Martyrium: mutilaciones

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Marta de Persia exhibida en público con las manos amputadas. Fresco de Niccolò Circignani "Il Pomarancio". Iglesia de San Stefano Rotondo, Roma (Italia).

La mutilación –esto es, amputar una parte del cuerpo sin finalidad médica- fue siempre un método de tortura y castigo. La muerte se producía por hemorragia si no se cosía ni cauterizaba la herida inmediatamente, o por la infección si estaba mal curada. Se practicó desde siempre en todas las culturas, hasta la actualidad. El mutilado, al que se le solía permitir vivir tras ello, quedaba por siempre estigmatizado y era objeto de la burla y el rechazo de la sociedad. Aunque esta situación se dio más en la China y Persia antiguas y en la Edad Media que durante las persecuciones cristianas en Roma; donde tuvo un destino de muerte por desangramiento, frecuentemente asociado al descuartizamiento. Se cortaron casi siempre manos y pies, los pechos a las mujeres –cosa que ya tratamos en otro artículo– y los genitales a los hombres, a los que luego se les vendía como esclavos para gineceos –caso de los mártires Proto y Jacinto, Nereo y Aquiles, entre otros-. También se les cortaba la lengua a los que replicaban al pretor o juez con insolencia, gritaban con estridencia, le insultaban o proferían injurias contra las divinidades paganas.

Santa Agatoclia (17 de septiembre): esclava a la que le amputaron la lengua para hacerla callar injurias contra los ídolos.

Santa Avia: una de las compañeras de Santa Úrsula, la tradición sostiene que sus captores le amputaron los pechos con cuchillos sin afilar para darle mayor tormento.

Santas Basilisa y Anastasia: les amputaron manos y pies, pechos y lengua, y fueron dejadas para desangrarse hasta que fue decidido que las remataran.

Santa Alena de Forest (18 de junio): según la tradición, fue hija de un noble belga que, enfurecido cuando supo de su conversión al cristianismo, mandó a sus hombres a capturarla, quienes la arrastraron por el suelo y le arrancaron un brazo ante su resistencia, por lo cual murió desangrada.

Santa Cristina de Bolsena: al final de su largo proceso, como siguiera confesando su fe con ánimo e insistencia, el pretor Juliano mandó cortarle la lengua.

Santa Cirila de Cirene (5 de julio): fue siendo progresivamente desmembrada a golpe de hacha, hasta ser rematada por decapitación.

Santa Febronia de Nisibe: le amputaron los pechos, manos y pies, y finalmente la cabeza.

Santa Orosia (Eurosia) de Jaca (25 de junio): le cortaron manos y pies; y le serraron brazos y piernas; antes de ponerle fin decapitándola.

Santa Ebba y compañeras: el suyo fue un caso de automutilación voluntaria. Como el convento se viese asaltado por bandidos sajones y temieran ser violadas, la abadesa Ebba se cortó ella misma la nariz y el labio superior, siendo imitada por sus compañeras. Su aspecto quedó tan horrible que los sajones no las quisieron tocar, pero las quemaron vivas.

Martirio de Santa Orosia. Lienzo de Paolo Calliari (1796). Iglesia Arciprestal de San Materno Obispo, Melara (Italia).

Santa Taciana: le fueron extraídos los dos ojos con un garfio calentado al rojo vivo.

Santa Sinforosa: le vaciaron los ojos a punzadas.

Santa Hripsime: mutilada de pechos, manos y pies, le sacaron los ojos también.

Santa Victoria de Córdoba: le cortaron manos y pies, y como profiriera grandes gritos de dolor que molestaban a los verdugos, se dio orden de cortarle la lengua.

Santa Anastasia Romana: le cortaron manos y pies, luego brazos y piernas. Como suplicara que le diesen algo de agua, le cortaron la lengua.

Santa Marta de Persia: le amputaron las dos manos y se las colgaron al cuello para exhibirla públicamente, junto con su esposo e hijos, antes de ser decapitada.

Santa Maura de Antínoe (3 de mayo): le fueron amputados todos los dedos de las manos, arrojados al suelo y pisoteados en su presencia.

Santa Yolana: virgen mártir gala, compañera de Santa Benedicta de Origny, a la que amputaron dos dedos de una mano.

Aunque parezca una obviedad, a los santos que padecieron mutilaciones se les invoca contra pérdidas de miembros, hemorragias, a favor de los que padecen discapacidades por falta de miembros, las víctimas de accidentes, y para las consecuencias psicológicas que se derivan de estas situaciones.

Meldelen

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