Venerable Tomás de la Virgen, trinitario descalzo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Lienzo contemporáneo del Venerable Tomás de la Virgen, trinitario.

Lienzo contemporáneo del Venerable Tomás de la Virgen, trinitario.

El pasado 7 de Octubre se cumplían 366 años de la partida al cielo del Venerable Tomás de la Virgen, destacado sacerdote trinitario que sufrió en primera persona los dolores y sufrimientos en el misterio de la enfermedad.

En la ciudad de Villanueva de los Infantes, el día 21 de Enero de 1587 nacía en el seno de una familia de las más adineradas y emparentada a la de Santo Tomás de Villanueva (O.S.A), el niño Rodrigo de Tomás y Sánchez, sus padres eran Juan de Tomás Bustos y María Sánchez Mejías, ambos naturales de esta ciudad manchenga. Al poco tiempo de nacer Rodrigo, la familia vio menguada considerablemente su fortuna, por la repartición entre los pobres que llevó a cabo su padre. El niño Rodrigo creció en este ambiente y no es de extrañar que fuera tan caritativo y comprometido con los pobres desde muy pequeño.

Vocación de trinitario
Un día, desde la Ciudad de Valdepeñas, el padre reformador de la Orden Trinitaria San Juan Bautista de la Concepción se acercó hasta Villanueva de los Infantes a visitar la incipiente comunidad de Trinitarios que pocos meses antes se había formado en esta ciudad. Es aquí donde San Juan Bautista de la Concepción se encuentra con Dº Juan de Tomás y su hijo Rodrigo, que por aquel entonces contaba con 19 años. Fue entonces cuando en este encuentro Dº Juan se presentó al Santo Padre Reformador, diciendo: «Yo soy Juan de Tomás y éste es mi hijo, que quiere formar parte de su comunidad Trinitaria reformada. Tiene 19 años y siempre ha observado una conducta ejemplar. Aprendió a leer y a escribir ya hace tiempo, pero él prefiere dedicarse más a la oración que a las letras». El padre San Juan Bautista de la Concepción de muy buen grado preguntó al joven Rodrigo: «¿Quieres vestir nuestro pobre hábito?», a lo que el joven Rodrigo respondió: «Sí Padre, creo que es ésta la voluntad de Dios. Sé que encontraré dificultades y que la penitencia es dura, pero estoy seguro de que Dios me dará fuerzas para superar todas las dificultades».

El día 29 de Abril de 1606 recibe el hábito de la Santísima Trinidad en el convento Trinitario de Villanueva de los Infantes, de manos del Padre Reformador San Juan Bautista de la Concepción. Por sus devociones a la Santísima Virgen María y a su tío Santo Tomás de Villanueva, cambia su nombre por el de Fray Tomás de la Virgen. Durante un año realizó su noviciado en la Casa de Madrid y fue allí donde todos sus hermanos y superiores pronto notaron sus virtudes, especialmente en su forma de orar y su silencio, llegando incluso a ser conocido entre sus compañeros por «el Hermano que no habla». El mismo San Juan Bautista de la Concepción se refiere a sus progresos como religioso así: «Novicio ha estado conmigo, que muchos han experimentado esta verdad: que, siendo un hombre tan cerrado y callado en el hablar, que, entendiendo los frailes que habíe de perder de todo puncto el saber hablar, por ser esto con tanto estremo que en casa no le sabían otro nombre, el año del noviciado, sino «el fraile que no habla», estando conmigo, me ha dicho cosas tan altas, con términos tan extraordinarios, que me parece sólo el cielo se los puede haber enseñado».

Lienzo del Venerable en su lecho de enfermo. Fotografía: Pedro Huerta.

Lienzo del Venerable en su lecho de enfermo. Fotografía: Pedro Huerta.

Enfermedad
El día 1 de Mayo de 1607 realizó su profesión solemne, y al poco tiempo fue destinado desde Madrid a una nueva fundación a Córdoba, donde tuvo ocasión de mostrar su espíritu de penitencia, oración y caridad con los más pobres que a su paso iba encontrando, hasta llegar a Córdoba. Fue precisamente en uno de sus momentos de oración cuando se escuchó un enorme grito y a continuación rodó estrepitosamente por el suelo, expulsado sangre por la boca y por la nariz. En un principio le diagnoticaron hemoptisis aguda. En un principio no se amilanó por la enfermedad, pero fue en Bujalance (Córdoba) donde le sobrevino la enfermedad más aguda si cabe, creyendo varios doctores que se trataba de tuberculosis y estando de acuerdo en que vivía de puro milagro. Desde esta ciudad andaluza fue trasladado a su ciudad natal, creyendo así que con un clima más seco y entre sus familiares encontraría mejoría, resultando todo esto en vano. Entretanto, en este año es finalmente ordenado sacerdote.

En 1609 regresa a Madrid sin no pocas dificultades por su estado. Cuatro años después, queda totalmente postrado en la cama para no levantarse más; y es que todo su cuerpo era un llaga sangrante, un dolor que recorría sus miembros, fijándose en la cabeza, en los costados, en el estómago, en las piernas, sin interrupción tanto de noche como de día, con hemorragias constantes y ¡así 34 años! A partir de ese momento su dedicación era seguir a Cristo en el dolor, su ministerio se desarrolló desde la cama y en muy poco tiempo todo Madrid y la Corte Real hablaban del “santo” de la rara enfermedad que tan sabios consejos daba, su fama se extendió por toda la cristiandad, siendo consejero de Papas como Urbano VIII, Inocencio X, que antes de ser Papa fue nuncio en Madrid y tuvo ocasión de conocerlo personalmente; Clemente IX, que en su primera visita se mantuvo de rodillas durante toda la consulta frente a su lecho. Felipe III y Felipe IV, ambos monarcas de España, lo consideraban como el más fiel y leal de sus consejeros, el Duque de Lerma y el Conde-Duque de Olivares también recibieron de él sabios consejos y reproches.

Vista del sepulcro del Venerable.

Vista del sepulcro del Venerable.

Muerte
En 1617 aparecen en Fray Tomás de la Virgen manifestaciones evidentes del auténtico místico. Sus llagas se rebelan a todo medicamento y ungüento, y exhalan un perfume desconocido, encontrando único consuelo en la Eucaristía, que la recibía de diario. Explica los misterios de la Fe con claridad desconcertante a todos los que se le acercan en busca de consejo y guía. Ve las almas del purgatorio. Lee los pensamientos. Predice los hechos futuros como guerras, muertes, fechas etc. De todo esto se sirve para llevar las almas a Dios.

Después de 34 años, sabiendo el día y la hora de su muerte, pidió el crucifijo que le regaló el Papa con indulgencia plenaria, que tenía en un altarcito dentro de su celda, que por especialísimo privilegio del Papa Urbano VIII, allí celebraban misa y exponían al Santísimo. Abrazado a este crucifijo, como en una misma cruz, se unió definitivamente a Cristo Crucificado, y entregó su espíritu al Padre. Eran las 9:15 de la mañana del día 7 de Octubre de 1647. Durante los tres días siguientes todo Madrid y la Corte real rindieron homenaje al que consideraban un santo.

El 22 de Septiembre de 1805, el Papa Pío VII aprobó sus virtudes en grado heroico y lo declaró venerable. Hoy en día, después de ser trasladados sus restos mortales descansan en el convento de los PP. Trinitarios de Valdepeñas (C. Real), esperando su beatificación, de que podemos decir que por el momento está en un punto sin avance.

“Gracias os doy, Señor, por que me dais en qué pueda imitar a mi Redentor Jesucristo y os dignáis sea participante de su preciosa cruz”. (Palabras que pronunciaba el Venerable y que le sirvieron como lema).

David Garrido

Enlaces consultados (12/10/2013):
http://www.trinitarios.net/
http://es.wikipedia.org/wiki/Tom%C3%A1s_de_la_Virgen

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Santos Crisanto y Daría, esposos mártires

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"Gloria de los Santos Crisanto y Daría", lienzo de S. Tatulli (1792).

«Gloria de los Santos Crisanto y Daría», lienzo de S. Tatulli (1792).

Los Santos mártires Crisanto y Daría son una de las parejas cristianas más conocidas de la Antigüedad, cuyas reliquias, por cierto, han sido objeto de un reciente y exhaustivo estudio por parte de investigadores de National Geographic. Aun sabiendo que este tema podría dar lugar a extenderme bastante y generar un buen debate, prefiero en este artículo presentar a los Santos, narrar lo que sabemos de ellos, y dejar a nuestro particular especialista en reliquias, Antonio Barrero, elaborar más adelante un artículo que se centre en los pormenores de este estudio y otros relacionados con las reliquias de estos mártires de la Antigüedad.

Una virgen vestal y un cristiano converso
Aunque ambos mártires son romanos, curiosamente el nombre de Daría es de origen persa y significa “la que posee riquezas”. Según la tradición, recogida en la Leyenda Áurea, fue una virgen vestal [1], esto es, una sacerdotisa de la diosa romana Vesta, que, como su equivalente griego Hestia, era protectora del fuego y del hogar. El caso de las Vestales romanas es ciertamente fascinante y por ello me detendré un mínimo para ilustrarlo: se trata del único sacerdocio colegiado femenino de la antigua Roma y el único donde sus integrantes estaban obligadas a mantener la virginidad, so pena de muerte. Ser vestal constituía un gran honor, ya que recibían el respeto y boato de toda Roma. Su poder influyente era equiparable al del propio emperador: la Virgo Vestalis Maxima -la suprema sacerdotisa- podía salvar a un reo de muerte de su inminente destino simplemente señalándolo. Eran minuciosamente escogidas entre las niñas de siete años de las familias más nobles. Debían prestar servicio durante treinta años, tras lo cual abandonaban el culto y podían casarse, si así lo deseaban.

Su misión era mantener perpetuamente encendida una gran llama en el templo de la diosa, símbolo del poder inextinguible del Estado, excepto cuando se apagaba ritualmente con la llegada del nuevo año, el 1 de marzo. Si la vestal encargada de vigilar la llama en un momento determinado se descuidaba y ésta se apagaba, recibía un duro castigo físico, probablemente azotes. Si una vestal perdía la virginidad que estaba obligada a guardar durante el culto a la diosa, la condena era terrible: la sacerdotisa era enterrada viva en el Campus Sceleris, y su amante ejecutado en el Foro. Con todo, esta cruel sentencia se ejecutó muy pocas veces, una de ellas en tiempos de Domiciano… y, si tomamos el relato del martirio de Santa Daría como un suceso real, histórico, también en su caso.

Detalle de Santa Daría en el cortejo de vírgenes de San Apolinar de Rávena, Italia. Mosaico paleocristiano.

Detalle de Santa Daría en el cortejo de vírgenes de San Apolinar de Rávena, Italia. Mosaico paleocristiano.

La historia de esta mártir empieza con el que sería su esposo y compañero de martirio, un joven llamado Crisanto. Corrían los tiempos del emperador Numeriano (283-284), y él había nacido en Alejandría. Su padre, Polemio, varón muy apreciado por el césar, se trasladó a Roma con su hijo, donde se hizo senador. Crisanto era muy inclinado a la lectura y estudiante de filosofía, pero solía quejarse al no encontrar en los antiguos filósofos la calma espiritual que necesitaba. Llegaron a sus manos ciertos textos cristianos, y no entendiendo nada de aquello, pidió al presbítero Carpóforo que lo instruyera. Una vez lo comprendió, quiso hacerse cristiano, y se bautizó.

A partir de ese momento, no asistió a los juegos públicos ni a las ceremonias religiosas de Roma, frecuentando tan sólo las asambleas cristianas, y dio lugar a que la gente murmurara de él. Polemio quiso aclarar este punto y habló con su hijo, que, al confesarle que era cristiano, lo disgustó tanto que lo hizo encerrar en sus aposentos y le negó el alimento, esperando que el hambre lo hiciera cambiar de parecer. Como el orgullo del joven pudo más que su sufrimiento, hizo entrar en su habitación a numerosas prostitutas, todas tan bellas y tan adornadas, que Polemio no dudó que sus provocativos bailes acabarían seduciendo a su hijo. Pero Crisanto, que vio en seguida la estratagema de su padre, ignoró a las mujeres.

Entonces Polemio, viendo que el vicio no podía seducir a su hijo, pensó que sí lo haría la virtud; por ello acudió al templo de Vesta y solicitó ver a todas las vestales, y escogió a la que le pareció más hermosa, una mujer muy bella y muy culta llamada Daría. La vistió con bellas ropas y la convenció para que influyera en su hijo para que volviese al culto de los dioses romanos. Daría entró, pues, en el aposento donde languidecía Crisanto. Éste, al verla, se enamoró de ella, pero tratando de esquivar la nueva estratagema de su padre, le reprochó que, siendo una virgen, se hubiese acicalado de esa manera. Ella se ruborizó y dijo que había sido idea de su padre y que venía a convencerle para que renunciase al cristianismo.

Se sostuvo un debate dialéctico entre ambos, Crisanto exponiendo las perversiones y vicios de los dioses romanos, Daría rebatiéndolo conque los dioses representaban a las fuerzas de la naturaleza y poniéndose de ejemplo a sí misma, servidora del fuego de Vesta. Finalmente, Crisanto le reveló que existía un solo Dios que dominaba a todas esas fuerzas naturales y era Creador de las mismas, por lo que Daría, interesada, se sentó a los pies del joven y estuvo escuchando sus pláticas, y la instruyó en la doctrina del cristianismo. Al cabo de un rato, la joven le confesó que deseaba hacerse cristiana. Y a su vez, él la pidió en matrimonio [2].

Crisanto y Daría, ejemplo de matrimonio cristiano. Estampa devocional alemana.

Crisanto y Daría, ejemplo de matrimonio cristiano. Estampa devocional alemana.

Polemio quedó muy satisfecho y aprobó plenamente la boda de Crisanto y Daría, creyendo que la sacerdotisa había logrado convencerlo. Crisanto, por su parte, hizo bautizar a su esposa, y a partir de entonces, aprovechando la libertad y buena reputación de que gozaban, los dos esposos se dedicaron a atender las necesidades corporales y espirituales de los cristianos de Roma, siempre a escondidas de Polemio. Cuando el senador falleció, la casa de la pareja pasó a ser una residencia de acogida para cristianos sin hogar; convirtiendo también a muchos paganos a la fe cristiana.

Mas pronto fueron denunciados ante el prefecto Celerino, quien puso su caso en manos de un tribuno llamado Claudio. Éste mandó llamarlos y llevó a Crisanto ante una estatua de Júpiter para que sacrificase ante ella, pero Crisanto se burló de la imagen y le escupió. Claudio mandó entonces que lo desnudaran en la misma puerta del templo y, ante la mirada de Daría, lo azotaron tan inhumanamente, que se le descubrían las entrañas. Luego lo encerraron en una apestosa letrina dentro de la cárcel, y allí lo dejaron. Daría estuvo en vela toda la noche, dándole las manos a través de los barrotes de la celda. Al día siguiente lo azotaron de nuevo, esta vez con varas de hierro, y a punto estuvieron de acabar con él. Claudio, conmovido por su valor y por la templanza de Daría, que resistía el suplicio de su marido con la frente alta, mandó liberarlos [3]. El mismo tribuno se convirtió al cristianismo y con él, su esposa Hilaria y sus dos hijos, Jasón y Mauro; así como muchos amigos y parientes y los setenta soldados encargados de vigilar a Crisanto (!!).

Semejante conversión masiva causó tal escándalo que el emperador Numeriano, furioso, intervino y mandó arrojar a Claudio al Tíber con una piedra en el cuello, y decapitar a sus dos hijos, Jasón y Mauro, junto con los setenta soldados, en la vía Salaria. Su esposa Hilaria fue asesinada mientras oraba en las tumbas de sus hijos; aunque hay versiones que dicen que su muerte fue por causas naturales. Crisanto y Daría fueron detenidos de nuevo. Él regresó a la cárcel, y ella fue enviada desnuda a un burdel para que la violaran. Se dice que entonces pasó por la calle del burdel un león que se había escapado de las jaulas cuando era llevado al anfiteatro, y viendo la puerta abierta, entró en el lupanar, provocando el pánico entre prostitutas y clientes. Milagrosamente, fue el león a echarse cerca del cuarto donde Daría había sido destinada. Nadie se atrevió a acercarse. Después de mucho cavilar, decidieron desalojar el burdel y prenderle fuego, para acabar con el león. Cuando las llamas hicieron presa del prostíbulo, el felino, inquieto, se levantó y salió rápidamente, azuzado por el humo. Tras él salió Daría, ilesa. Todos, admirados, decidieron que este sorprendente suceso era un prodigio. Los cristianos creyeron que era un milagro de Dios, y los paganos decidieron que la sacerdotisa había hechizado al león para que la sacara de allí.

Crisanto torturado con antorchas, Daría salvada de un agresor por el león. Lienzo de Gregorio Vásquez de Arce. Bogotá, Colombia.

Crisanto torturado con antorchas, Daría salvada de un agresor por el león. Lienzo de Gregorio Vásquez de Arce. Bogotá, Colombia.

De nuevo Crisanto sufrió el suplicio. Le quemaron los costados con hachas encendidas, y finalmente el césar dictó sentencia de muerte para los esposos. Fueron llevados al Campus Sceleris, “campo del sacrificio”, en latín, y allí los enterraron vivos, metiéndolos dentro de una cámara subterránea y abovedada, que en un principio iba destinada a las vestales que habían incumplido su voto de virginidad. Allí, en la oscuridad, la pareja sucumbió al hambre y a la asfixia [4]. Ésta sería la versión más histórica de acuerdo a cómo se castigaba a las Vestales, aunque la passio afirma que fueron tirados dentro de una fosa en la vía Salaria, sin más, y cubiertos con una capa de tierra y piedras.

En honor a tan horrenda muerte, sus discípulos se reunían en una caverna cercana al arenal para orar. Al saberlo unos paganos, obstruyeron la entrada y allí los dejaron morir de hambre, como les había sucedido a Crisanto y Daría. Entre ellos se citan en el Martirologio a Diodoro, presbítero, y Mariano, diácono.

Culto y conmemoración
Los santos mártires romanos Crisanto y Daría son conmemorados en días diversos en los antiguos martirologios, por lo que no se sabe a ciencia cierta cuál es su “dies natalis”, es decir, la fecha del martirio. El Martirologio Jeronimiano los recuerda el 12 de agosto, el 29 de noviembre y el 19 y 20 de diciembre. Los calendarios mozárabes los conmemoran el 12 de agosto; el Sinaxario Constantinopolitano y el calendario marmóreo de Nápoles, el 19 de marzo y el 25 de octubre. En esta última fecha los conmemora el Martirologio Romano.

Esta variedad y multiplicidad de conmemoraciones, junto con el hecho de que los dos Santos están representados en los mosaicos de San Apolinar de Rávena, indican que su culto fue muy difundido en toda la Iglesia. Pero, sin embargo, todas las noticias en torno a ellos provienen de esta passio legendaria que acabo de resumir, de la cual, ya en el siglo VI, existían copias tanto en latín como en griego, como nos lo hace notar San Gregorio de Tours.

Los esposos son sepultados vivos. Iluminación del Menologio de Basilio II, s.X. Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Los esposos son sepultados vivos. Iluminación del Menologio de Basilio II, s.X. Biblioteca Apostolica Vaticana, Roma (Italia).

Sepulcro y reliquias
Por los testimonios de los itinerarios del siglo VII, sabemos que los dos mártires estaban sepultados en una pequeña iglesia del cementerio de Trasone en la vía Salaria Nuova. San Gregorio de Tours añade que en esta iglesia existía un epigrama del papa San Dámaso en honor de estos dos Santos. En realidad, los versos damasianos estaban dedicados a un grupo de mártires anónimos, mientras que el dedicado a estos dos Santos, lo conocemos gracias a unos manuscritos que fueron puestos en aquel lugar en el siglo VI, después de la devastación efectuada por los godos. Sin embargo, hay constancia de que en la fiesta de estos dos mártires acudían a sus sepulcros multitud de fieles y que el papa Pelagio II, en el año 590, dio algunas reliquias a un diácono de las Galias.

También la historia de las reliquias de estos dos Santos es un tanto legendaria y contradictoria. La tradición nos habla de tres traslaciones ya efectuadas en la Antigüedad: una por obra del papa Pablo I (757-767), que desde la vía Salaria las trasladó a la iglesia romana de San Silvestre. Otra dice que Pascual I (817-824) las habría trasladado desde la vía Salaria a la iglesia romana de Santa Práxedes; y finalmente, hay otra que dice que Esteban V (885-891) las habría llevado a la basílica lateranense. Desde esta última iglesia, después del año 884, habrían sido llevadas al monasterio de Münstereiffel (Alemania) y en 947, transferidas a Reggio Emilia, ciudad que tiene a estos dos Santos como patronos. Este último traslado habría sido obra del obispo Abelardo, que las habría obtenido de Berengario, al cual le fueron concedidas por el papa Juan X en el año 915. Existe otra tradición local en Oria (Brindisi), que dice que el papa Esteban V se las había regalado al obispo Teodosio de aquella ciudad, en el año 886. Otras ciudades como Salzburgo, Viena y Nápoles dicen tener también reliquias de estos Santos.

Un grupo de visitantes contempla los esqueletos recuperados y reconstruidos de los Santos. Catedral de Reggio Emilia, Italia.

Un grupo de visitantes contempla los esqueletos recuperados y reconstruidos de los Santos. Catedral de Reggio Emilia, Italia.

Y es aquí donde entra en juego la investigación difundida por National Geographic en 2011, que analizó los esqueletos de los Santos conservados en Reggio Emilia. Estos restos, compuestos por 150 huesos, fueron hallados en la cripta de la catedral de Reggio Emilia, al norte de Italia. Las pruebas realizadas para datar a estos huesos los han ubicado entre los años 80 y 304 d.C; lo cual, pese a abarcar la mayoría de persecuciones cristianas -excluyen tan sólo las de Nerón y Julián el Apóstata-, también abarca, por supuesto, el período que la passio indica para el martirio de los Santos: el reinado de Numeriano.

«Toda la evidencia que hemos reunido sobre estas reliquias nos muestran que serían los restos de Crisanto y Daría», señaló el líder de la investigación de la Universidad de Génova, Ezio Fulcheri. «Ésta ha sido una oportunidad que se da muy poco, para estudiar huesos y otras reliquias que se relacionan directamente a una historia cuando ya han pasado casi 2000 años. Lo completo de los esqueletos también es extraño en mártires de ese tiempo, lo que implica que fueron protegidas y veneradas totalmente desde el principio».

La investigación ha sido reproducida en un documental del canal National Geographic titulado “Explorer: Mystery of the Murdered Saints”, cuyo productor afirmó: “Esta es la primera vez que podemos probar la autenticidad de lo que se cree son reliquias de un santo. Para nosotros ha sido un privilegio hacer parte de esto». Sin embargo, añadió, «también es posible que estos huesos no sean reales» debido a que en la Edad Media se generó un mercado negro de reliquias. A tal efecto, el obispo auxiliar de Reggio Emilia, Mons. Lorenzo Ghizzoni asume este riesgo y comenta que en caso de darse el caso de que los restos sean falsos, «serán destruidos porque eso sería ciertamente escandaloso para los fieles».

Vista del relicario de los Santos en el monasterio de Bad Münstereiffel, Alemania.

Vista del relicario de los Santos en el monasterio de Bad Münstereiffel, Alemania.

Iconografía
En la iconografía, Crisanto suele aparecer como un joven romano, a veces imberbe, otras barbado, y a veces representado como soldado, aunque no lo era. Daría aparece representada como una doncella junto al león que la protegió de los violadores en el prostíbulo. Más a menudo, los esposos aparecen siendo enterrados vivos juntos o como alegoría de matrimonio casto.

Meldelen

Bibliografía:
– VVAA, “Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi”, Ed. Cità Nuova, Roma.

Enlace consultado (06/09/2013):
http://www.aciprensa.com


[1] En realidad, la Leyenda Áurea especifica que era sacerdotisa de la diosa Minerva, sin embargo la descripción del martirio de Daría coincide con el castigo de una vestal que hubiese perdido la virginidad. La mayoría de versiones se contentan en decir, simplemente, que Daría era una sacerdotisa pagana.
[2] La passio da a entender que Crisanto no se enamoró realmente de Daría y que su matrimonio fue un acuerdo para fingir una relación de pareja y así dedicarse más cómodamente al apostolado, por tanto, se trataría de un “matrimonio blanco”, en el que ambos mantuvieron la virginidad.
[3] Aunque he ofrecido una visión más “realista”, la passio original apunta a “prodigios” realizados en presencia del tribuno por parte de Crisanto, como el derrumbe “milagroso” de la estatua de Júpiter, o la ineficacia de las torturas (las varas se rompían al tocarlo, los verdugos se quedaban paralizados, etc…)
[4] Sin embargo, a pesar de la ubicación del martirio que da la passio, en una placa marmórea ubicada en la Cárcel Mamertina de Roma (el Tullianum) constan los esposos Crisanto y Daría como mártires que finalizaron allí su martirio. Sin embargo, la Basílica de los Doce Apóstoles de Roma tiene en su cripta también el presunto foso donde fueron sepultados en vida los dos Santos (!!). Esté donde esté el auténtico lugar del martirio, la muerte en el baratrum, hoyo oscuro y asfixiante sin salida, luz ni ventilación, es históricamente más fidedigna que el morir siendo cubiertos con piedras y tierra en un arenal.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Pedro de San José de Betancur (el Hermano Pedro)

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Escultura del santo en Vilaflor, su pueblo natal.

Escultura del santo en Vilaflor, su pueblo natal.

“Más vale un gordo humilde y obediente, que un flaco triste y soberbio” (San Pedro de San José de Betancur).

Hace unos meses, en un comentario, alguien pidió que escribiésemos un artículo sobre San Pedro de San José de Betancur. Enseguida recogí el guante porque tengo que reconocer que desde que conocí casualmente a los hermanos fundados por él, quedé cautivado quizás, porque era un recuerdo que me traía desde Guatemala un familiar muy querido que allí estuvo trabajando. Con posterioridad, y a través de un proyecto social llevado a cabo por un ayuntamiento onubense en aquellas tierras guatemaltecas, tuve la oportunidad de conocer más a fondo a algún religioso, que me facilitó lo que para mí fue un tesoro: fotos del esqueleto del santo, que guardo como oro en paño.

Hecho este preámbulo a modo de justificación, digamos que Pedro nació en Chasna, provincia de Tenerife, en las Islas Canarias el día 16 de mayo de 1619, aunque bien es verdad que otras fuentes afirman que su lugar de nacimiento fue el pueblito de Vilaflor, en la misma isla y su fecha de nacimiento, el 21 de marzo de 1626. Fuera como fuese, lo cierto es que parece que, de alguna forma, por su apellido, su familia descendía del conquistador normando Juan IV de Béthencourt, que no es el descubridor de las Islas Canarias como algunos erróneamente sostienen, aunque si que es verdad que inició su conquista en el año 1401. El apellido eso da a entender, pero no son pocos los historiadores que afirman que sus padres, que se dedicaban a las labores agrícolas y ganaderas, eran descendientes de los guanches, que como todos sabemos, son los oriundos de las Islas Canarias. Descendiente quizás, de familia ilustre, pero con recursos económicos normales, si no escasos.

Sus padres eran cristianos, profundamente piadosos y esa fue la educación que dieron a sus cinco hijos, que de niños, tuvieron que ayudar en las labores del campo y de la casa. Pedro, de niño, fue un sencillo pastor que vivía en una zona tranquila, en continuo contacto con la naturaleza y con Dios. Se dice y supongo que algo de verdad debe de haber, que era muy dado a la oración incluso cuando estaba cuidando de las ovejas; ovejas que precisamente perdió su padre por no poder pagar un dinero prestado a un alto porcentaje, teniendo incluso que trabajarle el niño al usurero que arruinó definitivamente a su padre. Poco más sabemos de su niñez y adolescencia.

El Hermano Pedro.

El Hermano Pedro.

Como en América se podía hacer fortuna, su hermano Mateo emigró a Ecuador. Su hermano Pablo se fue a trabajar al fértil valle de la Orotava, su hermana mayor se casó y la pequeña, entró en un convento. Pedro, en el año 1649, también marchó al Nuevo Mundo. ¿Con qué intención? ¿Buscándose la vida? Quizás, pero lo cierto es que la encontró de una forma distinta a como cabía esperar. Llegó primero a La Habana, en Cuba y poco después marchó a Guatemala, donde se estableció. Allí enfermó gravemente, tuvo que sufrir las mismas penalidades que los pobres y los enfermos y, habiéndose recuperado de manera prodigiosa, decidió dedicarse a los más necesitados, llevando una vida entregada a las obras de caridad y viviendo de manera muy austera.

Como no pudo realizar los estudios eclesiásticos, quiso seguir los pasos del Maestro, profesando tres años más tarde (1652) en la Tercera Orden de San Francisco en la ciudad de Guatemala. Ayudaba al convento de San Francisco custodiando la ermita del Santo Calvario y esa espiritualidad franciscana lo llevó a fundar el hospital de Nuestra Señora de Belén, culminación de su obra y que tenía anexa una escuela para niños pobres. Para llegar hasta aquí, previamente se había entrenado trabajando en hospitales, hospicios y cárceles y contactando con todo tipo de personas que necesitaran de él, no haciendo distinción ni de razas ni de religión ni de sexo.

Se dice que fue el primer español que enseñó a leer a los emigrantes, a los vagabundos y a los jóvenes que no tenían ningún porvenir en sus vidas. Fundó un oratorio, una escuela, un dispensario sanitario e incluso, un hospicio para sacerdotes y estudiantes sin recursos económicos. Todo esto lo fue preparando para fundar, como he dicho anteriormente, la “Orden de los hermanos betlemitas”, que en un principio, estaba constituida por un grupo de hombres, terciarios franciscanos como él, que decidieron vivir en comunidad bajo la Regla de la Tercera Orden Franciscana. Él escribió una especie de reglamento o normas de conducta, que sirvieron tanto para los hombres como para las mujeres que les ayudaban cuidando a los niños y que fueron el germen de la rama femenina de la Orden.

Fue un hombre adelantado a su tiempo, no sólo en los métodos que utilizaba a la hora de enseñar a los analfabetos, sino en el trato dado a los enfermos en sus hospitales. Era un enamorado de la Virgen y uno de sus principales deseos era volver a su tierra para venerar a su Virgen de la Candelaria, deseo que no pudo satisfacer porque murió de forma imprevista. Ese amor a María hizo que firmara un juramente, que renovaba año tras año sellándolo con su sangre y en el que se comprometía a defender la Inmaculada Concepción, muchos años antes de que incluso se pudiese plantear como futuro dogma: “Juro por esta Cruz y por los Santos Evangelios defender que Nuestra Señora, la Virgen María, fue concebida sin mancha de pecado original y perder la vida, si fuese necesario, por defender su Santísima Concepción. Y por ser verdad todo lo dicho, lo firmo con mi propia sangre. Yo, Pedro de Betancur, el pecador. Martes, 8 de diciembre de 1654. Yo, Pedro de Betancur, lo digo. Cada año me afirmo en lo dicho y manifiesto que perderé mil vidas por defender la Concepción Inmaculada de María, mi Madre y Señora y cada año, en este día, lo firmaré con mi propia sangre”.

Hospital del Hermano Pedro, Antigua Guatemala.

Hospital del Hermano Pedro, Antigua Guatemala.

El hermano Pedro, como así era conocido, murió en la ciudad vieja de Guatemala, con solo cuarenta años de edad, el 25 de abril del año 1667, pocos días antes de que llegara a la ciudad la Real Cédula de Doña Mariana de Austria, autorizando oficialmente la fundación del Hospital de Belén, lo que equivalía a la aprobación de su obra. El sucesor de Pedro, el hermano Antonio de la Cruz, transformó este Instituto en una familia religiosa, con votos solemnes, bajo la Regla de San Agustín, siendo aprobada oficialmente por el Beato papa Inocencio XI, el día 26 de marzo del año 1687.

Aunque su proceso de canonización se inició treinta años después de su muerte, el proceso fue largo ya que hasta el 25 de julio del 1771 no fue declarado Venerable por parte del Papa Clemente XIV. Como en todo proceso, la falta de alguien que lo estimulara y de dinero que “engrasara la maquinaria oficial”, fue algo determinante, algo que intenta justificarse con el hecho de que la Orden por él fundada fuera suprimida en el año 1820.

En el año 1974 se solicitó su beatificación al Beato Papa Pablo VI, quien reabrió el proceso por el procedimiento de “fama miraculorum” y así, el 22 de junio de 1980 fue beatificado por el Papa San Juan Pablo II. Junto con él fue beatificado otro célebre misionero canario en el Brasil, San José de Anchieta. Finalmente, el Hermano Pedro fue canonizado en la Ciudad de Guatemala, por el Papa San Juan Pablo II, el día 30 de julio del año 2002. A raíz de esa canonización quedaron hermanadas las ciudades de Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias, España) y la Ciudad de Guatemala (Guatemala).

Tumba de San Pedro de San José de Betancur.

Tumba de San Pedro de San José de Betancur.

San Pedro de San José de Betancur está sepultado en la iglesia de San Francisco el Grande en la Antigua Guatemala. Es el único santo canario y su festividad es el 24 de abril.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– CHIEROTTI, L., “Bibliotheca sanctorum”, tomo III, Città N. Editrice, Roma, 1990.
– FRAY JOSÉ DE LA MADRE DE DIOS, “Historia de la vida, virtud, dones y gracias del Venerable Siervo de Dios Pedro de San José”, Roma, 1739.

Enlace consultado (15/09/2013):
http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_de_San_José_Betancur

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San José, Patrono de Zapotlán el Grande, Jalisco

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Vista de la imagen de San José venerada en Zapotlán (México).

Vista de la imagen de San José venerada en Zapotlán (México).

Introducción:
En el mes de mayo del presente año, se dio a conocer una adaptación en las Plegarias Eucarísticas de la celebración de la misa. Un detalle sencillo, pero muy significativo. El Santo Padre Francisco autorizó que en dichas anáforas se hiciera mención de San José, inmediatamente luego de la conmemoración que de la Santísima Virgen María. Ya San Juan XXIII había incluido, luego de siglos, el recuerdo del Esposo de María, en el Canon Romano, pero el reconocimiento no se consolidó en los demás esquemas litúrgicos. Con este gesto se colma el deseo y anhelo de muchos devotos del Padre Nutricio de Nuestro Señor Jesucristo, que desde hace décadas insistían en este cometido que por fin ha llegado a feliz término. Como homenaje a este suceso y en continuación y sintonización con los artículos que se han publicado sobre San José en este blog, se une este artículo que trata sobre una devoción que se le tiene al Santo Patriarca en el municipio de Zapotlán el Grande, Jalisco, cuya cabecera, Ciudad Guzmán, es la sede de la Diócesis del mismo nombre.

Ciudad Guzmán:
Zapotlán el Grande es un municipio ubicado en el sur de Jalisco, cuya cabecera municipal se llama Ciudad Guzmán, y que es la sede de la Región Sur del Estado. [1] Zapotlán significado “donde abundan los zapotes o chirimoyos”, un fruto de sabor agradable. El apelativo de “El Grande” le viene para distinguirlo de otros poblados con el mismo nombre que tuvieron menor influencia política, económica y social en la entidad. Tiene su origen entre 1632 y 1633, en que el venerable Padre Fray Juan de Padilla, OFM, posteriormente martirizado en Sinaloa, fundó una doctrina que denominó “Doctrina de Santa María de la Asunción de Tzapotlán” y que fue el centro misional de aquella vasta región, llegando a tener una influencia determinante para la evangelización de los naturales no solo de ahí mismo, sino de otras provincias como Tamazula, Ávalos, Autlán, Tenamaxtlán y Amula.

Fueron los hijos de San Francisco quienes administraron eclesiásticamente esta zona, que por entonces pertenecía al entonces llamado Obispado de Michoacán, hasta finales del siglo XVIII, en que se secularizó la administración clerical. Por agencias del Siervo de Dios don Antonio Alcalde y Barriga, obispo de Guadalajara, al ver la distancia que había entre la sede episcopal de Michoacán y esta zona, obtuvo que las provincias de La Barca, Colima y Zapotlán el Grande se segregaron de ese obispado y se anexaran al Obispado de la Nueva Galicia, con sede en Guadalajara, con la finalidad de que los fieles tuvieran una mejor atención espiritual.

Vista de la catedral de Ciudad Guzmán, México.

Vista de la catedral de Ciudad Guzmán, México.

Desde el siglo XIX latía la idea de un Obispado en ese rumbo, pero fue hasta durante el pontificado del Beato Papa Pablo VI que mediante la Bula “Qui Omnium Christifidelium” del 25 de marzo de 1972 se erigió la deseada Diócesis, que quedó como sufragánea de la de Guadalajara, y que quedó erigida formalmente el 30 de junio de 1972, siendo nombrado como primer Obispo, Don Leobardo Viera, anteriormente obispo de Colima. La sede catedralicia se determinó que fuera la parroquia del lugar, dedicada a la Asunción de Nuestra Señora y que es el centro de culto y devoción a San José, junto al que se une la veneración de Nuestra Señora del Rosario.

San José
El culto que se le da a Dios se llama “latría” o adoración. Con este se le reconoce como Padre, Creador y Señor; origen y fin de nuestras existencias; reconociéndolo como Ser Supremo del cual siempre dependemos. A la Santísima Virgen María, unida de manera especial a la Santísima Trinidad, le damos un culto especial sobre todos los Santos. El culto a los Santos se le llama “dulía” y lo que hacemos con ellos, es reconocerlos como ejemplo e intercesores. Pero a la Madre de Cristo, esta veneración, por razones obvias se le llama “hiperdulía”, es decir, más fuertemente. San José, su esposo, que hizo las veces de padre terrenal de Cristo, tiene un culto denominado “protodulía”, puesto que siendo jefe de la Sagrada Familia, estuvo por muchas razones, lleno de más gracias y dones que todos los Santos. La razón del culto a San José, el Carpintero de Nazaret, esta esencialmente fundado en que luego de María, no hay otra persona más santa que Él. Es de suponerse que Cristo no le negara nada quien le dio sustento; como hizo el Faraón de Egipto a su primer ministro, el hijo de Jacob, parece que ahora nos dice a nosotros: “Id a José”.

Imagen de San José venerada en Zapotlán, México.

Imagen de San José venerada en Zapotlán, México.

José es pues de Cristo, así como Cristo es de José. Por la Encarnación del Verbo en el seno de María, José llegó a ocupar las funciones del Padre Celestial con el Hijo del Hombre. Y así como después de Jesús, no hay nadie más importante en el corazón de María que José, en el corazón de Jesús tampoco hay nadie más importante luego de María que José.

Esta devoción al Santo Patriarca fue madurando con el tiempo, el pueblo cristiano supo descubrir en él, por muchas razones, a un protector, un intercesor, un defensor. Hay ciertos lugares en el mundo en que se le tiene mayor afecto a San José. Razones geográficas como en Belén y Nazareth, donde vivió, así como en Egipto, donde vivió en el exilio. También a causa de algunas reliquias suyas existen centros de devoción josefina: Neuville, Francia, que asegura tener su cinturón. En Chiusi, en Toscana, Italia, se venera un anillo. En Florencia, su Cayado. En Lovaina tiene un Santuario Nacional. En Holanda, en la provincia de Venray, hay otro Santuario muy visitado; Barcelona tiene el célebre templo de San José de la Montaña. En America, el más famoso de los santuarios se halla en Montreal, Canadá, cuya promoción y construcción se debe a San Andrés Bessette.

En 1524, Fray Martín de Valencia y los primeros doce franciscanos que misionaron en la Nueva España, ya habían constituido patrono de la evangelización a San José. Además el Rey Carlos II de España había ordenado que San José tuviera en su monarquía el rango de Titular. En México hay muchos templos, parroquianos y santuarios esparcidos por todo el territorio nacional, sin detenernos en detallarlos a todos, sólo se referirá que en 1555, luego del I Concilio Provincial Mexicano se nombró a San José como Patrono de la Iglesia de México, titulo ratificado por el III concilio provincial de 1583. Sin duda alguna, la imagen del Castísimo Patriarca Señor San José más celebre y más venerada en el occidente del país es la que se conserva con ferviente culto en la Catedral de la Diócesis de Ciudad Guzmán.

Los hijos de San Francisco, motivados por estas y otras razones, establecieron en la parroquia del Zapotlán la devoción a San José, rastreándose su culto desde el S. XVII. Es probable que anterior a la actual imagen haya existido otra, la que fue sustituida por esta, con origen en la escuela de Guatemala, que floreció desde el S. XVI y que produjo imágenes religiosas de Nuestro Señor Jesucristo, la Santísima Virgen María y de varios Santos. Se recuerda entre los escultores de este lugar a Quirino Castaño, que esculpió el Santo Cristo de Esquípulas, así como Mateo y Evaristo Paz, Juan de Pedroza y Alonso de la Paz. De este lugar se diseminaron por diversas partes de México bastantes imágenes que han llegado a nuestros días.

Antigua fotografía de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán (México).

Antigua fotografía de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán (México).

La leyenda
La piedad mal entendida y falsa devoción, para dar mayor veneración a las imágenes famosas, quieren darles siempre un origen sobrenatural y la conseja dice que un arriero llegó a la población de la Cofradía del Rosario donde dejó un cajón, desapareciendo sin dejar rastro. Tiempo después, la autoridad eclesiástica con la civil destaparon el cajón donde, con sorpresa, hallaron las imágenes de San José y de Nuestra Señora del Rosario, las cuales fueron conducidas en su solemne procesión a la iglesia parroquial. Para dar mayor crédito y firmeza a la leyenda, se le adorna con la palabra “TRADICIÓN”. Lo bueno es que hay documentos y testimonios históricos que aclaran el origen histórico. Los archivos refieren que los franciscanos hicieron venir de Guatemala, junto a la imagen de San José, otra de la Santísima Virgen María para darles culto en este lugar.

Hacia 1806 la imagen se salvó de la destrucción causada por un terremoto que derribó la iglesia parroquial. El 25 de marzo de ese año, un temblor asoló la ciudad, muriendo más de 2000 personas. La imagen del Santo Patriarca se condujo al templo de la Tercera Orden donde permaneció hasta el 6 de septiembre de 1881, en que el entonces párroco Don Atenogenes Silva, luego Obispo de Colima, dedicó la nueva parroquia al Sagrado Corazón de Jesús e hizo trasladar el Santísimo Sacramento con la imagen del Señor San José a la nueva sede. Aquí permaneció 19 años hasta que el 7 de octubre de 1900 se traslado a la nueva iglesia parroquial, hoy Catedral, quedando colocada al fondo de la nave lateral poniente exactamente en el lugar opuesto al altar de la Virgen del Rosario.

Hacia 1909, siendo párroco Don Silvano Carrillo, luego obispo de Sinaloa, un sacerdote Vicario y Sacristán Mayor, tuvo la idea de deshacerse de la imagen por anticuada y carente de belleza. La hizo colocar sobre unas columnitas falsas para que por el peso se venciera, lo cual sucedió el 9 de marzo de ese año, cuando el Sacristán se subió a su altar para sacudirla. Lleno de angustia el señor cura Carrillo determinó que la reparara temporalmente el P. Enrique Gómez, con habilidades artísticas y conocimiento de escultura. La reparación provisional se hizo y luego se mandó a Guadalajara donde un escultor profesional la reparó y al unir el cráneo quebrado, antes de hacerlo, encontró en su interior un papel con el nombre del escultor y referencias de su origen de un taller guatemalteco. En junio de ese año, el escultor queretano de gran fama y pericia Agustín de Espinoza, consolidó magníficamente la restauración, dotando además a la imagen del Niño Jesús que antes no tenía.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Fotografía de 1909.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Fotografía de 1909.

Desafortunadamente en 1957, con motivo de su coronación pontificia, el entonces párroco Don Adolfo Hernández Hurtado, luego Obispo de Tapachula y posteriormente Auxiliar de Guadalajara, se dejó llevar por un torpe aprendiz de escultor llamado Félix Álvarez y se retocó la imagen, destruyendo la singular coloración y belleza que le había puesto el Maestro Espinoza, situación lamentable para quienes entienden de arte.

Descripción de la imagen
Los rasgos de la imagen testifican su origen guatemalteco y no queretano, como algunos han querido. Tiene vestiduras de talla y estofadas con dorado, algo deterioradas, se le sobreponen ropas elaboradas con telas finas y artísticas. Aunque tiene la cabellera tallada en la misma cabeza, le colocan una cabellera de pelo natural. Su pierna derecha es recta y la izquierda flexionada; a la inversa de la iconografía tradicional, sostiene con el brazo derecho al Niño Dios y con la mano izquierda lleva el báculo florecido con azucenas. Deja asomar sus pies, calzados con sandalias. Su rostro no es de belleza artística, pero es devoto y de lineamientos aceptables. Sus ojos son de vidrio y con pestañas sobrepuestas. Su barba bien moldeada y partida. Tiene la boca entreabierta mostrando la lengua y la dentadura, lo que le torna expresivo y animado, inspirando respeto y devoción. Ordinariamente viste túnica verde y manto amarillo, estrena ropa cada año para las festividades, algunas veces con estilos muy artísticos e incluso con colores no tradicionales. Tanto él como el Niño Dios portan coronas imperiales.

El patronato
La Región Sur de Jalisco ha padecido constantemente temblores de tierra, originados por el volcán de Colima que anteriormente se llamaba volcán de Zapotlán. Estos sismos han causado en Zapotlán muerte, sangre, luto y llanto. En 1747 ocurrió un sismo de tal magnitud que conforme a la usanza de la época colonial, los Padres Juan Bautista Solís y Juan Antonio Caro, ambos Franciscanos, con algunos principales vecinos y en privado, juraron a San José, Patrono de Zapotlán contra los temblores. Dos años más tarde, el 22 y 23 de octubre de 1749, sucedieron otros terribles temblores, lo que llevó a los principales vecinos a elevar un voto público y jurídico que refrendara el de 1747, comprometiéndose a celebrar anualmente su fiesta el 22 de octubre, aniversario del temblor. El Obispo de Michoacán, Don Martín de Elisacoechea dio su aprobación para ratificar el juramento.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2009.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2009.

El 25 de marzo de 1806 un temblor asoló la región, hubo como 2000 muertos, muchos de ellos dentro de la parroquia pues asistían a una misión de los Padres Franciscanos del convento de Santa Cruz de Querétaro. Ante esta tragedia se renovó el voto juramentando, siendo desde esas fechas que se celebran religiosamente y puntualmente las fiestas del 22 de octubre.

El cariño de los lugareños a San José le ha dado un grado tan singular, que lo consideran protector y defensor contra rayos, inundaciones, sequías y calamidades públicas. Su imagen se saca en procesión cuando hay graves malestares, como cuando explotó el volcán de Colima el 20 de enero de 1913 o en sequías prolongadas, como en 1945 y 1969, cuando tras públicas rogativas, se precipitaron copiosas lluvias que fueron el inicio de un buen temporal.

La coronación pontificia
Con intención piadosa, el vecindario de Zapotlán tenía el deseo de que la imagen de San José se coronara con la autoridad del Papa, lo cual se logró con la autorización de S.S. Pío XII con breve de 12 de marzo de 1957, lo cual se realizó el 22 de octubre de ese mismo año. Coronó la imagen del Niño Dios, el Delegado Apostólico Don Luigi Raimondi, la del Santo Patriarca, el Arzobispo José Garibi Rivera y la de Nuestra Señora del Rosario, el Arzobispo de Primado de México, Don Miguel Darío Miranda. Cabe señalar que las coronas de San José y Niño Dios son de forma imperial, mientras que la de Nuestra Señora del Rosario es Condal, pues por detalles administrativos se solicitó solamente y como tal se concedió, la coronación pontificia para San José.

Las fiestas
Desde 1747 se celebra anualmente el 22 de octubre el Patronazgo de San José. El novenario comienza el 13 de octubre, repartiéndose los gastos de cada día entre grupos, personas y asociaciones. La función del día 22 de octubre corre por cuenta del Mayordomo, elegido por sorteo cada año, quien procura de su peculio, la fiesta de San José y de la Virgen del Rosario, su inseparable compañera. Hay peregrinaciones de los distintos decanatos y vicarias.

El 22 de octubre se celebra la fiesta principal, comenzando desde muy temprano con el canto de las mañanitas. La misa principal es concelebrada y presidida en ocasiones por algún Obispo invitado, incluyendo a veces, al Nuncio Apostólico. Por la noche hay juegos pirotécnicos, que son el culmen de una feria regional que atrae visitantes del sur de Jalisco, de Colima y aún de diversas zonas de la República Mexicana.

Detalle de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario sacadas en procesión en Zapotlán, México.

Detalle de las imágenes de San José y la Virgen del Rosario sacadas en procesión en Zapotlán, México.

El 23 de octubre se realiza el acto más popular. Se celebra temprano un funeral por los Mayordomos difuntos. Luego se realiza un magno desfile de carros alegóricos, cuyo origen data desde 1844. Cierra el contingente un carro denominado “El Trono de San José” en el que va su venerable imagen acompañada de la Virgen del Rosario con el Niño Jesús en sus brazos. Al terminar el desfile, las imágenes son llevadas a la casa del Mayordomo, donde son colocadas en un bien aliñado altar. Allí se velan toda la noche, acudiendo el devoto vecindario a venerarlas. Al día siguiente son trasladadas con igual pompa a la catedral, donde son recibidas por el Obispo Diocesano, para ser colocadas en sus respectivos nichos realizando a continuación el tradicional sorteo para elegir al nuevo Mayordomo de las festividades del año siguiente.

Apéndice: Nuestra Señora del Rosario
Junto a San José, Ciudad Guzmán ha unido desde siempre la devoción a Nuestra Señora del Rosario, cuya cofradía data desde 1617 y que fue en esos tiempos la promotora de su culto y devoción. La imagen original con cerca de tres siglos, fue retirada del culto y luego de rodar por diversos lugares pasó a la iglesia de la Merced, donde pese a ser una imagen antigua y con cierta venerabilidad, estuvo arrinconada sin veneración alguna. Luego fue restaurada por un escultor mediocre que la transformó de talla a media talla, quedando muy fea. Para mayor desatino, en la década de los años cuarenta fue retocada por manos inexpertas, acabando con esta antigua imagen que se salvó del terrible temblor de 1806.

Como quedo dicho anteriormente los Padres Franciscanos hicieron venir desde Guatemala, las imágenes de San José y La Santísima Virgen María, pero la que llegó de estos lugares, no es la que está en la Catedral. En 1978, el primer Obispo de Ciudad Guzmán, Don Leobardo Viera localizó una imagen muy bella, vestida de la Virgen del Carmen. Por sus formas y estilos es probable que esta imagen haya sido la que acompañó la imagen de San José desde Guatemala. Como la imagen de la Virgen del Rosario que está en la Catedral, fue coronada canónicamente, no se sustituyó y fue colocada al parecer en el Oratorio privado de la casa del Obispo, ubicada en al esquina de Colón y Rayón de esa ciudad.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2011.

Imágenes de San José y la Virgen del Rosario veneradas en Zapotlán, México. Año 2011.

Fray Luis del Refugio Palacio, gran autoridad en arte e historia, asienta que la Virgen del Rosario de Zapotlán es una escultura de la autoria de Mariano Perusquía, escultor de origen español que perfeccionó sus aptitudes en la Academia de San Carlos y que nació en 1771. Tuvo su taller en Querétaro y luego se trasladó a Guadalajara, de cuyos talleres salieron hermosas imágenes para ambas ciudades. Por tanto, esta imagen debe de datar de la tercera década del S. XIX. Y fue adquirida muy probablemente por el párroco de Zapotlán en aquel tiempo, Don Patricio Arteaga. Aunque hay otra opinión que asegura que fue el P. Atenógenes Silva, quien siendo párroco de Zapotlán fue quien la adquirió durante su gestión entre 1880 y 1883. Lo cierto es que esta imagen es la más bella que tiene el estado de Jalisco respecto a la advocación de Nuestra Señora del Rosario.

Es digno de mencionarse que esta imagen estuvo a punto de ser estropeada en 1957, cuando iba a ser coronada junto con la imagen de San José. Un escultor aprendiz sorprendió al párroco Don Adolfo Hernández y puso mano en la imagen de San José; su maestro Fidel N. Galindo le hizo un serio reproche y, con la colonia de Zapotlán que había en Guadalajara, acudieron al Arzobispado de Guadalajara, Don José Garibi Rivera, para que impidiera que un inexperto tocara la imagen de Nuestra Señora del Rosario, obra de Don Mariano Perusquía, así que de inmediato se suspendió el proyecto y la Virgen del Rosario se libró de un atropello de leso arte y quedó en su prístina belleza original, cual salió del afamado artista.

Imagen de la Virgen del Rosario venerada en Zapotlán, México.

Imagen de la Virgen del Rosario venerada en Zapotlán, México.

Descripción
Es una imagen de tamaño natural, con un rostro de incomparable belleza, fruto de un profundo estudio y gran dedicación. Su cuello es esbelto y su cabeza se inclina a la izquierda, tiene un aspecto virginal y maternal a la vez. Sus ojos de cristal tienen una mirada baja y en sus labios se dibuja una sonrisa dulce que atrae el corazón. La mano derecha aparece elevada con actitud de tomar entre sus bien delineados y delgados dedos pulgar e índice, el extremo del Rosario, que también toma con su mano izquierda con la que sostiene al Niño Jesús. La coloración de la Virgen es apiñonada y un tanto morena, la imagen es exclusiva para vestirse de telas, teniendo un rico y variado guardarropa de vestidos y mantos de telas, seda y brocados. Anualmente estrena un vestido nuevo. Tiene cabellera postiza sobrepuesta sobre su cabeza, la que se cubre con una mantilla que le da un cierto donaire. Antes llevaba corona imperial, pero desde la coronación pontificia porta una corona ducal. Tiene un altar en el fondo de la nave lateral oriente, en un nicho de madera labrada y resguardada por cristales. Su principal festividad es el 7 de octubre, aunque comparte las celebraciones en honor de su esposo San José el 22 de octubre.

Humberto

Bibliografía:
– OROZCO CONTRERAS, Luis Enrique Cango. Iconografía Mariana de la Provincia Eclesiástica de Guadalajara. Sine Labe Concepta, pp. 142-20, Guadalajara, Jalisco. 1980. Editado por el Autor.


[1] Zapotlán ha tenido varios nombres: primero se llamó Tlayolán, luego Tzapotlán, después Tzaputlán y pueblo de Santa María de la Asunción de Zapotlán, nombre dado por el misionero fray Juan de Padilla al ponerlo bajo la advocación de la Virgen. El nombre de Zapotlán el Grande lo llevó oficialmente durante 150 años. Sin embargo, el 19 de abril de 1856, en memoria de Gordiano Guzmán, un insurgente de la lucha de independencia y que también combatió en contra la intervención norteamericana en México durante 1847. Fue fusilado en 1854 por ser un estorbo político para el dictador Antonio López de Santa Ana. Se le puso el nombre de Ciudad Guzmán a este municipio siendo gobernador de Jalisco Santos Degollado. Sin embargo, el 9 de enero de 1997, se publica el decreto número 16474 emitido por el H. Congreso del Estado, en el que se aprueba el cambio de nombre del municipio de Ciudad Guzmán por el de Zapotlán el Grande.

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Santa Muhrail (Muhrati), niña mártir egipcia

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Icono copto de la Santa, con la síntesis de su biografía.

Icono copto de la Santa, con la síntesis de su biografía.

Hoy quiero escribir sobre una Santa niña mártir muy poco conocida fuera de su ámbito de culto, la Iglesia Copta. Al igual que Santa Damiana, se trata de una mártir de la Antigüedad, que murió en tiempos de Diocleciano, pero que por circunstancias de culto y avatares de la Historia, no ha pasado de ser conocida fuera del reducido ámbito de los cristianos coptos. Además, teniendo en cuenta que se sabe realmente poco de ella -debido a que su culto se extinguió en el siglo XIII debido a la islamización de Egipto, y no ha sido recuperado hasta el siglo XX-, voy a tener que explayarme en detalles sobre su vida y martirio más de lo que quisiera, siendo cierto que en otras ocasiones resumo estos apartados para centrarme más en datos históricos; pero es que, en este caso, es necesario no habiendo muchos datos históricos sobre ella. Además, ha sido un artículo realmente difícil de hacer, pues la información que hay sobre ella en inglés es escasísima y no da más que para unas pocas líneas; si se quiere saber más, es necesario recurrir a fuentes en árabe. Así pues, se ha tenido que traducir del árabe para poder escribir sobre esta Santa -además de visionar una película sobre su vida-; por lo cual agradezco de antemano a nuestro amigo y compañero Antonio Barrero.

Las diferentes versiones de su nombre
Pese a ser una perfecta desconocida para la mayoría de cristianos no coptos, de esta Santa se habla en numerosos textos coptos, pudiéndose decir que su nombre significa “el poder de Dios”. Algunos manuscritos, como el 18 del monasterio de los Santos Cosme y Damián, la llaman Mehrati, que significa “la paz de Dios”. Sin embargo, es muy importante destacar que no se la conoce tanto por este nombre como por su variante Muhrail, que es árabe: en la época en que ella vivió y fue martirizada (s.IV), Egipto no era todavía un país de cultura árabe, es más, era una provincia romana y la mayor parte de la población seguía siendo egipcia; salvo las clases nobles que, o bien estaban ya romanizadas, o conservaban su cultura griega procedente de la época de la helenización. Por lo tanto, es probable que el nombre de la Santa, el original, fuese más parecido a Mehrati o Muhrati, porque este nombre sí tiene pronunciación y reminiscencias del antiguo egipcio; lo que nos haría suponer, por tanto, que era una cristiana de cultura y lengua egipcias. Sin embargo, durante la arabización de Egipto y de la cultura cristiana copta, el nombre de la Santa ha sufrido diversas adaptaciones, hasta convertirse en Muhrail, la variante más conocida, que es la que yo emplearé para el presente artículo. Sin embargo, al ser el árabe un idioma consonántico que además emplea otro alfabeto, lo cierto es que puede transcribirse su nombre de muchas maneras: Muhrail, Mohrail, Mohrael, Mehraual… en fin, diferentes versiones de un mismo nombre, y todas ellas correctas.

Otra versión del icono de la Santa, sin el fondo con las pirámides y el templo cristiano.

Otra versión del icono de la Santa, sin el fondo con las pirámides y el templo cristiano.

La Santa que responde a todos estos nombres fue una niña de doce años de edad, muy compasiva, que a principios del siglo IV, en tiempos del emperador Diocleciano, fue mártir junto con su hermano, el conocido mártir Ibahor Aseraaqos (también llamado Abahor o Abahur El-Seriakosi). Su familia provenía de Siria y había vivido en Qalubia y su padre, llamado Juan, era un sacerdote de una de las iglesias de Tamouh (Tamuh, Tammooh) en la diócesis de Menfis. Aquí nacieron y se criaron los dos hermanos, aunque ella fue sepultada en Taher, donde su cuerpo permaneció hasta el sigloXI. Según el manuscrito número 42 del monasterio de Santa Paula, el lugar donde fue sepultada existió hasta principios del siglo XIV.

La niña que hacía milagros
Así pues, la niña mártir Muhrail nació en la provincia egipcia de Tamuh, al sur del actual El Cairo, en la orilla occidental del Nilo. Sus padres eran temerosos de Dios, como decía, sacerdote su padre, Juan, y casta su madre, Hilaria. Este matrimonio permaneció mucho tiempo sin tener hijos, hasta que en la ancianidad, tras orar con fervor a la Virgen: “Señor mío Jesucristo, oye mis oraciones y danos descendencia, ya sea de varón o de mujer; esto será un regalo para tus siervos”, les fue revelado que debían acudir a visitar el obispo de Manf, Abba Ibsada. Después que Hilaria visitó a este obispo, él le dijo: “Jesús escucha a quienes le piden” y profetizó que daría a luz dos hijos que serían ciudadanos de la nueva Jerusalén. Y en efecto, al poco tiempo, en el año 291, les nació una niña a la que llamaron Muhrail, porque había traído la paz de Dios a sus corazones, y tres años después, les nació un niño, al que dieron el nombre de Abahur, como a su abuelo paterno.

Se dice que a los doce años Muhrail ya estaba llena del Espíritu Santo, de modo que predicaba e instruía a niños de su misma edad y menores en la fe. Consagró su virginidad a Cristo, ayunaba severamente y enseñaba los Salmos a su hermano, de nueve años de edad, y a sus vecinos.

Un día, la Virgen María, acompañada de los ángeles Miguel y Gabriel -aunque según otras versiones, quien la acompañaba era su prima Santa Isabel-, se le apareció al sacerdote Juan y le dijo: “Padre Juan, vengo para llevar a tu hija a una boda que se celebrará en Jerusalén, donde no pasará ni hambre, ni sed, ni fatigas ni desnudez y donde encontrará la alegría y el descanso de todos los santos”. Juan contestó: “¿Cómo voy a hacer esto enviando a mi hija a una tierra extraña, a una ciudad que no es su ciudad natal? ¿Cómo nos vamos a separar de ella?”. La Virgen le respondió: “El Señor, Dios todopoderoso, te devolverá el cuerpo muerto de tu hija lleno del Espíritu Santo”. Juan contestó: “Cúmplase la voluntad de Dios”. Mientras el sacerdote Juan y la Virgen María estaban hablando, la casa se llenó de un fragante olor. La Virgen le dijo a Muhrail: “Ven, que te llevaré al Paraíso y Jesús te coronará junto a él en el cielo” [1]. Desde que supo que la Virgen María la invitaba a las bodas celestiales con su Hijo en la nueva Jerusalén; Muhrail rara vez abandonaba su habitación, siempre en oración. Sólo se alimentaba de pan, sal y agua durante la noche, ayunando durante el día, pero lo hacía sabiendo que ése era el deseo de Jesús.

Vista del mismo icono, con detalle del barco lleno de cristianos perseguidos.

Vista del mismo icono, con detalle del barco lleno de cristianos perseguidos.

También realizaba milagros. En una ocasión en que fue a recoger agua al río con su cántaro, acompañada de su hermano pequeño, se encontró con un grupo de mujeres que lloraban desconsoladamente, y la niña les preguntó cuál era la razón de su dolor. Una le dijo que su hija llevaba 6 días de parto, sin poder dar a luz, y estaba ya moribunda. Después de que Muhrail suplicara al Señor por ella y la ungiera con agua del río recogida en su jarro, la mujer pudo dar a luz felizmente y sus familiares se convirtieron a la fe. Pero cuando quisieron besar sus manos y reconocerla como obradora del milagro, la niña se escabulló y regresó a casa, olvidándose el jarro, que luego fue hallado y le devolvieron, reconociéndola por ello. Abahur contó el milagro a sus padres. Del mismo modo, la madre de la mujer favorecida corrió la voz y pronto toda la comunidad cristiana local sabía el milagro que la niña había obrado, aunque ella lo negaba y decía que había sido el poder y la voluntad de Dios que la mujer pudiese salvarse.

Otros milagros realizó la pequeña Santa; como curar al hijo de un vecino, un niño pequeño llamado Jorge, que se había caído del tejado y se había dañado el brazo y roto la pierna. La fractura era grave y la herida se infectó, por lo que parecía seguro que el médico debía amputarle la pierna al niño. La Santa visitó al pequeño a medianoche; y después de orar por él, la pierna quedó sana. El niño exclamó: “El Señor ha enviado un ángel que me ha curado”, y todos entraron a regocijarse con él. A partir de ese momento, todos acudían a ella para pedirle que rezara por sus familiares heridos o enfermos; aunque ella siempre respondía que sus oraciones no valían nada y que era Dios, por la intercesión de la Virgen y de los Santos, quien realizaba esos milagros. Tampoco permitía que nadie se inclinase ante ella, reprendiéndoles y diciendo que sólo debían inclinarse ante Dios.

En otra ocasión, una amiga suya, de su misma edad, después de dar a luz a un niño, se le infectó el seno y no podía darle de mamar. Estando cada vez más enferma, llamaron a Mohrail para que orara por ella y, efectivamente, después de la oración, la niña quedó sana. Nuevamente intentaron echarse a sus pies y besar sus manos, pero ella se les escapó de nuevo, horrorizada, porque tenía terror a la vanagloria.

Escena de la película copta dedicada a la Santa, en el que la mártir, portando el jarro, se une voluntariamente al barco de cristianos capturados.

Escena de la película copta dedicada a la Santa, en el que la mártir, portando el jarro, se une voluntariamente al barco de cristianos capturados.

Martirio de la Santa
Una noche, se le apareció la Virgen María y le indicó que, al amanecer, debía tomar su jarro y dirigirse a llenarlo a la ribera del río [2], como solía hacer; diciendo que se encontraría con Ella, su prima Santa Isabel seis vírgenes más. Pero al cumplir las indicaciones, lo que encontró en la ribera del río fue un barco repleto de cristianos prisioneros que iban a presencia del gobernador Quintiliano (Kilkianos), gobernador de Ansana desde hacía dos meses. Entre ellos -una gran muchedumbre de hombres y mujeres- vio al obispo y a algunos sacerdotes atados de pies y manos con cadenas, que eran conducidos al lugar donde serían martirizados. En ese momento, vio la visión prometida de la Virgen, su prima Santa Isabel y las seis vírgenes sobre el barco, y se sintió impulsada a unirse a ellos. Cuando el guardia la vio dando de beber a los prisioneros en cubierta, quiso echarla de allí, pero ella dijo que por sus muchos pecados debía acompañarles, y que quería ser atada y tratada como ellos. Luego, entregó su jarro a unas mujeres que había allí y les dio recado de que anunciasen a sus padres que se había marchado para unirse a Jesucristo. Luego, fue atada y colocada junto a los demás prisioneros. Al llegar a Alejandría, fueron arrojados todos a una celda, donde pasaron la noche, aunque se les dio de comer y de beber.

A la mañana siguiente, fueron llevados todos a presencia del gobernador. Cuando éste vio a Muhrail entre ellos, confesando el nombre de Jesucristo, reprendió al oficial por haberla traído, porque juzgaba indigno que se supiese que las autoridades romanas iban matando niñas por ahí. Pero Muhrail, con coraje, le gritó: “Maldito seas tú y los infieles que adoráis a vuestros ídolos”. El gobernador se extrañó al ver que una niña se atrevía a hablarle así, pero lleno de ira ordenó darle un severo castigo: mandó que la azotaran y quemaran; y que después la tiraran en una celda para dejarla morir. A los otros cristianos, luego de ver que se resistían a sacrificar a los dioses y persistían en confesar a Jesucristo, mandó decapitarlos inmediatamente. Pero estando Muhrail en la celda, agonizante por las graves heridas recibidas en la tortura, oró al Señor por sus hermanos y obtuvo a cambio la curación completa de sus heridas, además de la promesa de recibir la corona del martirio en pocos días.

Otra escena de la película sobre la Santa: Muhrail en prisión, después de sufrir tortura.

Otra escena de la película sobre la Santa: Muhrail en prisión, después de sufrir tortura.

Nuevamente, tras un interrogatorio infructuoso, la amarraron con correas a una rueda y la hicieron girar sobre una plancha de púas (otras versiones describen que fue torturada con un instrumento “similar a una prensa de exprimir caña de azúcar”, por lo que sufriría aplastamiento). Después, la sentaron sobre una silla metálica que colocaron sobre una hoguera, para que se calentara progresivamente hasta el rojo vivo. Todo lo sufrió Muhrail con gran resignación, hasta que fue metida en un ataúd lleno de serpientes venenosas, amordazada, y se dio orden de que la arrojaran al río [3]. Pero los soldados que llevaban el ataúd en un barco no llegaron a cumplir la orden de arrojar el ataúd al río, pues unos cantos alegres que surgían del mismo los turbaron, a pesar de que ellos mismos la habían amordazado y colocado entre las serpientes. Al anochecer, la voz de la niña se extinguió y una luz brillante salió del ataúd, al tiempo que una voz celestial llamaba a Muhrail a la gloria eterna: “Conforme te lo prometió mi Madre, ven conmigo a la casa de mi Padre”. Como en ese momento estaban a la altura de Tamuh, su pueblo, los asustados soldados la desembarcaron allí.

Culto y veneración de la Santa
Al abrir el ataúd, no encontraron rastro de las serpientes, y la niña, muerta, estaba sin amordazar y desatada, con las manos sobre el pecho, desprendiendo una luz sobrenatural. Asustados por la luz, huyeron y pidieron auxilio a los aldeanos, llegando sus padres junto a la tumba abierta. Los soldados le pidieron que enterrara él a su hija, para que el gobernador no supiera que no había sido arrojada al río y los castigara. Todos los aldeanos asistieron a los funerales de la Santa. Pero, como tuvieran miedo de que el gobernador descubriera que el cuerpo estaba allí, lo sepultaron en un lugar sagrado y pusieron a un hombre a guardarlo, aunque no debía impedir las visitas de los fieles. Pero el hombre no era honrado, sino que cobraba una moneda por entrar a ver la tumba de la Santa, por lo que aquellos que eran pobres y no podían pagar, se quedaban sin verla. A quienes querían pasar la noche, les cobraba el doble, y dejaba sin entrar a todo el que no pagase, ya fuese ciego, cojo o paralítico.

Otra versión del mismo icono. Fuente: www.st-Takla.org

Otra versión del mismo icono. Fuente: www.st-Takla.org

En una ocasión, estaba acompañando a dos peregrinas a la barca cuando dos peregrinos nuevos llegaron al santuario y encontraron la puerta cerrada, pero ésta se les abrió milagrosamente y entraron a rezar. Cuando el guarda retornó y vio que habían entrado sin pagar, alzó su bastón para pegarles, y entonces se quedó paralizado. Se oyó la voz de la Santa, diciendo que había tenido ya demasiada paciencia con él, y que ahora estaba recibiendo castigo por su codicia. Entonces todos los pobres e impedidos que no podían pagar entraron a venerar el sepulcro de la Santa. El paralítico salió andando, el ciego salió con vista… en fin, lo típico. Después que el padre de la Santa le suplicó que tuviese piedad del guarda paralizado, éste recobró la movilidad y pidió perdón por su codicia, devolviendo todo el dinero que había robado a los pobres.

Padeció el martirio Santa Muhrail el 14 de Tuba, en el vigésimo año del reinado de Diocleciano, el vigésimo año del Calendario de los Mártires, lo que coincide con el 22 de enero de 304. Su hermano, Abahur El-Seriakosi, fue martirizado unos meses después, el 12 de Abib (julio) del mismo año.

Algunos datos históricos
Son bien pocos, ya que la mayoría de información disponible sobre la Santa es la historia que arriba he descrito, pero son rotundos y sorprendentes. Esta biografía fue escrita a finales del siglo IV por el obispo Felipe de Menfis y en ella confirma que la niña Muhrail fue contemporánea de su antecesor Abba Ibsada, el mismo que al nacer la niña predijo su martirio. Este mismo obispo Felipe erigió la primera iglesia en honor a la Santa en el lugar donde estaba sepultada. Sin embargo, en la actualidad las reliquias de la Santa están desaparecidas.

Estos datos son muy interesantes, ya que, si el relato que hemos leído podría parecernos muy fantasioso por la abundancia del elemento milagroso, lo cierto es que fue escrito en tiempos de la Santa, pues lo escribió el sucesor del obispo que la vio nacer; lo escribió el mismo que levantó la primera iglesia en su honor. Ello confirma que estamos ante una mártir histórica, auténtica, cuya historia quizá haya sido muy adornada por la mano del autor, pero que no cabe pensar en modo alguno que sea una invención del mismo.

Otra variante del conocido icono de la Santa.

Otra variante del conocido icono de la Santa.

La Iglesia Ortodoxa Copta celebra a la Santa tanto en la fecha de su martirio, ya mencionada, como en la fecha de consagración de la iglesia dedicada a ella, el 22 de Mesra (28 de agosto). Desde el 18 de agosto de 1996 existe una capilla dedicada a la Santa en el monasterio de los Santos Cosme y Damián -que mencionábamos al principio del artículo- de Manyal Sihet (Giza), donde se conservan los manuscritos que hacen referencia a ella y que precisamente está ubicado en el lugar donde ella nació.

El 30 de enero de 1998, el papa Shenouda III de Alejandría confirmó el culto a la mártir y autorizó que se celebraran conmemoraciones en su honor; así como que se ordenaran nuevas religiosas que portaran el nombre de la Santa. Últimamente, el culto a la mártir ha vuelto a renacer con fuerza, a pesar de la ausencia de reliquias, publicándose muchos libros sobre ella y recibiendo su nombre muchas niñas recién nacidas en Egipto.

Patronazgo e iconografía
Debido a anécdotas que hemos podido leer en su historia, a Santa Muhrail se la invoca por parte de las mujeres que son estériles y por aquellas que pueden tener un parto difícil. Es por tanto, patrona de las embarazadas, de las madres y de las mujeres que quieren ser madres.

Su iconografía es muy limitada, pero muy bien definida: se la representa como una joven niña, de pie, sonriente, siendo coronada por un ángel; con una cruz copta, símbolo de su fe cristiana, en su mano derecha; y su famosa jarra, con la que obraba milagros, en la izquierda. Detrás, se ve el mar frente a Alejandría (o el río Nilo) y las pirámides, alusión a su tierra natal, Egipto. Tras ella, se ve el barco con los cristianos prisioneros a los cuales voluntariamente se unió, siendo azotados por un soldado. Pisándola con sus pies, vemos una masa de escorpiones y serpientes, símbolo de su triunfo sobre estas alimañas. Junto a ella se ve a su hermano pequeño, Abahur, también mártir.

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Dejo la película que he visualizado para documentarme sobre la vida de la Santa. Al igual que el resto de producciones cinematográficas coptas, es de bajo presupuesto y está en árabe, pero hay subtítulos en inglés que se pueden seguir. De todos modos, al haber descrito ya la historia de la Santa, aunque no se entienda árabe ni inglés se puede seguir la historia, aunque lenta, es bastante fiel y clara.

Meldelen

Enlaces consultados (6/09/2013):
http://www.arabchurch.com/forums/showthread.php?t=151210
http://www.mohrail.com/Mohrail%20Info.htm
http://www.geocities.ws/saintmohrael/
http://stmina.hamilton.on.coptorthodox.ca/synexarian/Martyrs/StMohrail.htm
http://en.wikipedia.org/wiki/Saint_Mohrael


[1] Otra versión de la historia dice que la Virgen se la llevó inmediatamente, en aquel momento, a Alejandría, donde realizaría todos los milagros y sería martirizada. La versión que seguimos, sin embargo, la mantiene en Tamuh hasta el momento de partir hacia el martirio.
[2] En la versión en que la niña ya se encuentra en Alejandría, lo que debe hacer es ir a llenarlo de agua de mar.
[3] En la versión “alejandrina” ya mencionada, se da orden de arrojarla al mar.

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