Nuestra Señora de Juquila

Fotografía de la imagen.

Fotografía de la imagen.

En la población de Santa Catarina Juquila, en el estado mexicano de Oaxaca, existe una gran devoción a una pequeña imagen de la Inmaculada Concepción la cual ha ido ganando fama en todo el país desde hace algunos años. El caso de la Inmaculada Concepción, mejor conocida por sus devotos como Nuestra Señora de Juquila o “la Juquilita”, es uno más de pequeñas imágenes de no más de treinta centímetros que eran usadas por los religiosos para evangelizar, como sucedió en el caso de la imagen de la Virgen de Zapopan y otras celebres imágenes marianas.

El nombre de Juquila significa “lugar de legumbre hermosa” y se encuentra ubicado al sureste del estado de Oaxaca. Esta región fue evangelizada por los religiosos dominicos y es fray Jordán de Santa Catarina quien se encargó especialmente de esta tarea y quien traía consigo la imagen de la Inmaculada Concepción. Se dice que fray Jordán era acompañado en sus correrías por un indígena perteneciente al poblado de Amialtepec; este indígena mostró siempre una gran devoción por la pequeña imagen de María Santísima que llevaba consigo el religioso y entonces, al ser enviado fray Jordán a evangelizar otra región y no poder seguir llevando consigo al indígena, que de tanta ayuda le había servido, decidió obsequiarle la imagen de la Inmaculada, a la que tan fervor de dedicaba. El indígena, muy feliz por el obsequio del religioso, decidió regresar a su natal Amialtepec y, ya aquí, instaló la imagen en un pequeño altar en su casa, pero la imagen comenzó a concederle diversos favores a su dueño y sus vecinos, lo que logró que fuera cobrando cierta fama entre los habitantes y los pueblos vecinos.

Debido a la misma fama que fue cobrando la imagen, hacia 1633 el párroco de Juquila, Jacinto Escudero, decidió que sería mejor llevar la imagen a la parroquia para que estuviera en un lugar de más fácil acceso y de mejores condiciones, pero los pobladores de Amialtepec se negaron a entregar la preciada imagen y prometieron al religioso erigirle un mejor lugar para resguardarla. En aquella región los pobladores tenían la costumbre de quemar los campos para lograr mejores cosechas, pero en esa ocasión el incendio se salió de las manos de los pobladores, no logrando detenerlo e incendiando gran parte del pueblo y con ellos la pequeña ermita en honor a la Inmaculada Concepción; una vez apagado el fuego, los pobladores se acercaron a las cenizas de la ermita para tratar de rescatar algo que hubiera quedado, y su sorpresa fue grande al ver que incólume permanecía la imagen de la Inmaculada Concepción, únicamente un poco ennegrecida por el humo.

Antihua fotografía de la imagen.

Antihua fotografía de la imagen.

Debido al portento, la cantidad de fieles que llegaban a visitar a la imagen hicieron que el padre Escudero decidiera definitivamente trasladar la imagen a la parroquia del pueblo de Juquila, al ser trasladada se le coloca en el altar de San Nicolás, pero a la mañana siguiente no se encuentra la imagen en aquel sitio, sino que la Inmaculada había regresado al pueblo de Amialtepec [1]. Creyendo el sacerdote que habían sido los habitantes quienes la habían robado, decide llevarse de nuevo la imagen y cerrar con candados, pero a pesar de esto la situación se vuelve a repetir. Debido a que el padre Escudero es cambiado de parroquia, dejó que la imagen permaneciera en Amialtepec. El nuevo párroco será el padre Manuel Cayetano Casaus de Acuña, quien pedirá el apoyo al obispo para realizar el traslado de la imagen. Fray Ángel Maldonado, quien en aquella época era el obispo, dio un decreto el 30 de junio de 1719 con el cual se ordenaba que la imagen fuera trasladada, a pesar de esto la imagen nuevamente volvió a repetir el prodigio de volver a Amialtepec. Ante el persistente portento, el sacerdote decidió intentar una vez más el traslado, pero en esta ocasión se hizo en una solemne procesión a la que asistieron descalzos el mismo sacerdote y los gobernantes de ambos pueblos. Ante estas penitencias la imagen ya no volvió más a Amialtepec y se quedó en Juquila, donde se la venera hasta la actualidad. Hacia 1784 se decidió construir un Santuario más grande para albergar la imagen y que pudiera contener la gran cantidad de peregrinos que llegaban continuamente a visitar a la Virgen de Juquila. Este mismo Santuario se concluyó en 1791.

Entre los milagros que se cuentan de esta imagen hay uno bastante curioso, pues se dice que una peregrina, al llegar al Santuario y ver el pequeño tamaño de la imagen, dijo con bastante desdén que no había valido la pena recorrer tanto camino para venerar una imagen tan pequeña. A pesar de esto, encendió una vela y depositó una moneda como limosna, pero su sorpresa fue grande cuando, al regresar a su casa, encontró la misma vela y el mismo peso que había depositado en el Santuario sobre la mesa de su casa.

Nuestra Señora de Juquila es considerada y venerada como patrona de los transportistas y viajeros, al igual que el Beato Sebastián de Aparicio, y es gracias a los transportistas que el culto a la Virgen de Juquila se ha dado a conocer y llegado a rincones del país donde nunca antes se había escuchado sobre esta imagen. Desde hace algunos años su devoción ha ido aumentando y es común ver en las carreteras del centro del país pequeñas capillas dedicadas a la Virgen de Juquila, donde viajeros y transportistas pueden encomendarse a la que consideran su patrona.

Personalmente he sabido de los milagros de esta Virgen a los transportistas: conocí a una persona dedicada a este oficio que viajaba por todo el país transportando diversas mercancías y que tuvo un terrible accidente, en el que se incendió la unidad que conducía y él mismo resultó gravemente quemado en todo el cuerpo y su ropa se hizo cenizas, pero él mismo decía haberse salvado por milagro de la Virgen Juquila; ya que, a pesar de que toda su ropa fue consumida, por las llamas no así el escapulario con la imagen de la Virgen de Juquila que llevaba en el cuello.

Santuario de la Virgen de Juquila, Oaxaca, México.

Santuario de la Virgen de Juquila, Oaxaca, México.

La fiesta principal el honor de Nuestra Señora de Juquila se celebra el día 8 de diciembre. El pasado mes de abril, S.S. Francisco autorizó la coronación pontificia de la imagen de la Inmaculada Concepción de Juquila, la cual se llevará a cabo por manos del nuncio apostólico en México, Mons. Christophe Pierre, el próximo día 8 de octubre de 2014, para beneplácito de todo el pueblo católico mexicano.

André Efrén

Bibliografía:
- FREYRE, Gabriel, “La Compañía de María: iconografía célebre de México”, Tomo II, México, Apolo, primera edición, 2012.
- GARZA CHAPA, Rebeca, “María en México”, México, San Pablo, segunda edición, 2006.
- SCHNEIDES, Luis Mario, “Cristos, Santos y Vírgenes”, México, Planeta, primera edición, 1995.


[1] Este milagro es uno de los más comunes entre las leyendas de imágenes milagrosas, ya sea de imágenes de la Virgen o de Cristo, se cuentan por muchas las imágenes de las que se dice este mismo milagro, símbolo quizá para que los habitantes pensaran que eran los privilegiados y elegidos por la divinidad para resguardar aquella imagen tenida por milagrosa.

La Guadalupana y las Jerónimas de Puebla

Patrocinio de Nuestra Señora de Guadalupe y sobre la Orden de San Jerónimo y  el Convento de Jerónimas de Puebla, José Joaquín Magón, Museo Regional INAH, Cdad. de Puebla, México.

Patrocinio de Nuestra Señora de Guadalupe y sobre la Orden de San Jerónimo y el Convento de Jerónimas de Puebla, José Joaquín Magón, Museo Regional INAH, Cdad. de Puebla, México.

La devoción que suscita la patrona de la nación mexicana hacia su “Morenita del Tepeyac”, ha sido tan arraigada aun desde tiempos virreinales, sobre todo en la vida conventual femenina. La Ciudad de México y Puebla contaron, durante el periodo colonial, con más espacios para mujeres consagradas a Dios que en el resto de las ciudades en la Nueva España. En la Angelópolis aún quedan vestigios de estos espacios y se puede adivinar la vida dentro de sus muros. La Virgen de Guadalupe contó con gran fervor entre los recintos monacales poblanos, pues ya en el primer convento que tuvo la ciudad, que era el de dominicas de Sta. Catalina de Siena, la fiesta de la Guadalupana era celebrada por sus criadas. En la de las Concepcionistas fue nombrada segunda patrona del Convento. También existen pinturas y exvotos que muestra la aceptación por parte de las monjas de la ciudad hacia la Santa Señora del Tepeyac, como muestra el Museo de Arte Religioso del Ex convento de Santa Mónica.

El Convento de San Jerónimo y la Pintura Taumaturga
La Orden femenina de San Jerónimo se estableció en México a finales del siglo XVI, gracias a que unas monjas concepcionistas en la Ciudad de México en 1585, fundan la primera casa de la orden, donde vivió la gran poetisa Sor Juana Inés de la Cruz, y después el de San Lorenzo. Esta nueva orden de monjas contaba con ciertas prerrogativas, como poder hacer otras fundaciones en otras partes del país. El Convento de San Jerónimo de Puebla era uno de los más conocidos e importante, su nombre siempre estuvo ligado al colegio para mujeres o niñas vírgenes llamado de “Jesús María” que estaba dedicado a las más distinguidas y nobles de la ciudad, pues una condición primordial era que las alumnas probaran ser hijas de nobles caballeros.

Templo del Exconvento de San Jerónimo con su Colegio anexo de Jesús María, Cdad. de Puebla,  México.

Templo del Exconvento de San Jerónimo con su Colegio anexo de Jesús María, Cdad. de Puebla, México.

Primeramente se funda el Colegio, pues en 1586 el Cura Dn. Hernando Jerónimo de Santander compró unas casas, que más tarde donó al Ayuntamiento de la ciudad, para que se estableciera un colegio llevando el nombre de San Cristóbal. En 1597 una bula de la Santa Sede da el permiso para erigir un colegio de Niñas Vírgenes, uno de los patronos del Colegio el Capitán Juan García Barranco, solicitaba con mayor empeño que entrasen en el Colegio de Jesús María, las hijas de caballeros y personas más ilustres de la ciudad, y viendo que algunas se inclinaban al estado religioso gestionó la fundación del Convento en 1593, pero establecido formalmente el 15 de junio de 1600, resultado de un acuerdo entre el Obispo de Puebla Dn. Diego Romano y el Chantre de la Catedral de México Dn. Juan de Cervantes quien fungía como gobernador eclesiástico por sede vacante.

Para la casa de Puebla se escogieron 4 religiosas del convento San Lorenzo de la Ciudad de México, que fueron: Sor María de San Pablo como superiora, Sor Beatriz de la Magdalena, Sor Francisca de San Lorenzo y sor Juana de San Francisco. Por una cuestión no muy bien aclarada, parece que usaron un privilegio del Papa Clemente VII para cambiar los colores del hábito, el cual se diseñó con túnica blanca o crema, escapulario y manto rojo escarlata, en lugar del cíngulo de cuero, uno tejido de lino. Estando ya establecidas las jerónimas en su convento y colegio anexo, se pensó la construcción de su templo, iniciando en 1629 y terminándose en 1635. Grande debió ser la estima de los habitantes de Puebla hacia las religiosas, que tuvieron mucho benefactores, el más insigne seria el doctor José Carmona y Tamariz, quien, entre otras cosas, les regaló el Molino de Agua Azul, hoy un famoso balneario de la urbe. El Colegio de Jesús María estaba en la misma manzana que el convento, con entrada por la calle que lleva su nombre, aunque las monjas y colegialas estaban separabas pero compartían el templo a través de los coros, las colegialas estaban bajo la guía y dirección de una de las religiosas, siendo dichos institutos femeninos de los más prestigiosos en la ciudad.

Milagrosa imagen de la Guadalupana, Capilla de la Casa Central de la Hnas. Jerónimas, Cdad. de Puebla, (México).

Milagrosa imagen de la Guadalupana, Capilla de la Casa Central de la Hnas. Jerónimas, Cdad. de Puebla, (México).

Cuentan los relatos de las religiosas que una joven pareja, próxima a casarse, obtuvieron una pintura de la Guadalupana y que el contrayente llevó la obra al Santuario del Tepeyac en la Ciudad de México, para ser tocada con la original. Cerrado el templo donde se reguardaba el ayate original, la imagen fue tocada con la copia, pero cuenta que la imagen del sagrado original se borró para plasmarse en la copia, hecho que se tomó como milagroso, y con el temor que los indígenas y devotos, al otro día, no encontraran la bendita imagen, pidieron a la Santa Señora que regresara a su sitio, cosa que sucedió a fuerza de lágrimas y ruegos insistentes. La copia fue regalo de bodas a la novia, es de deducir que la imagen estuvo en el altar doméstico de una casa poblana. Este matrimonio tuvo muchos hijos, y dos hijas decidieron entrar en religión, inclinándose por el ya prestigioso Convento de San Jerónimo. Como regalo de los padre hacia sus hijas, les dieron la pintura de la Guadalupana, la cual consideraban su mayor tesoro, seguros que estaría mejor resguardado tras eso muros monjiles. Dicha imagen fue colocada en uno de los pasillos del claustro, hasta quedar relegada en el olvido sin culto y donde las condiciones climatológicas pudieran dañarla irremediablemente, pero que curiosamente, a pesar del descuido, siempre se mantenía como si fuera recién pintada.

La Virgen de Guadalupe, protectora del convento
El médico Pedro de Horta, escribe el “Informe Medico Moral de la penosísima y rigurosa enfermedad de la epilepsia“, en 1765 publicado en Madrid. En esta obra destaca la epilepsia como una enfermedad común en la ciudad de Puebla, el caso que originó tal obra fue el ocurrido en el Convento de San Jerónimo de la ciudad ocurrido en 1754, en el cual 77 religiosas manifestaron signos de epilepsia, cesando este “brote”, con la procesión con imagen de la Guadalupana que estaba en el Claustro, dentro del recinto monacal y jurándola como patrona. Como exvoto las monjas jerónimas mandaron hacer una pintura, atribuible a José Joaquín Magón y hoy se encuentra en el Museo Regional del INAH. En dicho cuadro se observa a la Santísima Trinidad rodeando a la Guadalupana, la cual es sostenida a modo de atlante por San Jerónimo patrono titular de la Orden. Bajo el manto de la Virgen se acogen en actitud devota a las monjas jerónimas y la figura del obispo de Puebla Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu, quien probablemente patrocinó la obra, pues incluso el mencionado prelado, aprobó la idea de que las religiosas proclamaran a la Virgen Guadalupana como patrona ante tan difícil circunstancia. A los lados de la Virgen y sosteniendo su manto se observa a Sta. Teresa de Jesús y a Santa Paula. La presencia de ambas santas en la pintura muestra el fervor de las religiosas para implorar la ayuda de los santos y su relación con su actividad monástica: Paula era seguidora de San Jerónimo y e inspirada por él, funda una comunidad de mujeres, es por ello que las jerónimas consideraran a esta mujer su Madre Espiritual y patrona de la rama femenina de la Orden; y Sta. Teresa a cuya intercesión acudió la superiora del convento Sor Alejandra Beatriz de los Dolores, para el delicado asunto del rompimiento de la Clausura por los médicos. La misma Sor Alejandra pidió consulta de la clausura con el vicario de religiosas don Gaspar Antonio Méndez de Cisneros, cuya respuesta favorable y la religiosa consideró que se debía a la ayuda de la santa doctora.

Milagrosa Imagen de la Guadalupana, Capilla de la Casa Central de la Hnas. Jerónimas, Cdad. de Puebla, México.

Milagrosa Imagen de la Guadalupana, Capilla de la Casa Central de la Hnas. Jerónimas, Cdad. de Puebla, México.

La imagen se convirtió en el baluarte espiritual del convento sucintándose gran veneración de los fieles que regalaban joyas para adornar la bendita imagen. Para agradecer tal prodigio que Dios había derramado a través de su Madre, las monjas renovarían cada año la Jura del Patronato de la Virgen sobre el Convento el 18 de julio, evento que aun sus sucesoras conservan llevando una copia de la dicha imagen en procesión por todo el recinto como se hizo en 1754.

Tras los avatares de la Guerra de Independencia, después de la aplicación de las Leyes de Reforma y la posterior Guerra Cristera en los que se afectó a los Conventos del país, las monjas Jerónimas de Puebla fueron expulsadas de su casa, pues tres veces compraron el convento gracias a familias amigas de las religiosas y con la venta de las joyas de la Virgen.

El Convento de las Jerónimas de Puebla, tras el periodo de paz después del conflicto religioso cristero, fuertemente influidas en 1940 por las enseñanzas y exhortaciones de la Constitución Apostólica “Sponsa Christi” de S. S. Pio XII, y guiadas por la prudencia y sabiduría del Vicario para religiosas, Monseñor Luis Maldonado Cortés, transformar el convento de clausura en un Instituto de Vida Apostólica. La Santa Sede otorga la transformación en Congregación de Derecho Pontificio el 7 de febrero de 1957. Siendo considerado el mencionado Padre Maldonado fundador en esta nueva etapa de las religiosas. Así como sus antecesoras, las Jerónimas de Puebla tomaron como patrona del su Instituto Religioso a la Taumaturga imagen de la Guadalupana, conservándose actualmente en la Capilla de la Casa Central de la Jerónimas de Puebla del Antiguo Convento de San Jerónimo.

En el Capitulo General de 2012 celebrado en la Casa General de la Congregación de la que salió como Superiora General, la Reverenda Madre Juana Pinto Vargas se decidió restaurar la imagen de la Patrona, previa consulta en capitulo a su Consejo y las religiosas de la comunidad central, descubriéndose tras una capa de pintura motivos florales que adornan la figura de la Guadalupana. El Instituto de Jerónimas de Puebla con más de 400 años de Historia es una prueba del amor a María, y que Ella no ha defraudado su confianza, antes bien pone en claro lo relatado en el Nican Mopohua: “¿No estoy aquí que soy tu Madre? …”

Tacho de Santa María

Bibliografía
- DE LEICHT, Hugo, Las Calles de Puebla. Secretaria de Cultura/ Gobierno del Estado de Puebla y H. Ayuntamiento de Puebla, 1999.
- MERLO JUÁREZ, Eduardo y QUINTANA FERNÁNDEZ, José Antonio, Las Iglesias de la Puebla de los Ángeles, Tomo II, Secretaria de Cultura/ Gobierno del Estado de Puebla, Universidad Popular Autónoma de Puebla. Octubre de 2001

- ANDRADE CAMPOS, Alejandro, Tesis “El Pincel de Elías: José Joaquín Magón y la Orden de Nuestra Señora del Carmen; Puebla mediados del siglo XVIII”. Puebla, Pue. Noviembre de 2013.

Enlace consultado:
- http://sendajeronima.jimdo.com/

Vírgenes de Cunduacán y Tacotalpa

Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán. Fotografía del grupo de Monaguillos de la Parroquia de la Natividad de María.

Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán. Fotografía del grupo de Monaguillos de la Parroquia de la Natividad de María.

Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán y la Asunción de Tacotalpa
En el sureste de México, en el estado de Tabasco, en dos poblaciones se veneran dos imágenes de María Santísima, una en el misterio de su Natividad y la otra en el de su Asunción, ambas imágenes entrelazadas por la leyenda que las une en un portento, el cual marcó el inicio de su culto en aquellas poblaciones y que dura hasta el día de hoy.

La leyenda nos dice que los poblados de Tacotalpa y Cunduacán mandaron a hacer a Guatemala dos imágenes de María, una de la Natividad para Tacotalpa, y la Asunción para Cunduacán, que eran sus respectivas patronas. Ambas imágenes fueron traídas a lomos de dos mulas desde Guatemala y llegaron a Tacotalpa el día 15 de agosto por la mañana, los pobladores se acercaron a recibir la imagen de su patrona, la Virgen de la Natividad, pero al tratar de destapar la caja que traía consigo la imagen, la mula no se dejó tocar, por más intentos que hicieron los pobladores, fue imposible quitarle su preciada carga al animal, cuando alguien se le acercaba, los golpeaba con sus patas traseras. Trataron de obligar a la mula, golpeándola y pinchándola con palos, pero nada servía, mientras, la mula se veía con los dientes al aire como riéndose de quienes intentaban descargarla. La otra mula se había echado pacíficamente sobre el pasto, mientras los pobladores se llevaron todo el día en sus intentos fallidos por descargar a su compañera.

Los pobladores convinieron de llamar al alcalde que era un hombre mayor, de gran sabiduría y fe, para que diera una resolución, pero como se encontraba muy enfermo, fue llevado hasta el lugar cargado en una silla. Al llegar, examinó el caso y quitó las dudas de los habitantes, que pensaban que eso era cosa del demonio, y les dijo que era una señal divina de que la Virgen de la Natividad quería ser venerada en Cunduacán y que la Asunción deseaba amparar a Tacotalpa, por lo tanto, fue descargada la mula que llevaba a la Virgen de Asunción con mucha facilidad, y esta imagen fue puesta en el altar principal del templo, y lo mismo se hizo en Cunduacán con la imagen de la Virgen de la Natividad.

Procesión de Nuestra Señora de la Asunción de Tacotalpa.

Procesión de Nuestra Señora de la Asunción de Tacotalpa.

Pero las leyendas alrededor de Nuestra Señora de la Natividad no terminan ahí. Se refiere en un novenario de principios del siglo XX que una antigua tradición narra que el 3 de mayo de 1693, debido a una terrible sequía que asolaba la región, el sacerdote y los fieles de Cunduacán acordaron sacar en procesión a la Virgen de la Natividad para pedirle que lloviera, y al pasar la imagen frente a una cruz de madera que se encontraba en el cementerio del templo, la cruz se inclinó dos veces, hasta tocar el suelo, en forma de reverencia ante Nuestra Señora. Debido a este milagro que todos constataron, el sacerdote decidió desenterrar la cruz y llevarla bajo palio en la procesión, detrás de la imagen de la Natividad, hasta ser colocada junto al altar mayor de la Iglesia. Posteriormente, el párroco del templo de la Natividad dio cuenta de lo sucedido al Papa y, después de ser autenticado el milagro, se decidió que la cruz fuera llevada a Roma y, ya en ese lugar, se dividió en tres partes con las que se formaron tres cruces: una se quedó en Roma, la otra fue enviada a España y la tercera se envió de vuelta al templo de la Natividad en Cunduacán, donde fue colocada a los pies de la imagen de María. Refiere esta novena que la bula por la cual se daba autenticidad a este milagro fue firmada en 1720, donde el Papa concedía indulgencias a quienes rezaran ante la Virgen de la Natividad, hicieran una peregrinación a su templo o rezaren su novena. Lo curioso del caso es que actualmente no se conserva ni la dicha bula ni la cruz que menciona este relato, muy posiblemente, de haber existido ambas cosas, se hayan perdido durante la persecución religiosa en Tabasco, que como es bien sabido, acostumbraban a quemar cuantos símbolos religiosos y documentos en los templos hubiera.

Ésta es una de las versiones de la novena, posiblemente la más fiable por estar en un documento antiguo que lo narra, pero también los fieles de Cunduacán narran oralmente otra versión de ésta, donde dicen que no fue una cruz la se que inclinó ante la imagen de María, sino que al ir en procesión, dos árboles de naranja con sus ramas estorbaban al paso de la imagen y que, al acercarse la procesión, estas ramas se inclinaron en reverencia dejando pasar a la Virgen, por lo cual ante el milagro se decidió cortar dichas ramas y hacer con ellas tres cruces, siendo enviada una a Roma, otra a España y la última resguardándose en ese mismo templo. Desgraciadamente tampoco se sabe si las dichas cruces enviadas a España y Roma aún existen.

Altar mayor del templo de Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán. Fotografía del grupo de Monaguillos de la Parroquia de la Natividad de María.

Altar mayor del templo de Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán. Fotografía del grupo de Monaguillos de la Parroquia de la Natividad de María.

Salves a la Virgen de la Natividad (fragmento)
Dios te salve, virgen pura,
Emperatriz celestial;
Amparo de pecadores
Patrona de Cunduacán.

Eres, Reina, la más linda
En vuestra Natividad
La más hermosa doncella
De la progenie de Adán.

Tu natividad gloriosa
Que hoy celebra Cunduacán
Así humilló a Satán
La cabeza presuntuosa,
Que tú huella majestuosa
En bien de la humanidad

Tanto esplendor y grandeza
Estos méritos te dan
Patrona de Cunduacán
Que eres celestial Princesa,
A cuya voz la ira cesa
De la excelsa majestad.

Tronos y dominaciones
Celebran tu nacimiento
Con respetuoso contento;
Que en las eternas regiones,
Causa gratas emociones
Tu grande festividad.

De tanta veneración
Una muerte dio la Cruz,
En donde tu hijo Jesús
Consumó la redención,
Como vio la población
Que exigía tu bondad.

Dos veces reverenciada
Fuiste Señora por ella
En tu imagen linda y bella
Que en el pueblo es venerada
Cuando en procesión llevada
Era con solemnidad.

André Efrén

Bibliografía:
- ORDÓÑEZ CAPETILLO, André Efrén, “Novena en piadosa prevención al festivo nacimiento de la sagrada aurora María Santísima en su advocación de Nuestra Señora de la Natividad de Cunduacán, Tabasco” (reedición), México, inédito, 2010.
- SANTA-ANNA, Justo Cecilio, “Tradiciones y leyendas tabasqueñas”, México, primera edición, Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, 2001.

Virgen de la Asunción de Tetiz, “la pobre de Loreto”

Imagen de Nuestra Señora de Tetiz, conocida como "la peregrina de Loreto".

Imagen de Nuestra Señora de Tetiz, conocida como “la peregrina de Loreto”.

En el estado de Yucatán, México, en la población de Tetiz, nombre que significa “lugar del chorro”, se venera una imagen de la Virgen bajo la advocación de la Asunción, la cual es nombrada cariñosamente como “La pobre o la peregrina de Loreto o “La pobre de Dios”, esto basado en la antigua leyenda que de ella se cuenta y que narra el obispo Crescencio Carillo y Ancona en su Historia del obispado de Yucatán.

Se relata que hacia el año de 1730, en el Convento de Franciscanos Recoletos de la ciudad de Sevilla, España, que se ubicaba en un lugar conocido como de “Nuestra Señora de Loreto” un día sábado durante el tiempo de Adviento, al padre guardián, de nombre fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejeda Díez de Velasco, conocido por su caridad, se le presentó una pobre peregrina pidiéndole caridad para reconstruir su hogar, el cual se encontraba en estado ruinoso según esta le relató, le dijo que vivía con su hijo a la intemperie y que padecía con él hambre, sed y desnudez. Fray Francisco hubiera querido ayudarla, pero ese día ya había repartido todas las ayudas que le habían dado, y mientras el religioso pensaba en cómo poder ayudar a la pobre mujer, ésta le dijo: “Padre mío, hoy sólo quiero de vos una limosna cualquiera, con la promesa de socorrerme después más largamente, o como podáis, porque yo os aseguro que otra vez hemos de volver a vernos. Yo os aseguro que contemplaréis con vuestros propios ojos el estado lamentable de mi humilde choza, y que entonces sabréis toda mi historia, y haréis por mí todo cuanto os inspira la santa caridad que en vuestro pecho arde. Estad persuadido de que yo quedo muy satisfecha y muy agradecida de vos, por cualquiera cosa que ahora me diereis, porque tomo además como hecho para mí, todo cuanto diariamente sé que practicáis a beneficio de todos los pobres”. Al momento el religioso fue a su celda y le dio a la mujer la única moneda que tenía, un peso fuerte de cuño español.

Cuatro años después de aquel suceso, fray Francisco de San Buenaventura fue nombrado obispo de Tricali y auxiliar de Cuba y la Florida. Hacia 1746 fray Francisco es nombrado nuevamente ahora para ser obispo de Yucatán en la Nueva España, diócesis de la que tomó posesión el 15 de junio de 1746.

Imagen de la Virgen de Tetiz  vestida con el traje tradicional el día de la vaquería en su honor. Fotografía cortesía del Antrop.  David Barthes Derrida .

Imagen de la Virgen de Tetiz vestida con el traje tradicional el día de la vaquería en su honor. Fotografía cortesía del Antrop. David Barthes Derrida .

Las primeras acciones que realizó como obispo de Yucatán fue comenzar la visita pastoral por toda su diócesis y, cuando se encontraba en la villa de Hunucmá, quiso ir a visitar la aldea de Tetiz, en donde supo que no había iglesia sino tan sólo una pequeña choza de paja en muy mal estado. Y por cosa curiosa, llegó a Tetiz en un sábado de Adviento y, al entrar a la pequeña choza que fungía como templo, quedó sorprendido al contemplar la imagen de la Virgen que estaba vestida con telas ya muy deterioradas, y sin dudar se percató que el rostro era el mismo de la pobre peregrina que hacía 14 años le había pedido una limosna en el convento de Sevilla. Al acercarse el ilustrísimo obispo a querer besar la imagen, vio con asombro que, engarzado con otros ex-votos de plata y oro que colgaban del vestido de la Virgen se encontraba aquel peso fuerte de cuño español que le entregara a la pobre peregrina en aquella ocasión. Este palpable milagro logró que el obispo se volviera fiel devoto de la Virgen de Tetiz, por lo que hizo que le fuera construido un Santuario para venerarla, al que acudía los viernes caminando desde el vecino pueblo de Hunucmá, mientras rezaba el Vía Crucis. Posteriormente, fray Francisco de San Buenaventura es nombrado obispo de Guadalajara, México, pero para cuando esto sucedió, ya había logrado extender la devoción a la Virgen de Tetiz entre los fieles de Yucatán.

Las festividades en honor a la Asunción de Tetiz se realizan del 1 al 18 de agosto de cada año. El día 1 de agosto inician las peregrinaciones de gremios en honor a la “Pobre de Dios”, cada día a las once de la mañana se realiza una misa para los gremios de señoras y señoritas que acuden a visitar a la Virgen y, al entrar a la iglesia, sus estandartes y pabellones son bendecidos por el sacerdote. Al retirarse los gremios son acompañados con música de charanga o mariachis. Desde el día 1 de agosto la imagen de Nuestra Señora de Tetiz es sacada en procesión cada noche para visitar algún lugar de la ciudad, donde se le celebra una misa y, al regresar a su templo, se reza el rosario.

Uno de los eventos de mayor importancia en la fiesta de la Virgen de Tetiz y en las festividades religiosas en todo Yucatán es la vaquería, la cual consiste en la realización de danzas tradicionales al son de la orquesta, mientras hombres y mujeres visten el traje tradicional yucateco. Esa única noche en que se realiza la vaquería la imagen de la Virgen es ataviada con el traje regional femenino. La vaquería inicia a las once de la noche y dura hasta las cuatro de la mañana.

Procesión en honor a Nuestra Señora de Tetiz durante sus festividades de agosto.

Procesión en honor a Nuestra Señora de Tetiz durante sus festividades de agosto.

En la víspera de la fiesta de la “Peregrina de Loreto”, numerosos grupos de mariachis acuden al templo de la Virgen a entonar serenatas durante la noche para festejar a la patrona del lugar.

André Efrén

Bibliografía:
- LÓPEZ MÉNDEZ, Roberto, “Leyendas de Vírgenes y Santos de Yucatán”, México, editorial Área Maya, s/e, s/a.
- RANSOM CARTY, Maureen (coord.), “Fiestas patronales y gastronomía de la cultura maya-yucateca”, México, Patrimonio Cultural, s/e, 2007.

Nuestra Señora de Guadalupe: reina de México y emperatriz de América (VIII)

Nuestra Señora de Guadalupe patrona de la Nueva España, anónimo novohispano.

Nuestra Señora de Guadalupe patrona de la Nueva España, anónimo novohispano.

De celestial patrona a símbolo nacional
El caso de Nuestra Señora de Guadalupe que hemos venido estudiando a través de esta serie de artículos es de particular importancia en el continente americano, pero especialmente en México, donde ha pasado de ser tan sólo un símbolo religioso a formar parte de los llamados símbolos nacionales, debido a la gran trayectoria y repercusión que la imagen guadalupana ha tenido en la historia de México. Para no hacerle cansado a los colaboradores y lectores ajenos a la historia de México, trataré de hacer este artículo lo más sintetizado posible, pero tocando los puntos más importantes que han llevado a la Virgen de Guadalupe a convertirse en un símbolo de mexicanidad para muchos, pues en las diversas etapas de la Historia de México ha tenido participación, lo que ha provocado darle esos tintes nacionalistas a su culto.

Desde la conquista de México en 1521 la sociedad novohispana comenzó a estratificarse en grupos entre los que destacaron los españoles peninsulares, los criollos, que eran los hijos de españoles ibéricos nacidos en América, las castas, los indígenas y los esclavos; estas divisiones estaban claramente marcadas y durarán durante todo el virreinato. Así, los criollos, por el simple hecho de haber nacido en América, no podían acceder a ciertos trabajos u oficios o a tener mejores salarios, mientras que a los españoles peninsulares, aun desconociendo el territorio y con poco tiempo en Nueva España, conseguían los trabajos más importantes y mejor pagados. Hacia 1531, con la aparición a San Juan Diego y el inicio del culto guadalupano, la imagen de María de Guadalupe tiene una gran acogida entre los indígenas especialmente, logrando conversiones masivas; y aunque el culto no se quedó sólo en los indios, sino que traspasó a todas las clases sociales, incluyendo al mismo virrey, ante la marcada diferencia social, la Virgen de Guadalupe fue inspiración, junto con el criollo San Felipe de Jesús, para formar lo que es llamado nacionalismo criollo o la conciencia nacional criolla.

La Compañía de Jesús, llegada a la Nueva España hacia 1572, es la que se encargará especialmente en retomar la imagen guadalupana y usarla para revalorizar la historia mexicana, los pensadores jesuitas son quienes elaboran la teoría de que la tierra mexicana está bendita porque la Madre de Dios tocó con sus plantas y bendijo esta tierra, y por lo tanto es una tierra elegida por Dios y por lo mismo los nacidos en ellas también lo serían, ya se traten de criollos, mestizos o indios, aunque sin duda todas estas enseñanzas fueron volcadas más hacia la sociedad criolla. Miguel Sánchez, quien hacia 1648 escribiera el relato de las apariciones, hace estas confesiones en su escrito: “Que la conquista de esta tierra era porque en ella había de aparecerse María Virgen en su Santa Imagen de Guadalupe, y con esto se le daba ya un significado religioso y casi predestinado a la conquista de México y por supuesto a la tierra novohispana. Los mismos jesuitas también se encargaron en aquellas épocas de darle un simbolismo cristiano al escudo de la ciudad de México y que actualmente es el nacional; así pues, el águila era símbolo de Cristo que devoraba a la serpiente infernal, parada sobre el nopal, que era símbolo de la corona de espinas; y las tunas, la sangre derramada para la salvación de los hombres.

Nuestra Señora de Guadalupe y las castas de la Nueva España, Luis de Mena, siglo XVIII.

Nuestra Señora de Guadalupe y las castas de la Nueva España, Luis de Mena, siglo XVIII.

Por esta misma devoción de los jesuitas hacia la Virgen de Guadalupe es que de esta orden saldrán quienes se encargarán de promover, ante S.S. Benedicto XIV, la declaración del patrocinio de la Virgen de Guadalupe sobre la Nueva España en 1757, encargándose de esto el padre Juan Francisco López, quien le narró al Papa la leyenda aparicionista de Guadalupe. Según se cuenta, al terminar el padre López desplegó una copia del ayate pintado por Miguel Cabrera y, al verlo el Papa, se postró y dijo aquellas famosas palabras bíblicas: “Non fecit taliter omni nationi”.

Todas estas ideas, mezcladas entre la divinidad y la historia, les dieron a los criollos un sentimiento nacionalista casi celestial, sintiéndose orgullosos de haber nacido en la tierra novohispana, al contrario como los españoles hacían verlos de menos por el simple hecho de nacer en América. Los criollos y la mayoría de los nacidos en tierra americana sintieron una identificación especial con la Virgen de Guadalupe, así como por su parte muchos españoles se sintieron más identificados con la Virgen Conquistadora, Nuestra Señora de los Remedios, que había venido con las huestes de Cortés. Actualmente estas ideas de nacionalismo nos parecen quizás un poco exageradas, pero durante aquellos siglos virreinales fue necesaria y sumamente importante para darle una identidad a aquellos que no se sentían ni españoles, ni indios, y que muchas veces eran rechazados por ambos; la Virgen de Guadalupe fue aquel símbolo de unión entre las clases más rechazadas de la sociedad novohispana, ya que era venerada por igual por criollos, mestizos o indios; y como ya mencioné no faltaron los españoles y los virreyes que le fueron devotos.

Todos estos sentimientos guadalupanos y nacionalistas repercutieron, lógicamente, en la posterior lucha por la independencia de México, siendo sus iniciadores especialmente devotos de la Virgen de Guadalupe, particularmente, porque además varios de ellos habían sido educados bajo la tutela de la Compañía de Jesús. Así, el 16 de septiembre de 1810, el cura del pueblo de Dolores, en el estado de Guanajuato, hace teñir las campanas en la madrugada y da el famoso grito con el que inicie la guerra por la independencia, en el que da vivas a la Santísima Virgen de Guadalupe. Su devoción queda más palpable cuando horas después llega al pueblo de Atotonilco y en el Santuario de Jesús Nazareno, que construyera el Venerable Luis Felipe Neri de Alfaro años atrás, toma una imagen de la Virgen de Guadalupe para ser usada como estandarte por las huestes insurgentes, bandera la cual será siempre el símbolo en esta empresa libertaria. Era tal la devoción del padre de la patria mexicana por Guadalupe, que siempre llevaba sobre su pecho una medalla y un enorme escapulario de la Virgen de Guadalupe, obsequio de unas religiosas pertenecientes a Valladolid. Era también destacable que muchos de los soldados insurgentes llevaban en sus sombreros la estampa de la Virgen Guadalupana.

Nuestra Señora de Guadalupe y los santos jesuitas, anónimo novohispano.

Nuestra Señora de Guadalupe y los santos jesuitas, anónimo novohispano.

Hacia 1812, otro importante insurgente, Ignacio López Rayón, quien prosiguió la lucha por la independencia a la muerte del cura Hidalgo, Allende y sus demás compañeros, al redactar los Elementos Constitucionales, dice en uno de los puntos de éste proclama que cada año se debe celebrar el 12 de diciembre por ser dedicado a la Virgen de Guadalupe.

Posteriormente, en 1813, el generalísimo José María Morelos y Pavón, al proclamar los Sentimientos de la Nación, considerados el primer intento de una Constitución para México, proclama en uno de los artículos: “Que se establezca por ley constitucional la celebración del día 12 de diciembre en todos los pueblos, dedicado a la Patrona de nuestra Libertad, María Santísima de Guadalupe, encargando a todos los pueblos la devoción mensual”. El mismo padre Morelos utilizaba como contraseña militar la palabra “La Virgen de Guadalupe”, del mismo modo, proclamó obligatoriamente que sus soldados debían portar un listón, lienzo o papel en el que se declarasen devotos de la Virgen de Guadalupe.

Esta devoción de los insurgentes por la Virgen de Guadalupe provocó, como ya en otras ocasiones se ha narrado, que las huestes españolas utilizaran por su parte a la Virgen de los Remedios, nombrándola generala del ejercito realista el mismo virrey Venegas y haciéndola desfilar, lista para la batalla, para enfrentarse a su “némesis” Guadalupana. El odio insurgente de los hispanos fue tal que se tornó contra la Virgen de Guadalupe, fusilando a muchas de sus imágenes, según narran algunos historiadores. Uno de los más famosos generales de la insurgencia y sacerdote, Mariano Matamoros, cuenta haber decidido ingresar a las filas insurgentes después de ver como los españoles agraviaban a las imágenes de la Virgen de Guadalupe, y después de esto decidió fusilar a quienes se habían atrevido a tal sacrilegio.

La declaración del patronato de la Virgen de Guadalupe sobre la Nueva España por S.S. Benedicto XIV.

La declaración del patronato de la Virgen de Guadalupe sobre la Nueva España por S.S. Benedicto XIV.

Entre los años de 1810 a 1814 se formó una sociedad secreta de apoyo a la insurgencia que tomaron por nombre “los Guadalupes”. Este grupo fue de vital importancia, pues apoyaban económicamente a la lucha insurgente y publicaban periódicos de apoyo, o se encargaban de conseguir armas para los soldados; son famosos los participantes de esta sociedad formada por Morelos, como Josefa Ortiz de Domínguez y Leona Vicario. Se dice que en diciembre de 1815, cuando el general José María Morelos era llevado preso para ser fusilado, pasó caminando por el Santuario de Guadalupe y pidió unos minutos en oración en la capilla del pocito; otras fuentes dicen que eran las puertas del templo donde se resguardaba el ayate en ese entonces.

Al consumarse la Independencia de México en 1821 y proclamarse poco después emperador don Agustín de Iturbide, éste hace que los restos de los iniciadores de la Independencia sean rescatados y llevados al Santuario de la Virgen de Guadalupe, donde se les hace una misa. En 1822 el mismo emperador de México crea la primera condecoración mexicana, “la Gran Cruz de la Orden de Guadalupe”.

Hacia 1824 habiendo terminado el primer imperio mexicano, se instaura la república federal y su primer presidente, Manuel Félix Fernández, decide cambiarse de nombre por el de Guadalupe Victoria en honor a que, gracias a la Virgen, habían conseguido la victoria en la independencia de México. Este mismo presidente es quien, en 1828, por decreto, eleva a rango de ciudad a la Villa de Guadalupe, bajo el nombre de Guadalupe Hidalgo. Es curioso mencionar que también durante esta presidencia se decide rehacer los planos de la ciudad de México; y en éstos se decide dejar fuera de ella el Santuario de los Remedios, a modo de “castigo” por haberse enfrentado a la guadalupana. Como hemos dicho en otras ocasiones, son situaciones desde el punto de vista cristiano bastante alejadas de lo que es la verdadera devoción a María, pero era el pensamiento que tenían en esta época muchos de los personajes de la historia.

En 1848, después de una cruenta guerra contra Estados Unidos, se deciden firmar unos tratados de paz con los que México perdió gran parte de su extensión territorial en la sacristía del Santuario de Guadalupe, llevando por nombre, debido a esto, dicho documento como “Tratados de Guadalupe Hidalgo”.

Miguel Hidalgo y las huestes insurgente con el estandarte de la Virgen de Guadalupe al inicio de la guerra de independencia, mural de Juan O'Gorman.

Miguel Hidalgo y las huestes insurgente con el estandarte de la Virgen de Guadalupe al inicio de la guerra de independencia, mural de Juan O’Gorman.

Entre 1857-1861, el presidente Benito Juárez hace la separación de la Iglesia y el Estado con las Leyes de Reforma y decide suprimir el calendario religioso; todo esto fue llevado a cabalidad, pero don Benito Juárez hizo dos excepciones: la primera con el Santuario de la Virgen de Guadalupe, al cual no se le inventarió ni se le cobró impuesto; y el otro fue con el Santuario de los Remedios. Del mismo modo, don Benito decidió respetar la celebración del 12 de diciembre. Es trascendente que a partir de ese momento la imagen de la Guadalupana dejó de presidir el lugar de honor en el Congreso que había ocupado desde principios del siglo; y fue sustituida por el escudo nacional.

Hacia 1864, con la llegada del segundo Imperio, es sabido que Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota de Bélgica visitaban el Santuario de Guadalupe y que la misma Carlota se volvió devota de la Virgen, así pues, el segundo emperador de México reinstauró una vez más la Orden de Guadalupe como condecoración.

Durante la época conocida como Porfiriato, en 1895, habiéndose relajado el cumplimiento de las leyes de Reforma, se logra al fin la coronación pontificia de la Virgen de Guadalupe, un 12 de octubre, siendo asistente a este acto la primera dama de la Nación, doña Carmen Romero Rubio, puesto que el presidente Porfirio Díaz, debido al laicismo de la Constitución, no le permitía asistir a actos religiosos.

Después de 32 años de dictadura, en 1910 don Francisco I Madero decide levantarse en armas, con lo que inicia el movimiento conocido como Revolución Mexicana, en la cual destacara don Emiliano Zapata, un campesino del estado de Morelos que luchó por la repartición de la tierra. Es destacable en las tropas zapatistas que tomaron, como hiciera el cura Hidalgo cien años antes, a la Virgen de Guadalupe como bandera y patrona de su ejército y así, se podía ver en los sombreros de los zapatistas estampas de la Virgen de Guadalupe.

Gran Cruz Imperial de la Orden de Guadalupe.

Gran Cruz Imperial de la Orden de Guadalupe.

El 14 de noviembre de 1921, debido a que los problemas entre la Iglesia y el Estado se acrecentaban, los cuales detonarían posteriormente la guerra cristera, la Basílica de Guadalupe sufrió un terrible atentado. Un hombre disfrazado como obrero puso un arreglo de flores, en el cual venía escondida dinamita, en el altar donde se veneraba el ayate de Guadalupe; la explosión fue tal que la plancha de mármol de 6 cm de espesor del altar quedó destrozada y una tarima de madera de 9 kilos que estaba muy cerca fue arrojada varios metros por el estruendo. Del mismo modo, el Cristo de bronce del altar quedó retorcido, por lo que desde ese momento se le comenzó a llamar “El Señor del Atentado”, pero la imagen Guadalupana estaba intacta fuera de la destrucción del cristal del cuadro: a la imagen no le sucedió nada milagrosamente.

En julio de 1926, después de que las iglesias decidieran cerrarse al culto en protesta contra la Ley Calles, que prohibía el culto público y el uso de hábitos religiosos, se inicia el conflicto conocido como la Cristiada, que durará hasta 1929. Es destacable entre los mártires cristeros que el grito que daban antes de morir era ¡Viva Cristo Rey! y ¡Viva La Virgen de Guadalupe!, ambos gritos fueron usados tanto por la facción armada de la cristiada como por los mártires. Del mismo modo, la imagen de la Virgen de Guadalupe fue usada en banderas nuevamente y, de esta forma, María de Guadalupe reemplazó al águila mexicana en la bandera tricolor como escudo.

Un poco después de que terminara el conflicto cristero, en 1929, hubo un suceso interesante en el caso guadalupano, después de que en 1934 el grupo de “camisas rojas” del ex gobernador de Tabasco, don Tomás Garrido Canaba,l realizaran una trifulca a las afueras del templo de San Juan Bautista en Coyoacán, México D.F; donde falleciera la Sierva de Dios María de la Luz Camacho. Se comenzó a correr un rumor de que estos mismos “Camisas Rojas” intentarían robarse el ayate de Juan Diego, muy posiblemente para destruirlo, como hicieran anteriormente en Tabasco con la mayoría de imágenes religiosas. Aunque es un suceso poco conocido, se dice que toda la gente se fue enterando en la ciudad de México de lo que intentaban hacer los “camisas rojas” y ante esto, decidieron salir armados con palos, piedras y utensilios domésticos con dirección a la Basílica de Guadalupe para proteger la imagen de la Virgen y evitar fuera profanada por el grupo de jovenes radicales. Fue tal la cantidad de personas que se reunieron en la puerta del Santuario para evitar la entrada de quienes intentaban profanar la imagen, que los jóvenes “camisas rojas” decidieron emprender la retirada y no volver a intentar nada.

Ceremonia de la coronación pontificia de Nuestra Señora de Guadalupe el 12 de octubre de 1895.

Ceremonia de la coronación pontificia de Nuestra Señora de Guadalupe el 12 de octubre de 1895.

Todo esto provocó la extrañez tanto entre los “camisas rojas” como entre los pobladores que fueron a defender la imagen, de cómo toda esa cantidad de personas se habían enterado de lo que intentaban los seguidores de Garrido; todas las personas, al hablar al respecto, coincidieron que en la noche un hombre de raza indígena con una mirada de mansedumbre se apareció en su casa y les dijo que debían ir a defender a la Virgen de Guadalupe, pues los camisas rojas intentarían profanarla. Nadie le preguntó su nombre o datos. Este indio, al que nadie había visto jamás, todos coincidieron en que sin duda no era otro que San Juan Diego, que había aparecido para alertar a los mexicanos para que protegieran la imagen de la Señora del Cielo.

En épocas más actuales, la Virgen de Guadalupe ha continuado teniendo un papel importante en la historia de México: en el año 2000, el candidato a la presidencia de México Vicente Fox Quesada, en varias ocasiones en sus campañas políticas enarboló un estandarte de la Virgen de Guadalupe, similar al que usara el cura Hidalgo doscientos años atrás y, posteriormente, al ganar la presidencia, horas antes de asumir los poderes de la Nación Mexicana, acudió en un acto, por de más polémico, a la Basílica de Guadalupe, a agradecer a la Virgen el ascender al poder. Este hecho no se había repetido en más de 150 años.

La Virgen de Guadalupe y su carácter patriótico se han reflejado no sólo en la historia de México, sino también en la devoción popular, pues muchos de los gozos entonados en honor a la Virgen tienen estrofas que aluden al sentimiento patriótico o a comparaciones con la bandera y el escudo, algunas de las cuales pongo a continuación:

“En Dolores brillo refulgente,
cual bandera su imagen sagrada
dando arrojo al patriota insurgente
y tornando invencible su espada”

“Siempre así lucirá si invasores
hoyar quieren de Anáhuac la tierra
el invicto pendón de Dolores
flameará nuevamente en la guerra”

Ejército zapatista entrando a la ciudad de México con el estandarte de la Virgen de Guadalupe.

Ejército zapatista entrando a la ciudad de México con el estandarte de la Virgen de Guadalupe.

Otra de las estrofas con tintes patrióticos más entonadas es ésta:

“Gloriosa bandera nos dieron tus favores
que sus tres colores no dejen de esplender
que la serpiente se agite inútilmente
sin lograr al águila vencer”.

La Virgen de Guadalupe sin duda se ha quedado en la conciencia popular como algo más que la celestial patrona. Se ha convertido en la madre de los mexicanos, cada persona en México tiene algo que decir sobre la Virgen de Guadalupe. Es casi imposible hablar de la historia de México sin referirse al impacto que tuvo en la misma la devoción guadalupana. No por nada a la Virgen de Guadalupe se le ha llamado “la Virgen que forjó una patria”.

André Efrén

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