Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein): judía, filósofa, carmelita, mártir (III)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de Edith Stein en hábito carmelita. Al pie de la foto, su firma.

Fotografía de Edith Stein en hábito carmelita. Al pie de la foto, su firma.

Rosa
La última etapa de la vida de Edith estuvo ligada a su hermana, Rosa. Tras la muerte de la madre se vio libre para seguir su vocación. Ella, que se había bautizado en la Navidad de 1936, deseaba ser terciaria carmelita, aunque su primer intento la llevó a caer víctima de una embaucadora en Bélgica, que la despojó de lo poco que había podido traerse de Alemania. Entonces, Edith pidió ayuda para que su hermana pudiera pasar a Holanda, y acabaron recibiéndola en el Carmelo de Echt, adonde llegó sin casi nada. Obtenido el permiso de residencia allí, a los seis meses Rosa pudo ver cumplido su sueño de ser terciaria carmelita, con el nombre de sor Rosa María de Jesús, emitiendo sus votos el 25 de junio de 1941 y quedándose como portera del convento, como sacristana, y ayudando también en las tareas del jardín. Era muy trabajadora y laboriosa y, aunque no llegó a hacer el año de noviciado que deseaba, trabó muchas amistades en el lugar, hasta el punto de que fue vivamente llorada por muchas personas, cuando se la llevaron junto con su hermana.

El agravamiento de la situación
Pronto llegaron noticias de carmelitas expulsadas de sus conventos, usurpados por el régimen nazi. Y de pronto, Edith, que había sido trasladada a Echt como medida preventiva, se encontró con que de nuevo estaba poniendo en peligro a la comunidad que la había acogido. Hizo las pesquisas que consideró necesarias, solicitando que ella y su hermana pudieran quedarse permanentemente en Echt -ya que, oficialmente, no estaban integradas- y se las borrara de las listas de emigrantes. Las dos hermanas tuvieron que sufrir interrogatorios interminables por parte de las SS de Ámsterdam, declarando durante horas y horas, mientras se rellenaban ficheros sobre sus personas y respuestas dadas. En realidad, las estaban fichando, para luego proceder más fácilmente a su deportación. Aunque habían solicitado Estados Unidos como posible destino en caso de tener que emigrar, y Edith había recibido invitación por parte de un Carmelo en España, lo cierto es que no pudieron hacer nada ya. Ni siquiera recurrir a su última opción, que era salir hacia Suiza, territorio neutral. Eso tampoco pudo ser. Entretanto, siguiendo las estrictas órdenes impuestas, las dos hermanas tuvieron que comprar la pertinente estrella de tela amarilla y llevarla cosida sobre el hábito, lo que las marcaba como judías.

Escultura de la Santa en Boston (EEUU) ostentando la estrella que la marcaba como judía.

Escultura de la Santa en Boston (EEUU) ostentando la estrella que la marcaba como judía.

Finalmente, llegó el factor desencadenante: la carta de los obispos holandeses al Comisariado del Tercer Reich, denunciando la terrible situación que se vivía y exigiendo el cese inmediato del plan de deportaciones masivas de judíos, acusando al gobierno de “ofender gravemente a Dios” y “herir el sentimiento moral del pueblo holandés” con tales disposiciones. Se ofreció un intento de negociación por parte del régimen, que ofrecía no deportar a ningún judío bautizado antes del 1 de enero de 1941, lo que de hecho incluía a Edith y a Rosa; pero estas condiciones no fueron aceptadas por los obispos: ellos hablaban por y para todos los cristianos, sin excepción. A continuación, publicaron una carta pastoral denunciando la situación que fue leída en los sermones de todas las iglesias de Holanda, haciendo así públicas las deportaciones en masa y exponiendo la atroz política del Gobierno. Acababan de sellar el destino de Edith, Rosa y los demás judíos cristianos, pues las represalias serían terribles: la deportación sin condiciones de todos los judíos católicos, y la de los evangélicos, a menos que sus Iglesias demostraran que no habían firmado tal carta. El tiempo de Edith y de Rosa se agotaba.

“Vamos con nuestro pueblo”
El intento de emigración con Rosa a Suiza, como ya hemos dicho, no tuvo éxito. Tenía que estar preparada en todo momento para la “llamada victimal”. A finales de 1939 escribía: “He recibido el nombre que he querido; bajo la cruz, tengo mi destino. Ahora se mejor qué quiere decir estar desposada con el Señor bajo el signo de la cruz, aunque jamás se comprenderá por completo, porque es un misterio”. Así, cuando la Gestapo se presentó el día 2 de agosto de 1942 en el convento del Carmelo de Echt, preguntando por ella y por su hermana, Edith se acercó humildemente a Rosa susurrándole llena de fe: “Vamos con nuestro pueblo” y así comenzó su Vía Crucis.

Amersfort, Westerbork y Auschwitz fueron las etapas en las cuales, la humilde carmelita descalza se fue acercando a la cruz, no tanto como judía sino como judía católica, a través del cual el nacionalsocialismo quería herir a la Iglesia Católica por sus protestas, realizadas a través de los obispos, contra el pensamiento y la actuación nazi. Edith, plenamente abandonada a aquel Dios al cual se había ofrecido como víctima, escribía coherentemente desde Westerbork a la priora del convento de Echt el día 6 de agosto: “Una “scientia Crucis” sólo se puede conseguir si se siente la pesadez de la cruz con toda su crudeza. De esto estoy convencida desde el primer momento y por eso he dicho con todo mi corazón: ¡Ave Crux, spes unica!”.

Edith y Rosa Stein en Auschwitz. Ilustración contemporánea.

Edith y Rosa Stein en Auschwitz. Ilustración contemporánea.

Podemos aportar diversos testimonios de supervivientes que la vieron y conocieron en Westerbrook, que creo interesante reseñar: “El barracón estaba dividido en dos partes por un tabique (…) las monjas constituyen un grupo aparte, una especie de comunidad, que recita el breviario y el rosario. Edith Stein es considerada por todos la superiora. Su actitud silenciosa suscita un gran sentido de la autoridad”.

“Se mantenía sumamente tranquila y dueña de sí. No traslucía señal alguna del miedo al futuro incierto que la aguardaba. Serenamente abandonada a su destino, había puesto su vida en manos de Dios. En sus ojos claros resplandecía el ardor de la carmelita santa, que habla con voz sumisa, pero callaba sobre sus peripecias personales. Rosa Stein aseguraba estar bien. El ejemplo de su hermana Edith era para ella de gran ayuda”.

“La gran diferencia entre Edih Stein y las demás monjas estaba en el silencio. Mi impresión personal es que en el fondo estaba dolorida y no asustada (…) pienso que sabía lo que se les venía encima a ella y a las demás. (…) pensaba no en su sufrimiento, sino en el dolor que soportarían las demás. Todo en su aspecto me suscitaba un pensamiento, al recordarla sentada en el barracón: una Piedad sin Cristo”.

“Entre los prisioneros recién llegados (…) sor Benedicta se distinguía por su extrema tranquilidad y calma. (…) circulaba entre las mujeres consolando, ayudando, tranquilizando (…) Muchas madres, casi enloquecidas, habían desatendido desde hacía varios días a sus hijos (…) sor Benedicta se ocupó enseguida de los pobres pequeños, los lavó, los peinó y cuidó de ellos, alimentándolos y asistiéndolos. (…) A mi pregunta: “¿Qué va a hacer ahora?”, me respondió: “Hasta ahora he rezado y trabajado; desde ahora trabajaré y rezaré”.

En Auschwitz siguió viviendo de esta “ciencia de la Cruz”, dando caridad, mostrando paciencia y dulzura, dándose ella misma, abandonándose plenamente en las manos de Dios y en las de sus hermanos de cautiverio, especialmente los más pequeños.

Reliquia de la Santa en la catedral de Speyer, Alemania.

Reliquia de la Santa en la catedral de Speyer, Alemania.

“Ad orientem”: el martirio
En la mañana del 7 de agosto de 1942, los prisioneros de Westerbrok son trasladados a Auschwitz. En una parada del tren no lejos de Speyer, donde Edith había sido profesora, ella logra intercambiar unas palabras con el capellán de Ludwigshafen, y arrojarle por el portillo, cuando el tren ya estaba en marcha, media hoja de una página de agenda en la que estaba escrito: “Saludos de sor Teresa Benedicta de la Cruz, que se dirige ad orientem”. Esta sencilla nota es la última señal de vida de Edith Stein que conocemos. Lo que ocurrió después con certeza sólo lo sabe Dios, pero parecía seguro que consumó su sacrificio en una cámara de gas entre los días 8 y 11 de agosto de 1942.

Se supone que el convoy de Edith llegó a destino el domingo 9 de agosto y que ese mismo día fue martirizada; no concretamente en Auschwitz, sino más bien en Birkenau, porque el primero no tuvo cámaras de gas hasta 1943. Ya sabemos cómo era la muerte en la cámara de gas: por asfixia, causada por el ácido cianídrico, un veneno empleado contra ratones. La supervivencia era de cinco a diez minutos. No más.

Durante 10 años, las hermanas del Carmelo no perdieron la esperanza de volver a saber de Edith. Esperaban contra toda esperanza. Finalmente, la terrible confirmación llegó el 16 de febrero de 1950, cuando el Boletín oficial del Ministerio de Justicia holandés publicó la lista de víctimas número 34. En ella estaba su nombre: Edith Teresa Hedwig Stein, número 44.074, y la fecha de su muerte: 9 de agosto de 1942.

El siguiente 4 de mayo, en la lista de víctimas número 86, estaba su hermana: Rosa María Inés Adelaida Stein, número 44.075, muerta el 9 de agosto de 1942. Las dos hermanas habían partido de este mundo juntas, el mismo día.

Escultura de la Santa en la catedral de Sevilla, España.

Escultura de la Santa en la catedral de Sevilla, España.

Culto y veneración
Desde el primer momento se la recordó como mártir -asesinada no sólo por ser judía, sino también por ser católica, en castigo y represalia de la oposición y denuncia cristianas contra los crímenes del nazismo- y tanto en Oriente como en Occidente, desde los intelectuales hasta los más humildes, solicitaron su beatificación, asegurando que habían sido ayudados y protegidos tanto en sus necesidades corporales, como en las morales y espirituales. Así, entre 1962 y 1972 se inició el proceso ordinario en la archidiócesis de Colonia y otros “procesos rogacionales” en otras 22 diócesis tanto de Europa como de América. El 10 de marzo de 1978 fue publicado el decreto que reconocía sus escritos, con dos votos o anotaciones verdaderamente notables: uno de carácter filosófico y el otro, de carácter teológico y ascético, los cuales, con el permiso de la Santa Sede, fueron publicados en Roma con un año de antelación.

El 15 de noviembre de 1985, la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos validaba mediante decreto todo el proceso, con lo que se abría la vía para la preparación de una voluminosa “Positio super causa indroductione”, sobre la cual, el entonces “promotor de la fe” el 14 de febrero de 1982 daba un “votum”, en el cual, más que exponer objeciones, sólo solicitaba algunas aclaraciones. De esta manera, el estudio de la vida y de la muerte de Edith hizo cambiar las perspectivas de la misma Causa, por lo cual, la propia Congregación para las Causas de los Santos, con fecha 17 de enero de 1986 concedió que esta Causa fuera propuesta “via martyrii”. Desde esta óptica, en 1986, se redactó una nueva “Positio super martyrio et super virtutibus”. El día 4 de mayo de 1987, San Juan Pablo II la beatificó en Colonia (Alemania) y el mismo Papa la canonizó en Roma el día 11 de octubre de 1998, ordenando celebrar su fiesta en el día de su martirio: el 9 de agosto.

Una mujer irrepetible
Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, es una de las figuras más admiradas de nuestro tiempo. Y no sólo se la recuerda como una gran filósofa que trató de acercar la fenomenología y el pensamiento moderno con la “Philosophia perennis”, con notables y equilibradas intuiciones sobre la vocación y la misión de la mujer y con una sagaz profundización sobre la pedagogía, sino que sobre todo se la recuerda como una cristiana que supo seguir a su Maestro con amorosa disponibilidad y fidelidad hasta la cruz. Sobre la cruz, desde el punto de vista más profundamente teológico, sintió cada vez más el amor y su pertenencia al pueblo judío. Fue una mujer de una profunda vida interior desde el mismo momento de su conversión, dándose completamente a su Señor con un espíritu de total abandono en sus manos salvadoras. Y si ya en el mundo, justo después de su bautismo, a quien la observaba en la interior de un templo, le daba la impresión de que era una especie de “Ecclesia orans”, en realidad, con anterioridad a su conversión, su deseo de buscar la verdad era una verdadera oración, como ella misma decía.

Escultura de la Santa, obra de Wolfgang Bialas (2006). Edith lleva la Torá, símbolo del judaísmo, y la Cruz, símbolo del cristianismo. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

Escultura de la Santa, obra de Wolfgang Bialas (2006). Edith lleva la Torá, símbolo del judaísmo, y la Cruz, símbolo del cristianismo. Basílica de San Pedro del Vaticano, Roma (Italia).

En el Carmelo se reveló con un espíritu de oración tan intensa y continua como la del profeta Elías y el resto de los profetas del Antiguo Testamento, caminando siempre “en la presencia del Dios vivo”. Era humilde, sonriente, atenta en la atención a todos, aceptando cualquier trabajo que se le encomendara, aun aquellos de los que legítimamente podía escurrirse. Obligada por el padre provincial a continuar con sus estudios filosóficos, trataba siempre estar integrada en su comunidad lo más posible, ya fuera en Köln, ya fuera en Echt. Vivía de Dios, tratando de realizar su “oferta victimal” desde las más humildes realidades cotidianas, sobre todo ejercitando la paciencia y dándose a sí misma; y así, de igual manera, se comportó en los campos de concentración y fue inmolada en Auschwitz.

En ella hemos conocido a una mujer irrepetible. Y en honor a ella y lo que su figura ha significado, aunando en una misma persona -judía, filósofa, carmelita, mártir- la esencia de la misma Europa, multicultural y multirreligiosa, intelectual y espiritual; ha sido proclamada una de las patronas de Europa, la más contemporánea; junto a Benito y Brígida de Suecia, Catalina de Siena, Cirilo y Metodio.

Que ella, que sufrió en carne propia el odio racial y destructor que sólo puede darse entre seres humanos, ruegue por los europeos y por todos los habitantes de este mundo, para que no se repitan más los errores del pasado y podamos construir un lugar mejor que legar a nuestros hijos.

Dejo la primera parte de la película «La séptima morada», de Marta Meszaros, sobre la vida de nuestra Santa; para que quien esté interesado pueda seguirla a partir de los demás vídeos relacionados en Youtube. Aunque la interpretación de la actriz principal -Maia Morgenstern- como Edith Stein es excelente, hay que tener en cuenta que la película es una interpretación muy personal de la directora respecto a la vida de la Santa, por lo que no hay que tomar exactamente al pie de la letra todas las escenas o frases vertidas en la película. Para conocer a Edith Stein, lo mejor es remitirse a la bibliografía.

Meldelen

Bibliografía:
– AYLLÓN, José Ramón, 10 ateos cambian de autobús, Ed. Palabra, Madrid 2009, pp.89-94.
– MACCA, G.V., Bibliotheca Sanctorum: Enciclopedia dei Santi, Apéndice I, Ed. Città Nuova, Roma 1987.
– SALVARANI, Francesco, Edith Stein: hija de Israel y de la Iglesia, Ed. Palabra, Madrid 2012.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es