Santa Juana Francisca Frémyot de Chantal

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Estampa de la Santa fundadora con sus atributos iconográficos.

Estampa de la Santa fundadora con sus atributos iconográficos.

Esta peculiar mujer sin duda vivió todas las vocaciones específicas que enseña la Iglesia como formas de alcanzar la santidad, puesto que el mismo Señor nos dice: “Sean Santos como el Padre Celestial es Santo”. Santa Juana nació en Dijon el 23 de enero de 1572, en un momento de guerras civiles y religiosas en Europa, algunas a causa del nacimiento del protestantismo. Era hija de Benignio Frémyot, quien había sido Presidente del Parlamento, y de Margarita de Barbissy. Juana se educó en la casa de su hermana mayor, Margarita, quien más tarde sería la baronesa de Francs tras la prematura muerte de su madre, cuando contaba con sólo año y medio de edad.

Con sólo 20 años, en el invierno de 1592, contrae matrimonio con Cristóbal Rabutín, con el cual tuvo seis hijos, aunque dos de ellos murieron en la infancia. A pesar de vivir un matrimonio con mucho amor, su esposo murió tras un accidente de cacería en 1601 con su primo D’Áulézy. Afectada por el acontecimiento, hace voto de castidad y se dedica a la educación de sus hijos y a practicar la caridad con los más pobres. Vivió tras la muerte de su esposo con su suegro, el barón de Chantal, de carácter insoportable, en Monthelon y allí estuvo como una especie de criada durante siete años.

De sus cuatro hijos que le quedaron con vida, María Amada se casó pronto con el barón de Thorens, hermano menor de San Francisco de Sales, quien murió enseguida, en la guerra de 1617. A los pocos meses dio a luz a un hijo, pero no sobrevivió. Su hija Francisca se casó con el conde de Toulongeon. El mayor de los hijos, Celso Benignio, se casó en 1624 con María, hija del señor Coulanges, pero éste murió en la guerra de 1627; de este matrimonio tuvo una hija, conocida como madame de Sevigné.

San Francisco entrega la Regla a Santa Juana Francisca de Chantal. Lienzo de Janez Valentin Matzinger, Galería Nacional de Eslovenia.

San Francisco entrega la Regla a Santa Juana Francisca de Chantal. Lienzo de Janez Valentin Matzinger, Galería Nacional de Eslovenia.

Buscó incansablemente a un director espiritual que le ayudase a seguir una vida espiritual, camino que no le fue fácil, pues se llegó a topar y tener por director espiritual a un hombre que le exigió voto de obedecerle (más que de obediencia), de no abrirse a nadie más, de no admitir pensamiento en contra de esto. Mas sin embargo, tras año y medio con este sacerdote, el buen Dios la guió en la Cuaresma de 1604 con el obispo de Ginebra, Francisco de Sales. De manera separada se dice que tuvieron ambos una visión: ella yendo a caballo veía a lo lejos un sacerdote que le pareció un obispo, sintiendo en su interior que él sería su director espiritual; por otra parte, Francisco de Sales vio en una visión a una mujer joven y viuda que sería la piedra fundamental de una congregación que él fundaría.

Mantuvieron contacto por carta entre los años 1604-1610, cuando comienza aquello que sería conocido como la Orden de la Visitación. Para ello distribuye entre sus hijos la hacienda y, al querer salir de su casa, su hijo Celso, de apenas 15 años de edad, pretende retenerla: “Tendréis que pasar sobre el cuerpo de vuestro hijo”. Juana siente desgarrársele el corazón, pero sin dudar pasa por encima y se detiene un momento con los ojos humedecidos.

Comienzos de la Orden
Fue fundada el 6 de junio de 1610 en una casa en Annecy, con mucha sencillez y mucha pobreza. San Francisco le entregó las Constituciones a Juana más dos compañeras suyas, además de otra sencilla hermana lega. Se vistieron con un traje negro con cuello blanco. En su inicio era una Congregación sin votos solemnes, dedicadas a la oración y también dedicadas al alivio de enfermos, necesitados y desvalidos. Podremos afirmar que era una orden contemplativa-activa. Otro dato de suma importancia era el hecho de admitir a la vida religiosa a aquellas mujeres que padecían debilidad corporal y avanzada edad, o por aquellas Órdenes con prácticas penitenciales rigurosas no apropiadas para personas con debilidad corporal.

Las primeras Visitandinas. Anónimo del siglo XVIII. Iglesia de San Luís en L’Ille (Francia).

Las primeras Visitandinas. Anónimo del siglo XVIII. Iglesia de San Luís en L’Ille (Francia).

Mas sin embargo la intromisión del cardenal Marquemont de Lyon por querer poseer un monasterio de clausura movió los deseos iniciales de Francisco y Juana a aceptar semejante cambio, pues el cardenal no aceptaba una Congregación de media clausura con apostolado. Así pues, en 1618, sin poder convencer el obispo Francisco al cardenal de Lyon sobre la forma de vida inicial de la Visitación, habló con Juana y el Instituto se convirtió en orden estricta clausura, bajo la regla de San Agustín.

Siempre se preocupó por el fervor de su familia, de sus hijos, de sus hijas espirituales. Fue una madre dulce y ejemplar, esposa y viuda con una caridad peculiar; era de temperamento serio y austero. Su forma de ser le dio fama en vida, tan es así el caso que cuando iba a París salió a su encuentro la reina María Ana de Austria, que deseaba conocerla, consiguiendo así verla en Saint Germain con sus hijos y le besó muchas veces las manos y le pidió que la bendijera.

Hablando con sus hijas de la Visitación, llegó a expresar que la mayor parte de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia no sufrieron el martirio porque existe también otro martirio: el martirio del amor, un martirio que hiere el alma y el corazón.

Tras la muerte de Francisco de Sales en 1622, Juana continuó fundando monasterios, llegando a tener aproximadamente ochenta y siete. Murió en olor de santidad el 13 de diciembre de 1641, en Moulins, tras haber sentido fiebre repentina, gozando sin embargo de buena salud. Se dice que San Vicente de Paul vio subir su alma al cielo en forma de globo, acompañada por otro globo del que pensó que sería San Francisco de Sales recibiéndola.

Relicario con el corazón incorrupto de la Santa.

Relicario con el corazón incorrupto de la Santa.

El cuerpo de Juana fue embalsamado y estuvo en velación durante tres días, y secretamente fue trasladada a Annecy, donde fue sepultada. Tras muchos milagros, fue beatificada en 1751 por el papa Benedicto XIV y canonizada por el papa Clemente XIII en 1767.

Emmanuel

Bibliografía:
– CHIFROTTI, “Giovanna Francesca Frémyot de Chantal”, en Encliclopedia dei Santi. Vol. VI p. 581-586 2° ED., Roma, 1996
– ECHEVERRÍA, “Santa Juana Francisca de Chantal”, Barcelona, 1991.

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San Francisco de Sales, obispo de Ginebra y Doctor de la Iglesia (II)

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Detalle del Santo en un lienzo de autor anónimo (1677).

Detalle del Santo en un lienzo de autor anónimo (1677).

Su espiritualidad
Para tener una idea de cual fue la estatura moral de San Francisco de Sales y qué grado de santidad alcanzó, no debemos fijarnos sólo en su enorme actividad apostólica, sino que es necesario conocer sus obras. Sólo así puede conocerse a esta figura tan fascinante. Se le ha definido como el santo de la dulzura, de la amabilidad y del optimismo, virtudes que ejercitó con el contacto diario con multitud de personas, ya fueran pobres o nobles, ya fueran amigos o adversarios: siempre mostraba una gran mansedumbre y una infinita caridad. San Francisco de Sales fue un hombre de acción, pero con un temperamento conciliador, condescendiente e incluso afectivo, siempre dispuesto a ceder cuando se ponían en juego los derechos de Dios, siempre considerando a los demás, de manera benevolente y paternal, siempre dispuesto a descubrir el lado bueno de cada persona.

Un rasgo característico de su espiritualidad es su forma de escribir: desde sus primeras cartas espirituales hasta las últimas se ve un mismo método, idénticas afirmaciones que con el tiempo y la experiencia fueron madurando. Esto es un signo evidente de una claridad de enfoque, de un carácter fuerte y tenaz y de una gran seguridad en la finalidad que perseguía.

Algunos intolerantes de su tiempo lo acusaron de rendirse ante los calvinistas, ya que en ellos sólo veían a un enemigo al que combatir y destruir. Sin embargo, San Francisco los llamaba hermanos y no lo hacía para ganarse su simpatía, sino porque lo sentía profundamente y sobre todo, porque a través de la fe, venía en ellos a unos hermanos, hijos de Dios como él mismo lo era, a los cuales había que salvar. Todos podían ver en él un amor sobrenatural hacia todos, tema en el que incidí en el artículo de ayer.

San Francisco y la Virgen. Lienzo de Janez Valentin Metzinger, Galeria Nacional de Eslovenia.

San Francisco y la Virgen. Lienzo de Janez Valentin Metzinger, Galeria Nacional de Eslovenia.

Para llegar a tal grado de heroísmo, siempre estuvo en un continuo ejercicio espiritual. Lo tuvo muy claro desde pequeño y por eso decidió adquirir la formación que obtuvo, decisión que siempre se mantuvo incluso cuando era obispo. Todos los días dedicaba una hora a la meditación, dos horas al estudio, recitaba al completo el Breviario, celebraba devotamente la Santa Misa, hacía examen de conciencia y cada dos o tres días, se confesaba. Y después, el trabajo: intensa correspondencia, recibir a toda clase de personas, dedicarse al ministerio del confesionario, a la predicación, a visitar a los enfermos y a los presos… Una forma de vida así no se improvisa y no es fácil mantenerla en el tiempo, pero él lo hizo porque tenía una profunda fe y confianza en Dios y un exquisito amor a sus semejantes. Ésta fue su personalidad: sus actuaciones, sus enseñanzas, sus sermones y sus escritos.

Pero avancemos algo más. En el artículo de ayer dijimos que durante su estancia en Dijón para predicar durante la Cuaresma del año 1604 conoció a Santa Juana Francisca de Chantal, una piadosa viuda que tenía cuatro hijos, pero que estaba muy atormentada por culpa de los escrúpulos y porque no encontraba fácilmente a un buen director espiritual. Se lo propuso a Francisco y él lo aceptó a los seis meses y así comenzó una de las más espléndidas amistades espirituales en toda la historia de la Iglesia. Como ella no encontraba la paz espiritual sólo con las cartas que Francisco le escribía, tuvo una serie de charlas con él en el Castillo de Sales al año siguiente. En estos coloquios, Francisco pudo comprobar la grandeza del alma de Juana Francisca y sus deseos de abrazar la vida religiosa. Lenta y gradualmente la fue dirigiendo hacia su destino definitivo. Ella quería entrar en el Carmelo de Lyon, pero Francisco se lo desaconsejó y en el 1607 le mostró su intención de fundar en Annecy una nueva orden femenina.

Juana Francisca tuvo que superar diversas dificultades para poder seguir los consejos del obispo: tenía cuatro hijos, su padre era muy anciano y ni siquiera Francisco era muy propenso a las decisiones que ella iba tomando. La intervención firme y decidida de Francisco rompió aquella inercia y así, el 29 de marzo de 1610, Juana abandonaba definitivamente su casa. La nueva congregación religiosa nacía oficialmente el 6 de junio de aquel año en un pobre apartamento de Annecy, llamado la “Galería”. Con Juana entraron en el noviciado sólo dos jóvenes: Carlota Brèchard y Jacqueline Favre, pero algunos meses más tarde se les unieron otras jóvenes.

El Santo y las primeras Visitandinas. Anónimo del siglo XVIII. Iglesia de san Luís en L’Ille (Francia).

El Santo y las primeras Visitandinas. Anónimo del siglo XVIII. Iglesia de san Luís en L’Ille (Francia).

En un principio, Francisco no sabía bien qué nombre darle al nuevo Instituto. No le disgustaba el nombre de “Hijas de Santa Marta”, ni el de “Oblatas de la Santísima Virgen”, pero se decidieron por el de “Congregación de la Visitación de Nuestra Señora”. Este nombre llevaba implícito un programa: unir la vida contemplativa comunitaria con una vida activa de ejercicio de la caridad con los pobres y enfermos. En aquellos tiempos, en Francia, esto era una innovación ya que no se concebía que una orden femenina no fuera exclusivamente de clausura. Francisco tenía “in mente” una cosa más simple: una congregación compuesta por viudas y jóvenes que, bien por vocación o por debilidades físicas, no pudieran soportar las grandes penitencias que se hacían en los conventos, pero que aun así, querían llevar una vida religiosa en común. Era una forma de hacer más soportable la vida religiosa, era una especie de síntesis entre las vocaciones de Marta y de María.

Se estableció que las hermanas tenían que dedicar una hora por la mañana y otra por la tarde a la oración, que tenían que rezar el “Oficio Parvo” y que el resto del día, o sea, la mayor parte del día, tenían que dedicarlo a atender a los pobres y a los enfermos. Las mortificaciones corporales tenían que ser moderadas, porque lo importante era la intensa vida espiritual y la mejor forma de acrecentarla era mediante la caridad con el prójimo. No importaba tanto la cantidad de oraciones, sino el recogimiento interior, la pobreza de espíritu, la caridad con los demás.

Los comienzos de la nueva congregación no fueron fáciles. A las dificultades materiales había que unirle la oposición de algunos jerarcas a este nuevo modo de vida, pero Francisco no las abandonó en ningún momento ni en ninguna circunstancia: en 1613 les consiguió una casa más grande, las defendió contra algunos ataques y sobre todo, las estimuló para que llevaran una intensa vida espiritual y de trabajo compensada con algunos entretenimientos lúdicos.

Las constituciones quedaron finalmente redactadas en el año 1615, después de un contraste de opiniones con el arzobispo metropolitano de Lyon, Dionisio Marquemont. En 1613 un grupo de mujeres de su diócesis, lideradas por Isabel Arnauld de Gouffiers, habían constituido una casa en Lyon según el reglamento de la Congregación de Annecy. Mientras Francisco y Juana estaban muy satisfechos porque su Congregación se extendía, el arzobispo lionés puso una condición para dar su aprobación diocesana: en su diócesis sólo admitía monjas de clausura, prohibiendo expresamente las visitas a los pobres y los enfermos. San Francisco se entrevistó con él, pero ante la obstinación del metropolita Marquemont, tuvo que aceptar su decisión, lo que causó una gran pena en Santa Juana Francisca. Dio a su Congregación la regla de San Agustín, adjuntándole unas Constituciones y un Manuel de costumbres, por el que les permitía mantener su forma de vida conforme ellos habían previsto.

Monumento al santo en Annecy (Francia).

Monumento al santo en Annecy (Francia).

En el año 1616, valiéndose de su amistad con el cardenal Belarmino (San Roberto Belarmino), pidió a la Santa Sede la aprobación de su nueva Congregación. Su solicitud iba avalada por el duque Carlos Emmanuel y por su hijo, el cardenal Mauricio de Saboya, teniendo respuesta afirmativa mediante un Breve Pontificio de 1618 que reconocía el nuevo Instituto. Una vez aprobado, se desarrolló con celeridad y así, a la muerte de San Francisco de Sales, la Congregación de la Visitación de Nuestra Señora tenía trece casas abiertas. Él no pudo conseguir plenamente su primitivo diseño de una congregación activa, pero puso la semilla que germinó pocos años más tarde, cuando San Vicente de Paúl fundó a las Hijas de la Caridad.

Santa Juana Francisca de Chantal afirmaba que antes de encontrarse con San Francisco de Sales, aunque llevaba una vida piadosa, nadie le había hablado jamás de la necesidad de tener un director espiritual. Ésta es sin duda una de las características de nuestro santo. Él lo sentía como una obligación que tenía todo sacerdote y todo obispo y así lo escribía como prefacio en su obra “La vida devota”: “Confieso que se necesita esfuerzo para dirigir a las almas, pero es un esfuerzo que consuela, es un esfuerzo que alegra el corazón y que lo recrea con la suavidad que le comunica la otra persona”. Él tenía claro que toda persona necesitaba un maestro espiritual, que esto no era un lujo que sólo pudiesen permitirse los contemplativos, sino que era un arma a usar por todo aquel que quisiera vivir una vida cristiana.

Hay quienes han visto en esto una especie de reacción al individualismo religioso promovido por el protestantismo, pero esto no es cierto, ya que era el fruto de una experiencia muy personal. Decía que “el director espiritual es un tesoro de sabiduría para nuestras penas, tristezas y caídas; es un bálsamo consolador que alegra nuestros corazones cuando están enfermos espiritualmente” y “si cuando nuestro cuerpo está enfermo, vamos al médico, ¿por qué esto no debe hacerse cuando enferma nuestra alma?”. Según él, “las relaciones que deben existir entre el director espiritual y el penitente, tienen que basarse en la sinceridad y en la fidelidad, en una confianza sin límites combinada con un sagrado respeto… en una palabra: debe ser una amistad fuerte y dulce, santa y sagrada, espiritual y divina”. En realidad, cuando él decía cómo debía ser un director espiritual, se estaba describiendo a sí mismo. Él sabía que era un instrumento en las manos de Dios y sabía también que era realmente el Espíritu Santo quien operaba en la intimidad del alma.

Traslado de las reliquias del santo en el año 1911.

Traslado de las reliquias del santo en el año 1911.

En el artículo de mañana terminaremos hablando de su obra, de sus escritos.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– CIONI, R., “Vita di San Francesco di Sales”, Florencia, 1942.
– DE LA HOZ, F., “San Francisco de Sales. Obras selectas”, Escuela gráfica salesiana, Sevilla.
– GONZÁLEZ, E., “La perfección cristiana según el espíritu de San Francisco de Sales”, Madrid, 1953.
– VAN HOUTRYVE, “El amor al prójimo según San Francisco de Sales”, París, 1944.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctorum, tomo V”, Città N. Editrice, Roma, 1991.

Enlaces consultados (21/01/2014):
http://www.diocese-annecy.fr/
http://vistation-lourdes.webnode.fr/
http://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Francis_de_Sales

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Santas de nombre Angélica

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Beata Angélica Leonti de Milazzo. Fresco del claustro de los Mínimos en Grottaglie, Italia.

Beata Angélica Leonti de Milazzo. Fresco del claustro de los Mínimos en Grottaglie, Italia.

Angélica, entre los testigos de Jesús: el significado del nombre
Deriva del griego ànghelos, “mensajero”, como Ángela, su variante más común, y refleja la devoción y el culto a los ángeles. Algunas obras literarias, como el Orlando Furioso de L. Ariosto, han contribuido a su difusión. La onomástica se festeja el 27 de enero para Santa Ángela Mérici o para los Santos Arcángeles (29 de septiembre, “la corte angélica”) porque no existe ninguna Santa o Beata de nombre “Angélica” conmemorada en el Martirologio Romano.

Angélica de Milazzo, dicha “Beata” (6 de diciembre, s. XVI)
La rama de la Orden de los Mínimos fundada en 1500 por San Francisco de Paula tuvo su propia Tercera Orden, abierta a laicos, hombres y mujeres. A la Tercera Orden de San Francisco de Paula pertenece la “Beata” Angélica, fallecida en 1559. Era oriunda de Milazzo, bellísima de aspecto, sensible y virtuosa. La joven de Milazzo debió, según los deseos de su familia, haber seguido el destino de tantas de sus contemporáneas, eligiendo un esposo o mejor dicho, aceptando el que sus padres le destinaran, para formar una familia terrenal. Pero Angélica se resistió con terca obstinación, más fuerte que las lisonjas y las amenazas, que no le faltaron al menos durante un cierto período de su vida. En el momento de tensión más grave, recurría al Crucificado, implorándole ayuda. Fue auxiliada por la Cruz con una cruz, esto es, con una gravísima enfermedad, que puso en peligro su propia vida. Fue entonces cuando, por promesa, tomó el hábito de la Tercera Orden de San Francisco de Paula. En ese hábito, a modo de coraza mística, se sintió segura de poder quedarse para siempre con el estado deseado.

Superada su enfermedad, volvieron las insistencias y presiones. Pero, posteriormente devorada por un tumor maligno, su belleza se trocó en repulsión, mientras el sufrimiento punzante le afinaba el espíritu, consumiendo su cuerpo como un fuego hasta la muerte.

Fotografía de la Sierva de Dios Angélica Mastrioti.

Fotografía de la Sierva de Dios Angélica Mastrioti.

María Angélica Mastroti de Papasidero, dicha “Beata” (26 de mayo 1851, Castelluccio Superiore 1896)
Vivió en olor de santidad. A los seis años enfermó de tuberculosis, quedándose paralítica durante 13 años. Cuando todos estaban a la espera de su inminente final, fue curada milagrosamente en 1870. Sin embargo, sus sufrimientos no cesaron: un cálculo en la vesícula le procuró sufrimientos indecibles hasta 1873, cuando una segunda intervención sobrenatural la liberó de su mal; pero su deseo de expiación la condujo a mortificar su cuerpo haciendo uso de cilicios, ropa de cama con espinas y sometiéndose a largos ayunos. Su vida ascética le procuró frecuentes éxtasis durante los cuales hablaba con la Virgen y el Hijo que tenía entre sus brazos.

Esta implicación espiritual tuvo consecuencias físicas. Una herida de la cual manaba sangre espesa se abrió espontáneamente en su costado y ya no se cerró. En 1890, para estar junto con su sobrino Nicolás que se había hecho sacerdote, se trasladó a Castelluccio Superiore (PZ) donde continuaron verificándose hechos prodigiosos vinculados a su persona, tanto que su fama se extendió por las comarcas vecinas. En Castellucció falleció el 26 de mayo de 1896. Su tumba es todavía meta de peregrinaciones de numerosos fieles.

Beata Angélica de Caicle, ermitaña del monte Guardia en Bolonia (s.XII)
Angélica, hija de Caicle y de Bolonia, aparece en la escena de nuestros documentos el 30 de julio de 1192: en el documento así fechado, Angélica (que tiene una edad presumible entre los 20 y los 28 años) declara querer dedicarse completamente al servicio de Dios en la soledad, de modo que llevará una vida eremítica (una opción religiosa muy difundida en el contexto del gran movimiento de renovación espiritual y reforma en la Iglesia de los ss.XI-XII). Elige como lugar de retiro un terreno de su propiedad en el monte de la Guardia y manifiesta la intención de construir un eremitorio, una casa para ella y para las otras ermitañas que quisieran unirse a ella y, si el Señor lo quiere, una iglesia. Como la comunidad religiosa necesitará asistencia sacerdotal (para la administración de sacramentos y celebraciones litúrgicas, si hay una iglesia), Angélica cede su propiedad a los Canónigos de Santa María de Reno y San Salvador a cambio de asistencia sacerdotal. Asimismo, se reserva el usufructo y el rendimiento de los bienes cedidos y de otros que pueda heredar o recibir en donación para el crecimiento de su fundación religiosa.

Fotografía coloreada de la Sierva de Dios María Angélica Álvarez Icaza.

Fotografía coloreada de la Sierva de Dios María Angélica Álvarez Icaza.

Sierva de Dios María Angélica Álvarez Icaza (1887-1977)
Con María Angélica Álvarez Icaza (1887-1977), religiosa contemplativa de la Orden de la Visitación de Santa María, el continente latinoamericano da un paso gigante en los caminos del espíritu, alineándose con la tradición secular europea, llena de célebres figuras de místicos. El México de los primeros decenios del siglo XX exalta su turbulenta existencia en un claustro, donde vivió en íntimo martirio de amor el sangriento devenir de su patria. En ella confluyó límpido el carisma de la Orden de la Visitación, inspirado en la doctrina del fundador, San Francisco de Sales, Doctor del Divino Amor, que añade al monte Calvario la morada de sus Hijas. También transparentó el reclamo de la experiencia de Santa Margarita María Alacoque, de modo que María Angélica Álvarez Icaza se unió a las discípulas predilectas del Sagrado Corazón del Verbo Encarnado.

Venerable Angélica Durà
La Venerable fue terciaria mercedaria en Valencia. Murió en olor de santidad después de que la Virgen María le revelase el día de su muerte. La Orden Mercedaria la recuerda el 22 de abril.

Sierva de Dios María Angélica Pérez (1897-1932)
La Sierva de Dios María Crescencia, argentina, fue religiosa profesa de la Congregación de las Hijas de Nuestra Señora del Huerto (1897-1932). Es una Hermana Gianellina.

Sierva de Dios Madre María Luisa Angélica Clarac (Auch 1817 – Moncallieri 1887)
La Madre María Luisa Angélica Clarac, Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl, nació en Auch (Francia) el 17 de abril de 1817 y regresó al Señor en Moncallieri (To) el 21 de junio de 1887. Nuestro punto de partida es el 3 de mayo de 1871, día en el cual, por un providencial y misterioso designio de Dios, la Madre Clarac abandonaba su Congregación y, sufriendo por el desapego, dio origen a una nueva familia religiosa. El lugar de nacimiento del instituto es la ciudad de Turín, en la calle S. Pío V, donde, junto a la capilla dedicada a la Virgen venerada con el título “Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús”, reposan los restos mortales de la fundadora, cuya causa de canonización está en curso.

Estampa de la Venerable Angélica Juana María de Jesús.

Estampa de la Venerable Angélica Juana María de Jesús.

Venerable Angélica Juana María de Jesús (1861–1935)
La Madre Angélica Juana de Jesús, en el siglo Flora Bracaval, nació en Mouscron (Bélgica) el 3 de mayo de 1861. Entró en las Angélicas de San Pablo, fundadas por San Antonio Maria Zaccaria, y pronto fue reconocida como digna de los más altos cargos del instituto Angélico. De 1919 a 1931 fue la superiora general y difundió la Congregación en Italia, Brasil y Bélgica. Murió con fama de santidad en Arienzo (CE) el 26 de enero de 1935.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II-III appendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Libreria Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Grenci Damiano Marco – Archivio privato iconografico e agiografico: 1977 – 2014
* sitio web newsaints.faithweb.com
* sitio web wikipedia.org
* sitio web santi beati.it

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