Santa Zita de Lucca, virgen

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Óleo de la Santa, obra de Arnould de Vuez. Museo del Hospice de la Comtesse en Lille, Francia.

Pregunta: Soy trabajadora social y tengo especial devoción a Santa Zita, que como sabréis es la patrona del servicio doméstico. ¿Podríais facilitarme algunos datos sobre nuestra santa?

Respuesta: Por supuesto que estamos encantados en atenderte y escribir algo sobre esta santa, de la que en realidad no se sabe mucho. Su nombre es una variante local de la palabra “citta” que significa muchacha joven, muchacha virgen.
Santa Zita nació en el año 1218 en Monsagrati, un pueblecito muy cercano a la ciudad de Lucca, en la Toscana italiana. Sus padres eran muy pobres, pero gracias a sus enseñanzas y a su ejemplo, así como por su simpatía y felicidad innata, se desarrolló muy pronto en la niña un carácter dulce y modesto, con un sentido muy profundo del deber. Todas estas cualidades determinaron desde muy joven su personalidad: simpática, feliz, dulce, modesta y muy trabajadora.

Como su familia vivía en la extrema pobreza, con solo doce años de edad, fue a trabajar como criada al servicio de la familia de un noble de Lucca, llamado Pagano Fatinelli. Aunque fue tratada con muchísima severidad por parte de sus amos, que no querían que a su casa acudieran los pobres a los que Zita socorría, así como por algunos envidiosos compañeros, (debido a su piedad y a la delicadeza y precisión con la que realizaba todas las tareas domésticas intentando incluso suplir las deficiencias de sus compañeros de trabajo pues ella lo consideraba como un servicio prestado al mismo Dios), se fue ganando la estima y el cariño de cuantos la trataban.

Como ocurre con otras muchas santas, en la vida de santa Zita también “ha metido mano” la leyenda y así se cuenta que otra criada de la casa, que era muy envidiosa, le dijo a los señores Fatinelli que Zita robaba en la casa para darle limosnas a los pobres y un día en el que Zita llevaba en el delantal pan para repartir, el amo le preguntó qué llevaba, respondiendo ella que flores, las cuales cayeron al suelo cuando el señor Fatinelli le hizo abrir el delantal; no conforme con esto, él acudió a la despensa de la casa y la encontró llena de víveres. Esto ya lo hemos oído varias veces, pero aunque sea solo una devota leyenda, en nada menoscaba la bondad y caridad que Santa Zita mostraba hacia todos los que acudían a ella solicitando ayuda.

Escultura de la Santa mostrando el milagro de las rosas. Duomo de Santa Maria Nascente, Milán (Italia).

Otro hecho que se cuenta es que un día, atendiendo a un mendigo dejó por un momento su trabajo en la cocina y uno de los criados se lo dijo al señor Fatinelli. Este acudió a la cocina y encontró a unos ángeles que estaban realizando el trabajo de Zita.

Pero Zita, ante la actitud severa, injusta y dura de sus patrones, lejos de sentir rencor hacia ellos, los amaba y respetaba exquisitamente y con el tiempo, esta maldad se fue convirtiendo en amor y confianza de forma que tanto se hizo querer y admirar por todos que le fue confiada la dirección de la casa. En su nuevo trabajo como organizadora de toda la servidumbre le fue aun más fácil conseguir el cariño de todos, pues siempre disculpaba cualquier descuido, no era severa con nadie, trataba a los criados con la misma exquisitez que a los señores y lo hizo siempre con una bondad infinita hasta su muerte, que le sobrevino con sesenta años de edad, el día 27 de abril del año 1278, en la misma casa donde trabajaba, después de estar cinco días enferma.

Ya en vida, por su carácter y bondad, tenía fama de santa, pero ésta se acrecentó después de su muerte, confirmándose con muchos milagros obtenidos por su intercesión. Tanta fama adquirió en vida que cuando murió, siendo una simple criada, fue sepultada en la iglesia de San Frediano de la misma ciudad, por lo que los fieles acudían en masa a esta iglesia en Lucca para venerar su sepulcro. Allí aun se conserva, incorrupto como puede observarse en una de las fotos, incorrupción que pudo comprobarse cuando en el año 1652 se exhumó el cadáver para realizar el reconocimiento canónico previo a la canonización.

Sólo cuatro años después de su muerte, el obispo Paganello de Lucca autorizó su culto a nivel local, aunque definitivamente fue aprobado por el Papa Inocencio XII en el año 1696. Es la patrona de la ciudad de Lucca y el 26 de septiembre del año 1935, el Papa Pío XII la proclamó patrona del servicio doméstico. Su fiesta se celebra el día de su muerte, o sea hoy, día 27 de abril.

El hecho de que la humilde Zita no sólo recibiese culto y veneración en su lugar de origen y en Italia, sino incluso en la corte imperial de Augsburgo, es realmente un signo del poder de la humildad y de la caridad proveniente de la santa. Y lo mismo pasa con el hecho de que en diversos países sea representada esta santa italiana vestida a la usanza de cada lugar, haciéndola de esa manera como santa propia; esto puede verse por ejemplo, en una escultura de madera que se encuentra en la iglesia de Saint-Divy, en la región francesa de Finistère, donde la santa está vestida como visten las mujeres bretonas. Un emblema suyo propio es la azucena, que simboliza la pureza que observó durante toda su vida.

Detalle del cuerpo incorrupto de la Santa tal cual se venera en la iglesia de San Frediano, Lucca (Italia).

En las vidrieras del siglo XV de la catedral de Winchester y en una escultura que se encuentra en la Abadía de Westminster la santa está representada con un manojo de llaves, con una jarra e incluso con un cubo de limpieza. En la Toscana en general y en Lucca en particular existen diversas representaciones de Santa Zita, siendo la más notable una imagen que se encuentra en la Iglesia de San Frediano y que es obra de Francesco del Tintore, del siglo XVII.

El nombre de Santa Zita se utiliza a veces para designar a la propia ciudad de Lucca, como por ejemplo hicieron Fazio degli Uberti en el “Dittamondo” o Dante Alighieri en la “Divina Comedia”, donde hace referencia a un anciano magistrado de la ciudad, llamándolo “el anciano de Santa Zita”.
Y finalmente, una curiosidad: cuando a una persona se le pierden las llaves, se le dice que recurra a Santa Zita, pues ella era la encargada de guardar las llaves de la casa donde trabajaba.

Antonio Barrero

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