San José, Patrono de Zapotlán el Grande, Jalisco

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Vista de la imagen de San José venerada en Zapotlán (México).

Vista de la imagen de San José venerada en Zapotlán (México).

Introducción:
En el mes de mayo del presente año, se dio a conocer una adaptación en las Plegarias Eucarísticas de la celebración de la misa. Un detalle sencillo, pero muy significativo. El Santo Padre Francisco autorizó que en dichas anáforas se hiciera mención de San José, inmediatamente luego de la conmemoración que de la Santísima Virgen María. Ya San Juan XXIII había incluido, luego de siglos, el recuerdo del Esposo de María, en el Canon Romano, pero el reconocimiento no se consolidó en los demás esquemas litúrgicos. Con este gesto se colma el deseo y anhelo de muchos devotos del Padre Nutricio de Nuestro Señor Jesucristo, que desde hace décadas insistían en este cometido que por fin ha llegado a feliz término. Como homenaje a este suceso y en continuación y sintonización con los artículos que se han publicado sobre San José en este blog, se une este artículo que trata sobre una devoción que se le tiene al Santo Patriarca en el municipio de Zapotlán el Grande, Jalisco, cuya cabecera, Ciudad Guzmán, es la sede de la Diócesis del mismo nombre.

Ciudad Guzmán:
Zapotlán el Grande es un municipio ubicado en el sur de Jalisco, cuya cabecera municipal se llama Ciudad Guzmán, y que es la sede de la Región Sur del Estado. [1] Zapotlán significado “donde abundan los zapotes o chirimoyos”, un fruto de sabor agradable. El apelativo de “El Grande” le viene para distinguirlo de otros poblados con el mismo nombre que tuvieron menor influencia política, económica y social en la entidad. Tiene su origen entre 1632 y 1633, en que el venerable Padre Fray Juan de Padilla, OFM, posteriormente martirizado en Sinaloa, fundó una doctrina que denominó “Doctrina de Santa María de la Asunción de Tzapotlán” y que fue el centro misional de aquella vasta región, llegando a tener una influencia determinante para la evangelización de los naturales no solo de ahí mismo, sino de otras provincias como Tamazula, Ávalos, Autlán, Tenamaxtlán y Amula.

Fueron los hijos de San Francisco quienes administraron eclesiásticamente esta zona, que por entonces pertenecía al entonces llamado Obispado de Michoacán, hasta finales del siglo XVIII, en que se secularizó la administración clerical. Por agencias del Siervo de Dios don Antonio Alcalde y Barriga, obispo de Guadalajara, al ver la distancia que había entre la sede episcopal de Michoacán y esta zona, obtuvo que las provincias de La Barca, Colima y Zapotlán el Grande se segregaron de ese obispado y se anexaran al Obispado de la Nueva Galicia, con sede en Guadalajara, con la finalidad de que los fieles tuvieran una mejor atención espiritual.

Vista de la catedral de Ciudad Guzmán, México.

Vista de la catedral de Ciudad Guzmán, México.

Desde el siglo XIX latía la idea de un Obispado en ese rumbo, pero fue hasta durante el pontificado del Beato Papa Pablo VI que mediante la Bula “Qui Omnium Christifidelium” del 25 de marzo de 1972 se erigió la deseada Diócesis, que quedó como sufragánea de la de Guadalajara, y que quedó erigida formalmente el 30 de junio de 1972, siendo nombrado como primer Obispo, Don Leobardo Viera, anteriormente obispo de Colima. La sede catedralicia se determinó que fuera la parroquia del lugar, dedicada a la Asunción de Nuestra Señora y que es el centro de culto y devoción a San José, junto al que se une la veneración de Nuestra Señora del Rosario.

San José
El culto que se le da a Dios se llama “latría” o adoración. Con este se le reconoce como Padre, Creador y Señor; origen y fin de nuestras existencias; reconociéndolo como Ser Supremo del cual siempre dependemos. A la Santísima Virgen María, unida de manera especial a la Santísima Trinidad, le damos un culto especial sobre todos los Santos. El culto a los Santos se le llama “dulía” y lo que hacemos con ellos, es reconocerlos como ejemplo e intercesores. Pero a la Madre de Cristo, esta veneración, por razones obvias se le llama “hiperdulía”, es decir, más fuertemente. San José, su esposo, que hizo las veces de padre terrenal de Cristo, tiene un culto denominado “protodulía”, puesto que siendo jefe de la Sagrada Familia, estuvo por muchas razones, lleno de más gracias y dones que todos los Santos. La razón del culto a San José, el Carpintero de Nazaret, esta esencialmente fundado en que luego de María, no hay otra persona más santa que Él. Es de suponerse que Cristo no le negara nada quien le dio sustento; como hizo el Faraón de Egipto a su primer ministro, el hijo de Jacob, parece que ahora nos dice a nosotros: “Id a José”.

Imagen de San José venerada en Zapotlán, México.

Imagen de San José venerada en Zapotlán, México.

José es pues de Cristo, así como Cristo es de José. Por la Encarnación del Verbo en el seno de María, José llegó a ocupar las funciones del Padre Celestial con el Hijo del Hombre. Y así como después de Jesús, no hay nadie más importante en el corazón de María que José, en el corazón de Jesús tampoco hay nadie más importante luego de María que José.

Esta devoción al Santo Patriarca fue madurando con el tiempo, el pueblo cristiano supo descubrir en él, por muchas razones, a un protector, un intercesor, un defensor. Hay ciertos lugares en el mundo en que se le tiene mayor afecto a San José. Razones geográficas como en Belén y Nazareth, donde vivió, así como en Egipto, donde vivió en el exilio. También a causa de algunas reliquias suyas existen centros de devoción josefina: Neuville, Francia, que asegura tener su cinturón. En Chiusi, en Toscana, Italia, se venera un anillo. En Florencia, su Cayado. En Lovaina tiene un Santuario Nacional. En Holanda, en la provincia de Venray, hay otro Santuario muy visitado; Barcelona tiene el célebre templo de San José de la Montaña. En America, el más famoso de los santuarios se halla en Montreal, Canadá, cuya promoción y construcción se debe a San Andrés Bessette.

En 1524, Fray Martín de Valencia y los primeros doce franciscanos que misionaron en la Nueva España, ya habían constituido patrono de la evangelización a San José. Además el Rey Carlos II de España había ordenado que San José tuviera en su monarquía el rango de Titular. En México hay muchos templos, parroquianos y santuarios esparcidos por todo el territorio nacional, sin detenernos en detallarlos a todos, sólo se referirá que en 1555, luego del I Concilio Provincial Mexicano se nombró a San José como Patrono de la Iglesia de México, titulo ratificado por el III concilio provincial de 1583. Sin duda alguna, la imagen del Castísimo Patriarca Señor San José más celebre y más venerada en el occidente del país es la que se conserva con ferviente culto en la Catedral de la Diócesis de Ciudad Guzmán.

Los hijos de San Francisco, motivados por estas y otras razones, establecieron en la parroquia del Zapotlán la devoción a San José, rastreándose su culto desde el S. XVII. Es probable que anterior a la actual imagen haya existido otra, la que fue sustituida por esta, con origen en la escuela de Guatemala, que floreció desde el S. XVI y que produjo imágenes religiosas de Nuestro Señor Jesucristo, la Santísima Virgen María y de varios Santos. Se recuerda entre los escultores de este lugar a Quirino Castaño, que esculpió el Santo Cristo de Esquípulas, así como Mateo y Evaristo Paz, Juan de Pedroza y Alonso de la Paz. De este lugar se diseminaron por diversas partes de México bastantes imágenes que han llegado a nuestros días.

Antigua fotografía de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán (México).

Antigua fotografía de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán (México).

La leyenda
La piedad mal entendida y falsa devoción, para dar mayor veneración a las imágenes famosas, quieren darles siempre un origen sobrenatural y la conseja dice que un arriero llegó a la población de la Cofradía del Rosario donde dejó un cajón, desapareciendo sin dejar rastro. Tiempo después, la autoridad eclesiástica con la civil destaparon el cajón donde, con sorpresa, hallaron las imágenes de San José y de Nuestra Señora del Rosario, las cuales fueron conducidas en su solemne procesión a la iglesia parroquial. Para dar mayor crédito y firmeza a la leyenda, se le adorna con la palabra “TRADICIÓN”. Lo bueno es que hay documentos y testimonios históricos que aclaran el origen histórico. Los archivos refieren que los franciscanos hicieron venir de Guatemala, junto a la imagen de San José, otra de la Santísima Virgen María para darles culto en este lugar.

Hacia 1806 la imagen se salvó de la destrucción causada por un terremoto que derribó la iglesia parroquial. El 25 de marzo de ese año, un temblor asoló la ciudad, muriendo más de 2000 personas. La imagen del Santo Patriarca se condujo al templo de la Tercera Orden donde permaneció hasta el 6 de septiembre de 1881, en que el entonces párroco Don Atenogenes Silva, luego Obispo de Colima, dedicó la nueva parroquia al Sagrado Corazón de Jesús e hizo trasladar el Santísimo Sacramento con la imagen del Señor San José a la nueva sede. Aquí permaneció 19 años hasta que el 7 de octubre de 1900 se traslado a la nueva iglesia parroquial, hoy Catedral, quedando colocada al fondo de la nave lateral poniente exactamente en el lugar opuesto al altar de la Virgen del Rosario.

Hacia 1909, siendo párroco Don Silvano Carrillo, luego obispo de Sinaloa, un sacerdote Vicario y Sacristán Mayor, tuvo la idea de deshacerse de la imagen por anticuada y carente de belleza. La hizo colocar sobre unas columnitas falsas para que por el peso se venciera, lo cual sucedió el 9 de marzo de ese año, cuando el Sacristán se subió a su altar para sacudirla. Lleno de angustia el señor cura Carrillo determinó que la reparara temporalmente el P. Enrique Gómez, con habilidades artísticas y conocimiento de escultura. La reparación provisional se hizo y luego se mandó a Guadalajara donde un escultor profesional la reparó y al unir el cráneo quebrado, antes de hacerlo, encontró en su interior un papel con el nombre del escultor y referencias de su origen de un taller guatemalteco. En junio de ese año, el escultor queretano de gran fama y pericia Agustín de Espinoza, consolidó magníficamente la restauración, dotando además a la imagen del Niño Jesús que antes no tenía.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Fotografía de 1909.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Fotografía de 1909.

Desafortunadamente en 1957, con motivo de su coronación pontificia, el entonces párroco Don Adolfo Hernández Hurtado, luego Obispo de Tapachula y posteriormente Auxiliar de Guadalajara, se dejó llevar por un torpe aprendiz de escultor llamado Félix Álvarez y se retocó la imagen, destruyendo la singular coloración y belleza que le había puesto el Maestro Espinoza, situación lamentable para quienes entienden de arte.

Descripción de la imagen
Los rasgos de la imagen testifican su origen guatemalteco y no queretano, como algunos han querido. Tiene vestiduras de talla y estofadas con dorado, algo deterioradas, se le sobreponen ropas elaboradas con telas finas y artísticas. Aunque tiene la cabellera tallada en la misma cabeza, le colocan una cabellera de pelo natural. Su pierna derecha es recta y la izquierda flexionada; a la inversa de la iconografía tradicional, sostiene con el brazo derecho al Niño Dios y con la mano izquierda lleva el báculo florecido con azucenas. Deja asomar sus pies, calzados con sandalias. Su rostro no es de belleza artística, pero es devoto y de lineamientos aceptables. Sus ojos son de vidrio y con pestañas sobrepuestas. Su barba bien moldeada y partida. Tiene la boca entreabierta mostrando la lengua y la dentadura, lo que le torna expresivo y animado, inspirando respeto y devoción. Ordinariamente viste túnica verde y manto amarillo, estrena ropa cada año para las festividades, algunas veces con estilos muy artísticos e incluso con colores no tradicionales. Tanto él como el Niño Dios portan coronas imperiales.

El patronato
La Región Sur de Jalisco ha padecido constantemente temblores de tierra, originados por el volcán de Colima que anteriormente se llamaba volcán de Zapotlán. Estos sismos han causado en Zapotlán muerte, sangre, luto y llanto. En 1747 ocurrió un sismo de tal magnitud que conforme a la usanza de la época colonial, los Padres Juan Bautista Solís y Juan Antonio Caro, ambos Franciscanos, con algunos principales vecinos y en privado, juraron a San José, Patrono de Zapotlán contra los temblores. Dos años más tarde, el 22 y 23 de octubre de 1749, sucedieron otros terribles temblores, lo que llevó a los principales vecinos a elevar un voto público y jurídico que refrendara el de 1747, comprometiéndose a celebrar anualmente su fiesta el 22 de octubre, aniversario del temblor. El Obispo de Michoacán, Don Martín de Elisacoechea dio su aprobación para ratificar el juramento.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2009.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2009.

El 25 de marzo de 1806 un temblor asoló la región, hubo como 2000 muertos, muchos de ellos dentro de la parroquia pues asistían a una misión de los Padres Franciscanos del convento de Santa Cruz de Querétaro. Ante esta tragedia se renovó el voto juramentando, siendo desde esas fechas que se celebran religiosamente y puntualmente las fiestas del 22 de octubre.

El cariño de los lugareños a San José le ha dado un grado tan singular, que lo consideran protector y defensor contra rayos, inundaciones, sequías y calamidades públicas. Su imagen se saca en procesión cuando hay graves malestares, como cuando explotó el volcán de Colima el 20 de enero de 1913 o en sequías prolongadas, como en 1945 y 1969, cuando tras públicas rogativas, se precipitaron copiosas lluvias que fueron el inicio de un buen temporal.

La coronación pontificia
Con intención piadosa, el vecindario de Zapotlán tenía el deseo de que la imagen de San José se coronara con la autoridad del Papa, lo cual se logró con la autorización de S.S. Pío XII con breve de 12 de marzo de 1957, lo cual se realizó el 22 de octubre de ese mismo año. Coronó la imagen del Niño Dios, el Delegado Apostólico Don Luigi Raimondi, la del Santo Patriarca, el Arzobispo José Garibi Rivera y la de Nuestra Señora del Rosario, el Arzobispo de Primado de México, Don Miguel Darío Miranda. Cabe señalar que las coronas de San José y Niño Dios son de forma imperial, mientras que la de Nuestra Señora del Rosario es Condal, pues por detalles administrativos se solicitó solamente y como tal se concedió, la coronación pontificia para San José.

Las fiestas
Desde 1747 se celebra anualmente el 22 de octubre el Patronazgo de San José. El novenario comienza el 13 de octubre, repartiéndose los gastos de cada día entre grupos, personas y asociaciones. La función del día 22 de octubre corre por cuenta del Mayordomo, elegido por sorteo cada año, quien procura de su peculio, la fiesta de San José y de la Virgen del Rosario, su inseparable compañera. Hay peregrinaciones de los distintos decanatos y vicarias.

El 22 de octubre se celebra la fiesta principal, comenzando desde muy temprano con el canto de las mañanitas. La misa principal es concelebrada y presidida en ocasiones por algún Obispo invitado, incluyendo a veces, al Nuncio Apostólico. Por la noche hay juegos pirotécnicos, que son el culmen de una feria regional que atrae visitantes del sur de Jalisco, de Colima y aún de diversas zonas de la República Mexicana.

Detalle de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario sacadas en procesión en Zapotlán, México.

Detalle de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario sacadas en procesión en Zapotlán, México.

El 23 de octubre se realiza el acto más popular. Se celebra temprano un funeral por los Mayordomos difuntos. Luego se realiza un magno desfile de carros alegóricos, cuyo origen data desde 1844. Cierra el contingente un carro denominado “El Trono de San José” en el que va su venerable imagen acompañada de la Virgen del Rosario con el Niño Jesús en sus brazos. Al terminar el desfile, las imágenes son llevadas a la casa del Mayordomo, donde son colocadas en un bien aliñado altar. Allí se velan toda la noche, acudiendo el devoto vecindario a venerarlas. Al día siguiente son trasladadas con igual pompa a la catedral, donde son recibidas por el Obispo Diocesano, para ser colocadas en sus respectivos nichos realizando a continuación el tradicional sorteo para elegir al nuevo Mayordomo de las festividades del año siguiente.

Apéndice: Nuestra Señora del Rosario
Junto a San José, Ciudad Guzmán ha unido desde siempre la devoción a Nuestra Señora del Rosario, cuya cofradía data desde 1617 y que fue en esos tiempos la promotora de su culto y devoción. La imagen original con cerca de tres siglos, fue retirada del culto y luego de rodar por diversos lugares pasó a la iglesia de la Merced, donde pese a ser una imagen antigua y con cierta venerabilidad, estuvo arrinconada sin veneración alguna. Luego fue restaurada por un escultor mediocre que la transformó de talla a media talla, quedando muy fea. Para mayor desatino, en la década de los años cuarenta fue retocada por manos inexpertas, acabando con esta antigua imagen que se salvó del terrible temblor de 1806.

Como quedo dicho anteriormente los Padres Franciscanos hicieron venir desde Guatemala, las imágenes de San José y La Santísima Virgen María, pero la que llegó de estos lugares, no es la que está en la Catedral. En 1978, el primer Obispo de Ciudad Guzmán, Don Leobardo Viera localizó una imagen muy bella, vestida de la Virgen del Carmen. Por sus formas y estilos es probable que esta imagen haya sido la que acompañó la imagen de San José desde Guatemala. Como la imagen de la Virgen del Rosario que está en la Catedral, fue coronada canónicamente, no se sustituyó y fue colocada al parecer en el Oratorio privado de la casa del Obispo, ubicada en al esquina de Colón y Rayón de esa ciudad.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2011.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2011.

Fray Luis del Refugio Palacio, gran autoridad en arte e historia, asienta que la Virgen del Rosario de Zapotlán es una escultura de la autoria de Mariano Perusquía, escultor de origen español que perfeccionó sus aptitudes en la Academia de San Carlos y que nació en 1771. Tuvo su taller en Querétaro y luego se trasladó a Guadalajara, de cuyos talleres salieron hermosas imágenes para ambas ciudades. Por tanto, esta imagen debe de datar de la tercera década del S. XIX. Y fue adquirida muy probablemente por el párroco de Zapotlán en aquel tiempo, Don Patricio Arteaga. Aunque hay otra opinión que asegura que fue el P. Atenógenes Silva, quien siendo párroco de Zapotlán fue quien la adquirió durante su gestión entre 1880 y 1883. Lo cierto es que esta imagen es la más bella que tiene el estado de Jalisco respecto a la advocación de Nuestra Señora del Rosario.

Es digno de mencionarse que esta imagen estuvo a punto de ser estropeada en 1957, cuando iba a ser coronada junto con la imagen de San José. Un escultor aprendiz sorprendió al párroco Don Adolfo Hernández y puso mano en la imagen de San José; su maestro Fidel N. Galindo le hizo un serio reproche y, con la colonia de Zapotlán que había en Guadalajara, acudieron al Arzobispado de Guadalajara, Don José Garibi Rivera, para que impidiera que un inexperto tocara la imagen de Nuestra Señora del Rosario, obra de Don Mariano Perusquía, así que de inmediato se suspendió el proyecto y la Virgen del Rosario se libró de un atropello de leso arte y quedó en su prístina belleza original, cual salió del afamado artista.

Imagen de la Virgen del Rosario venerada en Zapotlán, México.

Imagen de la Virgen del Rosario venerada en Zapotlán, México.

Descripción
Es una imagen de tamaño natural, con un rostro de incomparable belleza, fruto de un profundo estudio y gran dedicación. Su cuello es esbelto y su cabeza se inclina a la izquierda, tiene un aspecto virginal y maternal a la vez. Sus ojos de cristal tienen una mirada baja y en sus labios se dibuja una sonrisa dulce que atrae el corazón. La mano derecha aparece elevada con actitud de tomar entre sus bien delineados y delgados dedos pulgar e índice, el extremo del Rosario, que también toma con su mano izquierda con la que sostiene al Niño Jesús. La coloración de la Virgen es apiñonada y un tanto morena, la imagen es exclusiva para vestirse de telas, teniendo un rico y variado guardarropa de vestidos y mantos de telas, seda y brocados. Anualmente estrena un vestido nuevo. Tiene cabellera postiza sobrepuesta sobre su cabeza, la que se cubre con una mantilla que le da un cierto donaire. Antes llevaba corona imperial, pero desde la coronación pontificia porta una corona ducal. Tiene un altar en el fondo de la nave lateral oriente, en un nicho de madera labrada y resguardada por cristales. Su principal festividad es el 7 de octubre, aunque comparte las celebraciones en honor de su esposo San José el 22 de octubre.

Humberto

Bibliografía:
– OROZCO CONTRERAS, Luis Enrique Cango. Iconografía Mariana de la Provincia Eclesiástica de Guadalajara. Sine Labe Concepta, pp. 142-20, Guadalajara, Jalisco. 1980. Editado por el Autor.


[1] Zapotlán ha tenido varios nombres: primero se llamó Tlayolán, luego Tzapotlán, después Tzaputlán y pueblo de Santa María de la Asunción de Zapotlán, nombre dado por el misionero fray Juan de Padilla al ponerlo bajo la advocación de la Virgen. El nombre de Zapotlán el Grande lo llevó oficialmente durante 150 años. Sin embargo, el 19 de abril de 1856, en memoria de Gordiano Guzmán, un insurgente de la lucha de independencia y que también combatió en contra la intervención norteamericana en México durante 1847. Fue fusilado en 1854 por ser un estorbo político para el dictador Antonio López de Santa Ana. Se le puso el nombre de Ciudad Guzmán a este municipio siendo gobernador de Jalisco Santos Degollado. Sin embargo, el 9 de enero de 1997, se publica el decreto número 16474 emitido por el H. Congreso del Estado, en el que se aprueba el cambio de nombre del municipio de Ciudad Guzmán por el de Zapotlán el Grande.

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