Santa María Bernarda Soubirous (Bernardette)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de Bernardette en su juventud, durante el tiempo de las apariciones.

Nació el domingo día 7 de enero del año 1844, en el molino de Boly, cerca de Lourdes, sobre las dos de la tarde. Era la primera hija de Francisco Soubirous y Luisa Casterot. Fue bautizada dos días más tarde y le pusieron ese nombre, aunque desde pequeña siempre la llamaban Bernardette. Después de ella nacieron seis hermanos y dos hermanas, aunque solo tres llegaron a la mayoría de edad.

Su padre trabajó como molinero para la familia Casterot, casándose muy joven con Luisa.  Cuando nació Bernardette, la familia no estaba mal económicamente y una prueba de ello era que la niña había sido confiada a una nodriza durante seis meses. La nodriza, llamada María Avarant, vivía en Bartres a cinco millas de Lourdes. Amamantó a Bernardette hasta octubre de 1845, fecha en la que Bernardette retornó a Boly (Lourdes), donde vivió con su familia durante diez años, hasta que en 1855, como las cosas empezaron a ir mal para la familia, emigró a Arcizaces-Angles, viviendo en una choza. Corrió el riesgo de morir de cólera y la enfermedad minó su salud durante toda su vida; además de pobre, era de condición enfermiza. En Arcizaces estuvo hasta el otoño de ese año, aunque el invierno lo pasó con una tía en Monières.

En mayo de 1856, de fracaso en fracaso, su padre deja el molino y no encuentra otro refugio que la antigua prisión llamada Le Cachot, donde en una sola habitación y sin luz, vivía toda la familia: padres y los cuatro primeros hijos. Como Bernardette era la mayor tenía que quedarse al cargo de sus hermanos por lo que no podía frecuentar la escuela ni aprender el catecismo; no sabía leer ni hablaba el francés; solo el dialecto de aquella zona. Acusado de hurto, su padre fue ingresado en prisión desde el 27 de marzo al 4 de abril y a finales de junio Bernardette vuelve a Bartrés para poder asistir a la escuela. Tenía catorce años de edad y era, prácticamente, la única niña de Lourdes que a esa edad aun no había hecho la Primera Comunión. Sin embargo, las verdaderas intenciones de quienes le ayudaron para ir a Bartrés no era prepararla para que aprendiera a leer, escribir y hacer la Comunión, sino que en realidad la querían para que se ocupase de los hijos de su antigua nodriza y para tenerla como pastora, ocupada del pastoreo de las ovejas, aunque sin paga ni jornal. Trabajaba solo por la comida y por el techo. Como era muy buena en su trabajo, la obligaban a estar más tiempo cuidando de las ovejas, lo que no le permitía asistir a clases.

A finales de enero de 1858 se vuelve a Lourdes porque desea ardientemente hacer la Primera Comunión y en la escuela anexa al hospicio fue preparada por las Hermanas de Nevers y por el sacerdote Pomian, aunque faltando a veces a clase ya que tenía que cuidar a sus hermanos. A esto se dedicaba hasta el día 11 de febrero de 1858. Ese fue el día elegido que cambiaría no solo la vida de Bernardette, sino que marcó el comienzo de toda una nueva movilización en la Iglesia: la Virgen se le apareció a la niña“Desde el 11 de febrero hasta el 16 de julio de ese año, 1858, en la gruta de Massabielle, durante dieciocho veces, la Santísima Virgen María tuvo en Bernardette a su confidente, a su colaboradora, al instrumento de su ternura maternal hacia los hombres y de la omnipotente misericordia de su Hijo, para restaurar el mundo en Cristo con una nueva e incomparable efusión de la Redención”. Estas son palabras del papa Pío XII.

Imagen de la Virgen en el lugar de las apariciones. Gruta de Massabielle, Lourdes (Francia).

Aquel 11 de febrero, la madre de Bernardette le permitió ir al campo con su hermana menor, María y con otra niña, para buscar leña seca. El lugar preferido para recoger la leña eran los alrededores de la gruta. Pasaron el arroyo, pero Bernardette no se decidía porque el agua estaba muy fría. Cuando se decidió y empezó a descalzarse, un ruido muy fuerte le obligó a mirar hacia todos los lados. Había muchísimo ruido, parecido al viento, pero las hojas de los árboles no se movían. Entró al fondo de la gruta y vio a una Señora bellísima, vestida de blanco con un vestido ajustado al talle con una cinta azul. Un largo velo blanco le caía hasta los pies envolviendo todo el cuerpo. Los pies descalzos y muy limpios parecían apoyarse sobre un rosal silvestre. Dos rosas brillantes de color de oro cubrían la parte superior de los pies de la Señora. Las manos las tenía juntas sobre el pecho, en posición de oración y entre sus dedos tenía un largo rosario blanco y dorado con una cruz como de oro. Irradiaba felicidad, majestad, inocencia, dulzura, bondad y paz. La Señora parecía saludarla inclinando la cabeza ante la niña.

Bernardette cogió el rosario que siempre llevaba haciendo la señal de la cruz como para defenderse, pero quedó paralizada. La Virgen había tomado la cruz de su rosario e hizo lo mismo. Bernardette rezó el rosario, la Señora le pidió que se acercase y sonrió, despidiéndose de la niña. La visión desapareció. Era la hora del Ángelus. Bernardette preguntó a las otras niñas si ellas habían visto algo y le dijeron que no; ella se lo contó y les pidió que guardase silencio, pero su hermana María se lo contó a su madre, que lógicamente no la creyó.

La segunda aparición fue el domingo 14 de febrero, entre el mediodía y las dos de la tarde. Estaban presentes unas diez personas que no vieron nada. La Virgen y Bernardette rezaron juntas el rosario y la voz se corrió por el pueblo y, como es normal, pronto aparecieron los comentarios malintencionados, las burlas, los desprecios y los insultos.

La tercera aparición fue el jueves 18 de febrero a las seis de la mañana. La Virgen le pidió que fuese allí durante quince días seguidos; la niña se lo prometió y la Virgen le dijo: “Yo también te prometo hacerte dichosa, no ciertamente en este mundo, sino en el otro”. Como Bernardette jamás había mentido, los padres de la niña empezaron a creerla.

La cuarta aparición fue el día 19 de febrero a primeras horas de la mañana. Fue una aparición silenciosa como las de los dos días siguientes. La quinta aparición fue el sábado día 20 a las seis de la mañana y delante de un centenar de personas.

Otra fotografía de Bernadette, con el rosario, durante la época de las apariciones.

El domingo 21 se apareció la Virgen por sexta vez. Varios miles de personas rodeaban la gruta y había tres gendarmes. Ese mismo día, por la tarde, el comisario Jacomet interrogó a la niña y la amenazó con la cárcel si continuaba yendo a la gruta. Los médicos la examinaron ese día llegando a la conclusión de que en la niña no había ningún signo de alucinación ni de histeria. Uno de los principales médicos dijo: “Aquí hay un hecho extraordinario, totalmente desconocido a la ciencia y a la medicina”.

El día 22 de febrero la Virgen no se le apareció, pero si lo hizo al día siguiente muy de mañana. Era la séptima aparición y es la fecha más probable de la revelación de un secreto, que no podría revelar. Al día siguiente al aparecérsele la Señora, le repitió por tres veces la palabra “penitencia” y al otro día, 25 de febrero, día de la novena aparición, le mandó beber y lavarse los pies en una fuente y comer la hierba que allí había. Como Bernardette no veía ninguna fuente, fue al riachuelo que pasaba junto a la gruta, el río Tarbes, pero la Virgen le dijo que no, que entrara al fondo de la gruta, excavase con las manos y que la fuente aparecería. Así ocurrió. Esa agua, que aun hoy sigue brotando, ha sido analizada por los mejores laboratorios químicos del mundo y es solo agua pura, carente de toda propiedad térmica, pero en la que no sobrevive ningún tipo de bacteria. Es la llamada “agua milagrosa de Lourdes”.

La Virgen se le siguió apareciendo los días siguientes hasta el 4 de marzo. Ese día quiso realizar un milagro: un niño llamado Justino, de dos años, estaba agonizando, parecía muerto. La madre, desesperada lo metió en la fuente y nada. Se lo llevó a su casa y allí empezó a respirar. Al día siguiente estaba jugando y comiendo como los demás niños. La noticia se corrió por toda Francia y tres médicos distintos confirmaron que inexplicablemente, el niño se había curado.

Bernardette seguía yendo a la gruta diariamente, rezaba el rosario, pero la Virgen no aparecía y fue el día 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, sobre las cinco de la mañana, cuando la Virgen se le apareció por decimosexta vez comunicándole: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Otra vez se le apareció el día 7 de abril y fue cuando ocurrió el “milagro del cirio”. Bernardette estaba absorta y la llama de un cirio que llevaba en las manos pasó a sus dedos. La gente gritaba porque la mano ardía, pero ella permanecía inmóvil. Un médico que estaba cerca comprobó por su reloj que durante más de un cuarto de hora la mano estuvo entre llamas sin que ella hiciese el menor movimiento. Miraron su mano y estaba ilesa. Este hecho lo vieron miles de personas que allí estaban. La última aparición fue el día 16 de julio.

Relicario con el corazón de Bernardette. Santuario de Nuestra Señora de Lourdes (Francia).

Entre los días 6 y 22 de marzo Bernardette había estado en Cauterets y el jueves 3 de junio, fiesta del Corpus Christi, hizo la Primera Comunión. Al día siguiente, el barón Maíz decidió encerrarla pero se encontró con la increíble resistencia del padre Peyramale, que lo impidió. Después de las apariciones, el día 8 de septiembre, la niña fue acogida por las Hijas de María. En octubre entró en la escuela y en noviembre fue interrogada por primera vez por una comisión episcopal. El día 7 de diciembre de 1861 compareció por última vez ante Monseñor Laurente, el cual en un documento firmado el día 18 de enero de 1862 proclamó la realidad de las apariciones. A finales de marzo Bernardette cayó enferma de pulmonía, por lo que se le administró la Unción de los Enfermos; inexplicablemente, sanó. Ella decía: “Quiero ser religiosa, pero no se en qué Orden porque la Virgen no me ha dicho nada”. Monseñor Forcade, obispo de Nevers le propuso entrar en las Hermanas de la Caridad y de la Instrucción Cristiana de su ciudad y ella le dijo que se lo pensaría. A principios de 1866 fue admitida como postulante en el hospicio de Lourdes, ocupándose de los enfermos del hospicio y de los escolares más pequeños.

El 21 de mayo de 1866 Bernardette asiste a la primera misa pontifical celebrada en la Gruta de Massabielle, en medio de una gran muchedumbre. La gente se le acerca, la apretuja y ella comprende que tiene que desaparecer y así, el 4 de julio se marcha a Nevers. Solicita el hábito de religiosa y dice:”He venido aquí para esconderme”. Entra en el convento de la Caridad de Nevers y ninguna de las religiosas la entendían: ni la superiora, ni la maestra de novicia, ni nadie. Sabían y admitían que la Virgen se le había aparecido, pero la veían ordinaria y no entraba en la concepción que tenían estas monjas de lo que es la santidad. Sin embargo, tenían que admitir que era fiel cumplidora de las reglas de la comunidad.

Tres semanas después de haber recibido los hábitos, Bernardette enfermó gravemente de tuberculosis, creyendo los médicos que su muerte sería inminente. Se le administró de nuevo la Extremaunción, pero no se le pudo dar el Viático porque tenía continuos vómitos de sangre. Pensando que iba a morir, la superiora, con la aprobación del obispo y de la Comunidad, quiso darle el consuelo de pronunciar los votos aunque no había terminado el noviciado. El obispo presidió la ceremonia y ella dio su consentimiento por medio de signos ya que no podía hablar. A la mañana siguiente estaba muchísimo mejor. Tuvo que terminar el noviciado y fue tratada muy severamente y aun cruelmente, renovando su profesión al terminar el noviciado el día 30 de octubre de 1867, tomando el nombre de María Bernarda. Tenía 23 años de edad. Ese mismo día fue humillada por la superiora que dijo públicamente que “como no servía para nada, se le enviaría a la enfermería a cuidar a los enfermos”.

Fotografía de la Santa "de cuerpo presente", vistiendo el hábito de su Orden.

En el otoño de 1873 tuvo un ataque de bronquitis y tuvo que ser trasladada al hospital; se le eximió de su trabajo en la enfermería y se le dio un trabajo de menor esfuerzo físico: asistente de sacristán. Este trabajo le dio la oportunidad de estar mucho más tiempo en la capilla, pero este regalo no le duró mucho porque su salud empeoraba. A partir de 1877 no era sino una inválida. Pronunció los votos solemnes el día 22 de septiembre de 1878 y el 11 de diciembre volvió a la enfermería de donde nunca más salió. Sus últimos meses fueron muy difíciles ya que pasó por lo que se ha venido en llamar “la noche oscura del alma”. Fue tentada por el desánimo y la desesperación, pensaba que era indigna, que no merecía la salvación, perdió la paz interior y aun la certeza de poder salvarse. Físicamente también sufrió muchísimo: tanto tiempo en cama le produjo terribles llagas en la espalda, se le reventó una pierna, quedó sorda, pero su actitud fue siempre serena no manifestando nunca el menor signo de sufrimiento. El día 16 de abril de 1879  pidió a las hermanas que la cuidaban que rezaran el rosario. Al acabar un Avemaría, sonrió suavemente y murió. Eran las tres y cuarto de la tarde y tenía treinta y cinco años de edad. Sus funerales fueron multitudinarios. Fue sepultada en la Casa Madre, en la capilla de San José, situada en el huerto del convento.

El proceso ordinario diocesano para su beatificación se inició el día 20 de agosto de 1908 y tuvo ciento treinta y tres sesiones. En la primera exhumación del cadáver, el día 22 de septiembre de 1909, éste se encontró incorrupto. Se hizo un segundo reconocimiento el día 3 de abril de 1919 y seguía igual: la piel dura, pero intacta y de color rosáceo. El día 25 de agosto de 1913, San Pío X introdujo la Causa en Roma y aunque quedó paralizada durante la Primera Guerra Mundial, fue reabierta el 17 de septiembre de 1917. Tuvo doscientas cinco sesiones. El 14 de junio de 1925 fue beatificada por el papa Pío XI y su cuerpo fue trasladado solemnemente a la capilla principal de la Casa Madre. Durante el traslado, Monseñor Lemaître, arzobispo de Cartago, curó milagrosamente de una enfermedad incurable. Este milagro fue admitido y convalidado para la canonización, que tuvo lugar el día 8 de diciembre del año 1933. Su fiesta se celebra el día 16 de abril y en Francia, también el 18 de febrero.

Vista del rostro y las manos de la Santa (con cobertura de cera) en su sepulcro. Capilla del convento de las Hijas de la Caridad de Nevers (Francia).

Para hacer este resumen, hemos consultado el libro “La confidente de la Inmaculada” de M.T. Bordenave, editado en Nevers en el año 1912, “La peregrinación a Lourdes” de A. Combes, editada en 1959 y los propios documentos de la Causa.

Antonio Barrero

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