San José, el hijo de Jacob

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Fresco ortodoxo del Patriarca, obra de Matthew Garrett. Iglesia Ortodoxa Antioquena de San Antonio, Bergenfield, Nueva Jersey (EEUU).

Fresco ortodoxo del Patriarca, obra de Matthew Garrett. Iglesia Ortodoxa Antioquena de San Antonio, Bergenfield, Nueva Jersey (EEUU).

La historia del Patriarca José, la conocemos porque viene bien relatada en las Sagradas Escrituras, concretamente en el Libro del Génesis, aunque el Libro del Eclesiástico también lo alaba diciendo: “Tampoco nació ningún hombre como José, el líder de sus hermanos y el sostén de su pueblo; sus huesos fueron tratados con respeto” (Eclesiástico, 49, 15). José fue hijo de Jacob y de su mujer predilecta, Raquel cuando aun estaban junto a Labán, en Haran (Mesopotamia). Su madre le llamó José, nombre que significa “al que Yahvé engrandece”.

Cuando tendría unos quince años de edad, quedó huérfano de madre cuando esta dio a luz a su hermano Benjamín, atrayendo sobre él la predilección de su padre. Las Sagradas Escrituras lo presentan como un joven bondadoso y temeroso de Dios, que odiaba el mal en todas sus manifestaciones y que detestaba la conducta inmoral de sus hermanos mayores, que lo escandalizaban y desorientaban. Sintiendo la necesidad de contarle a su anciano padre las actuaciones de sus hermanos, como Jacob los reprendió, ellos decidieron vengarse del joven José, que para ellos era un reproche viviente de sus reprobables conductas. El libro del Génesis nos dice que “amando Jacob (Israel) a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez, le hizo una túnica de diversos colores” (Génesis, 37, 3) y no solo hizo esto para distinguirlo, sino para premiarlo, cosa que incrementó el odio de sus hermanos, que planearon deshacerse de él buscando el mejor momento para hacerlo.

José vendido por sus hermanos. Lienzo de Konstantin Flavitsky, 1855.

José vendido por sus hermanos. Lienzo de Konstantin Flavitsky, 1855.

Un día en el que los hijos de Jacob se encontraban con sus rebaños pastando junto a Siquén, José fue enviado por su padre para que viera cómo estaban sus hermanos y sus rebaños de ovejas y le informara. Llegado a Siquen, le dijeron que sus hermanos estaban en Dotán (la actual Tell-Dota), que era un lugar de tránsito del comercio entre Siria y Egipto. Cuando llegó a Dotán, sus hermanos lo vieron de lejos y decidieron matarlo. Su hermano Rubén se opuso: “No derraméis su sangre; metedlo en esta cisterna que está en el desierto y no pongáis vuestras manos sobre él”. Cuando llegó José, le quitaron sus vestidos – símbolo de la predilección de su padre – y lo metieron en la cisterna, que estaba vacía. Y pasando por allí algunos mercaderes de Madián camino de Egipto, lo sacaron de la cisterna y lo vendieron por veinte piezas de plata. Los mercaderes se llevaron a José a Egipto. Sus hermanos hicieron ver a Jacob que José había muerto atacado por algún animal.

En Egipto, José fue vendido a Putifar, que era el jefe de la guardia del Faraón y en la casa de este poderoso personaje, no terminaron sus tribulaciones, ya que al ser joven y de aspecto físico agradable y como era el mayordomo de la casa, atrajo la atención de la esposa de Putifar que le propuso acostarse con ella: “¿Cómo haría yo este gran mal pecando contra Dios?”, fue su respuesta (Génesis, 39, 9). O sea, que José, al ser un varón justo sabía que el pecado de fornicación era una ofensa a Dios. No traicionó su conciencia y era por esa virtuosidad por lo que Putifar le había encargado la mayordomía de su casa. La mujer insistió una y otra vez y José tuvo que huir dejando sus ropas entre sus manos. Ella lo acusó de haber querido violentarla sexualmente. Putifar lo atrapó y encarceló, pero “Yahvé estaba con José y le extendió su misericordia, haciéndole ser bien visto por el jefe de la cárcel. Este entregó en las manos de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión. Todo lo que se hacía allí, él lo hacía. El jefe de la cárcel no necesitaba atender cosa alguna que estuviese al cuidado de José, porque Yahvé estaba con José y lo que él hacía, Yahvé aun lo mejoraba” (Génesis, 39, 21-23).

José interpreta los sueños del faraón. Lienzo de Arthur Reginald, 1894.

José interpreta los sueños del faraón. Lienzo de Arthur Reginald, 1894.

En la cárcel estaban detenidos con él, el copero y el panadero del Faraón. José se hizo amigo de ellos e interpretó algunos de sus sueños. El sueño del copero fue interpretado como un buen augurio, ya que pronto sería excarcelado, pero el sueño del panadero predecía su muerte (Génesis, cap. 40). José le pidió al copero que cuando fuese puesto en libertad, se acordara de él e intercediera a su favor, pero este se olvidó de José, quién permaneció dos años más en la cárcel.

Pero dos sueños providenciales del Faraón, que no fueron interpretados por nadie, marcaron su suerte, pues en ese momento el copero recordó cómo José había interpretado sus sueños y aconsejó que se acudiera a su interpretación. Y esta fue su interpretación: “Esto es lo que respondo al Faraón. Lo que Dios va a hacer, os lo ha mostrado. He aquí que vienen siete años de gran abundancia en todas las tierras de Egipto y tras ellos, seguirán siete años de hambre y toda la abundancia será olvidada en Egipto y el hambre consumirá la tierra. La abundancia no se recordará porque el hambre que la siga será gravísima. Al haber soñado esto el Faraón dos veces, significa que la voluntad de Dios es firme y que se apresura a hacerla”. Y se atrevió a darle la solución a tal problema: “Provea ahora el Faraón de un varón prudente y sabio y póngalo sobre la tierra de Egipto. Haga esto el Faraón y ponga gobernadores por todo el país y exija el quinto a Egipto en los siete años de abundancia. Junten todas las provisiones de esos buenos años que vienen y recojan el trigo en nombre del Faraón a fin de mantener a las ciudades y guárdenlo. Y esté esta provisión en depósitos a disposición del país, para que cuando vengan los siete años de hambre que padecerá Egipto, el país no perezca de hambre” (Génesis, 41, 28-36).

José y sus hermanos son bienvenidos en la corte del faraón. Lienzo de James Tissot, 1900.

José y sus hermanos son bienvenidos en la corte del faraón. Lienzo de James Tissot, 1900.

El faraón, admirado y conquistado por la sabiduría y virtud de José, le propuso el aprovisionamiento de Egipto, dándole la responsabilidad de gobernar Egipto siendo su mano derecha y es en este momento donde quedaron claros los designios de Dios sobre la turbulenta vida de José, que se convertiría en el salvador de su propia familia.

Sus hermanos también empezaron a sufrir la carestía que afectaba a Egipto y allí marcharon en busca de alimento. José los reconoció sin ser reconocido y después de haberlos sometido a varias pruebas, finalmente se dio a conocer, los perdonó generosamente e hizo que llevaran a su padre Jacob y a toda su familia a Egipto, asignándoles la fértil tierra de Gosen. El encuentro de José con sus hermanos recoge las más bellas palabras del Antiguo Testamento por el “πάθος” que las impregna. (Recordemos que “πάθος” es un concepto ético que representa todo lo que se siente o experimenta: estado del alma, tristeza, pasión, padecimiento y enfermedad).

José murió con ciento diez años de edad y los hijos de Israel, cuando marcharon de Egipto bajo la guía de Moisés, transportaron sus restos a la tierra de sus padres: Moisés tomó consigo los huesos de José, pues éste había hecho jurar a los hijos de Israel, diciendo: Ciertamente Dios os visitará y entonces, llevaos de aquí mis huesos con vosotros” (Éxodo, 13, 19). Aconsejo leer los capítulos 37 y siguientes del Libro del Génesis.

Los acontecimientos de la vida de José nos muestran cómo actúa la Divina Providencia, que dirigiendo los asuntos humanos los conduce a su fin último: Jacob es el fundador de una gran familia y sus hijos, las ramas de un gran árbol, cuyo fruto más precioso es el Mesías, que nacerá de la estirpe de Judá. José es un protagonista involuntario, aunque consciente, de un drama que en un principio fue solo familiar; toda su vida fue conforme a la voluntad divina, al servicio de Dios y es por eso, que representa anticipadamente a otro José – el esposo de María -, que fue también puesto a prueba y que fue un precioso instrumento puesto en las manos de Dios: cuidó y educó a su Hijo, Jesús de Nazareth.

José también nos prefigura, nos representa anticipadamente a Cristo. Tertuliano dijo: “Ioseph in Christum figuratur” y este paralelismo fue desarrollado por San Isidoro de Sevilla en su obra “Quaestiones in vetus Testamentum”, así como por San Pedro Crisólogo, arzobispo de Ravenna en su sermón “De Nativitate”, que fue popularizado en el siglo IX por Rabano Mauro y por Walafrido Strabon e incluso en el siglo XIII, en las Biblias mozárabes:

Tumba del Santo en Hebrón, Palestina.

Tumba del Santo en Hebrón, Palestina.

“Ioseph descendit in Aegyptum et Christus in mundum.
Nudaverunt Ioseph fraters sui tunica polymita,
Iudaei Christum expoliaverunt tunica corporali.
Ioseph mittitur in cisternam et Christus descendit in Infernum”.
“Ioseph exit de cisterna,
Christus redit ad superna,
Post mortis supplicium”
.
(Creo que se entiende de sobras, que no es necesaria traducción alguna).

José vendido por sus hermanos y Jesús traicionado por Judas por treinta monedas. José fue llevado forzosamente a Egipto y Jesús también se vio forzado a huir a Egipto huyendo de la matanza de Herodes. José fue encerrado por Putifar en una prisión junto con dos condenados (el copero y el panadero) y Jesús también fue crucificado entre dos ladrones. José salió de la cisterna y de la prisión y Jesús, salió del sepulcro. José facilitó alimento a su pueblo y a sus hermanos y Jesús alimentó a sus discípulos y a un inmenso gentío con la multiplicación de los panes. Incluso en la Edad Media, algunos exégetas llegaron a comparar los honores recibidos por José, con la glorificación y ascensión de Jesús a los cielos: “Ille post tribulationem pervenit ad honorem; Christus post resurrectionem triumphans ascendit ad Patrem”.

Jacob, en el lecho de muerte bendijo a los hijos de José cruzando los brazos “in modum crucis”: “José tomó a los dos, a Efraím con la derecha, a la izquierda de Israel (Jacob) y a Manasés con la izquierda, a la derecha de Israel y los acercó a éste. Jacob extendió su diestra y la puso sobre la cabeza de Efraím aunque era el menor, y su izquierda sobre la cabeza de Manasés: es decir que cruzó las manos, puesto que Manasés era el primogénito” (Génesis, 48, 13-14). La interpretación simbólica de este gesto es que Jacob prefirió a Efraím (que personifica en sí a los gentiles) ante Manasés (que personifica a los judíos por ser el primogénito), siendo esto también un anticipo de Cristo, que sustituyó a un pueblo que se mantuvo terco en el error, por un nuevo pueblo de Dios: la Iglesia. La Iglesia sustituye a la Sinagoga, la Nueva Alianza, sustituye a la Antigua.

Tumba de José antes de 1899 . Monte Ebal.

Tumba de José antes de 1899 . Monte Ebal.

Según el Calendario Palestino-georgiano del “Sinaiticus 34” y según el Leccionario Jerosolimitano, la fiesta del Patriarca José se celebraba en Jerusalén el 4 de septiembre, junto con la de Moisés y el mártir Julián, en un monasterio erigido por la noble Flavia en el Monte de los Olivos a mediados del siglo V. Pero no existen señales de culto en los sinaxarios bizantinos ni en los martirologios occidentales. Sin embargo, la Iglesia Etiópica lo conmemora, junto con su esposa Asenet, el 26 de mayo y el 31 de julio.

Antonio Barrero

Bibliografía:
Biblia de Jerusalén, Editorial Española Desclée de Brouwer, S.A., Bilbao, 1967.
– DA SORTINO, P., “Bibliotheca sanctórum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.
– HOLZAMMER, G., “Manual de Historia Bíblica: el Antiguo Testamento”, Torino, 1939.

Enlace consultado (07/08/2014):
– http://en.wikipedia.org/wiki/Joseph_(son_of_Jacob)

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Los iconos de la Virgen María en las Iglesias Ortodoxas

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Icono ortodoxo griego de la Virgen, recubierto de plata, venerado en la skete de Prodromos, Monte Athos (Grecia).

Icono ortodoxo griego de la Virgen, recubierto de plata, venerado en la skete de Prodromos, Monte Athos (Grecia).

El icono de la Virgen María está presente en la mayor parte de los hogares de los creyentes ortodoxos. No es sólo un símbolo de la maternidad y del amor maternal, sino también una ventana abierta a la misma Madre de Dios. El icono se coloca normalmente en la pared oriental de las habitaciones, a veces junto a una lámpara de aceite que arde especialmente en domingo y durante las grandes fiestas y en viernes, el día en que el Señor Jesucristo murió en la cruz.

El arte ortodoxo tiene mucho que ver con la pintura y no tanto con la escultura. Las estatuas son desconocidas en las iglesias de Grecia, muy raras en las de Rumanía y más habituales en Rusia, pero generalmente son una rareza, porque la teología mística del Este ve la iconografía desde la perspectiva del misterio del Reino de los Cielos, y las estatuas tienden a ser vistas como algo “demasiado material”.

En este contexto, los iconos que representan a la Madre de Dios son, como los demás iconos, una combinación de realidad y simbolismo. En general, Nuestra Señora siempre aparece representada con la cabeza cubierta por un velo que cae sobre sus hombros, según la tradición judía de su época. El color habitual del velo o cubrecabeza es rojo, y simboliza tanto el sufrimiento por su Hijo como su santidad. Bajo este velo, normalmente se ve un segundo velo azul, que simboliza la humanidad de la Virgen. A veces los colores se invierten, y vemos el azul en la tela exterior.

Otra particularidad de todos los iconos bizantinos de la Virgen son las tres estrellas pintadas en el velo: una en la frente y las otras dos en cada hombro de la Virgen María. Simbolizan su virginidad antes, durante y después de la Natividad. Otros teólogos interpretan las tres estrellas como el símbolo de la Santístima Trinidad, y en este contexto se explica el por qué la tercera estrella está cubierta, porque el Niño que ella lleva es Jesucristo, la segunda persona de la Trinidad.

Icono ortodoxo griego de San Lucas pintando a la Panagia Hodigitria.

Icono ortodoxo griego de San Lucas pintando a la Panagia Hodigitria.

Casi todos los iconos representan a la Santa Virgen con su Niño pequeño -aunque hay algunos tipos donde aparece sola- y el afecto entre la Madre y el Hijo es obvio. Tradicionalmente, el primer icono de la Virgen fue pintado por San Lucas Evangelista. También se cree comúnmente que el icono Hodigitria es el “modelo” que Lucas pintó, y su simbolismo lo explicaremos a continuación.

Hay cinco principales tipos de icono de la Theotokos en la iconografía ortodoxa, pero también existen otros tipos en un apartado menor:

– El icono de la Virgen “Hodigitria/Hodegetria” (Ὁδηγήτρια), literalmente, “La que muestra el Camino”, y, como se ha dicho, es tradicionalmente vinculado a San Lucas. Este tipo de icono es el más difundido de todos los de la Virgen. Ella sostiene al Salvador como un bebé y lo mira como guía hacia Dios y la salvación. Hay que remarcar que ella lleva al Niño en su brazo izquierdo, mientras que lo muestra con su mano derecha, siendo ésta la razón de por qué es conocida como la que muestra el Camino (Cristo es el Camino). El Niño tiene una cara madura (quizás también una ancha frente), un signo de que Él es la Sabiduría, y lleva un rollo, a veces plegado y otras extendido (que es el Evangelio). El icono original atribuido a San Lucas está hoy día perdido (fue custodiado por el monasterio de la Panagia Hodegetria en Constantinopla hasta la Cuarta Cruzada en 1204), aunque existen algunos iconos que se cree que son este original, en Italia o Rusia. Este tipo de icono está difundo tanto en las iglesias ortodoxas como en las católicas.

– El icono de la Virgen Eleousa (Ἐλεούσα). Desde la Hodegetria se desarrolló posteriormente la Panagia Eleousa (Virgen de la Tierna Misericordia). María todavía señala a Cristo, pero él está acariciando su mejilla, que ella inclina ligeramente hacia él. Al menos un brazo de Jesús aparece rodeando su cuello y hombro. La Madre de Dios, en este icono, simboliza a la Iglesia. La plenitud del amor entre Dios y los humanos se consigue pues sólo a través de un cercano amigo de la Iglesia, en este caso, la Madre de Dios. Los iconos rusos de la Theotokos de Vladimir y la Theotokos de Pochayiv son ejemplos bien conocidos de este tipo de icono.

Icono ortodoxo griego de la Virgen Pantanassa (variante una Panachranta).

Icono ortodoxo griego de la Virgen Pantanassa (variante una Panachranta).

Una subvariante de este tipo es el icono de la Theotokos Pelagonitissa (o “la Virgen con el Niño que juega”), donde la Virgen sujeta a Jesús en un movimiento abrupto, su cabeza hacia atrás y agarrándose a ella. El nombre del icono procede de la ciudad de Pelagonia (hoy día Bitola, en Macedonia) donde el icono apareció por primera vez, en los siglos XII-XIII. El icono de la Virgen Glikofilusa es otro ejemplo.

– El icono de la Graciosa Virgen o Panahranta (de πανάχραντος, “inmaculada”). En este tipo de icono, la Virgen María se sienta en un trono real con el Niño Jesús en su regazo, y ambos están mirando hacia delante. El trono simboliza la gloria real, siendo ella perfecta entre todos los humanos nacidos en la tierra. De acuerdo con las enseñanzas del cuarto Concilio Ecuménico, la Virgen María vela sobre los destinos del mundo junto a Cristo. Variantes de este icono son la Pantanassa -aquí el Niño no está mirando directamente, sino que se gira hacia su Madre- y la Theotokos de Kazan, en la cual Cristo está de pie sobre la Virgen.

– El icono de la Theotokos Agiosortissa (Αγιοσορτισσα), “la intercesora”. En esta representación, la Virgen María está sola y, vista de perfil, tiene las manos alzadas en oración. Está mirando hacia la izquierda, normalmente a un icono de Jesucristo que está aparte. A veces lleva un pergamino. El triple icono que representa a Jesús en el centro con la Virgen María y San Juan Bautista con sus manos hacia Jesús es conocido como “Deisis” (oración). Una variante de éste es el icono de la Virgen “el Refugio” (Παναγία η Καταφυγή), en el cual su brazo permanece bajo su velo.

– El icono de la Madre Orante u Oranta (Οραντα), o “la Santístima” (Panagia o Παναγια). La Virgen María se muestra de frente al observador con sus brazos alzados en la posición de orante, en oración. A veces Cristo Niño es mostrado dentro de un círculo en su seno -esta representación es conocida como “Platytera” (Πλατυτέρα, que significa literalmente más ancha o más espaciosa, o la Señora del Signo), siendo Cristo el signo de salvación.

Icono ortodoxo ruso de la Virgen de la Zarza Ardiente.

Icono ortodoxo ruso de la Virgen de la Zarza Ardiente.

Con estos tipos no termina la iconografía relativa a la Virgen María. Otros subtipos son también muy importantes para la piedad de los creyentes ortodoxos. Podemos mencionar:

– La Madre de Dios “Galaktotrophousa” (Παναγια Γαλακτοτροφουσα), “la que alimenta con leche”, una rara representación de la Virgen amamantando a su Hijo.

– La Virgen de la Zarza Ardiente, alusión a la visión de Moisés en el Sinaí, que es entendida como una profecía de la virginidad de la Theotokos.

– La Virgen con la Siete Espadas, alusión a la profecía de Simeón “y a ti misma una espada te atravesará el alma, para que los pensamientos de muchos corazones sean revelados” (Lc 2, 35).

– La Madre Doliente, que representa a la Virgen en ropas negras, durante el funeral de su Hijo, que también aparece en segundo plano, siendo crucificado. Este tipo está especialmente presente en Rumanía, como influencia de la Piedad católica (es la Piedad ortodoxa).

– La Protección (o el Velo) de la Theotokos (Σκέπη, Sképē or Покровъ, Pokrov), que representa a la Virgen que acoge bajo su velo a los devotos, estando este icono asociado con un milagro ocurrido en Constantinopla en el siglo IX; salvada de una invasión eslava. El día de su celebración es el 1 de octubre.

Otros iconos que representan a la Virgen están asociados a momentos diferentes de su vida: la Anunciación, la Presentación en el Templo, la Natividad, la Ascensión de Cristo, Pentecostés, la Dormición de la Virgen. No se refieren sólo a ella o no la presentan en primer plano, pero es importante que también sean mencionados.

Icono ortodoxo griego de la Virgen Katafgi ("el Refugio"), donde aparece orando con el brazo cubierto por su velo.

Icono ortodoxo griego de la Virgen Katafgi («el Refugio»), donde aparece orando con el brazo cubierto por su velo.

Algunas veces los iconos de la Virgen son objeto de una especial devoción por parte de los creyentes. Algunos iconos son considerados como protectores contra distintas enfermedades. La Agiosortissa es especialmente invocada en casos de cáncer. De otros iconos en lugares específicos se cree que ayudan a las madres a tener hijos (como la Panagia Tsampika en la isla de Rodas, Grecia) o ayudan contra enemigos visibles e invisibles (como la Panagia Portaitissa, “de las Puertas”, en el Monasterio Iveron del Monte Athos), etc.

Otra forma de venerar el icono de la Theotokos es vestirlo en plata y oro (por ejemplo, la Theotokos de la Sketa Prodromos en Athos, que encabeza este artículo) y colgar de él objetos devocionales, a menudo asociados a enfermedades u órganos curados. Este fenómeno comenzó con un icono específico, la llamada Triherousa (la de Tres Manos), por una mano de plata votiva adherida a un icono (como es el caso del icono de la Triherousa en Hilandar, Monte Athos).

La veneración de los iconos de la Virgen tiene una función especial en el mundo eslavo. El calendario de la Iglesia Rusa está muy desarrollado en conmemorar diferentes iconos de la Theotokos, que se veneran en un día concreto. Llega a mencionar en torno a 260 iconos de la Virgen María, asociados con milagros y celebrados litúrgicamente. El Menaion de Sergio de Radonezh presenta en torno a 700 iconos de la Theotokos.

Troparion de la Theotokos de Prodromos (celebrada el 12 de julio)
Madre de Dios, siempre Virgen, veneramos tu santo y divino icono con fe y lo besamos con agradecimiento. Porque a través de él, tú das a los fieles verdadera curación de sus almas y cuerpos. Por eso, te decimos: gloria a tu virginidad, gloria a tu misericordia. ¡Gloria a tus cuidados, a ti, que eres bendita!

Mitrut Popoiu

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Santos mártires de Chalchiuhites

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Mártires de Chalchihuites

Mártires de Chalchihuites

Introducción
El 21 de mayo del año 2000 fueron canonizados por San Juan Pablo II, veinticinco mártires que murieron en México durante la Revolución Cristera. De entre ellos, solamente tres son laicos, miembros activos de la Acción Católica (ACJM). El ejemplo de perseverancia y valentía que presentaron San Luis Batiz y los Santos Manuel Morales, David Roldán y Salvador Lara sirva hoy para animar a los pastores y fieles a permanecer unidos y colaborando para que el Reino de Cristo se haga presente entre nosotros aquí y ahora.

San Luis Bátiz Sainz
Nació el 3 de septiembre de 1879 en San Miguel de Mezquital, Zacatecas, Arquidiócesis de Durango. Fueron sus padres Wenceslao Bátiz Arellano y María de Jesús Sainz Ortega Canales, quienes lo llevaron a bautizar el 10 de septiembre del mismo año imponiéndole el nombre de José Luis Amado. Cuando tenía 12 años ingresó al Seminario de Durango, corriendo los gastos de sus estudios por cuenta de su hermano Jesús, también sacerdote; sobresalió en este lugar por su piedad y fue ordenado presbítero el 1 de enero de 1884. Entre los cargos que se le confiaron fue el de Párroco de San Juan de Guadalupe, Párroco de San Diego de Alcalá en Canatlán, Durango, donde permaneció 25 años y por ultimo, Párroco de Chalchihuites, Zacatecas, desde el 1 de agosto de 1925. Por su profunda espiritualidad fue nombrado Director Espiritual del Seminario de Durango y también fue capellán del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.

Fotografía de San Luis Bátiz, mártir mexicano.

Fotografía de San Luis Bátiz, mártir mexicano.

Tuvo un celo pastoral muy intenso, unido a una capacidad organizadora muy visible; fue dedicado al catecismo con los niños, que también impartía por la noche con los adultos. Fundó un taller de obreros católicos, una escuela para niños y dio gran impulso a la Acción Católica. Era constante en la administración de los sacramentos, atendía con tesón a las asociaciones piadosas, estableció un hospital para los pobres y le preocupaba el decoro de los templos a su cargo, a los que les daba reparación y mantenimiento cuando era necesario. Su devoción eucarística era muy intensa, desde la reverencia con que celebraba la misa, el culto que promovía al Santísimo Sacramento y era muy notorio como permanecía siempre de rodillas y con gran recogimiento ante el Señor Sacramentado. Su forma de vivir era pobre pero digna, era muy mortificado y llegó a usar cilicios. Su trato era amable, atento, alegre y cariñoso; se hizo amar por sus feligreses y siempre estaba de buen humor. Tenía una predilección especial por los niños. Fruto de esta vida era su deseo de mayor santidad, ya siendo párroco de San Diego, oraba al Señor Sacramentado: “Señor, quiero ser mártir, aunque indigno ministro tuyo, quiero derramar mi sangre, gota a gota por causa de tu nombre”.

En una reunión de la ACJM en Chalchihuites, dijo a los presentes: “Yo tengo muchos deseos de ser mártir, de morir por Cristo, ¿quién de ustedes quiere acompañarme?» Le respondieron “Yo” Manuel Morales, Salvador Lara y David Roldan. Ciertamente serían sus compañeros.

El cuidado de su rebaño lo hizo con hechos y palabras, pues también corregía las faltas de sus feligreses. Cuando el 30 de julio de 1926 fue el último día de culto público en México, habló a sus fieles diciendo que el autor de estas desdichas no era el Gobierno ni Calles, sino los pecados de todos. A la vez, indicaba que los católicos no tenían porque levantarse en armas, y a que esa no era una actitud evangélica.

San Manuel Morales, mártir mexicano.

San Manuel Morales, mártir mexicano.

San Manuel Morales
Nació en Mesillas, Parroquia de Sombrerete y Arquidiócesis de Durango el 8 de febrero de 1898, hijo de Matiana Morales. Recibió el bautismo el 19 de febrero del mismo año. Vivió desde niño con sus abuelos y muy pronto radicó en Chalchihuites. Ingresó al Seminario de Durango, al que tuvo que abandonar para ayudar a sus abuelos y su madre pues eran muy pobres. Trabajó entonces como dependiente de una tienda, donde ganó mucha estimación por su buen trato y amabilidad, luego trabajó en una panadería familiar. Contrajo matrimonio con Consuelo Loera, siendo un marido ejemplar y un buen padre de familia, procreó tres hijos.

Manuel Morales era un buen cristiano, nutrido en la oración y fortalecido en la frecuencia de la Sagrada Eucaristía. Trabajador honesto y asiduo, supo dar armonía en su hogar y con quienes se relacionaban con él. Su vida era sencilla y su participación en la Liga Nacional de la Defensa Religiosa ponen en evidencia cuán lejos de él estuvieron todas las acusaciones de que fue objeto. También fue Secretario del Círculo de Obreros Católicos “León XIII”, miembro activo de la ACJM y presidente de la mencionada Liga en Chalchihuites. La Liga no estuvo en funciones en ese lugar hasta el 29 de julio de 1926, en que se hizo una reunión en la plaza de toros y donde participaron unas 600 personas. El Santo como presidente, tomó la palabra y exhortó sin miedo a defender el proyecto invocando la manifestación pacífica y sin tinte político. Aclaró que se pediría a la autoridad competente la derogación de las leyes que oprimían la libertad religiosa y terminó diciendo estas palabras: “A los cuatro vientos y con el corazón henchido de júbilo gritemos ¡Viva Cristo Rey y la Morenita del Tepeyac!”.

San David Roldán Lara
Nació en Chalchihuites, Zacatecas, el 2 de marzo de 1907, hijo de Pedro Roldán y Reinalda Lara. Fue bautizado en la parroquia del lugar el 29 del mismo mes y año. Cuando tenía un año murió su padre, Doña Reinalda educó entonces a su hijo con gran amor a Cristo y su Iglesia, más adelante lo matriculó en un colegio particular para que tuviera una buena educación. A su tiempo ingresó en el Seminario de Durango, pero tuvo que abandonarlo para hacer frente a las necesidades económicas de su familia. Fue un hijo modelo que siempre quiso mucho a su madre, era respetuoso, obediente y atento. Sus amigos aseguran que era la alegría de su casa y que era un joven muy limpio y muy jovial, ordenado y responsable también. Su vida era íntegra y era un buen colaborador de su párroco Luis Bátiz.

De pie, Pedro Roldán y San Salvador Lara, sentados Carlos Lara y San David Roldán.

De pie, Pedro Roldán y San Salvador Lara, sentados Carlos Lara y San David Roldán.

Con 17 años comenzó a trabajar en la mina “El Conjuro” y por su carácter, preparación y disciplina se gano la confianza de su patrón, Gustavo Windel, un alemán, que lo hizo su hombre de confianza. Su trabajo principal era la contabilidad y sus compañeros de trabajo lo apreciaban por su forma de comportarse con ellos. Allí conoció a la hija del señor Windel, a quien hizo su novia y a quien pidió en matrimonio. David era un cristiano comprometido y desde pequeño perteneció a la Acción Católica. En 1925 fue electo presidente de la ACJM, a quien tuvo mucho cariño y por quien dedico mucho esfuerzo. Al comienzo del conflicto religioso, fue nombrado Vicepresidente de la Liga Nacional de la Defensa Religiosa y junto con Manuel Morales y su primo Salvador Lara Puente, organizó la defensa pacifica de la Iglesia, tratando de reunir firmas para derogar las leyes antirreligiosas.

San Salvador Lara Puente
Nació en El Súchil, Durango, el 13 de agosto de 1905 hijo de Francisco Lara y María Soledad Puente; fue bautizado en el templo parroquial de ese lugar el 10 de septiembre de ese año, recibiendo con el Sacramento en el nombre de José Salvador. Fue un buen hijo con sus padres y cuando su papá murió aumento su cariño por su madre. Quiso mucho a su hermano Carlos, de quien siempre estuvo atento para que nada le faltara. También fue alumno del Seminario de Durango, del que tuvo que salir para ayudar en los gastos de su hogar.

Salvador era un muchacho limpio y simpático, lleno de vida y vigor físico, sociable y fácil para hacer amigos. Practicaba la charrería, trabajó como su primo David en la mina “El Conjuro”, dando en este lugar buen testimonio de su vida cristiana; fue presidente de la ACJM y secretario de la Liga Nacional de la Defensa de la Libertad Religiosa. Cuando San Luis Batiz hizo la invitación a los que lo acompañaban en una reunión para saber si había alguien que lo acompañaría al martirio, con sencillez y sin alarde, se ofreció con generosidad. Días antes de su sacrificio declamó en una velada la poesía “Marciano” que describe la inocencia de un cristiano, acusado de incendiar Roma. Salvador recitó un verso que resultaría profético: “Si mi delito es ser cristiano, haces bien en matarme porque es cierto”.

San Salvador Lara.

San Salvador Lara.

Martirio
Luego de la reunión en la plaza de toros, el Presidente Municipal Donaciano Pérez y el telegrafista José Refugio García acusaron falsamente de sedición al Señor Cura Bátiz y sus colaboradores cercanos. El 14 de agosto llegaron “once soldados para sofocar la rebelión de todo un pueblo” como se había propagado la falsa noticia. El Padre Bátiz estaba sentado en una banca de la Plaza de Armas, vestido de civil y acompañado por Ramón Jaime y el sacristán José de Jesús Rentería. Al darse cuenta que lo buscaban, se dirigió a la Casa de los Obreros, donde se refugiaba. Allí fue apresado mientras el Alcalde Pérez y el telegrafista García aplaudían el hecho diciendo: “Muy bien, así deben tratarse como perros, estos fanáticos”, luego lo internaron en el Ayuntamiento.

A la mañana siguiente, los presidentes de las Asociaciones Parroquiales, se reunieron en la Botica Guadalupana para gestionar la libertad del Señor Cura Batiz. Allí se les juntaron Manuel Morales, Salvador Lara y otros miembros de la Acción Católica. Entonces llegaron los soldados con rifles gritando: “Manuel Morales”, él dio un paso con entereza cristiana y dijo: “Aquí estoy”. Lo empujaron y trataron indignamente con golpes y fue conducido al Palacio Municipal. Igual hicieron con Salvador Lara. Como era domingo David estaba en su casa arreglándose para ir a misa, hasta allí fueron los militares a aprehenderlo, y al salir de su domicilio, ya arrestado, salió sonriente y saludando con cortesía y alegría.

San David Roldán

San David Roldán

Los vecinos trataron de juntar dinero para pagar una fianza y lograr su libertad. Incluso el señor Windel ofreció la cantidad que quisieran para salvar la vida de los prisioneros, pero esta maniobra fue rechazada con el pretexto de que iban a ser llevados a Zacatecas a hacer unas declaraciones y luego volverían a Chalchihuites. El teniente Blas Maldonado, a cargo del grupo de soldados, se dio cuenta que el pueblo permanecía en actitud de espera y que sufría en las personas de los presos. Allí no había tal levantamiento.

Luego hicieron subir a los prisioneros a dos carros; el señor cura Bátiz y Manuel Morales en uno y Salvador Lara y David Roldán en otro. La gente estaba excitada y a la vez sin poder hacer nada. Alguien gritó: “Señor cura, no nos olvide”, y él respondió con serenidad: “¿Cómo voy a olvidarlos si son mis hijos? Voy a darles la bendición y por favor, no me sigan, no pasará nada”. La mamá de Salvador se confió de lo que habían dicho los militares porque sabía que su hijo era inocente, se acercó a él y lo bendijo, infundiéndole ánimo y recordándole lo santo de la causa que defendía. La esposa de Manuel también hizo gestiones para salvar la vida de su esposo, habló varias veces con el teniente, pero no le daban calma sus palabras. Llevó a su hijo en brazos para conmoverlo, pero él la despreció. En tanto el niño se le escapó y fue a dar con su padre, que lo abrazó efusivamente. Manuel sufría por su esposa y sus hijos. En medio de gran dolor, la pareja pudo despedirse.

Fotografía del cadáver de San Luis Bátiz en su velatorio.

Fotografía del cadáver de San Luis Bátiz en su velatorio.

Los automóviles se dirigieron a un lugar llamado Puerto de Santa Teresa, el que llevaba a San Luis Batiz y San Manuel Morales tuvo que aguardar a que llegara el otro que traía a San David y San Salvador porque tuvo una avería en el camino. Luego los bajaron del auto y al Señor Cura y Manuel Morales los hicieron caminar como medio kilometro. Les dijeron “Si reconocen las ordenes de Calles, nada les pasará” y ambos respondieron: “Primero morir”. El destino estaba fijado, San Luis Batiz añadió: “Lo único que les ruego es que atendiendo a los pequeños hijos de la familia de Manuel, le perdonen la vida, yo ofrezco mi vida por la de él. Seré víctima, estoy dispuesto a hacerlo”. Pero San Manuel añadió: “Deje que me fusilen, Señor Cura, yo muero pero Dios no muere, Él velara por mi esposa y mis hijos”. Entonces comprendiendo que era inútil seguir pidiendo, San Luis se despidió de su compañero diciéndole “Hasta el cielo” y San Manuel gritó entonces: “¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!”. Luego las balas cegaron la vida de estos testigos de Cristo.

San David y San Salvador habían recibido antes la absolución del párroco, al que vieron morir junto a su amigo y compañero; luego los hicieron caminar unos 160 pasos. Mientras caminaban, iban serenos y orando. Los colocaron en posición para fusilarlos y ambos gritaron la emoción de sus juveniles corazones que se sacrificaban por Dios: “¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!” mientras que los proyectiles les hacían entrar en una vida nueva. Luego les dieron el tiro de gracia y sus rostros quedaron destrozados, pero en ambos rostros quedaron indelebles la paz que tenían en sus almas y la sonrisa de quien satisfecho, concluye su labor. Uno de los verdugos dijo de Salvador: “¡Qué lastima haber matado a ese hombre, era tan grande y tan fuerte!”. Era el 15 de agosto de 1926. Al conocer que los cuatro hombres habían sido ajusticiados, los habitantes de Chalchihuites fueron a recoger los cadáveres para velarlos, cada mártir fue velado en su casa en una noche llena de tormenta y granizo que parecía llorar su martirio, como se supiera que los militares iban a volver para profanar los cuerpos apresuraron el sepelio y fueron sepultados en el Panteón Municipal.

Altar con los sepulcros de los mártires.

Altar con los sepulcros de los mártires.

Culto
Fueron beatificados el 22 de noviembre de 1992 por San Juan Pablo II y por el mismo canonizados el 21 de mayo de 2000, junto con el grupo de mártires que encabeza San Cristóbal Magallanes. Actualmente sus reliquias se veneran en el altar dedicado a Nuestra Señora de Guadalupe en la Parroquia de Chalchihuites. Su memoria litúrgica, en compañía de los demás Santos Mártires se celebra el 21 de mayo, aniversario de su canonización.

Humberto

Bibliografía:
– CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO, Viva Cristo Rey, Editado por ella misma, México D.F., 1991, pp 33-38, 89-91, 103-106, 127-130.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santos hispanos durante el reinado de los visigodos

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Relicario de San Florencio en la catedral de Sevilla, España.

Relicario de San Florencio en la catedral de Sevilla, España.

Hace tiempo que quería escribir sobre este tema aun a sabiendas de que sobre algunos de ellos, ya lo hemos hecho y muy extensamente, como por ejemplo, sobre los santos hermanos Leandro, Isidoro, Fulgencio y Florentina y San Hermenegildo, pero como existen algunos más, hablemos hoy, aunque sea brevemente, sobre ellos.

San Florencio, confesor
El fundamento del culto tributado a este santo, no es otro que la aparición de una lápida sepulcral y algunos restos humanos cuando, a principios del siglo XV, se estaban colocando los cimientos de parte de la catedral hispalense. La lápida decía: “Requievit in pace Florentius, vir sanctus, die VII Kalendas Martias. Vixit annis LIII et depositus est die III Idus Martias era DXXIII” (Florencio descansó en paz el día 23 de febrero, a la edad de cincuenta y tres años y fue sepultado el 15 de marzo del 485). La anotación “vir sanctus” que ponía la lápida, se tomó en sentido canónico, cuando bien es verdad que en los primeros siglos del cristianismo, este apelativo se le daba a cualquier cristiano que viviera como tal. Sus restos fueron trasladados inmediatamente a la Catedral y se empezó a darle culto que quedó confirmado cuando Baronio lo introdujo en el Martirologio Romano el día 23 de febrero: “En Sevilla de España, san Florencio confesor”. Su fiesta fue aprobada finalmente por el Papa León XIII en el año 1895. Algunos hagiógrafos le dan la categoría de mártir, aunque sin causa justificada, ya que en aquella época, en Hispania no había persecución alguna.

Algunos autores sugieren que el tiempo transcurrido entre su muerte (23 de febrero) y su entierro (15 de marzo) tal y como lo dice la lápida, era un indicio de que fue objeto de culto por parte de quienes lo tuvieron tanto tiempo sin enterrar, pero esa interpretación, como poco, es discutible, aunque hay que recordar que no es el único caso en el que la inscripción de una lápida sepulcral, se convierte en un motivo de canonización. Según la leyenda pertenecía a una noble familia goda, defensora de la fe ortodoxa contra los arrianos y famoso por sus milagros.

Escultura de San Laureano en el retablo de su capilla en la catedral de Sevilla, España.

Escultura de San Laureano en el retablo de su capilla en la catedral de Sevilla, España.

San Laureano, obispo mártir de Sevilla
Se sabe que en plena polémica arriana, un cristiano de nombre Laureano fue decapitado por orden del rey Totila en Bourges (las Galias), aunque otros manifiestan que el martirio fue en Berry, también en las Galias. Pero eso es una cosa y otra distinta es que fuera obispo y además de Sevilla.

Es verdad que existe una “passio” no muy creíble, que dice que nació en Panonia, de padres paganos y que ordenado sacerdote en Milán con solo veinte años de edad, se dedicó a combatir el arrianismo, siendo obispo de Sevilla durante diecisiete años. Después del martirio, se habría levantado y con su cabeza en la mano manifestó su deseo de que fuera trasladada a Sevilla y que su cuerpo fuera abandonado en una gruta, de la que posteriormente fue exhumado y trasladado a su santuario en Vatán, erigido en el año 1012.

Ahí lo dejo, pero la verdad es que a ciencia cierta, solo pueden afirmarse algunas pocas cuestiones: En el año 1248, después de ser reconquistada, en la ciudad de Sevilla se inició el culto al santo y prueba de ello es que en el siglo XV, cuando se inició la reconstrucción de la catedral hispalense, la primera capilla reconstruida le fue dedicada al mismo. Asimismo, en las Actas Capitulares del Cabildo Catedral, se dice que la reliquia de su cráneo era venerada en aquel tiempo dentro de la misma, veneración que continuó en los siglos posteriores. Es cierto que no existe ningún documento antiguo que nos indique la existencia de un Laureano entre los obispos de Sevilla, pero este dato no puede darse por definitivo ya que no se conserva ninguna lista completa de dichos obispos sevillanos, luego aunque el dato es contrario a la adjudicación del episcopado hispalense al santo, no es definitivo.

Como he dicho antes, las “Actas” presentan algunas dificultades históricas, disculpadas por unos, como el padre mercedario Tello, pero rebatidas por otros, como el padre Flores. Sin embargo, el cardenal Baronio, que tenía una manga muy ancha para incluir nombres en el Martirologio Romano, no se comportaba de la misma manera cuando la leyenda procedía de España y sin embargo, en el Martirologio Romano, el 4 de julio dice: “En el territorio de Bourges, San Laureano obispo de Sevilla y mártir, cuya cabeza fue trasladada a Sevilla”. La mención a este Laureano se encuentra en los tres principales ejemplares del Martirologio Jeronimiano: en el más antiguo, el “Epternacensis” (que es de la primera mitad del siglo VIII); en el segundo, el “Wissemburgensis” (del 772) y en el tercero, el “Bernensis” (de finales del mismo siglo). En el primero simplemente se le anota como “Natalis sancti Lauriani martiri”; en el segundo se añade “Beturiae civitate”, o sea, Bourges y en el tercero, se precisa más la localidad: “vico Vistinno” o sea, Vatan y se anota que su cabeza fue trasladada a Sevilla.

Relicario del cráneo de San Laureano en la Catedral de Sevilla, España.

Relicario del cráneo de San Laureano en la Catedral de Sevilla, España.

Podríamos dar por bueno, por verosímil, que un clérigo ortodoxo deseoso de combatir el arrianismo, se vino a la Hispania visigoda en el siglo VI cuando el propio reino protegía a los arrianos, llegando hasta Sevilla donde fue elegido obispo y tras varios años de combatir infructuosamente esta herejía, abandonó la ciudad y marchó a las Galias – donde también había arrianos -, encontrando allí la muerte por defender la fe. Esta argumentación es verosímil y sirvió de base a la archidiócesis hispalense para conseguir la aprobación de su culto.

Santos Pablo y Ambrosio, eremitas
Dice la tradición que estos dos santos, de origen africano, huyendo de la invasión de los vándalos, pasaron a la península Ibérica y se asentaron como ermitaños en las proximidades de Vejer (Cádiz). Como son considerados eremitas de San Agustín, en la “Crónica espiritual agustiniana” del padre Portillo se relatan sus vidas, apelando a una lápida encontrada en Santiago de Barbate, que decía “Paulo, siervo de Dios”. Los restos encontrados bajo la lápida recibieron pronta veneración, autorizada por el propio obispo de Cádiz. También dice la tradición que la ermita de San Ambrosio estaba dedicada a un ermitaño que viniendo desde África, allí se retiró.

San Gregorio de Osset
Este es otro caso de un santo ligado al título de una lápida, que fue localizada en la localidad sevillana de Alcalá del Río. La inscripción dice así: “A XPO + in hoc tumulo iacet famulus Dei Gregorius, qui vixit annos PL MIN LXX, recevit in pace D. II. Nonas febr. Era D. LXXXII”. Repito lo dicho anteriormente: no supone la existencia de un difunto santo, sino de un cristiano fiel a su fe. Esta lápida se conserva detrás del retablo del altar mayor de la parroquia de la localidad, que fue construida por los Reyes Católicos, con la intención de honrarlo pues era famoso por sus milagros. Según la transcripción de la lápida, vivió cerca de setenta años. Las reliquias se veneran en la parroquia de Alcalá del Río.

Se le atribuye el apelativo de Osset (osetano), porque antiguamente se creía que la actual Alcalá del Río era la antigua ciudad de Osset. Hoy se sabe que era Ilipa Magna. El beato Diego José de Cádiz compuso una biografía suya, que aunque no tiene ningún fundamento histórico, fue incluida en las lecturas del Oficio de Maitines, aunque su nombre no ha sido incluido en el Martirologio Romano; sin embargo, Tamayo de Salazar si lo incluye en su “Martyrologium Hispanum”.

Escultura de San Gregorio de Osset en la parroquia de Alcalá del Río (Sevilla).

Escultura de San Gregorio de Osset en la parroquia de Alcalá del Río (Sevilla).

San Pedro andaluz, eremita
El Martirologio Romano dice el 11 de marzo: “En Babuco de los Hérnicos, san Pedro confesor, insigne por la gloria de sus milagros”. Los bolandistas han sido quienes han determinado que se trata de un hispano, concretamente un andaluz, ya que sus “Actas” dicen que procedía de una provincia regada por el río Guadalquivir, que se había convertido en soldado marchando a Italia donde llevó vida eremítica y donde fue muy famoso por el don de milagros. En las “Actas” solo se dice que vivió en la Edad Media.

Santa Benedicta virgen
Fue San Valerio abad en el Bierzo, quién cuando escribió la “Vita Sancti Fructuosi” habló de ella. En esta “Vita” dice que cuando San Fructuoso peregrinó a la región Bética, llegó hasta Cádiz, donde se estableció en un monasterio con algunos monjes. Pero un día, llamó a las puertas del monasterio una mujer llamada Benedicta, que huía de su casa porque sus padres la habían prometido en matrimonio y ella quería preservar su virginidad entregándose a Dios. Aunque no entró en el monasterio, Fructuoso la protegió construyendo un monasterio femenino donde ingresaron otras jóvenes andaluzas.

 Reliquias de San Gregorio de Osset en la parroquia de Alcalá del Río (Sevilla).

Reliquias de San Gregorio de Osset en la parroquia de Alcalá del Río (Sevilla).

El prometido de Benedicta reclamó ante un juez sus derechos, pero el juez concedió a la doncella el derecho a vivir como religiosa, ordenando que el prometido se buscase otra esposa. De esta forma, Benedicta permaneció en el monasterio donde murió a mediados del siglo VII, probablemente en el año 650, año en el que Fructuoso ya había vuelto a León y había sido nombrado obispo de Dumio. Aunque Benedicta no es mencionada en el Martirologio Romano, su fiesta se celebraba el 29 de junio.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– REPETTO BETES, J.L., “Andalucía, tierra de santos”, Centro de Estudios Históricos Jerezanos, Jerez de la Frontera, 1982.
– TAMAYO SALAZAR, J., “Anamnesis sive Commemorationis sanctórum hispanorum…”, Lyon, 1658.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum” (varios tomos), Città Nuova Editrice, Roma.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

La Santísima Virgen María Reina

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Coronación de la Virgen, obra de Domenikos Theotokopoulos "El Greco" (1592). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Coronación de la Virgen, obra de Domenikos Theotokopoulos «El Greco» (1592). Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Introducción
Jesucristo, luego de su Resurrección ha sido constituido Señor de vivos y muertos. Así es el Dominus, el Kirios, el Señor. Esta autoridad le ha venido del Padre, pues Él, le ha dado todo poder en el cielo y la tierra. Cristo es Rey, pero su reino no es de este mundo, su reino es justicia y paz y comienza desde aquí y ahora en todos los corazones que aceptan su mensaje y su autoridad. También es en nuevo Adán, el nuevo hombre que ha recreado todas las cosas. Por tanto, junto a Él, esta también la nueva Eva: María, que con su obediencia al plan de Dios, se ha convertido en Madre de todos los creyentes. Desde el trono de la Cruz, Cristo la ha constituido como la mujer por excelencia, fecunda en el alma y en el cuerpo. Por ello, el Señor Jesús la ha constituido Reina, asociándola a su celestial realeza; aludiendo al Salmo 44; “de pie, a tu derecha está la Reina”, podemos entender como dice San Bernardo, que Dios se goza de que todos los bienes nos lleguen por medio de María, a quien compara con un acueducto por el que llegan todas las gracias del Padre Celestial al Hombre.

María, la Reina y María, la Sierva del Señor
Es en la cultura bizantina donde comienza a representarse a la Madre de Cristo como Augusta. Su porte y manera de vestir es semejante a la de los emperadores romanos. Se glorifica a María y se exaltan sus prerrogativas de manera muy emotiva. Y el occidente no se queda atrás, porque ella también es invocada como la Domina, la Regina, la Tota Pulchra. Esto es correcto, pero según la doctrina de San Luis Grignon de Monfort, una devoción a María que no conduce a Cristo y que no nos hace imitarla, es estéril e inútil. Varios ejemplos propone San Alfonso María de Ligorio sobre como muchos devotos de ella la honran, la ensalzan, pero esa devoción no le gusta porque sus vidas no cambian ni se enmiendan. Refiere el mismo santo obispo y Doctor en su libro “Las Glorias de María”, como había un monje que la honraba con los labios recitando muchas veces frente a ella una significativa frase del himno Ave, Stella Maris: “Mostrate esse matrem”: “Múestrate Madre”, pero su vida personal dejaba mucho que desear. Así pues en una ocasión, la imagen de Nuestra Señora se voltea a él y le respondió: “Mostrate esse filio”: “Muéstrate que eres hijo”.

"Reina de Todos los Santos", autor desconocido, Museo Blastein, cd de México.

«Reina de Todos los Santos», autor desconocido, Museo Blastein, cd de México.

Por ello el Concilio Vaticano II, sin menospreciar esta venerable devoción, también ha propuesto que se revise la teología mariana para explotar toda la riqueza de la figura de María. Así la propone como la Virgen pobre y obediente la mujer sencilla la que lleva a Cristo al necesitado, la muchacha que está en oración constante, la mujer fuerte y de pie ante la Cruz, la Madre que está alentado a los discípulos y muchísimos más ejemplos que invita a seguir. María es grande por su fe, esta fe la ha llevado a ser Madre de Dios y como ella, debemos actuar nosotros, pues nadie mejor que esta Doncella de Nazaret sabe como agrandar a Dios. Al igual que Ella, debemos ser dichos porque escuchamos la Palabra de Dios y la ponemos en práctica.

Devoción
La devoción de los fieles, acompañada del cariño por ella de muchas maneras ha querido manifestar su amor a la Reina del Cielo: le ha dedicado capillas, iglesias, basílicas y catedrales, engalana sus imágenes, hace proliferar luces y flores en sus altares, le hace fiesta, porque los fieles ven en Ella a la Madre, la Omnipotencia Suplicante a quien Dios no niega nunca nada. La última parte de las letanías lauretanas se refiere a María como Reina: Reina de los Ángeles y Reina de todos los Santos en cada uno de sus coros, Reina del cielo, de la tierra, de la creación. Reina sin mancha y por ello asunto al cielo en cuerpo y alma, con una sintonía social muy actual y urgente: Reina de la Paz; San Juan Pablo II también lo ha proclamado en estas letanías como Reina de las Familias, para que en su seno se conozca más y se ame mejor a su hijo.

Cabe mencionar el rito singular de la coronación de sus imágenes. Si la imagen ha sido decretada por el Obispo Diocesano, la coronación se llama litúrgica o episcopal. Si el decreto proviene del Papa, se llama canónica o Papal. Las condiciones para que este rito se cumpla son tres; antigüedad, fama y belleza artística de la imagen que se pretende coronar. Así las coronaciones de sus imágenes se han multiplicado en toda la tierra, conforme a lo que dice la Sagrada Escritura: “Se levantaron sus hijos y la proclamaron bienaventurada”. (Cfr. Prov. 31, 28). Es oportuno recordar las palabras que dice el rito al colocar una corona sobre las sienes de alguna imagen suya: “Que así como te coronamos aquí en la tierra, merezcamos ser coronados por ti en el cielo”.

"Coronación de la Virgen", de Nicolás Rodríguez, Museo Soumaya, Ciudad de México.

«Coronación de la Virgen», de Nicolás Rodríguez, Museo Soumaya, Ciudad de México.

Algo de historia
La Madre de Dios, al concluir su vida en la tierra, fue llevada en cuerpo y alma al cielo, allí fue coronada por la Santísima Trinidad como Reina y Señora de cielos y tierra, de ángeles y hombres. Desde entonces Ella esta intercediendo constantemente y sin descanso por sus hijos. El fundamento de este título es bíblicamente confiable y seguro. Por ello la fiesta ya era pedida desde los congresos marianos de Lyon en 1900, Friburgo en 1902 y Einsielden en 1906. Con la institución de la fiesta de Cristo Rey en 1925, la inquietud y deseo de la institución de esta fiesta se fue consolidando.

En 1954, en el centenario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción el Papa Pio XII expidió la encíclica Ad Coeli Reginam, que profundizo los fundamentos histórico – teológicos de esa festividad; así en 1955 el mismo Papa instituyó la fiesta de la Realeza de María, inscrita el 31 de mayo como para cerrar el mes de María con un broche de oro con esta celebración. Luego de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, la festividad cambió de nombre y de fecha: Santa María Virgen, Reina, en el 22 de agosto, la octava de la Asunción, para subrayar el vínculo de la realeza con su glorificación corpórea.

Conclusión
No hay pues ninguna contraposición entre la Reina del cielo y la mujer del Evangelio próxima a hombre. Así lo entiende el prefacio inspirado en el rito de la coronación de una imagen suya actualizado en 1981: “Tú has querido coronar a la Madre de Cristo con una diadema real para que pudiera demostrar a sus hijos, con ayuda más eficaz, su amor y benevolencia. Nosotros nos alegramos hoy por su singular dignidad, exultantes por el don recibido, unidos a todos los habitantes del cielo con voz unánime te cantamos, oh Padre, el himno de alabanza”.

Coronación de la Santísima Virgen. Tabla gótica de Sano di Pietro (s.XIV).

Coronación de la Santísima Virgen. Tabla gótica de Sano di Pietro (s.XIV).

Oración
Dios todo poderoso, que has querido darnos como madre y reina a la Madre de tu hijo, concédenos amarla y venerarla como verdaderos hijos suyos y obtener, por su intercesión el Reino de los cielos por…

Humberto

Bibliografía:
– LODI, Enzo, Los Santos del Calendario Romano: orar con los Santos en la liturgia, Ediciones paulinas, Madrid 1992, pp. 311-314.

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