Nuestra Señora de Guadalupe: reina de México y emperatriz de América (VIII)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Nuestra Señora de Guadalupe patrona de la Nueva España, anónimo novohispano.

Nuestra Señora de Guadalupe patrona de la Nueva España, anónimo novohispano.

De celestial patrona a símbolo nacional
El caso de Nuestra Señora de Guadalupe que hemos venido estudiando a través de esta serie de artículos es de particular importancia en el continente americano, pero especialmente en México, donde ha pasado de ser tan sólo un símbolo religioso a formar parte de los llamados símbolos nacionales, debido a la gran trayectoria y repercusión que la imagen guadalupana ha tenido en la historia de México. Para no hacerle cansado a los colaboradores y lectores ajenos a la historia de México, trataré de hacer este artículo lo más sintetizado posible, pero tocando los puntos más importantes que han llevado a la Virgen de Guadalupe a convertirse en un símbolo de mexicanidad para muchos, pues en las diversas etapas de la Historia de México ha tenido participación, lo que ha provocado darle esos tintes nacionalistas a su culto.

Desde la conquista de México en 1521 la sociedad novohispana comenzó a estratificarse en grupos entre los que destacaron los españoles peninsulares, los criollos, que eran los hijos de españoles ibéricos nacidos en América, las castas, los indígenas y los esclavos; estas divisiones estaban claramente marcadas y durarán durante todo el virreinato. Así, los criollos, por el simple hecho de haber nacido en América, no podían acceder a ciertos trabajos u oficios o a tener mejores salarios, mientras que a los españoles peninsulares, aun desconociendo el territorio y con poco tiempo en Nueva España, conseguían los trabajos más importantes y mejor pagados. Hacia 1531, con la aparición a San Juan Diego y el inicio del culto guadalupano, la imagen de María de Guadalupe tiene una gran acogida entre los indígenas especialmente, logrando conversiones masivas; y aunque el culto no se quedó sólo en los indios, sino que traspasó a todas las clases sociales, incluyendo al mismo virrey, ante la marcada diferencia social, la Virgen de Guadalupe fue inspiración, junto con el criollo San Felipe de Jesús, para formar lo que es llamado nacionalismo criollo o la conciencia nacional criolla.

La Compañía de Jesús, llegada a la Nueva España hacia 1572, es la que se encargará especialmente en retomar la imagen guadalupana y usarla para revalorizar la historia mexicana, los pensadores jesuitas son quienes elaboran la teoría de que la tierra mexicana está bendita porque la Madre de Dios tocó con sus plantas y bendijo esta tierra, y por lo tanto es una tierra elegida por Dios y por lo mismo los nacidos en ellas también lo serían, ya se traten de criollos, mestizos o indios, aunque sin duda todas estas enseñanzas fueron volcadas más hacia la sociedad criolla. Miguel Sánchez, quien hacia 1648 escribiera el relato de las apariciones, hace estas confesiones en su escrito: “Que la conquista de esta tierra era porque en ella había de aparecerse María Virgen en su Santa Imagen de Guadalupe, y con esto se le daba ya un significado religioso y casi predestinado a la conquista de México y por supuesto a la tierra novohispana. Los mismos jesuitas también se encargaron en aquellas épocas de darle un simbolismo cristiano al escudo de la ciudad de México y que actualmente es el nacional; así pues, el águila era símbolo de Cristo que devoraba a la serpiente infernal, parada sobre el nopal, que era símbolo de la corona de espinas; y las tunas, la sangre derramada para la salvación de los hombres.

Nuestra Señora de Guadalupe y las castas de la Nueva España, Luis de Mena, siglo XVIII.

Nuestra Señora de Guadalupe y las castas de la Nueva España, Luis de Mena, siglo XVIII.

Por esta misma devoción de los jesuitas hacia la Virgen de Guadalupe es que de esta orden saldrán quienes se encargarán de promover, ante S.S. Benedicto XIV, la declaración del patrocinio de la Virgen de Guadalupe sobre la Nueva España en 1757, encargándose de esto el padre Juan Francisco López, quien le narró al Papa la leyenda aparicionista de Guadalupe. Según se cuenta, al terminar el padre López desplegó una copia del ayate pintado por Miguel Cabrera y, al verlo el Papa, se postró y dijo aquellas famosas palabras bíblicas: “Non fecit taliter omni nationi”.

Todas estas ideas, mezcladas entre la divinidad y la historia, les dieron a los criollos un sentimiento nacionalista casi celestial, sintiéndose orgullosos de haber nacido en la tierra novohispana, al contrario como los españoles hacían verlos de menos por el simple hecho de nacer en América. Los criollos y la mayoría de los nacidos en tierra americana sintieron una identificación especial con la Virgen de Guadalupe, así como por su parte muchos españoles se sintieron más identificados con la Virgen Conquistadora, Nuestra Señora de los Remedios, que había venido con las huestes de Cortés. Actualmente estas ideas de nacionalismo nos parecen quizás un poco exageradas, pero durante aquellos siglos virreinales fue necesaria y sumamente importante para darle una identidad a aquellos que no se sentían ni españoles, ni indios, y que muchas veces eran rechazados por ambos; la Virgen de Guadalupe fue aquel símbolo de unión entre las clases más rechazadas de la sociedad novohispana, ya que era venerada por igual por criollos, mestizos o indios; y como ya mencioné no faltaron los españoles y los virreyes que le fueron devotos.

Todos estos sentimientos guadalupanos y nacionalistas repercutieron, lógicamente, en la posterior lucha por la independencia de México, siendo sus iniciadores especialmente devotos de la Virgen de Guadalupe, particularmente, porque además varios de ellos habían sido educados bajo la tutela de la Compañía de Jesús. Así, el 16 de septiembre de 1810, el cura del pueblo de Dolores, en el estado de Guanajuato, hace teñir las campanas en la madrugada y da el famoso grito con el que inicie la guerra por la independencia, en el que da vivas a la Santísima Virgen de Guadalupe. Su devoción queda más palpable cuando horas después llega al pueblo de Atotonilco y en el Santuario de Jesús Nazareno, que construyera el Venerable Luis Felipe Neri de Alfaro años atrás, toma una imagen de la Virgen de Guadalupe para ser usada como estandarte por las huestes insurgentes, bandera la cual será siempre el símbolo en esta empresa libertaria. Era tal la devoción del padre de la patria mexicana por Guadalupe, que siempre llevaba sobre su pecho una medalla y un enorme escapulario de la Virgen de Guadalupe, obsequio de unas religiosas pertenecientes a Valladolid. Era también destacable que muchos de los soldados insurgentes llevaban en sus sombreros la estampa de la Virgen Guadalupana.

Nuestra Señora de Guadalupe y los santos jesuitas, anónimo novohispano.

Nuestra Señora de Guadalupe y los santos jesuitas, anónimo novohispano.

Hacia 1812, otro importante insurgente, Ignacio López Rayón, quien prosiguió la lucha por la independencia a la muerte del cura Hidalgo, Allende y sus demás compañeros, al redactar los Elementos Constitucionales, dice en uno de los puntos de éste proclama que cada año se debe celebrar el 12 de diciembre por ser dedicado a la Virgen de Guadalupe.

Posteriormente, en 1813, el generalísimo José María Morelos y Pavón, al proclamar los Sentimientos de la Nación, considerados el primer intento de una Constitución para México, proclama en uno de los artículos: “Que se establezca por ley constitucional la celebración del día 12 de diciembre en todos los pueblos, dedicado a la Patrona de nuestra Libertad, María Santísima de Guadalupe, encargando a todos los pueblos la devoción mensual”. El mismo padre Morelos utilizaba como contraseña militar la palabra “La Virgen de Guadalupe”, del mismo modo, proclamó obligatoriamente que sus soldados debían portar un listón, lienzo o papel en el que se declarasen devotos de la Virgen de Guadalupe.

Esta devoción de los insurgentes por la Virgen de Guadalupe provocó, como ya en otras ocasiones se ha narrado, que las huestes españolas utilizaran por su parte a la Virgen de los Remedios, nombrándola generala del ejercito realista el mismo virrey Venegas y haciéndola desfilar, lista para la batalla, para enfrentarse a su “némesis” Guadalupana. El odio insurgente de los hispanos fue tal que se tornó contra la Virgen de Guadalupe, fusilando a muchas de sus imágenes, según narran algunos historiadores. Uno de los más famosos generales de la insurgencia y sacerdote, Mariano Matamoros, cuenta haber decidido ingresar a las filas insurgentes después de ver como los españoles agraviaban a las imágenes de la Virgen de Guadalupe, y después de esto decidió fusilar a quienes se habían atrevido a tal sacrilegio.

La declaración del patronato de la Virgen de Guadalupe sobre la Nueva España por S.S. Benedicto XIV.

La declaración del patronato de la Virgen de Guadalupe sobre la Nueva España por S.S. Benedicto XIV.

Entre los años de 1810 a 1814 se formó una sociedad secreta de apoyo a la insurgencia que tomaron por nombre “los Guadalupes”. Este grupo fue de vital importancia, pues apoyaban económicamente a la lucha insurgente y publicaban periódicos de apoyo, o se encargaban de conseguir armas para los soldados; son famosos los participantes de esta sociedad formada por Morelos, como Josefa Ortiz de Domínguez y Leona Vicario. Se dice que en diciembre de 1815, cuando el general José María Morelos era llevado preso para ser fusilado, pasó caminando por el Santuario de Guadalupe y pidió unos minutos en oración en la capilla del pocito; otras fuentes dicen que eran las puertas del templo donde se resguardaba el ayate en ese entonces.

Al consumarse la Independencia de México en 1821 y proclamarse poco después emperador don Agustín de Iturbide, éste hace que los restos de los iniciadores de la Independencia sean rescatados y llevados al Santuario de la Virgen de Guadalupe, donde se les hace una misa. En 1822 el mismo emperador de México crea la primera condecoración mexicana, “la Gran Cruz de la Orden de Guadalupe”.

Hacia 1824 habiendo terminado el primer imperio mexicano, se instaura la república federal y su primer presidente, Manuel Félix Fernández, decide cambiarse de nombre por el de Guadalupe Victoria en honor a que, gracias a la Virgen, habían conseguido la victoria en la independencia de México. Este mismo presidente es quien, en 1828, por decreto, eleva a rango de ciudad a la Villa de Guadalupe, bajo el nombre de Guadalupe Hidalgo. Es curioso mencionar que también durante esta presidencia se decide rehacer los planos de la ciudad de México; y en éstos se decide dejar fuera de ella el Santuario de los Remedios, a modo de “castigo” por haberse enfrentado a la guadalupana. Como hemos dicho en otras ocasiones, son situaciones desde el punto de vista cristiano bastante alejadas de lo que es la verdadera devoción a María, pero era el pensamiento que tenían en esta época muchos de los personajes de la historia.

En 1848, después de una cruenta guerra contra Estados Unidos, se deciden firmar unos tratados de paz con los que México perdió gran parte de su extensión territorial en la sacristía del Santuario de Guadalupe, llevando por nombre, debido a esto, dicho documento como “Tratados de Guadalupe Hidalgo”.

Miguel Hidalgo y las huestes insurgente con el estandarte de la Virgen de Guadalupe al inicio de la guerra de independencia, mural de Juan O'Gorman.

Miguel Hidalgo y las huestes insurgente con el estandarte de la Virgen de Guadalupe al inicio de la guerra de independencia, mural de Juan O’Gorman.

Entre 1857-1861, el presidente Benito Juárez hace la separación de la Iglesia y el Estado con las Leyes de Reforma y decide suprimir el calendario religioso; todo esto fue llevado a cabalidad, pero don Benito Juárez hizo dos excepciones: la primera con el Santuario de la Virgen de Guadalupe, al cual no se le inventarió ni se le cobró impuesto; y el otro fue con el Santuario de los Remedios. Del mismo modo, don Benito decidió respetar la celebración del 12 de diciembre. Es trascendente que a partir de ese momento la imagen de la Guadalupana dejó de presidir el lugar de honor en el Congreso que había ocupado desde principios del siglo; y fue sustituida por el escudo nacional.

Hacia 1864, con la llegada del segundo Imperio, es sabido que Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota de Bélgica visitaban el Santuario de Guadalupe y que la misma Carlota se volvió devota de la Virgen, así pues, el segundo emperador de México reinstauró una vez más la Orden de Guadalupe como condecoración.

Durante la época conocida como Porfiriato, en 1895, habiéndose relajado el cumplimiento de las leyes de Reforma, se logra al fin la coronación pontificia de la Virgen de Guadalupe, un 12 de octubre, siendo asistente a este acto la primera dama de la Nación, doña Carmen Romero Rubio, puesto que el presidente Porfirio Díaz, debido al laicismo de la Constitución, no le permitía asistir a actos religiosos.

Después de 32 años de dictadura, en 1910 don Francisco I Madero decide levantarse en armas, con lo que inicia el movimiento conocido como Revolución Mexicana, en la cual destacara don Emiliano Zapata, un campesino del estado de Morelos que luchó por la repartición de la tierra. Es destacable en las tropas zapatistas que tomaron, como hiciera el cura Hidalgo cien años antes, a la Virgen de Guadalupe como bandera y patrona de su ejército y así, se podía ver en los sombreros de los zapatistas estampas de la Virgen de Guadalupe.

Gran Cruz Imperial de la Orden de Guadalupe.

Gran Cruz Imperial de la Orden de Guadalupe.

El 14 de noviembre de 1921, debido a que los problemas entre la Iglesia y el Estado se acrecentaban, los cuales detonarían posteriormente la guerra cristera, la Basílica de Guadalupe sufrió un terrible atentado. Un hombre disfrazado como obrero puso un arreglo de flores, en el cual venía escondida dinamita, en el altar donde se veneraba el ayate de Guadalupe; la explosión fue tal que la plancha de mármol de 6 cm de espesor del altar quedó destrozada y una tarima de madera de 9 kilos que estaba muy cerca fue arrojada varios metros por el estruendo. Del mismo modo, el Cristo de bronce del altar quedó retorcido, por lo que desde ese momento se le comenzó a llamar “El Señor del Atentado”, pero la imagen Guadalupana estaba intacta fuera de la destrucción del cristal del cuadro: a la imagen no le sucedió nada milagrosamente.

En julio de 1926, después de que las iglesias decidieran cerrarse al culto en protesta contra la Ley Calles, que prohibía el culto público y el uso de hábitos religiosos, se inicia el conflicto conocido como la Cristiada, que durará hasta 1929. Es destacable entre los mártires cristeros que el grito que daban antes de morir era ¡Viva Cristo Rey! y ¡Viva La Virgen de Guadalupe!, ambos gritos fueron usados tanto por la facción armada de la cristiada como por los mártires. Del mismo modo, la imagen de la Virgen de Guadalupe fue usada en banderas nuevamente y, de esta forma, María de Guadalupe reemplazó al águila mexicana en la bandera tricolor como escudo.

Un poco después de que terminara el conflicto cristero, en 1929, hubo un suceso interesante en el caso guadalupano, después de que en 1934 el grupo de “camisas rojas” del ex gobernador de Tabasco, don Tomás Garrido Canaba,l realizaran una trifulca a las afueras del templo de San Juan Bautista en Coyoacán, México D.F; donde falleciera la Sierva de Dios María de la Luz Camacho. Se comenzó a correr un rumor de que estos mismos “Camisas Rojas” intentarían robarse el ayate de Juan Diego, muy posiblemente para destruirlo, como hicieran anteriormente en Tabasco con la mayoría de imágenes religiosas. Aunque es un suceso poco conocido, se dice que toda la gente se fue enterando en la ciudad de México de lo que intentaban hacer los “camisas rojas” y ante esto, decidieron salir armados con palos, piedras y utensilios domésticos con dirección a la Basílica de Guadalupe para proteger la imagen de la Virgen y evitar fuera profanada por el grupo de jovenes radicales. Fue tal la cantidad de personas que se reunieron en la puerta del Santuario para evitar la entrada de quienes intentaban profanar la imagen, que los jóvenes “camisas rojas” decidieron emprender la retirada y no volver a intentar nada.

Ceremonia de la coronación pontificia de Nuestra Señora de Guadalupe el 12 de octubre de 1895.

Ceremonia de la coronación pontificia de Nuestra Señora de Guadalupe el 12 de octubre de 1895.

Todo esto provocó la extrañez tanto entre los “camisas rojas” como entre los pobladores que fueron a defender la imagen, de cómo toda esa cantidad de personas se habían enterado de lo que intentaban los seguidores de Garrido; todas las personas, al hablar al respecto, coincidieron que en la noche un hombre de raza indígena con una mirada de mansedumbre se apareció en su casa y les dijo que debían ir a defender a la Virgen de Guadalupe, pues los camisas rojas intentarían profanarla. Nadie le preguntó su nombre o datos. Este indio, al que nadie había visto jamás, todos coincidieron en que sin duda no era otro que San Juan Diego, que había aparecido para alertar a los mexicanos para que protegieran la imagen de la Señora del Cielo.

En épocas más actuales, la Virgen de Guadalupe ha continuado teniendo un papel importante en la historia de México: en el año 2000, el candidato a la presidencia de México Vicente Fox Quesada, en varias ocasiones en sus campañas políticas enarboló un estandarte de la Virgen de Guadalupe, similar al que usara el cura Hidalgo doscientos años atrás y, posteriormente, al ganar la presidencia, horas antes de asumir los poderes de la Nación Mexicana, acudió en un acto, por de más polémico, a la Basílica de Guadalupe, a agradecer a la Virgen el ascender al poder. Este hecho no se había repetido en más de 150 años.

La Virgen de Guadalupe y su carácter patriótico se han reflejado no sólo en la historia de México, sino también en la devoción popular, pues muchos de los gozos entonados en honor a la Virgen tienen estrofas que aluden al sentimiento patriótico o a comparaciones con la bandera y el escudo, algunas de las cuales pongo a continuación:

“En Dolores brillo refulgente,
cual bandera su imagen sagrada
dando arrojo al patriota insurgente
y tornando invencible su espada”

“Siempre así lucirá si invasores
hoyar quieren de Anáhuac la tierra
el invicto pendón de Dolores
flameará nuevamente en la guerra”

Ejército zapatista entrando a la ciudad de México con el estandarte de la Virgen de Guadalupe.

Ejército zapatista entrando a la ciudad de México con el estandarte de la Virgen de Guadalupe.

Otra de las estrofas con tintes patrióticos más entonadas es ésta:

“Gloriosa bandera nos dieron tus favores
que sus tres colores no dejen de esplender
que la serpiente se agite inútilmente
sin lograr al águila vencer”.

La Virgen de Guadalupe sin duda se ha quedado en la conciencia popular como algo más que la celestial patrona. Se ha convertido en la madre de los mexicanos, cada persona en México tiene algo que decir sobre la Virgen de Guadalupe. Es casi imposible hablar de la historia de México sin referirse al impacto que tuvo en la misma la devoción guadalupana. No por nada a la Virgen de Guadalupe se le ha llamado “la Virgen que forjó una patria”.

André Efrén

Bibliografía:
– ALBERRO, Solange, “El águila y la cruz: orígenes religiosos de la conciencia criolla”, El Colegio de México, primera edición, 1999.
– ARGUETA, Jermán, “Crónicas y leyendas mexicanas: sucesos y leyendas de la Villa de Guadalupe”, México, Progreso, tomo XVIII, noviembre de 2008.
– CAMACHO DE LA TORRE, María Cristina, “Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe”, México, CONACULTA, primera edición, 2001.
– FLORESCANO, Enrique, “Memoria Mexicana”, México, Fondo de Cultura Económica, primera reimpresión, 1995.
– FLORESCANO, Enrique, “Imágenes de la Patria”, México, Taurus, primera edición, 2006.
– GRUZINSKI, Serge, “La guerra de las imágenes: de Cristóbal Colón a “Blade Runner” (1492-2019)”, México, Fondo de Cultura Económica, cuarta reimpresión, 2003.
– NEBEL, Richard, “Santa María Tonantzin Virgen de Guadalupe”, México, Fondo de Cultura Económica, tercera reimpresión, 2005.
– SIERRA, Loreto, “El ejército de la Virgen de Guadalupe”, en: MÉNDEZ, Carlos, Centro: guía para caminantes, México, Año V, núm.43, revista de publicación mensual, agosto de 2007.
– ZAREBSKA, Carla, “Guadalupe”, México, De bolsillo, primera edición, 2005.
– ZERON-MEDINA, Fausto, “Felicidad de México”, México, Clío, primera edición, 1995.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es