San Roque y todos sus atributos iconográficos

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Imagen del Santo venerada en la parroquia de Santa María del Monte, San Sostene (Italia).

En la lista de los santos y beatos, San Roque representa los únicos atributos que representan su vida apostólica entre los enfermos: el perro, el pan, el bastón, el ángel, la calabaza, el “sanroquino”, el casco, la llaga, el tablero y, menos frecuentemente, la Corona del rosario, la Cruz Roja, la Corona y el Libro.

El perro fue para el Taumaturgo el signo tangible de la Providencia Divina, que lo socorría cuando estaba en condiciones de extrema necesidad. Es un símbolo de su fidelidad a la llamada divina y de la fidelidad de Dios con sus hijos.

El pan fue su sustento en la famosa parada de Piacenza, donde el santo se recluyó porque se encontraba enfermo. Un perro le llevaba la comida cogiéndola de la mesa de su amo Gottardo. Simboliza la Eucaristía, sostén en el camino de la vida.

El bastón o cayado recuerda las largas marchas del peregrino, con el cual ejercitó la caridad de manera insigne y heroica, calmando heridas físicas y morales, enjugando lágrimas y consolando los dolores de los hombres. Es un símbolo que nos dice que la vida es una peregrinación, un viaje hacia la Eternidad.

El Ángel Celestial es el eslabón que une la experiencia terrenal del santo con la presencia Divina que le infunde valor, especialmente el tiempos de sufrimientos, soledad e ingratitud humana. Es el símbolo de la presencia Divina, que nos acompaña en los pasos de todos nuestros días.

La calabaza (y la botella) invoca una vez más la peregrinación; guarda el agua para calmar el ardor del camino. Es un símbolo de la sed que de lo divino tiene todo hombre.

El “sanroquino” es siempre un hábito ligado a la peregrinación, capa corta hecha de paño que servía para protegerse de la intemperie. Es un símbolo de la protección divina y de la dirección a tomar en el peregrinaje hacia la Eternidad.

Relieve del Santo en la catedral de Como (Italia).

La concha recuerda la peregrinación a Santiago de Compostela. Todo peregrino que iba a Galicia, cogía una concha de la playa, como signo de haber hecho la peregrinación. Simboliza la perseverancia: la vida de fe es para el discípulo, es un camino de fidelidad renovada ante las cosas caducas.

La llaga recuerda la enfermedad de la peste que el santo contrajo en los alrededores de Piacenza. La caridad no es darse a sí mismo de forma moderada, sino que es darse totalmente, hasta la donación total de uno mismo. Simboliza la caridad cristiana.

La tableta hace conmemoración de la escena hagiográfica en la que se recuerda la gracia solicitada en el momento de la muerte de San Roque. El Señor acoge las oraciones sinceras de sus hijos: Roque, también en su muerte se muestra como un hombre caritativo.  Simboliza la comunión de los Santos y la oración de intercesión.

La “Cruz roja” solo está presente en algunas imágenes del Santo Peregrino francés y recuerda el deseo de tener siempre una cruz en el pecho desde el mismo momento de su nacimiento. Es símbolo de la predilección Divina para que fuera el Apóstol de la Caridad.

La Corona, está resente de una manera particular en un cuadro de  Pietramelara (CE), y recuerda, según la tradición, el origen noble del Santo. Simboliza la corona de gloria ganada en Cristo a través de las obras de la fe y de la caridad.

La Corona del Rosario solo está presente en algunos iconos del Santo y recuerda su vida de oración: la oración del Rosario que nació justo en el momento histórico en el que vivió Roque de Montpellier. Simboliza la oración cristiana simple y cotidiana.

Sepulcro del Santo en su iglesia de Venecia.

El Libro, está presente de manera particular en la estatua conservada de San Sostene (CZ) y recuerda la capacidad del Santo  para entrar en la escuela de Cristo, el Jesús de los Evangelios. Es un símbolo del discipulado cristiano, que encuentra su verdad en las Sagradas Escrituras.

Hay otros símbolos iconográficos pero que tienen una relevancia relativa, como por ejemplo: los enfermos, la bolsa de viaje o la capucha para resguardarse del sol. Estas reunen en si mismas el apostolado peregrinante, caritativo y consolador de San Roque.

Damiano Grenci

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La Anunciación

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"La Anunciación", óleo de Henry Ossawa Tanner (1898). Philadelphia Museum of Art (EEUU).

“En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David. El nombre de la virgen era María. Cuando entró a donde ella estaba, dijo: ¡Te saludo, la llena de gracia! El Señor está contigo. Pero ella se turbó por sus palabras y se preguntaba qué clase de salutación sería ésta. Entonces el ángel le dijo:¡No temas, María! porque has hallado gracia ante Dios. He Aquí concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le llamarás Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de su padre David. Reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel:¿Cómo será esto? Porque yo no conozco varón. Respondió el ángel y le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por lo cual también el santo que nacerá será llamado Hijo de Dios. He aquí, también tu parienta Isabel ha concebido un hijo en su vejez. Este es el sexto mes para ella que era llamada estéril. Porque ninguna cosa será imposible para Dios. Entonces María dijo: He Aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de ella”.

Este es el relato que nos hace el evangelio de San Lucas del momento en que María sabe que ha sido destinada a ser la Madre del Mesías. (Lucas, 1. 26-38). María debía ser una adolescente pobre, que vivía en el seno de una familia muy humilde, en una aldea de Galilea también muy pobre: Nazareth. De Ella trata el “protoevangelio de Santiago”, libro apócrifo, que habla de su niñez y adolescencia, que dice los nombres de sus padres (Joaquín y Ana) y que afirma que desde que tuvo tres años de edad estuvo bajo la protección del Templo. A esta adolescente, que como era costumbre en la época, ya estaba prometida con un vecino del pueblo, se le aparece un extraño personaje, que la saluda muy afectuosamente y que le dice que ha sido predestinada por Yahvé para ser la Madre del Mesías. ¡Se quedaría de piedra, pensando que se trataba de alguna alucinación debida al hambre!

"La Anunciación", óleo de James Jacques Joseph Tissot (1836-1932). Brooklyn Museum of Art, Nueva York (EEUU).

Pero “¿cómo va a poder ser esto si yo no he estado con ningún hombre? “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra”. Sigue alucinando y el personaje le dice: “Pues mira lo que le ha pasado a tu prima que ha quedado embrazada siendo muy mayor de edad”. Y Ella, en el mayor acto de fe de todos los tiempos dice: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.

¿Tenía ella en ese momento,  conocimiento de lo que se le venía encima? Yo, sinceramente, creo que no, que ni se lo podía imaginar. Todos sabemos cómo es tratada la mujer en los países del Medio Oriente; pues remontémonos dos mil años atrás y seguro que era muchísimo peor. Una chiquilla joven, que aún no se había casado y que queda embarazada. ¿Cómo se quedarían sus padres, su prometido y los vecinos de su atrasado pueblo? ¿Qué destino le aguardaba? Seguro que la lapidación por adúltera. Debieron ser unos días, unos meses terribles, de sufrimiento, dolor e incomprensión absoluta y Ella sabiendo de sobras que no había mantenido relación carnal alguna. Debió ser un dolor, un sufrimiento tan intenso cómo el que sufriría treinta y siete años más tarde, al pie de la Cruz, viendo morir a su Hijo.

Menos mal que su prometido era un hombre justo que, aunque se queda “atontado” en un principio cuando se entera, como era también un hombre de fe, cree en el misterioso personaje que se le aparece en sueños y le dice que El que nacerá, será el mismísimo Hijo de Dios y que le pondría de nombre, Jesús. Si el de María fue el mayor acto de fe de la historia, el de José, fue el siguiente. Y como cree, la recoge en su casa, la acepta como esposa y es su sostén durante todo el embarazo.  María puede dormir más tranquila; poco a poco las cosas van volviendo a la normalidad en su casa y ella afronta su embarazo con mucho más sosiego.

Grabado de la Anunciación, obra de Gustave Doré (1832-1883) dentro de la serie de grabados para una Biblia ilustrada.

¿Qué sentiría María durante esos nueve meses? Una de las mayores alegrías se la da su prima Isabel, a la que Ella va a visitar a la aldea de Ain-Karin, en Judea. Y, que al verla, la saluda también de manera sorprendente: “¡De donde a mí que la madre de mi Señor venga a visitarme a mi casa!” Y María, muchísimo más consciente de lo que estaba viviendo, responde de una manera que ha quedado grabada en la mente y en el corazón de quienes posteriormente la veneramos como la Madre de Dios: «Mi alma proclama la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador, porque ha visto la humillación de su esclava y por eso, desde ahora, me llamarán bienaventurada todas las generaciones…

Es tan importante este himno de fe y de alabanza a Dios, que la liturgia lo repite todos los días en el Oficio Divino de Vísperas. Se dice que las embarazadas “hablan con sus hijos durante el embarazo”. ¿Qué hablaría ella, sin pronunciar palabra alguna, con el Niño que llevaba en su vientre y del que iba tomando conciencia de que era el Hijo de Dios? ¿Qué sentimientos tan tiernos sentiría hacia ese Niño que estaba en sus entrañas, que era su hijo, pero que al mismo tiempo era su Dios?

Transcurre el tiempo del embarazo, llega el momento del parto, nace el Niño que crece, se hace Hombre, predica la Buena Noticia, funda su Iglesia, muere en la Cruz, resucita, sube a los cielos… y la Iglesia empieza a recorrer su camino a lo largo de la Historia. Muchos han sido y son los exégetas y teólogos que han escrito sobre este momento y sobre lo que María ha supuesto en la historia de la Salvación. ¿Pero lo sabía ella todo tal cual hoy lo creemos y afirmamos nosotros?

En el dogma católico tenemos definida la Maternidad Divina de María, su perpetua virginidad, antes, durante y después del parto, su Inmaculada Concepción como preparación a la misión a la que estaba destinada y su Asunción a los cielos. Todas estas maravillas efectuadas en Ella, fueron consecuencia de ese que Ella dio a ese misterioso personaje que siendo una chiquilla, le anunció que la vida cambiaría para ella, para los suyos y para todos los hombres a lo largo de todos los tiempos.

"Ecce Ancilla Domini", óleo de Dante Gabriel Rossetti (1828-1882). Tate Gallery de Londres (Gran Bretaña).

La Iglesia celebra este misterio desde muy antiguo, celebración que ha tenido distintos nombres: “Initium redemptionis conceptio Christi”, “Annuntiatio Christi”, “Festum Incarnationis” y otras. En Oriente es considerada una festividad cristológica, mientras que en Occidente se considera como una festividad mariana. En Oriente, es San Proclo, obispo de Constantinopla en el siglo V el que por primera vez hace mención a esta fiesta; inmediatamente, el Papa Gelasio se hace eco de ella y el misterio empieza a conmemorarse también en Occidente. Se celebra definitivamente en Roma desde el siglo VII, y los Sínodos de Toledo de 656 y de Truyán en el 692, la consideran ya como una conmemoración universal en todo Occidente.

Y desde siglos antes el Pseudo-Cipriano en su obre “De Pascha Computus” mantenía que como la creación de Adán debió ocurrir en primavera, por tanto la Anunciación como la Muerte de Cristo debieron ocurrir también en la misma estación del año, llegando a insinuar que todo ocurrió el 25 de marzo, día considerado como el del equinoccio de primavera. Teoría más absurda no puede existir, pero la realidad es que la Anunciación la conmemoramos hoy porque son nueve meses antes de la conmemoración del Nacimiento de Cristo y un embarazo dura eso, nueve meses. Pero existen martirologios que se han atrevido a más y han hecho coincidir en esa misma fecha, el paso de los israelitas por el Mar Rojo, el sacrificio de Isaac y, lo que es el colmo de los colmos, la caída en desgracia de Satanás.

Antonio Barrero

Ave, maris stella, Dei mater alma, atque semper virgo, felix cœli porta.

Sumens illud Ave, Gabrielis ore, funda nos in pace, mutans Hevæ nomen.

Solve vincla reis, profer lumen cæcis, mala nostra pelle, bona cuncta posce.

Monstra te esse matrem, sumat per te preces, qui pro nobis natus, tulit esse tuus.

Virgo singularis, inter omnes mitis, nos culpis solutos, mites fac et castos.

Vitam præsta puram, iter para tutum, ut videntes Jesum, semper collætemur.

Sit laus Deo Patri, Summo Christo decus, Spiritui Sancto, tribus honor unus. Amen.
Salve, estrella de mar, augusta madre de Dios, siempre virgen, orgullosa puerta del cielo.
Recibiendo este saludo, de la boca de Gabriel, danos la paz, regresando el nombre de Eva.
Libera las ataduras de los culpables, concede la luz a los ciegos, líbranos de nuestros males, danos los bienes.

Muéstrate madre nuestra y que reciba en tí nuestras plegarias, aquel que, nacido por nosotros, ha querido ser tuyo.

Virgen única, dulce entre todas, liberados de nuestras faltas, seamos siempre castos.

Danos una vida pura, llévanos al camino seguro, de forma que, viendo a Jesús, compartamos sin fin tu alegría.
Alabado sea Dios Padre, honor a Cristo soberano y al Espíritu Santo; a los tres, un solo y único honor. Amén

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San Vicente y San Anastasio en Italia

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Procesión de los Santos Vicente (izqda.) y Anastasio (dcha.) en Oyón, Álava (España).

El motivo de este artículo es el de dar a conocer que San Vicente comparte en muchas ocasiones su culto, fundamental y  mayoritariamente en Italia, con el del mártir San Anastasio, que fue un monje persa que decapitado el 22 de Enero del año 628, la misma fecha en distinto año de la muerte de San Vicente.

Magundat, que era el nombre persa del santo, había sido instruido en la magia por su padre Han y formaba parte del ejército del rey Cósroes, monarca que se llevó la Cruz de Jesucristo a Persia en tiempos del saqueo de Jerusalén del año 614. Tanta curiosidad le provocaba el hecho de que los cristianos venerasen la cruz, instrumento de muerte y suplicio, que empezó a instruirse acerca de la religión cristiana. Las verdades de la fe le impresionaron de tal modo que abandonó el ejército y se retiró a Hierápolis, donde se formó y pudo admirar el valor de los mártires cuyos sufrimientos estaban representados en las imágenes de las iglesias. Se trasladó luego a Jerusalén donde, además de bautizarse y adoptar el nombre de Anastasio (”el resucitado”), ingresó en el convento en que, en el año 621, recibiría el hábito monacal. Movido por el deseo de dar su vida por Cristo, tras siete años del más estricto retiro, se trasladó a Cesarea de Palestina que estaba bajo el dominio persa. Allí atacó audazmente los ritos y supersticiones de la religión de sus paisanos que él mismo practicó alguna vez, razón por la cual fue aprehendido y llevado ante el Gobernador Marzabanes, quien le expuso a crueles torturas y le condenó a ser encadenado a un criminal y a transportar piedras. Anastasio podía haber sido perdonado por el juez si hubiese abjurado de su fe pero no lo hizo. Entonces fue trasladado a Betsaloe de Asiria para comparecer ante el rey; éste ordenó apalearlo y macerarlo hasta los huesos y, finalmente, estrangularlo y decapitarlo en su presencia al igual que a otros 68 prisioneros cristianos más. Su cuerpo decapitado fue arrojado a los perros pero éstos ni siquiera lo tocaron, por lo que los cristianos pudieron recuperarlo y darle sepultura en el cercano Monasterio de San Sergio. La cabeza y reliquias de San Anastasio fueron depositadas en la Abadía de las Tres Fuentes en Roma, y a este mártir y a San Vicente se les conmemora el 22 de Enero teniendo relicarios en común.

Relicario con los restos de San Anastasio. Abadía Alle Tre Fontane, Roma (Italia). Fotografía: Felice Stasio.

Tres Iglesias de Roma y de sus alrededores están dedicadas a honrar juntamente la memoria de los dos mártires: la de Régola en Roma, que estuvo servida en otro tiempo por la cofradía de los cocineros y pasteleros; la Abadía de las Tres Fuentes (Tre Fontane) o Monasterio Acque Salviae, que se halla en la carretera de Ostia y que fue consagrada en el año 625 por Honorio I siendo un cenobio de clausura cisterciense cuyos monjes son trapenses.Además hay que decir que fue el lugar del martirio de San Pablo; y la majestuosa Iglesia con un espectacular interior , frescos y fachada que se halla frente a la Fontana de Trevi y a la que el Senado ofrecía cada cuatro años el día de la fiesta un Cáliz y cuatro candeleros. Esta era la antigua iglesia del Quirinal y actualmente sigue el rito Ortodoxo búlgaro. Algo importante a destacar es que cuando se produce la muerte de un Papa su cuerpo es entregado a los embalsamadores de este templo. Salvo que el Pontífice haya expresado lo contrario, el procedimiento exige que se le extraigan las vísceras, que son depositadas en urnas que se conservan en la cripta subterránea de esta Iglesia .Otras iglesias en Italia dedicadas a los dos santos conjuntamente son la de Cambiano, la benedictina y aislada Abadía de Amandola, la de Siena, que fue una antigua iglesia del S.XII y que se cedió a la Cofradía de la Contrada como su sede , la singular de señorial nave de Ascoli Piceno y preciosa portada de la cual mostramos una simulación si el Giotto hubiera pintado como estaba previsto los espacios de la fachada, Orroli, la de Villar Dora, la Colegiata de Rignano Flaminio, la de Monteobizzo que conserva su ábside del S.XII con enigmáticos relieves, la de Varallo Pombia del S.XI en Novara, la de Capiago Intimiano, la de Stellanello, la de Semproniano, la de Ameglia y su precioso campanario, la de Frassinedolo di Busana, la de Olmo di Arezzo, la de Pieve Vergonte, la de Pieve de San Vincenzo di Ramiseto, la de Terenzo, la de Monestirolo, la de Galliera, la de Casali en Ussita, la de SarolaRondissone, Caianello, Caregli, Finocchietto, San Anastasio en Lucca con su imponente campanario, Peraga que tiene dos blancas estatuas de los mártires persa y aragonés, y Lusignana, así como también las tienen en la Iglesia de San Pedro del Vaticano, estatuas realizadas por Francesco Pincellotti en el S.XVIII.

Relicario de San Vicente. Abadía Alle Tre Fontane, Roma (Italia). Fotografía: Felice Stasio.

Pero también en España tenemos un ejemplo en que se celebra la común advocación en la localidad alavesa de Oyón y cuyo acto más destacado es el “revolcón del Katxi “. El primer dato documental que poseemos de su existencia data del año 1676 y ya se refleja en los libros de cuentas municipales de ese año correspondiente a las fiestas de enero en honor a los santos patronos San Vicente y San Anastasio y que seguirá apareciendo sucesivamente en años posteriores. Esta es la figura principal de los danzantes de Oyón y ,por un lado, debe poner orden en la gente que se agolpa alrededor del grupo para ver la danza y, por otro lado, deberá sufrir la humillación del Síndico, que ondeará la bandera de la villa por encima de su cuerpo mientras él da vueltas por el suelo ante la bella fachada plateresca de la Anunciación y del Excmo. Ayuntamiento de la villa, para demostrar también que no se doblega ante nada ni ante nadie. Su vestimenta es roja y verde. Cuando finaliza la ceremonia el Katxi se levanta y arroja su gorro a lo alto dando vítores a los santos. También se prepara una hoguera llamada los “marchos de San Vicente” en recuerdo de las que se prendían antaño para iluminar la localidad durante la gélida noche y tiene lugar la danza de los patronos o “jota de San Vicente” ante la que se detiene la Procesión. Mostramos fotografías de las procesiones de 1955,1999 , 2007 y del Retablo Mayor de la Iglesia de 1624.

Salvador Raga Navarro
PRESIDENTE
Asociación Cultural VIA VICENTIUS – GOGISTES VALENCIANS

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Jerarquía angelical (I)

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La Tríada Superior rodeando al Pantócrator. Catedral de la Presentación de Nuestro Señor, Fira, Santorini (Grecia). Fotografía: Ana María Ribes

Este artículo dará pie a una serie de artículos que tienen que ver con la jerarquía angelical. La verdad es un tema que me apasiona, no por que me lo crea ni me lo deje de creer, solo mas que nada es por la curiosidad que me trasmite el tema de la angelología. Espero que sea del agrado de todos los lectores. Muchísimas gracias.

La tríada superior: Junto a Dios[1]
Los ángeles de esta tríada son criaturas de luz, que se pueden manifestar adoptando una forma material pero que en sí, son incorpóreas.

El coro primero: los serafines
Son el coro más próximo a Dios omnipotente, son seres de luz pura. Según algunas descripciones (por ejemplo, la de san Francisco de Asís el día en que recibió los estigmas y la del libro de Isaías) poseen 6 alas, con dos se cubren los pies, con dos la cara y con las otras dos vuelan. Se les describe también como abrasadores por que con sus llamas ‘’arrasan los pecados del mundo’’. Según Enoc existen 4 serafines que hace corresponder a los 4 puntos cardinales. En el arte se les representa con 6 alas, empuñando una espada flamígera o portando antorchas de fuego.

El coro segundo: los querubines
Según las descripciones los querubines tienen 4 alas. Según el profeta Ezequiel son de rostro tretrafauce, una cara de hombre, una de león, una de toro y otra de águila. También dice que sus pies son como la forma de las patas de los toros y brillan como el bronce. En la biblia los querubines son mencionados muchísimas veces, como por ejemplo pongo que habían inmortalizados 2 querubines en el Arca de la Alianza.

El coro tercero: los tronos
Este grupo es el mas enigmático y misterioso. Se les conoce también por el nombre de ofanines o galgalines. Se les describe como grandes ruedas (sí, ruedas…) cuando toman forma en el mundo. Según historias y leyendas son las ruedas que lleva el carruaje de Dios. También se dice que con sus alas protegen de las vibraciones de la luz de Dios a los ángeles de las otras tríadas.

Harold


[1] El termino tríada viene del latín triade que quiere decir ‘’conjunto de tres cosas’’. En el ámbito religioso se entiende como referencia a 3 símbolos de ‘’poder’’.

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La Cuestión Filoménica (I) – La lápida

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Vista de las tres baldosas que conforman la lápida de la Santa. Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, Mugnano del Cardinale (Italia).

Con este artículo doy inicio a una traducción, presentada en dos partes, del informe presentado en 2005 por Mons. Giovanni Braschi, rector del Santuario de Santa Filomena en Mugnano del Cardenal (Italia), donde en opinión del mismo se da respuesta definitiva a la controversia famosa sobre esta mártir de las catacumbas. No tengo constancia de que este texto, presente en inglés e italiano, tuviese una traducción en español a la que pudiesen acceder los hispanohablantes, por eso he decidido realizarla yo misma a partir de la versión en inglés disponible en http://www.catholic.org. Quiero dejar claro, sin embargo, que por de pronto este texto se publica aquí con la única intención de informar a los lectores de un tema muy controvertido e interesante que no parece estar disponible ampliamente en la red; y que por tanto, los autores de este blog de momento no nos pronunciamos al respecto sobre su contenido ni afirmamos compartirlo o no, tan sólo nos limitamos a exponerlo.

“2005 es un año muy especial para todos nosotros, los devotos de Santa Filomena, ya que es la celebración del 200 aniversario del traslado de sus sagradas reliquias de Roma al Santuario de Mugnano del Cardinale. El viaje en sí es una historia y podréis leer de éste y de otros eventos históricos acerca de nuestra Santa en nuestro boletín de noticias, El Mensajero de Santa Filomena. Hace doscientos años Santa Filomena fue colocada en un altar especial en el Santuario, situado al centro del lado izquierdo según entráis en la iglesia. Y desde ese momento ella cambió las vidas de aquellos que la hallaron. Ahora, en nuestros días, ella sigue tocando las vidas de tanta gente alrededor del mundo y la llama al Santuario en Mugnano del Cardenal.

Tristemente, muchos devotos han informado de cierta confusión de acuerdo con la controversia de Santa Filomena. He sido Rector del Santuario durante unos veinte años y he trabajado para corregir cualquier confusión o malinterpretación respecto de Santa Filomena. Por ello, como Rector, decidí que la solución más efectiva era consagrarme a reclutar las mejor mentes disponibles en el mundo científico para descubrir la verdad sobre nuestra Santa. Desde el primer momento, estaba preparado para aceptar la verdad sin importar los resultados que revelara la investigación científica. Mi deseo era acabar con la controversia [1] de una vez por todas para aliviar cualquier ansiedad que los devotos tuvieran sobre nuestra Santa.

Anunciamos los resultados del nuevo y exhaustivo estudio científico en la Conferencia de los Nuevos Estudios Filoménicos el 9 de abril de 2005, en las Catacumbas de Santa Priscila en Roma, donde la tumba de Santa Filomena fue hallada en 1802.

Vista de las baldosas ordenadas para conformar la inscripción PAX TECVM FILVMENA, "la paz (sea) contigo, Filomena".

Hay dos partes principales en esta investigación; la primera es la que concierne a la lápida. Las tres piedras cuentan la historia de la persona allí enterrada con símbolos específicos que ilustran la historia de los sufrimientos y la muerte que discurren alrededor del nombre de la persona.

La controversia fue iniciada cuando el caso de Santa Filomena empezó a ser discutido y debatido al inicio del siglo XX: usando los métodos científicos disponibles en su tiempo, el arqueólogo Orazio Marucchi estableció la teoría de que las piedras de la lápida habían sido selladas más de una vez, lo que significaría que fueron reutilizadas. Además, él postuló que la razón de que el orden de la primera y última piedra estuviese invertido era que la tumba había sido abierta y luego vuelta a sellar.

Las investigaciones científicas de la actualidad, que emplean equipo moderno y técnicamente avanzado han demostrado claramente que las piedras de la tumba fueron selladas una vez tan sólo. Más importante es que con estas técnicas modernas, se han podido datar en 202 a.C, lo que significa que Santa Filomena es una mártir de la Iglesia mucho más temprana de lo que primeramente supusimos. [2]

Con los nuevos resultados científicos de las piedras de la tumba, que originalmente fueron puestas en el orden incorrecto, ahora tenemos una explicación para ello; con potentes y modernas herramientas hemos obtenido un cercano y más detallado examen de las tres baldosas que ha revelado una sorpresa que nadie había descubierto anteriormente.

Vista de las baldosas extraídas de su altar y dispuestas en el suelo. La inscripción rojiza apenas es distinguible. Las marcas en lápiz indican la ubicación de cada símbolo (flagelo, flecha, ancla, flor, lanza). Fotografía: www.philomena.org

En el momento de su entierro, había originalmente dos piedras a modo de lápida, pero tres eran necesarias para sellar completamente la tumba. La más grande las dos fue cortada horizontalmente por la mitad, de modo que dio lugar a dos nuevas piedras, que acabó por sumar tres piedras en total. Las tres baldosas fueron colocadas y la inscripción se aplicó a la totalidad de las tres, PAXTE-CVMFI-LVMENA. Cada una de esas tres baldosas tenía una porción del mensaje: la primera piedra, PAXTE, la segunda tenía CVMFI, y la tercera LVMENA.

Después de hecho esto, el albañil se dio cuenta de que el hueco de la tumba era más alto en un extremo que en el otro. Las piedras fueron retiradas para colocar la piedra más ancha en la abertura más ancha y así cubrirla. Además, para que las piedras encajaran bien en la abertura, hubo que colocar las tres secciones de la inscripción en el siguiente orden: LVMENA-PAXTE-CVMFI, colocando la última piedra en el lugar de la primera, de modo que haciendo esto, las palabras quedaron en orden incorrecto”.

Meldelen


[1] Como se verá más abajo, la controversia se basa la hipótesis de que, estando el epitafio originalmente desordenado («lumena paxte cumfi»), ello prueba que el lóculo donde había estado la Santa sería seguramente reutilizado, por lo que no habría relación alguna entre el cuerpo que contenía y la persona («Filumena») a la que iba dirigida la inscripción.

[2] Por conveniencia, de acuerdo al fantasioso relato que se ha construido sobre el martirio de la Santa, posteriormente al hallazgo de sus reliquias, se había datado a éstas durante la persecución de Diocleciano (303-304 d.C).

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