San Demetrio de Tesalónica, mártir

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Icono ortodoxo griego del Santo. Capilla de San Nicolás en el puerto de Mykonos (Grecia). Fotografía: Ana María Ribes.

La identidad de este santo suscita muchos problemas que no están aún totalmente dilucidados. Algunos autores incluso han pensado que se podría ver en él a un héroe cristiano que hubiese ocupado el puesto de Cabiro, dios local de Tesalónica.La tradición dice que habría sufrido martirio en su ciudad natal, Tesalónica, en el año 306 bajo el imperio de Maximiano y lo presenta como un soldado. Si se estudian los textos que lo tratan, estos datos no se pueden aceptar así como así.El bolandista Bue, en el año 1780, clasifica los documentos literarios relativos a su culto, distinguiendo tres leyendas sucesivas:

  • La primera está conservada en el texto del patriarca Focio, en la traducción que de él hace Anastasio el Bibliotecario y en una “passio” griega editada posteriormente por el hagiógrafo Delehaye. El libro se llama “Las leyendas griegas de los santos militares” y se editó en París en el año 1909. El texto de Focio es esencial.
  • La segunda leyenda está contenida en el códice vaticano 821, que aporta una narración más coherente con dos detalles nuevos: el santo pertenece a una familia consular, o sea, noble y obtiene un grado militar en el ejército que le permite desempeñar funciones públicas. Hay un dato en particular que puede llevarnos a una vía de solución del problema de su identidad: “Leoncio, curado de una enfermedad incurable junto a la tumba del santo, construyó sobre ella una basílica y nombrado posteriormente prefecto de Illírico, fue a Sirmio llevándose con él la capa que el santo usaba cuando montaba a caballo y una reliquia y construyó en Sirmio otra basílica dedicada al mismo (San Demetrio)”.
  • La tercera leyenda forma parte del Menologio de Metafraste y aporta algunas ampliaciones que son familiares para los hagiógrafos.

He dicho antes que estas tres leyendas fueron distinguidas por el bolandista Bue cuando clasificó todos los documentos literarios escritos sobre el culto a San Demetrio.
La primera narración referida a San Demetrio no es anterior al siglo IX y es, digamos, la fuente de todas las narraciones posteriores. Esta narración nos viene de Focio, que he dicho era Patriarca de Constantinopla, el cual recapituló una leyenda aun más antigua, que hoy está perdida, que hoy no se conoce.

Fresco ortodoxo griego que representa el martirio del Santo. Monasterio de Megisti Lavra, Monte Athos (Grecia).

Focio dice: “Demetrio, imitando a los apóstoles, recorría el mundo difundiendo el mensaje evangélico y se afincó en Tesalónica (o Salónica), en Grecia, donde su apostolado encontró mucho éxito, pero fue arrestado. El emperador Maximiano, que residía entonces en dicha ciudad, mientras se encontraba viendo un combate entre gladiadores, encontró a Demetrio encadenado y lo encerró en un subterráneo existente entre el estadio y las termas.
Un joven plebeyo llamado Néstor, se había ofrecido para luchar contra un famoso gladiador llamado Lico, que era amigo del emperador
(¡un gladiador, amigo del emperador!!!!). Movido por la piedad hacia este temerario Néstor, el emperador le habría ofrecido una importante suma de dinero por aceptar el combate, pero le advirtió que podría morir en el mismo.
Néstor le respondió que no quería el dinero sino la gloria del triunfo. En el primer asalto del combate murió el gladiador amigo del emperador, el cual montó en cólera marchándose a su palacio, pero por el camino se acordó de Demetrio. Enfadado, el emperador hizo que sus soldados lo mataran a golpes de lanzas y durante la noche, unos cristianos recogieron su cuerpo y lo sepultaron cerca de donde fue martirizado”
. Hasta aquí lo que dice Focio.

Como he dicho antes, la segunda leyenda dice que Leoncio curado en su tumba, hizo construir una basílica, que fue un monumento propiciatorio al santo y además, un lugar de refugio, no solo para los tesalonicenses, sino también para los de otras regiones vecinas y que el tal Néstor (el joven plebeyo que mató al gladiador amigo del emperador) era a su vez amigo de Demetrio al que le rogó que le asegurase el éxito en el combate y que esta fue la causa por la cual el emperador mandó matar a Demetrio.

Basílica del Santo en Tesalónica, Grecia.

La leyenda de este Leoncio de Sirmio, es la que nos permite solucionar el problema del lugar del martirio: Tesalónica, porque los martirologios más antiguos no nombran a ningún Demetrio de Tesalónica, sino que hacen mención a un Demetrio de Sirmio, que era venerado el día 9 de abril. El Martirologio Siríaco del siglo IV dice: “En Sirmio, San Demetrio” y el Martirologio Jeronimiano dice: “En Sirmio, San Demetrio diácono”.

El culto a San Demetrio en Sirmio es más antiguo que su culto en Tesalónica y como Sirmio fue destruida por Atila en el año 441, Tesalónica se convirtió en el centro del culto a San Demetrio. En unas excavaciones realizadas en la basílica de San Demetrio en Tesalónica, se descubrió un trozo de tela manchada de sangre humana, pero no existe ninguna prueba de que pudiese ser sangre del santo. También es sabido que en otras iglesias construidas en honor al santo en otras ciudades, existían reliquias, que son tenidas todas por reliquias falsas.

Los emperadores Justiniano y Mauricio trataron en vano de obtener parte de las reliquias del santo para llevarlas a Constantinopla y esto demuestra que ya en el siglo VI, se le rendía culto. A Justiniano se le dice que “los obreros que habrían de abrir la tumba para extraer la reliquia quedaron paralizados por una fuerza sobrenatural”, así que solo se le envió polvo perfumado recogido junto a la tumba. Al emperador Mauricio le pasó algo parecido: “el obispo Eusebio le respondió que nadie sabía donde se encontraban, ya que su cuerpo había sido sepultado a escondidas”.

Relicario del cráneo y urna que contiene parte del cuerpo del Santo. Basílica del Santo en Tesalónica, Grecia.

Estas leyendas se desarrollaron y se extendieron, dándole a San Demetrio una fama considerable, parecida a la de San Nicolás obispo de Myra (San Nicolás de Bari). Su culto se difundió por toda Grecia y por los países eslavos vecinos, pero naturalmente el centro de su culto fue Tesalónica, ciudad donde se le proclamó protector y defensor de los tesalonicenses.
El libro “Miracula” narra muchas de sus intervenciones milagrosas durante los ataques de los ávaros y de los eslavos a partir de finales del siglo VI y esto es probablemente lo que ha hecho que se le haya representado como un soldado. Algunos sermones anónimos del siglo XIV paganizan este culto pues manifiestan que existía un documento del Patriarca en el que se narraba que los tesalonicenses veneraban a San Demetrio más que al mismo Jesucristo. Todo absolutamente falso.

En el siglo IX empieza a extenderse la noticia de que de su tumba emanaba un aceite milagroso perfumado (myron, en griego), por lo que recibió el sobrenombre de Miroblita, como aun siguen llamándolo los ortodoxos griegos. Y es verdad que en la cripta de la basílica hay un lugar donde se dice que brotaba y un sistema de canalización hacia el exterior.
En Tesalónica se celebra su fiesta el día 26 de octubre, día en que se le menciona en todos los Sinaxarios Bizantinos. Lo mismo hace el Martirologio Romano, mientras que el Martirologio Siríaco lo conmemora el día 8 de octubre.

Catacumbas bajo la Basilica de Tesalónica, Grecia.

Durante la ocupación veneciana de Tesalónica (1423-1430), los venecianos robaron las reliquias y las llevaron a Pesaro en Italia, pero el papa Beato Pablo VI, en el último tercio del siglo pasado, hizo devolver parte de ellas, incluido el cráneo, a la Iglesia Ortodoxa Griega, que hoy las conserva y venera en su Basílica de Tesalónica Hay, sin embargo, otras reliquias menores del santo en otros lugares como el Monte Athos, Loarre en Huesca, etc.
Al santo se le representa vestido de soldado, pero sin embargo, en los frescos del siglo VII de la iglesia romana de Santa Maria Antica aparece con la capa, una cruz y una corona.
Resumamos: San Demetrio es un santo histórico, del que se sabe realmente poco como historia y mucho como leyenda. Su culto se remonta a los primeros tiempos del cristianismo (siglo V) y aun hoy en día, los hagiógrafos mantienen muchas dudas sobre las que se siguen investigando.

Antonio Barrero

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