Nuestra Señora de Guadalupe: reina de México y emperatriz de América (VIII)

Nuestra Señora de Guadalupe patrona de la Nueva España, anónimo novohispano.

Nuestra Señora de Guadalupe patrona de la Nueva España, anónimo novohispano.

De celestial patrona a símbolo nacional
El caso de Nuestra Señora de Guadalupe que hemos venido estudiando a través de esta serie de artículos es de particular importancia en el continente americano, pero especialmente en México, donde ha pasado de ser tan sólo un símbolo religioso a formar parte de los llamados símbolos nacionales, debido a la gran trayectoria y repercusión que la imagen guadalupana ha tenido en la historia de México. Para no hacerle cansado a los colaboradores y lectores ajenos a la historia de México, trataré de hacer este artículo lo más sintetizado posible, pero tocando los puntos más importantes que han llevado a la Virgen de Guadalupe a convertirse en un símbolo de mexicanidad para muchos, pues en las diversas etapas de la Historia de México ha tenido participación, lo que ha provocado darle esos tintes nacionalistas a su culto.

Desde la conquista de México en 1521 la sociedad novohispana comenzó a estratificarse en grupos entre los que destacaron los españoles peninsulares, los criollos, que eran los hijos de españoles ibéricos nacidos en América, las castas, los indígenas y los esclavos; estas divisiones estaban claramente marcadas y durarán durante todo el virreinato. Así, los criollos, por el simple hecho de haber nacido en América, no podían acceder a ciertos trabajos u oficios o a tener mejores salarios, mientras que a los españoles peninsulares, aun desconociendo el territorio y con poco tiempo en Nueva España, conseguían los trabajos más importantes y mejor pagados. Hacia 1531, con la aparición a San Juan Diego y el inicio del culto guadalupano, la imagen de María de Guadalupe tiene una gran acogida entre los indígenas especialmente, logrando conversiones masivas; y aunque el culto no se quedó sólo en los indios, sino que traspasó a todas las clases sociales, incluyendo al mismo virrey, ante la marcada diferencia social, la Virgen de Guadalupe fue inspiración, junto con el criollo San Felipe de Jesús, para formar lo que es llamado nacionalismo criollo o la conciencia nacional criolla.

La Compañía de Jesús, llegada a la Nueva España hacia 1572, es la que se encargará especialmente en retomar la imagen guadalupana y usarla para revalorizar la historia mexicana, los pensadores jesuitas son quienes elaboran la teoría de que la tierra mexicana está bendita porque la Madre de Dios tocó con sus plantas y bendijo esta tierra, y por lo tanto es una tierra elegida por Dios y por lo mismo los nacidos en ellas también lo serían, ya se traten de criollos, mestizos o indios, aunque sin duda todas estas enseñanzas fueron volcadas más hacia la sociedad criolla. Miguel Sánchez, quien hacia 1648 escribiera el relato de las apariciones, hace estas confesiones en su escrito: “Que la conquista de esta tierra era porque en ella había de aparecerse María Virgen en su Santa Imagen de Guadalupe, y con esto se le daba ya un significado religioso y casi predestinado a la conquista de México y por supuesto a la tierra novohispana. Los mismos jesuitas también se encargaron en aquellas épocas de darle un simbolismo cristiano al escudo de la ciudad de México y que actualmente es el nacional; así pues, el águila era símbolo de Cristo que devoraba a la serpiente infernal, parada sobre el nopal, que era símbolo de la corona de espinas; y las tunas, la sangre derramada para la salvación de los hombres.

Nuestra Señora de Guadalupe y las castas de la Nueva España, Luis de Mena, siglo XVIII.

Nuestra Señora de Guadalupe y las castas de la Nueva España, Luis de Mena, siglo XVIII.

Por esta misma devoción de los jesuitas hacia la Virgen de Guadalupe es que de esta orden saldrán quienes se encargarán de promover, ante S.S. Benedicto XIV, la declaración del patrocinio de la Virgen de Guadalupe sobre la Nueva España en 1757, encargándose de esto el padre Juan Francisco López, quien le narró al Papa la leyenda aparicionista de Guadalupe. Según se cuenta, al terminar el padre López desplegó una copia del ayate pintado por Miguel Cabrera y, al verlo el Papa, se postró y dijo aquellas famosas palabras bíblicas: “Non fecit taliter omni nationi”.

Todas estas ideas, mezcladas entre la divinidad y la historia, les dieron a los criollos un sentimiento nacionalista casi celestial, sintiéndose orgullosos de haber nacido en la tierra novohispana, al contrario como los españoles hacían verlos de menos por el simple hecho de nacer en América. Los criollos y la mayoría de los nacidos en tierra americana sintieron una identificación especial con la Virgen de Guadalupe, así como por su parte muchos españoles se sintieron más identificados con la Virgen Conquistadora, Nuestra Señora de los Remedios, que había venido con las huestes de Cortés. Actualmente estas ideas de nacionalismo nos parecen quizás un poco exageradas, pero durante aquellos siglos virreinales fue necesaria y sumamente importante para darle una identidad a aquellos que no se sentían ni españoles, ni indios, y que muchas veces eran rechazados por ambos; la Virgen de Guadalupe fue aquel símbolo de unión entre las clases más rechazadas de la sociedad novohispana, ya que era venerada por igual por criollos, mestizos o indios; y como ya mencioné no faltaron los españoles y los virreyes que le fueron devotos.

Todos estos sentimientos guadalupanos y nacionalistas repercutieron, lógicamente, en la posterior lucha por la independencia de México, siendo sus iniciadores especialmente devotos de la Virgen de Guadalupe, particularmente, porque además varios de ellos habían sido educados bajo la tutela de la Compañía de Jesús. Así, el 16 de septiembre de 1810, el cura del pueblo de Dolores, en el estado de Guanajuato, hace teñir las campanas en la madrugada y da el famoso grito con el que inicie la guerra por la independencia, en el que da vivas a la Santísima Virgen de Guadalupe. Su devoción queda más palpable cuando horas después llega al pueblo de Atotonilco y en el Santuario de Jesús Nazareno, que construyera el Venerable Luis Felipe Neri de Alfaro años atrás, toma una imagen de la Virgen de Guadalupe para ser usada como estandarte por las huestes insurgentes, bandera la cual será siempre el símbolo en esta empresa libertaria. Era tal la devoción del padre de la patria mexicana por Guadalupe, que siempre llevaba sobre su pecho una medalla y un enorme escapulario de la Virgen de Guadalupe, obsequio de unas religiosas pertenecientes a Valladolid. Era también destacable que muchos de los soldados insurgentes llevaban en sus sombreros la estampa de la Virgen Guadalupana.

Nuestra Señora de Guadalupe y los santos jesuitas, anónimo novohispano.

Nuestra Señora de Guadalupe y los santos jesuitas, anónimo novohispano.

Hacia 1812, otro importante insurgente, Ignacio López Rayón, quien prosiguió la lucha por la independencia a la muerte del cura Hidalgo, Allende y sus demás compañeros, al redactar los Elementos Constitucionales, dice en uno de los puntos de éste proclama que cada año se debe celebrar el 12 de diciembre por ser dedicado a la Virgen de Guadalupe.

Posteriormente, en 1813, el generalísimo José María Morelos y Pavón, al proclamar los Sentimientos de la Nación, considerados el primer intento de una Constitución para México, proclama en uno de los artículos: “Que se establezca por ley constitucional la celebración del día 12 de diciembre en todos los pueblos, dedicado a la Patrona de nuestra Libertad, María Santísima de Guadalupe, encargando a todos los pueblos la devoción mensual”. El mismo padre Morelos utilizaba como contraseña militar la palabra “La Virgen de Guadalupe”, del mismo modo, proclamó obligatoriamente que sus soldados debían portar un listón, lienzo o papel en el que se declarasen devotos de la Virgen de Guadalupe.

Esta devoción de los insurgentes por la Virgen de Guadalupe provocó, como ya en otras ocasiones se ha narrado, que las huestes españolas utilizaran por su parte a la Virgen de los Remedios, nombrándola generala del ejercito realista el mismo virrey Venegas y haciéndola desfilar, lista para la batalla, para enfrentarse a su “némesis” Guadalupana. El odio insurgente de los hispanos fue tal que se tornó contra la Virgen de Guadalupe, fusilando a muchas de sus imágenes, según narran algunos historiadores. Uno de los más famosos generales de la insurgencia y sacerdote, Mariano Matamoros, cuenta haber decidido ingresar a las filas insurgentes después de ver como los españoles agraviaban a las imágenes de la Virgen de Guadalupe, y después de esto decidió fusilar a quienes se habían atrevido a tal sacrilegio.

La declaración del patronato de la Virgen de Guadalupe sobre la Nueva España por S.S. Benedicto XIV.

La declaración del patronato de la Virgen de Guadalupe sobre la Nueva España por S.S. Benedicto XIV.

Entre los años de 1810 a 1814 se formó una sociedad secreta de apoyo a la insurgencia que tomaron por nombre “los Guadalupes”. Este grupo fue de vital importancia, pues apoyaban económicamente a la lucha insurgente y publicaban periódicos de apoyo, o se encargaban de conseguir armas para los soldados; son famosos los participantes de esta sociedad formada por Morelos, como Josefa Ortiz de Domínguez y Leona Vicario. Se dice que en diciembre de 1815, cuando el general José María Morelos era llevado preso para ser fusilado, pasó caminando por el Santuario de Guadalupe y pidió unos minutos en oración en la capilla del pocito; otras fuentes dicen que eran las puertas del templo donde se resguardaba el ayate en ese entonces.

Al consumarse la Independencia de México en 1821 y proclamarse poco después emperador don Agustín de Iturbide, éste hace que los restos de los iniciadores de la Independencia sean rescatados y llevados al Santuario de la Virgen de Guadalupe, donde se les hace una misa. En 1822 el mismo emperador de México crea la primera condecoración mexicana, “la Gran Cruz de la Orden de Guadalupe”.

Hacia 1824 habiendo terminado el primer imperio mexicano, se instaura la república federal y su primer presidente, Manuel Félix Fernández, decide cambiarse de nombre por el de Guadalupe Victoria en honor a que, gracias a la Virgen, habían conseguido la victoria en la independencia de México. Este mismo presidente es quien, en 1828, por decreto, eleva a rango de ciudad a la Villa de Guadalupe, bajo el nombre de Guadalupe Hidalgo. Es curioso mencionar que también durante esta presidencia se decide rehacer los planos de la ciudad de México; y en éstos se decide dejar fuera de ella el Santuario de los Remedios, a modo de “castigo” por haberse enfrentado a la guadalupana. Como hemos dicho en otras ocasiones, son situaciones desde el punto de vista cristiano bastante alejadas de lo que es la verdadera devoción a María, pero era el pensamiento que tenían en esta época muchos de los personajes de la historia.

En 1848, después de una cruenta guerra contra Estados Unidos, se deciden firmar unos tratados de paz con los que México perdió gran parte de su extensión territorial en la sacristía del Santuario de Guadalupe, llevando por nombre, debido a esto, dicho documento como “Tratados de Guadalupe Hidalgo”.

Miguel Hidalgo y las huestes insurgente con el estandarte de la Virgen de Guadalupe al inicio de la guerra de independencia, mural de Juan O'Gorman.

Miguel Hidalgo y las huestes insurgente con el estandarte de la Virgen de Guadalupe al inicio de la guerra de independencia, mural de Juan O’Gorman.

Entre 1857-1861, el presidente Benito Juárez hace la separación de la Iglesia y el Estado con las Leyes de Reforma y decide suprimir el calendario religioso; todo esto fue llevado a cabalidad, pero don Benito Juárez hizo dos excepciones: la primera con el Santuario de la Virgen de Guadalupe, al cual no se le inventarió ni se le cobró impuesto; y el otro fue con el Santuario de los Remedios. Del mismo modo, don Benito decidió respetar la celebración del 12 de diciembre. Es trascendente que a partir de ese momento la imagen de la Guadalupana dejó de presidir el lugar de honor en el Congreso que había ocupado desde principios del siglo; y fue sustituida por el escudo nacional.

Hacia 1864, con la llegada del segundo Imperio, es sabido que Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota de Bélgica visitaban el Santuario de Guadalupe y que la misma Carlota se volvió devota de la Virgen, así pues, el segundo emperador de México reinstauró una vez más la Orden de Guadalupe como condecoración.

Durante la época conocida como Porfiriato, en 1895, habiéndose relajado el cumplimiento de las leyes de Reforma, se logra al fin la coronación pontificia de la Virgen de Guadalupe, un 12 de octubre, siendo asistente a este acto la primera dama de la Nación, doña Carmen Romero Rubio, puesto que el presidente Porfirio Díaz, debido al laicismo de la Constitución, no le permitía asistir a actos religiosos.

Después de 32 años de dictadura, en 1910 don Francisco I Madero decide levantarse en armas, con lo que inicia el movimiento conocido como Revolución Mexicana, en la cual destacara don Emiliano Zapata, un campesino del estado de Morelos que luchó por la repartición de la tierra. Es destacable en las tropas zapatistas que tomaron, como hiciera el cura Hidalgo cien años antes, a la Virgen de Guadalupe como bandera y patrona de su ejército y así, se podía ver en los sombreros de los zapatistas estampas de la Virgen de Guadalupe.

Gran Cruz Imperial de la Orden de Guadalupe.

Gran Cruz Imperial de la Orden de Guadalupe.

El 14 de noviembre de 1921, debido a que los problemas entre la Iglesia y el Estado se acrecentaban, los cuales detonarían posteriormente la guerra cristera, la Basílica de Guadalupe sufrió un terrible atentado. Un hombre disfrazado como obrero puso un arreglo de flores, en el cual venía escondida dinamita, en el altar donde se veneraba el ayate de Guadalupe; la explosión fue tal que la plancha de mármol de 6 cm de espesor del altar quedó destrozada y una tarima de madera de 9 kilos que estaba muy cerca fue arrojada varios metros por el estruendo. Del mismo modo, el Cristo de bronce del altar quedó retorcido, por lo que desde ese momento se le comenzó a llamar “El Señor del Atentado”, pero la imagen Guadalupana estaba intacta fuera de la destrucción del cristal del cuadro: a la imagen no le sucedió nada milagrosamente.

En julio de 1926, después de que las iglesias decidieran cerrarse al culto en protesta contra la Ley Calles, que prohibía el culto público y el uso de hábitos religiosos, se inicia el conflicto conocido como la Cristiada, que durará hasta 1929. Es destacable entre los mártires cristeros que el grito que daban antes de morir era ¡Viva Cristo Rey! y ¡Viva La Virgen de Guadalupe!, ambos gritos fueron usados tanto por la facción armada de la cristiada como por los mártires. Del mismo modo, la imagen de la Virgen de Guadalupe fue usada en banderas nuevamente y, de esta forma, María de Guadalupe reemplazó al águila mexicana en la bandera tricolor como escudo.

Un poco después de que terminara el conflicto cristero, en 1929, hubo un suceso interesante en el caso guadalupano, después de que en 1934 el grupo de “camisas rojas” del ex gobernador de Tabasco, don Tomás Garrido Canaba,l realizaran una trifulca a las afueras del templo de San Juan Bautista en Coyoacán, México D.F; donde falleciera la Sierva de Dios María de la Luz Camacho. Se comenzó a correr un rumor de que estos mismos “Camisas Rojas” intentarían robarse el ayate de Juan Diego, muy posiblemente para destruirlo, como hicieran anteriormente en Tabasco con la mayoría de imágenes religiosas. Aunque es un suceso poco conocido, se dice que toda la gente se fue enterando en la ciudad de México de lo que intentaban hacer los “camisas rojas” y ante esto, decidieron salir armados con palos, piedras y utensilios domésticos con dirección a la Basílica de Guadalupe para proteger la imagen de la Virgen y evitar fuera profanada por el grupo de jovenes radicales. Fue tal la cantidad de personas que se reunieron en la puerta del Santuario para evitar la entrada de quienes intentaban profanar la imagen, que los jóvenes “camisas rojas” decidieron emprender la retirada y no volver a intentar nada.

Ceremonia de la coronación pontificia de Nuestra Señora de Guadalupe el 12 de octubre de 1895.

Ceremonia de la coronación pontificia de Nuestra Señora de Guadalupe el 12 de octubre de 1895.

Todo esto provocó la extrañez tanto entre los “camisas rojas” como entre los pobladores que fueron a defender la imagen, de cómo toda esa cantidad de personas se habían enterado de lo que intentaban los seguidores de Garrido; todas las personas, al hablar al respecto, coincidieron que en la noche un hombre de raza indígena con una mirada de mansedumbre se apareció en su casa y les dijo que debían ir a defender a la Virgen de Guadalupe, pues los camisas rojas intentarían profanarla. Nadie le preguntó su nombre o datos. Este indio, al que nadie había visto jamás, todos coincidieron en que sin duda no era otro que San Juan Diego, que había aparecido para alertar a los mexicanos para que protegieran la imagen de la Señora del Cielo.

En épocas más actuales, la Virgen de Guadalupe ha continuado teniendo un papel importante en la historia de México: en el año 2000, el candidato a la presidencia de México Vicente Fox Quesada, en varias ocasiones en sus campañas políticas enarboló un estandarte de la Virgen de Guadalupe, similar al que usara el cura Hidalgo doscientos años atrás y, posteriormente, al ganar la presidencia, horas antes de asumir los poderes de la Nación Mexicana, acudió en un acto, por de más polémico, a la Basílica de Guadalupe, a agradecer a la Virgen el ascender al poder. Este hecho no se había repetido en más de 150 años.

La Virgen de Guadalupe y su carácter patriótico se han reflejado no sólo en la historia de México, sino también en la devoción popular, pues muchos de los gozos entonados en honor a la Virgen tienen estrofas que aluden al sentimiento patriótico o a comparaciones con la bandera y el escudo, algunas de las cuales pongo a continuación:

“En Dolores brillo refulgente,
cual bandera su imagen sagrada
dando arrojo al patriota insurgente
y tornando invencible su espada”

“Siempre así lucirá si invasores
hoyar quieren de Anáhuac la tierra
el invicto pendón de Dolores
flameará nuevamente en la guerra”

Ejército zapatista entrando a la ciudad de México con el estandarte de la Virgen de Guadalupe.

Ejército zapatista entrando a la ciudad de México con el estandarte de la Virgen de Guadalupe.

Otra de las estrofas con tintes patrióticos más entonadas es ésta:

“Gloriosa bandera nos dieron tus favores
que sus tres colores no dejen de esplender
que la serpiente se agite inútilmente
sin lograr al águila vencer”.

La Virgen de Guadalupe sin duda se ha quedado en la conciencia popular como algo más que la celestial patrona. Se ha convertido en la madre de los mexicanos, cada persona en México tiene algo que decir sobre la Virgen de Guadalupe. Es casi imposible hablar de la historia de México sin referirse al impacto que tuvo en la misma la devoción guadalupana. No por nada a la Virgen de Guadalupe se le ha llamado “la Virgen que forjó una patria”.

André Efrén

Bibliografía:
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- ARGUETA, Jermán, “Crónicas y leyendas mexicanas: sucesos y leyendas de la Villa de Guadalupe”, México, Progreso, tomo XVIII, noviembre de 2008.
- CAMACHO DE LA TORRE, María Cristina, “Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe”, México, CONACULTA, primera edición, 2001.
- FLORESCANO, Enrique, “Memoria Mexicana”, México, Fondo de Cultura Económica, primera reimpresión, 1995.
- FLORESCANO, Enrique, “Imágenes de la Patria”, México, Taurus, primera edición, 2006.
- GRUZINSKI, Serge, “La guerra de las imágenes: de Cristóbal Colón a “Blade Runner” (1492-2019)”, México, Fondo de Cultura Económica, cuarta reimpresión, 2003.
- NEBEL, Richard, “Santa María Tonantzin Virgen de Guadalupe”, México, Fondo de Cultura Económica, tercera reimpresión, 2005.
- SIERRA, Loreto, “El ejército de la Virgen de Guadalupe”, en: MÉNDEZ, Carlos, Centro: guía para caminantes, México, Año V, núm.43, revista de publicación mensual, agosto de 2007.
- ZAREBSKA, Carla, “Guadalupe”, México, De bolsillo, primera edición, 2005.
- ZERON-MEDINA, Fausto, “Felicidad de México”, México, Clío, primera edición, 1995.

Nuestra Señora de los Remedios de Cholula, Puebla

Vista de la imagen de Nuestra Señora de los Remedios de Cholula. Fotografía de Jhon O'Leary.

Vista de la imagen de Nuestra Señora de los Remedios de Cholula. Fotografía de Jhon O’Leary.

Estimados lectores, desde hace tiempo deseaba hacer este articulo sobre la patrona de mi región, pues he hablado de otras imágenes célebres que hay en ella como muestra del fervor que este pueblo tiene a la Madre del Redentor, (ver Nuestra Señora de Tzocuilac y Nuestra Señora de la Encarnación del Divino Verbo). Espero que les guste.

Cholula, centro ceremonial
Al ser la milenaria ciudad de Cholula, el centro ceremonial por excelencia del mundo prehispánico, la Ciudad Sagrada, representada por su gran pirámide llamada Tlachihualtepetl, (en náhuatl “Cerro hecho a mano”), venía a ser el símbolo de la identidad de una gran diversidad de etnias y culturas tan distantes y tan disímbolas que abarcaban gran parte del mundo mesoamericano; identidad que se vio cruelmente aniquilada con la Matanza dirigida por los conquistadores españoles en aquel octubre de 1519, en su avance a la imperial ciudad de México-Tenochtitlán. El conquistador Cortés dice de la ciudad en sus Cartas de Relación que “tenia tantas torres como las tiene Valladolid”.

Una vez consumada la conquista militar de lo que fuera el imperio mexica y otros señoríos independientes, se iniciaría la conquista espiritual de sus habitantes que practicaban el politeísmo; y ¿qué mejor manera de significarla que levantando templos cristianos sobre las ruinas de los adoratorios prehispánicos? Uno de los mayores ejemplos de esto y el más visible de todos, es el culto y templo de Nuestra Señora de los Remedios, desplantada sobre la pirámide más grande de México y la de mayor volumen en el mundo.

Se afirmó entre los conquistadores que la ciudad tenía templos como días tiene el año, basándose en la idea de que los religiosos, junto con los conquistadores, construyeron sobre las ruinas indígenas un templo cristiano, surge el mito de la Cholula y las 365 iglesias. Aunque es verdad, no hay en el mundo un lugar donde haya más iglesias por kilometro cuadrado, a excepción de Roma.

El cerro hecho a mano, lugar de culto
Cholula fue desde los tiempos precortesianos un importante centro cultural, religioso y comercial. Los toltecas introdujeron el culto a Quetzalcóatl como deidad tutelar de la ciudad, pues al poco tiempo acudían peregrinos de todas partes de Mesoamérica a visitar los templos y llevar a cabo distintas ceremonias, como la confirmación de los gobernantes de diferentes lugares al iniciar sus funciones. A la gran pirámide dedicada a Chiconquiahuitl o “Señor 9 lluvia”, Motolinía la comparaba a la gran Babel de la que habla la Biblia por su grandes dimensiones, el religioso cuenta, junto con la Historia Tolteca Chichimeca, que ante la soberbia de los constructores al mando de un gigante llamado Xelhua, que tal edificio llegara a las nubes pero tal insolencia disgustó a los dioses y en castigo enviaron una gran piedra en forma de sapo a derribar lo construido. Por lo mismo, en la Historia tolteca chichimeca se representara a la ciudad con el Tlachihualtepetl con un sapo, y fluyendo desde las profundidades del cerro, torrentes de flores como alusión a la montaña cósmica de los mantenimientos o dadores de la vida. Será el mismo Motolinía el primero en nombrar a Cholula “la Otra Roma” por la cantidad de templos que había en tiempos prehispánicos, de esta manera, con el tiempo, se fue construyendo en la imaginación colectiva como un centro religioso y de peregrinación por excelencia como lo tuviera Roma para los católicos o la Meca para los musulmanes.

Placa del Tercen Centenario de la Dedicación del Santuario, Sotocoro del Convento Franciscano de San Gabriel, San Pedro Cholula (México).

Placa del Tercen Centenario de la Dedicación del Santuario, Sotocoro del Convento Franciscano de San Gabriel, San Pedro Cholula (México).

Con la llegada de los franciscanos en 1524, se levanta un modesto convento llevando como titular al arcángel San Gabriel, pero aún no hay noticias del culto a la imagen de la Virgen Remediadora. Motolinía en sus Memoriales menciona que los frailes del Convento, intentaron poner varias veces en el teocali sobre la gran pirámide, una Cruz para santificar el lugar, sin obtener éxito ya que los relámpagos de las tormentas las destruían, pero una vez cavando en dicho lugar los religiosos encontraron varias piezas relacionadas con el culto indígena, así pues, se procedió a consagrar el área y colocaron una campana bendita, se dice que desde ese momento se alejaron las tormentas eléctricas. Es posible que los franciscanos también dejaran la imagen de la Santísima Virgen en el teocali para sustituir el culto pagano a las deidades de la lluvia con el culto mariano, desde ahí la advocación de la Virgen estará relacionada con la lluvia, sin embargo, solamente es una suposición.

El Corregidor Gabriel de Rojas nos cuenta en su Relación de Cholula que para 1581, en la cima del Tlachihualtepetl no había santuario, tan solo una cruz. El investigador Francisco de la Maza menciona que el Santuario de la Virgen se construyó en 1594, pero no nos dice la fuente, es posible que este dato lo haya tomado de la placa que existe en el sotocoro del Convento de San Gabriel, colocado en 1894 con motivo del Tercer Centenario de la dedicación del Santuario.

El culto a la Virgen de los Remedios en la cima del Tlachihualtepetl
Será Fray Juan de Torquemada, en su Monarquía Indiana, el primer cronista que menciona el culto a la Virgen de los Remedios de Cholula. Considerando que la obra de Torquemada fue escrita entre 1592 y 1613, es probable que durante ese lapso de tiempo se construyera el santuario y fuera creciendo a la Virgen dirigido principalmente a la población indígena. Torquemada nos dice: “En este lugar pusieron los religiosos de San Francisco, que son los que desde sus inicios han adoctrinado e industriado en la fe y ahora les administran los sacramentos y doctrina cristiana, una cruz, luego que entraron en él, hasta que edificaron en el mismo lugar una ermita de la vocación de Nuestra Señora de los Remedios, que es ahora de mucha devoción y se va a decir misa a ellos todos los sábados.”

Con la llegada del Beato Juan de Palafox y Mendoza como obispo de Puebla, la secularización de las parroquias a cargo de los frailes de órdenes mendicantes en 1640, el templo mariano pasó a depender de la Parroquia de San Pedro Cholula atendido por sacerdotes diocesanos. Se cree que él impulsó la Fiesta de Labradores para hacendados españoles ya que la población indígena había descendido drásticamente para la segunda mitad del siglo XVII y se habían avecindado españoles y criollos que tenían obrajes y haciendas en el valle. Después se añadió a la celebración la participación de la población superviviente indígena, mestiza y mulata lo que se llamo fiesta de pobres.

Exvoto novohispano a la Virgen de los Remedios, Museo Regional INAH, Cdad. de Puebla, Puebla (México).

Exvoto novohispano a la Virgen de los Remedios, Museo Regional INAH, Cdad. de Puebla, Puebla (México).

Su culto creció considerablemente en la región, de tal manera que era invocada en las calamidades públicas, por lo que nacieron las bajadas a diferentes puntos del Valle de Cholula, también los fieles no se sintieron defraudados al invocar la ayuda de María en esta efigie, ya que existen exvotos confirmando tal culto.

Por su ubicación, el Santuario mariano ha sido grandemente golpeado a causa de los movimientos telúricos, como el de 1864, resultando seriamente afectado y fue necesario reconstruirlo totalmente, tomando la forma que permanece hasta nuestros días, gracias a los fieles y devotos de la Santa Señora alrededor de su santuario. La imagen fue llevada a la Parroquia de San Pedro Cholula para ser entronizada a su nuevo templo en 1874. Es posible que el gobierno de aquel tiempo contribuyera a la reconstrucción, pues se cuenta que el padrino de la bendición del Santuario fue el mismo Gobernador del Estado, Don Ignacio Romero Vargas. Para 1885 se construye la casa adjunta para el capellán a cargo del presbítero don Joaquín Cruz Martínez.

Mientras, el convento de San Gabriel fue elevado como Colegio de Propaganda Fide con la advocación de la Inmaculada Concepción en 1860, siendo ayudado en su erección y fundación por los frailes del Colegio de Guadalupe de Zacatecas, siendo Obispo Angelopolitano don Antonio Pelagio y Labastida. Es por tal motivo que la Mitra de Puebla, a la muerte de Dn. Joaquín Cruz, se les confía el cuidado de la imagen y su santuario. La Virgen que fue entregada por manos franciscanas, de nuevo regresaba a ellas, aunque se desconoce la fecha de tal hecho, se sabe que fue durante el episcopado de Don Francisco Melitón y Vargas que gobernó la diócesis entre 1888 y 1896, sólo se tiene la certeza de una ratificación de tal cuidado del templo a los franciscanos en 1919 por el Arzobispo Enrique Sánchez y Paredes.

Imagen antes de su restauración. Fotografía de Jhon O'Leary.

Imagen antes de su restauración. Fotografía de Jhon O’Leary.

Entre los visitantes ilustres que ha tenido el santuario tenemos a Alexander Von Humboldt, que midió la gran pirámide, o Maximiliano y Carlota de Habsburgo, efímeros emperadores de México en su arribo a la Ciudad de México. Una anécdota durante esta época: mientras se libraba la famosa Batalla del 5 de Mayo de 1862 en cercana ciudad de Puebla, donde se jugaba los destinos de la patria, los habitantes de Cholula celebraban con alegría y júbilo las Fiestas de Labradores y Pobres en medio de música y cohetes. El pueblo cholulteca, tan fiel a María, aún en un momento tan crítico, prefirió celebrarla para ganar la patria eterna, que ir a luchar por una patria terrena. Para inicios de 1910, al pie del Santuario Mariano, se construyó el Sanatorio Psiquiátrico Nuestra Señora de Guadalupe, a cargo de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios; San Benito Menni, tan devoto de María, que era el restaurador de la mencionada Orden, visitó la nueva casa y es de suponer que le hiciera visitas durante su estancia a la Santísima Virgen, quién mejor que Ella para confiarle la protección de esta casa hospitalaria que estaba detrás de su Santuario.

Ni las convulsiones políticas que atravesó el país o la Persecución a la Iglesia por los gobiernos “revolucionarios” disminuyeron la veneración de los habitantes por su Virgen, al contrario, aumentaron con mayor razón la confianza en su protección. Es así que el mismo grabador Jesús Posadas publica cierto milagro ocurrido a un tal Romualdo Quiñones, y ocurrido en Sonora; este individuo natural de Cholula se le acusó de un robo del que era inocente y fue condenado a la pena capital. En el momento de la ejecución invocó a la Virgen Remediadora, de la que era devoto desde su niñez, se oyeron los disparos y los soldados se retiraron pensando que el condenado había pasado a mejor vida. Pero éste, al poco rato, se levantó como si despertara de un sueño sin rastro de sangre, en seguida dio gracias a su benefactora. El relato resulta muy edificante, poco creíble, al igual de la existencia del Romualdo, pero contribuyó para que al invocar a la Madre de Cristo pasara lo que pasara siempre habría “remedio”.

El 28 de Agosto de 1973, vuelve a temblar en la zona y el templo resulta de nuevo afectado, esta vez los hijos de la Parroquia de San Andrés Cholula se organizaron para reparar los daños, acabándose los trabajos dos años después.

En noviembre de 1994, la ciudad de Cholula se volcó en fiesta para celebrar el Cuarto Centenario de la dedicación del Santuario de los Remedios siendo el Barrio de Sta. María Xixitla que tenía el cargo de la Mayordomía del Circular de los Remedios [1].

El 16 de junio de 1999, Cholula otra vez es golpeada por un sismo, de los más fuertes de los que se tenga memoria, y muchos de los inmuebles religiosos fueron severamente afectados, entre ellos el Santuario de los Remedios. La imagen de la Virgen fue trasladada al convento de San Gabriel mientras se hacían los trabajos de reconstrucción. Gracias al esfuerzo de los fieles y al Gobierno estatal, la imagen de Nuestra Señora de los Remedios fue devuelta a su yemplo en medio del júbilo de sus devotos el día 15 de agosto de 2003.

Imagen completa tal como se venera en su Santuario, Fotografía de Jhon O'Leary.

Imagen completa tal como se venera en su Santuario, Fotografía de Jhon O’Leary.

La imagen de la Virgen
En realidad no se tiene certeza de la procedencia de la efigie mariana. Por sus reducidas dimensiones, se sabe que se trata de una imagen de una pieza realizada para el culto doméstico, usada en los altares de las casa o de los conventos. Sus características técnicas y estilísticas sugieren que se trata de una talla posiblemente española o novohispana, manufacturada entre 1590 y 1620, es una pieza de taller de producción seriada. Tiene elementos formales arcaizantes que siguen la tradición de la figura tardo-medieval, como por ejemplo el reducido movimiento, expresión de ligera dulzura, contraposto, pliegos en el manto que cae sobre el brazo. Lleva el cabello suelto y dos rizos caen al frente. Representa a la Virgen María en su advocación de la Inmaculada Concepción inspirada en los modelos de la Tota Pulchra de principios del siglo XVI y privilegio mariano tan difundido, exaltado y defendido por la Orden Seráfica.

A través de los años, los datos históricos se han mezclado con leyendas y creencias populares. Estos relatos son de gran valor, porque son lo que le dan significado y continuidad al culto de la Virgen del “cerrito”, como cariñosamente la nombran en Cholula. La referencia legendaria más antigua sobre el origen de la imagen la encontraremos en una glosa del Códice Cholula, probablemente realizado poco antes de 1640. La traducción en náhuatl de lo que es legible, dado su estado de conservación, es la siguiente:

Cuando con gran milagro…
Mostró… en Roma a nuestro amado padre
Fray Antonio… la limpia Virgen Santa María…
Le dijo servidor mío irás allá…
La Nueva España en la Indias y verás que está en pie un cerro
Ahí me establecerás, donde entrarán en un palacio…
… los recibiré, escucharé su llanto y…

Dentro de la tradición oral hay varias versiones sobre los orígenes de la escultura. En una versión se dice que Fray Martín de Valencia era dueño de la imagencita. Durante el viaje al Nuevo Mundo, en el barco el fraile oyó una voz que le decía: “Hazme un santuario en lo alto de un cerro hecho a mano“. El fraile atribuyó esas palabras a su imaginación y no pudo comprender el mensaje. Cuando llegó a Cholula, vio un cerro muy alto y le explicaron que estaba hecho de adobe, en ese momento entendió que allí era el sitio donde la Virgen quería que se le construyera su santuario.

En una segunda leyenda se dice que un fraile franciscano, un día que subió al Tlachihualtepetl, se cayó y se extravió; tiempo después se vieron unos destellos en el cerro, fueron los frailes a investigar de dónde provenían y hallaron la santa imagen.

Imagen restaurada, Fotografía de Jhon O'Leary.

Imagen restaurada, Fotografía de Jhon O’Leary.

Otra versión cuenta que un soldado español que venía con Cortés, traía en su cargamento la imagen que le había hecho varios milagros. El soldado se quedó en el convento de San Gabriel, donde enfermó y murió. Antes de morir heredó sus pertenencias a un fraile que lo cuidó durante la enfermedad. Un día, el fraile vio que una luz salía del cargamento del soldado, que estaba abandonado en un rincón del convento, al abrirlo encontró la imagen milagrosa. El rayo de luz se dirigía al cerro artificial, por ello entendió que había que construir el santuario en ese lugar.

Se desconoce quién y desde cuándo se le empezó a llamar a la imagen de los Remedios, quizás fue el mismo pueblo, debido a la gracias y milagros obtenidas al invocar a María en esta escultura, o quizás por relación con la Conquista y los conquistadores españoles.

La imagen usualmente se encuentra dentro de un nicho en el Altar Mayor de su Santuario, la piedad desde la época colonial la ha vestido y ha llenado de alhajas. Hoy la vemos vestida con manto ampón y cauda con corona de plata bañada en oro, aureola de plata y a sus pies una media luna del mismo metal. La Sacra Imagen se asienta en una base de plata que forma un trono de ángeles y nubes, que a su vez se posa en el globo terráqueo donde se enrosca la serpiente del Edén que emerge de una nube plateada, sostenida por dos ángeles. Es en el siglo XVIII cuando se le añade la figura del Niño Jesús, haciendo eco en el artículo del Avemaría: “Bendito sea el fruto de tu vientre”. Por tanto. aunque el pueblo devoto la llame “de los Remedios”, iconográficamente es un representación de María en su Inmaculada Concepción. La imagen de Niño Dios en una imagen de la Inmaculada fue una idea franciscana muy recurrente en el país, basta citar las imágenes de Zapopan o del Pueblito.

También, dado la pequeñez de la imagen mariana y los patrones estéticos con que es vestida, la hacen hermana de otra imágenes celebres, como la de Zapopan, San Juan de los Lagos o Juquila, esta idea resulta poética, pero sin ningún fundamento histórico.

La imagen, con el paso del tiempo, cayó en un deterioro, por lo que que con la ayuda de la Asociación Pro Cholula y los Mayordomos del Circular del santuario, el señor Adolfo Huerta y Ma. de los Ángeles Ramírez del Barrio de San Juan Texpolco, en junio del 2013, siendo los restauradores Elisa Ávila Rivera y Carlos Picazo. Con esta restauración se dio a conocer la belleza de la imagen, que por tanto tiempo se ha ocultado tras las ropas propias de las modas y costumbres devotas de la época novohispana.

El Santuario de la Virgen
Gracias a la altura en que fue edificada, tiene una espléndida vista, no sólo del Valle de Puebla hacia el oriente, sino de los cuatro puntos cardinales.

Vista del Santuario Mariano sobre la pirámide del Tlachihualtepetl. Cholula, México.

Vista del Santuario Mariano sobre la pirámide del Tlachihualtepetl. Cholula, México.

La Portada de la iglesia presenta un arco sencillo de medio punto, flanqueado por columnas clásicas de estilo corintio; complementa la fachada un entablamento muy moldurado y la ventana del coro flanqueada por pares de columnas y volutas, además de un frontón quebrado para rematar un gran florón. Al lado de esta portada hay dos torres espigadas, siendo sus basamentos lisos y dos cuerpos superiores ornamentados con columnas corintias en las esquinas, agrupada en chaflanes, lo que le da un espacio más barroco que neoclásico. El último cuerpo es más ligero, culminando en capulines coronados con cruces sobre esferas. Es notoria la cúpula peraltada y forrada de azulejos de talavera con linternilla adornada con las consabidas volutas. La planta es de cruz latina, el interior del templo esta ornamentado con vistosos altares de estilo neoclásico al igual que el resto de la decoración, con cúpula y bóvedas en toda su superficie para halagar a la Virgen. Los anexos con diversas funciones de que dispone el inmueble religioso cuentan con un portal de ingreso de doble arcada construidos en el siglo XIX, merece la pena también mencionar el Camarín de la Virgen atrás del altar mayor donde los fieles pueden venerar por detrás la figura de la Imagen de María y la Sacristía. En el inmueble se encuentran obras novohispanas como la Virgen de la Luz de José Joaquín Magón y dos escenas de la Vida de San Francisco de Isauro Cervantes. El inmueble ha servido como escenarios para filmes de la época de oro como “Enamorada” con María Félix y Pedro Armendáriz; y “Camino a Talpa” donde el Santuario y la Virgen sustituye al de la Virgen del Rosario de Talpa, dado algunas similitudes de ambas imágenes.

Las Fiestas a la Virgen del Cerrito
La preparación de los festejos a esta advocación mariana empieza desde el 2 de agosto, fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles, curiosamente una devoción ligada a la familia franciscana quienes están a cargo del Santuario. Desde esa fecha hasta el tercer domingo de septiembre habrá misas en honor de a la Virgen, acompañadas con música de viento y cohetes, estas serán donadas por los fieles o asociaciones que hay alrededor del Valle. En la noche del 31 de agosto las imágenes patronales de los 10 barrios de Cholula se reúnen en el Convento de San Gabriel y se inicia la “Procesión de los Faroles” que culminara en la explanada del Santuario para cantarle las mañanitas a la Virgen. El día primero de septiembre día de la Virgen de los Remedios es considerado una fiesta en la que se le dedica a la gente de afuera, y el 8, día de la Natividad de la Virgen, será el día mas festivo del Santuario considerado para los de la “casa”, pues ese día se hace el trueque en la feria que es una de las más importantes de la región. Incluso en relación a la fiesta de la Virgen tradicionalmente se come cecina, con rajas rojas, ensalada de nopales, queso de Chautla y los cuetlas o gusanos de maguey.

Festejos en la Parroquia de San Andrés Cholula tras la Bajada de la Virgen.

Festejos en la Parroquia de San Andrés Cholula tras la Bajada de la Virgen.

Otra de las fiestas en honor a María será la “fiesta de Labradores y Pobres” que se verifica el Domingo de la Santísima Trinidad, que como hemos dicho, quizá fue impulsada por el Beato Juan de Palafox y Mendoza. La imagen de la Virgen Remediadora baja de su Santuario a la Parroquia de San Pedro y al Convento de San Gabriel acompañada por las imágenes patronales de los barrios y pueblos dependientes de la parroquia junto a la participación de todos los gremios que hay en la ciudad.

Dado las calamidades públicas de pueblos de los alrededores del Santuario, se invocaba la ayuda de la Virgen y así surgieron las bajadas de su Imagen original. Con el tiempo fue sustituida por otras imágenes peregrinas. El fervor de tales pueblos hacia cuando algunas de estas es igual que si tuvieran a la imagen original, sobre todo en las recepciones y fiestas que le hacen en cada una de las comunidades. Como muestra, está la Parroquia de San Andrés Cholula durante las dos semanas que esta de visita, el templo se convierte en un jardín por la cantidad de flores con que es adornado el recinto en su honor, junto con las alfombras de aserrín. Lo mismo con la Comunidad de San Luis Tehuiloyocan que la recibe con grande arcos florales, o el pueblo de San Francisco Acatepec donde el la comunidad se queda prácticamente desierta cuando van por la Virgen o la devuelven a su Santuario.

Con todo esto, la imagen de María con el título de los Remedios ha sido para Cholula, un signo fuerte de identificación, cultura y fe a través del tiempo, que nace desde lo más profundo de una devoción sencilla y sincera, venerándola como Reina, invocándola como Virgen, y amándola como Madre. El católico cholulteca de ayer como el de hoy cantara con certeza siempre:

“Jamás, Oh Virgen Pura,
Jamás he de olvidarte.
Mi dicha y mi ventura
Será por siempre amarte.”

Tacho de Santa María

Bibliografía:
- Guía Puebla-Atlixco-Cholula. Arquitectura Representativa, Semana del Patrimonio.
Secretaría de Cultura del Estado de Puebla /Gobierno del Estado de Puebla 2005-2011.
- FALLENA MONTAÑO, Denisse y MORALES, Francisco, Tríptico Virgen de los Remedios, Fe y devoción de los Cholultecas. Asociación Pro-Cholula/Fundación Omar Jiménez Espinoza. 2013.
-Lecturas de Puebla Tomo III, Secretaria de Cultura del Estado de Puebla/Gobierno del Estado de Puebla. 1994.

Fuentes Orales:
- Humberto Quitl del Barrio de Santiago Mixquitla, San Pedro Cholula.
- Hermano Crescencio O. H de la Comunidad de Nuestra Señora de Guadalupe, Cholula, Pue.

Otras fuentes:
- Ciclo de Conferencias: “Imágenes Marianas en la Nueva España, Memoria y Permanencia”. Día 7 de Julio de 2011: “Una conquistadora, varias efigies”. Ponente: Mtra. Denise Fallena Montaño. Biblioteca Franciscana/UDLAP. Convento Franciscano de San Gabriel Arcángel, San Pedro Cholula, Puebla.
- Ciclo de Conferencias: La Virgen de los Remedios, Fe y devociones de los Cholultecas. Mes de septiembre de 2013. Ponentes: Denisse Fallena Montaño y Dr. Fr. Francisco Morales O.F.M. Casa del Puente, San Pedro Cholula, Puebla.


[1] Mayordomía del Circular. Sistemas de cargo socio-religioso más importante en los barrios de la Parroquia de San Pedro Cholula, y que “circula” cada año entre los diez barrios. Estas mayordomías son tres: Nuestra Señora de Guadalupe, San Pedro de Ánimas y el más importante, Nuestra Señora de los Remedios.

San José, Patrono de Zapotlán el Grande, Jalisco

Vista de la imagen de San José venerada en Zapotlán (México).

Vista de la imagen de San José venerada en Zapotlán (México).

Introducción:
En el mes de mayo del presente año, se dio a conocer una adaptación en las Plegarias Eucarísticas de la celebración de la misa. Un detalle sencillo, pero muy significativo. El Santo Padre Francisco autorizó que en dichas anáforas se hiciera mención de San José, inmediatamente luego de la conmemoración que de la Santísima Virgen María. Ya el Beato Juan XXIII había incluido, luego de siglos, el recuerdo del Esposo de María, en el Canon Romano, pero el reconocimiento no se consolidó en los demás esquemas litúrgicos. Con este gesto se colma el deseo y anhelo de muchos devotos del Padre Nutricio de Nuestro Señor Jesucristo, que desde hace décadas insistían en este cometido que por fin ha llegado a feliz término. Como homenaje a este suceso y en continuación y sintonización con los artículos que se han publicado sobre San José en este blog, se une este artículo que trata sobre una devoción que se le tiene al Santo Patriarca en el municipio de Zapotlán el Grande, Jalisco, cuya cabecera, Ciudad Guzmán, es la sede de la Diócesis del mismo nombre.

Ciudad Guzmán:
Zapotlán el Grande es un municipio ubicado en el sur de Jalisco, cuya cabecera municipal se llama Ciudad Guzmán, y que es la sede de la Región Sur del Estado. [1] Zapotlán significado “donde abundan los zapotes o chirimoyos”, un fruto de sabor agradable. El apelativo de “El Grande” le viene para distinguirlo de otros poblados con el mismo nombre que tuvieron menor influencia política, económica y social en la entidad. Tiene su origen entre 1632 y 1633, en que el venerable Padre Fray Juan de Padilla, OFM, posteriormente martirizado en Sinaloa, fundó una doctrina que denominó “Doctrina de Santa María de la Asunción de Tzapotlán” y que fue el centro misional de aquella vasta región, llegando a tener una influencia determinante para la evangelización de los naturales no solo de ahí mismo, sino de otras provincias como Tamazula, Ávalos, Autlán, Tenamaxtlán y Amula.

Fueron los hijos de San Francisco quienes administraron eclesiásticamente esta zona, que por entonces pertenecía al entonces llamado Obispado de Michoacán, hasta finales del siglo XVIII, en que se secularizó la administración clerical. Por agencias del Siervo de Dios don Antonio Alcalde y Barriga, obispo de Guadalajara, al ver la distancia que había entre la sede episcopal de Michoacán y esta zona, obtuvo que las provincias de La Barca, Colima y Zapotlán el Grande se segregaron de ese obispado y se anexaran al Obispado de la Nueva Galicia, con sede en Guadalajara, con la finalidad de que los fieles tuvieran una mejor atención espiritual.

Vista de la catedral de Ciudad Guzmán, México.

Vista de la catedral de Ciudad Guzmán, México.

Desde el siglo XIX latía la idea de un Obispado en ese rumbo, pero fue hasta durante el pontificado del Papa Pablo VI que mediante la Bula “Qui Omnium Christifidelium” del 25 de marzo de 1972 se erigió la deseada Diócesis, que quedó como sufragánea de la de Guadalajara, y que quedó erigida formalmente el 30 de junio de 1972, siendo nombrado como primer Obispo, Don Leobardo Viera, anteriormente obispo de Colima. La sede catedralicia se determinó que fuera la parroquia del lugar, dedicada a la Asunción de Nuestra Señora y que es el centro de culto y devoción a San José, junto al que se une la veneración de Nuestra Señora del Rosario.

San José
El culto que se le da a Dios se llama “latría” o adoración. Con este se le reconoce como Padre, Creador y Señor; origen y fin de nuestras existencias; reconociéndolo como Ser Supremo del cual siempre dependemos. A la Santísima Virgen María, unida de manera especial a la Santísima Trinidad, le damos un culto especial sobre todos los Santos. El culto a los Santos se le llama “dulía” y lo que hacemos con ellos, es reconocerlos como ejemplo e intercesores. Pero a la Madre de Cristo, esta veneración, por razones obvias se le llama “hiperdulía”, es decir, más fuertemente. San José, su esposo, que hizo las veces de padre terrenal de Cristo, tiene un culto denominado “protodulía”, puesto que siendo jefe de la Sagrada Familia, estuvo por muchas razones, lleno de más gracias y dones que todos los Santos. La razón del culto a San José, el Carpintero de Nazaret, esta esencialmente fundado en que luego de María, no hay otra persona más santa que Él. Es de suponerse que Cristo no le negara nada quien le dio sustento; como hizo el Faraón de Egipto a su primer ministro, el hijo de Jacob, parece que ahora nos dice a nosotros: “Id a José”.

Imagen de San José venerada en Zapotlán, México.

Imagen de San José venerada en Zapotlán, México.

José es pues de Cristo, así como Cristo es de José. Por la Encarnación del Verbo en el seno de María, José llegó a ocupar las funciones del Padre Celestial con el Hijo del Hombre. Y así como después de Jesús, no hay nadie más importante en el corazón de María que José, en el corazón de Jesús tampoco hay nadie más importante luego de María que José.

Esta devoción al Santo Patriarca fue madurando con el tiempo, el pueblo cristiano supo descubrir en él, por muchas razones, a un protector, un intercesor, un defensor. Hay ciertos lugares en el mundo en que se le tiene mayor afecto a San José. Razones geográficas como en Belén y Nazareth, donde vivió, así como en Egipto, donde vivió en el exilio. También a causa de algunas reliquias suyas existen centros de devoción josefina: Neuville, Francia, que asegura tener su cinturón. En Chiusi, en Toscana, Italia, se venera un anillo. En Florencia, su Cayado. En Lovaina tiene un Santuario Nacional. En Holanda, en la provincia de Venray, hay otro Santuario muy visitado; Barcelona tiene el célebre templo de San José de la Montaña. En America, el más famoso de los santuarios se halla en Montreal, Canadá, cuya promoción y construcción se debe a San Andrés Bessette.

En 1524, Fray Martín de Valencia y los primeros doce franciscanos que misionaron en la Nueva España, ya habían constituido patrono de la evangelización a San José. Además el Rey Carlos II de España había ordenado que San José tuviera en su monarquía el rango de Titular. En México hay muchos templos, parroquianos y santuarios esparcidos por todo el territorio nacional, sin detenernos en detallarlos a todos, sólo se referirá que en 1555, luego del I Concilio Provincial Mexicano se nombró a San José como Patrono de la Iglesia de México, titulo ratificado por el III concilio provincial de 1583. Sin duda alguna, la imagen del Castísimo Patriarca Señor San José más celebre y más venerada en el occidente del país es la que se conserva con ferviente culto en la Catedral de la Diócesis de Ciudad Guzmán.

Los hijos de San Francisco, motivados por estas y otras razones, establecieron en la parroquia del Zapotlán la devoción a San José, rastreándose su culto desde el S. XVII. Es probable que anterior a la actual imagen haya existido otra, la que fue sustituida por esta, con origen en la escuela de Guatemala, que floreció desde el S. XVI y que produjo imágenes religiosas de Nuestro Señor Jesucristo, la Santísima Virgen María y de varios Santos. Se recuerda entre los escultores de este lugar a Quirino Castaño, que esculpió el Santo Cristo de Esquípulas, así como Mateo y Evaristo Paz, Juan de Pedroza y Alonso de la Paz. De este lugar se diseminaron por diversas partes de México bastantes imágenes que han llegado a nuestros días.

Antigua fotografía de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán (México).

Antigua fotografía de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán (México).

La leyenda
La piedad mal entendida y falsa devoción, para dar mayor veneración a las imágenes famosas, quieren darles siempre un origen sobrenatural y la conseja dice que un arriero llegó a la población de la Cofradía del Rosario donde dejó un cajón, desapareciendo sin dejar rastro. Tiempo después, la autoridad eclesiástica con la civil destaparon el cajón donde, con sorpresa, hallaron las imágenes de San José y de Nuestra Señora del Rosario, las cuales fueron conducidas en su solemne procesión a la iglesia parroquial. Para dar mayor crédito y firmeza a la leyenda, se le adorna con la palabra “TRADICIÓN”. Lo bueno es que hay documentos y testimonios históricos que aclaran el origen histórico. Los archivos refieren que los franciscanos hicieron venir de Guatemala, junto a la imagen de San José, otra de la Santísima Virgen María para darles culto en este lugar.

Hacia 1806 la imagen se salvó de la destrucción causada por un terremoto que derribó la iglesia parroquial. El 25 de marzo de ese año, un temblor asoló la ciudad, muriendo más de 2000 personas. La imagen del Santo Patriarca se condujo al templo de la Tercera Orden donde permaneció hasta el 6 de septiembre de 1881, en que el entonces párroco Don Atenogenes Silva, luego Obispo de Colima, dedicó la nueva parroquia al Sagrado Corazón de Jesús e hizo trasladar el Santísimo Sacramento con la imagen del Señor San José a la nueva sede. Aquí permaneció 19 años hasta que el 7 de octubre de 1900 se traslado a la nueva iglesia parroquial, hoy Catedral, quedando colocada al fondo de la nave lateral poniente exactamente en el lugar opuesto al altar de la Virgen del Rosario.

Hacia 1909, siendo párroco Don Silvano Carrillo, luego obispo de Sinaloa, un sacerdote Vicario y Sacristán Mayor, tuvo la idea de deshacerse de la imagen por anticuada y carente de belleza. La hizo colocar sobre unas columnitas falsas para que por el peso se venciera, lo cual sucedió el 9 de marzo de ese año, cuando el Sacristán se subió a su altar para sacudirla. Lleno de angustia el señor cura Carrillo determinó que la reparara temporalmente el P. Enrique Gómez, con habilidades artísticas y conocimiento de escultura. La reparación provisional se hizo y luego se mandó a Guadalajara donde un escultor profesional la reparó y al unir el cráneo quebrado, antes de hacerlo, encontró en su interior un papel con el nombre del escultor y referencias de su origen de un taller guatemalteco. En junio de ese año, el escultor queretano de gran fama y pericia Agustín de Espinoza, consolidó magníficamente la restauración, dotando además a la imagen del Niño Jesús que antes no tenía.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Fotografía de 1909.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Fotografía de 1909.

Desafortunadamente en 1957, con motivo de su coronación pontificia, el entonces párroco Don Adolfo Hernández Hurtado, luego Obispo de Tapachula y posteriormente Auxiliar de Guadalajara, se dejó llevar por un torpe aprendiz de escultor llamado Félix Álvarez y se retocó la imagen, destruyendo la singular coloración y belleza que le había puesto el Maestro Espinoza, situación lamentable para quienes entienden de arte.

Descripción de la imagen
Los rasgos de la imagen testifican su origen guatemalteco y no queretano, como algunos han querido. Tiene vestiduras de talla y estofadas con dorado, algo deterioradas, se le sobreponen ropas elaboradas con telas finas y artísticas. Aunque tiene la cabellera tallada en la misma cabeza, le colocan una cabellera de pelo natural. Su pierna derecha es recta y la izquierda flexionada; a la inversa de la iconografía tradicional, sostiene con el brazo derecho al Niño Dios y con la mano izquierda lleva el báculo florecido con azucenas. Deja asomar sus pies, calzados con sandalias. Su rostro no es de belleza artística, pero es devoto y de lineamientos aceptables. Sus ojos son de vidrio y con pestañas sobrepuestas. Su barba bien moldeada y partida. Tiene la boca entreabierta mostrando la lengua y la dentadura, lo que le torna expresivo y animado, inspirando respeto y devoción. Ordinariamente viste túnica verde y manto amarillo, estrena ropa cada año para las festividades, algunas veces con estilos muy artísticos e incluso con colores no tradicionales. Tanto él como el Niño Dios portan coronas imperiales.

El patronato
La Región Sur de Jalisco ha padecido constantemente temblores de tierra, originados por el volcán de Colima que anteriormente se llamaba volcán de Zapotlán. Estos sismos han causado en Zapotlán muerte, sangre, luto y llanto. En 1747 ocurrió un sismo de tal magnitud que conforme a la usanza de la época colonial, los Padres Juan Bautista Solís y Juan Antonio Caro, ambos Franciscanos, con algunos principales vecinos y en privado, juraron a San José, Patrono de Zapotlán contra los temblores. Dos años más tarde, el 22 y 23 de octubre de 1749, sucedieron otros terribles temblores, lo que llevó a los principales vecinos a elevar un voto público y jurídico que refrendara el de 1747, comprometiéndose a celebrar anualmente su fiesta el 22 de octubre, aniversario del temblor. El Obispo de Michoacán, Don Martín de Elisacoechea dio su aprobación para ratificar el juramento.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2009.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2009.

El 25 de marzo de 1806 un temblor asoló la región, hubo como 2000 muertos, muchos de ellos dentro de la parroquia pues asistían a una misión de los Padres Franciscanos del convento de Santa Cruz de Querétaro. Ante esta tragedia se renovó el voto juramentando, siendo desde esas fechas que se celebran religiosamente y puntualmente las fiestas del 22 de octubre.

El cariño de los lugareños a San José le ha dado un grado tan singular, que lo consideran protector y defensor contra rayos, inundaciones, sequías y calamidades públicas. Su imagen se saca en procesión cuando hay graves malestares, como cuando explotó el volcán de Colima el 20 de enero de 1913 o en sequías prolongadas, como en 1945 y 1969, cuando tras públicas rogativas, se precipitaron copiosas lluvias que fueron el inicio de un buen temporal.

La coronación pontificia
Con intención piadosa, el vecindario de Zapotlán tenía el deseo de que la imagen de San José se coronara con la autoridad del Papa, lo cual se logró con la autorización de S.S. Pío XII con breve de 12 de marzo de 1957, lo cual se realizó el 22 de octubre de ese mismo año. Coronó la imagen del Niño Dios, el Delegado Apostólico Don Luigi Raimondi, la del Santo Patriarca, el Arzobispo José Garibi Rivera y la de Nuestra Señora del Rosario, el Arzobispo de Primado de México, Don Miguel Darío Miranda. Cabe señalar que las coronas de San José y Niño Dios son de forma imperial, mientras que la de Nuestra Señora del Rosario es Condal, pues por detalles administrativos se solicitó solamente y como tal se concedió, la coronación pontificia para San José.

Las fiestas
Desde 1747 se celebra anualmente el 22 de octubre el Patronazgo de San José. El novenario comienza el 13 de octubre, repartiéndose los gastos de cada día entre grupos, personas y asociaciones. La función del día 22 de octubre corre por cuenta del Mayordomo, elegido por sorteo cada año, quien procura de su peculio, la fiesta de San José y de la Virgen del Rosario, su inseparable compañera. Hay peregrinaciones de los distintos decanatos y vicarias.

El 22 de octubre se celebra la fiesta principal, comenzando desde muy temprano con el canto de las mañanitas. La misa principal es concelebrada y presidida en ocasiones por algún Obispo invitado, incluyendo a veces, al Nuncio Apostólico. Por la noche hay juegos pirotécnicos, que son el culmen de una feria regional que atrae visitantes del sur de Jalisco, de Colima y aún de diversas zonas de la República Mexicana.

Detalle de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario sacadas en procesión en Zapotlán, México.

Detalle de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario sacadas en procesión en Zapotlán, México.

El 23 de octubre se realiza el acto más popular. Se celebra temprano un funeral por los Mayordomos difuntos. Luego se realiza un magno desfile de carros alegóricos, cuyo origen data desde 1844. Cierra el contingente un carro denominado “El Trono de San José” en el que va su venerable imagen acompañada de la Virgen del Rosario con el Niño Jesús en sus brazos. Al terminar el desfile, las imágenes son llevadas a la casa del Mayordomo, donde son colocadas en un bien aliñado altar. Allí se velan toda la noche, acudiendo el devoto vecindario a venerarlas. Al día siguiente son trasladadas con igual pompa a la catedral, donde son recibidas por el Obispo Diocesano, para ser colocadas en sus respectivos nichos realizando a continuación el tradicional sorteo para elegir al nuevo Mayordomo de las festividades del año siguiente.

Apéndice: Nuestra Señora del Rosario
Junto a San José, Ciudad Guzmán ha unido desde siempre la devoción a Nuestra Señora del Rosario, cuya cofradía data desde 1617 y que fue en esos tiempos la promotora de su culto y devoción. La imagen original con cerca de tres siglos, fue retirada del culto y luego de rodar por diversos lugares pasó a la iglesia de la Merced, donde pese a ser una imagen antigua y con cierta venerabilidad, estuvo arrinconada sin veneración alguna. Luego fue restaurada por un escultor mediocre que la transformó de talla a media talla, quedando muy fea. Para mayor desatino, en la década de los años cuarenta fue retocada por manos inexpertas, acabando con esta antigua imagen que se salvó del terrible temblor de 1806.

Como quedo dicho anteriormente los Padres Franciscanos hicieron venir desde Guatemala, las imágenes de San José y La Santísima Virgen María, pero la que llegó de estos lugares, no es la que está en la Catedral. En 1978, el primer Obispo de Ciudad Guzmán, Don Leobardo Viera localizó una imagen muy bella, vestida de la Virgen del Carmen. Por sus formas y estilos es probable que esta imagen haya sido la que acompañó la imagen de San José desde Guatemala. Como la imagen de la Virgen del Rosario que está en la Catedral, fue coronada canónicamente, no se sustituyó y fue colocada al parecer en el Oratorio privado de la casa del Obispo, ubicada en al esquina de Colón y Rayón de esa ciudad.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2011.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2011.

Fray Luis del Refugio Palacio, gran autoridad en arte e historia, asienta que la Virgen del Rosario de Zapotlán es una escultura de la autoria de Mariano Perusquía, escultor de origen español que perfeccionó sus aptitudes en la Academia de San Carlos y que nació en 1771. Tuvo su taller en Querétaro y luego se trasladó a Guadalajara, de cuyos talleres salieron hermosas imágenes para ambas ciudades. Por tanto, esta imagen debe de datar de la tercera década del S. XIX. Y fue adquirida muy probablemente por el párroco de Zapotlán en aquel tiempo, Don Patricio Arteaga. Aunque hay otra opinión que asegura que fue el P. Atenógenes Silva, quien siendo párroco de Zapotlán fue quien la adquirió durante su gestión entre 1880 y 1883. Lo cierto es que esta imagen es la más bella que tiene el estado de Jalisco respecto a la advocación de Nuestra Señora del Rosario.

Es digno de mencionarse que esta imagen estuvo a punto de ser estropeada en 1957, cuando iba a ser coronada junto con la imagen de San José. Un escultor aprendiz sorprendió al párroco Don Adolfo Hernández y puso mano en la imagen de San José; su maestro Fidel N. Galindo le hizo un serio reproche y, con la colonia de Zapotlán que había en Guadalajara, acudieron al Arzobispado de Guadalajara, Don José Garibi Rivera, para que impidiera que un inexperto tocara la imagen de Nuestra Señora del Rosario, obra de Don Mariano Perusquía, así que de inmediato se suspendió el proyecto y la Virgen del Rosario se libró de un atropello de leso arte y quedó en su prístina belleza original, cual salió del afamado artista.

Imagen de la Virgen del Rosario venerada en Zapotlán, México.

Imagen de la Virgen del Rosario venerada en Zapotlán, México.

Descripción
Es una imagen de tamaño natural, con un rostro de incomparable belleza, fruto de un profundo estudio y gran dedicación. Su cuello es esbelto y su cabeza se inclina a la izquierda, tiene un aspecto virginal y maternal a la vez. Sus ojos de cristal tienen una mirada baja y en sus labios se dibuja una sonrisa dulce que atrae el corazón. La mano derecha aparece elevada con actitud de tomar entre sus bien delineados y delgados dedos pulgar e índice, el extremo del Rosario, que también toma con su mano izquierda con la que sostiene al Niño Jesús. La coloración de la Virgen es apiñonada y un tanto morena, la imagen es exclusiva para vestirse de telas, teniendo un rico y variado guardarropa de vestidos y mantos de telas, seda y brocados. Anualmente estrena un vestido nuevo. Tiene cabellera postiza sobrepuesta sobre su cabeza, la que se cubre con una mantilla que le da un cierto donaire. Antes llevaba corona imperial, pero desde la coronación pontificia porta una corona ducal. Tiene un altar en el fondo de la nave lateral oriente, en un nicho de madera labrada y resguardada por cristales. Su principal festividad es el 7 de octubre, aunque comparte las celebraciones en honor de su esposo San José el 22 de octubre.

Humberto

Bibliografía:
- OROZCO CONTRERAS, Luis Enrique Cango. Iconografía Mariana de la Provincia Eclesiástica de Guadalajara. Sine Labe Concepta, pp. 142-20, Guadalajara, Jalisco. 1980. Editado por el Autor.


[1] Zapotlán ha tenido varios nombres: primero se llamó Tlayolán, luego Tzapotlán, después Tzaputlán y pueblo de Santa María de la Asunción de Zapotlán, nombre dado por el misionero fray Juan de Padilla al ponerlo bajo la advocación de la Virgen. El nombre de Zapotlán el Grande lo llevó oficialmente durante 150 años. Sin embargo, el 19 de abril de 1856, en memoria de Gordiano Guzmán, un insurgente de la lucha de independencia y que también combatió en contra la intervención norteamericana en México durante 1847. Fue fusilado en 1854 por ser un estorbo político para el dictador Antonio López de Santa Ana. Se le puso el nombre de Ciudad Guzmán a este municipio siendo gobernador de Jalisco Santos Degollado. Sin embargo, el 9 de enero de 1997, se publica el decreto número 16474 emitido por el H. Congreso del Estado, en el que se aprueba el cambio de nombre del municipio de Ciudad Guzmán por el de Zapotlán el Grande.

Santa Jacoba: historia, devoción y folklore

Imagen de Santa Jacoba entronizada en su santuario.

Imagen de Santa Jacoba entronizada en su santuario.

La piedad popular en México se vive con una mezcla de tradiciones autóctonas y sentimientos de fe cristiana que raramente se encuentran amalgamados de forma tan peculiar en otra parte del mundo. Quiero exponer ahora un fenómeno religioso poco conocido, me refiero a la devoción a “Santa Jacoba” que representa un caso único a nivel nacional, sin paragón en la cristiandad posiblemente, debido al nombre con que se conoce a esta advocación de la Inmaculada Concepción. Con los datos no tenemos elementos suficientes para hacer una valoración del desarrollo del culto, que es antiquísimo, pero se hará el intento en base a los testimonios locales y a posibles hipótesis que puedan dar una solución en torno a la confusión de nombres y fiestas.

En el pintoresco poblado de Ajacuba, Hidalgo, en el centro de la República Mexicana cada 25 de julio es celebrada con gran fervor la fiesta de Santa Jacoba, con manifestaciones de tradición propia del lugar; son numerosos los habitantes que se llaman Jacoba, Jacobo o Jacob en honor a esta advocación cuya devoción es muy sentida en los alrededores.

Axocopan, como se llamaba en un principio, era un pueblo que se funda con tres culturas: chichimeca, tolteca y mixteca, teniendo como centro el cerro del Ponzha (que significa lugar donde hay leña); aquí es donde se tiene el lugar sagrado del Teotlalpan o camino de los dioses, donde se encontraba el lugar de los siete Templos. Las ruinas de estos adoratorios idolátricos aún se pueden apreciar cerca del cerro.

Para 1548 y 1571 se nombra Santa María Ajacuba aunque en 1522 Jerónimo López y Valeriano de la Cruz la llamaron Axocopanque y al irla transcribiendo la identificaban como: Axacuba o Xacuba, reiterando que los escribanos españoles lo fueron modificando a su arbitrio como Axocopan y Santa María Jacuba, nombre que influye en la devoción mariana.

Evangelizaron el lugar los frailes Agustinos como consta en las distintas ermitas que construían donde se concentraban grupos numerosos de indígenas que estaban dispersos en toda la comarca del valle de Ajacuba. Los actuales edificios religiosos son del siglo XIX y XX.

Vista de la ermita y atrio de Santa Jacoba en Ajacuba, México.

Vista de la ermita y atrio de Santa Jacoba en Ajacuba, México.

Entre las imágenes que llegaron poco después de la llegada de los agustinos a la comunidad se encuentra el Señor de Maravillas, que está colocado en el altar mayor de la Iglesia del Arenal, Hgo. También una talla de un crucifijo llamado el Cristo de Santa Teresa, venerado anualmente en octubre, Santiago Apóstol (llamado Señor Santiaguito) y la imagen de la Santísima Virgen en su advocación de la Inmaculada Concepción, a quien actualmente se le llama Santa Jacoba y que es venerada cada 25 de Julio. El hecho de que se honre a la Santísima Virgen en el día de la fiesta del Apóstol Santiago al parecer se debe a que en ese día se conmemora la llegada de Don Antonio de Valeriano a tierra ajacubense.

La imagen mariana fue llevada al templo de la Virgen de Guadalupe, (el templo recibió el título de Parroquia hasta 1987) a inicios del siglo XX ya que antes esta imagen estaba colocada en el altar de la Hacienda “el Tenguedo”, después de la Revolución Mexicana, y es venerada como patrona del pueblo, junto con la Guadalupana y el Cristo de Santa Teresa como los principales patrones de la región.

A raíz del Concilio pastoral Vaticano II, no dogmático, la imagen es retirada del culto público y guardada en la sacristía para ser expuesta solamente una vez al año con motivo de la fiesta del 25 de Julio; los fieles protestan y al poco tiempo se levanta un templo en el actual barrio de Santa Jacoba donde es entronizada la antigua imagen.

Cabe destacar que después de que la Imagen fue guardada y luego regresada al culto público, hace aproximadamente 30 años, la Virgen Inmaculada era llevada en procesión a las faldas del cerro Ponzha donde se construyó el actual templo en su honor. Durante el tiempo de la construcción del Templo en su honor la imagen fue resguardada en la casa de una persona devota, la señora Socorro Ramírez. En esos años la fiesta se llevaba a cabo debajo de un árbol que aún se encuentra en la plaza principal de la colonia Santa Jacoba.

Una vez construido el templo la imagen mariana es entronizada solemnemente por el P. Rubén Medrano. Dice la leyenda que en la base del actual templo, el cual tiene una nave de 30 metros, se encuentra la base de una pirámide precolombina en donde se hacían ceremonias de índole pagana y posiblemente sacrificios humanos.

Antigua fotografía donde se aprecian ruinas precolombinas cerca de la ermita de Santa Jacoba.

Antigua fotografía donde se aprecian ruinas precolombinas cerca de la ermita de Santa Jacoba.

Desde entonces el culto se ha arraigado nuevamente entre la feligresía aunque en el lugar donde se encuentra la iglesia es una zona donde la tecnología y los servicios han tardado en llegar, (a pesar de ser la cabecera municipal); ante estas carencias las personas acuden a venerar a Santa Jacoba y a responderle como hijos devotos. Como se ha dicho arriba, son muchos los pobladores del lugar y de otras regiones que en acción de gracias por los favores recibidos bautizan a sus hijos con el nombre de la advocación, las flores y las veladoras abundan delante de la taumaturga imagen en especial durante la fiesta patronal de julio y en el rezo de la novena preparatoria a la solemnidad. El día de la solemnidad hay fiesta en torno a la imagen con muestras de devoción filial en especial las danzas, los arreglos florales y las “mandas” o promesas que hacen los peregrinos en acción de gracias por los beneficios recibidos.

La devoción por esta imagen mariana es muy antigua, arraigada en la población local y entre los pueblos vecinos. Lamentablemente muchos desconocen los pormenores de la advocación y llegan a decir que la imagen representa a una santa italiana o griega, otros la confunden con Santa María Magdalena o alguna de las santas mujeres; los más informados quisieron darle los atributos de Santa María Salomé (madre de los apóstoles Santiago y Juan) la cual es conocida en Italia como Santa María Jacoba por la referencia a su hijo Santiago el Mayor.

El reto pastoral en referencia a esta devoción es principalmente erradicar la ignorancia. Las sectas evangélicas de origen norteamericano pululan entre los pueblos sencillos y, poco a poco, destruyen no solo las tradiciones de origen católico, sino también arrasan con el folklor y la algarabía propia de los pueblos. A esto debe añadirse que entre los pobladores hay mucha rebeldía y fanatismo para ver más allá de la simple imagen, pero lo que más importa, como nos lo mencionan miembros de la catequesis local, es lograr que todos puedan leer en la imagen de Santa Jacoba a la Santísima Virgen María, la misma Madre de Dios. Para esto se propugna que se retome el nombre original de Santa María Jacoba.

Cerro Ponzha, centro de idolatría, en sus cercanías los misioneros evangelizaron y sentaron la devoción a la Inmaculada como Santa Jacoba.

Cerro Ponzha, centro de idolatría, en sus cercanías los misioneros evangelizaron y sentaron la devoción a la Inmaculada como Santa Jacoba.

¿Qué problemas se plantean para el que quiera investigar más ahondo? Surge primeramente la cuestión alrededor de las circunstancias en las que se desarrolla la devoción local, primeramente porque el 25 de Julio es fiesta de Santiago Apóstol, Sanctus Iacobus. Pero el culto se tiene en referencia a una “santa”, no al apóstol, por lo que existe la duda de cómo pudo haber una trasposición de nombres y de fiesta. Primeramente porque el día de la celebración corresponde a una fiesta tradicional en honor a Santiago, es decir Iacobus, pero la imagen venerada es femenina. La respuesta que se da, al menos en teoría, es porque según la tradición fue en un 25 de Julio que llegó a Ajacuba Don Antonio de Valeriano uno de los principales forjadores de la región.

Poncho

Nuestra Señora del Rosario de Talpa

Vista de la imagen completa y vestida de Nuestra Señora del Rosario de Talpa, México.

Vista de la imagen completa y vestida de Nuestra Señora del Rosario de Talpa, México.

Además de Nuestra Señora de Guadalupe, el pueblo católico mexicano venera a lo largo del país a la Santísima Virgen María en santuarios de verdadero alcance nacional. Tales son los casos de Nuestra Señora de los Remedios en Naucalpan, Estado de México, Nuestra Señora de la Soledad, en Oaxaca, Nuestra Señora del Roble, en Monterrey, Nuevo León, Nuestra Señora de la Luz, en León, Guanajuato, Nuestra Señora de la Salud, en Pátzcuaro, Michoacán. En el occidente del país, en el estado de Jalisco, se hallan los santuarios más celebres, con la suerte de que aunque estén dentro de una misma entidad federativa, cada uno corresponde a diferentes diócesis. En efecto, Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, a la Diócesis de San Juan de los Lagos, Nuestra Señora de Zapopan, a la Arquidiócesis de Guadalajara y Nuestra Señora de Talpa, a la Diócesis de Tepic, cuya sede se encuentra en el vecino estado de Nayarit.

A estas tres últimas advocaciones se les conoce como las “hermanitas” o “primas”; dado que tienen casi el mismo tamaño, se les viste casi igual y tienen su origen y hechura en los talleres de Páztcuaro, Michoacán, donde los misioneros obtenían imágenes que los acompañaban en sus correrías apostólicas, donándolas luego como recuerdo personal a la población o una persona en particular. [1]

Este artículo trata sobre Nuestras Señora del Rosario de Talpa, cuya taumaturga imagen es la meta de muchas peregrinaciones a lo largo del año. A ella acuden miles de personas buscando el consuelo en sus penas, el remedio de sus necesidades y la paz para sus almas.

Talpa
Talpa viene del náhuatl: “Tlalli” (tierra) y “pan” (encima o sobre), por lo que este nombre significa “Sobre la Tierra”. Fue cabecera de un cacicazgo dependiente del tlatoanazgo de Amoxocotlán, hoy Mascota, feudatarios ambos del reino de Xalisco. Hacia 1523, el conquistador de México, Hernán Cortés nombró a su primo Francisco Cortés de San Buenaventura como Alcalde Mayor de Colima, con la consigna de conquistar las provincias al Norte y Oeste de ese lugar, lo cual se logró hacia 1525.

Detalle del rostro de Nuestra Señora del Rosario de Talpa, México.

Detalle del rostro de Nuestra Señora del Rosario de Talpa, México.

Luchas internas entre los conquistadores Cortés de San Buenaventura y Nuño Beltrán de Guzmán, hicieron que este último volviera a conquistar estas regiones, poniendo como sede de esta provincia a Compostela, quedando de esta manera Mascota y Talpa dentro de su jurisdicción.

La conquista espiritual de estos lugares se debió en primer lugar al Br. Don Juan de Villadiego, sacerdote anciano que acompañaba a la tropa de Francisco Cortés, hacia 1524. En 1530 se tiene noticia del paso por estas zonas de Fray Martín de la Coruña, Fray Gerónimo de la Cruz y Fray Juan de Badillo, de la orden franciscana; sin embargo, la verdadera labor correspondió por su trabajo, dedicación y trágico fin, a Fray Francisco Lorenzo, quien evangelizó el valle de Ahuacatlán y fundó el pueblo de Santiago de Tlalpan, dando como patrono al Apóstol Santo Santiago el Mayor. El método evangelizador de este misionero consistía en bautizar a los niños y catequizar y luego bautizar a los adultos. Este bendito religioso fue electo guardián del convento de Etzatlán, Jalisco, a donde se dirigió con otro hermano lego, Fray Francisco de la Anunciación. Ambos fueron sacrificados en la iglesia de Cacalotlán, estando Fray Francisco Lorenzo de rodillas ante el altar. Los mataron a macanazos los indígenas del lugar y de donde luego sus cuerpos fueron llevados al convento de Etzatlán, donde se guardan sus restos como preciosas reliquias. Así, con el martirio, consumó su vida el fundador y evangelizador de Talpa.

Como es costumbre entre los misioneros franciscanos, en cada pueblo fundado y atendido por ellos, se construía un hospital, dedicado siempre a la Limpia Concepción de Nuestra Señora, el de Talpa se ubicaba donde ahora se halla la Parroquia de San José. Los misioneros franciscanos atendieron espiritualmente este pueblo fundado el 25 de Julio de 1551 hasta finales del S. XVI, en que se entregó su administración al Clero secular de la Diócesis de Guadalajara, capital del Reino de la Nueva Galicia.

En el siglo XVII, la zona de Guachinango, a ocho leguas de Talpa, tuvo un florecimiento enorme debido al descubrimiento de minas, las cuales se fueron explotando hasta las proximidades de Talpa, donde hubo minas como las del Bramador, de la Concepción y el Desmoronado, Ostotipac, San Sebastián y La Resurrección, logrando este lugar gran bonanza, llevando por eso el nombre de “Real de Santiago de Talpa”. Este lugar se estableció como Ayuntamiento en 1844 siendo elevado a la categoría de Villa el 18 de Septiembre de 1885 con el apelativo de Allende, en honor del insurgente Don Ignacio Allende.

Mural que representa la redacción de la Auténtica.

Mural que representa la redacción de la Auténtica.

La Auténtica
Muchas versiones, incluso por escrito, han tratado de referir el origen y el culto de Nuestra Señora de Talpa, pero todas ellas carecen de fundamento. Históricamente hay un documento, el cual fue mandado redactar por el sacerdote que entonces era párroco de Guachinango, que fue protagonista del suceso y que relata como sucedió el prodigio que renovó a la imagen. Se llama “La Auténtica” y no es que sea ese el nombre del documento, sino que así se le ha conocido popularmente, como queriendo dar a entender que es la auténtica relación al milagro. Es a esta fuente a la que se ha de acudir para conocer o estudiar el suceso histórico que sucedió en Talpa el 19 de septiembre de 1644.

El documento original fue entregado al Obispo Juan Ruiz Colmenero con motivo de su visita pastoral al lugar en 1649, cinco años luego del prodigio. El prelado dejó en Talpa una copia del documento rubricado. Veintiséis años después, el mismo sacerdote añadió un último párrafo añadiendo nuevas noticias. Se hizo una nueva copia de esta relación en el pueblo de Mascota firmada y rubricada por clérigos y religiosos de la región con fecha del 17 de Septiembre de 1670. En 1721, el señor Cura Jerónimo Fernández de Lara ordenó la nueva redacción del documento con presencia de testigos y notario. En 1732, el 24 de diciembre, el Br. Don Joaquín Eustaquio de Estuñiga y Barrios se dió a la tarea de transcribir el testimonio, en el Libro de Asientos de Casamientos que también firmaron algunos testigos. Ha llegado a nuestros días la copia original que hizo redactar el Sr. Cura interino José Antonio Macías, también rubricado por testigos y fechada el 26 de Abril de 1836.

Este documento concuerda con el original registrado en el libro primero de gobierno de la segunda a la quinta foja. Esta copia cita detalles, testimonios, fechas y copias anteriores y que concuerda con el estampado de una tabla de la sacristía que estaba apolillada y maltratada por el tiempo, que se podía leer pero requería su conservación histórica en algún libro. Este documento lo hizo publicar y conocer el Padre Juan Nepomuceno Ibarra con autorización de la Sagrada Mitra de Guadalajara para que la conocieran los devotos de Nuestra Señora del Rosario de Talpa y firmó una nueva copia con fecha del 7 de Septiembre de 1854. Finalmente el 14 de Octubre de 1930, el Párroco de Talpa, Don Filemón López González, al ver el deterioro del libro 1º de Gobierno de la basílica, escribió personalmente una copia en el libro de Gobierno de la Basílica por entonces en uso, y que se conserva en el archivo parroquial.

El interés del P. Pedro Rubio Félix y de los párrocos posteriores para dejar por escrito la relación del prodigio sucedido es sólido y continuo, en un afán de conservar la memoria de tan importante suceso para que llegara a las generaciones venideras el texto en su integridad.

Mural que representa la renovación milagrosa de la imagen.

Mural que representa la renovación milagrosa de la imagen.

La renovación de la imagen de Nuestra Señora del Rosario
En septiembre de 1644, el párroco de Guachinango, P. Pedro Rubio Félix, adonde pertenecía el poblado de Talpa, visitó el lugar para celebrar la fiesta del Apóstol Santo Santiago y la de Nuestra Señora de la Limpia Concepción. [2] Al ver en el altar de la capilla varias imágenes de Cristo Nuestro Señor, de la Santísima Virgen y de otros Santos en muy mal estado y que no movían a la devoción, porque estaban carcomidas, quebradas y desfiguradas, pidió a los mayordomos que hicieran un hoyo en la sacristía, que las envolvieran en una sábana y que las sepultaran allí. [3]

En esas faenas estaban la Tenanchi [4] María, hija del cantor Francisco, el día 19 de septiembre del mismo año, cuando tomó la imagen de Nuestra Señora del Rosario, una de las figuras más carcomidas y desbaratadas por estar hecha de caña de Michoacán y muy antigua. Entonces salió de la imagen un gran resplandor que la deslumbró e hizo caer a la mujer, otras mujeres que aseaban la capilla, al verla tirada, fueron a levantarla y al preguntarle lo que le había pasado, les dijo: “¿No veis esa Virgen desbaratada que está de otra manera? Echando resplandores de fuego, rodeada de nubes que me hizo así. ¿Qué será esto?”. Las indígenas se acercaron al altar y al mirarla, les sucedió lo que a la Tenanchi, cayendo todas por el suelo; un muchacho fue luego a dar aviso al Alcalde, al Fiscal y a otros naturales del lugar, quienes vinieron de prisa y espantados por tal prodigio, cayeron de rodillas y pusieron a los lados de la imagen dos velas que encendieron.

Enviaron luego al Cantor Francisco Miguel a buscar al Cura de Guachinango, P. Pedr Rubio Félix, quien se dirigió a Talpa acompañado de algunos españoles y un notario para averiguar el caso. Para el día 22 en que llegaron a Talpa, la noticia del portento se había extendido por la comarca, habiendo ido muchos vecinos de Mascota, para ser testigos del hecho. El P. Rubio fue a la capilla a hacer oración y dispuso que se encendieran en el altar unas velas que había portado para la ocasión y se sorprendió porque las velas que se habían encendido a cada lado de la imagen, no se habían consumido. Prendió las velas que llevaba, cantó las Vísperas y al día siguiente celebró una misa. Las velas que llevó y que juntas pesaban 6 libras se consumieron, pero las velas primeras ardían sin derretirse y consumirse todavía. Este se considera el segundo milagro luego de la renovación de la imagen de Nuestra Señora.

Vista completa de la imagen sin los adornos.

Vista completa de una réplica de la imagen sin los adornos.

Para perpetuar el evento, hizo averiguaciones pertinentes entre los naturales y españoles presentes, y al inquirir el origen de la imagen, supo que era de un indígena llamado Diego Felipe, criado de Clemente de Torres, que había descubierto la mina de la Resurrección, y quien la donó a un hermano tuyo, vecino e indio principal de Talpa, encargándole que le tuviera insigne veneración, puesto que por su intercesión se había visto favorecido en sus necesidades. Este hombre la tuvo en su casa hasta poco antes de morir, por algunos años, dejándosela en herencia a su hijo Francisco Miguel que era el Cantor de la capilla y quien decidió donarla a la capilla del hospital donde se carcomió por el tiempo y la polilla. Cabe señalar que este nombre es el padre de la muchacha que iba a sepultar la imagen de la Virgen.

Luego de su renovación, la imagen continuó presentando los mismos rasgos fisonómicos con que fue esculpida, tal como la hacían los artistas indígenas de Pátzcuaro, pero su peso se modificó y de ser liviana y ligera, se hizo pesada, como de madera. En el S. XIX, el capellán de la Basílica Pbro. Don Juan N. Ibarra, con el afán de de hacerla vestirla con ropas de tela, con una imprudente piedad, hizo que se le hicieran unos rebajes de la espalda de la imagen, y la materia desprendida se conserva como reliquias que se guardan en la Basílica. De lo hasta aquí narrado es oportuno declarar que si la extraordinaria renovación es un milagro, corresponde a la Iglesia determinarlo. Pero el hecho histórico ha quedado consignado y analizando los hechos, lugares y cargos, dan una referencia válida.

Cuando el afamado orfebre del occidente de México Don J. Manuel Peregrina hizo el vaso de plata que resguarda la imagen, al examinarla, pudo dar testimonio al P. Luis Enrique Orozco Contreras, gran historiador de las imágenes Marianas de la provincia Eclesiástica de Guadalajara, que observó que la imagen era de madera oscura, maciza y pesada como de Tepehuaje, dando un parecido a el cedro rojo. La transmutación logró que pasara a ser de materia sólida, con un acabado típico de las imágenes elaboradas en Michoacán, habiendo sido en su origen humilde, débil y deleznable. ¡Cosas del poder de Dios!

Fotografía de la imagen original sin los adornos.

Fotografía de la imagen original sin los adornos.

Descripción de la imagen
Mide la pequeña escultura 38 cm. de altura, la Virgen está de pie y es toda de una sola pieza con el Niño Jesús que porta de pie sobre su mano izquierda. Su cuello es erguido y su rostro tiene una altura de 6 cm. de la barbilla a la frente, con facciones de un tanto regordido. Los ojos son pintados, sus labios son cerrados y las pestañas son señaladas con una sombra. Tanto la Madre como el Hijo tienen la piel morena, oscurecida por la pátina del tiempo y con barniz brillante como el de las imágenes elaboradas en Páztcuaro.

Su túnica fue policromada y hoy aparece deslucida, le baja del cuello a los pies y muestra la rodilla derecha muy flexionada. Lleva un manto que le cae desde la nuca y que se confunde con los pliegues de la túnica. Su brazo izquierdo lo tiene recogido con la palma de la mano vuelta hacia arriba y en la que se posa el Niño Jesús completamente desnudo, quien mide 8 cm. de alto, y que tiene la mano derecha levantada con actitud de bendecir. Las cabezas de ambos tienen un pibote incrustado para sostener las coronas. Tanto el rostro de la Madre como del Hijo muestran en su mejilla derecha una pequeña mancha, como un lunar, sobre los que también se han tejido muchas leyendas [5] y que no son sino un defecto de la pasta de caña en su origen o de la primitiva coloración y barniz que le diera su autor y que persistió luego de su renovación.

Nunca han sido restauradas, muestran el estropeo del paso del tiempo y de los rebajes que se le hicieron con afán de vestirlos con ropa de tela. La Virgen se viste con una túnica y se le pone un manto imperial con cauda, llevando sobre las caídas unas guirnaldas de flores que le dan un estilo particular.

La Virgen como el Niño llevan sobre sus cabezas pelucas postizas, sobre las que portan sendas coronas imperiales. Resplandor sólo tiene la imagen de Nuestra Señora. Se posa la imagen en una peana cuadrangular y a cuyos pies se pone la tradicional media luna. Del cuello pende un corazón de oro que le fue colocado el 19 de septiembre de 1915 con motivo del 217 aniversario de su renovación, con una inscripción alusiva de los nombres del Obispo de Tepic y los sacerdotes que por esas fechas trabajaban en Talpa.

Detalle del busto de la imagen sin adornos.

Detalle del busto de una réplica de la imagen sin adornos.

Culto y veneración
A lo largo de estos siglos, la Santísima Virgen María ha recibido en este lugar muchas manifestaciones de cariño y afecto; a cambio, Ella ha dado a sus devotos la paz para sus almas atribuladas, el remedio de sus necesidades y la salud de sus cuerpos. El cariño de los Talpenses promovió que el Obispo de Tepic, Don Manuel Azpeitia y Palomar, pidiera a Roma la Coronación Pontificia, lo que se logró el 12 de mayo de 1923, tras un lucido novenario en que peregrinaron al Santuario las parroquias de esa Diócesis. El día de la Coronación estuvieron varios Obispos presentes, colocando la Corona de la Santísima Virgen el Prelado Diocesano y al Niño Jesús, el Arzobispo de Michoacán, Don Leopoldo Ruiz y Flores.

Estas joyas le fueron robadas a la imagen la noche del 26 de Noviembre de 1942, sin poderse nunca recuperar las alhajas y dar con los culpables. Al año siguiente, el afamado orfebre J. Manuel Peregrina, elaboró otras joyas nuevas para reparar el hurto, las cuales fueron impuestas a la imagen de la Virgen Santísima y el Niño Jesús por el Obispo Diocesano, Don Anastasio Hurtado el 12 de Mayo de 1943 y que son las joyas que porta hasta el día de hoy.

Incontables favores ha derramado la Madre de Dios sobre Talpa y su región: por su intercesión cesó la peste en 1660. En 1731 una tromba cayó en la población, acudiendo el vecindario a la Virgen para implorar su protección, cesando la inundación sin dejar accidentes lamentables. En 1737, Talpa y Mascota se vieron libres de la epidemia del Matlazáhuatl y en 1833 del Cólera Morbus por mediación de María Santísima.

En 1861, durante la guerra de los Tres Años había un guerrillero liberal muy temido, un malvado militar, el General Antonio Rojas, ranchero inculto que con sus tropas cometía todo tipo de crímenes sin cuenta, sembrando a su paso robos, asesinatos de sacerdotes, terror y cosas que la pluma no se atreve a mencionar. Habiendo llegado a las inmediaciones de Talpa, el Capellán del templo y el vecindario acudieron al amparo de la Madre de Dios y el temido militar y su tropa se retiraron inexplicablemente del lugar, dejando en paz a la población y al vecindario.

Vista de la fachada de la Basílica de Talpa, México, donde se venera la sagrada imagen.

Vista de la fachada de la Basílica de Talpa, México, donde se venera la sagrada imagen.

En 1932 sucedió un hecho notable: el 3 de junio de este año hubo un temblor de tierra que sacó de su base la torre norte de la Basílica con la inminente amenaza de desplomarse y averiar el Santuario. La Torre estaba ladeada y fuera de su asiento, parecía estar en el aire. La tarde de ese día salió la venerable imagen en procesión de rogativas para pedir su protección en la localidad. Al día siguiente, una replica del sismo sacudió a Talpa y se acomodó la torre como puede verse hasta hoy. Por estas y otras razones, el Clero y vecindario de Talpa obtuvieron que el Primer Obispo de Tepic, Don Francisco Díaz y Macedo, proclamara a la Virgen del Rosario como Patrona de la Villa el 1 de octubre de 1901.

En 1944, al celebrarse el tercer centenario de su renovación, el Obispo de Tepic, Don Anastasio Hurtado, obtuvo de la Santa Sede que Nuestra Señora del Rosario de Talpa fuera proclamada Celestial y Principal Patrona ante Dios de la diócesis de Tepic. El proyecto original pretendía que la imagen original fuera llevada a Tepic, pero el vecindario se opuso a esto, rectificándose la formula de proclamación en la Catedral el 1 de mayo de ese año y el día 12, en la Basílica de Talpa. Por esta causa, el Obispo Hurtado determino que en todas las iglesias parroquiales de la Diócesis se colocara una réplica de la imagen como se encuentran en la mayoría de las iglesias del Obispado hasta hoy.

Festividades anuales
Las celebraciones en honor de Nuestras Señora del Rosario son varias, la primera y principal, la del 19 de Septiembre, aniversario de la renovación. También viene celebrándose el 2 de febrero, desde el mismo S.XVII, día de la Candelaria, dado que los peregrinos no podían transitar por los caminos anegados por la lluvia en septiembre.

Otra fecha es la del 19 de marzo, fiesta de San José. El 19 de marzo de 1867 fue dedicada la Parroquia de este lugar y al llevar la imagen del Castísimo Patriarca a su iglesia, la imagen de Nuestra Señora se bajó de su altar para acompañarlo en devota procesión. Esta salida dio origen a esta festividad también conmemorativa. Por cierto, en esta parroquia hay reliquias, con sus respectivas auténticas, de fragmentos óseos de Santa Victoria mártir y de San Luis IX, Rey de Francia.

Se festeja también solemnemente el 12 de mayo para conmemorar su Coronación Pontificia, la proclamación del Patronato sobre la Diócesis de Tepic y la erección del Santuario en la Basílica Menor. Una postrera fiesta es la del 7 de Octubre, la titular de la imagen: Nuestra Señora del Rosario.

Vista del altar mayor, en el interior de la Basílica de Talpa, México.

Vista del altar mayor, en el interior de la Basílica de Talpa, México.

La Basílica
Don Juan Ruiz Colmenero, primer Obispo de Guadalajara que visitó Talpa, al ver la pequeña capilla del hospital y lo insuficiente que era para la multitud de peregrinos, ordenó la construcción de un nuevo templo en 1649, colocando él mismo la primera piedra, trasladándose a este lugar la imagen el 19 de Septiembre de 1651. En 1679, otro Obispo de Guadalajara, Don Santiago de León y Garabito, dispuso que se construyera otro templo que se dedicó en Septiembre de 1682. En 1722, Mascota se erigió en Parroquia, dependiendo Talpa, a partir de la fecha, de ese lugar.

En 1755, luego de la visita pastoral del Obispo de Guadalajara, Don Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejeda y Diez Velasco OFM, determinó la construcción de un nuevo Santuario que se puso en servicio en el año de 1782 y que es el actual, él cual sufrió cambios del churrigueresco al neoclásico, la construcción de las torres actuales, el nuevo pavimento del presbiterio hecho de cantera, el templete con cúpula al centro del altar mayor que resguarda la bendita imagen y la restauración del atrio. A últimos años, conforme al directorio de los Santuarios Nacionales, se ha adaptado una capilla penitencial para atender a los peregrinos.

Fue agregada a la Basílica de Letrán el 10 de Diciembre de 1861 y erigida como Basílica Menor por breve del Papa Pío XII el 27 de noviembre de 1946. Por esta razón, se reformó el altar mayor y el templete que guarda a la imagen, construyéndose con mármol de Carrara, así como el piso del presbiterio y otras importantes reformas.

Su interior es de cruz latina, de una sola nave y crucero, con bóvedas de media naranja sobre arcos de medio punto y pilastras estriadas, de cantera. El retablo del altar mayor es clásico. En el tímpano parece un marco con la pintura de la Santísima Trinidad y en los intercolumnios de cada cuerpo, las esculturas de San Joaquín y de Santa Ana, padres la Santísima Virgen María, cuya imagen está adentro templete rodeado de cristales.

Vista del Monumento al Peregrino, en el camino del Santuario de Talpa.

Vista del Monumento al Peregrino, en el camino del Santuario de Talpa.

La ruta del peregrino
Desde tiempos pretéritos, con una duración de más de doscientos años, durante las celebraciones ya referidas y aun en cualquier tiempo del año, Talpa es un centro de peregrinaciones multitudinarias realizadas principalmente a pie, en bicicleta u otros medios de transporte. Muchos peregrinos o romeros van a ese lugar principalmente en marzo, con la fiesta de San José y durante la Semana Santa.

Los romeros recurren ordinariamente un trayecto de 117 Km., saliendo de un punto común: el municipio de Ameca, Jalisco. Caminan trayectos sinuosos y planos tanto de día como de noche, haciendo estaciones para dormir, abastecerse de agua y comida. A veces en tramos de carretera, otros por la Sierra Madre Occidental. Este caminar les hace entrar en contacto con la naturaleza, pues se atraviesan cañaverales, maizales, bosques junto con predios ganaderos, ríos y arroyos.

En este camino también tienen contacto con la gastronomía regional, elaborada con bebidas y guisos caseros, como los pajaretes de leche recién ordeñada, que se toma cruda con alcohol, atole blanco de masa, tortillas recién hechas con platillos como, cecina, birria, quesos y otros derivados lácteos como el jocoque.

Es tradicional que muchos de quienes no hacen o no pueden hacer el recorrido a pie, lo hagan desde un punto llamado “La Santa Cruz de Romero”, 5 km. antes de llegar al Santuario, que es el último trayecto del peregrinaje. Hay una organización entre los municipios, por donde atraviesa la ruta se organizan operativos viales, vigilancia de policía, atención de la Cruz Roja, disponiendo puestos de alimentos y bebidas, botes para basura y baños públicos.

En el sexenio del Gobierno Estatal 2006-2013 se desarrolló un proyecto para mejorar la ruta del peregrino, dada su influencia turística. Se construyeron tres miradores, tres ermitas laicas, seis sitios de descanso, dos albergues para hospedaje. Este proyecto no se vio libre del escándalo, pues hubo opositores que alegaban la separación de la Iglesia y el Estado. Los retos a vencer actualmente son, entre otros puntos, la basura generada y el mantenimiento de las obras arquitectónicas y de otra infraestructura que se hallan a lo largo del camino.

Imagen de Nuestra Señora de Talpa revestida de adornos.

Imagen de Nuestra Señora de Talpa revestida de adornos.

Antes de concluir este articulo, hay que referir la trascendencia del peregrino o romero en cualquier parte del mundo donde haya una peregrinación. Ésta representa nuestro caminar de esta vida temporal a la eterna, de este ir a la casa del Padre en el cielo, donde Cristo nos tiene preparadas unas moradas para habitarlas. Pero en Talpa de Allende tal vez sea el único lugar del mundo donde se le ha erigido un monumento al peregrino. Porque gracias a los peregrinos, la economía del lugar tiene progreso y florecimiento. Cerca de la plaza principal, en un lugar cercano se levanta un monumento a este personaje, representado en una familia que peregrinaba con los sacrificios físicos y espirituales de antes: la esposa cargando al hijo y el marido de rodillas, sin camisa y con nopales espinosos en el dorso y el torso, con un paño cubriéndole los ojos.

El peregrino, luego de visitar la Casa de Dios e implorar la intercesión de Nuestra Señora del Rosario para remediar sus penas, dolores y angustias, puede obtener además, de los recuerdos religiosos del lugar, deliciosos dulces como los rollos de ate de guayaba, cueros de dulce de mango, dulces del leche y exquisitas bebidas como el vino de roble, usado como medicina o el rompope, bebida elaborada desde la época virreinal con leche, yema de huevo, azúcar y alcohol.

Humberto

Bibliografía:
- CARRILLO DUEÑAS, Manuel; ESTRADA SING, Cecilio, La Autentica: Relación del Milagro, Colección “Alabemos a María”. Ed. Basílica de Nuestra Señora de Talpa.
- OROZCO CONTRERAS, Luis Enrique Cango, Iconografía Mariana de la Provincia Eclesiástica de Guadalajara, In Cuelum Assumpta, Guadalajara, Jalisco 1982. Ed. del autor.


[1] Bien podría ser este el caso de Nuestra Señora del Rosario de Talpa, que era propiedad particular de un indígena del lugar y que luego fue llevada a la capilla del Hospital. Caso semejante sería el de Nuestra Señora de Santa Anita, en Tlaquepaque, Jalisco, que también era propiedad de una mujer indígena.
[2] Dado que había escasez de sacerdotes por esas fechas, y que uno solo tenía que atender varias poblaciones a la vez, además del ministerio ordinario de cura de almas, también tenía que presidir las fiestas patronales. Por ello, es probable quela visita que hizo a Talpa, haya sido en una fecha entre el 25 de julio y el 8 de diciembre. Como esta última fecha estaba muy apretada en la agenda por ser la Purísima Concepción titular y patrona de varios hospitales y parroquias, lo lógico es que haya sido una fecha intermedia que bien pudo haber sido el 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María y precisamente diez días antes del evento aquí narrado.
[3] En la sacristía de la Parroquia de San José de Talpa, se conserva aún la excavación donde se iba a sepultar la imagen, cubierta ahora por una rejilla. Al frente de la mima, se encuentra un altar con una réplica de la imagen de Nuestra Señora de Talpa.
[4] Los Hospitales de la Limpia Concepción tenían una organización administrativa bien definida. Estaba a cargo de la Cofradía del mismo título. Con cargos jerárquicos como : Prioste, Mayordomo, Primer Diputado, Segundo Diputado, Vaquero, Pastor, Tenanzi (Tenanchi) con los grados de Capitana, Coronera y Despensera y en algunos casos, un escribano. Esta administración creada por los misioneros franciscanos continuó luego de que su responsabilidad pasó al clero diocesano, como se deduce de lo aquí relatado.
[5] La más popular y conocida de ellas es que un incrédulo quemó los rostros con un cigarro encendido y al ver que se hizo una quemadura como la de un persona, se arrepintió y creyó.