San Ambrosio Khelaia “El Confesor”, Catholicós y Patriarca de Georgia

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Icono ortodoxo georgiano del Santo.

En el blog se han dado breves referencias a los santos de la Iglesia Ortodoxa Georgiana, salvo excepciones como lo son de las Santas Reinas Ketevan y Tamara, los Santos Reyes Mirian III y Nana (de quienes se han escrito artículos completos). El Patriarcado de Georgia es una de las iglesias nacionales más antiguas y fruto de la evangelización llevada a cabo en el siglo IV por Santa Nino, sin embargo el santo de este artículo es fruto del periodo tumultuoso que siguió a la expansión de la Revolución Rusa en Georgia, así como las controversias sobre la Autocefalía de la Antiquísima Iglesia Georgiana de la Iglesia Rusa (de la que había sido anexada a principios del siglo XIX deponiendo al último patriarca Anton II Bagration).

El Patriarca Ambrosio, llamado por la Iglesia “El Confesor”, fue el tercer patriarca después da la restauración de la independencia de Georgia y su ministerio episcopal se desarrolló en el momento de la expansión del comunismo por el país. Junto con los Patriarcas Calístrato I (canonizado en 2016) y Kyrion II (primer patriarca de la restauración, asesinado en 1918 y canonizado en 2002) son los tres patriarcas modernos venerados como santos por la Iglesia Ortodoxa.

El episcopado patriarcal estuvo envuelto en el ambiente hostil a la fe cristiana ortodoxa, así como la interrupción de la comunión entre la Iglesia Ortodoxa Rusa (bajo la hostilidad comunista) y la Iglesia Ortodoxa Georgiana (que fue perseguida y permaneció ilegal ante el estado soviético) desde 1921 hasta 1927.

Con este trabajo, se pretende no sólo escribir la biografía de una persona que es considerada santa, sino describir el contexto y la historia de un pueblo poco conocido como es el pueblo georgiano, que en este blog de hagiografía es una necesidad para estudiar a fondo la naturaleza humana de estos ejemplos de santidad, no solamente aplicable en este caso sino en todos los santos dentro del Cristianismo.

Primeros años
Besarion Khelaia nació en Martvili, Georgia el 7 de septiembre de 1861, en el momento en que la nación formaba parte del Imperio Ruso. Eligiendo la carrera eclesiástica recibió una educación primaria en la Escuela de Teología de Samegrelo, se graduó en el Seminario Teológico de Tiflis en 1885 y fue ordenado sacerdote en Abjasia, desempeñando su ministerio en las parroquias de Sukhumi, Akhali Atoni y Lykhny, también dio clases en las escuelas y cursos en idioma georgiano. En la clandestinidad publicó folletos denunciando la rusificación de la Iglesia Ortodoxa Georgiana y acusando a los funcionarios rusos de fomentar el odio anti-georgiano entre la gente abjasia. Se dedicó a la caridad y en 1896 quedó viudo.

En 1897 se inscribió en la Academia Teológica de Kazán, de la cual se graduó en 1900, su dedicación al estudio estaba enlazado con el movimiento de Independencia de Georgia y su tesis titulada “La Lucha entre el Cristianismo y el Islam en Georgia” fue el culmen de la dedicación a la investigación de la historia de su país con la mayoría de las fuentes primarias disponibles por lo que presenta su trabajo para la obtención de la maestría.

Fotografía del Santo en su hábito patriarcal.

Participación en el Movimiento de Autocefalía
En 1901 se gradúa de la Academia Teológica y fue tonsurado monje; regresó a su tierra natal, donde formó parte del movimiento que buscaba restaurar la Autocefalía de la Iglesia de Georgia (abolida por la anexión del país al Imperio Ruso en 1811) conformado con respetables clérigos nativos y laicos comprometidos, y la lucha alcanzó su punto máximo tras la Revolución de 1905, donde incluso se llegó a la reacción violenta por ambas partes.

Fue elevado al rango de archimandrita del Monasterio de Chelishi, que antaño era un centro importante de educación teológica pero que se encontraba en franca decadencia. Con la bendición del Obispo Leonid (más tarde Catholicós y Patriarca de toda Georgia) comenzó a reunir jóvenes aptos para ser instruidos sobre el canto y la liturgia. Dedicó también su tiempo para descubrir los escritos y restaurarlos, entre ellos una copia antigua de los santos evangelios que databa del siglo IX.

Junto con el consejo sinodal, Ambrosio fue entronizado como Archimandrita del Monasterio de la Santa Transfiguración en Tiblisi. El estado eclesiástico era lamentable, con veinte sedes episcopales vacías, y setecientas cuarenta parroquias sin pastores que las atendieran. Los georgianos enviaron una apelación al Zar Nicolás II que les fue denegada. La conferencia del clero georgiano reunida en Tiblisi en 1905 fue dispersada por la policía y varios miembros fueron arrestados.

A Ambrosio se le prohibió celebrar la Divina Liturgia y fue exiliado al Monasterio de Troitsky, en Riazán. La confrontación se hizo más grave cuando el 28 de mayo de 1908 el Arzobispo Nikon, Exarca Ruso en Georgia fue asesinado por esbirros no identificados, supuestamente vinculados al movimiento nacionalista, y el crimen fue el pretexto perfecto para deponer a varios obispos georgianos de sus puestos. Ambrosio fue vinculado falsamente al homicidio, suspendido y deportado a Rusia, donde fue absuelto en 1910.

Revolución Rusa y Proclamación de la Autocefalía
Con la desestabilización de la nación rusa a raíz de la Revolución de Febrero de 1917, el Archimandrita Ambrosio volvió a su país y retomó con más fuerzas la lucha por la libertad de la Iglesia. Pocos meses después se proclamó la Independencia de Georgia y el 12 de marzo del mismo año fue elegido el Obispo Kyrion (Kyrion II) como Patriarca y Catholicós de toda Georgia. El Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rusa no reconoció este movimiento y ambas confesiones se retiraron mutuamente la comunión hasta mediados de los años 40.

Fue consagrado como Obispo de Chkondidi y luego trasladado en Abjasia. La Iglesia Independiente tuvo problemas desde un principio, el 27 de Junio de 1918, el Patriarca Kyrion fue misteriosamente asesinado en su residencia en el Monasterio Martqopi; su sucesor fue el Obispo Leonid, cuyo ministerio fue ensombrecido por la invasión soviética de la República Democrática de Georgia (de febrero a marzo de 1921), que desapareció y obligó a los ministros de gobierno al exilio. Después se desató una epidemia de cólera del cual el mismo Catholicós moriría el 11 de junio de 1921. Para ese momento el nuevo Patriarca se enfrentaría a la ilegalización del patriotismo georgiano, la persecución del clero, y la represión del Estado Soviético. Ese nuevo Jerarca no era otro mas que Ambrosio Khelaia.

Fotografía del Santo en su hábito patriarcal.

Patriarcado
El 7 de septiembre de 1921 el Santo Sínodo eligió al Obispo Ambrosio como Patriarca y Catholicós de Toda Georgia y solemnemente entronizado el 14 de Octubre del mismo año. Como Primado de la Iglesia, el 7 de febrero de 1922 envió un memorándum a la Conferencia Internacional de Génova, denunciando las atrocidades del ejército bolchevique y denunció la persecución religiosa que estaban sufriendo. El régimen soviético veía las aspiraciones nacionalistas como una amenaza de Estado, y mientras la Iglesia Rusa estaba prácticamente a merced de las autoridades, la Iglesia Georgiana era ilegal y estaban siendo cerrados muchos monasterios y parroquias, el clero junto con el pueblo era víctima de la represión. En el manifiesto pedía a las naciones civilizadas intervenir en favor de la nación oprimida.

Al año siguiente, Ambrosio y todos los miembros del Consejo Patriarcal fueron detenidos y encarcelados. En marzo de 1924 se organizó una farsa de juicio y se le acusó de difundir propaganda antisoviética (por el manifiesto a la Conferencia de Génova) y además de ocultar los tesoros de la Iglesia (que serían confiscados en favor del Estado). Todos los obispos arrestados se mostraron solidarios con Ambrosio, quien asumió toda la responsabilidad diciendo incluso ante los jueces: “Mi alma pertenece a Dios, mi corazón a mi país; ustedes, mis verdugos, hagan lo que quieran con mi cuerpo”.

Se esperaba que el patriarca fuera condenado a muerte, pero los comunistas no se atrevieron a ejecutarlo; en vez de eso fue condenado a ocho años en prisión y a la confiscación de sus propiedades.

En agosto de 1924 estalló un levantamiento contra la Unión Soviética que duró tres semanas. Aproximadamente 3000 georgianos murieron en combate, 12 000 fueron ejecutados en matanzas masivas y unos 20 000 fueron deportados a gulags en Siberia. Entre los represaliados estaban varios miembros del clero, como el Arzobispo Nazario de Kutatisi, quien fue fusilado sin juicio (junto a otros mártires sería más tarde canonizado).

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Las causas por las que los miembros del sínodo y el patriarca no se convirtieron en víctimas del sistema comunista fue el escándalo internacional que provocó la represión política y la persecución religiosa. El alcance del Terror Rojo provocó protestas públicas que obligaron al gobierno a moderar el trato contra los georgianos.

Liberación y fallecimiento
A principios de marzo de 1925 el comisionado Mikhail Kalinin solicitó una amnistía para los participantes de la rebelión y la suspensión de la represión religiosa, por lo que al año siguiente, el Patriarca y los miembros del Santo Sínodo fueron liberados. Sin embargo no vivió mucho tiempo y se durmió plácidamente en el Señor el 29 de marzo de 1927 en Tbilisi, Georgia, agotado por los sufrimientos y las penalidades.

Fue glorificado por el Santo Sínodo en 1995 con el título de “El Confesor” (es decir que padeció la persecución sin necesariamente derramar su sangre por la fe cristiana) presidido por su Santidad el Catholicós y Patriarca de Toda Georgia Ilia II. En 2013 se le concedió el título de Héroe Nacional.

René

Enlaces consultados (29/10/18):
• http://orthochristian.com/7227.html
• http://pravoslavie.ru/7227.html
• https://en.wikipedia.org/wiki/Ambrosius_of_Georgia

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Beatos Cruz Laplana y Fernando Español, mártires

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Beato Cruz Laplana y Laguna, Obispo de Cuenca.

De los mártires de la Guerra Civil Española beatificados el 28 de octubre de 2007, hoy se hablará de los Beatos Cruz Laplana y Laguna, obispo de la diócesis de Cuenca, y su vicario Fernando Español, ambos asesinados el 8 de agosto de 1936 como resultado de la persecución religiosa llevada a cabo por el Frente Popular contra la “Quinta Columna” (es decir aquellas personas que simpatizaran con el Alzamiento militar pero no se habían sublevado dentro del territorio republicano).

La ceremonia de beatificación no estuvo exenta de polémica, tanto que España atraviesa por un proceso de revalorización sobre el alcance de los efectos de la guerra civil, y no faltan voces que hablan de víctimas políticas o por lo menos ven injusta la exclusión de la memoria de las víctimas del bando franquista, en cuanto acusan a la Iglesia Católica en general de afinidad con el Golpe de Estado de 1936 y la Dictadura. El Obispo Cruz Laplana no se salva tampoco de la controversia, sobre todo después de la proclamación de la II República Española, de la que se podría considerar desafecto. Lo que es innegable es que el testimonio de los Mártires Españoles del Siglo XX ha de servir al propósito de no abrir viejas heridas y divisiones, sino sembrar semillas de perdón y reconciliación.

Biografía de Cruz Laplana Laguna, obispo de Cuenca
Don Cruz Laplana nació en Plan, Huesca el 3 de mayo de 1875, a los 11 años sintió la llamada vocacional al sacerdocio e ingresó en el Seminario de Barbastro en 1886, de donde se formó en ciencias profanas y sagradas, doctorándose en Derecho Canónico y Teología en la Universidad Pontificia de Zaragoza.

Beato Cruz Laplana Laguna

Fue ordenado sacerdote en 1898, siendo nombrado Profesor en el Seminario de Zaragoza y párroco de la Iglesia de San Gil (cargo del que estuvo de 1902 a 1912), donde fue reconocido por su caridad y su desprendimiento material, así como un formador eficiente del culto, fomentando la práctica de los sacramentos y la adoración Eucarística. Brilló por su celo pastoral y su dedicación a la evangelización de los más humildes.

También se ha de destacar por su templanza y austeridad, ya que personalmente se privaba de comer en exceso, y no tomaba café ni helado a pesar de que le gustaban mucho, tampoco se afanó en tener coche propio. El 30 de noviembre de 1921 es nombrado por el Papa Benedicto XV Obispo de Cuenca, siendo consagrado en la Catedral-Basílica del Pilar el día 26 de marzo de 1922 de manos del Cardenal Juan Soldevilla y Romero (asesinado en 1923 por esbirros anarcosindicalistas por su apoyo al sindicalismo católico).

El domingo de ramos de ese mismo año tomó posesión de la diócesis en medio de un ambiente propicio para el anticlericalismo. Trabajó con energía en la renovación de la diócesis y cuidó la formación integral de los seminaristas, promovió las asociaciones piadosas, y fomentó la formación cristiana de los seglares a través de Acción Católica.

Los ánimos estaban caldeados por los ataques anticlericales dirigidos por el profesor Rodolfo Llopis en los periódicos, quien llegó a Cuenca tres años antes de la entronización del Obispo Cruz en calidad de Profesor de la Escuela de Magisterio, en los cuales promovía la educación atea y propició la acción de la masonería en los ambientes oficiales (Llopis sería Ministro de Instrucción Pública durante la Segunda República y fracasó en su intento de encabezar el Socialismo Español durante la Transición). El prelado combatió enérgicamente esta tendencia mediante acciones y cartas pastorales claras y directas, lo que sus críticos consideran posicionamiento político ante el declive de la monarquía española.

Beatos Cruz Laplana y Laguna, Obispo de Cuenca y Fernando Español Berdié, sacerdote, mártires.

De hecho, al proclamarse en 1931 la República, se declaró no partidario de la misma y muchos acusadores expresaban que dicha participación había sido promovida a los jóvenes de Acción Católica. En realidad, el objetivo de Monseñor Laplana era formar seglares consecuentes con los principios evangélicos en el auxilio de los más necesitados, en la preservación de la identidad social cristiana y en la participación política, sin involucrarse en la militancia partidista.

También se prueba como evidencia de la participación política una frase sacada de contexto de la biografía del Obispo Mártir expresada por Sebastián Cirac en la cual en las elecciones de febrero de 1936 apoyó la candidatura de José Antonio Primo de Rivera: “Por voluntad expresa del Señor obispo fue presentado Don José Antonio Primo de Rivera en la candidatura de las derechas”. Sin embargo, el mismo Cirac testificaría bajo juramento durante el proceso de beatificación que el Doctor Cruz “nunca en su vida intervino en política o tuvo aficiones por los partidos o caciques políticos. Su ejemplo, su preocupación y hasta su intervención, aconsejando, estuvo exclusivamente promovido por las necesidades de salvar a la Iglesia y a las almas”.

En los días previos al conflicto militar estuvo invitado a la consagración episcopal de un obispo auxiliar para Tarazona lo que le hubiera permitido estar a salvo de los desmanes y crímenes que cometerían las milicias populares del Frente Republicano, sin embargo lo declinó y en los primeros días de la guerra incluso la autoridad civil del momento le facilitó la posibilidad de abandonar la diócesis a lo que él se negó, prefiriendo compartir la suerte de su rebaño, decía: “No puedo marcharme por temor al peligro. Mi deber está aquí, cueste lo que cueste”.

Beato Fernando Español, sacerdote.

Biografía de Fernando Español Berdié, sacerdote
Nació en Anciles, Provincia de Huesca el 11 de octubre de 1875, y estudió Derecho en la Universidad. Estuvo exento del servicio militar para poder terminar su doctorado en Derecho Civil y Canónico, sin embargo cayó enfermo en 1898; en el periodo de convalecencia maduró su vocación sacerdotal e ingresó al Seminario de Barbastro donde se dedicó a estudiar exclusivamente las asignaturas de Latín y la Sagrada Teología. En 1901 recibió la ordenación sacerdotal.

Fue párroco del Pueblo de Ornella y luego pasó a ser coadjutor de Benasque; en 1907 fue nombrado párroco de Gruatau y ahí se dedicó con esmero a la catequesis de los niños, la predicación, la formación de los jóvenes, de los matrimonios, el cuidado de los enfermos y vivía santamente como un sencillo párroco de pueblo, rezando y con tiempo para leer. En 1921 fue nombrado Párroco de la Parroquia de San Esteban de Plan y estaba apenas comenzando sus labores sacerdotales cuando recibe una carta de Monseñor Laplana ofreciéndole ser su secretario particular.

Aceptada la invitación se traslada a Cuenca, opositó y ganó la dignidad de maestro de Ceremonias de la Catedral, que ejerció bastantes años, hasta su martirio, también fue profesor del Seminario y el obispo premió sus servicios con una canonjía de gracia. Él era exacto en el cumplimiento de sus deberes, así como bondadoso y comprensivo, lo que ganó el afecto de todos los fieles.

Cuando estalló la guerra civil, no estaba dispuesto a abandonar a su obispo, por lo que sufriría las privaciones junto a él, y por último, ganaría junto a él la gloriosa palma del martirio.

Lienzo del Beato Cruz Laplana y demás mártires, obra de Víctor de la Vega. Catedral de Cuenca, España.

Comienzo de la Guerra Civil, detención y martirio
Al producirse el 18 de julio de 1936 el Alzamiento militar, la guarnición de Cuenca no secunda el Golpe de Estado, el comandante Francisco García de Ángela permaneció fiel al gobierno de Madrid. Poco después llegan las milicias anarquistas mandadas por Cipriano Mera, con lo que comienzan los desmanes y la orgía de sangre de la que los beatos perecerían.

El 19 de julio, piquetes de milicianos armados rodean la Catedral y el Palacio Episcopal, controlando el acceso y la salida, y al día siguiente ocurre una explosión en la puerta del Palacio.

En la mañana del 28 de julio, hombres armados exigieron entrar al interior del edificio; en ese momento el Obispo estaba orando en su capilla privada y al oír el tumulto se dirigió al Sagrario y sumió las formas. Terminado el acto, salió a recibir a los asaltantes vestido con sus insignias episcopales y les preguntó:
– ¿Qué queréis?
– ¿Que qué queremos? – contestó el que dirigía a los milicianos -Pues encerrarte, pero antes que nos des dinero-
-Cuando queráis voy con vosotros, pero dinero no tengo- Repuso Monseñor Laplana.
Registraron todo, hasta llegar a la caja fuerte que abrieron, hallando en su interior dinero, títulos y valores. El oficial se volvió donde el obispo y le increpó:
-¡Así que no tenías dinero, eh!-
-Dije que no lo tenía y no lo tengo. Eso no es mío; son bienes de mi diócesis y de fundaciones piadosas, que os ruego respetéis pues es el recurso de muchas necesidades y el depósito que dejaron antepasados nuestros- respondió el prelado.

Lo llevaron a empujones junto con su mayordomo Manuel Laplana y su familiar Fernando Español sin más equipaje que un modesto hatillo de ropa en la mano y vestido con su indumentaria eclesiástica. Los condujeron escoltados hasta el edificio del Seminario de Cuenca, convertido mitad en cárcel, mitad en cuartel para la guardia civil. Encarcelados con ellos estaban muchos sacerdotes.

Capilla del Beato Cruz Laplana en la catedral de Cuencua, España.

Mientras estaba alojada la Guardia Civil, las turbas no se atrevieron a hacer ningún daño a los presos, sin embargo cuando está a punto de terminar el mes de julio, los guardias civiles tuvieron que volver a Madrid.

Pasaron los días y a las diez de la noche del día 7 de agosto, el Comité decidió ejecutar al obispo. A medianoche suena la entrada de un autobús. Hombres armados suben donde estaba encerrado monseñor Cruz Laplana obligándolo a que salga pues van a fusilarle. Fernando Español insiste en ir con él, pero los milicianos le detienen y querían dejarlo preso.
-Si vas, te mataremos a ti también-
-Pues me matáis pero yo no le abandono- Respondió el canónigo.

Los condujeron pasando el Puente de la Sierra, al cruce de Villar de Olalla. En el trayecto, el obispo iba exhortando a los milicianos: “Se que me vais a matar…¿creéis que no hay cielo? ¡Hay cielo, hijos míos!… ¿creéis que no hay infierno? ¡Hay infierno, hijos míos!… Me podéis matar. El cuerpo os lo dejo, pero el alma irá al cielo. Yo os perdono y en el cielo rogaré por vosotros”.

En el kilómetro 5 de la carretera se les obligó a bajar, y los mártires se arrodillaron y se absolvieron mutuamente. Luego un miliciano se le acercó al obispo haciendo un ademán de querer degollarlo, el jefe del Piquete, Emilio Sánchez Bermejo lo apartó: -A éste lo mato de un tiro-
El obispo Laplana levantó la mano para bendecirles diciendo: -Yo os perdono y desde el cielo rogaré por vosotros-
Una bala atravesó la mano y dio de lleno en la sien, matándolo instantáneamente, después caía acribillado Fernando Español. Los cadáveres fueron abandonados por los ejecutores, y al día siguiente fueron sepultados en una fosa común del cementerio de Cuenca.

Controversia en su beatificación
Con la beatificación de Cruz Laplana, su secretario Fernando Español y los demás mártires de la causa el 28 de octubre de 2007, se presentó una controversia y un debate político sobre la Memoria Histórica, y más aún con el dolor actualmente de muchas familias que vivieron en carne propia, la guerra y la represión nacional posterior a ella.

En particular, la polémica radica en la resonancia política de esta beatificación y más aún en el posicionamiento de Cruz Laplana con respecto a la República. Aunque no es el único mártir polémico, es el más significativo. En un punto de vista meramente personal considero la controversia como una oportunidad para ver a aquellas personas que veneramos como santas de una manera más humana. Más aún si tenemos en cuenta el contexto en el que se desarrollaron los acontecimientos, podremos notar que el tema del martirio durante la persecución religiosa en la Guerra Civil aún hoy es puesto bajo una consigna ideologizada por ambas partes. Por parte del bando vencedor, la persecución religiosa da una estela de legitimidad al levantamiento y a la necesidad de una centralización ideal basada en la civilización cristiana, y los valores nacionales, por ello en muchas partes de España, al hablar de los mártires cristianos viene la etiqueta de “Caídos por Dios y por España”. Por parte del bando republicano, y más aún al hablar de la represión del Frente Popular, la Administración de la II República tuvo un marcado tinte anticlerical desde un principio con la Separación de Poderes Iglesia-Estado, que se fue radicalizando con el paso del tiempo, tanto como un impedimento para el progreso, así como una lucha entre el control de las conciencias.

La beatificación estuvo acompañada con el debate público de la “Ley de la Memoria Histórica” aplicada el mismo año con el gobierno de Rodríguez Zapatero, en tanto se abrían viejas heridas entre los supervivientes o los descendientes de las víctimas y la discusión histórica sobre el alcance a largo plazo de las consecuencias de la Guerra Civil. En el plano religioso, la beatificación fue vista como un posicionamiento político en el tema; y en tanto con el beato biografiado, su glorificación presentaba objeciones de la opinión pública que presentaba al mártir como un jerarca de extrema derecha. Sin embargo en la causa se tiene el testimonio del Alcalde Socialista de Cuenca Antonio Torrero González (partícipe de los hechos de Cuenca en 1936) que declara: “D. Cruz Laplana, como tal D. Cruz Laplana, no había nada contra él, como contra el otro señor (D. Fernando Español); el meterse con ellos fue por ser Obispo, por ser Sacerdote. Yo, desde luego, puedo resaltar que el Sr. Obispo, en política, huía de toda ella. La impresión en que se le tenía en Cuenca era que era buena persona, y no se le tenía odio alguno”.

El primer edil, que participó en el saqueo del Palacio episcopal, declara: “en el Palacio (episcopal) no se encontró absolutamente nada, ni de cartas, ni de periódicos, ni de armas, nada que pudiera ser comprometedor para el Sr. Obispo”. “Mi opinión sobre la muerte de los dos (Beatos Cruz Laplana y Fernando Español) es que murieron como santos”.

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René

Enlaces consultados (25/10/18)
– https://es.wikipedia.org/wiki/Cruz_Laplana_y_Laguna
– https://jesusconlacaña.es/08/08/2017/beatos-cruz-laplana-y-fernando-espanol-martires-y-ejemplo-de-fe/
– http://hispaniamartyr.org/
– http://hagiopedia.blogspot.com/2013/08/beatos-cruz-laplana-y-laguna-y-fernando.html

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Nuestra Señora de la Elevación

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Imagen original de la Virgen de la Elevación.

En el pueblo de Chiquicagua, Tungurahua, Ecuador, de la diócesis de Ambato se venera un lienzo de la Madre de Dios bajo el título de Nuestra Señora de la Elevación y que corresponde a lo que los expertos en arte sacro denominan “Virgen de iconografía múltiple”, representación la cual fue recurrente en la región andina especialmente en Bolivia y Ecuador durante el siglo XVII y XVIII, aunque pocas aún se conservan algunas representaciones como estas en diversos museos e iglesias de la región, y posiblemente una de las más famosas es esta, Nuestra Señora de la Elevación o de la Peña.

Es monseñor José Vasconez quien en su “Historia de Nuestra Señora de la Elevación” recupera la narración sobre la milagrosa aparición de Santa María en un cerro de la localidad de Chiquicagua. Según se narra en la noche del 12 de noviembre de 1695 cerca de Chiquicagua en las faldas del volcán de Carihuairazo viajaba el indígena Juan Chacarín quien llevaba provisiones para su amo pero al ser ya muy noche Juan Chacarín decidió descansar en una oquedad del volcán donde se decidió a descansar pero tiempo después una luz le despertó, el hombre creyendo que ya había amanecido por la intensidad de la luz se preparó para retomar su camino, pero grande fue su sorpresa al percatarse que sobre la roca se veía el resplandor y en este en medio de una guirnalda de perlas y rosas se veía a la Santísima Virgen llevando en sus brazos al niño Jesús y en la otra mano una roca, una azucena y una iglesia y tenía también una luna bajo sus pies. El hombre se arrodillo al instante y escucho que la Señora le llamaba por su nombre y le dijo: “Hijo mío, soy María virgen sin mancha es mi deseo que vayas con el cura y le digas que como todos estos pueblos se han puesto bajo mi tutela y soy su guardiana, intervine ante el Señor, que indignado por los pecados de estas poblaciones, descargaba sobre ellos los dardos de la justicia; he conseguido aplacarle, he conseguido el perdón; casarán la peste, el hambre, los temblores y los demás castigos; pero es necesario que se haga penitencia para alcanzar la misericordia. Es mi voluntad que se pinte una imagen que me represente y que se levante un templo en el que seré la esperanza de cuantos a mí acudan. La enmienda es indispensable, si continúan las ofensas a Dios, el Señor ha resuelto castigar los pecados de estos pueblos con el castigo más terrible… el flagelo del terremoto”. Después de estas palabras Juan vio el semblante triste de la Virgen y pudo apreciar cómo se iba elevando hasta desaparecer, Juan Chacarín inmediatamente fue a la cercana parroquia de santa Rosa a narrarle lo sucedido al párroco, sin embargo este hizo caso omiso de la narración de Juan.

Vitral de Nuestra Señora de la Elevación.

Tres años después de la aparición que tuvo Juan Chacarín un fuerte terremoto destruyó la ciudad de Ambato, lo que hizo que el párroco de santa Rosa recordara todo lo narrado por aquel indio y decidió buscarle para entrevistarle sobre el suceso y se decidió pintar el cuadro de la Señora le había pedido en las faldas del volcán el cual es venerado hasta la actualidad.
La imagen de Nuestra Señora de la Elevación o de la Peña fue declarada patrona de la diócesis de Ambato en 1949 y su fiesta es celebrada con gran concurrencia el día 21 de noviembre de cada año.

Es particular el caso de la Virgen de la Elevación pues como mencione al principio se trata de una imagen de iconografía múltiple, este tipo de imágenes que fueron comunes en la región solían unir en una sola imagen varias advocaciones teniendo una de baso y agregándole ciertos elementos, por ejemplo existen varias que se conservan de la Virgen de Copacabana que a su vez lleva escapulario carmelita, mercedario, rosario, daga en el pecho como Virgen de los Dolores y representada como Virgen cerro o Inmaculada. Nuestra Señora de la Elevación entra muy bien en este concepto pues su base es sin lugar a dudas Nuestra Señora de Guadalupe de México unida con la advocación del Carmen ya que porta el escapulario en el pecho y el escudo de esta orden, el Rosario ya que se encuentra circuncidada por los quince misterios del rosario formado por las cuentas de perlas y rosas, y la Inmaculada.

Virgen de Iconografía múltiple del siglo XVIII conservada en un museo de Bolivia, con similitudes a la Virgen de la Elevación.

Creo que sin lugar a dudas no sólo la imagen de Nuestra Señora de la Elevación está totalmente inspirada en la Virgen de Guadalupe de México sino también lo que de ella se narra pues se encuentran muchas coincidencias. Ambas advocaciones se aparecen a un indígena de nombre Juan, en México en un cerro y en Ecuador en un volcán, ambas piden se les construya un templo, ambas tienen presencia de rosas en su aparición, también es curioso como la Virgen de Guadalupe se aparece un 12 de diciembre y la Virgen de la Elevación un 12 de noviembre , sin duda alguna se nota la influencia de la aparición Guadalupana en esta otra, posiblemente un caso similar a lo ocurrido en México con otros casos como el de la Virgen de Ocotlán, la Virgen de Ixpantepec o san Miguel del Milagro los cuales también se piensa fueron inspirados por el acontecimiento guadalupano. Todo esto nos deja ver la trascendencia que ha tenido desde siempre el culto Guadalupano en toda América.

André Efrén

BIBLIOGRAFÍA:
– Álvarez del Real, María Eloísa, “Santuarios de la Virgen María apariciones y advocaciones”, Panamá, Editorial América, primera edición, 1991.
– Gisbert, Teresa y De Mesa, José, “La Virgen María en Bolivia la dialéctica barroca en la representación de María”, Bolivia, Unión Latina, s/ed, s/e, s/a.
– Santuario de Nuestra Señora de la Elevación: http://letus4u.wixsite.com/nselevacion

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Beato Leónidas Feodorov, exarca greco-católico y mártir

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Icono ruso del Beato.

Últimamente este autor que os escribe ha tenido la tendencia de escribir sobre los santos y mártires de la Iglesia Ortodoxa de Rito Bizantino, como habrán comprobado en los anteriores artículos, y si bien esta página hagiográfica es para el conocimiento de todos los santos y temas concernientes a la santidad, liturgia, y ritos de todas las confesiones cristianas, he querido retomar la mirada hacia la Iglesia de Oriente para la promoción de sus valores y su espiritualidad.

Sin embargo, hoy también hablaré de los mártires greco-católicos (es decir unidos a la Iglesia de Roma pero conservando el rito de Constantinopla) que vivieron siempre en constante hostilidad por parte del gobierno zarista primero, después bajo el telón de acero del yugo soviético, y a pesar de que la Iglesia Greco-Católica Ucraniana tiene su corona en sus mártires del siglo XX, hoy hablaremos del Beato Leónidas Feodorov, quien pertenecía a la incipiente y minoritaria Iglesia Católica Bizantina Rusa; un movimiento nacido del seno de la Iglesia Ortodoxa Rusa en base a las ideas del filósofo ruso Vladimir Sergeyevich Solovyov, quien influenciado por Dante, instó a que el mundo necesitaba un zar “universal” y que la Iglesia necesitaba del Obispo de Roma como jerarca universal, y aunque en el 1900 murió siendo cristiano ortodoxo, no ocultó sus simpatías a favor de la Unión con la Iglesia de Roma.

Por lo tanto es objetivo de éste artículo llenar este vacío del blog, escribiendo sobre nuestro beato de hoy, que a pesar de unirse al catolicismo (inclusive en un principio pensaba ser sacerdote de rito latino), procuró conservar la Liturgia bizantina y la espiritualidad rusa rica en cuanto a tradición. Sin embargo murió durante la persecución soviética contra el cristianismo, en el afán del comunismo de acabar con el llamado “opio del pueblo”. Espero que el ejemplo de nuestros mártires nos dé una mirada más allá del ámbito cotidiano de la fe, sobre todo en aquellos testimonios que por encima de los sufrimientos humanos causados por el odio y la división, dan fe de que la humanidad también está llena de grandeza y de valor más allá de lo material.

Una mirada a la historia del cristianismo en Rusia
Como sabemos por los artículos publicados en este blog, el cristianismo llegó a finales del primer milenio de nuestra era, en parte debido a la evangelización de misioneros provenientes de la Sede de Constantinopla, y ejemplo de ello es el trabajo incansable de los misioneros San Cirilo y San Metodio (de quienes queda pendiente escribir), que su trabajo con la traducción de las Sagradas Escrituras al antiguo eslavo eclesiástico abrió el camino para la evangelización de las zonas de lo que eran el Principado de Kiev y las zonas de Bulgaria y Serbia. Existe evidencia de la consagración de un obispo para Nóvgorod por parte de San Ignacio o San Focio en Constantinopla entre los años 866-867.

Visita y bautismo de la Santa en Constantinopla. Miniatura de la Crónica de Radzwill.

Entre el 945 y el 957, el cristianismo bizantino había tomado fuerza entre algunos miembros de la nobleza de Kiev, y aunque la religión ancestral era la oficial, la Princesa Santa Olga fue bautizada, convirtiéndose en la primera gobernante cristiana de la Rus. Su nieto San Vladimiro en el año 988 adoptó oficialmente el cristianismo ortodoxo como religión de estado y convocó a un masivo bautismo en el Quersoneso oficiado por los misioneros bizantinos. He de decir que por parte de misioneros latinos también hubo infructuosas encomiendas de evangelización, sin embargo Kiev adoptó el rito de Constantinopla y su sucesión apostólica es dada por Bizancio.

Cuando se produce la famosa ruptura entre la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Católica Ortodoxa en el año 1054, el Principado seguía teniendo contacto con el Papado romano, pero paulatinamente siguió a Constantinopla en el cisma, por ese entonces ya estaba conformada la jerarquía eclesial y también una creciente actividad monacal. Durante los siguientes siglos, la evangelización llegará progresivamente, pero en conflicto con los incursores tártaros de religión musulmana.

Al principado de Kiev, seguiría el de Vladimir, el de Nóvgorod, el de Pskov y finalmente el moscovita, donde la Iglesia contribuyó enormemente en la cultura, en conexión siempre con su homóloga bizantina. Poco antes de la caída de Constantinopla, la unión del Concilio de Florencia en 1445 y su aceptación por parte del metropolitano Isidoro, provocó controversias y ocurrió lo mismo en la capital constantinopolitana, donde los monjes griegos acusaron a la Iglesia Católica de caer en la herejía. Basilio II, príncipe de Moscú, se había comprometido inicialmente a aceptar la supremacía papal, pero rechazando el acuerdo, depuso a Isidoro y nombró como metropolitano a Jonás, quien rechazó el catolicismo y provocó la independencia de la Iglesia Rusa con respecto a Constantinopla. Este evento es considerado como el primer intento de unión. Durante el periodo tumultuoso entre el 1598 y el 1613, fueron frecuentes las acciones por parte de Polonia, de implantar el catolicismo en Rusia, pero fueron intentos infructuosos, en ese tiempo, el metropolitano Job se convirtió en el primer Patriarca de Moscú y de toda Rusia, autorizado por el patriarcado de Constantinopla (que se encontraba sometido al dominio otomano).

Omitiendo la famosa unión de Brest, en donde nace la Iglesia Greco-Católica Ucraniana, y donde los obispos que se unieron conservando el rito bizantino sufrieron el acoso de los obispos latinos polacos, hablaré de la Iglesia Católica Griega Rusa.

Fresco ortodoxo ruso de estilo naturalista representando al zar Nicolás II y su familia.

A las ideas del filósofo Soloviev se adhiere en 1893 el sacerdote ortodoxo Nikolai Tolstoy, quien entra en comunión con la Santa Sede a través del Patriarcado Greco-Católico Melquita de Antioquía y al retornar a Rusia, trató de conformar a una comunidad a su alrededor, no por ello la policía zarista dejó de acosar a los fieles católicos de rito bizantino, aun así en 1909, a raíz del decreto de tolerancia fomentado por el zar Nicolás II, se celebró la primera Divina Liturgia Católica para conmemorar la Pascua Ortodoxa.

La razón de que algunos fieles ortodoxos para entrar en comunión con la Santa Sede, era de que realmente Roma y Moscú nunca estuvieron formalmente separadas, sino que solo fue una ruptura de facto siguiendo la línea de la Iglesia de Constantinopla. Aún hoy los católicos rusos se refieren a sí mismos como miembros de la Iglesia Ortodoxa Rusa en comunión con Roma.

El sacerdote Eustaquio Susalev, que pertenecía a la Iglesia de los Viejos Creyentes (los que no aceptaron la reforma litúrgica del patriarca Nikon) entró también en comunión con Roma, por lo que la naciente comunidad greco-católica quedó clasificada en dos corrientes: los que celebraban el rito según la reforma nikoniana y los que seguían la liturgia rusa medieval.

El arzobispo greco-católico ucraniano de Lviv, con la autorización del papa Benedicto XV, nombra en 1917 al sacerdote Leónidas Feodorov (de quien más adelante hablaremos) como exarca, pero el inicio de la Revolución Bolchevique y la persecución del estado comunista casi aniquiló a la Iglesia Greco-Católica, y los dos exarcas nombrados murieron víctimas de los gulag.

A la caída de la URSS, la Iglesia se va reconstruyendo lentamente, pero también algunas comunidades dispersas en la diáspora van muriendo o entrando en comunión con el Patriarcado de Moscú, las parroquias que se declaran católicas rusas son atendidas por sacerdotes ordenados de otras iglesias bizantinas, ex-sacerdotes ortodoxos o sacerdotes latinos con capacidades bi-rituales. Hasta marzo de 2017 no se ha nombrado ningún obispo o exarca, y esto influye a los conflictos entre la Santa Sede y el Patriarcado de Moscú, por el asunto de Ucrania, disputa que lleva varios años, además de la pretensión de la Iglesia Ortodoxa Rusa de administrar eclesialmente los territorios que antes pertenecían al Estado Soviético; entonces la falta de atención del Vaticano a las iglesias orientales rusas, se hace más que evidente en la necesidad de una autoridad competente para su pastoreo y administración de los sacramentos, así como la conservación de su espiritualidad.

Icono ruso del Beato.

Biografía del Beato Leónidas Feodorov
Leónidas nació en San Petersburgo, Rusia el 4 de noviembre de 1879 dentro de una devota familia ortodoxa rusa. Su padre Iván, fue el dueño de un restaurante moderadamente exitoso, que fracasó y murió al poco tiempo, su madre Lyuba Feodorov crió al niño como madre soltera poco después de la muerte de su marido. Aunque crió a su hijo como un devoto de la Iglesia Ortodoxa Rusa también lo indujo a la lectura de los novelistas de la época, entre ellos Víctor Hugo, Émile Zola, Alejandro Dumas y otros autores; en 1901 se matriculó en la Escuela Teológica de San Petersburgo para ordenarse como sacerdote ortodoxo, pero después de mucho examen de conciencia dejó la academia en 1902 para abrazar el catolicismo.

Trayectoria espiritual
Inició su viaje a Roma pasando por Lviv (ya que el imperio austrohúngaro gobernaba la parte occidental de Ucrania), donde conoce al Venerable Andrés Sheptytsky, metropolitano de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana quien bendijo su misión. El trato entre el recién converso Feodorov y el metropolitano fue fraternal, convirtiéndose Sheptytsky en consejero espiritual y mentor. El 30 de julio de 1902, el ortodoxo Leónidas fue recibido en la Iglesia Católica en la Iglesia del Gesú en Roma. Posteriormente se trasladó al colegio jesuita de Anagni con el nombre de Leónidas Pierre para mantener a raya a la policía secreta del zar.

Como la embajada rusa amenazó con prohibirle la entrada a Rusia si continuaba con los jesuitas en 1907 fue obligado a abandonar el colegio y se trasladó al Colegio de Propaganda Fide en Roma. Aunque en el principio pensaba ordenarse sacerdote de rito latino, llegó a la conclusión de que debe permanecer fiel a la liturgia bizantina y al legado espiritual ruso. Con la bendición del Papa San Pío X fue transferido a la naciente Iglesia Católica Bizantina de Rusia, lo que provocó que fuese desheredado de sus protectores jesuitas y dependiese del obispo Sheptytsky de Lviv.

Escribió sobre su conversión: “La gracia del Señor, que brilló sobre mí en el momento que ya estaba perdiendo la fe, produjo una nueva revolución en mí y me recordó al Salvador vivo, real y crístico del mundo. La Iglesia Católica fue para mí no sólo una fuente de verdad eterna cognoscible, sino que también se convirtió para mí en una nueva fuente de Siloé, de la cual salí completamente renovado.”

En 1908, tras el acoso de la policía zarista, se trasladó a Suiza de donde en 1910 se graduó en la Escuela Teológica de Friburgo. El 25 de marzo de 1911, fue ordenado sacerdote de rito bizantino en Constantinopla por el obispo greco-católico búlgaro Mikhail Mirov.

Pasó los siguientes años como hieromonje en Bosnia y Ucrania donde fue tonsurado con el nombre Leónidas el 12 de marzo de 1913. Durante ese tiempo trabajó para el Metropolitano de Galicia donde publicó artículos teológicos para una revista italiana y otra de Praga, cada año era enviado a Rusia para informarse de la situación de los católicos bizantinos rusos que eran constantemente acosados por la Okhrana (policía secreta). En vísperas de la Primera Guerra Mundial regresó a San Petersburgo, siendo arrestado y exiliado a Tobolsk, Siberia, ya que era considerado una amenaza para el Estado (la religión oficial era la Ortodoxia).

Retrato naturalista ruso del Beato.

La Revolución Bolchevique y la persecución contra los católicos de rito bizantino
Con la Revolución de Febrero de 1917, el Gobierno Provisional decretó una amnistía para todos los presos políticos, y entonces el sacerdote Feodorov volvió a la capital donde se inauguró el primer sínodo de la Iglesia Católica Rusa bajo la dirección del Metropolitano de Galicia, aunque después como sabemos, el horizonte político no albergaba un destino mejor para los católicos de rito bizantino y con la Revolución de Octubre del mismo año, la hostilidad hacia el cristianismo se volvió la prioridad del Estado socialista naciente. En esos momentos fue nombrado exarca de los católicos bizantinos rusos el 1 de marzo de 1921 y se rumoró que fue consagrado secretamente como obispo. A pesar que desde un principio los bolcheviques eran tolerantes, a partir de 1922 comenzó una persecución abierta contra la Iglesia Católica (a la par que continuaba la hostilidad contra la Iglesia Ortodoxa). Las autoridades bolcheviques prohibieron a los sacerdotes enseñar la religión a menores de 18 años y ordenaron confiscar los objetos litúrgicos con pretexto de “aliviar el hambre del pueblo ruso” y la creación de consejos laicos para reducir al sacerdote como un mero empleado parroquial, y tanto el Exarca como el Arzobispo Latino de Vilna se negaron a permitirlo por lo que en la primavera de 1923 fueron convocados a un consejo (o una parodia de juicio) en Moscú acusados de actividades contrarrevolucionarias y como es habitual, se les acusó de oponerse a las medidas que las autoridades bolcheviques habían dispuesto.

En medio del juicio y a pesar de que el Arzobispo Cieplak y su auxiliar Monseñor Constantino Budkiewicz contaban con abogados para la defensa, el Exarca Leónidas se defendió solo ante las acusaciones. Su aspecto impresionaba a los presentes en la sala, que hasta entonces tenían la idea de que el Catolicismo era la “religión de los polacos”, ya que estaba vestido con una túnica negra y tenía crecida la barba, como el aspecto de un sacerdote ortodoxo. Argumentó que los greco-católicos habían acogido a la Revolución con alegría y defendió la acción de la Iglesia Católica en auxilio de la hambruna.

El veredicto para los sacerdotes de rito latino y el arzobispo de Vilna eran la condena a muerte, mientras que para el Exarca eran diez años de prisión en el gulag de Solovki. Sólo por presión internacional el arzobispo Cieplak fue liberado pero su auxiliar el Siervo de Dios Constantino Budkiewicz fue ejecutado en el campo de tiro de Lubianka.

Años en el exilio, liberación y fallecimiento
El afán del gobierno soviético había provocado alboroto en el medio internacional, ya que buscaba el nuevo gobierno ser reconocido por las naciones y potencias mundiales, por lo que se detuvo por instantes en su maquinaria sanguinaria y represiva, por lo que el arzobispo de Vilna no sufrió la sentencia dictadas por el tribunal, a pesar del asesinato de su vicario. Pero Leónidas no pudo salvarse de la sentencia siendo exiliado a Solovki y luego a Lefortovo.

En 1926, tras la derrota comunista en la guerra ruso polaca, se aprovechó la oportunidad para intercambiar a los sacerdotes polacos a cambio de los prisioneros comunistas en Polonia, por lo que también exigieron la liberación del Exarca de los Greco-Católicos Rusos, que fue concedida con la prohibición de visitar las ciudades de Leningrado, Moscú, Kiev, Kazán, Nóvgorod y cualquier ciudad marítima, por lo que se trasladó a Kaluga donde el párroco latino del lugar lo recibió como a un hermano, ahí podía celebrar la Divina Liturgia sin restricciones. Regresando a Mohiliov, recordando que había sido recibido con cariño en 1922, se dispuso a atender a la población local, ya que la zona de Bielorrusia había sido originalmente greco-católica pero en 1839 fueron forzados a unirse a la Iglesia Ortodoxa.

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Por promover la Unión con Roma, fue detenido, bajo el pretexto de abandonar Kaluga sin permiso de las autoridades fue detenido y estuvo detenido en el campo de Solovki en el antiguo monasterio donde había una capilla en el cual se celebraba la Divina Liturgia Católica en Rito Bizantino alternando el servicio con los sacerdotes de rito latino, como comenzaba a escasear el vino de consagrar, entonces con moler las uvas pasas podían hacer vino para continuar con el culto, pero tras la ordenación de un nuevo sacerdote greco-católico más, la práctica llegó a oídos de las autoridades y detuvieron en noviembre de 1928 el culto clandestino.

El 19 de enero de 1929 las autoridades revisando las habitaciones decomisaron todo material litúrgico, excepto lo más elemental para celebrar la Eucaristía y aun así siguieron con la celebración del Santo Sacrificio haciendo de una piedra de molino un improvisado altar.

En la Pascua de 1929 se les permitió a los ortodoxos y judíos celebrarla y no se atrevieron a prohibírselo a los católicos rusos pero fue la última vez que se celebraba una Divina Liturgia públicamente.

A pesar de ser trasladados a la Isla de Anzer los comisarios de la penitenciaría no lograron detener el culto, el Exarca oraba por la conversión de Rusia a pesar de las tribulaciones y la persecución, a pesar de que durante el día trabajaba cortando leña en condiciones míseras despojado de su hábito clerical.

El 6 de agosto de 1929 fue trasladado de la Prisión a un pueblo cercano a la ciudad de Pinega donde se alojó en la cabaña en la que vivía un sacerdote ortodoxo que le prestó la biblioteca, en la que él enseñaba la catequesis, pero esta acción no pasó desapercibida a las autoridades que lo exilian a Poltava a pesar de estar enfermo y que padecía de un asma cardíaco y de gastritis con dificultad para hablar, Ya en 1932 el gobierno lo eximió de trabajo forzoso y en noviembre de 1933 fue entregado un certificado de que había cumplido la pena. Eligió vivir sus últimos días en Vyatka, lugar donde durante la época zarista eran exiliados los prisioneros políticos y esperaba encontrarse ahí con sus antiguos compañeros.

Icono ruso del Beato.

Cansado y después de soportar torturas, vejaciones y el trabajo forzado, exiliado, perseguido primero por el gobierno zarista, después por el gobierno bolchevique, el Exarca Leónidas Feodorov partió de éste mundo a la Casa del Padre el 7 de marzo de 1935 completamente desamparado y sin ni siquiera un sacerdote para auxiliarlo en sus últimos momentos, pero durmiendo plácidamente en el eterno reposo en medio de un convulso momento para el Cristianismo en la URSS, fue un sacerdote que conservó siempre la espiritualidad rusa y su anhelo monástico pero con una fidelidad inquebrantable a la Sede de Pedro y sus sucesores. Finalmente fue enterrado en la localidad por unos campesinos piadosos, tenía cincuenta y cinco años.

Al ser abierta su causa de Beatificación, fue declarado Siervo de Dios en noviembre de 1997, junto con los mártires de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana, después de un examen por la Congregación para la Causa de los Santos, finalmente fue beatificado por el Papa Juan Pablo II durante la Divina Liturgia celebrada en Lviv junto con el Beato Nicolás Charnetsky y otros mártires ucranianos. Su fiesta es el 27 de junio.

René

Enlaces consultados (24/12/17)
• https://ru.wikipedia.org/wiki/Фёдоров,_Леонид_Иванович
• http://holyunia.blogspot.mx/2009/04/blessed-exarch-leonid-feodorov-1879.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Focio el Grande, Patriarca de Constantinopla

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Icono ortodoxo griego revestido en plata del Santo.

San Focio, considerado por la Iglesia Ortodoxa como un santo teólogo y confesor frente a las usurpaciones papales en materia jurídica y episcopal, es considerado en cambio por la Iglesia Latina como un cismático, ya que se opuso a las principales cuestiones por las cuales las Iglesias Griega y Romana están separadas (el Filioque, la Autoridad Papal, etc.

Su patriarcado se divide en dos periodos, el primero que fue tomado de manera ilegítima en contraposición del Patriarca San Ignacio, y contra todos los cánones eclesiásticos, y el segundo ya instalado de manera canónica, aunque siempre en conflicto con el Papado Romano. Fue uno de los teólogos fundamentales de la Iglesia Oriental del siglo VII y por ello junto con San Gregorio Palamás y San Marcos de Éfeso (también confesores de la fe ortodoxa) son conmemorados conjuntamente. La fiesta del santo patriarca es el día 6 de febrero del calendario juliano.

Abordaremos su biografía y su controvertido Patriarcado en la Sede de San Andrés, así como las evaluaciones históricas sobre el famoso cisma y las repercusiones que desembocaron en la lamentable ruptura del año 1054 entre el Papa León IX y el sucesor de San Focio, Miguel I Celulario. Trataremos la visión latina sobre su gobierno de la Iglesia y la evaluación ortodoxa como confesor.

Inicios y vida seglar
Probablemente nació en Constantinopla en el año 820 hijo de un aristócrata de la corte bizantina llamado Sergio y una mujer piadosa llamada Irene. Su padre estaba emparentado con el Patriarca San Tarasio, defensor del culto de las imágenes durante las controversias iconoclastas.

Durante el segundo periodo iconoclasta (815-843) la familia de Focio sufrió la dura persecución y muchos iconódulos (defensores de la veneración de los sagrados iconos) fueron martirizados, pero tras la restauración de la ortodoxia en el año 843, fueron reintegrados a la política imperial bizantina.

Desde muy joven, alcanzó un notable prestigio debido a su intelectualidad y sus cualidades multifacéticas, probablemente como en la sociedad de su tiempo, estudió teología, filosofía y matemáticas, por lo que probablemente era alumno del matemático León, o por lo menos tenía una relación espiritual. Aunque realmente se esconde la educación de Focio, pero cuando comenzó su carrera política, era sumamente intelectual y prodigioso erudito, que se demostraría con su aportación teológica durante su Patriarcado, además de que su ascenso se debe fundamentalmente a su relación familiar con la Dinastía Amorión. Practicó la Gramática, la Dialéctica, la Oratoria, la Exégesis de las Escrituras, Teología y Derecho y en un principio ejerció la docencia; y se catapultó como un joven dotado en la Corte Bizantina, siendo nombrado senador y diplomático ante el Califato de Bagdad aproximadamente en el año 837. Por un lado su erudición era notable que comenzara a colarse por el lado del poder, y por otro lado lo dominaba su ambición a aspirar algo más importante. Son realmente pocos los datos de este periodo de su vida que conocemos.

Icono ortodoxo griego del Santo.

Ascenso al Patriarcado y conflicto con Roma
Los motivos por los que Focio fue ascendido al patriarcado son resultado de intrigas políticas, ya que el emperador Miguel III y su tío Bardas se habían opuesto a la regencia de la emperatriz Teodora (esposa del emperador Teófilo y restauradora del culto a las imágenes) quien para centralizar su poder, se involucró en las disputas por el poder, descuidando la educación de su hijo. Las pretensiones de Bardas encontraron un oponente en el Patriarca San Ignacio, quien se negó a bendecirlo públicamente en una ceremonia en la Iglesia de Santa Sofía, supuestamente por llevar una relación incestuosa con su nuera. Pero al caer la emperatriz, el Patriarca Ignacio se negó a tonsurarla como monja y así contribuir a quitarla del poder.

Cuando Teodora cayó en el año 857, Miguel III depuso a Ignacio como patriarca de Constantinopla y en su lugar se eligió a Focio para ocupar la sede de San Andrés. Como era un laico, en pocos días recibió las órdenes menores y el diaconado, así como fue ordenado sacerdote; fue consagrado por el Obispo de Siracusa (que estaba realmente suspendido y fue depuesto por Ignacio) el día de Navidad (7 de enero), su legitimidad era por lo menos discutible.

Al principio el Obispo de Roma no quiso intervenir, pero el patriarca depuesto y exiliado apeló a su autoridad, entonces el Papa Nicolás I envió legados para examinar la situación. Por otro lado las Iglesias romana y constantinopolitana pasaban por un periodo de fricción, en cuestión sobre la jurisdicción de la recién evangelizada Bulgaria, pues el Rey Boris I estaba interesado en el cristianismo que apeló al envío de misioneros occidentales, pero Constantinopla obligó a considerar al gobernante búlgaro a ser evangelizado por misioneros de rito bizantino. Boris fue bautizado por la Iglesia de Constantinopla entre el 864 y 866, los abusos por parte del clero oriental obligaron al rey a apelar a Roma, por lo que Focio contrarrestó la solicitud con una crítica a las costumbres occidentales, entre ellas el uso del pan ácimo, el de la Primacía Papal, el rito latino, y el afeitado de la barba, así también salió en el debate la cuestión del Filioque (la doble procedencia del Espíritu Santo y su uso en el credo). En el año 863, el Papa Adriano II anatemiza a Focio y lo depone como Patriarca, pero Focio responde con la misma resolución, acusando de herejía al Obispo de Roma, y excomulgando, por lo que teóricamente lo depone de la Sede de Pedro.

Pongamos entre paréntesis, el surgimiento de la dicha cláusula que insertada en el credo niceno, que había surgido en el siglo VI en la Hispania Visigótica, y fue aceptada por los francos, pero contó con el rechazo del papa León III, quien mandó a exponer unas tablillas de plata con la definición original del credo.

Icono ortodoxo ruso naturalista del Santo.

Deposición: Condena del Concilio de Constantinopla (869 d. c.)
En realidad Focio al hacer este acto, cayó en cisma, provocando la ruptura momentánea con Roma en el 866, mientras tanto, también impidió que la Iglesia Occidental se inmiscuyese en la política de la Iglesia de Oriente, al negar al Papa la primacía sobre todos los demás obispos, y apoyado siempre por el gobierno imperial. Aparte de sus disputas con el papado, promovió la evangelización de Bulgaria, enviando a los Santos Cirilo y Metodio para predicar el cristianismo.

En política, Focio, apoyó fielmente a Miguel III “El Borracho”, incluso cuando su amigo y protector Bardas, fue asesinado por intrigas en 866, pero no logró mantenerse, ya que el emperador corrió la misma suerte a manos de Basilio I “El Macedonio” al año siguiente, y en una política a favor de los ignacianos (partidarios del depuesto Ignacio), depuso al patriarca Focio, y lo envió al exilio en el monasterio de Skepis, en el Bósforo.

El Emperador Basilio, queriendo reconciliarse con el Papado, convocó al Concilio de Constantinopla en el 869, y como resultado de la sesión, Focio fue anatemizado y formalmente considerado como cismático; él no reconoció la autoridad del Concilio al considerarlo pro-latino y se negó a retractarse.

El Patriarca Ignacio, repuesto en su sede, también se negó a ceder ante las pretensiones papales sobre Moravia y Bulgaria, por lo que si bien no se llegó tan lejos para concretarse un cisma, Roma y Constantinopla pasaron momentos de fricciones. Entonces poco después, el ex-patriarca pudo reintegrarse en la corte, y reconciliarse con Ignacio, quien lo recomendó como tutor para el heredero de Basilio, León. Se debió principalmente a la presión que ejerció Focio sobre Basilio para que lo restituyera, ya que en la genealogía imperial, el erudito argumentó que los orígenes de la Dinastía Macedónica no eran de humildes campesinos, sino que venían de la Dinastía Arsácida de Armenia. Entonces el emperador cayó también bajo la influencia de Focio, de quien dependía en los asuntos teológicos e ideológicos.

Segundo Patriarcado
Cuando el Patriarca San Ignacio murió en el año 877, apenas tres días después, Focio fue entronizado como Patriarca de Constantinopla; en su segundo periodo, ya muerto el Papa Adrián II (quien lo había anatemizado) fue elegido Juan VIII, e inmediatamente reconoció como legítimo y anuló las disposiciones de su predecesor. En el Concilio de Constantinopla del 879, entre los cuales estuvieron los legados papales, se legitimó la elección de Focio, además de que en la reunión, los partícipes ratificaron los motivos por los cuales Focio se mantuvo rebelde al Pontífice y la alteración del Filioque fue tajantemente prohibida.

Por mientras, mantenía una política separada de las injerencias de la Iglesia de Occidente, y no cedió ni un ápice, en el asunto de Bulgaria, a pesar de que el territorio fue concedido a Roma, volvió a la jurisdicción del Patriarca de Constantinopla en el 870. Sin el consentimiento del rey Boris I, el papado no pudo hacer valer sus pretensiones. Entonces se dedica a la acción pastoral, favoreciendo la misión de Metodio en las tierras búlgaras; pero no por ello estuvo fuera de las intrigas del trono imperial, sobre todo en el conflicto entre Basilio I y su hijo León.

Deposición y muerte
En una conspiración por parte de la Corte bizantina, estuvo implicado pero parece ser que no fue castigado por el emperador; pero a la muerte de éste en el 886 mientras cazaba, León VI depuso al patriarca y lo reemplazó con su pariente Esteban. Al año siguiente fue llevado a juicio y condenado al destierro a un monasterio de Armenia, el anciano ex-patriarca fue trasladado a Bordi donde fallece en el año 893; aunque según parece no fue el resto de su vida vilipendiado, y procuró continuar su labor de escritor.

Valor histórico y sus escritos
Focio, fue venerado por su erudición y por su obra prolífica, suscitando admiración incluso entre sus enemigos, desde el siglo XII ya era venerado entre los cristianos ortodoxos como defensor de la fe verdadera ante las “herejías” de Roma, he de opinar que su culto nació con el sentimiento anti-latino que se desarrolló durante el periodo en que las Cruzadas y las disputas territoriales del Imperio Bizantino ratificaron el cisma que estalló varios años después de la muerte de Focio (con su sucesor Miguel I Celulario), pero no por ello dejaré de lado las perspectivas de parte de la Iglesia Romana sobre su actuación patriarcal; y en parte debido a que fue entronizado en contra de los cánones eclesiásticos, además de que se debieron a disputas políticas que imperaban en el cambio dinástico del gobierno imperial por las cuales la injerencia de los asuntos estatales en la Iglesia eran de manera frecuente.

Para la Iglesia Católica, Focio es un cismático, además de que actuó con el fin de romper la unidad de la Cristiandad y a pesar de ello fue condenado. La Iglesia Católica reconoce el Concilio que anatemizó al Patriarca, pero por ello significó el fin de la autoridad de los Concilios Ecuménicos ya que a pesar de su ratificación, hasta hoy la Iglesia Ortodoxa no reconoce esta acción. Por otro lado, las cualidades personales de Focio atrajeron la atención de sus contemporáneos; el historiador moderno y sacerdote católico Adrian Fortescue lo califica del “hombre maravilloso de toda la Edad Media” y señala que “si no hubiera dado su nombre al gran cisma, siempre sería recordado como el mayor erudito de su tiempo”.

Los enemigos de Focio comentaban que “hablaba como un santo pero obraba como un demonio”, incluso hablan de su ambición personal con que aspiraba a algo más grande; el historiador inglés Edward Gibbon cree que su ambición era igual a su curiosidad y que sacrificó la Paz mundial por un reinado corto y dudoso.

Por otro lado Focio fue el creador de una conciencia nacional, que identificaba la nacionalidad griega con su defensa de la fe ortodoxa y que emergió como defensor de la identidad griega en sus debates teológicos con la Iglesia Occidental. Junto con San Marcos, arzobispo de Éfeso (de quien más adelante escribiré), y San Gregorio Palamás (de quien ya se ha escrito), son venerados como Confesores de la Verdadera fe, y por tanto canonizados conjuntamente.

A pesar de que fue canonizado formalmente por el Patriarcado Ecuménico en 1847, Focio fue venerado durante generaciones anteriores por la Iglesia Ortodoxa; su trabajo filosófico y su mayor gloria fue su famosa Biblioteca que contenía 280 volúmenes donde desarrolla conjuntamente la filosofía y la ciencia griega, además de recopilaciones de la patrística cristiana, los originales en su mayoría se encuentran perdidos.

También escribió contra las alteraciones latinas del Credo, y su gloria fue su Amphilochia, un extenso tratado con 300 preguntas acerca de las Sagradas Escrituras. Escribió epístolas contra los maniqueos y los paulicianos, también consejos teológicos a Boris I de Bulgaria y al emperador.

Sin duda no negará la historia su lugar como influyente en la Iglesia Oriental, y su obra fue pilar junto con San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianceno de la teología ortodoxa. Pero también los sucesos son pálido preludio para que se desencadenase en 1054 la gran división que seguimos viviendo en enconados desencuentros, y barreras que impiden reconstruir la unidad eclesial y la Pentarquía.

René

Webs consultadas (07/10/17):
• https://en.wikipedia.org/wiki/Photios_I_of_Constantinople
• https://el.wikipedia.org/wiki/Πατριάρχης_Φώτιος_Α΄
• https://el.orthodoxwiki.org/Φώτιος_Α΄_ο_Μέγας
• http://vizantinaistorika.blogspot.mx/2014/02/blog-post_6.html

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