Nuestra Señora de las Lajas (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Imagen de la Virgen venerada en su santuario en Ipiales, Nariño (Colombia).

Aparición y primeros milagros:

Nuestra Señora de las Lajas es una advocación mariana colombiana que según  fuentes, apareció milagrosamente en una cueva de Ipiales, municipio del departamento de Nariño, al suroccidente de Colombia y que debe su nombre a la piedra laja  donde está plasmada su imagen. Debido a que  no quiero extenderme mucho en el presente artículo, hablaré sólo del suceso de su aparición y primeros milagros, en próximos artículos tocaré otros puntos como los inicios de su veneración  y el levantamiento de su santuario.

Corrían los primeros años del siglo XVIII y María Mueses viajaba del pueblo de Ipiales a Potosí por las fuertes y peligrosas laderas que hoy se denominan “Las Lajas”, cuando estaba próxima a llegar al puente por donde atraviesa el río Pastarán, se desató una imprevista tempestad, lo que obligó a María a refugiarse en una cueva natural cercana, llena de temor causado no sólo por la fuerte lluvia, sino por la creencia vulgar de esos tiempos en que se afirmaba que el demonio señoreaba el puente convirtiendo en despojo a toda  persona que se atreviese a pasar sola. Es por esto que a María no le queda más remedio que esperar a que termine la lluvia, y aprovechar el tiempo para encomendarse a Nuestra Señora del Rosario. En esos momentos, alguien roza su espalda y al dar la vuelta no ve más que las silenciosas rocas de aquella cueva, así que María presa del miedo, concluye salir de la cueva, cruza el puente y en menos del tiempo ordinario llega a Potosí.

Días después, María retorna a Ipiales llevando en su espalda a su hija Rosa (la cual era sordomuda de nacimiento) y al llegar a la cueva del Pastarán, se sienta a descansar en una roca,  advirtiendo pronto que Rosa trepaba los costados de la roca  y exclamaba al mismo tiempo “mamita, vea una mestiza que se está despeñando con un mesticito en los brazos y dos mesticitos a los lados” (los mestizos de los que habla Rosa, corresponden a la Virgen María con el Niño Jesús en sus brazos y a los Santos Domingo de Guzmán y  Francisco de Asís, que se encontraban a la izquierda y  a la derecha de la Virgen). Como era de esperarse, María se llenó de sobresalto, debido a que era la primera vez que oía hablar a su hija y además porque las personas que ella mencionaba no aparecían por ningún lado, así que con presura se echó de nuevo a Rosa en la espalda y se fue pensando en lo sucedido. Ya en la casa de la familia Torresano contó a todos lo sucedido, pero los patrones avisados de la naturaleza india, consistente en forjarse leyendas y visiones no creyeron en lo que les decía su criada.

Habiéndose cumplido la misión casera que había causado el viaje de María a Ipiales, emprende el regreso a Potosí, cuando iba de camino a esta población volvió a encontrarse cerca a la célebre cueva, en ese momento fue invadida por el miedo y lentamente caminó hacia la  entrada de dicho lugar, justo en ese instante, la pequeña Rosa dice “Mamita, la mestiza me llama” en ese momento, María ostentando valor apuró el paso, cerró sus oídos, volteó la mirada e impuso silencio a su hija.

Escultura de María Mueses llevando a su hija Rosa a la espalda.

Tan pronto como llego a Potosí, María comunicó a sus deudos y amigos lo acontecido, y como era de esperarse, la noticia se regó por todo el vecindario, siendo María víctima de chismes, averiguaciones y vanos supuestos. En esas circunstancias  María se percata de que Rosa no aparece en sitio alguno, así que ansiosa la busca y pide razón de ella en todas partes, mas nadie sabe darle respuesta sobre su paradero. María entonces tuvo el presentimiento de que Rosa  estaba en aquella cueva misteriosa, así que  apresurada salió a alcanzarla y al llegar a la gruta, encuentra a su hija arrodillada a las plantas de la Mestiza y jugando familiarmente con el rubio Mesticito que desprendido de los brazos de su madre, hacía ya gustar al alma de Rosa sus divinas ternuras inefables. Al contemplar este hermoso cuadro, María cae de rodillas y en un vuelo de ingenuas plegarias, estalló su corazón. Desde aquel momento, Rosa y María entendieron que Dios estaba obrando, por lo cual ambas visitaban frecuentemente la cueva y depositaban en las hendiduras de las rocas velas de cebo y flores campesinas.

Tiempo después, Rosa cayó enferma de muerte y entregó su alma a Dios, María, deshecha en amargura, concibió la idea de llevar el cadáver de la niña a los pies de la Mestiza, para allí hacerle el recuento de las velas y las flores que su hija le obsequiaba y pedirle que a cambio de todos aquellos presentes le  restituyera la vida a su hija. Con aquel ánimo, llegó de nuevo a la cueva, y agobiada la Santísima Virgen por todas las insistentes y dolientes súplicas maternales, alcanzó de su Hijo que Rosa volviese a la vida.

En un próximo artículo, seguiré hablándoles sobre otros aspectos importantes relacionados con el culto a esta advocación.

Lucho

Bibliografía:

– MEJÍA Y MEJÍA, J. C. Apuntes Relativos a la Historia de Nuestra Señora de las Lajas. Quito: Imprenta del Clero.1938.

Enlaces web (consultados a 30/01/2011):

– http://www.esacademic.com/dic.nsf/eswiki/862971

– http://www.cruzadacentrocultural.org/articulo-nuestra-senora-de-las-lajas-la-firma-de-dios-sobre-la-creacion

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