Martyrium: hogueras y hornos

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

"Juana de Arco en la hoguera", óleo de Hermann Anton Stilke (1843).

La hoguera o pira siempre ha tenido un simbolismo especial desde antes de la cultura grecorromana. El fuego, elemento mágico y devastador, fue considerado siempre como agente purificador que borraba toda mancha. De ahí que uno de los rituales funerarios más ancestrales sea la incineración. No sabemos cuándo empezó a usarse, tristemente, como medio de ejecución, pero igualmente jugaba como rito de purificación. Se quema al blasfemo, al sacrílego, al hereje; y se ha quemado desde el mundo antiguo hasta nuestros días, siendo especialmente conocida la etapa medieval-moderna con su caza de brujas. Al quemar al que ha cometido la falta, se le purifica a él o ella y a la sociedad, que queda limpia de la mancha que ofendía a la divinidad.

Para los paganos, naturalmente, un cristiano era blasfemo y sacrílego, pues aunque les era fácil tolerar otros cultos, no toleraban en cambio que se atentara contra el suyo. Desobedecer un edicto imperial, romper la imagen de un dios, o injuriar el panteón pagano era intolerable profanación política, moral y religiosa para los antiguos. Y muchas veces la forma elegida para expiar dicho sacrilegio era el fuego.

Estamos acostumbrados a contemplar el mártir atado en su estaca en medio de un montón de leña, pero ésta es la modalidad medieval de hoguera. En el mundo antiguo era distinto: se preparaba, en efecto, una pira, o bien el condenado era forzado a arrojarse a ella, o se le ataba desnudo a cuatro estacas en posición horizontal (brazos y piernas abiertos en X), mirando al cielo, y bajo su espalda se encendía la pira. Muchas veces sólo se empleaba como tortura, por lo que el fuego estaba bien controlado, o se extinguía rápidamente si el condenado aceptaba cumplir el edicto.

Algunas mártires que padecieron este suplicio son:
Santa Agatoclia (17 de septiembre): fue quemada viva tras negarse a sacrificar a los dioses.
Santa Anastasia de Sirmio (25 de diciembre): también llamada «de Roma» o la Dispensadora de Medicinas (Pharmakolytria), gracias a su passio hemos podido documentar bien la modalidad antigua de hoguera.
Santa Inés (21 de enero): arrojada por la fuerza sobre la pira, en su caso los autores de la passio nos hablan de una milagrosa inoperancia de las llamas –lo cual es recurrente en las leyendas hagiográficas- por lo que se hubo de recurrir al degollamiento.
Santa Lucía (13 de diciembre): en su passio ocurre lo mismo que en el caso de Inés.
Santas Ágape, Quione e Irene (1 de abril)
Santa Antonina de Nicea (4 de mayo): Una de las versiones de su martirio afirma que finalizó el curso de sus tormentos siendo quemada viva.
Santa Zoe de Roma (5 de julio): colgada de un árbol, se le encendió la hoguera bajo los pies, cuyo humo la asfixió antes de que las llamas la tocasen. Esto se debe a que se usaron excrementos como combustible, que desprenden metano (un gas letal para el ser humano en altas concentraciones) al quemarse.
Santa Febronia de Nisibe (25 de junio): modelo de pira como tortura.
Santa Julita de Cesarea de Capadocia (30 de julio): quien, siendo condenada a morir en la hoguera, subió alegre y voluntariamente a la pira, pero pereció por asfixia, ya que las llamas no llegaron a tocarla.
Santa Afra de Augsburgo (7 de agosto): su caso es ciertamente interesante, pues siendo sacerdotisa de Venus y habiendo apostatado de ella en pro de la fe cristiana, se entendió que había injuriado a la diosa y fue quemada como sacrílega. Junto con ella, y por la misma causa, Santas Hilaria, su madre, Digna, Eunomia y Eutropia, sacerdotisas compañeras.
Santa Yolana: virgen mártir gala, compañera de Santa Benedicta de Origny, quemada viva por haber predicado el Evangelio en tiempos de Juliano el Apóstata.
Santa Apolonia (9 de febrero): linchada y amenazada con la hoguera, prefirió arrojarse ella misma antes que ser forzada a ello.
Santa Restituta de Túnez (17 de mayo): colocada en una barca lubricada con pez, incendiada y abandonada a la deriva en el mar.
Santa Eufrosina de Karyes: anciana religiosa ortodoxa, torturada por unos piratas turcos y colgada de un árbol donde fue quemada viva.
Y por último, no conviene olvidar a Santa Juana de Arco (30 de mayo), quemada injustamente por hereje y relapsa.

Cocida a fuego lento, en la modalidad de hoguera típica de Asia oriental, recordamos a la mártir japonesa Santa Marina de Omura (11 de noviembre).

Martirio de Santa Anastasia. Grabado de Antonio Tempesta (ca.1600) para "Immagini di molte SS. vergini Romane nel martirio". Isituto Nazionale per la Grafica, Roma (Italia).

Existe una variante de la hoguera, el horno, que tenía prácticamente el mismo simbolismo y operancia. Solía encerrarse a la víctima en un horno metalúrgico (y no de pan, que obviamente se destinaba a la producción del alimento). Dado que incineraba cualquier cuerpo en poco rato, para suavizar la brutalidad de este sistema los hagiógrafos también suelen recurrir a milagrosas inoperancias para edificación del lector.

Santa Albina de Cesarea (16 de diciembre): desnudada, aceitada y arrojada a un horno encendido, éste se apagó, sin embargo, al recibir el cuerpo de la mártir.
Santa Gliceria de Heraclea (13 de mayo): fue arrojada a un horno encendido, cuyas llamas apagó un rocío milagroso.
Santa Helicónide (28 de mayo): fue arrojada dentro de un horno encendido y luego quemada en la parrilla, pero salió ilesa del suplicio por intervención de un ángel.
Santa Cristina de Bolsena (24 de julio): Según su legendaria passio, estuvo hasta siete días encerrada en un horno a toda potencia, pero no se quemó: un ángel bajó del cielo, se sentó a su lado, la tomó de la mano y cantaron himnos juntos hasta que vinieron a sacarla (anda que… cómo vuela la imaginación en el medievo).
Santos Hesperio, Zoe, Ciríaco y Teódulo (2 de mayo): familia de esclavos que por no querer participar del banquete de ofrenda a la diosa Fortuna que había celebrado su amo, fueron desgarrados con hierros y quemados vivos en un horno.
Santa Reparata de Cesarea (8 de octubre): Se dice exactamente lo mismo que respecto a Santa Cristina. Es posible que un relato haya sido copiado del otro.
Santa Dróside (22 de marzo): probablemente sea una mártir legendaria, pero la leyenda la hace hija de Trajano, que se arrojó voluntariamente al horno en un descuido de su familia. Poco antes que ella habían sido quemadas las Santas Áglae, Apolinaria, Mamtusa y Thais.
Santa Pelagia de Tarso (4 de mayo), fue cocida viva dentro de un horno de fundir cobre con forma de vaca o toro (el célebre Toro de Falaris).
Santa Teopista, esposa de San Eustaquio y madre de los Santos Agapio y Teopisto, ejecutada también con su familia dentro de un Toro de Falaris.
Aunque casi siempre aparezca representada Santa Eulalia de Mérida (10 de diciembre) portando un hornillo en la mano, no parece que éste fuera su destino, sino que fue quemada con antorchas, lo que ya hemos tratado anteriormente. En este caso, el hornito significa muerte por fuego, más que el instrumento propio del martirio.

Martirio de la Santa. Iluminación del Menologio de Basilio II (s.X). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Martirio de la Santa. Iluminación del Menologio de Basilio II (s.X). Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Como siempre, dejo libertad a mis lectores para que propongan a su gusto santos varones que hayan muerto mediante el fuego, también.

Meldelen

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