San Nicodemo de Tismana

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Icono ortodoxo rumano del Santo.

Icono ortodoxo rumano del Santo.

San Nicodemo de Tismana fue un monje, de origen balcánico incierto, que misionó en las regiones del Danubio, en las fronteras entre Serbia, Bulgaria y Valaquia, y que fundó diversos monasterios según la tradición exicasta atonita.

Primeros años
San Nicodemo vivió a finales del siglo XIV, principios del XV. Sus orígenes son poco claros. La primera biografía que se conserva hasta hoy fue escrita a mediados del siglo XVII por Pablo de Alepo, un diácono sirio (más tarde patriarca de Antioquía) que viajó a Valaquia y Moldavia y escribió un diario de viaje. La segunda es incluso más reciente, se trata de un servicio litúrgico para la fiesta del Santo. De modo que la mayoría de información fue conservada durante siglos por la tradición local monástica de Tismana. Según esto, San Nicodemo nació en Prilep (al sur de Serbia), siendo su padre probablemente griego (como está escrito en la Vida del abad Isaías de Hilandar y por Pablo de Alepo, que dijo que éste procedía de Kastoria) y su madre, serbia. Se supone también que era pariente del knjaz serbio Lázaro (1370-1389).

San Nicodemo comenzó su vida como monje en el monasterio serbio Hilandar del Monte Athos y conoció durante este período al futuro patriarca Eutimio de Bulgaria (1375-1384) y al futuro metropolita Cipriano II de Kiev y Moscú (1390-1406), con el que mantuvo correspondencia. Dos letras fragmentadas enviadas por el patriarca Eutimio al Santo versan sobre respuestas a problemas dogmáticas sobre los ángeles y sobre la validez de los candidatos a la ordenación al sacerdocio. La biografía escrita por Esteban menciona que el abad vivía según los principios exicastas.

Abad en las fronteras del Danubio
Dejando Athos, Nicodemo marchó a Serbia, donde es tradicionalmente conocido como el fundador de la iglesia de la Santísima Trinidad en Šaina, junto con Vratna y los monasterios de Manastirica, situados en Craina, la región donde el Danubio atraviesa los Cárpatos y los Balcanes. Pero cuando en 1366-1369 Luis el Grande de Hungría (1342-1382) ocupó la región e incluso llegó a capturar al Vidin búlgaro y envió misioneros franciscanos a la zona, Nicodemo tuvo que huir más allá del Danubio, a Valaquia. Muy probablemente Nicodemo tenía contactos con el metropolita San Jacinto, también un exicasta atonita (+1372). Nicodemo fundó un monasterio en Vodiţa, cerca de Severin, ayudado por el voivoda Vladislav Vlaicu (1364-1377), donde permaneció varios años. La nueva iglesia fue consagrada en 1372 y el acta de fundación (“hrisov”) concedida por Vlaicu en 1374 mencionaba a los doce monjes que vivían allí según la regla exicasta atonita, en total independencia (“samovlastia”) del metropolitanato de Valaquia o cualquier otro gobierno laico o eclesiástico. Estos derechos especiales, junto con la gran propiedad de tierras ofrecida a Vodiţa, muestra la importancia de Nicodemo en la vida del recién creado principado de Valaquia.

Vista del monasterio de Tismana (Rumanía), donde está enterrado el Santo.

Vista del monasterio de Tismana (Rumanía), donde está enterrado el Santo.

A pesar de que Nicodemo es el primer monje conocido por este nombre en Valaquia, no es el fundador del monasticismo allí. La decisión sinodal concedida al primer metropolita de Valaquia, Jacinto, en 1359 establecía para éste el poder canónico sobre los monjes y los laicos de su diócesis. Es más, las investigaciones arqueológicas en Vodiţa han probado la existencia de un antiguo santuario en el lugar donde se alzó el monasterio de Nicodemo.

Nicodemo es descrito de la vida del abad Isaías de Hilandar como un hombre honesto y santo, hábil en la interpretación de las Escrituras, con un profundo espíritu y gran dialéctico. Estas cualidades le permitieron viajar en una delegación a Constantinopla en 1375, para resolver una disputa entre el Patriarcado Ecuménico y el autoproclamado Patriarcado Serbio (1346). El knjaz Lázaro de Serbia envió a Nicodemo (como traductor) junto con Isaías de Hilandar y Teófanes, un antiguo protos del Monte Athos en la capital bizantina, y se encontró con el emperador Juan V Paleólogo (1341-1376) y el patriarca Filoteo Kokkinos (1353-1354; 1364-1376).

Habiendo cumplido su misión, Nicodemo regresó como archimandrita y recibió del Patriarcado Ecuménico el derecho a consagrar iglesias. También volvió de la capital bizantina trayendo pequeñas reliquias de San Juan Crisóstomo, Ignacio Teoforo y el mártir Teófilo, que se veneran hoy en Tismana. El año de su retorno es desconocido. Pero el banate de Severin, donde estaba Vodiţa, pasó a gobierno húngaro (1376-1383) y Nicodemo se vio obligado a huir una vez más. Así que fundó un nuevo monasterio en el oculto valle del río Tismana, en las montañas de Gorj, terminado en 1378 con la ayuda del voivoda Radu I, que ofreció los mismos derechos y privilegios al nuevo monasterio.

Vista de la entrada de la cueva donde vivió el Santo. Tismana (Rumanía).

Vista de la entrada de la cueva donde vivió el Santo. Tismana (Rumanía).

San Nicodemo solía vivir en una cueva excavada en las montañas cercanas. En octubre de 1385, el voivoda Dan I hizo nuevas donaciones los dos monasterios liderados por Nicodemo y renovó los privilegios, y el siguiente voivoda, Mircea el Viejo, hizo lo mismo en 1399. El knjaz serbio Esteban Lazarevic donó también aldeas y propiedades a los monasterios de Nicodemo en 1406. Pero no sólo los líderes ortodoxos hacían esto. Incluso Segismundo de Luxemburgo, rey de Hungría (1387-1437), de Alemania (desde 1411) y emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico (1433-1437) ofreció, como hizo notar el cronista Esteban, libertad de ritos a Nicodemo y sus monjes de Tismana y a Agatón, el siguiente abad en Vodiţa.

Este acto de benevolencia es narrado por el cronista: Nicodemo hizo algunos milagros en presencia de Segismundo, asociados con la curación de su hija o sobrino, que estaba poseído. El rey en persona acudió al monasterio a ver al Santo y fue recibido por el abad y su congregación. Allí, el rey puso a prueba los poderes milagrosos del Santo, que transformó la carne de cerdo traída a su mesa en pescado (al ser éste el permitido a la mesa de los monjes). Posteriormente, Nicodemo, llevando las ropas rituales y portando los Evangelios, atravesó una hoguera sin experimentar daño alguno. Después de estos eventos poco usuales, Nicodemo pidió al rey que no tentara más a Dios, porque eso era un gran pecado. Después de estos milagros, el rey se convirtió a la confesión ortodoxa oriental. Este suceso no está probado en absoluto por los historiadores, y puede ser simplemente un desarrollo de la tradición en torno a los milagros obrados por el Santo. En este caso, Segismundo podría haberse limitado a hacer sus donaciones y ofrecer privilegios a los monasterios del famoso abad.

Nicodemo es el tradicional fundador de algunos otros monasterios en Valaquia occidental y del monasterio de Prislop en Transilvania. Aquí pudo haber vivido algunos años, como hizo constar en el Tetraevangheliar (libro de los cuatro Evangelios) eslavo que copió. Esta noticia es bastante rara, dejando constancia de que estaba en su sexto año de persecución, en el año 6913 (1405). Los historiadores actuales niegan la posibilidad de que estuviese siendo perseguido por el voivoda local, Mircea cel Bătrân, que incluso contribuyó al bien de Tismana. Es posible que Nicodemo se refiriese al sexto año después de que los turcos conquistaran Serbia (1398-1399) y empezaran a perseguir a los cristianos.

Milagro del Santo: Nicodemo cruza el fuego sin ser dañado, en presencia del rey Segismundo. Fresco ortodoxo en el monasterio de Tismana (Rumanía).

Milagro del Santo: Nicodemo cruza el fuego sin ser dañado, en presencia del rey Segismundo. Fresco ortodoxo en el monasterio de Tismana (Rumanía).

Nicodemo regresó poco después a Tismana (en 1406), nombró a su discípulo Agatón como egumeno y abandonó la comunidad, viviendo en su cueva casi todo el tiempo, salvo en sábados y domingos, cuando acudía a la Santa Comunión. Según la biografía escrita por el hieromonje Esteban, San Nicodemo predijo su muerte, que ocurrió en esta cueva el 26 de diciembre de 1406, y fue enterrado en Tismana.

Veneración
Esteban cuenta que el cuerpo del Santo empezó a emitir un aroma a incienso después de su muerte y que fue enterrado cerca del púlpito en la principal iglesia de Tismana. En su tumba ocurrieron milagros y fue considerado Santo desde la Edad Media. Sus reliquias fueron pronto colocadas en un relicario en la misma iglesia y, según el deseo de un voivoda, probablemente Basarab el Joven, de trasladarlas a la nueva capital, Bucarest (en 1473), un milagro (aunque no se dice exactamente cuál) le convenció de que ése no era el deseo del Santo. Así que se limitó a tomar un dedo del mismo y ponerlo en un relicario en su corte.

Primera tumba del Santo en el monasterio de Tismana (Rumanía).

Primera tumba del Santo en el monasterio de Tismana (Rumanía).

Después de una guerra entre los turcos y los austríacos (1788) Tismana fue parcialmente destruida y las reliquias fueron trasladadas por los monjes serbios del monasterio a un lugar desconocido. Precisamente en 1810 un noble serbio llamado Craciun de Kladovo informa de que están en la vieja catedral patriarcal serbia de Ipek (Peć). En este año, una delegación de monjes de Tismana, junto con el cronista Esteban, marcharon a Peć y trajeron de vuelta las reliquias, que en esa época ya se veneraban el 26 de diciembre.

San Nicodemo no tiene canonización oficial. Su servicio ritual está presente en los menologios rumanos desde el 26 de diciembre de 1767. El Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rumana simplemente decidió la generalización de su culto en 1955. Sus reliquias se conservan hasta hoy en la iglesia del monasterio de Tismana.

Vista del relicario abierto donde actualmente se guardan las reliquias del Santo. Monasterio de Tismana (Rumanía).

Vista del relicario abierto donde actualmente se guardan las reliquias del Santo. Monasterio de Tismana (Rumanía).

Troparion (himno) del Santo
Padre nuestro Nicodemo, tú seguiste como oveja la grey del Gran Pastor, que nació de la Virgen. Mediante el ayuno, la vigilia y la oración, te convertiste en un obrero santificado de lo celestial, sanando las almas de los que a ti acudían con fe. Así que decimos, ¡gloria Al que se glorificó a través de ti, gloria Al que te dio fuerza, gloria Al que te mostró como guía!

Mitrut Popoiu

Bibliografía:
– Viorel Ioniţă, Cuviosul Nicodim cel Sfinţit, en: *** (Patriarhia Bisericii Ortodoxe Române), Sfinţi români şi apărători ai Legii strămoşeşti, Editura Institutului Biblic, Bucureşti, 1987, pp. 299-305
– Metropolita Serafim Joantă, Isihasmul, tradiţie şi cultură românească, Editura Anastasia, Bucureşti, 1994, pp. 58-62
– Mircea Păcurariu, Istoria Bisericii Ortodoxe Române, vol. I, Editura Institutului Biblic, Bucureşti, 1994, pp. 288-293

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Jesucristo: el león reclinado de Judá

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La Virgen velando el sueño del Niño Jesús. Fresco ortodoxo griego.

La Virgen velando el sueño del Niño Jesús. Fresco ortodoxo griego.

Judá (Yehuda, en hebreo) era uno de los hijos de Jacob y fue el propio Jacob quien otorgó a Judá un león como símbolo para bendecirlo y llamarlo “Gur Aryeh” (en hebreo גּוּר אַרְיֵה יְהוּדָה, o “cachorro”), o sea, según el libro del Génesis, el León de Judá era el símbolo de la Tribu de Judá y de esta tribu eran los ascendientes del rey David, a cuya estirpe pertenece Jesús de Nazareth: “Judá es un cachorro de león de presa, hijo mío, has subido; se encorvó, se echó como un león, como un león viejo. ¿Quién lo despertará” (Génesis, 49, 9). El Génesis presenta a este león como un león tranquilo, al que no hay que temer, pero las mismas Escrituras dicen: “No tiene nada que temer, con un solo rugido hace que sus detractores se dispersen como ratas” (Isaías, 31, 4). Símbolo de paz, pero también símbolo de temor a su justicia.

Si leemos el texto completo del Génesis (49, 7-12) veremos que alegóricamente se hace referencia no sólo a la profecía sobre la dinastía de los reyes, la de David, de la que saldría el “Rey de Reyes”, sino que hace referencia al pollino de asna del Domingo de Ramos, a la Sangre de Cristo de la que se manchó su vestido, a la Santa Cena y a su misericordia mientras moría en la cruz. Sus dientes blancos de leche hacen referencia a Cristo Resucitado, verdadero Dios y verdadero hombre.

La tradición cristiana utilizó desde los primeros siglos la expresión “León de Judá” para representar a Jesús de Nazareth, ya que era miembro de su tribu por ser descendiente a su vez de la tribu de David. De él nos habla el autor del Libro del Apocalipsis: “Y uno de los ancianos me dijo: “No llores porque he aquí que el león de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar (romper) sus siete sellos”. (Apocalipsis, 5, 5). Como podemos comprobar existe una clara comparación entre el primero y el último libro de las Sagradas Escrituras y se refiere a Jesús porque cuando Juan dejó de llorar, dice: “Ví de pie en medio del trono, un cordero como si hubiese sido degollado” (Apocalipsis, 5, 6).

La Virgen en adoración ante el Niño Jesús. Fresco ortodoxo griego.

La Virgen en adoración ante el Niño Jesús. Fresco ortodoxo griego.

¿Quién es este “Cordero” a quien se identifica como el “León de Judá” y que además procede de la “raíz de Jessé”, el padre del rey David? Es Jesús de Nazareth, descendiente de Abrahán y descendiente del rey David (Mateo, 1, 1-6). Recordemos que hace unos días, cuando escribimos sobre la Antífona “O radix Jesse” ya decíamos que esta hacía referencia al Mesías, retoño, brote del padre de David (raíz de David); recordemos de nuevo al profeta Isaías, como hicimos aquel día: “En aquel tiempo, la raíz de Jesé estará puesta como pendón de los pueblos, para que los gentiles se afanen y su habitáculo sea glorioso” (Isaías, 11, 10).

Por todo esto, desde muy antiguo, en algunos iconos bizantinos vemos que Jesús Niño, no está sentado o acostado, sino reclinado, encorvado, mostrándonos que no es un hombre cualquiera, sino el Verbo encarnado, Dios hecho carne. Esta imagen representa simultáneamente las naturalezas divina y humana de Cristo. La juventud del Hijo del hombre se muestra en su rostro imberbe, mientras que al mismo tiempo se manifiestan las características de la edad adulta para demostrarnos que Él es el Hijo eterno de Dios. Su aureola también revela su divinidad, ya que en ella está escrita la frase “Yo soy”, para mostrarnos que es el Dios eterno, el Mesías tan esperado cuyo nacimiento conmemoramos hoy. El rollo profético que lleva en su mano izquierda significa que de Él se predijo que redimiría a los hijos de Israel y traería la paz a la tierra. Es el León de la Tribu de Judá, en paz cuando descansa, pero temible cuando ruge. Recordemos a Isaías.

Existe una preciosa homilía de San Nicolás Velimirovich, en la que de refilón hace mención al “León de Judá” y de la que vale la pena extraer algunas frases: “El Espíritu de Yahvé está sobre mí, porque el Señor me ha ungido para anunciar la buena nueva a los abatidos, me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, a proclamar la libertad a los cautivos y a abrir las cárceles, proclamando el año de gracia del Señor y el día de la venganza de nuestro Dios” (Isaías, 61, 1-2). El Señor Jesús al leer esta profecía a los judíos en la Sinagoga de Nazareth, se sentó y les dijo: “Hoy se cumple lo que dice esta Escritura” (Lucas, 4, 16-21). Ésta era una de las profecías más difíciles de entender para los escribas y sacerdotes judíos y por eso quedaron pasmados cuando Él les dijo: “Hoy esto se ha cumplido”. Jesús es el Ungido, el Mesías, al cual los judíos de habla griega llamaban “Cristo”.

Los ángeles presentan los símbolos de la Pasión a Jesús Niño, reclinado en el regazo de María. Fresco ortodoxo griego.

Los ángeles presentan los símbolos de la Pasión a Jesús Niño, reclinado en el regazo de María. Fresco ortodoxo griego.

Hasta entonces, nadie se había atrevido a interpretar esta profecía, porque nadie sabía a quien se refería. Habían pasado siete siglos desde que fue escrita y nadie sabía a quien pertenecía, así que cuando Cristo se la aplicó a sí mismo, nuestro Señor la justificó presentándose ante el mundo como el Ungido por el Espíritu de Yahvé, como el Cristo tan esperado por su pueblo.

“El Espíritu del Señor está sobre mí”. ¿Por qué dice esto cuando Él es igual que el Espíritu y que el Padre? San Juan Crisóstomo lo interpreta diciendo que quiso dar testimonio a su pueblo. Él no dice que la gracia del Espíritu está sobre Él, ya que la gracia del Espíritu de Dios está sobre su Iglesia, sino que el mismo Espíritu está sobre Él como se manifestó en el río Jordán. El Espíritu es el testimonio del Hijo y el Hijo no estuvo ni un solo momento sin el Espíritu.

El Señor Jesús menciona al Padre y al Espíritu en numerosas ocasiones y lo hace para mostrar el infinito amor existente en el seno de la Santísima Trinidad, amor que Él hace suyo propio y que nos transmite a todos los hombres, enfatizando en esto para mostrar que todos somos iguales.

Todo lo que se dice en esta maravillosa profecía, el Señor le da cumplimiento mediante sus obras milagrosas, mediante sus palabras. Él vino principalmente para proclamar la misericordia de Dios a los hombres, pero al mismo tiempo para anunciar el Juicio divino a aquellos que desprecian y rechazan esta misericordia. Esta es la visión de Isaías, hijo de Amós, el profeta de Dios, verdadero profeta.

Vista del León de Judá en el Tilo de Bezalel. Sinagoga de Moshav Zknenim, Jerusalén (Israel).

Vista del León de Judá en el Tilo de Bezalel. Sinagoga de Moshav Zknenim, Jerusalén (Israel).

Nosotros veneramos a Isaías cuya boca fue inspirada por Dios y que nos predijo la venida del Mesías, nuestra salvación. Adoremos sin cesar a nuestro maravilloso Salvador, Jesucristo, que hoy nos ha nacido y que es el León de Judá. Nosotros te adoramos, Señor y Salvador nuestro y te damos gracias por tu plan salvífico. A ti la gloria por siempre. Amén. Hasta aquí las palabras de San Nicolás Velimirovich.

Por curiosidad, quiero por último hacer mención al por qué en la bandera de Etiopía aparece el “León de Judá”. Aparece porque el “Kebra Nagast”, que es un texto del siglo V, afirma que la monarquía etíope surgió de los descendientes de la mítica reina de Saba con el rey Salomón, cuando ella lo visitó en su corte de Jerusalén. A ambos se les atribuye la paternidad del rey etíope Menelik I, legendario fundador del Reino de Aksum en el siglo IV antes de Cristo, que fue el primer estado etíope. Como Salomón, por ser hijo del rey David, era miembro de la tribu de Judá, era obvio que Menelik I también podía reclamarse descendiente de esta tribu. Las crónicas etíopes dicen también que hubo inmigrantes israelitas de la Tribu de Dan y de la Tribu de Judá que se instalaron en Etiopía siguiendo a la reina de Saba y que serían los ascendientes de los actuales judíos “falashas”.

Himno de Vísperas del Día de la Navidad:

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Biblia de Jerusalén
– PADILLA, C., “Pascua 2011”, publicado en Internet.

Enlace consultado (15/11/2013):
http://es.wikipedia.org/wiki/Le%C3%B3n_de_Jud%C3%A1

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El Santo Niño Jesús Limosnerito

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Vista de la imagen del Santo Niño es una fotografía antigua.

Vista de la imagen del Santo Niño es una fotografía antigua.

México es un país en el que se tiene gran devoción por las advocaciones marianas, en especial por Nuestra Señora de Guadalupe y un sinfín más de títulos que lleva Nuestra Señora en estas tierras desde que comenzó la evangelización en 1524. Este amor que se le tiene a María Santísima, aunque a veces pareciera que pudiera compararse al de Cristo, se puede ver que no es así y que también la tierra mexicana ha sido prolífica en devociones a Jesús y en especial cuando se trata de su infancia, debido a esto, tiene diversas advocaciones desde más temprano siglo XVI, con el que empezó la evangelización. Muchas de estas devociones aún perduran y sus fiestas son celebradas en el trascurso del 16 de diciembre al 6 de enero, tal es el caso de advocaciones tan famosas como el Santo Niño de Atocha, que sin duda es la más popular de las devociones a Jesús Niño en México, seguido por el controversial Santo Niño Pa o el Santo Niño Cautivo. No todas las devociones a la infancia de Jesús nacieron en la época colonial. Hay otras más recientes que comenzaron en el siglo XX, como es el caso del Santo Niño Doctor, el cual actualmente tiene una gran cantidad de devotos, y otra advocación más que tal parece pudiera ser de finales del siglo XIX o principios del siglo XX, es la del Santo Niño Limosnerito venerado en la parroquia “Santo Niño Jesús” en México, D.F.

A principios del siglo XIX, se quería construir un templo en honor a la Sagrada Familia en la colonia Santa María la Ribera, en México D.F., y el religioso josefino José María Troncoso y Herrera aprovechó la ocasión en que acompañó al Siervo de Dios José María Vilaseca a Roma, para, a su paso por Barcelona (España) mandar a hacer con un escultor una imagen del Santo Niño Jesús que ayudara a recolectar limosnas para la construcción del templo de la Sagrada Familia. El padre Vilaseca, fundador de los Misioneros de San José, había hecho la promesa antes a San José que, si su congregación era aceptada, construiría un templo en honor suyo y de la Sagrada Familia, y el Niño Jesús ayudará a cumplir este voto.

La imagen fue mandada a hacer con ciertas especificaciones, pues el Niño debería tener una actitud suplicante y llevar una bolsa de peregrino, y en su otra mano tendría unas espigas de trigo y un racimo de uvas, como símbolo del cuerpo y la sangre de Cristo.

La imagen comenzó a peregrinar en las casas de la colonia, recolectando las limosnas para la construcción. El Niño Jesús gustaba tanto y despertaba la devoción de los fieles que pronto conseguía cuantiosas limosnas para la construcción. Posteriormente, el padre Troncoso fue designado para construir un templo dedicado al Espíritu Santo y de nuevo el Santo Niño Jesús ayudó peregrinando en busca de limosnas. Algún tiempo después el padre Troncoso fue nombrado Superior General de la Congregación de los Misioneros de San José y se trasladó a la Casa Madre.

En ese tiempo, la presidenta de la Asociación de Obreras del Espíritu Santo, que se encargaban de impartir el catecismo a niños pobres, tuvieron muchas dificultades, al punto de casi de terminar con esta misión; y el padre Troncoso, al ver esto, les dio al Santo Niño Jesús como patrón para que les ayudara y se encargaran de difundir su devoción.

La gente le había tomado cariño ya a la imagen y pronto se consiguió un terreno por poco precio en el que se comenzó a edificar una capilla para el Santo Niño, pero los devotos, que llegaban en acción de gracias al ver al Niño Jesús, han sido tantos, que se vio la necesidad de construirle un templo más grande.

Fotografía actual de la venerada imagen del Limosnerito.

Fotografía actual de la venerada imagen del Limosnerito.

Los fieles devotos del Santo Niño, debido a que siempre que peregrinaba era para pedir limosnas para la construcción de los diversos templos, incluyendo el suyo; le comenzaron a llamar “El Santo Niño Limosnerito”; y es con este nombre que la devoción popular le recuerda, muy a pesar de que el clero no está de acuerdo con este título y promueve el que simplemente se le llame “Santo Niño Jesús”. Lo curioso es que en el año 2012 se restauró la imagen y se puede ver que en la base de la misma tiene escrito el nombre “Santo Niño Limosnerito”. Es tradición entre los devotos que siempre que pasen por el templo o visiten la imagen del Niño Limosnerito extender la mano hacia él, pidiéndole a modo de limosna un milagro o su bendición.

Desde su fundación, la imagen y el templo del Santo Niño estuvieron a cargo de los padres josefinos, pero a partir del año 2005, el templo fue entregado al clero secular. La festividad en honor al Santo Niño Limosnerito se celebra el 6 de enero.

Oración al Santo Niño Limosnerito
¡Oh Divino Niño Limosnerito, Luz del mundo y dulce consuelo de todos los corazones! Al verte con la mano extendida en ademán de humilde petición vengo a traerte en este día el homenaje de mi fe, de mi amor y desagravio. La estrella de tu devoción iluminó el cielo de mi vida y felizmente me trajo hasta tu divina presencia. ¡Qué dicha tan grande el haber llegado hasta tu acatamiento divino!

Vengo a traerte en este día el incienso de mis humildes plegarias, el oro del arrepentimiento de mis pecados, y la mirra de mis lágrimas y desagravios por todas las ofensas que contra ti se cometen. Tú, en cambio, perdonas a todo aquel que de corazón es arrepentido.

¡Oh Divino Niño! concédeme el don de la fe, hazme confiar más ampliamente en tu amorosa protección y haz en mi pobre corazón el fuego de tu devoción, para que después de servirte y alabarte aquí en la tierra, tenga la dicha de contemplarte y amarte perpetuamente en el cielo. Amén.

André Efrén

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¡Oh Emmanuel!

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Natividad. Fresco ortodoxo en la catedral de la Asunción, Varna (Bulgaria).

Natividad. Fresco ortodoxo en la catedral de la Asunción, Varna (Bulgaria).

El mundo está desesperado, muchos pueblos padecen hambre, las catástrofes naturales se ensañan con los más débiles y estas catástrofes muchas veces son la consecuencia de las actuaciones de los poderosos contra el planeta que nos sustenta. Confiamos en nosotros, en nuestros medios, pero muchas veces, nuestros progresos son ridículos. Esperamos que los poderosos de este mundo, que las grandes cabezas pensantes, políticos y científicos nos salven, pero en realidad nos desilusionan. Son muchos los intereses creados, los problemas y las soluciones son complejos y nunca atajamos en profundidad los problemas de fondo.

Necesitamos que alguien venga, que tenga poder sobre todos y que se quede con nosotros; lo añoramos, estamos expectantes ante su venida. Nuestro Dios lo sabe y lo pone a nuestro alcance, para que el Enviado camine junto a nosotros y nos guíe en nuestras decisiones. “Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal. He aquí que una virgen está encinta y va a dar a luz a un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel (Dios con nosotros)” Isaías, 7, 14. Eso es lo que necesitamos, un Dios que se asiente entre nosotros, que se quede con nosotros, que se ponga a nuestro lado, que sienta como nosotros, que nos conozca a fondo, que sepa cuáles son nuestras debilidades y nos ayude a superarlas.

Jesús es ese Dios, pero también es nuestro hermano y amigo, que nos ayuda a cargar con nuestras debilidades, que es capaz de curarnos, de darnos leyes de amor que nos hablen al corazón, que convierta nuestros corazones de piedra en corazones de carne: “Yo les daré otro corazón y pondré dentro de ellos un espíritu nuevo: arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, a fin de que sigan mis preceptos y observen mis leyes” (Ezequiel, 11, 19-20), un “corazón revestido de profunda compasión, que practique la benevolencia, la humildad, la dulzura y la paciencia” (Colosenses, 3, 12).

De esa forma, comprenderemos nuestras faltas y sabremos disculpar las ajenas, no juzgaremos, no condenaremos, no desconfiaremos. Sabemos que tenemos un legislador que nos da su ley de amor: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Juan, 13, 34) y un Salvador: “Nuestro gran Dios y Salvador, Jesucristo” (Tito, 2, 13). Jesús, Emmanuel, ven ya y no tardes, ven a salvarnos, Señor y Dios nuestro.


O Emmanuel,
Rex et légifer noster,
Expectatio Géntium et Salvador earum:
Veni
Ad salvándum nos,
Dómine, Deus noster.
Oh Enmanuel,
Nuestro rey y legislador,
Esperanza de las naciones y Salvador de los pueblos,
Ven
A salvarnos,
Señor, Dios nuestro.

Antonio Barrero

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¡Oh Rey de las naciones!

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Detalle del Pantócrator en un mosaico bizantino. Baptisterio de Florencia, Italia.

Detalle del Pantócrator en un mosaico bizantino. Baptisterio de Florencia, Italia.

Cada nación está formada por uno o varios pueblos, que no quieren ser dominados por un imperio, sino que quieren formar una organización unitaria y respetuosa construida sobre la solidaridad de los unos con los otros. En todo caso, necesitan organizarse en una unidad supranacional que garantice que unas naciones no dominen a otras, ya que nuestro mundo está amenazado por las fuerzas del capital, interesado en explotar a los pueblos esquilmándoles sus riquezas o por naciones prepotentes que quieren dominar al resto de las naciones. Por eso surgieron las Naciones Unidas, que no siempre cumplen con su misión de garantizadora de paz y de no explotación de unos por otros.

Existen guerras, tensiones y luchas. Incluso en muchos Estados existen tensiones entre unos pueblos y otros, no se dan las condiciones favorables para que las autonomías sean compatibles con la solidaridad entre ellas y así favorecer la integración de la diversidad cultural y económica dentro del Estado. Necesitamos un Rey de paz que unifique las naciones bajo el signo del amor, que sea capaz de destruir las murallas que separan a los pueblos dentro y fuera de un mismo país. Y eso Dios lo sabe desde muy antiguo como nos lo demuestra la profecía de Isaías. Isaías había profetizado: “Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro y su nombre será «Maravilla de Consejero», «Dios Fuerte», «Siempre Padre», «Príncipe de la Paz” (Isaías, 9, 5). “Juzgará entre las naciones, será árbitro de numerosos pueblos. De sus espadas forjarán azadas y de sus lanzas, podaderas. No levantará su espada ninguna nación contra otra ni se ejercitarán más las guerras” (Isaías, 2, 4).

Icono ortodoxo griego que muestra a Cristo entronizado con el Tetramorfos (los cuatro evangelistas).

Icono ortodoxo griego que muestra a Cristo entronizado con el Tetramorfos (los cuatro evangelistas).

Éste es el Rey que nosotros anhelamos, el que de todas las naciones hace un solo pueblo, su pueblo, el Pueblo de Dios, el que consigue que entre todos nos comprendamos independientemente de las lenguas que hablemos. Unifica a todos los pueblos sin anular la idiosincrasia de cada uno de ellos, pero armonizándolos bajo una unidad liberadora que respeta la singularidad de cada uno. A todos los unifica como si fuéramos una sola familia, haciendo que nos sintamos hermanos unos de otros. Su reinado es un reinado de amor.

Pero Isaías también nos dice: “Yahvé dice esto: Yo he puesto en Sión por fundamento una piedra, una piedra probada, una piedra angular, preciosa, un cimiento estable; el que crea, que no se apresure” (Isaías, 28, 16) y ya en el Nuevo Testamento, San Pablo nos lo aclara, nos lo remacha: “Y ahora, en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejanos, os habéis hecho cercanos por la sangre de Cristo. Porque Él es nuestra paz, pues de ambos pueblos hizo uno solo, derribando la pared que los separaba” (Efesios, 2, 13-14).

Está claro: Cristo, el Mesías que nos nacerá dentro de tres días, es el único Rey de las naciones, Rey pacífico, Rey deseado, piedra angular de ese pueblo nuevo que llamamos Iglesia, familia de Dios, pueblo de Dios, familia donde todos nos sentimos integrados a pesar de nuestras diferencias. Ven, Jesús y salva al hombre que hiciste del barro de la tierra y elévalo hasta el cielo.


O Rex Géntium,
Et desiderátus eárum,
Lapisque anguláris qui facis útraque unum:
Veni
Et salva hóminem,
Quem de limo formásti.
Oh Rey de las naciones,
Y esperado por los pueblos,
Piedra angular que haces de los dos pueblos uno solo,
Ven
Y salva al hombre,
Que hiciste del barro de la tierra.

Antonio Barrero

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