Santa Dorotea, patrona de fruteros y floristas

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Óleo de la Santa obra del pintor barroco Simone Pignoni (1611-1698).

Óleo de la Santa obra del pintor barroco Simone Pignoni (1611-1698).

Hoy, día 6 de febrero, conmemoramos a otra mártir muy conocida que se cuenta entre las principales y también cuenta con una amplia representación en la Historia del Arte, aunque su culto respecto de otras sea claramente minoritario: Dorotea, mártir de Capadocia, que el Martirologio Jeronimiano recuerda este día junto a su compañero de martirio, Teófilo. La historia que conocemos acerca de ella se remonta, claro está, a una passio muy antigua, pero también muy legendaria. Repasémosla.

Dorotea (en griego, “regalo de Dios”) vivió en Cesarea, provincia de Capadocia, y se destacó por su dulzura y afabilidad, aparte de por haber consagrado su virginidad a Cristo, por lo que rechazó muchas propuestas de matrimonio. Sus virtudes llamaron la atención del gobernador, Sapricio (según versiones, es llamado también Fabricio o Apricio) que la convocó para hacerla sacrificar a los dioses. Como ella se negara, la arrojó a la cárcel sin comida ni agua, y como la volviera a llamar y de nuevo fuera inútil doblegarla, la mandó desnudar y colgarla en público de la garrucha para que todos la vieran. Como ella protestó por verse exhibida así, dio paso a la tortura: colgada cabeza abajo del potro, desgarraron su cuerpo con garfios de hierro, la apalearon con varas, la azotaron con látigos y le quemaron los pechos con antorchas. Después de que perdiera el conocimiento a causa del dolor, fue arrojada a la cárcel y Sapricio mandó llamar a dos hermanas apóstatas, Crista y Calixta (quienes, según versiones, son hermanas carnales de la Santa) y les convenció para que acogieran a la muchacha en su casa, la curaran y la hiciesen apostatar.

Las dos mujeres se llevaron a Dorotea a su casa, la curaron y le mostraron todas las riquezas y comodidades de que gozaban gracias a su apostasía, para convencerle de que hiciese lo mismo y no arriesgara más su vida. Pero Dorotea, con gran capacidad de persuasión, no se dejó dominar y aun amonestó a las dos hermanas hasta tal punto de que ellas, arrepentidas de su apostasía, abrazaron de nuevo el cristianismo y confesaron a Jesús cuando fueron nuevamente convocadas por Sapricio. Él, en castigo, las hizo quemar vivas, y a Dorotea la envió de nuevo a la tortura. Colgada de la garrucha, le estiraron las piernas hasta romperle las articulaciones, y le quemaron los costados con fuego. En medio del dolor ella seguía dando gracias a Dios, y como Teófilo, uno de los consejeros del pretor, le preguntara de qué se alegraba tanto, ella respondió: “En este mundo hace frío. Me alegro de poder ir pronto a los jardines de mi Esposo, donde siempre es primavera y hay abundancia de rosas y manzanas”. Al oír esto el letrado empezó a burlarse de ella, pero la Santa no dejaba de sonreír y alabar a Dios, por lo que la bajaron de la garrucha y la abofetearon con tanta violencia que le destrozaron la cara, sin que eso tampoco la doblegara.

Martirio de la Santa. Detalle de una vidriera medieval. Catedral de Nuestra Señora de Friburgo (Alemania).

Viendo Sapricio que era inútil seguir torturándola, mandó que la decapitaran. En cuanto lo supo, Teófilo volvió a emprender la burla, diciendo a la Santa que si tenía a bien, cuando entrara en el jardín de su Esposo, le mandara una muestra de esas rosas y manzanas que le había comentado, a lo que ella respondió prometiéndole que así lo haría. Antes de morir, un ángel apareció al lado del verdugo con un canasto lleno de rosas y manzanas, y ella le pidió que se lo entregara a Teófilo. Luego, recibió tranquila el golpe de hacha.

Cuando el ángel entregó a Teófilo el encargo de Dorotea, éste quedó pasmado y empezó a dar grandes gritos, pues era invierno y no había rosas ni manzanas allí. Se convirtió de inmediato y empezó a proclamar su fe, reprendiendo a Sapricio su crueldad para con Dorotea. El gobernador, hastiado de él, mandó torturarlo en el potro, desgarrarle el cuerpo, y finalmente también decapitarlo.

Hasta aquí la passio, que, como digo, es legendaria y llena de simbolismos, pero que he desarrollado por entender que ayudará a comprender el patronazgo de la Santa: es la protectora de los fruteros y de los floristas, por el tema de las rosas y de las manzanas. Por ello, es habitual verla llevando flores y frutas en bandejas, cestas o canastos, o con el ángel al lado que las lleva por ella. También suele estar en jardines y representada junto a Teófilo, o en el momento en que envía al ángel a llevar la cesta a éste. Este único episodio de la passio es toda la clave para comprender su patronazgo e iconografía. El resto de atributos son los frecuentes en una mártir: palma, espada o hacha. A veces sujeta las rosas en la falda, por lo que es fácilmente confundible con otras Santas como Casilda o Isabel de Hungría.

Detalle del martirio de Santa Dorotea, obra de Joost van Baren (1593). Iglesia de San Pedro de Leuven, Bélgica.

Detalle del martirio de Santa Dorotea, obra de Joost van Baren (1593). Iglesia de San Pedro de Leuven, Bélgica.

Es importante tener en cuenta que la Santa Dorotea mencionada con las mártires Tecla, Eufemia y Erasma “de Aquileya”, no son tales sino que son la misma Dorotea de Capadocia, Tecla de Iconio, Eufemia de Calcedonia y la tal Erasma, de la cual tan sólo se sabe el nombre, que erróneamente se juntaron “en Aquileya” como un grupo de compañeras mártires aparte, pero inexistente. Pero sigamos con otra curiosidad.

San Eusebio de Cesarea nos habla, en su Historia Eclesiástica (volumen VIII, 14) que estando el emperador Maximino Daia en Alejandría, provincia de Egipto, se enamoró de una joven cristiana famosa por su riqueza, su exquisita educación y su voto de castidad. Intentó seducirla repetidas veces pero, al no conseguir nada de ella, quien le aseguró que antes moriría que acceder a pecar con él, le confiscó todos sus bienes y la mandó al exilio. Sin embargo, Eusebio no menciona cómo se llamaba la joven. Pero Rufino, otro hagiógrafo antiguo, vuelve a hablar de ella y le da arbitrariamente el nombre de Dorotea. Aquí añade que era una virgen consagrada a Dios que huyó a Arabia por tal de verse libre del acoso del emperador.

Es por esto que, en el siglo XVI, se quiso identificar a esta Dorotea con Santa Dorotea, la mártir de Capadocia, y Baronio, por su parte, quiso identificarla con Santa Catalina de Alejandría. Sin embargo esto ha sido refutado por los Bolandistas  (Analecta Bollandista, XL (1922) páginas 35-36). ¿Quién era esta “Dorotea”, cuyo nombre, por cierto, es un seudónimo concedido por Rufino? –recordemos que ese nombre, Dorotea, significa “regalo de Dios”, por lo que la concesión no está exenta de significado-. ¿Fue una joven real, histórica? En cualquier caso, sufrió el exilio, no el martirio, y no puede ser identificada ni con la célebre mártir de Capadocia, ni con la aún más célebre mártir de Alejandría.

"El milagro de Santa Dorotea", lienzo de Rupert Bunny. Tras el martirio de la Santa, el ángel entrega las rosas a Teófilo.

«El milagro de Santa Dorotea», lienzo de Rupert Bunny. Tras el martirio de la Santa, el ángel entrega las rosas a Teófilo.

Las reliquias de Santa Dorotea, mártir de Capadocia, se veneran hoy día en la iglesia de los Santos Silvestre y Dorotea a Porta Settimana, en el barrio romano de Trastevere. Bajo el altar mayor es visible la figura de cera que contiene el cuerpo, colocado allí en el siglo XVII. Sin embargo, la cabeza, separada del cuerpo, se expone a la pública veneración el Domingo In Albis en el altar mayor de la iglesia de Santa María in Trastevere, a donde fue llevada en 1798. Hay algunas otras reliquias suyas diseminadas por toda la cristiandad, pero éstas son las más significativas.

Hoy día 6 de febrero, tras un triduo de oración y meditación sobre el martirio de Dorotea, se celebra con gran solemnidad su fiesta en todo el Trastevere, donde los fieles hacen ofrendas de numerosas cestas llenas de frutas (manzanas y naranjas) y flores de mimosa a la Santa, frente a cuyo sepulcro se acumulan, en recuerdo de las flores y frutas que ella hizo traer del Paraíso para Teófilo.

Sepulcro de la Santa. Iglesia de los Santos Silvestre y Dorotea a Porta Settimana, Roma (Italia).

(Además de los textos mencionados, he consultado el breve opúsculo “Santa Dorotea: Vita e Martirio”, a cargo de los frailes menores conventuales de la Parroquia de Santa Dorotea a Porta Settimana. Roma, Ediciones Velar, 2009).

Meldelen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es