Nuestra Señora de Guadalupe: reina de México y emperatriz de América (VII)

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"San Juan Diego Cuautlatoatzin", óleo de Miguel Cabrera.

«San Juan Diego Cuautlatoatzin», óleo de Miguel Cabrera.

Controversias Guadalupanas: Las reliquias de San Juan Diego
Hace algunos meses a la redacción llegó una consulta que hacía referencia a si era cierto que la única reliquia de San Juan Diego era el ayate de Guadalupe, pregunta a la cual respondí en su momento a grandes rasgos, pero que me hizo meterme a investigar un poco más al respecto y decidir escribir un artículo dedicado a este tema para reforzar aquella respuesta. He de confesar que no soy especialista en reliquias, como sí lo es Antonio o Poncho y es el primer artículo que escribo con un tema sobre reliquias, pero espero que mis apreciaciones no sean tan alejadas del tema.

Entre los temas más polémicos que existen alrededor del guadalupanismo mexicano es sin duda el referente a la existencia de San Juan Diego, debido en primera instancia a la falta de reliquias suyas que comprueben que fue una persona real. Válgase que, como bien sabemos, aun esto en el caso de los santos, no siempre es un testimonio fidedigno, y esto hace que San Juan Diego siga quedándose tan sólo en la leyenda, ¿pero hubo reliquias de San Juan Diego? Esto es lo que trataré de esclarecer. Aunque narraré parte de la biografía de este Santo, no profundizaré debido a que ya existe un artículo anteriormente publicado en el que se trata a más detalle el polémico caso de si San Juan Diego existió o no; yo sólo mencionare lo suficiente para tratar de dilucidar si existieron reliquias suyas.

Juan Diego Cuautlatoatzin («águila de habla») nació en Cuauhtitlán, cerca de México-Tenochtitlán hacia 1474. La tradición dice que pertenecía a la casta de los macehuales, que estaba formada por campesinos y artesanos; a pesar de esto, últimamente los investigadores guadalupanos dicen que se ha descubierto que era descendiente del rey de Texcoco, Netzahualcóyotl “el rey poeta” y que fue caballero águila en su juventud en las guerras floridas. Se casó con una mujer de nombre Malintzin. Después de la conquista y evangelización, Cuautlatoatzin y su esposa se convirtieron gracias a la predicación de fray Toribio de Benavente, mejor conocido como “Motolinía” [1], lo que les llevo a ser bautizados con el nombre de Juan Diego y María Lucía respectivamente y a casarse ahora por la Iglesia. Parece que en este momento de su conversión es también según los investigadores el momento en que decide dejar las posesiones que tenía y convertirse en simple macehual. Hacia 1529 fallece María Lucía y Juan Diego decide irse a vivir a casa de su tío Juan Bernardino.

Ermita y Santuario del "Cerrito" en Cuauhtitlán,  Estado de México, construidos sobre los vestigios de la que fuera la casa de San Juan Diego.

Ermita y Santuario del «Cerrito» en Cuauhtitlán,  Estado de México, construidos sobre los vestigios de la que fuera la casa de San Juan Diego.

Es dos años después de que Juan Diego vive en casa de su tío, que entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531, se convierte en el vidente de Nuestra Señora de Guadalupe. Posteriormente al ya conocido milagro de la Virgen de Guadalupe, parece que Juan Diego decidió dedicarse por completo al cuidado de la imagen guadalupana y por lo mismo decidió mudarse a la ermita donde ésta se conservaba, donde se dedicaba a predicar a sus hermanos y contarles las palabras que la Señora del cielo le había dicho. Se dice que dos veces más se le apareció la Virgen: una para avisarle que su tío Juan Bernardino moriría y la siguiente para decirle que ya se acercaba también su hora; el vidente de la Virgen de Guadalupe fallece hacía 1548 y al parecer es sepultado en la misma ermita donde vivió y donde se veneraba el milagroso ayate.

Las primeras reliquias a las que haré referencia es a los restos de las casas en las que vivió San Juan Diego, en Cuautitlán y el Tulpetlac respectivamente. Los descubrimientos arqueológicos en Cuauhtitlán, donde actualmente existe un templo dedicado a Nuestra Señora de Guadalupe y San Juan Diego, han sacado a la luz que tanto los muros y las cuatro columnas de la ermita corresponden al siglo XVI; ya para 1798 existe un documento en donde se pide permiso para construir una nueva ermita en ese sitio, por ser donde vivió Juan Diego. Hacia finales del mismo siglo XVIII y principios del XIX son encontradas los vestigios de lo que se supone fue la casa de San Juan Diego, y según el dictamen del arqueólogo Jorge R. Acosta se trata de una “habitación que perteneció a la cultura azteca III-IV, por lo tanto, corresponde al momento de la conquista de México por los españoles”. A un lado de los vestigios de la casa y fuera del actual templo, se hallaron las ruinas de una primitiva ermita, lo que nos indica que en ese sitio existió una muy temprana devoción a san Juan Diego, por considerar que en ese sitio fue donde vivió, lo que refuerza a un más la idea de que el dicho vidente realmente vivió en ese lugar. Además en esta ermita se conserva una pila bautismal donde se dice fue bautizado el Santo.

La Parroquia de indios, donde se supone esta o estuvo sepultado San Juan Diego. Fuente: www.virgendeguadalupe.org.mx

La Parroquia de indios, donde se supone esta o estuvo sepultado San Juan Diego. Fuente: www.virgendeguadalupe.org.mx

La siguiente reliquia que de Juan Diego podemos encontrar es la casa en Tulpetlac, donde vivió con su tío Juan Bernardino y que, actualmente, es el Santuario de la quinta aparición. En este sitio la veneración parece ser un poco más tardía que en Cuauhtitlán; existe en el Archivo General de la Nación un documento del siglo XVIII donde se pide se construya una ermita en ese sitio, donde se cree fue la quinta aparición a Juan Bernardino y donde vivió Juan Diego; y algunos documentos más narran que, ya anteriormente, los indios de esa zona tenían una pequeña ermita dedicada a Juan Diego, por la fama de santidad que éste tenía. En el sitio de Tulpetlac los vestigios arqueológicos que se han encontrado corresponde a pedazos de cuatro paredes de una casa del siglo XVI, una de ellas parece ser de una barda divisoria entre la casa y la hortaliza.

Una de las más importantes y polémicas reliquias de San Juan Diego es su tumba y por consiguiente su cuerpo. A través de los años ha existido mucho interés por encontrarlas y parece que eran encontradas y desaparecidas de nuevo, hasta el punto de que actualmente no se sabe dónde están, lo que hace que Juan Diego, a pesar de todo, siga rodeándose de la leyenda al no poder encontrar un cuerpo real. Como ya mencioné arriba todo parece indicar que San Juan Diego fue sepultado en la primera ermita de la Virgen de Guadalupe, la cual es conocida actualmente como “Parroquia de Indios”. En esta misma existe un antiguo epitafio que dice “En este lugar se le apareció la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego, el cual está enterrado en esta iglesia”. Todo indica que desde el siglo XVIII se ha intentado encontrar los restos de San Juan Diego siempre con la idea de poder llevarlo a los altares.

Santuario de la Quinta aparición, que conmemora la aparición de la Virgen de Guadalupe al tío Juan Bernardino y construido sobre la casa de ambos en Tulpetlac, Estado de México.

Santuario de la Quinta aparición, que conmemora la aparición de la Virgen de Guadalupe al tío Juan Bernardino y construido sobre la casa de ambos en Tulpetlac, Estado de México.

Uno de los más antiguos registros sobre esto se encuentra en la obra de Mariano Fernández de Echeverría y Veytia, “Baluartes de México” obra escrita entre 1775-1779; este mismo historiador dice haber participado en la búsqueda, por lo cual es una fuente de primera mano en este caso. Se dice que se hizo una excavación en el templo y que se encontraron varios restos mortales, entre ellos, el cuerpo incorrupto de un sacerdote, posiblemente capellán de la misma ermita, pero que ninguno de los cuerpos pudo ser identificado, por lo cual no pudieron dar con cuál de todos pudiera ser el de Juan Diego. Curiosamente un siglo después, en la primera mitad del siglo XIX según un documento denominado “Inventario Razonado” asegura que en la Parroquia de Indios se encuentras los restos de Juan Diego y su tío Juan Bernardino: “Constrúyase la que llaman parroquia de indios, o iglesia provincial dedicada el año de 1695. En este año se trasladaron de la Yglesia Artezonada a la de Yndios la celestial pintura la imagen de plata, por que se iba a destruir la Artezonada; en este mismo año se transformó en sacristía la ermita. Ytem: se trasladaron de ella a la iglesia de indios los huesos de Juan Diego y Juan Bernardino…”

A finales de este mismo siglo XIX, curiosamente, el abad de la Colegiata de Nuestra Señora de Guadalupe, don José Antonio Plancarte y Labastida, ante la inminente coronación pontificia del ayate de Nuestra Señora de Guadalupe, declara en sus cartas que pedía insistentemente a Nuestra Señora para que apareciera la tumba de Juan Diego, y refería también que en varias ocasiones habían intentado encontrarlo, pero sin éxito.

Posteriormente con la Guerra Cristera, al ser trasladada la imagen original de Nuestra Señora de Guadalupe a un refugio para protegerla de algún atentado como el ocurrido en noviembre de 1921, y según refería el abad de la basílica, también se trasladaron las reliquias de Juan Diego para evitar su profanación, pero posteriormente al terminar el conflicto solo volvió a su lugar la tilma con la Virgen y no así las reliquias del vidente, de las cuales se olvidó la localización.

Nuestra Señora de Guadalupe con fray Juan de Zumarraga, San Juan Bautista y San Juan Diego, óleo de Miguel Cabrera.

Nuestra Señora de Guadalupe con fray Juan de Zumarraga, San Juan Bautista y San Juan Diego, óleo de Miguel Cabrera.

Ya entrado el siglo XX hacia 1979, cuando se abre la causa de beatificación de Juan Diego, la Congregación para la Causa de los Santos pide a los postuladores la búsqueda de las reliquias del propuesto a beato, a lo que los encargados de la causa alegaron que “después de 400 años ni polvo ha de haber”, por lo que la Congregación de los Santos les pidió que probaran que fue sepultado. Tres años después se presentó el cardenal Giovanni Papap ante el postulador de Juan Diego y después de escucharle detenidamente le dijo: “Mire, lo de Juan Diego no hay nada. Lo de la Virgen de Guadalupe fue un mito con lo que los misioneros se ayudaron para la evangelización de México y Juan Diego ni existió, y la documentación que se tiene (en la Congregación para la causa de los Santos) ni siquiera la hemos leído”. Sin embargo algunos años después, basándose en documentos e investigación y posiblemente con algo de ayuda externa, se logra proseguir con la causa y que esta sea aceptada por la Congregación y que como sabemos sea beatificado Juan Diego en 1990 y posteriormente canonizado en 2002 por el papa San Juan Pablo II.

Aun con todo esto, hasta el día de hoy no se ha podido localizar la supuesta tumba de Juan Diego ni el cuerpo del mismo. Sin embargo, como vemos hay constancia documental de un culto muy temprano a un indio de vida virtuosa en los sitios que según el Nican Mopohua coinciden con los rasgos de San Juan Diego, el vidente de Guadalupe. Acaso pudiera ser que uno de esos restos no identificados bajo la Parroquia de Indios, ¿será el de San Juan Diego?, o tal vez ni siquiera estuvo enterrado en ese sitio nunca, pudiera ser también factible la idea de que fueron ocultas sus reliquias durante la Cristiada y que se hayan extraviado y por lo mismo actualmente no estén en la Parroquia de Indios o ni si quiera en la circunscripción de la Basílica de Guadalupe. Creo que las pruebas documentales y arqueológicas son suficientes para pensar que realmente existió un indio virtuoso que recibió veneración tempranamente, trátese o no del mismo Juan Diego, vidente de la Virgen de Guadalupe. Cabe la posibilidad del mismo modo que los mismos españoles hayan “ocultado” los restos de Juan Diego para evitar su culto y veneración desde épocas muy tempranas, pues es sabido que aun tratándose de un prospecto a santo, por el hecho de ser indígena o hasta defensor de los indios era visto con recelo por las élites ibéricas de la Nueva España. Cosa similar sucedió con los restos de fray Pedro Lorenzo de la Nada, defensor de los indios en Tabasco y Chiapas; sea como sea, son sólo hipótesis, los hechos son que las dichas reliquias de San Juan Diego no aparecen y por lo mismo hace que Juan Diego siga inmerso en la leyenda y la polémica aunque existan vestigios y documentos que afirman su existencia.

André Efrén

Bibliografía:
– ÁLVAREZ DEL REAL, María Eloísa, “Santuarios de la Virgen María apariciones y advocaciones”, Panamá, Editorial América, primera edición, 1991.
– ISLAS VÍCTOR, Hugo y PÉREZ SOUZA, Virginia, “Juan Diego a los altares”, México, La Prensa, primera edición, s/a.
– ROMERO SALINAS, Joel, “Juan Diego: su peregrinar a los altares”, México, Ediciones Paulinas, primera edición, 1992.
– SAUCEDO ZARCO, Carmen, “Historias de Santos mexicanos”, México, Planeta, primera edición, 2002.


[1] Curiosamente, “Motolinía” en sus obras, aunque menciona que varios de los indios que el bautizo habían sido objeto de manifestaciones milagrosas, jamás menciona a Juan Diego ni a la aparición guadalupana; válgase que sus textos están incompletos y las versiones originales están perdidas, pero a pesar de ello no deja de ser curioso el dato.

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