezaren su novena. Lo curioso del caso es que actualmente no se conserva ni la dicha bula ni la cruz que menciona este relato, muy posiblemente, de haber existido ambas cosas, se hayan perdido durante la persecución religiosa en Tabasco, que como es bien sabido, acostumbraban a quemar cuantos símbolos religiosos y documentos en los templos hubiera.

Ésta es una de las versiones de la novena, posiblemente la más fiable por estar en un documento antiguo que lo narra, pero también los fieles de Cunduacán narran oralmente otra versión de ésta, donde dicen que no fue una cruz la se que inclinó ante la imagen de María, sino que al ir en procesión, dos árboles de naranja con sus ramas estorbaban al paso de la imagen y que, al acercarse la procesión, estas ramas se inclinaron en reverencia dejando pasar a la Virgen, por lo cual ante el milagro se decidió cortar dichas ramas y hacer con ellas tres cruces, siendo enviada una a Roma, otra a España y la última resguardándose en ese mismo templo. Desgraciadamente tampoco se sabe si las dichas cruces enviadas a España y Roma aún existen.

Altar mayor del templo de Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán. Fotografía del grupo de Monaguillos de la Parroquia de la Natividad de María.

Altar mayor del templo de Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán. Fotografía del grupo de Monaguillos de la Parroquia de la Natividad de María.

Salves a la Virgen de la Natividad (fragmento)
Dios te salve, virgen pura,
Emperatriz celestial;
Amparo de pecadores
Patrona de Cunduacán.

Eres, Reina, la más linda
En vuestra Natividad
La más hermosa doncella
De la progenie de Adán.

Tu natividad gloriosa
Que hoy celebra Cunduacán
Así humilló a Satán
La cabeza presuntuosa,
Que tú huella majestuosa
En bien de la humanidad

Tanto esplendor y grandeza
Estos méritos te dan
Patrona de Cunduacán
Que eres celestial Princesa,
A cuya voz la ira cesa
De la excelsa majestad.

Tronos y dominaciones
Celebran tu nacimiento
Con respetuoso contento;
Que en las eternas regiones,
Causa gratas emociones
Tu grande festividad.

De tanta veneración
Una muerte dio la Cruz,
En donde tu hijo Jesús
Consumó la redención,
Como vio la población
Que exigía tu bondad.

Dos veces reverenciada
Fuiste Señora por ella
En tu imagen linda y bella
Que en el pueblo es venerada
Cuando en procesión llevada
Era con solemnidad.

André Efrén

Bibliografía:
– ORDÓÑEZ CAPETILLO, André Efrén, “Novena en piadosa prevención al festivo nacimiento de la sagrada aurora María Santísima en su advocación de Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán, Tabasco” (reedición), México, inédito, 2010.
– SANTA-ANNA, Justo Cecilio, “Tradiciones y leyendas tabasqueñas”, México, primera edición, Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, 2001.