Contestando a algunas breves preguntas (II)

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Fresco ortodoxo americano de Santa Isidora «la Tonta» de Tabenna (Amma Isidora).

Pregunta: ¿Existe alguna santa que se llame Isidora? Ese es mi nombre y celebro mi onomástica el día de San Isidoro de Sevilla, pero si hubiera alguna santa con ese nombre, me lo replantearía. Muchas gracias.

Respuesta: Sí, hay una Santa Isidora «la Tonta”, virgen en Egipto; y también hay un cuerpo santo de las catacumbas, venerado en Alemania, pero no se puede asegurar que ése fuese su nombre real.

Hablemos de Santa Isidora «la Tonta». En la “Historia Lausiaca” de Palladio, éste cuenta la historia de una virgen que estaba en el monasterio paconiano femenino de Tabennesioti, que se hizo pasar por tonta y por poseída por el demonio.

Ella quería de esa manera adquirir el grado más supremo de humildad que pudiera alcanzarse – los llamados locos por Cristo – sobre los cuales ya hemos escrito más de un artículo. Así consiguió ser despreciada por todas sus compañeras, las cuales le daban los trabajos más viles del monasterio, pero es que además, ella nunca se sentaba y vestía de la manera más andrajosa posible.

Finalmente se descubrió su santidad gracias a la intervención de Abba Pitirum que, por inspiración angélica, había ido a visitar el monasterio. Después de haber hecho desfilar a todas las monjas por delante de él, se acercó a Isidora y postrándose a sus pies la saludó llamándola Amma, revelándole al resto de las monjas cuál era la verdadera santidad de aquella monja tonta. Las compañeras, muertas de vergüenza y no sabiendo que decir, se arrepintieron de su conducta anterior y en adelante le mostraron su más profunda veneración. Pero esto no agradó a Isidora y no pudo soportarlo y así, pasados unos días, se fugó del monasterio y se fue a un lugar solitario donde jamás fue encontrada.

Los sinaxarios bizantinos la conmemoran el día 1 de mayo, luego ese día podría ser tu nueva onomástica.

Mapa de la antigua provincia romana de Mauritania, en el norte de África.

Pregunta: ¿Me podríais facilitar alguna información sobre San Maritano? Gracias.

Respuesta: Ese santo no existe. No aparece en el Martirologio Romano. Los que si aparecen son los “Santos mártires mauritanos”. Según una leyenda, unos cristianos procedentes de Mauritania (antigua provincia romana situada en el extremo occidental de la costa africana del Mar Mediterráneo), se enrolaron en el ejército romano y fueron martirizados.

El martirio es similar al martirio de San Mauricio y demás miembros de la Legión Tebana en Agauno (lo que hoy es Saint-Maurice, en Suiza), aunque ellos fueron martirizados en otro lugar y fecha. De San Mauricio y compañeros mártires ya hemos publicado un artículo en este blog. Este grupo mauritano fue martirizado en Colonia y así se menciona en el Martirologio Jeronimiano el día 15 de octubre y esto ocurrió en la segunda mitad del siglo III aunque su fiesta no fue aceptada hasta el siglo X, según la “Analecta bolandista”, LXXX, página 161, editada en 1962. Como cabecilla del grupo se habla de un tal Gregorio Mauro, seguidos por Segundo, Gelenio y hasta trescientos sesenta compañeros más.

Siguen diciendo los bolandistas que en el año 1075 el arzobispo Annón II difundió su culto en Colonia y en las ciudades del entorno. Se les representa como unos soldados negros entre los que aparece una cruz en forma de estrella. Se les conmemora el día 15 de octubre y no se sabe absolutamente nada más.

Fotografía del archimandrita Nathaniel Diakopanagiotis, en su atuendo de jerarca ortodoxo e incensando.

Pregunta: Se que un egumeno de un monasterio oriental es lo que un abad en un monasterio occidental, pero me gustaría conocer cómo se llaman los otros cargos de un monasterio o de una diócesis.

Respuesta: Efectivamente, un egumeno sería el equivalente a un abad.
Un archimandrita sería un abad que coordina a otros abades o el abad de un monasterio muy grande.
Un hieromonje sería en Occidente, un monje que es sacerdote.
Un hierodiácono, sería un monje que es diácono.
Un metropolita (o metropolitano) sería lo que para nosotros es un arzobispo.
Un corepiscopo sería lo que nosotros denominamos un obispo auxiliar.
Un protosincello, sería el vicario general de una diócesis.

Pregunta: ¿Qué es un proquimeno? ¿Y un idiomelon? Muchísimas gracias.

Respuesta: El proquimeno sería algo parecido a lo que nosotros llamamos salmo responsorial que se canta o se lee en la Misa antes de la segunda lectura.
Un idiomelon es un tipo de himno que se canta en la Liturgia Bizantina al que se le asigna uno de los ocho tonos del canto bizantino.

Pregunta: Quisiera hacerles dos preguntas sobre los franciscanos. Cuántos nudos tienen el cordón o cuerda que llevan y si visten con el mismo color del hábito que llevaba San Francisco. Muchas gracias desde Italia por ese maravilloso blog.

Respuesta: El cordón o cuerda de los franciscanos pueden tener tres o cinco nudos. Los tres nudos significan los votos de pobreza, castidad y obediencia y los cinco nudos significan las cinco llagas de Cristo. Actualmente, los miembros de la Orden Franciscana Secular llevan un escapulario al cuello y una cuerda a la cintura.

Con respecto al hábito, tengo que decirte que actualmente ninguna de las Órdenes Franciscanas (Observantes, Conventuales y Capuchinos) lleva el hábito que llevaba San Francisco; San Francisco vestía sencillamente como vestían los pobres de su tiempo. Su túnica tenía forma de cruz.
En cuanto al color, sabemos que el beato Tomás de Celano decía que era un “paño ceniciento” y Roger de Wendover, que murió en 1236, dice que la túnica era gris, o sea, color ceniza y, como bien sabes, dentro del gris hay diversas tonalidades. Sin embargo, unos veinte años más tarde empezaron también a usar indistintamente el color rosáceo o rojizo suave como puede comprobarse en las pinturas de Giotto en la Basílica de Asís.

Vista de la diferencia de hábitos entre las diferentes familias de la Orden de los Frailes Menores: conventuales (izqda.) franciscanos (centro) y capuchinos (dcha.)

A partir de 1517 se impone el gris para toda la Orden y eso duró hasta mediados del siglo XVIII. En esa época, tanto los Observantes como los Capuchinos dieron normas para que sus provincias fabricaran telas uniformes para todos sus miembros, pero seguían siendo de color gris, pero sin tonalidades, o sea, uniformidad. Los Conventuales empezaron a utilizar el negro por esas mismas fechas aunque ahora empiezan a recuperar también el color gris.

Los Observantes, a mediados del siglo XIX, cuando León XIII reunificó a todas las familias reformadas, pasaron del gris al marrón castaño y los Capuchinos hicieron lo mismo.
Los miembros con hábito de la Tercera Orden, siguieron más o menos la misma tendencia que los de la Primera y Segunda Orden. En la actualidad, otras congregaciones de la gran familia franciscana, han tomado otros hábitos diferentes.

Pregunta: ¿Es verdad que el Vaticano ha intentado beatificar por error a un republicano?

Respuesta: Según publicó la agencia EFE en el mes de julio de este año, una señora (o señorita) llamada Pepita Pla había recibido tres meses antes una llamada del Vaticano en la que se le informaba que su padre iba a ser beatificado. Eso le extrañó mucho porque su padre había sido republicano y estuvo encarcelado en Zaragoza y Madrid por las fuerzas nacionales.

Efectivamente, el beato que buscaba el Vaticano no era el padre de Pepita Pla, sino un sacerdote que se llamaba igual que él, Josep Pla Arasa, al que se conocía como «mosén Flores». Pepita y su hermano han tenido que demostrar con documentos que su padre no era la persona que la Santa Sede creía. Le llevaron las partidas de nacimiento y defunción al cura del pueblo, que actuó como intermediario y firmó la veracidad de la documentación, y acabaron con el lío después de tres meses de conversaciones con la Santa Sede. Ella, en tono de broma pero sin faltar al respeto, decía: «Por suerte lo hemos podido solucionar, pero hemos tenido que demostrar que mi padre tuvo familia, que no tenía nada que ver con la Iglesia y que nosotros nacimos pasada la guerra. Aunque mi padre era republicano, no era fanático, era un buen hombre y aunque lo encarcelaron, después de la guerra volvió a casa y murió de muerte natural. Yo, cuando era chica y pasaba por delante de la iglesia de mi pueblo veía una lápida con el listado de los nacionales que mataron en la guerra y había uno que se llamaba igual que ni padre, pero mi padre decía que ese no era él”.

Causa de beatificación del Siervo de Dios Josep Pla Arasa y compañeros.

Esa noticia de EFE parece cierta, pero con eso se demuestra que la Santa Sede, antes de iniciar una Causa de beatificación, en los preliminares, intenta identificar a las personas una por una. Luego a lo largo de la instrucción de la Causa, se profundiza en la vida, escritos y martirio de cada uno de ellos.

Pregunta: He oído hablar de la Cruz de San Bartolomé y no tengo ni idea de lo que es porque, que yo sepa, este santo no murió crucificado. Por favor, decidme de qué se trata.

Respuesta: La llamada Cruz de San Bartolomé no es un símbolo cristiano. Se la menciona en el libro “Tesoro del hechicero” atribuido a San Cipriano el Mago, del que hablamos en su día. Se trata de un talismán con presuntos poderes sobre los encantamientos y puede aparecer en forma de “tatuaje” formado por las líneas de la mano derecha de algunas personas.

Se cuenta que San Cipriano, cuando era pagano, quiso hechizar a Santa Justina por un encargo que le hizo Aglaide; San Cipriano no lo consiguió y le preguntó al demonio por qué no podía hechizarla. El demonio le dijo que el motivo era que Justina tenía en su mano grabada la cruz de San Bartolomé lo que la hacía inmune a cualquier hechizo. Entonces, San Cipriano se convirtió.
No es fácil encontrar este dibujo y es parecido a una cruz patriarcal en el que los dos travesaños están invertidos, o sea, el travesaño mayor está arriba y el menor está abajo.

Hay un hechizo que consiste en poner una cruz de madera hecha de esta forma dentro de un plato con romero y cubriéndola con agua bendita. Se deja así tres días y al tercer día se “recita”: Cruz de San Bartolomé, que la virtud del agua en que estuviste y de la planta y madera de la que te han hecho, me liben de las tentaciones del espíritu del mal y haga caer sobre mi la gracia de la que gozan los santos, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen. Dicen que repetir “esta oración” cuatro veces y meter la cruz en una bolsa de seda negra que se cuelga al cuello o se pone en un lugar a resguardo.

Como comprenderás, todo esto es un cuento de brujería, no es nada serio y hemos estado a punto de no publicar esta contestación que en su día te dimos, pero cómo tampoco queremos pasarnos con las censuras, ahí va, aunque hay que decir que todo es un cuento chino, pero malo de verdad.

Antonio Barrero

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Santos Bretanión y Teótimo, obispos de Tomis

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Fresco ortodoxo de San Bretanión en su atuendo de obispo.

Fresco ortodoxo de San Bretanión en su atuendo de obispo.

Como Eusebio de Cesarea señala en su Historia Eclesiástica (3,1), el cristianismo se difundió en Escitia Menor, a través de la predicación del apóstol Andrés. Esta tradición viene de Orígenes (Comentario sobre Génesis 24,9, PG 12, 92). En cualquier caso, no se mencionan los inicios de la vida cristiana en esta provincia, ya que sólo se conocen las Actas Martiriales de los Santos Epícteto y Astión (muertos en 290) y, junto con su martirio, también se sabe que catorce días después de su muerte, Evangélico, primer obispo de Tomis, entró en Halmyris para bautizar a los padres de San Astión. No hay más información acerca de este obispo. De todos modos, una inscripción descubierta en 1974 en Constanta (la ciudad moderna construida sobre las ruinas de Tomis) confirma la existencia de un obispo llamado Tito o Philus durante la persecución de Licinio (308-324), quien podría haber muerto martirizado y que se conmemora el 3 de enero. Otro obispo llamado Gordiano podría haber muerto también durante la persecución de Licinio, alrededor del 324, junto con los Santos Macrobio, Helias, Zótico, Luciano y Valeriano, que se conmemoran el 13 de septiembre. En el Martirologio Romano, Gordiano (nombrado aquí como obispo) se conmemora junto con Macrobio y Valeriano 15 de septiembre. También hay un anónimo obispo escita que participó en el primer Sínodo Ecuménico de Nicea (325), como lo indica Eusebio (Vida de Constantino III, 7). Algo más de información se tiene sobre los siguientes obispos de Tomis: Bretanión y Teótimo.

San Bretanión
San Bretanión de Tomis, también conocido como Brettanio, Bretanio o Vetranion es el cuarto obispo conocido de la ciudad, situada en la costa del Mar Negro (Evángelico parece ser el primero, 295-300), y desde los tiempos antiguos se celebra el 25 de enero (Acta Sanctorum januarii, tom III, París 1873, p. 235). Era originario de Capadocia, donde había nacido en una familia cristiana. No se sabe cómo llegó a ser obispo de Tomis, pero él ya estaba en su ministerio en el 369, cuando Valente (364-378) lo conoció personalmente durante su camino a Noviodunum, donde el emperador cerró un armisticio con los godos. Valente se detuvo en Tomis y visitó la catedral de la ciudad, que era la capital de Escitia Menor, momento en el que se reunió con el obispo y trató de imponerle las creencias arrianas.

Icono ortodoxo rumano del Santo en su atuendo episcopal.

Icono ortodoxo rumano del Santo en su atuendo episcopal.

El historiador Sozomenos (Historia Eclesiástica 6,21, Migne, PG 67, 1343-1345) habla de este episodio: “Se dice que… los escitas estaban adheridos con firmeza a su fe. Hay en este país un gran número de ciudades, pueblos y fortalezas. La metrópolis se llama Tomi, es una ciudad grande y populosa y se encuentra en la orilla del mar a la izquierda, con una salida al mar, llamado el Euxino. De acuerdo con una antigua costumbre que aún prevalece, todas las iglesias de todo el país estaban bajo la potestad de un obispo. Vetranio gobernó sobre estas iglesias en la época en que el emperador visitó Tomi. Valente se dirigió a la iglesia y se esforzó, según su costumbre, en ganar al obispo para la herejía de Arrio, pero este último opuso valientemente sus argumentos y después de una valiente defensa de la doctrina de Nicea, abandonó al emperador y se marchó a otra iglesia, a donde fue seguido por el pueblo. Casi toda la ciudad se había congregado para ver al emperador, por lo que esperaban que el resultado de esta entrevista con el obispo sería extraordinario. Valente se sintió extremadamente ofendido por haber sido dejado solo en la iglesia con sus asistentes y resentido, condenó a Vetranio al destierro. Sin embargo, no mucho tiempo después, se acordó de él ya que, según creo, detuvo una insurrección, porque los escitas se sintieron ofendidos por la ausencia de su obispo. Sabía muy bien que los escitas eran un pueblo valiente, y que su país, por su situación geográfica, poseía muchas ventajas naturales que eran necesarias al Imperio Romano, ya que sirve como una barrera para protegerse de los bárbaros. Así que la intención del gobernante fue abiertamente frustrada por Vetranio. Los propios escitas testifican que él era bueno en todos los aspectos y eminente por la virtud de su vida”. Teodoreto de Ciro cuenta lo mismo en su Historia Eclesiástica (IV, 35).

El obispo podría ser el autor de una carta conocida como Acta Martirial de San Sabas de Buzau (Savas el Godo) escrita en abril de 372; San Sabas murió como mártir a manos de los godos en el año 372, en una región situada al norte del Danubio. San Basilio de Cesarea preguntó a Iunius Sorano, el jefe de Escitia Menor, por las reliquias del Santo, que probablemente permanecieron por un tiempo en Tomis en su camino hacia Capadocia. De todos modos hay algunas voces que niegan la posible paternidad tomitana de este texto, porque estaría escrito «por la voluntad de un presbiterio», que sería un compañero situado en los territorios del norte: en toda Escitia había sólo un obispo, como cita a continuación. Además, existe una hipótesis que afirma que Bretanión sería el receptor de las cartas de agradecimiento de San Basilio (no. 164 y 165) por el transporte de estas reliquias, pero las evidencias (mencionadas por Ascolios de Salónica) son contrarias a esta hipótesis.

San Bretanión murió probablemente el 25 de enero, que es cuando se conmemora y tuvo como sucesor al obispo Geroncio, también conocido como Terencio o Terennius, que participó en el Segundo Concilio Ecuménico de Constantinopla (381). Los synaxarios bizantinos no mencionan a este santo, pero si lo hace el Martirologio Romano, que lo conmemora el día 25 de enero. Actualmente se celebra en la Iglesia Ortodoxa Rumana en esta fecha y hay un monasterio dedicado a él en la aldea «23 de agosto» cerca de Constanţa.

Icono ortodoxo rumano del Santo en su atuendo episcopal.

Icono ortodoxo rumano del Santo en su atuendo episcopal.

San Teótimo
Otro obispo de Tomis conmemorado como santo es Teótimo, que ejerció su ministerio en la segunda mitad del siglo IV e inicios del V, siendo contemporáneo de algunos de los Grandes Padres, como San Juan Crisóstomo, San Gregorio de Nisa y San Gregorio Nacianceno. No hay información acerca de su nacimiento y el lugar en el que obtuvo su formación teológica, pero como contemporáneo de personas como San Juan Casiano y San Germán, podría haber convivido con ellos en las cuevas-monasterios de los montes Casianos. Como obispo de Tomis fue elegido alrededor de 380-395, años después de la muerte de su predecesor, Geroncio, aunque este hecho es también una hipótesis.

Existen algunos detalles acerca de él en la obra de algunos escritores contemporáneos de la iglesia. San Jerónimo es el primero que lo menciona en su «De viris Illustribus», capítulo 131, y en el 392 que lleva el título de «Scythiae Tomorum episcopus». Él dice que: «Teótimo, obispo de Tomis, en Escitia, escribió un pequeño tratado en forma de diálogo, en el viejo estilo de la elocuencia; he oído que también ha escrito otras obras». Entre los escritores de habla griega, el historiador Sozomenos lo llamó «Teótimo el escita» lo que demuestra que era de esa localidad. Más tarde, en el siglo XIV, Nicéforo Calixto, lo menciona como «hombre del pueblo escita y bárbaro» (Hist. Eccl. XII, 45, Migne PG 146, col. 908).

Descripción: el historiador de la Iglesia Sozomenos hace un retrato de una gran sensibilidad moral y belleza literaria, narrando el trabajo de misionero llevado a cabo por Teótimo entre los bárbaros hunos. He aquí lo que escribió: “La iglesia de Tomi, y de hecho todas las iglesias de Escitia, han estado durante este período, bajo el gobierno de Teótimo, un escita. Había sido educado en la práctica de la filosofía, y sus virtudes se habían ganado la admiración de los bárbaros hunos que habitaban en las riberas del Istro, los cuales le llamaban el dios de los romanos, porque tenían conocimientos de los textos divinas escritos por él. Se dice que un día, al viajar hacia el país de los bárbaros, se dio cuenta de que algunos de ellos avanzaban hacia Tomi. Sus acompañantes estallaron en lamentaciones, y dando la ciudad por perdida, se bajaron de sus caballos y oraron. La consecuencia fue que los bárbaros pasaron de largo sin verlos, ni a sus acompañantes ni a los caballos de los que se habían desmontado. Cada vez que estas tribus, con sus frecuentes incursiones predatorias devastaban Escitia, él trataba de someter su ferocidad con buena disposición, presentándose con comida y con regalos. Por lo que uno de los bárbaros, llegó a la conclusión de que era un hombre rico, y determinó llevárselo como prisionero; él se inclinó, como era su costumbre cuando parlamentaba con sus enemigos; el hombre levantó su mano derecha para tirar de una cuerda, a la que sujetó firmemente al obispo, porque tenía la intención de llevárselo a su país, pero en el intento, su mano quedó extendida en el aire, y el bárbaro no fue liberado de sus terribles ataduras hasta que sus compañeros imploraron a Teótimo para que intercediera ante Dios en su nombre. Se dice que Teótimo siempre mantuvo el pelo largo (Kometes) que llevaba desde que se dedicó a la práctica de la filosofía. Era muy templado, no tenía las horas indicadas para sus festines, pero comía y bebía cuando se veía obligado a hacerlo por los gritos del hambre y de la sed. Me parece que es un filósofo que cede a las demandas de estos apetitos solo por la necesidad, y no desde el amor a la gratificación sensual”. (Sozomenos, Hist. Eccl. 7,26, in Migne, PG 67, 1497-1500).

Icono ortodoxo rumano del Santo en su atuendo episcopal.

Icono ortodoxo rumano del Santo en su atuendo episcopal.

Esta descripción nos hace comprender el celo misionero y el don de milagros que tenía Teótimo, pero también las duras circunstancias de su misión en Tomis. San Teótimo tenía y practicaba la «filosofía monástica» y le encantaba el «ascetismo», que en la cultura griega estaba asociado con la filosofía. Por otro lado, el término que designa el pelo largo «Kometes» nos recuerda el «comati», título con el cual fueron designados los nobles dacios locales. Otro escritor cristiano, Sócrates, dijo sobre San Teótimo que era «un obispo famoso por su piedad y rectitud de vida» (Sócrates, Hist. Eccl. 6,12, Migne, PG 67,701).

Durante este período se conocen algunos monasterios y ermitas de Escitia Menor, famosos por su ascetismo en los siglos V y VI y que fueron conocidos en todo el imperio como los famosos «monjes escitas» que estaban repartidos tanto en las regiones situadas entre el Danubio y los Cárpatos, como en Jerusalén, Constantinopla, Roma y África. Las ruinas de sus basílicas pueden verse hasta el día de hoy; son grandes y muy bien decoradas con mosaicos. Esto demuestra indirectamente que en estos siglos existía un impresionante número de creyentes en las regiones escitas.

Arcadio, emperador del Imperio Romano de Oriente había oído hablar de Teótimo, debido a su amistad con san Juan Crisóstomo. El arzobispo de Constantinopla en el año 399 envió unos monjes misioneros «a los escitas nómadas del Istro», probablemente solicitados por Teótimo (Teodoreto de Ciro, Hist. Eccl. 5, 31). Estos nómadas, de hecho pudieran ser los hunos y no se cree que la misión no fuese exitosa, porque San Jerónimo menciona que «los hunos aprenden el salterio y la frialdad de Escitia se calienta por el calor de la fe» (San Jerónimo, Carta 107).

En el año 399 o en el 400, Teótimo participó en un sínodo local de Constantinopla, convocado por San Juan Crisóstomo contra el obispo Antonino de Éfeso, que fue condenado por herejía (Paladio de Helenópolis, Vida de san Juan Crisóstomo, en Migne, PG 47, 179). Fue muy apreciado entre los otros obispos y esto lo confirma el hecho de que Teótimo se menciona como el primero en la lista de quienes firmaron los documentos del Concilio.

Unos años más tarde surgió una división entre los teólogos acerca de la ortodoxia religiosa de los escritos de Orígenes, que murió como un mártir (en el 254). Renombrados teólogos y obispos como Teófilo de Alejandría y Epifanio de Salamina, afirmaron que la obra de Orígenes contenía enseñanzas heréticas y que, como tal, debía ser condenado. Epifanio fue a Constantinopla, tratando de convencer a Juan Crisóstomo para que firmara la condena de Orígenes, pero Juan se negó. En medio de estas discusiones, Teótimo llegó a Constantinopla y participó en el Sínodo de la Encina, cerca de Calcedonia, en el año 403, donde San Juan Crisóstomo, fue acusado de apoyar a los monjes origenistas. Sozomenos lo escribe así: “Teótimo, obispo de Escitia, se opuso firmemente a las actuaciones de Epifanio, y le dijo que no era justo que insultara la memoria de quien durante mucho tiempo había sido contado entre los muertos; ni era blasfemia atacar la conclusión a las que los antiguos habían llegado sobre el tema, dejando a un lado sus decisiones». (Sozomenos, Hist. Eccl. 8,14 in Migne, PG 67,334, cf. Socrates, Hist. Eccl. 6,12, Migne PG 67,701). De estas palabras podemos deducir que Teótimo disfrutó de un gran prestigio entre los teólogos, pues Sócrates reproduce sólo su opinión sobre la obra de Orígenes. Por otra parte, esta historia termina su relato sobre Teótimo con las palabras: «un obispo famoso por su piedad y rectitud de vida» antes citadas (Sócrates, Hist Eccl 6,12, Migne, PG 67.701.).

Iglesia dedicada a San Teótimo en Murfatlar, Rumanía. Fuente: geografilia.blogspot.com

Iglesia dedicada a San Teótimo en Murfatlar, Rumanía. Fuente: geografilia.blogspot.com

San Jerónimo menciona los trabajos escritos por Teótimo, pero que actualmente no se conservan. De todos modos hay algunas pequeñas frases atribuidas a Teótimo en un escrito de San Juan de Damasco (749) con el título «Los santos paralelos» (Ta hiera parallela/Sacra parallela): “El que peca de pensamiento, por la solidez misma del pensamiento, comete el pecado completamente, mientras que las obras de la carne se pueden romper a través de muchos obstáculos» (Juan de Damasco, Santos paralelos, 2,9 in Migne, PG 96, 241 A); “Lo malo no es sufrir con dureza, sino que para sufrir hay que estar de acuerdo con la justicia” (ibid, 520B); “Recordando la verdad acerca de Dios lo hacemos para recordar la vida y olvidando, lo es para morirse” (ibid, 520B). El santo murió probablemente en los primeros años del siglo V, después del Sínodo de la Encina celebrado en julio del 403, donde su amigo, San Juan Crisóstomo fue condenado y depuesto de su sede.

Según el Acta Sanctorum (tom II / XI, p. 753, París, 1866), San Teótimo se conmemora el 20 de abril por «su santidad y sus milagros». Probablemente, la fecha de la conmemoración es el día en el que podría haber muerto. Hay un monasterio dedicado a San Teótimo en Murfatlar, cerca de Constanta (Rumania). De los Santos Bretanión y Teótimo no existen reliquias en ningún sitio.

El troparion (himno) de ambos santos es el tropario utilizado para los jerarcas:
«¡La verdad de las cosas revelaste a tu rebaño como regla de fe, un modelo de mansedumbre y maestro de abstinencia porque has alcanzado las alturas a través de la humildad y la riqueza, a través de la pobreza. O jerarca Bretanión (* Teótimo) padre nuestro, ruega a Cristo Dios para que sean salvadas nuestras almas!»

Mitrut Popoiu

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

María Santísima, Reina de todos los santos (XI)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

«Virgen del Rosario» (Virgen de El Escorial). Lienzo de Bartolomé Esteban Murillo (1650-55). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

En artículos anteriores hemos visto el culto que ha recibido Nuestra Señora en Occidente, tanto en la Edad Antigua como en la Edad Media. En este artículo vamos a ver como recibió culto en la Edad Moderna.

El culto mariano en la Edad Moderna (siglos XVI al XIX)
En el siglo XVI la legitimidad de algunas prácticas del culto mariano fueron puestas en entredicho por quienes apoyaban la llamada Reforma. Incluso dentro del catolicismo hubo quienes, como Erasmo de Rotterdam, atacaron algunas devociones populares a la Santísima Virgen, ya que en verdad eran más o menos exageradas.
Los jansenistas, en su pseudorreforma galicana, se mostraron hostiles al culto mariano hasta el punto de que Andrea Schurius intentó que se reformara el breviario romano según sus propias ideas. Son famosos sus “monita salutaria B. Mariae Virginis ad cultores suos indiscretos”, que fue publicado por Adán Widenfeld en el año 1673 y que fue incluida en el célebre Índice de Libros Prohibidos tres años más tarde.

Durante este período de tiempo, la liturgia romana se enriqueció con nuevas fiestas marianas: La fiesta de Nuestra Señora de las Nieves, que ya se celebraba en la Basílica romana de Santa María la Mayor y que fue extendida a toda la Iglesia por el Papa San Pío V; la fiesta del Santo Nombre de María instituida en el año 1683 por el Beato papa Inocencio XI en memoria de una victoria contra los turcos en Viena; la fiesta de Nuestra Señora de la Merced – que ya era celebrada por los mercedarios – pero que fue extendida a toda la Iglesia por el Papa Inocencio XII en el año 1690; la fiesta de Nuestra Señora del Rosario – celebrada por los dominicos – pero extendida a toda la Iglesia en el año 1716 por el Papa Clemente XI; la fiesta de Nuestra Señora del Carmen – celebrada ya por los carmelitas – pero que el Papa Benedicto XIII extendió a toda la Iglesia en el año 1726; la fiesta de los “Siete Dolores”, que el mismo Papa prescribió se celebrara el viernes de la Semana de Pasión y alguna otra.

En el siglo XVII surgió la costumbre de coronar solemnemente a algunas imágenes célebres de la Santísima Virgen. Esta costumbre fue iniciada por el Papa Clemente VIII cuando coronó a la imagen que se veneraba en la basílica de Santa María la Mayor de Roma, pero que siguió con algunas otras imágenes. Uno de los que promovieron este uso fue el conde Alessandro Sforza de Piacenza, el cual donó parte de sus bienes para crear un fondo para la adquisición de tres coronas de oro cada año. Entre los años 1631 al 1792, solamente en la ciudad de Roma, fueron coronadas ciento cuatro imágenes de la Virgen. ¡Una barbaridad!
El fraile capuchino Anselmo de Reno Centese, en su obra “Le immagini mariane già coronate in Italia e all’Estero”, publicada en el año 1933, nos enumera hasta ciento setenta y seis imágenes coronadas de la Santísima Virgen.

«Coronación de la Virgen», lienzo de Diego Velázquez (1635-1648). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

En el año 1563, el jesuita belga Jean Leunis constituía en Roma la primera Congregación Mariana con un grupo de alumnos del Colegio Romano. Rápidamente, las congregaciones marianas, de manos principalmente de los jesuitas, se extendieron por todo el mundo hasta el punto de que han llegado a existir la desorbitada cifra de ochenta y cinco mil. Estas asociaciones han tenido en sus filas a varios millones de asociados pertenecientes a todas las clases sociales. Han existido y aun existen Congregaciones Marianas Obreras.

En el 1595, en Alcalá de Henares, la madre franciscana Inés de San Pablo fundó la “Confraternidad de la esclavitud mariana”. Esta nueva forma de devoción se extendió rápidamente por toda España, Bélgica, Alemania, Italia y Francia, auspiciadas por el cardenal de Bérulle, el venerable Olier, el venerable Boudon y especialmente, gracias a San Luís María Grignion de Montfort que fue el fundador de la “Compañía de María” y el autor del clásico “Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen”. El objetivo de este movimiento mariano era el vivir con intensidad la consagración personal a la Madre de Dios.

La predicación mariana continuó en la Edad Moderna. En el siglo XVI, entre los grandes oradores marianos se distinguieron Alfonso Salmerón, Próspero Rossetti – autor de “Los discursos sobre el Ave María”Santo Tomás de Villanueva, San Bernardo, llamado el “Doctor mellifluus”, Bernardo de Luxemburgo – autor de “Sermones sobre el santo rosario” – y otros. En el XVII, destacó por su elocuencia el agustino Abrahán de Santa Clara, Angelo Francesco Tignosi, San Roberto Bellarmino, San Francisco de Sales, que escribió más de veinte discursos marianos, San Lorenzo de Brindisi y muchos otros, y en el XVIII, San Luís Maria Grignion de Montfort, San Leonardo de Porto Mauricio, San Alfonso Maria de Liguori, San Francisco Maria de Jerónimo, etc.

En el siglo XVI, bajo el influjo de la Reforma y del Renacimiento, las popularísimas representaciones sacras que ya habían aparecido en los siglos anteriores, aumentaron por toda Europa, destacando en España, Calderón de la Barca y Lope de Vega y en Portugal, Gil Vicente. En ese mismo siglo nació en Alemania la célebre representación de la Pasión de Cristo de Oberammergau (Baviera), aunque un siglo más tarde, este género literario decayó.

Andrea Hecht y Frederik Mayer interpretan el papel de María y de Jesús en la representación de la Pasión de Oberammergau. Alemania, 10 de mayo de 2010.

El 15 de agosto de 1638, el rey Luís XIII, postrado ante la Virgen Dolorosa, consagraba a ella todo el territorio francés y pocos años más tarde, en el 1647, el emperador Fernando III hacía lo mismo en Austria. Juan Casimiro, rey de Polonia, en el 1656, consagraba su reino a María incluyendo en las letanías la plegaria: “Reina de Polonia, ruega por nosotros”. O sea, en el siglo XVII, varios reinos europeos tomaron la costumbre de consagrar a María sus respectivos territorios.

En esos siglos, con respecto a la literatura mariana escrita en lengua latina, merecen destacarse la obra de Iacopo Sannazzaro, “De partu Virginis”, publicada en el año 1526, el “De Beata Virgine Dei Matre Maria” de San José de Anchieta que además le compuso más de ¡cincuenta mil versos!, el “In Natali Mariae Virginis Sanctissimae” del obispo Francesco Patrizi, el “Carmen epicum de Virginis in caelum assumptae triumphis” de Paolo Segneri y muchas otras. En la literatura italiana sobresalieron Vittoria Colonna, Verónica Gambara, Torcuato Tasso, Gabriele Chiabrera, Fulvio Testi Redi, Varano Parini y muchísimos otros. En la literatura francesa: Pierre Gringoire, Francoise Berenguer de la Tour d’Aubenas, la Beata Catalina de Ambroise, Anne des Marquets, Jean Passerat, etc., etc., etc.

En España, en el siglo XVI, que fue el gran Siglo de Oro de nuestra literatura, no lo fue sólo a nivel profano sino que también lo fue a nivel mariano, destacando Fray Luís de León, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Ávila, San Juan de Ávila, el venerable Luís de Granada, Luís de Acevedo – que fue el primero que publicó en castellano un “Mariale” completo – el famoso Lope de Vega, que escribió tantos dramas y autos marianos que es considerado como el más fecundo poeta mariano de todos los tiempos, Calderón de la Barca, Rojas Zorrilla, Agustín Moreto y Cavana, Leonardo Fernández de Moratín y muchísimos otros sobre cuyas obras podríamos escribir varios artículos más, cosa que no hacemos para no alargar en demasía los artículos de esta serie mariana.

«Virgen del Magnificat», tabla de Sandro Botticelli (1481). Galería de los Uffizi, Florencia.

En la literatura portuguesa, acordémonos de Gil Vicente, autor de varios “autos”, de Diego Bernardes, Luís Camoes, Luís de Sousa, Rodrigo Lobo, etc. En la alemana hay que decir que el mismísimo Lutero dedicó a la Virgen María unos cánticos que son exquisitos, a Juan Scheffler, al capuchino Procopio de Templin, a Gottlieb Klopstock, a Wolfgang Goethe que en su obra “Fausto” le dedica una bellísima oración a la Virgen y muchos otros más. En la literatura inglesa recordemos a Henric Constable, Thomas Lodge, Juan Beaumont, Ben Jonson… En la húngara (también en este país es su Edad de Oro), acordémonos del bellísimo canto “¿Dónde estás tú, estrella brillante de los húngaros?” que fue compuesto en 1651, o la “Corona de las rosas” de Stephan Gÿongyösi, a Vladislav Amadeo, Miguel Bozoki, etc. Podríamos seguir hablando de la literatura mariana polaca, holandesa, belga… pero sería alargarnos muchísimo.

Escribir sobre la pintura mariana en la Edad Moderna también es una atrevida tarea y no me meteré en este berenjenal, pero al menos mencionemos a Leonardo da Vinci, Rafael, Miguel Ángel, Murillo, Velázquez, Alonso Cano, Ribera, El Greco y tantos otros. Y en cuanto a la música, pues “tres cuartos de lo mismo” ya que el siglo XVI es el siglo de los grandes maestros de la música polifónica: Josquim de Près, Constanzo Festa, Palestrina, que es un verdadero maestro no sólo de la música sacra en general, sino de la música mariana en particular: recordemos su “Magnificat”, “Stabat Mater”, “Ave Maria”… Juan Sebastián Bach con su maravilloso “Magnificat”, Antonio Vivaldi, etc. ¡Para qué seguir si me voy a quedar corto de todos modos!

En el próximo artículo escribiremos sobre el culto a María en Occidente en la Edad Contemporánea, basándonos como siempre en la obra de Gabriel M. Roschini.

Antonio Barrero

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Santa Emerenciana, mártir romana

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Pintura decimonónica de la Santa, portando en la mano su instrumento de martirio: una piedra. Obra de Eugenio Cisterna (1892), capilla de la Santa en la basílica de Sant’Agnese Fuori le Mura, Roma (Italia).

Con el nombre de Emerenciana – en latín, “aquella que será recompensada”- se conoce a una virgen mártir romana cuya memoria se celebra hoy, día 23 de enero, apenas dos días después de aquella niña mártir romana celebérrima a cuya sombra ha tenido la suerte de convivir, Santa Inés. Digo esto porque la radiante aura de esta última ha contribuido a enaltecer a la que hoy vamos a tratar, pese a que ambas son mártires muy antiguas, a las que se ha dado culto desde muy temprano y de las que no existe la menor duda acerca de su existencia histórica, pero que, a diferencia de lo que dice la tradición, no están relacionadas en absoluto. Pero la brillante fama de una ha contribuido sin duda a que la otra sea muchísimo más conocida de lo que hubiese sido sin su atribuida compañera de martirio.

Antes que embarcarse a conocer a Santa Emerenciana, recomiendo leer el artículo que hace dos años dediqué a la niña mártir romana Santa Inés. La passio, que como ya dije no tiene valor histórico, menciona que tras el martirio, el cadáver de Inés fue llevado a la Vía Nomentana para ser sepultado, pero que hubo una refriega entre paganos y cristianos durante los funerales de la mártir y Emerenciana, una muchacha catecúmena que había sido hermana de leche de Inés -o sea, que a ambas las había amamantado la misma nodriza- increpó severamente a los paganos y éstos, en venganza, la lapidaron, matándola en el mismo sepulcro de Inés, por lo que sus padres la enterraron junto a ella.

Este relato procede única y exclusivamente de un autor anónimo que, en el siglo V, añadió al final de la passio latina de Santa Inés -escrita por un pseudo-Ambrosio- un capítulo tercero que habla de Emerenciana. Este capítulo dice que Inés se apareció ocho días después de su martirio a sus padres, que la lloraban, con objeto de consolarlos. También menciona la edificación de una Basílica sobre su sepulcro por parte de Constantina -mal llamada “Constanza”- hija del emperador Constantino, en agradecimiento a una enfermedad curada.

Pues es en este capítulo donde se dice que, entre quienes acudieron a los funerales de Santa Inés, había una joven llamada Emerenciana: Emerentiana, quae fuerat collactanea eius, virgo sanctissima, liceo cathecumena. Es decir, el texto afirma que era hermana suya de leche –collactanea-; que era virgen y catecúmena, es decir, que estaba siendo instruida como cristiana, pero aún no había sido bautizada. Cuando la comitiva cerraba el sepulcro de Santa Inés, se organizó una agresión imprevista de un grupo de paganos y Emerenciana, en lugar de huir, se enfrentó a la turba para recriminarles su actitud y ellos la mataron a pedradas. Los padres de Santa Inés sepultaron su cuerpo in confinio agelli beatissimae virginia Agnetis, dentro de unos terrenos que poseían, o sea, sepultaron a una junto a la otra. El autor concluye diciendo que, según la doctrina del «Bautismo de sangre», no hay dudas de que Emerenciana fuera bautizada en su propia sangre, pues murió en defensa de la justicia confesando su fe en Cristo. Aún no siendo bautizada, su martirio fue válido.

Lapidación de la Santa. Pintura de Eugenio Cisterna (1892), capilla de la Santa en la Basílica de Sant’Agnese Fuori le Mura, Roma. Fotografía: Alvaro de Alvariis.

Sin embargo, todo este tercer capítulo de la passio de Santa Inés ha sido juzgado muy severamente por los hagiógrafos más críticos. Fue ignorado por San Máximo de Tours (423), el cual utilizó muchas veces esta passio y nunca menciona el martirio de Emerenciana. Además, este añadido comete tantas inexactitudes con respecto a la época de Constantino que se piensa que, además de ser un añadido tardío, es descabellado, es decir, legendario, sin reflexión por parte del autor.

Los únicos elementos de este relato sobre Santa Emerenciana, documentados por otras vías, que podemos considerar certeros, son su nombre -indudablemente latino-, su martirio -aunque se desconoce cómo fue, ya que el relato de la lapidación, al ser un añadido tardío, no ofrece garantías de autenticidad- y su sepultura junto al sepulcro de Santa Inés, donde sí estaba realmente, pues de allí se recuperaron sus reliquias. Según algunos críticos, quizás también pueda aceptarse que fuera simplemente una catecúmena en el momento de morir como mártir. Este último añadido no es normal en las passio legendarias de la época y pudiera ser un dato que existiera según una tradición oral. Es completamente imposible precisar la fecha del martirio, aunque pudiera haber ocurrido en tiempos de Diocleciano. Por lo tanto, aunque el relato sea legendario, la mártir sí es real y además lo prueban muchas fuentes documentales y arqueológicas.

Independientemente de esta passio e incluso antes de ella, Santa Emerenciana aparece en el Martirologio Jeronimiano, que en su redacción más antigua la recuerda perteneciendo a un grupo de mártires del Coementerium Maius, situado en la Vía Nomentana y que aparece en un epígrafe proveniente de dicha catacumba romana.

El Martirologio Jeronimiano dice el 16 de septiembre: “Romae, via Nomentana ad Capream, in cimitero maiore, Victoris, Felices, Alexandri, Papiae, Emerentianetis” y el mismo elogio, aunque con algunos nombres menos, aparece el día 20 de abril.

El epígrafe que antes hemos mencionado y que fue encontrado roto por De Rossi cerca del Ponte Rotto, recientemente ha sido completado por un fragmento que había desaparecido y que ha sido recuperado en unas excavaciones realizadas en ese cementerio de la vía Nomentana. Este epígrafe, más que confirmar el día de la sepultura de los mártires, de los que ni siquiera se dice si murieron juntos, se presenta como el recuerdo de una celebración litúrgica común de todos ellos, celebración que se realizada en el propio Coementerium Maius en honor de los santos allí sepultados. Dicho epígrafe dice así: XVI. kal. oct. Marturoro. Hic. in CimiTeru maiore. Victoris. Felicis. Papiantis. Emerentianetis et Alexandri.

Entierro de la Santa. Pintura decimonónica de Eugenio Cisterna (1892). Capilla de la Santa en la Basílica de Sant’Agnese Fuori le Mura, Roma. Fotografía: Alvaro de Alvariis.

Como podemos comprobar, Emerenciana no aparece como cabeza del grupo, sino que aparece Víctor. Ella debe su preeminencia a la influencia que ha tenido la passio de Santa Inés, de cuya extraordinaria popularidad ella también participa, como decía al principio del artículo. Un signo evidente de esto es que ha conseguido una conmemoración litúrgica especial en su nombre el día 23 de enero, dos días después de la festividad de Santa Inés, apareciendo ya en esa fecha en el siglo VIII, registrándose así en el Martirologio de Beda y en los códices posteriores al Martirologio Jeronimiano, Sacramentario Gelasiano y posteriormente, en el Misal y en el Martirologio Romano.

En la iconografía existente en este Coementerium Maius, ella aparece representada desde muy antiguo dentro del grupo de estos mártires que hemos mencionado. Así está en dos antiquísimos frescos conservados de manera muy defectuosa y en una especie de “obstáculo votivo” descubierto en el año 1855, donde están estos cinco mártires juntos. Quizás este obstáculo debía ser para proteger el epígrafe anteriormente mencionado, que estaba en el ábside de una cripta dentro del mismo cementerio y que fue descubierta en el año 1873, siendo considerada la primitiva sepultura de la Santa.

Más tardíamente se la representó a ella sola, exactamente como una santa doncella, con dos devotos a sus pies, en una pintura que fue descubierta en el año 1933 en un pequeño cubículo dentro del mismo cementerio del que estamos hablando.
En los mosaicos de San Apolinar Nuevo de Rávena, que pertenecen a la primera mitad del siglo VI, ella aparece entre las vírgenes Paulina y Daría, mártires romanas como ella.

Una prueba más de que la passio de Santa Inés influyó en el culto de la santa es que en los itinerarios del siglo VII se la recuerda ya como la cabecilla del grupo de los mártires del Coementerium Maius, -sustituyendo, pues, a Víctor- en los cuales ya también se menciona la basílica construida sobre su sepulcro. Por ejemplo, el Itinerarium Salisburgense cuando habla de la Vía Nomentana, dice: Et postea vadis ad orientem, quousque pervenies ad sanctam Emerentianam martyrem, quae pausat in ecclesia sursum et duo martyres in spelunca deorsum, Victor et Alexander.

Vista del sepulcro donde reposan los restos de las mártires Inés y Emerenciana. Basílica de Sant’Agnese Fuori le Mura, Roma (Italia).

Guillermo de Malmesbury, hablando de ella, dice: Iuxta víam s. Agnetis et ecclesia et corpus, in altera ecclesia s. Emerentiana et martyres Alexander, Felix et Papias. El sepulcro de la santa debía estar al nivel del suelo y sobre él fue erigida la iglesia que, según el Liber Pontificalis fue restaurada por el Papa Adriano I (772-795).

En el siglo IX, las reliquias de Santa Emerenciana fueron transferidas a la basílica de Sant’Agnese Fuori le Mura. Pablo V, en el año 1615, ordenó construir una hermosísima caja de plata donde puso los cuerpos de las dos santas -Inés y Emerenciana- que fue colocada bajo el altar mayor de la basílica. En otras iglesias romanas también se han erigido altares en su honor, como por ejemplo en Sant’Agnese in Agone, San Pietro in Vincoli (donde se conserva su cráneo), Santa Maria in Campitelli, etc. Existen ciudades españolas, alemanas, belgas y francesas que presumen de tener reliquias suyas. Es el caso de Teruel (España), de donde es patrona y el día de su fiesta se la honra sacando en procesión un hermoso busto-relicario que la representa.
Me consta que en Tlaxcala y Guadalajara (México) hay también culto a esta mártir, en unión con Santa Inés.

La iconografía de la Santa es ciertamente curiosa. La mayoría de veces aparece como una joven doncella con las faldas recogidas en el regazo y sosteniendo en ellas un puñado de piedras, símbolo de su martirio legendario. Así es ciertamente fácil reconocerla, y de hecho, como decía, es su representación más habitual.

Pero no es la única. En Francia, es muy frecuente que aparezca con el vientre abierto y los intestinos desparramándose a través de los labios de la herida, de modo que ella intenta sostenerlos con ambas manos. Esta iconografía horrible, que comparte con San Erasmo -obispo mártir que fue eviscerado- me trajo de cabeza durante mucho tiempo pues no encontraba relación alguna con el martirio de la Santa, que sería la lapidación. Me preguntaba si acaso una de las consecuencias del apedreamiento sería la rotura del peritoneo y el derrame de las vísceras, como sí ocurre con la fractura del cráneo; pero aún así no me lo explicaba. Tanto más cuanto en Francia, se la invoca contra los males de estómago, al tenerlo ella abierto y desparramado. Incluso pensaba si no era un error iconográfico, confundiendo intestinos con piedras, pues el gesto que usa la Santa para sostener unos y otras es prácticamente idéntico.

Detalle de la Santa en una pintura barroca del artesonado de madera, techo de la capilla de Santa Noyale, en Pontivy (Francia). Aunque la obra es de dudosa calidad, permite documentar la curiosa iconografía de la Santa sujetando el paquete de vísceras que sale de su vientre abierto, muchas veces confundido con una enorme piedra.

Finalmente, gracias al volumen I del manual Iconografía del Arte Cristiano de Louis Réau, he podido saber que esta desagradable representación de la Santa se debe a que existe otra versión del añadido a la passio de Santa Inés que dice que Emerenciana, en lugar de lapidada, habría muerto destripada por los paganos. De ahí que aparezca con el vientre abierto y mostrando las vísceras. Este patronazgo fue muy importante en Francia, pues no sólo se la invocaba contra el mal de estómago, sino contra el miedo. Yo veo una relación clara que Réau también remarca: a veces, el miedo nos provoca dolor de estómago, de modo que si Emerenciana fue valiente y no sintió miedo al enfrentarse a los paganos que la mataron, debía ser invocada para superar el miedo y con él, el mal de vientre. Esta explicación tiene mucho más sentido que la de la evisceración, que al no constar ni en el añadido oficial del s.V, tiene todavía menos visos de ser auténtica que la lapidación.

El mismo Luis XI, rey de Francia, en 1427 edificó una capilla en honor a la Santa en el bosque de Longué (Anjou) después de que fuera a cazar y le acometiera un terrible dolor de estómago que le desapareció apenas invocó a la Santa.
En Chanteau (Loiret) había dos fuentes, una dedicada a San Remigio y la otra a Santa Emerenciana. Se decía que si bebías de la primera, te daban cólicos; y si bebías de la segunda, te los curaba.
Así que ya sabéis, si os duele el estómago u os morís de miedo, invocad a Santa Emerenciana, además de ir al médico, por supuesto.

Lapidación de la Santa. Lienzo de autoría y procedencia desconocidas.

Desde luego, no haría falta decirlo, otra representación habitual de la Santa es su martirio: aparece como una joven abrazada o acurrucada junto al sepulcro de Santa Inés, siendo apedreada por una turba furiosa. Sólo hay una variación curiosa que he podido documentar en un fresco gótico de ámbito lombardo: la Santa está metida dentro de un pozo y un hombre está dejando caer una enorme roca sobre su cabeza.

Además, decir que en modo alguno debe confundirse a Santa Emerenciana con Santa Emerencia, quien sería la legendaria madre de Santa Ana y por tanto, bisabuela de Jesucristo. Digo “legendaria” porque todo lo que concierne a la llamada Santa Parentela es más apócrifo que otra cosa. Es importante no mezclar a la mártir romana, Emerenciana, con la presunta bisabuela de Cristo, Emerencia. En francés se las confunde constantemente, hasta el punto de que a ambas se las acaba llamando indistintamente Emèrance o Emerentiènne. Pero que quede claro que no tienen nada que ver una con la otra.

Tampoco debe confundirse a nuestra mártir de hoy con otra mártir de idéntico nombre, compañera de Santa Flaviana, que fue ejecutada con ella en Uta (Cerdeña) por atender en las cárceles a los cristianos prisioneros, en tiempos de Diocleciano, siendo Bárbaro pretor. Si Dios quiere, algún día hablaré sobre ellas.

Por último, también existe otra Santa Emerenciana, cuyo esqueleto se venera en la abadía de Ochsenhausen (Alemania); la cual, como algunos ya habréis deducido, es una mártir de las catacumbas y seguramente ese nombre le haya sido atribuido de modo totalmente arbitrario. Es posible que exista alguna otra.

Lapidación de la Santa junto a la tumba de Santa Inés, que se le aparece para consolarla. Relieve barroco de Ercole Ferrata, basílica de Sant’Agnese in Agone, Roma (Italia).

Y hablando de personas que no tienen nada que ver entre sí, me dejo para el final la cuestión clave: ¿era Santa Emerenciana hermana de leche de Santa Inés? Si has prestado atención al artículo, ya sabrás que la lógica respuesta es NO. Aunque el añadido del siglo V lo mencione, ya hemos dicho que este texto no tiene valor histórico. ¿Por qué, entonces, hermanar a dos mártires que no tienen parentesco familiar alguno, que probablemente no compartieron momento de martirio y quizá ni época? Pues simple y llanamente, por la sencilla y pura casualidad de que estaban enterradas una al lado de la otra en las catacumbas de la Nomentana. No hay más.

Quienes hayan leído mis artículos sobre Santa Balbina, Santa Cecilia; u otros artículos de mártires romanos, no encontrarán ninguna novedad en esta afirmación. Pero así ocurría: a mártires que eran encontrados enterrados cerca o juntos, sin ningún criterio se les hacía familiares entre sí y se redactaban passio totalmente fabulosas donde eran hechos esposos -Cecilia y Valeriano- padres e hijos -Balbina y Quirino– hermanos o hermanas -Inés y Emerenciana- sin el menor fundamento. Aunque hay que admitir que a nuestra querida Emerenciana le ha venido de perlas el ser infundadamente relacionada con una mártir de la fama y prestigio de Inés. A saber si, de no ser por ello, sería tan conocida y venerada.

Para acabar, ya que os habéis detenido amablemente a leer este artículo, os animo a que visionéis este estupendo vídeo de la diócesis de Teruel donde se habla con más detalle del culto a la Santa en esta ilustre ciudad española. Además de algunos detalles de bellas obras de arte dedicadas a la Santa, tendréis ocasión de aprender un poco más sobre su culto local a través de las palabras del Deán de la catedral. Sólo dejo una pregunta en el aire: ¿era Santa Emerenciana bicéfala? Lógicamente no, ¿verdad? Entonces, si desde su traslado de las catacumbas a Roma, su cráneo siempre ha quedado en la Basílica de San Pietro in Vincoli, ¿cómo va a estar en Teruel? Ahí lo dejo.

Santa Emerenciana from Diócesistv Teruel on Vimeo.

Meldelen

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Nuestra Señora de la Encarnación de Cholula

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Ntra. Sra. de la Encarnación del Divino Verbo. Foto de Tomás Xicale.

Nuestra Señora de la Encarnación del Divino Verbo, de la Capilla Real de los Naturales de Cholula

“¡Oh Madre del Verbo Eterno y tan piadosa que con serlo, os dignáis de serlo de los hombres! ¡Bendito sea vuestro vientre purísimo, que mereció nueve meses ser custodia de la Divinidad!”
Ejercicios devotos para los 9 días antes de la Purísima Encarnación del Hijo de Dios, Jesucristo Señor Nuestro. Sor Juana Inés de la Cruz.

Como ya lo había escrito en el artículo dedicado a Nuestra Señora de Tzocuilac, en Cholula existen imágenes de la Madre de Dios que son objeto de las más tiernas devociones, y toca hoy hablar de la imagen de Nuestra Señora de la Encarnación del Divino Verbo o como la llaman sus devotos simplemente como “La Virgen de la Encarnación”, que se venera en la Capilla Real de los Naturales, en el municipio de San Pedro Cholula, Puebla.

No se tiene la certeza el origen de la imagen, lo único que sabemos es que pertenecía al Presbítero Porfirio Armijo y su hermana Angelina, ambos la conservaban en su casa ubicada en la esquina de las antiguas calles de la Constancia y Jerusalén, hoy calle 3 norte y la avenida 4 poniente en el Centro Histórico de San Pedro Cholula. La Imagen suponemos, había sido heredada por su familia.

Fotografía del padre Armijo y su hermana Angelina, propietarios de la imagen de la Virgen de la Encarnación de Cholula. Fotografía de Alicia Cocolotl.

El padre Armijo era párroco de la comunidad vecina: San Andrés Cholula, durante su gestión animaba pequeñas peregrinaciones por las tardes con los niños del catecismo y de la escuela parroquial con sus catequistas, desde San Andrés hasta su casa para orar ante la imagen de María Santísima. Tal vez por la edad o por que había sido cambiado a la distante parroquia de San Rafael Tlapanalá, pensó donar la imagen a la Capilla Real, más o menos en el año de 1945, siendo ayudado para entronizarla por las jóvenes catequistas. El lugar en la Capilla Real donde fue colocada al principio, fue al lado de la gran pila del agua bendita frente a la puerta de acceso al recinto donde por mucho tiempo recibió veneración por parte de los fieles cholultecas. El 18 de junio de 1999 un sismo afectó como a muchos templos de la región, a la Capilla Real, por tanto la imagen de la Virgen fue trasladada a la Capilla de los Mártires Mexicanos dentro del curato parroquial, lo cual supuso un aumento de su culto cuando regreso a su capilla.

La imagen de la Virgen ha cambiado de sitio dentro de la misma Capilla Real, hasta ser colocada en la capilla donde actualmente se le venera, que es en la primera de lado de la Epístola, donde todos sus devotos poco a poco han ido adornando el espacio a la Madre de Cristo.

Vista de la imagen en el día anterior a su festividad.

La imagen es de tamaño regular de buena factura, muestra a María de pie, ligeramente inclinada hacia adelante, sus manos a la altura del pecho lleva una paloma, aludiendo el momento en que pronuncia las palabras del Evangelio de Lucas: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según Su Palabra”. La imagen esta dentro de un nicho de madera dorada protegido con cristales cuyo interior muestra un barroquismo inigualable, quizás de finales del siglo XVII siendo parte de algún retablo que anteriormente pudo haber contenido otra escultura de menor tamaño y después se ajustó para la Virgen.

Es la imagen más visitada dentro del inmueble religioso, pues es raro no ver fieles en oración ante Ella cuando permanece el templo abierto, sin mencionar los días 25 de cada mes para la práctica piadosa de la “Caminata de la Encarnación” y los domingos cuando se celebra la misa en su capilla. El día 25 de marzo aunque no hay las fiestas que comúnmente se hacen como las patronales, llegan muchos devotos para honrar a la Santísima Virgen, incluyendo gente que vienen de la cercana la ciudad de Puebla, y estados de alrededor.

En la Capilla Real, ciertas fiestas marianas, preside la Imagen de la Virgen de la Encarnación recibiendo culto especial, como el mes de Mayo en el ofrecimiento de flores y concluirlo con la solemne coronación el 31 de Mayo; o el 13 de Agosto día del Tránsito de María, su imagen es sacada de su nicho y llevada a la nave principal donde es recostada en una cama y rodeada por flores y frutas de temporada, (manzana, pera y durazno). El día 14 durante la noche se le hace una alfombra de aserrín y se vela a la Virgen; son quizás, los únicos días en que los fieles pueden venerar y observarla directamente sin los cristales de su nicho. El día 15 de la Asunción ya sea en la madrugada y por la mañana se levanta a la Virgen y se le cantan las tradicionales “mañanitas”, para que posteriormente sea devuelta a su capilla.

La piedad de sus devotos, no ha sido defraudada y se habla de muchos prodigios otorgados por la mediación de la Virgen en esta su imagen de la Encarnación. Se pueden contar entre los más agradecidos a los matrimonios que obtuvieron la gracia de concebir un hijo, las jóvenes para pedir un excelente matrimonio, y llegar a buen término un embarazo.

Vista de la capilla donde se venera la imagen. Fotografía de Enrique López-Tamayo Biosca.

Ya desde su llegada a la Capilla Real, ha circulado entre los cholultecas la idea de que la Virgen por la noches sale a caminar por la calles para velar y cuidar a sus hijos y es por eso que la suelas de sus zapatos se desgastan y que hay que cambiárselos. Hay quienes afirman que en las noches de lluvia aparece un poco lodo en ellos. Hermosos y poéticos relatos de la piedad popular que nadie se atreve a comprobar o desmentir, pero que sin duda forman parte de nuestra cultura religiosa.

Nuestra Señora de la Encarnación, objeto de creciente devoción, brota de la gente que la practica, cuando la visita, le ora y la invoca, uniéndose así a la piedad milenaria de la Iglesia en su amor a la Soberana Madre de Cristo.

Nota: Dado que no hay textos bibliográficos que hablen del tema, toda la información recabada fue por fuentes orales, es por eso que agradezco a los señores Antonio Juárez León, Delfina Tolama Cortés y Rosa Juárez Sevilla, por todos sus recuerdos y dedicada a sus devotas Celia Rivera Zárate y Marcela María Huelgas de López Tamayo…

Tacho de Santa María

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