Santa Josefina Bakhita, virgen sudanesa

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de la Santa, vistiendo hábito canosiano, rodeada de las jóvenes del Instituto.

Bakhita ha sido la primera sudanesa que ha subido a los altares. Nació en Sudán en el año 1869, aunque no se sabe la fecha exacta de su nacimiento. Tampoco se conoce su nombre real y se cree que su pueblo natal era Olgossa, en la región de Darfur, donde vemos a diario uno de los episodios más sangrantes sufrido por los seres humanos: huidos de sus pueblos y acampados viviendo apiñados en la más absoluta de las pobrezas y ante la mirada impasible de las naciones civilizadas. Allí nació Bakhita y allí creció junto a sus padres, tres hermanos y dos hermanas, una de las cuales era gemela suya. Siendo muy pequeña, niña, le ocurrió algo que la marcaría para el resto de su vida. Mientras ayudaba a sus padres en el campo, su pueblo fue atacado por unos negreros que buscaban esclavos y su hermana gemela, que estaba en casa cuidando del más pequeño de la familia, fue capturada. Ella misma lo cuenta: “Recuerdo cuánto lloraban mis padres y cuánto llorábamos todos”. Sudán era una fuente de recursos para los comerciantes y traficantes de esclavos.

El comercio de esclavos en aquella época se había cambiado desde el mercado americano (allí había sido abolida la esclavitud) al mercado árabe en el norte de África. Darfur, su región, pertenecía al dominio británico del Sudán donde el comercio de esclavos estaba prohibido, pero esto no era controlado por los gobernantes y menos aun si había pocos europeos. La esclavitud, en la práctica, se mantenía aunque estaba oficialmente prohibida. Allí hacían su agosto los traficantes. La práctica de venta de esclavos fue poco a poco abolida, solo después de la ocupación efectiva del interior del país por los ingleses a principios del siglo XX.

Bakhita significa “afortunada” y es el nombre que se le puso cuando ella también fue secuestrada, ya que por la fuerte impresión que experimentó, nunca llegó a recordar cual había sido su verdadero nombre. Ella misma nos cuenta su propio encuentro con los traficantes de esclavos. “Yo tenía nueve años cuando una mañana estaba caminando por el campo con una amiga. De pronto vimos aparecer a dos extranjeros detrás de unos arbustos. Uno de ellos le dijo a mi amiga: deja a la niña pequeña ir al bosque a buscarme alguna fruta, mientras tú puedes continuar tu camino; ya te alcanzaremos dentro de poco. Ellos querían alejar a mi amiga para que no pudiera dar la alarma mientras ellos me capturaban. Yo no sospechaba nada y obedecí como hacía siempre con mi madre. Cuando estaba en el bosque, ví a los dos extranjeros detrás de mí, uno de ellos me agarró fuertemente mientras que el otro me amenazaba con un cuchillo diciéndome: si gritas, morirás”.

Sí, la secuestraron, la separaron de su familia y ella quedó tan traumatizada que, como hemos dicho antes, jamás recordó su verdadero nombre. Fue vendida como esclava en la ciudad de El Obeid. Fue vendida hasta cinco veces, pasando de un dueño a otro. Intentó escapar varias veces pero no lo consiguió. Sufrió innumerables humillaciones y torturas y a la edad de trece años fue tatuada. Le realizaron ciento catorce incisiones en su cuerpo sobre las que colocaban sal para evitar infecciones. Ella dice: “Pensaba que me iba a morir en cualquier momento, especialmente cuando me ponían la sal”. Tenía sólo trece años de edad. ¡Qué atrocidad!

Vista de la espalda de un esclavo africano con las escarificaciones. El aspecto de la espalda de la Santa debió ser similar.

Su último amo fue un comerciante italiano llamado Calixto Leganini, quién la compró en Jartum en el año 1882 y, por primera vez, fue bien tratada. “Esta vez fui muy afortunada porque el nuevo patrón era un hombre bueno; no me maltrataba ni me humillaba y me sentía en paz y con tranquilidad”.

Cuando las tropas mahdis llegaron a Jartum en el año 1884, el patrón se vio obligado a abandonar Sudán y se marchó a Italia llevándose con él a Bakhita. Cuando llegó a Italia fue entregada a la esposa de Augusto Michieli y marchó a Ziango, un pueblo pequeño cercano a Venecia; con ellos trabajó como niñera y aunque la familia Michieli viajó de nuevo a la costa sudanesa del Mar Rojo, Bakhita se quedó en Italia. Ella, junto con una hija de la familia Michieli ingresó en un centro del Instituto de las Hermanas de la Caridad en Venecia. La Congregación había sido fundada por Santa Magdalena de Canossa y allí Bakhita se dedicó a cuidar a niñas pobres, a servir en los hospitales y a enseñar el catecismo. Aquí aprendió a conocer al Dios de los cristianos y se dio cuenta de que ese Dios había permanecido en su corazón desde que era niña, “aunque yo no lo sabía en ese momento”.

Fue bautizada el día 9 de enero del año 1890, con veintiún años de edad. Simultáneamente, recibió la Primera Comunión y el sacramento de la Confirmación de manos del cardenal de Venecia. Se le puso el nombre de Josefina Margarita Afortunada, pero se la conoce como Santa Josefina Bakhita. Cuando la señora Michieli volvió del Sudán se la quiso llevar de nuevo a África, pero Bakhita se opuso con coraje. La dueña se enfureció muchísimo pero desde la Congregación recurrieron al cardenal y al gobernador quienes declararon que la esclavitud era ilegal en Italia y que Bakhita era libre de tomar sus propias decisiones. Así, permaneció en el Instituto de las Hermanas de la Caridad, haciendo su profesión religiosa el día 7 de diciembre del año 1893, con treinta y ocho años de edad. En el año 1902 fue trasladada desde Venecia a Schio, en el norte de Italia donde trabajó limpiando y cocinando en el convento y cuidando de los pobres. Fue considerada como una santa, pero no se cuentan de ella ni milagros ni fenómenos sobrenaturales. Era una monja normal, modesta, humilde y de una gran espiritualidad.

Fotografía de la Santa (en el centro) rodeada de las jóvenes y niños de su Instituto.

Le ordenaron escribir su autobiografía y a viajar por Italia para contar la historia de su vida. Comenzó a escribir sus memorias en el año 1910 y fueron publicadas en el año 1930. Después de publicarse su biografía, Bakhita se convirtió en una personalidad en toda Italia y se vio obligada a viajar por todo el país dando conferencias.

En sus últimos años su salud flaqueó y se vio obligada a vivir en una silla de ruedas, pero aún así, continuó viajando, aunque sus últimos años estuvieron marcados por el dolor y la enfermedad. En medio de su sufrimiento, volvió a recordar su terrible experiencia como esclava y se sabe que decía a la enfermera que la cuidaba en sus últimos momentos: «¡Por favor, quítame las cadenas porque este dolor es demasiado!». Murió el día 8 de febrero del año 1947 en Schio diciendo: “Señora, Señora” refiriéndose a la Santísima Virgen. Tenía 78 años de edad. Su cuerpo fue velado durante tres días y durante este tiempo, parecía que el cuerpo estaba vivo, con la temperatura de un ser vivo: 37º C. Una inmensa muchedumbre de fieles desfiló delante de ella.

Como el pueblo llano la consideraba una santa, en 1959 se inició el proceso diocesano que culminaría con la declaración de Venerable el día 1 de diciembre del año 1978. Fue beatificada el 17 de mayo de 1992, declarándose su fiesta el día 8 de febrero.

Vista del sepulcro de la Santa bajo el altar (dentro de la figura de cera). Iglesia del convento canosiano de Schio (Italia).

San Juan Pablo II en su beatificación alabó a la nueva beata por transmitirnos un mensaje de reconciliación y misericordia en un mundo tan dividido y herido por el odio y la violencia. Ella misma, que fue víctima de una de las peores injusticias de todos los tiempos, la esclavitud, llegó a decir: “Si volviese a encontrar a aquellos negreros que me raptaron y torturaron, me arrodillaría  para besar sus manos porque, si no hubiese sucedido eso, ahora yo no sería cristiana ni religiosa”. Fue canonizada por el papa San Juan Pablo II el día 1 de octubre del año 2000. Es una santa africana moderna.

Antonio Barrero

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