Santo Domingo Savio

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Estampa devocional del Santo. La imagen está considerada su más fiel retrato.

Santo Domingo Savio, “pequeño, pero gran gigante del Espíritu” (palabras de Pío XI). Domingo Savio nació en Riva de Chieri (antes San Juan de Riva) el 2 de abril de 1842, segundo de los hijos de Carlos Savio y Brígida Galato (aunque el primero murió al nacer). Fue bautizado en la Parroquia de la Asunción esa misma tarde con el nombre de Domingo José Carlos. Sus padres, pobres, pero humildes y muy católicos se casaron por amor. El trabajaba como herrero y a ella se le daba bien la costura y con estos oficios y otros trabajos en la dura faena del campo conseguían salir adelante. Para encontrar trabajo y mejorar la situación, el matrimonio se vio obligado a trasladarse de población sucesivamente, de Mondonio a Riva di Chieri, a Murialdo (que era una aldea de Castelnuovo) y de nuevo a Mondonio de donde eran oriundos.

Tuvieron diez hijos, desgraciadamente cinco murieron en edad muy temprana, el primero y el tercero nada mas nacer. Los hermanos querían muchísimo a Domingo; en casa le llamaban cariñosamente “Minot”. De Santo Domingo Savio no existen fotografías, aunque un compañero suyo, alumno de Bellas Artes, pinto de memoria su retrato, la primera imagen que acompaña el articulo. Sabemos que era de estatura mediana, complexión delicada y de ojos azules.

En una ocasión salvó de morir ahogada a su hermana pequeña Ramona que se bañaba en el río junto a el, cogiéndola de la mano y tirando de ella. La gente se quedo asombrada pues Domingo era bastante débil, el dijo con toda naturalidad que su Ángel Custodio tiraba de su otra mano. Otro hecho de su infancia sucedido cuando Domingo le pidió a su padre que le llevara a unas fiestas que se celebraban en un pueblo vecino.  Al regresar, caminando totalmente rendido y cansado un joven misterioso lo tomo en brazos y lo llevo hasta la puerta de su casa, desapareciendo a continuación: su Ángel pensaron de nuevo. Su hermana Teresa confirmó este hecho y otros muchos durante el proceso apostólico para su canonización.

Domingo frecuentaba la iglesia; en los primeros años de su vida acompañando a su madre y mas tarde solo. Cuando encontraba la puerta cerrada, fuera invierno o lloviera, se arrodillaba para rezar sin importarle el clima. A los 5 años ayudaba en misa siempre que podía, era muy gracioso según contaban ver los esfuerzos que hacia para trasladar el misal de un lado a otro del altar, pues apenas alcanzaba. Su hermana Teresa narra otra anécdota en la que un día fue un hombre invitado a  comer a su casa y como antes de empezar a comer este hombre no hizo la señal de la cruz, Domingo cogió su plato se levanto y se fue disgustado a comer a un rincón.

El 3 de noviembre de 1848, Domingo comenzó a frecuentar la escuela de su aldea, cursando las dos primeras clases de primaria, y repitiendo sin necesidad, por benevolencia de su maestro Don Juan Bautista Zucca, para que no se viera obligado a abandonar el estudio. Don Juan Zucca era un buen sacerdote que desde 1847 ejercía el servicio de capellán en la aldea y con el que Domingo hizo muy buenas migas. La norma en aquella época era no hacer la primera comunión hasta tener los 12 años. Domingo que no era conocido por ser un niño que insistiera, no paraba de preguntar una y otra vez cuando podría realizarla. ¡Con solo 7 años!

Óleo popular del Santo.

Don Juan Zucca se encontró ante un dilema, conocía bien a Domingo, pero no sabia si admitirlo para realizarla o retardarla, no tenia la edad requerida, pero estaba preparado y lo deseaba vivamente y tras comentarlo con compañeros sacerdotes se le despejaron las dudas. En cuanto le comunicó a Domingo que estaba admitido a la Primera Comunión, corrió feliz a darles la gran noticia a sus padres. Y el 8 de abril de 1849 Domingo Savio realizo la Primera Comunión. Se celebró en el templo de San Pedro de Castelnovo, a la cual pertenecía Murialdo. Allí también la hizo San Juan Bosco y en esa ocasión se encontraba presente el niño Juan Cagliero, con el que unos años más tarde se encontraría Domingo en el Oratorio de Turín. Son famosos los propósitos que Domingo redacto para esta ocasión.

“Propósitos que yo, Domingo Savio hice en el año 1849 con ocasión de mi Primera Comunión, a los siete años de edad:
1º Me confesaré muy a menudo y recibiré la sagrada comunión siempre que el confesor me lo permita.
2º Quiero santificar los días de fiesta.
3º Mis amigos serán Jesús y María.
4º Antes morir que pecar”.

Llegó un momento en que ya no era posible que Domingo siguiera en la escuela de Murialdo, solo había una clase. El quería seguir estudiando, y sus padres también lo deseaban. No hubo otra manera que ir a la escuela de Castelnuovo, de la cual distaban cuatro kilómetros. Cuatro veces al día recorría ese camino y entre idas y venidas, un total de 16 kilómetros, verano e invierno. En los trayectos a veces se encontraba con gente mayor, otras veces compañeros y en ocasiones como el mismo relataba, con su Ángel. Un día que Domingo se dirigía sobre las dos de la tarde a la escuela, con un sol abrasador se cruzo con un hombre mayor que le dijo:
-“Amiguito, ¿no tienes miedo de ir solo por este camino?”
-“No voy solo, señor. Mi Ángel Custodio me acompaña en todos mis pasos”
-“Pero ha de ser pesado el camino con tanta calor, teniendo que hacerlo cuatro veces al día”
-“Nada es pesado cuando se hace por un amo que lo recompensa bien”

En la escuela de Castelnuovo se gano el afecto de su nuevo profesor Don Alejandro Allora. Apenas instalado vuelven a trasladarse a Mondonio, en febrero de 1853. En esta escuela sucedió un hecho sorprendente. Cuando llego una mañana el maestro de la escuela, Don José Cugliero se encontró la estufa llena de nieve y piedras; todos echaron la culpa a Domingo creyendo que no seria expulsado por su intachable comportamiento. Domingo aguanto la reprimenda y el castigo de rodillas sin decir nada. Mas tarde los verdaderos culpables salieron al descubierto y tras preguntarle el maestro por que no aclaro el asunto, Domingo le contesto que porque no quería que fueran expulsados, además añadió que a Jesucristo también lo calumniaron.

El actor infantil Lewis Crutch interpreta al Santo en la reciente serie televisiva "Don Bosco".

Las dificultades para proseguir los estudios de nuevo se hicieron presentes, el maestro visita a Don Bosco para tratar de ayudar al joven Domingo y se arriesga hasta el punto de decirle a Don Bosco:“Aquí en esta casa es posible que tenga usted jóvenes que le igualen, pero difícilmente habrá quien le supere en estudio y virtud, Obsérvelo usted”. El encuentro con Don Bosco se produjo una mañana de lunes, 2 de octubre de 1854. Esta es parte la conversación que se mantuvo, recordaba por el propio San Juan Bosco:
-“¿Quién eres? ¿Y de dónde vienes?”
-“Yo soy Domingo Savio, de quien ha hablado a usted el señor Cugliero, mi maestro, vecino de Mondonio”

Tras un rato de charla:
-“Y bien ¿qué le parece? ¿Me llevara a Turín a estudiar?”
-“Ya veremos, me parece que bueno es el paño”
-“¿Y para qué podrá servir el paño?”
-“Para hacer un hermoso traje y regalo al Señor”
-“Así pues, yo soy el paño; sea usted el sastre; lléveme con usted y hará de mí el traje que desee para el Señor”

Tras una prueba en que le dio un ejemplar de “Las Lecturas Católicas” para que se aprendiera una página y volviera al día siguiente con la pagina aprendida, Don Bosco lo dejó para que fuera con los otros niños mientras conversaba con el padre de Domingo. Aun no habían pasado ocho minutos cuando Domingo se presento con la lección aprendida y no solo eso, sino que entendía perfectamente lo que había aprendido. Don Bosco le dijo que lo aceptaba y Domingo le contesto que no tendría queja de él. El 29 de octubre de 1854 Domingo ingresaba en el oratorio de San Francisco de Sales de Turin. En esa misma fecha, setenta años después, sus restos serian colocados en la Basílica de María Auxiliadora. Domingo permanecería en el oratorio hasta el 1 de Marzo de 1857, en que por su delicada salud se vio obligado a regresar a Mondonio.

En la casa del Oratorio habitaban Don Bosco y Mama Margarita, que era su madre y una santa mujer, ya mayor, pero que con sus 66 años estaba entregada a la casa, al lavado de la ropa y mil faenas más. Los chicos la querían de verdad, aunque a veces la hacían perder la paciencia, era una buena educadora a la que nunca le faltaron las buenas palabras y la bondad para con aquellos chicos. Murió el 25 de noviembre de 1856, encontrándose todavía Domingo en el Oratorio.

El Santo se consagra a la Virgen María.

El 8 de diciembre de 1854 Pío XI proclamo la definición del solemne dogma de la Inmaculada Concepción. Domingo, chico activo y entusiasta colaboró en todos los acontecimientos que se realizaron en el Oratorio para tan señalada fiesta.

Al terminar la celebración religiosa de aquel día y por consejo de su confesor, Domingo renovó los propósitos de su Primera Comunión y luego se abandono en manos de María con esta sentida oración: “María, te entrego mi corazón, haz que sea siempre tuyo. Jesús y María sed siempre mis amigos, pero por el amor que os tengo, haced que muera mil veces antes de tener la desgracia de cometer un solo pecado”.

El objetivo de Domingo al ingresar en el Oratorio fue el querer seguir estudiando y también aquí contó con el apoyo y el afecto de los sucesivos profesores; el señor Bonzanino y el clérigo Juan  Bautista Francesia. Famoso es el suceso en que dos alumnos que se odiaban entre si estaban dispuestos a zanjar sus diferencias a pedradas. Domingo consiguió que le permitieran estar presente en el lugar que se citaron y cuando estaban dispuestos a lanzarse las piedras se interpuso corriendo entre ellos y levantando una cruz que llevaba en el pecho les conmino a que le lanzaran las piedras a el, apelando motivos religiosos. Avergonzados los dos jóvenes tras la actuación de Domingo se perdonaron uno al otro. Este hecho lo mantuvo en secreto Domingo, y sólo se supo más tarde porque lo contaron los dos jóvenes.

En una charla de una tarde de domingo de marzo abril, Don Bosco les habló a los chicos de la santidad y aquello que escuchó de boca de Don Bosco fue todo un descubrimiento para Domingo que se lo tomó en serio; “Yo debo y quiero ser santo, y no seré feliz hasta que no lo sea”. Poco después de esta charla se vio preocupado a Domingo, cuando le preguntaron respondió “Al contrario, sufro un gran bienestar, es decir, siento como un deseo y una necesidad de hacerme santo”.

En una ocasión que el joven Domingo volvía de clase oyó proferir una terrible blasfemia a un hombre, se le acercó y le pregunto si sabia donde se encontraba el Oratorio de San Francisco de Sales, el hombre le contesto que no y entonces le pidió que le hiciera un favor y acercándose al oído le dijo: “Usted me haría un gran favor si, cuando se enfada, se abstiene de blasfemar contra el santo nombre de Dios”. Lleno de admiración el hombre le dio la razón y le confesó que era un maldito vicio que tenia que vencer a toda costa.

Vista de la urna actual (itinerante) del Santo. Las reliquias están en el compartimento debajo de la figura yacente.

Un día le contó a Don Bosco que deseaba ver al Papa antes de morir porque tenia una cosa importante que decirle: que a pesar de las tribulaciones que le esperaban, no dejara de ocuparse con especial interés de Inglaterra. Don Bosco le preguntó en que se basaba para decir eso, y Domingo le contó que una mañana, dando las gracias después de la Comunión tuvo una distracción muy grande, le pareció ver una vastísima llanura llena de gente caminando en la niebla, no sabían hacia donde dirigirse pues no veían donde ponían los pies y uno de ellos le dijo a Domingo que ese país era Inglaterra, de pronto apareció Pío IX avanzando majestuosamente, con una antorcha en su mano. A medida que avanzaba la niebla se disipaba y la gente quedaba envuelta en la luz, y el hombre a su lado le dijo: “Esta antorcha, es la religión católica que debe iluminar a los ingleses”. Domingo no pudo llegar a ver al  Papa, pero en 1858 (un año después de su muerte), Don Bosco, en un viaje a Roma, le contó al pontífice la “distracción” de su querido alumno. El Papa escucho bondadosamente y luego dijo: “Esto me confirma en mi propósito de trabajar con toda energía por Inglaterra, a la que ya he dirigido mis mas vivas instancias”.

Francisco Cerruti entró en el Oratorio el 8 de noviembre de 1856, se encontraba perdido en aquella casa y se acordaba mucho de su madre.  Domingo que lo vio un día pensativo apoyado en una columna del pórtico se acerco a él y le ofreció su amistad, Francisco llego a ser salesiano y miembro del Consejo General de la Congregación Salesiana, interviniendo como testigo en el proceso de canonización.

Una fría noche de diciembre, en que la nieve cubría las calles, Don Bosco se disponía a acostarse cuando aparece Domingo indicándole que le siga rápidamente. Don Bosco dudo un segundo, pero después sin preguntar siguió a Domingo por calles y callejuelas hasta un portal, donde subió a un tercer piso. Domingo llamo a la puerta y le dice “Aquí es donde debe entrar”, para rápidamente irse del lugar. Una señora abrió la puerta, y al ver a Don Bosco levanto las manos al cielo dando gracias a Dios y diciendo que El se lo enviaba, pues su marido que había abandonado la fe hacia años se estaba muriendo y pedía confesarse para reconciliarse con Dios;  poco después de confesarse el hombre muere. A los pocos días, Don Bosco todavía impresionado por el suceso llamo  a Domingo y le pregunto como sabia lo del enfermo. Domingo lo miro y se echo a llorar; entonces comprendió Don Bosco que en su Oratorio había un chico que tenia relaciones especiales con Dios.

Un gran proyecto de Domingo fue la Compañía de la Inmaculada; se remonta a 1855 cuando se abrió un periodo de búsqueda de socios, de redacción y experimentación del reglamento. La fecha oficial de constitución fue el 8 de junio de 1856. Ese día ante el altar de la Virgen, en la iglesia de San Francisco de Sales, Domingo leyó los objetivos y artículos del reglamento que exponen los compromisos. El 1 de marzo de 1857 Domingo estaba preparando las maletas, pues se iba del Oratorio; se encuentra enfermo desde hace tiempo y los médicos aconsejan un cambio de aires regresando a Mondonio. Cuando Don Bosco preguntó por el origen de la enfermedad le dijeron: “Su complexión delicada, el precoz desarrollo de su inteligencia y la continua tensión de su espíritu, son como limas que van desgastando insensiblemente sus fuerzas vitales…”. La despedida más emocionante fue con los Congregantes de la Compañía de la Inmaculada, a los que exhorto a ser fieles a las promesas hechas a María y a poner en ella toda la confianza.

Detalle de la figura de cartón piedra en la urna actual. Ésta reproduce la postura en la que el Santo murió. Fotografía: Liceo Salesiano de Breslau (Polonia).

Cuando llego la hora de la partida su padre le esperaba en la portería. Cogido de la mano de Don Bosco y rodeado de sus compañeros se dirige a la puerta para el ultimo adiós. Dirigiéndose reservadamente a Don Bosco le dice: “Puesto que no ha querido usted mis cuatro huesos, me veo obligado a llevármelos a Mondonio. Hágase la voluntad de Dios. Si va a Roma no olvide el encargo que le di para el Papa sobre Inglaterra. Ruegue a Dios para que tenga una buena muerte. Nos volveremos a ver en el cielo”. A sus compañeros les dice: “Adiós queridos compañeros, adiós a todos. Rogad por mi, hasta vernos allí donde siempre estaremos con el Señor”. Las lágrimas de emoción de sus compañeros corrían por sus mejillas en abundancia. Eran las dos de la tarde cuando abandonó en el carro junto a su padre el Oratorio en el que había permanecido tres años. Los compañeros y superiores abrigaban la esperanza de volver a verlo pero no fue así.

Llegaron a Mondonio al atardecer; Brigida, la madre de Domingo le abrazo tiernamente y sus hermanos y hermanas le hicieron fiesta. Los cuatro primeros días no guardo cama, parecía encontrarse bien, pero le volvió la tos y las fuerzas comenzaron a fallarle. Le visita el médico, le diagnostica una pulmonía y le practican diez dolorosas sangrías. Todos creen que mejora menos el que pide confesar y comulgar. Unos días mas tarde, ya en cama, pide que le den la unción de enfermos. El párroco le da también la bendición papal; Domingo se siente feliz. En el Oratorio siguen con muchísimo interés el proceso de su enfermedad. Don Bosco es informado de todo por el señor cura.

El párroco visito a Domingo una hora y media antes de morir, viendo su semblante sereno y alegre por lo que nadie podía pensar que su fin era tan inminente. Al marcharse el párroco Domingo le pide un recuerdo, no sabe que darle y le dice que recuerde la Pasión de Nuestro Señor. Se adormece durante media hora y al despertarse le dice a su padre que ya ha llegado el momento.  Le pide que tome “El Joven Cristiano” y que le lea las letanías de la buena muerte. A la madre, que llora con el corazón partido de dolor le dice que no llore, que va al Paraíso. El padre reprimiendo las lágrimas, lee las letanías a las que Domingo va respondiendo con verdadera devoción. Aludiendo a la ultima invocación dice: “Esto es lo que yo deseo papa, cantar eternamente las alabanzas del Señor”. Pareció conciliar el sueño y al rato dijo: “Adiós, papá. ¡Qué cosas tan hermosas veo!” Dicho esto, serenamente expiró. Eran las diez de la noche de aquel 9 de marzo de 1857.

Altar de Santo Domingo Savio y primera urna en que reposaron sus reliquias. Basílica de María Auxiliadora, Turín (Italia).

Fue sepultado el día 11 en el cementerio, tras el funeral al que acudió todo el pueblo. Su tumba siempre muy bien cuidada. Cambio hasta cuatro veces de lugar, la cuarta vez los restos fueron trasladados al interior de la capilla del cementerio donde se le preparo, al lado izquierdo del altar, un elegante sarcófago de mármol. Ahí estuvieron con gran veneración de los fieles, hasta que fueron inhumados en Turín en el año 1914.
El padre de Domingo comunicó en una carta el fallecimiento de este a Don Bosco; los compañeros se sumieron en una gran consternación.

Aproximadamente un mes después de la muerte de Domingo, su padre tuvo el grandísimo consuelo de ver aparecer mientras se encontraba en la cama sin poder conciliar el sueño a su querido hijo. Le pareció que la pared del techo se abría y en un gran resplandor aparecía Domingo, el padre le pregunto si ya estaba en el cielo y que rogara por él, su madre y todos sus hermanos. A todo respondió que “sí” Domingo, para desaparecer tal como vino.

Veinte años después de la muerte de Domingo, Don Bosco tuvo un sueño en el cual se le apareció el joven todo de blanco y con una faja roja en la cintura. Venia al frente de una multitud de jóvenes, Don Bosco le pregunto por qué iba vestido todo de blanco; no contesto él, sino un coro de voces que le dijeron: “Estos son los que ciñeron sus lomos con la mortificación y lavaron sus vestidos con la sangre del cordero”. Al preguntarle por el significado de la faja roja, también contestaron el coro de voces: “Son los que conservaron la pureza y siguen al cordero donde quiera que vaya”. Don Bosco comprendió que aquella faja roja significa los grandes sacrificios y esfuerzos que tuvo que hacer Domingo para mantenerse casto.

El 9 de julio de 1933 el Papa Pío XI declara Venerable a Domingo Savio, pronunciando las palabras que encabezan el articulo. El 5 de marzo de 1950 el Papa Pío XII lo declara Beato pues la comisión de teólogos y médicos había reconocido dos milagros por la intercesión del joven. Un milagro fue a favor del niño de siete años Sabatino Albano, que se encontraba en agonía, víctima de una grave enfermedad de septicemia y nefritis. El otro milagro fue a favor de una joven natural de Barcelona; María Consuelo Moragas, de dieciséis años; fue curada al instante de una doble fractura de codo. El 12 de junio de 1954 el mismo Papa Pío XII que lo beatifico cuatro años antes, lo canoniza en la plaza de San Pedro ante una gran multitud de jóvenes. Dos años después, el 8 de junio de 1956 es proclamado Patrón de los “Pueri cantores”.

Abel

Bibliografía:
– RAMÍREZ ARAGÓN, Miguel; “Domingo Savio: un mensaje para todos”. Editorial CCS.

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El Monte Carmelo y la Virgen del Carmen

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Panorámica del monte Carmelo, Palestina.

El Carmelo es una cadena montañosa situada en Palestina y que se extiende sobre el Mar Mediterráneo formando un acantilado, un escarpado promontorio. En el promontorio llamado cabo del Carmelo es donde está el monasterio carmelita del que a continuación hablaremos y que está situado a ciento setenta metros sobre el nivel del mar. Esta cadena montañosa es mencionada en el Antiguo Testamento, llamándola Hakkarmel; los árabes le llaman Kurmul, siendo el significado de estos nombres, “el jardín” o “el huerto” ya que es una montaña con abundante y riquísima vegetación, matorrales y árboles de hoja perenne.

Aunque este monte nunca es mencionado en el Nuevo Testamento, en el Antiguo, si. Su conquista se remonta a los tiempos de Josué y era el límite sur de la tribu de Aser. El Cantar de los Cantares habla de él, así como los profetas Isaías, Jeremías, Amós y otros. En este monte se había erigido un altar a Yahweh, cuyas ruínas fueron reparadas por el profeta Elías y es este profeta el que en más de una ocasión celebró allí alguna asamblea con el pueblo elegido, con el pueblo de Israel. Allí se reunían los israelitas para celebrar la luna llena y el sabbath y allí se establecieron los profetas Elías y Eliseo; de hecho, aun es conocida alli la llamada gruta de Elías, venerada por las tres religiones monoteistas.

El III Libro de los Reyes habla de la disputa entre el profeta Elías y los profetas de Baal acerca de cual era el verdadero Dios y como parte del pueblo se inclinaba por adorar al ídolo fenicio, Elías predijo una gran sequía, que se  produjo para castigar a los adoradores de Baal. Al tercer año, Elías consigue que el rey Acab reuna allí a todo su pueblo y a los sacerdotes de Baal y en presencia de todos consigue el milagro divino de que un fuego bajado del cielo consumiera el sacrificio ofrecido a Yahweh. Cuando todos adoraron al Dios de Israel, el profeta rogó al Señor en esta montaña, para que enviase la lluvia que paliara los daños producidos durante esa desastrosa sequía que azotó a Israel y a todos los pueblos vecinos; entonces vió en el cielo una formación de nubes, que se expandió rápidamente cubriendo todo el cielo y que produjo una refrescante y copiosa lluvia, que hizo fertilizar abundantemente a aquella tierra reseca. Pero no sólo el pueblo de Israel, sino también otros pueblos circundantes, consideraron a estos montes, como lugar sagrado; aún en tiempo de los romanos, como lo señala Tácito.

El profeta Elías arrebatado al cielo en carro de fuego. Estampa devocional italiana.

Posteriormente, las tres religiones monoteistas han seguido teniendo a este lugar como lugar sagrado y prueba de ello es que se sigue relacionando al Carmelo con el profeta Elías y que esa montaña sigue llevando el nombre de “Jebel Mar Elias”.

Estas nubes que vio el profeta Elías y esta lluvia milagrosa que cayó abundantemente del cielo, es considerada como una de las muchas premoniciones proféticas de María, fuente de toda gracia y lluvia de santidad contra el mal. Según la tradición, el mismo Elías estableció allí, en el Monte Carmelo, una comunidad de eremitas, que en soledad y oración veneraban a una virgen aún no nacida, que estaba destinada a ser la Madre del Mesías.

Este santo profeta del Antiguo Testamento, tan mencionado por los Santos Padres de la Iglesia es desde antiguo venerado en Oriente, tanto en el Monte Carmelo y en el santuario de Sarepta, como asimismo, en el cerro desde el cual, según la tradición, fue arrebatado por un carro de fuego que lo llevó a los cielos.

Pero hablar del Carmelo no se puede si no se hace mención a los Carmelitas, frailes católicos que se caracterizan por su doble condición de elianos y marianos. El origen de esta Orden está intimamente relacionado con el profeta Elías como lo atestigua la Regla dada por San Alberto, patriarca de Jerusalén a principios del siglo XIII a unos eremitas que procedían de Occidente y que se habían quedado en el Carmelo muy cerca de la llamada “fuente de Elías”, a quienes ordena construir una iglesia y vivir alrededor de ella, dedicandola a la Virgen y así, lo mismo que Elías había vivido como eremita en esa montaña, ellos también lo hicieron a imitación del santo profeta, pero bajo el amparo de Santa Maria, a la que los ermitaños consideraban su patrona. Esta Regla dada por San Alberto, fue confirmada por el Papa Honorio III en el año 1226 cuando San Simón Stock era Superior General de la Orden. Serán llamados hermanos de Nuestra Señora del Carmelo e hijos del profeta Elías, afirmando siempre que la Orden se había fundado en honor de Santa María.

Pero para hablar de la Orden del Carmelo hay que volver a recordar la figura venerable de San Simón Stock, que con doce años huyó de su casa y se refugió en el tronco hueco de un gran roble con la intención de vivir como ermitaño. El había nacido en Kent (Inglaterra), en el año 1185 y años más tardes se convertiría en el Superior General de la Orden cuando fue elegido en el Capítulo celebrado en Inglaterra. Gobernó la Orden durante veinte años y fue entonces, como he dicho antes, cuando obtuvo del Papa la aprobación definitiva de la Regla. Aunque no se sabe qué número de orden ocupaba en la lista de los Superiores Generales Carmelitanos, hay quienes dicen que fué el quinto, distinguiéndose por su piedad y por su amor a la Virgen a la que le solicitaba diese algún tipo de privilegio a su Orden como prenda de salvación eterna.

La Virgen entrega el escapulario a San Simón Stock. Estampa devocional italiana.

Y así, uno de los hechos más conocido e importante en la historia de la Orden religiosa de los Carmelitas fue la visión que tuvo San Simón Stock en el año 1251. Se le apareció la Virgen, rodeada de una multitud de ángeles, vestida como Nuestra Señora del Carmen y le entregó al anciano penitente y Superior General un escapulario milagroso del que anunció que libraría del infierno a cuantos lo usaran.
San Simón murió en Burdeos (Francia) el día 16 de mayo del año 1265 y allí está sepultado, en la catedral de la ciudad. El último reconocimiento canónico de sus reliquias se realizó en el año 1950, enviándose una parte de su cráneo al convento de Aylesford, en Inglaterra. Debido a esta aparición milagrosa de la Virgen y a la difusión del escapulario del Carmen, ligada a la Orden Carmelita, esta floreció, tuvo una gran difusión entre los siglos XIII y XIV.

Cuando en el año 1226, la Regla fue aprobada por el Papa Honorio III, los carmelitas establecieron la festividad de Nuestra Señora del Carmen, con el fin de festejar el reconocimiento de su Regla y al mismo tiempo, para recordar el antiquísimo origen de la espiritualidad carmelitana. Desde el siglo XIII, la Orden Carmelita tuvo una amplísima difusión en todos los países cristianos, difusión similar a la que tuvieron las Ordenes de los Franciscanos y de los Dominicos. No existía una ciudad que no tuviese una iglesia dedicada a María, flor del Carmelo y su correspondiente convento de carmelitas, que eran los continuadores de aquella antigua tradición de piedad mariana.

Actualmente existen las ramas masculina y femenina de la Orden, tanto en los de la Antigua Observancia como en los Descalzos y ligados de alguna manera a esta Orden, todas aquellas personas que tienen especial devoción al escapulario de la Virgen del Monte Carmelo, comúnmente llamada la Virgen del Carmen, cuya festividad se conmemora el día 16 de julio. Esta fiesta mariana es celebrada por la Iglesia Católica en todo el mundo. En la última reforma litúrgica se transformó en fiesta de IV clase, o fiesta de memoria libre.

Virgen del Carmen. Estampa devocional italiana.

En la fiesta de Nuestra Señora del Carmen existe un punto de encuentro entre los tiempos de la Antigua Alianza y el tiempo de la Redención en Cristo (Antigua y Nueva Alianzas) y no deja de tener un profundo significado el que este punto de encuentro se haga a traves de la figura y del amor de María, fuente de toda salvación, lluvia de toda las gracias y flor del Carmelo.

María es la Madre de Dios, es la Virgen entre las vírgenes, la concebida sin mancha alguna de pecado y su escapulario es un sacramental que vincula especialmente a los cristianos con María. La Virgen del Carmen es la madre y patrona de todos aquellos que viven vinculados al mar.

¡Regocíjese el desierto y la tierra reseca, alégrese y florezca la estepa!
¡Sí, florezca como el narciso, que se alegre y prorrumpa en cantos de júbilo!
Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón.
Ellos verán la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios. (Isaías 7, 10-14)

Felice

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Santa Filomena (resumida)

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Detalle de la muñeca en papel maché que contiene las reliquias de la Santa. Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, Mugnano del Cardenal (Italia).

Pregunta: ¿Quién es Santa Filomena? No tengo ni idea. ¿Podrías escribir un breve resumen acerca de ella? Gracias. Dios te bendiga. Estados Unidos

Respuesta: Santa Filomena es, estrictamente hablando, una mártir de las catacumbas. Su cuerpo fue hallado en 1802 en el cementerio de Priscila, Roma. La tumba estaba sellada con tres losas planas con la inscripción LVMENA PAXTE CVM FI y diversos símbolos que son: un ancla, un flagelo, un lirio, una flecha y una lanza, junto con la tradicional palma de la victoria, símbolo del martirio.

La tumba contenía el esqueleto de una joven chica con un vaso de sangre. Se consideró inmediatamente como una joven mártir y la inscripción fue reconstruida como PAX TECVM FILVMENA, de modo que la muchacha fue llamada Santa Filomena. La interpretación de esta inscripción, del nombre de la joven, así como de los símbolos y la cuestión del vaso no están exentos de polémica, pero sería extenso entrar aquí en detalles.

Los restos de la joven fueron transferidos a la iglesia de Nuestra Señora de Gracia de Mugnano del Cardinale, provincia de Avellino (Italia), y pronto se dieron ciertos prodigios y fenómenos inexplicables respecto a ellas, siendo el más sonado la milagrosa curación de la Venerable Pauline Jaricot, fundadora del Rosario Viviente.

Las reliquias de la Santa sacadas en procesión con ocasión de su festividad (11 de agosto). Mugnano del Cardenal (Italia).

Las reliquias de la Santa sacadas en procesión con ocasión de su festividad (11 de agosto). Mugnano del Cardenal (Italia).

Respecto a su historia, como sucede con los mártires de las catacumbas, nada puede saberse. Se ha dicho que la Santa se apareció en 1832 a una monja napolitana y le contó la historia de su vida y martirio. Pero ese relato está lleno de errores históricos y es imposible aceptar su autenticidad. Ello, y otras cosas, han fomentado que en la actualidad la Iglesia Católica haya optado por no promover el culto público de Santa Filomena.

A pesar de ello, la pequeña mártir de las catacumbas ha generado un sorprendente fenómeno de devoción y popularidad como pocos Santos han generado, siendo posible realizar culto privado o local respecto a ella. A pesar de la polémica que la rodea, en la actualidad su culto no sólo es muy importante, sino que está en expansión, especialmente en América, África y Asia, siendo un centro muy importante Filipinas. Todo ello se debe al trabajo conjunto del Rosario Viviente y el Santuario de Mugnano, que actualmente desarrollan misiones evangelizadoras y devocionales en diversos países de estos continentes.

Sobre ella todavía hay mucho que decir y sería imposible resumirlo más. Para más información, recomiendo visitar la web de su Santuario en Mugnano (http://www.philomena.it/) y la web oficial del Rosario Viviente (http://www.philomena.org/) donde encontrarás información mucho más detallada acerca de esta fascinante Santa. Espero haberte ayudado y que Dios te bendiga a ti también.

Las reliquias de la Santa sacadas en procesión con ocasión de su festividad (11 de agosto). Mugnano del Cardenal (Italia).

Las reliquias de la Santa sacadas en procesión con ocasión de su festividad (11 de agosto). Mugnano del Cardenal (Italia).

(Este artículo-resumen, sencillo y sucinto en extremo, sirve como apertura de una serie mayor sobre esta fascinante mártir de las catacumbas, donde iremos profundizando progresivamente y cada vez más en ella y en datos arqueológicos y cultuales que arrojen luz sobre la popularidad de esta Santa desconocida por encima de sus semejantes).

Meldelen

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María Santísima, Reina de todos los santos (II)

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Icono de la Virgen (año 1900). Iglesia de San Elías, Sama.

Iniciamos en enero un nuevo apartado que titulamos “María Santísima, Reina de todos los santos”. En aquel primer artículo hablamos de las referencias a la Santísima Virgen en el Antiguo Testamento y hoy vamos a hablar de lo que de Ella se dice en el Nuevo Testamento.

Son varios los textos neo-testamentarios (Evangelios, Hechos y Apocalipsis) que hablan de Ella, siempre asociándola íntimamente a Cristo, su Hijo, en las tres etapas de su vida: la privada, la pública y la gloriosa. Como es lógico, no puede ser de otra manera ya que la importancia de María le viene de su Hijo.

Durante la vida privada de Cristo:
La primera mujer que llevó ese nombre fue la hermana de Moisés (Miriam) y en los tiempos de Cristo era un nombre muy común entre las mujeres hebreas, por lo tanto, María tenía un nombre, que de por sí, no la distinguía de ninguna otra mujer. Sobre el significado de este nombre hay muchas interpretaciones y de este tema, son numerosos los autores que han escrito. Los significados más probables parece que son cuatro: “bella” (del verbo hebreo mârâ), “rebelión” (del verbo hebreo “mârâh” y que se interpreta como la rebelión de María contra el demonio (!!), “amarga” (del verbo “mârar”, que significa “estar amargado” o en sentido moral “estar dolorido”, o sea, “La Dolorosa”) y “amada de Dios” (del nombre egipcio “mry” y del hebreo “iam”, o sea Miriam). Este último significado es el más aceptado por todos ya que parece como el más apropiado para ser el nombre de la Madre de Dios. A continuación haré un somero relato de lo que dicen las Escrituras.

María vive en Galilea; en Nazareth se le aparece el arcángel Gabriel para anunciarle que será la Madre del Mesías: la saluda, está comprometida con José que es de la estirpe de David y le dice que va a concebir en su seno por obra del Espíritu Santo y para que la crea, le dice lo que le ha ocurrido a su prima Isabel, que siendo anciana ha quedado encinta. Inmediatamente Ella dice: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” y el ángel se fue (Lucas 1, 26-38) y en ese momento “el Verbo se hizo carne” en el vientre de María (Juan, 1, 14).

Boceto de la Anunciación. Francisco de Goya y Lucientes.

María se pone en marcha y va a Judea a visitar a su prima Isabel en la zona montañosa de Ain-Karim. Su prima es la esposa del sacerdote Zacarías y Ella va a darle la noticia, a felicitarla también por su avanzado embarazo y a ayudarla. A través de su Madre, Cristo santifica a Juan, su Precursor, el cual salta de alegría en el vientre de Isabel y de ahí que Isabel le diga a María “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre; cómo que la Madre de mi Señor viene a visitarme” (Lucas 1, 42-43). María responde con el canto del “Magníficat”: “en adelante, me llamarán bienaventurada todas las generaciones” (Lucas 1, 14). Y allí se queda María, unos tres meses, hasta que nace Juan el Bautista, retornando posteriormente a su casa en Nazareth.

Mientras, un ángel le ha anunciado a José en sueños que María ha concebido virginalmente al Mesías (Mateo 1, 18-25) y como consecuencia de la orden dada por el emperador de que todos tenían de censarse en su ciudad de origen, han de ponerse en camino y marchar hacia Belén, pues de allí descendía José. Y allí y no encontrando posada donde alojarse, le llega la hora del parto a María: nace Cristo, lo envuelven en pañales y lo acuestan en un pesebre. Inmediatamente, unos pastores que guardaban su rebaño a la intemperie, son avisados por un ángel y van a visitar a Jesús, María y José. Ocho días más tarde, conforme ordenaba la Ley de Moisés, circuncidan al Niño y le ponen el nombre de Jesús (Lucas 2, 1-20). En Belén reciben la visita de los Magos que le traen como regalo oro, incienso y mirra (Mateo, 2, 1-2). A fin de purificarse y de presentar al Niño en el Templo, a los cuarenta días marchan a Jerusalén y ofrecen dos tórtolas y dos palomas, ya que su Hijo era el primogénito y conforme a la Ley de Moisés, pertenecía al Señor. Se encuentran a Simeón y Ana que les profetizan que una espada le atravesará el corazón (Lucas 2, 22-39).

Como Herodes había ordenado matar a todos los varones menores de dos años residentes en Belén, un ángel avisa en sueños a José y le dice que huyan a Egipto donde los hebreos estaban también asentados. Ellos salen de noche y después de un viaje de muchos días, llegan al exilio. Cuando muere Herodes, son avisados de nuevo por un ángel y retornan a Nazareth (Mateo, 2, 13-23). Cuando el Niño tiene doce años, María y José van en caravana desde Nazareth a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Como el Niño era mayorcito se lo llevaron con ellos. Pero, después de siete días, de vuelta a casa, se dan cuenta que el Niño no va con ellos. Regresan angustiados a Jerusalén para buscarlo y, después de tres días, lo encuentran en el Templo enseñando a los doctores de la Ley. María le muestra a su Hijo la angustia que han sentido como padres y el Niño les contesta: “¿No sabéis que debo preocuparme de las cosas de mi Padre?”. María y José no lo comprenden y marchan de regreso a Nazareth llevándose al Niño consigo (Lucas 2, 41-52).

Detalle de "Las Bodas de Caná", tabla gótica flamenca de Gérard David (s. XVI). Museo Nacional del Louvre, París (Francia).

Durante la vida pública de Cristo:
María y Jesús están invitados a una boda en Caná de Galilea y en medio de la boda se quedan sin vino. María se lo dice a Jesús y El le contesta que “aún no ha llegado mi hora”. Ella, aún así le dice a los sirvientes que acudan a Él y se produce el milagro de la conversión del agua en vino. Dice el evangelista que Jesús mostró así su gloria y que sus discípulos creyeron en Él (Juan, 2, 1-11). Después de este milagro Jesús, con su madre y sus discípulos marchan a Cafarnaún, donde se quedan unos días (Juan, 2, 12).

Los evangelios cuentan que un día, mientras Jesús hablaba a una muchedumbre, uno de los presentes menciona a su madre y a sus hermanos y Jesús, refiriéndose a todos los que allí estaban, dice: “Estos son mi madre y mis hermanos. Todo el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mateo, 12, 46-49; Marcos, 3, 31-35 y Lucas, 8, 19-21).

En otras dos ocasiones se habla de María en los evangelios. En el evangelio de San Marcos (6,3): “¿No es este el carpintero, hijo de María…?” Y en el de Lucas (11, 27-28) cuando una mujer le dice a Jesús “Bendito el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron” y Él responde: “Benditos los que escuchando la palabra de Dios, la ponen en práctica”.

Y por último, al final de la vida pública de Jesús, cuando Este es apresado, juzgado, torturado y clavado en una cruz hasta que muere, María está allí presente, soportando este inmenso dolor y acogiendo a Juan como a su hijo (Juan 19, 25-27)

Calvario. Óleo de Hendrick Van Der Brugghen (s. XVII).

Durante la vida gloriosa de Cristo:
Los Hechos de los apóstoles (1, 14) narran que después de la Ascensión del Señor a los cielos, estaban reunidos en oración en el cenáculo, los discípulos, las mujeres que seguían a Jesús y María con ellos y desciende sobre todos ellos el Espíritu Santo. Allí estaba Ella como Madre de la recién nacida Iglesia para dedicarle todos sus cuidados maternales como si fuese a su propio Hijo.

Y finalmente, en el Apocalipsis (12, 1), “aparece en el cielo como una Señora, que se cubre con el sol, la luna está a sus pies y se ciñe la cabeza con una corona de doce estrellas”. Esta señora, de la que habla el último libro inspirado por Dios es la misma Mujer de la que habla el Génesis, el primer libro inspirado. María aparece en la Biblia desde el principio hasta el final. Estos dos textos bíblicos tienen un cierto paralelismo: se habla de la Mujer, de su Hijo y de Satanás. Esta Mujer es la Madre del Mesías, es una mujer gloriosa, que está junto al trono de Dios, gloriosa con su hijo glorioso, como lo estuvo dolorosa en la cruz mientras sufría y moría su Hijo.

El mes próximo seguiremos con un artículo más sobre la Santísima Virgen y trataremos sobre lo que de Ella dicen los textos apócrifos, no canónicos.

Antonio Barrero

Ave, Regína coelórum,
Ave, Dómina angelórum:
Salve, radix, salve, porta,
Ex qua mundo lux est orta:
Gaude, Virgo gloriósa,
Super omnes speciósa,
Vale, o valde decóra,
Et pro nobis, Christum exóra.
Salve, Reina de los cielos
Y Señora de los Ángeles;
Salve raíz, salve puerta,
Que dio paso a nuestra luz
Alégrate, virgen gloriosa,
Entre todas, la más bella;
Salve, agraciada doncella,
Ruega a Cristo por nosotros.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santos Álvaros de Córdoba

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Busto relicario del Beato Álvaro. Convento Scala Coeli, Córdoba (España).

Pregunta: Me llamo Álvaro y me han dicho que mi santo es cordobés. He buscado información y me he enterado de que hay dos santos cordobeses con el mismo nombre. ¿Cuál puede ser el mío ya que yo lo celebro el día 19 de febrero?

Respuesta: Pues tienes que escoger entre los dos, porque efectivamente hay dos Álvaros de Córdoba, aunque bien es verdad que uno de ellos es beato. Y para rizar más el rizo, los dos celebran su festividad el mismo día, o sea, hoy.

Uno es un santo mozárabe amigo de San Eulogio de Córdoba (siglo IX) y el otro, fraile dominico, que vivió en el siglo XV. Vamos a decir algo sobre los dos, pero ya te digo, la festividad de ambos la celebramos en el día de hoy, 19 de febrero.

San Álvaro de Córdoba (siglo IX):

El primero es un santo mozárabe que vivió en el siglo IX en pleno apogeo del Califato de Córdoba. Nació en el seno de una familia de origen godo, noble y muy rica. Al igual que los miembros de su familia él era un intelectual, gran humanista y profundo teólogo, conocedor de las Sagradas Escrituras, dominando muy bien la lengua latina. En esto se distinguió bastante porque fue un gran defensor del latín frente al predominio del árabe que entonces se hablaba en su ciudad natal.

Se casó con una sevillana y fue gran amigo y confidente de San Eulogio de Córdoba, quien le llamaba “doctor egregio y fuente de sabiduría”. Ambos habían sido discípulos del abad Speraindeo (“espera en Dios”) y ambos se habían distinguido por su sabiduría. Álvaro era vehemente, como Eulogio, durísimo cuando discutía con quienes negaban a Cristo o renunciaban a la fe, radical y exigente en su retórica y al mismo tiempo, dulce en el trato con los demás. Pocos datos concretos se conocen de su vida y tampoco se conoce la fecha exacta de su muerte, pero si se sabe que murió extremadamente pobre por haber repartido su fortuna y por haber sido exprimido por el ansia recaudatoria del Califa.

Cuando ambos amigos tuvieron que separarse, Eulogio escribió una carta a Álvaro enviándole el libro del “Memorial de los Santos”, diciéndole cuando lo empezó, interrumpió y acabó y pidiéndole que se lo limase y corrigiera. Álvaro le responde alabando la obra de Eulogio, su importancia y la elegancia de su lenguaje. Le exhorta a que la publique y le muestra su extremado cariño. Esta larga carta merece ser leída en su totalidad, pero a fin de no alargar el artículo, solo reseñaré el comienzo de la misma, párrafo que nos da una idea de la profundidad humanista y teológica de la carta y de su delicado y cálido lenguaje:

Detalle de un mural con una escena de la vida del Beato Álvaro, en su ermita de Córdoba (España).

“Al Reverendísimo Padre Eulogio, de su amigo Álvaro;
Me has recordado, señor mío, los ejemplos de los antiguos y has encendido en todos los fieles el viejo y ya olvidado calor, es decir, la fuente de vida eterna que brota de los veneros del corazón de Jesús, quien, compadecido del error de nuestro siglo, ha inspirado a los mártires para salir a la liza, y a ti, doctor muy veraz, para ensalzarles. Te has armado de un poder más divino que humano; te has arreado con las galas de las elocuencias celestial y mundana y has salido el primero a enaltecer el martirio, a romper lanzas en defensa de la Iglesia y en contra de la eterna lucha, batiéndote así, por todos nosotros, en los combates del Señor…”

Como he dicho es una extensa carta, escrita en latín. Recordemos el artículo publicado el día 10 de octubre del año pasado sobre los santos mártires mozárabes y cómo San Eulogio los animaba al martirio, muriendo él mismo como mártir. Eulogio murió mártir habiendo sido elegido obispo de Toledo pero antes de tomar posesión de su sede toledana y cuando Álvaro se enteró le escribió la siguiente oración:

Oración que San Álvaro hizo a su amigo San Eulogio cuando se enteró de que este había sido martirizado:
Nunc te rogo sancte, recolas ut nomen amici,
Quem tua hic dulcis amititia fixum,
Alvari extremi, qui multa clade reati
Infectus vitiis pergit per devia mundi.
Prex tua hunc revehat lapsum ad pascua vitae,
Ut solite Sancto digno nectatur amore.
Quo tibi coniuctus mansit per saecula charus,
Praesta Deus deorum regnans per saeculis. Amen.

“Ruégote ahora, santo, recuerdes el nombre del amigo, a quién te unió la más dulce intimidad en la tierra. Acuérdate de Álvaro, el último que, lleno de vicios, camina aun por las sendas intransitables de este mundo, herido con las lacras del pecado.
Tu oración levante a este caído a los pastos de vida, para que se una al Santo con el digno amor de siempre, por el que, estrechado contigo, te fue caro en los siglos.
Dámelo, Dios de dioses, que reinas eternamente. Amén.”

San (Beato) Álvaro de Córdoba, fraile dominico:

Nació en Zamora, y entró en la Orden de Predicadores en el año 1368. Fue profesor del colegio de San Pablo de Valladolid y maestro de Teología en la Universidad de Salamanca. Fue un gran predicador dominico en España y en Italia y siguiendo las sendas del Beato Raimundo de Capua, promovió la recuperación de la observancia de la Regla de Santo Domingo fundando en el año 1413 el convento “Scala Coeli” cercano a Córdoba donde reunió a los frailes más fervorosos de toda la Península Ibérica. Por esto, fue elegido para que presidiera en diferentes lugares el movimiento de la reforma de la Orden.

Escultura del Beato Álvaro en la puerta de su convento de Córdoba (España).

Muy austero y hombre de profunda oración, fue llamado a palacio por el rey Juan II de Castilla para que ejercer de confesor y consejero real. Su intensa piedad lo empujo a visitar los lugares santos de Palestina y a su regreso impulsó en su convento la meditación sobre la Pasión de Cristo por lo que se le recuerda como el primero que promovió el ejercicio del “Vía crucis”. Un día se encontró en la calle a un hombre pobre y se lo llevó al convento; el pobre se “convirtió en Jesucristo” y es por este motivo por lo que se le representa así iconográficamente (ver foto).

Murió el día 19 de febrero del año 1420 y está sepultado en su convento cordobés. El Papa Benedicto XIV aprobó su culto el día 22 de septiembre de 1741. Su fiesta también se conmemora hoy. Aunque oficialmente es Beato, se le denomina popularmente Santo.

Antonio Barrero

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