Siervo de Dios Francisco Butinyà i Hospital, jesuita fundador

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Retrato y firma.

Retrato y firma.

“Hermanar oración y trabajo”.

En los dos artículos anteriores hemos visto la vida y obra de Santa Bonifacia, esta obra, las Siervas de San José, no se puede entender sin el aporte de este Siervo de Dios. Este apóstol del trabajo fundo conjuntamente una forma de vida religiosa muy novedosa para la época y en especial para la mujer trabajadora. Por distintos avatares no fue bien entendía y aceptada, a esto se le sumaron situaciones políticas y religiosas adversas que impidieron la colaboración estrecha entre ambos, lo que llevo al Siervo de Dios a fundar una segunda congregación en su tierra, Cataluña, esta tenía el mismo carisma que la fundada en Salamanca con Santa Bonifacia.

Con este breve artículo que hoy le dedicamos se pretende conocer más su figura y labor por el mundo obrero, pero sobre todo por la mujer trabajadora. También contribuir con su causa de canonización, que como veremos avanza muy lentamente, tal vez porque fue opacada por la figura de Santa Bonifacia.

En el pueblo de Banyoles (Girona), nació el niño Francisco Javier Butinyà i Hospital. Era el día dieciséis de abril de 1834. El matrimonio formado por Salvador Butinyà y Teresa Hospital provenía de familias catalanas arraigadas en la comarca, eran unos trabajadores textiles siendo su especial dedicación la de hacer cordones. El matrimonio llego a tener diez hijos, Francisco Butinyà fue el mayor lo que lo convirtió en el “hereu”. La primera escuela donde aprendió a leer y escribir fue un monasterio benedictino, en este lugar y en su misma casa donde a muy temprana edad veía el esfuerzo de sus padres, familiarizándose el mismo con el trabajo manual, comprendió lo que significaba el – ora et labora– resumen del carisma de sus futuras fundaciones.

A muy temprana edad empezó a sentir una especial disposición por los más pobres, enfermos y trabajadores sin recursos. Era un joven muy dedicado a hacer obras de misericordia, su bondad era también conocida por todos. En muchas ocasiones dijo que a él lo evangelizaron los pobres. Esta personalidad y su alta capacidad para el estudio lo llevaron a estudiar hasta el seminario de Gerona. Poco tiempo después empieza el noviciado en la Compañía de Jesús ingresando en ella el día veinticuatro de octubre de 1854. Durante estos años empiezan en España los destierros de los jesuitas, el joven Francisco Butinyà los sufrió muchas veces a lo largo de su vida y por ello tuvo que abandonar sus destinos en varias ocasiones. 1859 fue un año decisivo, fue enviado a Cuba como profesor e investigador. En este país vio claramente la diferencia tan grande entre clases sociales, claramente se posiciono al lado de las clases más oprimidas y en especial por los esclavos que eran explotados laborablemente. A partir de este momento esas personas empiezan a ser su pasión apostólica. El treinta y uno de julio de 1866, festividad de San Ignacio de Loyola, fue ordenado sacerdote en la ciudad de León. Para ello se preparo en el colegio de San Marcos de León además de doctorarse en teología y realizar pequeños trabajos de arqueólogo. Como escritor también adquirió una notable fama, dejándonos varias obras de distintas temáticas: pastorales, reivindicativas, científicas, literarias, teatrales etc. Destacan principalmente: Las mitgdiadas, La luz del menestral, La devota artesana, Un grano de mostaza, etc.

Fotografía del fundador.

Fotografía del fundador.

Tras unos años de intenso apostolado por las distintas diócesis donde trabajó, como por ejemplo la de Ávila. Se caló de todas las experiencias vividas y hizo innumerables misiones, su preocupación por los más débiles en más de una ocasión le quito el apetito y el sueño. Buscando una respuesta para intentar dar solución a la precaria y abusiva forma en la que se estaba desarrollando la industrialización, esperaba una inspiración divina para dar comienzo a una familia religiosa que atendiera estas necesidades.

En 1870 regresa de nuevo y de forma estable a Salamanca, por sus propios meritos se gana el reconocimiento de todas las clases sociales, considerándolo un sacerdote con una intensa actividad apostólica y espiritual, además de conocerlo con el sobrenombre de “padre de los pobres” y “misionero incansable”. Colaborando con distintas actividades parroquiales y asociaciones piadosas, se encuentra con una joven artesana que tiene las mismas inquietudes que él y que sin saberlo ella también está buscando las mismas respuestas; esta joven es Santa Bonifacia. A partir de este momento conjuntamente fundan las Siervas de San José, era la respuesta a las preguntas de ambos dos que buscaban evangelizar el mundo del trabajo desde dentro. Como hemos visto, esta forma de vida: monjas-obreras, no fue bien entendida ni aceptada en su tiempo.

A partir de aquí son muchísimas las dificultades que surgen para que esta obra de los Talleres de Nazaret no pueda seguir según el carisma fundacional. Por distintos caminos los fundadores tiene que separarse, el Padre Butinyà tiene que dejar España exiliado a Poyanne (Francia) por su condición de sacerdote jesuita. Aquí no permanece durante mucho tiempo, pero a su regreso es destinado a su tierra natal, Girona, desde donde dirige a las Siervas de San José por medio de cartas ya que no podía acercase a tierras castellanas.

El Padre Buntinyà nunca había olvidado sus raíces catalanas y estaba muy al corriente de las situaciones que en esta tierra se vivieron durante los periodos que él no estuvo viviendo allí, colaboraba con el movimiento de la Renaixença que se dio en el siglo XIX. No quedándose de brazos cruzados por las adversidades, decidió continuar su carisma en esta tierra, más aun cuando vio con sus propios ojos las precariedades de las mujeres trabajadoras en las fabricas, hogares, campo etc. En el mes de febrero de 1875 funda en Girona a las Hijas de San José, para esto se rodea de las jóvenes artesanas María Comas y María Gil y sobre todo de la que sería Madre Isabel de Maranges, una señorita de la burguesía que opto por esta forma de vida. Estos Talleres de Nazaret fueron recibiendo muchas vocaciones, entusiasmas con esta novedosa vida de trabajo y oración. El ideal de vida era mismo que el fundado en Salamanca junto a Madre Bonifacia. El fin que pretendía Butinyà era hermanar ambas casas y para ello solicito la visita de Bonifacia a tierras catalanas para conseguir esta desea unificación. Esto no pudo ser posible e incluso con este paso que se pretendía dar se agravo la situación. Después de esto ya no volvieron a verse más los dos fundadores, y si la tarea de Bonifacia para continuar la obra no fue nada fácil, tampoco lo fue la del Padre que se tuvo que enfrentar a sus mismos compañeros jesuitas que no veían con buenos ojos su entera dedicación a las Hijas de San José.

Sepulcro del padre fundador en Girona, España.

Sepulcro del padre fundador en Girona, España.

Llegando la etapa final de su vida no mermaron sus fuerzas y ganas por trabajar en la viña del Señor. Su labor era conocida por todos y su actividad apostólica a favor de la mujer trabajadora aún más. A los sesenta y cinco años no era el mismo que antaño fue, pero seguía trabajando en las misiones, anunciando la buena nueva y transmitiendo el misterio de la Sagrada Familia de Nazaret a sus hijas. El diecisiete de diciembre de 1899 sufre un grave ataque derivado de su enfermedad que lo postra moribundo en cama, un día después, el dieciocho de diciembre a las cinco de la mañana moría santamente sin haber dejado repetir la jaculatoria: “Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía”. El apóstol del trabajo, el padre de familia, el invitador de la Sagrada Familia había muerto como un profeta que supo ver con años de antelación una necesidad en el mundo del trabajo y en especial en el de la mujer.

Su sepulcro se puede visitar en la cripta de la casa madre de las Hijas de San José de Gerona. El proceso de canonización del Padre Butinyà empezó en el año 1984, las dos fundaciones que él fundó (en la actualidad llamadas monjas butinyanas) colaboraron conjuntamente para este objetivo, también con el apoyo de la Compañía de Jesús. A comienzos del año 2004 se introdujo su causa en la diócesis de Girona, en 2006 la Congregación para la Causa de los Santos emitió su total conformidad para que se iniciara, iniciándose oficialmente el doce de febrero de 2007 en la iglesia de Santa María de los Turers de Banyoles.

David Garrido

Bibliografía:
– HERNÁNDEZ PÉREZ, Inés, SSJ, Francisco Butinyà, una luz para el mundo del trabajo, Salamanca, 1990.

preguntasantoral_anticopia_articulo20151220

Enlace consultado (17/12/2015):
– www.hijasdesanjose.org

O clavis David
Et sceptrum domus Israel,
Qui áperis, et nemo claudit;
Claudis et nemo áperit:
Veni
Et educ vinctum de domo cárceris,
Sedéntem in ténebris et umbra mortis.
Oh llave de David
Y cetro de la casa de Israel,
Que abres y nadie puede cerrar,
Cierras y nadie puede abrir,
Ven
Y libra a los cautivos,
Que viven en tinieblas y sombras de muerte.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Escultura que la ciudad de Salamanca (España) levantó en su honor (21/11/2014). Fotografía: Miguel Veny, 2015.

Escultura que la ciudad de Salamanca (España) levantó en su honor (21/11/2014). Fotografía: Miguel Veny, 2015.

“Os veréis en peligro, pero no temáis. Si tenéis Fe, Esperanza y Caridad venceréis las dificultades”.

Últimos años de vida y muerte
Aunque en la debilidad se hizo fuerte durante todos estos años, la edad iba avanzando y las fuerzas iban mermando como es ley de vida. En los últimos años sufrió varias caídas que la deterioraron físicamente, siempre gozó de buena salud y por ello parecía que seguía gozando de la misma salud de hierro de siempre. No por ello dejó de trabajar ni un solo día y sus desvelos eran mayores con el fin de mantener floreciente la comunidad de Zamora. Durante los meses de verano de 1905 se agrava la situación cuando empieza a sentir inapetencia y rechazo por toda clase de comida, aparte no podía pasar ningún alimento, derivando esto en una fuerte irritación de vientre. El día uno de agosto de 1905 el malestar físico en Madre Bonifacia era patente, una semana después, el día ocho, sintiéndose mal pide ser confesada y asistida por un sacerdote. Ya era consciente de su inminente partida y encuentro definitivo con Dios, no paraba de repetir jaculatorias propias de esa hora e invocar a Jesús, María y José. Ese mismo día, a las diez y media de la noche muere santamente rodeada de sus hijas, en silencio, como el mismo San José del que fue tan fiel hija, el santo patriarca la asistió para que tuviera una buena muerte como el mismo.

Su funeral fue multitudinario, la ciudad de Zamora, la comunidad y todo el clero de la catedral se despidieron de la Madre Bonifacia, que fue enterrada en tierra sencilla en el cementerio de San Atilano de esta ciudad. Todos los que la conocieron en vida la tenían por santa, pero al parecer ni después de su muerte en la casa madre de Salamanca se mostraron conformes con reconocer su trabajo y reconocimiento como la primera Sierva de San José. Querían condenarla al olvido hasta tal punto que borraron y arrancaron su nombre y firma de los libros fundacionales de la casa madre de Salamanca. Pero como ella misma profetizo, la unión definitiva de las dos casas llego tan solo dos años después de su muerte. Queda claro que la antipatía que sentían por ella impidió claramente el desarrollo de su obra.

La Santa en el pozo de la Casa de Sta Teresa.

La Santa en el pozo de la Casa de Sta Teresa.

El gran “tesoro”
Más de treinta años parece que estuvo condenado al olvido el trabajo sencillo y oculto de esta Santa, pero Dios y en especial la Hermana Socorro Hernández, quisieron que se hiciera justicia en algún momento con la Madre. Y como si de un cuento de piratas se tratase, la Hermana Socorro, fiel compañera de la fundadora, decidió guardar una cajita que valía más que un tesoro de oro y plata. Esta cajita contenía documentos, cartas, anotaciones de la madre, fotografías y un sinfín de documentos valiosísimos que demostraban que Santa Bonifacia y el Padre Francisco Butinyà habían sido los fundadores de esta congregación. Sor Socorro Hernández la enterró detrás del altar de la capilla de la candelaria de Zamora, con el fin de que algún día pasada la tormenta se descubriese la autentica realidad que lo toco vivir a la fundadora. El tres de febrero de 1936 se encontró por fin esta cajita gracias al testimonio de una hermana muy anciana y al empeño de la superiora general de las Siervas de San José que buscaba la verdad de los orígenes. Este descubrimiento causo verdadera alegría en todas las casas de la congregación. Pronto se empezó a alabar su figura y trabajo, pero todo esto quedo paralizado por causa de la guerra civil. No fue hasta 1941 cuando se la reconoce como la verdadera madre fundadora y reconociendo sus virtudes deciden trasladar sus restos mortales a Salamanca, a la casa madre “casa de Santa Teresa de Jesús, donde hoy en día se pueden venerar en un artístico sepulcro. Con este broche final se hacía justicia a tantos amargos desprecios y marginación que recibió por parte de su misma familia.

Proceso de canonización
El ocho de junio de 1954, en la iglesia de San Juan Bautista, después de estudiarse su vida a fondo gracias a los documentos de la cajita, recoger varios testimonios y escuchar peticiones para la apertura de su proceso de canonización, se inician los trámites necesarios para conducirla hacia los altares. En el año 2000 fueron reconocidas por el papa sus virtudes heroicas, en 2002 se reconoció un primer milagro como valido, siendo el nueve de noviembre de 2003 cuando San Juan Pablo II la beatifico en la plaza de San Pedro. El veintisiete de marzo de 2010 el papa emérito Benedicto XVI hizo público el decreto de canonización, teniendo la ceremonia lugar el día 23 de octubre de 2011. La fecha en la que se celebra su fiesta es el mismo día de su nacimiento, el seis de junio.

Sepulcro de la Santa en la capilla de la casa madre.

Sepulcro de la Santa en la capilla de la casa madre.

De manera breve veremos los dos milagros reconocidos en esta causa. El que se utilizo para la beatificación se trata de la curación milagrosa de un calcinoma en el hígado de ocho centímetros que un señor tenía diagnosticado como incurable. Esperando el momento de morir, tenía setenta y tres años, las Siervas de San José hicieron varias novenas y doblaron sus oraciones por esta causa y el mismo día del cumpleaños de este señor el calcinoma desapareció de manera rápida, sin intervención y duradera. La ciencia no lo pudo explicar.

El segundo milagro que se aprobó para la canonización tiene que ver con la curación de un chico joven de la Republica Democrática del Congo. Este padecía una grave enfermedad por espacio de tres años, fue operado de urgencia en un hospital de las SSJ, agravándose también por fiebre tifoidea nada parecía tener solución por lo que se le opero hasta tres veces. Cuanto todo llegaba a su fin, las hermanas empezaron una novena y una serie de ofrecimientos a la Beata Bonifacia. Este chico de la noche a la mañana se sintió más sano que nunca y empezó a hacer su vida normal hasta hoy.

Vista del tapiz en el día de su canonización.

Vista del tapiz en el día de su canonización.

Después de su canonización han sido y son muchas las personas, incluida la Conferencia Episcopal Española, obispos de otros países, colectivos de mujeres, ayuntamientos etc los que proponen que Santa Bonifacia sea declarada como patrona de las mujeres trabajadoras.

En la actualidad las Siervas de San José siguen cumpliendo la voluntad de Santa Bonifacia, están extendías por los cinco continentes: Cuba, Argentina, Filipinas, Italia, Congo, Papua Nueva Ginea etc. Siguen atendiendo preferentemente a la mujer pobre y sin recursos, anunciando el evangelio a través de la santificación del trabajo, educando con justicia y solidaridad para dignificar a todas aquellas mujeres y hombres para liberarlos. En definitiva, en estos talleres de Nazaret (así se les llama a sus casas) siguen invitando el trabajo de la Sagrada Familia con el esfuerzo, la fe y el amor.

David Garrido

preguntasantoral_anticopia_articulo20151216

Bibliografía:
– Agradecimiento a la hermana Adela de Cáceres. S.S.J, por su ayuda y aporte de material biográfico.
– HERNÁNDEZ ROJO, Socorro, SSJ, Biografía de la M. Bonifacia Rodríguez, fundadora de las Siervas de San José.
– ROJAS GONZÁLEZ, Ninoska, SSJ, Vida nueva con Él: Tierra de Encuentros.

Enlace consultado (10/12/2015):
– http://semanasantaymas.blogspot.com.es/search?q=bonifacia
– www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20031109_castro_sp.html

preguntasantoral_anticopia_articulo20151218

O Adonái,
Et Dux domus Israel,
Qui Móysi in igne flamea rubi apparuisti,
Et ei in Sina légem dedisti:
Veni
Ad rediméndum nos in bráchio exténto.
Oh Adonai,
Pastor de la casa de Israel,
Que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente,
Y en el Sinaí le diste tu Ley,
Ven
A librarnos con el poder de tu brazo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Bonifacia Rodríguez de Castro, fundadora (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Retrato de la Santa que sirvió para el tapiz de la canonización.

Retrato de la Santa que sirvió para el tapiz de la canonización.

“Anda buscando Jesús quien padezca en Él; quien le ame, quien le siga”.

En la mitad del siglo XIX, en plena época de cambios para España, la histórica ciudad de Salamanca fue testigo del nacimiento de la niña Bonifacia Rodríguez de Castro. Este nacimiento ocurrió la madrugada del cinco al seis de Junio del año 1837. La familia que la trajo al mundo era muy humilde y trabajadora, el feliz matrimonio formado por Juan y María Natalia se dedicaban a la sastrería, eran muy caritativos y piadosos. De los seis hijos que llegaron a tener solo Bonifacia que era la primogénita y su hermana Agustina llegarían hasta la edad adulta. Cuatro días después de nacer, sus padres la bautizaron en la catedral viaje de la ciudad, siguiendo la tradición de ponerle el nombre del santo del día. Este nombre que significa “haciendo el bien” fue todo un resumen de su vida, ya que ella se dedico por completo a hacer el bien.

Mientras va creciendo su infancia es igual a la de cualquier niña. Sus padres y su abuelo Alejo se esmeraron por transmitirle unos valores sólidos y cristianos que le hicieron ser una mujer de provecho. A medida que iba creciendo se iba empapando de la cultura de su barrio que era el de la catedral y la clerecía, esto le permitió adquirir una cultura que no era corriente ver en mujeres de su clase. Durante este tiempo y en el mismo barrio, tomó contacto con la Compañía de Jesús, lo que le permitió también crecer más en la fe. Participaba de todo aquello que organizaba su parroquia, alistándose más tarde en las jóvenes Hijas de María.

Cuando Bonifacia era adolescente, quince años tenía, la vida de esta familia sufre un duro revés debido a la muerte de Dº Juan, su padre. Poco tiempo antes de sufrir está perdida, la joven Bonifacia empezó a aprender el oficio de cordonera y por consiguiente se ganaba su propio sueldo para ayudar en casa. Sin saberlo ella, Dios la estaba guiando para la vocación que ella misma con su trabajo tenía que levantar de la nada. Perfecciono este trabajo durante un tiempo en Ávila, con las Adoratrices. Dominado el oficio de cordonera y bordadora regresó a Salamanca y aquí, junto a su madre Dña María Natalia alquila una pequeña casa donde establece un pequeño taller de cordonería, pasamanería y labores de costura. Gracias a Dios el trabajo no les falta y con mucho esfuerzo se dan a conocer por su buena labor en toda la ciudad. No por trabajar prácticamente todo el día descuidan su vida espiritual, como es costumbre en madre e hija, asisten las primeras a las celebraciones de la clerecía, frecuentan los sacramentos y son participes de todas las actividades piadosas que se organizan. La compaginación entre el trabajo y la oración hacen despertar en Bonifacia la vocación a la vida contemplativa.

Auténtico retrato de Santa Bonifacia.

Auténtico retrato de Santa Bonifacia.

Vocación religiosa
Entre las largas horas que pasaba rodeada de hilos, telas y agujas, Bonifacia intuía que Dios la preparaba para algo. Poco a poco el modesto taller que madre e hija pusieron en marcha, recibía peticiones de jóvenes mujeres sin recursos que querían trabajar, en este taller además de buscar una pequeña forma de ingresos económicos también buscaban una familia. Casi por casualidad de este taller, en pleno trabajo, surgen unas reuniones en las que además de orar se habla de todo y sobre todo de la importancia de los cambios que las mujeres de la época estaban empezando a dar, sobre todo en el ámbito laboral. Con el visto bueno de un joven sacerdote jesuita, que se llama Dº Francisco Butinyà i Hospital nace la Asociación de la Inmaculada y San José. Bonifacia tenía a San José mucha devoción, lo consideraba maestro de vida y con su ejemplo y el de la Sagrada Familia cuando trabajaban en la carpintería quería invitar esta armonía de oración y trabajo para la asociación de la que había sido nombrada por sus compañeras como hermana mayor. Pasaba el tiempo y este taller se llenaba de mujeres de diferentes clases sociales, inquietas por mejorar la situación que les había tocado vivir.

Desde este centro de apostolado ya se hizo recia su decisión de ser religiosa, por su especial devoción a la Virgen María sintió que estaba llamada a la Orden de Santo Domingo y tal fue así que ya se disponía a tomar el hábito en el monasterio de las Dueñas de Salamanca. Pero como Dios tenía planes diferentes para ella, quiso que antes de ingresar en esta orden lo consultara con su director espiritual, que era el Padre Francisco Butinyà sj.

Congregación de las Siervas de San José
El Padre Butinyà, muy inquieto con el apostolado de los trabajadores/as, vio con buenos ojos la decisión de Bonifacia de hacerse religiosa, pero a la vez le dijo que en otro sitio daría mayor gloria a Dios y este sitio seria una nueva congregación femenina que ambos serian los encargados de levantar por el bien de las almas y gloria de Dios. Como Bonifacia no buscaba su propio bienestar y a la vez se sentía atraída por el mensaje de santificar el trabajo, pues con ilusión acepto a llevar a cabo este divino trabajo. Poquito a poco el Padre Buntinyà y ella fueron haciendo participes de esta innovadora idea a las demás trabajadoras del taller, estas mujeres aceptaron formar parte de esta naciente congregación. Con la ayuda del Obispo Fray Joaquín Lluch y Garriga se aprobó el nuevo instituto, fue el día siete de enero de 1874, tres días más tarde empezaron las siete mujeres la vida en común y entre el grupo de las siete primeras también estaba María Natalia (madre de Bonifacia) que paso a llamarse Sor María del Carmen. Elegida Madre Bonifacia como superiora, muy a su pesar, no cambio su nombre y al poco de echar a andar esta forma novedosa de vida contemplativa fue recibiendo vocaciones, todas atraídas por el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret que invitaban. Aquí acogían a mujeres pobres sin recursos para que llevaran alguna ayuda a sus familias.

La Santa trabajando en su taller, bajo la mirada de la Sagrada Familia.

La Santa trabajando en su taller, bajo la mirada de la Sagrada Familia.

Como no era de extrañar, este carisma basado en el trabajo no fue bien entendido ni recibido por el clero diocesano salmantino y pronto surgieron voces en contra. A esto se le suma el destierro de los jesuitas de España, con ellos el Padre Butinyà y también el traslado del Obispo Lluch y Garriga a la sede de Barcelona. Madre Bonifacia se encuentra sola, con una congregación naciente que guiar y sin estos dos fuertes pilares. A pesar de esto siguen manteniendo correspondencia con ella y sus consejos desde la distancia son los mismos, incluso mayores, ya que la invitan en repetidas ocasiones a viajar a tierras catalanas para fundar nuevas casas de las Siervas de San José.

Revolución en la Congregación
Establecidas en el colegio de Los Ángeles y con una casa alquilada en Salamanca, que a la sazón fue de Santa Teresa de Jesús y que en la actualidad habitan, comienza a fraguarse un rosario de conflictos internos. Por muchas de ellas y por muchos de los nuevos sacerdotes que se encargan de la asistencia a la nueva obra, no se entiende la novedosa forma de seguir a Jesús siendo estas religiosas-trabajadoras. No es una congregación típica como las demás y por ello dudan de que pueda seguir hacia delante. Tanta gravedad adquiere el asunto que los asesores eclesiásticos y algunas de las Siervas de S. José (azuzadas por ellos) exigen realizar cambios que de llevarlos a cabo cambiarían el origen de la congregación. Madre Bonifacia se opone firmemente y por ello es objetivo de graves acusaciones que tienen que ver con su liderazgo, cultura, carácter etc. Ella lleva todo esto con mucho dolor, pero al mismo tiempo abrazada a su cruz da por respuesta a sus hijas fieles estas palabras: “Seamos nosotras mudas por voluntad para todo lo que sea alabar a Dios y darnos buenos consejos, perdonarnos y consolarnos mutuamente”.

Tanto sufrimiento y dobles intenciones no llegaron solo hasta aquí, nada más lejos de la realidad, a mediados del año 1882 Madre Bonifacia viaja a Gerona por insistencia del Padre Butinyà para extender el carisma que el ya había fundado por estas tierras más industrializadas pero a la vez con las misma carencias con respecto a la situación laboral de la mujer. Quería que tomara contacto con las nuevas casas y con sus superioras. Es aquí donde recibe la noticia de que ha sido sustituida como superiora general de las Siervas de San José. El dolor y la humillación se pueden ver en su rostro y se extiende a la comunidad catalana, fue un acto de traición orquestado vilmente. De regreso a Salamanca, se incorpora obediente para no causar más fracturas, por espacio de seis meses observa como toda la obra cambia y ella misma es tratada con los mayores desprecios con el fin de verla marcharse de una vez. Por boca de una Sierva de San José sabemos que “le hicieron mil perrerías”. Pongámonos en situación, si ella calló y soporto todo esto es porque estaba segura de Dios: “¡Cuánto tenemos que aprender de Jesús, sobre todo contemplando en su pasión! ¡Qué ejemplos nos da! ¿Por qué al verlo a El tan callado y padeciendo no guardamos nosotras ese precioso silencio? Cuando el Evangelio refiere las calumnias de que acusaban al Señor, dice que Jesús callaba. Pues calló, Hermanas, para enseñarnos a todos a guardar silencio.” Estas personas con su obcecación y falta de visión le dieron la espalda a su proyecto (proyecto Dios) y no solo a ella sino también a las mujeres que confiaban en esta obra para dejar atrás siglos de menosprecios, marginación, anulación, condiciones laborales precarias etc.

Pintura de la Santa. Fuente: www.rafareina blogspot.com.

Pintura de la Santa. Fuente: www.rafareina blogspot.com.

Los talleres de Nazaret en Zamora
En el varano del año 1883, el obispo Narciso Martínez Izquierdo da la autorización conjunta con el obispo de Zamora para la apertura de una casa de las Siervas de San José en esta ciudad. El veinticinco de julio de este mismo año, Bonifacia emprende este viaje acompañada de su madre para llevar toda su ilusión, confianza y trabajo al nuevo Taller de Nazaret. Aquí se reencuentra con los orígenes de su fundación y como si empezara de cero empieza a tejer una nueva comunidad donde ella es la maestra de novicias y de talleres a la vez. Desde aquí intenta el acercamiento con sus hermanas de Salamanca, ya perdonadas por ella, pero a pesar de que no recibe respuesta no se desanima y persevera en ello, pensaba que cuando ella muriera llegaría la unión. Es sabedora de que esta obra no se entiende y asimila de buenas a primeras. Mientras que en Salamanca se están haciendo gestiones para borrar el carisma fundacional, en Zamora está renaciendo el proyecto común de los Talleres de Nazaret tal y como lo concibieron el Padre Butinyà y Bonifacia para el mundo del trabajo.

En 1889 logra otro de sus sueños, se trata del Colegio de Desamparadas de Zamora. Bonifacia, como todo lo que sale de ella, no enseña de una forma tradicional sino que enseña como una madre desde el cariño y el cuidado intenta que estas niñas huérfanas aprendan a desarrollarse como mujeres trabajadoras, responsables, independientes y autónomas, poniéndoles a su servicio todos los medios con los que ella dispone. Todas sus hijas coincidían en que la Madre quería para ellas que no estuviesen en desventaja por el hecho de ser mujeres. Durante este periodo murió su madre, sintió mucho su pérdida pero a la vez la tenia gran esperanza de que estuviera en un sitio privilegiado al lado de Jesús.

Icono con escenas de la vida de la fudadora de SSJ.

Icono con escenas de la vida de la fudadora de SSJ.

El día uno de julio de 1901 el Papa León XIII aprobó pontificiamente a las Siervas de San José, pero dejando excluida de la casa madre a la casa de Zamora por residir allí Bonifacia. Esto supuso para ella el mayor de los golpes y desconsuelos. Después de tan duro trato quiso conseguir autorización del obispo para ir hasta Salamanca y hablar con sus hermanas, pero no fue atendida, y por esa razón se personó ella misma en las puertas de la casa madre, al abrirle la puerta le dijeron “tenemos órdenes de no recibirla”. Así, sin más, volvió para Zamora donde, no dando detalles a sus hijas para no preocuparlas, solamente dijo: “No volveré a esta tierra donde me vio nacer, ni a la querida casa de Santa Teresa”.

Hasta aquí hemos visto como transcurrió la vida llena de rosas y espinas de Santa Bonifacia, una mujer adelantada a su tiempo que veló por el desarrollo de la mujer y que como hemos visto su obra no fue entendía ni comprendía en la sociedad ni entre las personas que le toco vivir. En el siguiente articulo veremos la parte final de su vida, que fue como el grano de trigo que muere entre la tierra para luego dar fruto.

David Garrido

preguntasantoral_anticopia_articulo20151216

Bibliografía:
– Agradecimiento a la hermana Adela de Cáceres. S.S.J, por su ayuda y aporte de material biográfico.
– HERNÁNDEZ ROJO, Socorro, SSJ, Biografía de la M. Bonifacia Rodríguez, fundadora de las Siervas de San José.
– ROJAS GONZÁLEZ, Ninoska, SSJ, Vida nueva con Él: Tierra de Encuentros.

Enlace consultado (07/12/2015):
– www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20031109_castro_sp.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Wilfrido, obispo de York y de Hexham

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Escultura del santo. Oratorio de San Wilfrido, Londres (Reino Unido).

Escultura del santo. Oratorio de San Wilfrido, Londres (Reino Unido).

Pregunta: Esto más que una pregunta es una petición, que es posible que ustedes no atiendan, aunque mantengo la esperanza. He encontrado este sitio buscando información sobre el santoral, sobre mi santo como dirán algunos, aunque sin éxito. He encontrado algo de información, escasa, pero viendo la calidad del trabajo de ese blog me agradaría mucho leer alguna investigación hecha por ustedes. En fin, al grano: Espero que por favor pudiesen realizar y publicar información sobre San Wilfrido, obispo de York, aunque según algunos hubo más de uno y no se si este será el único beatificado. Muchas gracias.

Respuesta: Pues con mucho gusto atendemos tu petición y para empezar te diremos que en realidad existen dos santos con ese nombre y ambos fueron obispos de la misma sede de York: uno es conocido como Wilfrido, obispo de York y de Hexham y el otro es Wilfrido el Joven, obispo de York. Diremos algo del segundo, pero sobre todo nos explayaremos con el primero.

San Wilfrido, obispo de York y de Hexham
Las dos principales fuentes hagiográficas para conocer la vida de San Wilfrido, son la “Vita Sancti Wilfrithi”, escrita en tono halagador por el monje Esteban de Ripon poco después de la muerte del santo y la inclusión que hace San Beda en su obra “Historia ecclesiastica gentis anglorum”. Existe asimismo otras tres fuentes: una obra llamada también “Vita Sancti Wilfrithi”, escrita por Frithegod – sacerdote y poeta del siglo X -, que es realmente un duplicado de la obra del monje Esteban, aunque añadiendo los avatares que sufrieron las reliquias del santo, una crónica anglosajona de los siglos VII-VIII y otra “Vita Sancti Wilfrithi”, escrita en el siglo XII por el monje Eadmer de Canterbury, que es un biógrafo contemporáneo de San Anselmo. Como podemos ver, existe información más que suficiente como para poder conocer ampliamente la vida y obra de este santo obispo, aunque nosotros aquí tengamos que hacer un artículo breve, no demasiado extenso, a fin de que sea fácil de leer.

Reino anglosajones en el siglo VII.

Reino anglosajones en el siglo VII.

Aunque, como explicaré más adelante, con frecuencia estuvo exiliado de su diócesis, San Wilfrido fue una de las figuras más preeminentes del cristianismo primitivo en el reino de Northumbria, estando entre sus logros la defensa y adopción de la Pascua romana durante el Sínodo celebrado en Whitby en el año 644, la introducción de la Regla de San Benito en territorio medieval inglés, la fundación de misiones inglesas en el continente europeo, la evangelización de Sussex, la fundación de varios monasterios, la construcción de grandes templos de piedra y la transcripción de diferentes documentos y libros litúrgicos. Asimismo, fue el primer inglés que apeló en varias ocasiones al Papa en contra de las decisiones de un rey y de un arzobispo local. Cierto es que fue “algo conflictivo” y que incluso se le achacó que la pobreza no era una de sus virtudes, pero por su intensa actividad evangelizadora, inmediatamente después de su muerte, fue venerado como santo.

San Wilfrido nació en Northumbria alrededor del año 634, siendo hijo de un noble de la Corte. Siendo adolescente, estuvo apoyado por la reina Santa Eanfleda quién dispuso que fuera educado por un monje en la isla de Lindisfarne, que era el centro de influencia irlandesa en la cristiana Northumbria. El monasterio existente en esa isla, fundado por San Aidán, había jugado un papel fundamental en la conversión de Northumbria al cristianismo. Allí Wilfrido permaneció unos años, pero no estando satisfecho con vivir de esa forma aislada, se marchó a la corte del rey Kentish, en Canterbury y posteriormente a Roma, donde fue instruido por el archidiácono Bonifacio. Una vez abandonada Roma, estuvo durante tres años en Lyón, bajo la tutela del obispo San Annemundo, quién quiso casarlo con una sobrina suya, aunque Wilfrido rechazó la mano de la muchacha, decidiendo recibir la tonsura eclesiástica. En este punto, es donde queda la duda acerca de si solo ingresó en el clero o si se hizo monje. En las Galias se familiarizó con la liturgia galicana, pero fue en Roma donde aprendió el método romano del cálculo de la fecha de la Pascua, donde estudió a fondo la liturgia romana y donde se aprovisionó de una importante colección de reliquias que se llevó a su diócesis.

San Wilfrido (derecha), San Cutberto (centro) y San Aidán (izquierda). Vidriera en Acomb, Northumberland (Gran Bretaña).

San Wilfrido (derecha), San Cutberto (centro) y San Aidán (izquierda). Vidriera en Acomb, Northumberland (Gran Bretaña).

A su retorno a Inglaterra, en el año 664, San Wilfrido se convirtió en el abad de Ripón, anulando las costumbres monásticas irlandesas e imponiendo las costumbres romanas y, probablemente, la Regla de San Benito. Siendo abad, fue ordenado sacerdote por San Agilberto, obispo de Dorchester, quién lo puso bajo su protección y quién posteriormente influyó para su ascenso al episcopado. Muy pronto fue reconocido en Northumbria como el líder de la facción romanófila, favorable a Roma. La Iglesia romana y la Iglesia celta utilizaban métodos diferentes para calcular la fecha de la Pascua, por lo que en Northumbria se seguía la tradición celta durante el reinado de Oswiu, aunque su esposa Santa Eanfleda y su hijo y parte de la Corte la celebraban según el ritual romano. Esto hacía que mientras unos observaban el ayuno cuaresmal, otros celebraban las fiestas de Pascua con un banquete. Esta controversia había que resolverla y fue por esto por lo que el rey convocó un Sínodo en la Abadía de Whitby a fin de llegar a un acuerdo. La preeminente participación de Wilfrido en este Sínodo, hizo que se llevara al reino de Northumbria y, posteriormente al resto de Inglaterra, los criterios seguidos por el resto de la Iglesia de Occidente entorno a la celebración de la Pascua. Ya por entonces, en el sur de Irlanda, habían abandonado sus antiguos principios en torno al cómputo pascual, (San Columbano, obispo de Lindisfarne, había renunciado de manera inmediata al ver que su causa era una causa perdida), aunque en parte del país la costumbre celta permaneció hasta el año 704, e incluso en la abadía de Iona, hasta el 716. Wilfrido se convirtió en el clérigo más prominente del reino y en consecuencia, un año después de concluido el Sínodo, fue nombrado obispo de York.

Como tenía sus dudas acerca de la validez episcopal que pudieran conferirle algunos obispos anglosajones, Wilfrido se negó a ser consagrado en Northumbria por la imposición de las manos de dichos obispos y viajó hasta Compiègne (las Galias) donde fue consagrado por doce obispos franceses. Pero cometió un gran error: el de permanecer demasiado tiempo fuera de York, por lo que a su retorno a Northumbria en el año 666, se encontró con que San Chad (Ceada), elegido por el rey Oswiu, había ocupado su sede episcopal. Los historiadores no se ponen de acuerdo para explicar las causas de esta demora, aunque algunos han teorizado diciendo que fue debido a una rebelión contra el rey Oswiu por parte de su hijo Alhfrith. Como Alhfrith había apoyado las tesis de San Wilfrido, el rey sospechaba que el nuevo obispo le devolvía el favor y por eso impuso a San Ceada como obispo de York. Pero como acabo de decir, esto es solo una teoría. Como se le denegó su sede episcopal, San Wilfrido se retiró a la Abadía de Ripón, donde permaneció por espacio de tres años. De vez en cuando se atrevía a ejercer funciones episcopales en Mercia y en Kent, pero nunca lo hizo al norte del río Humber.

Cripta del monasterio de Hexham donde San Wilfrido depositó las reliquias traídas desde Roma.

Cripta del monasterio de Hexham donde San Wilfrido depositó las reliquias traídas desde Roma.

En el año 668, San Teodoro de Tarso se convirtió en arzobispo de Canterbury y un año más tarde, en el 669, decidió deponer a San Ceada restituyendo a San Wilfrido la sede de York. Hay que decir también que la muerte del rey Oswiu en febrero del 670, hizo que las fricciones rebajasen de tono, ayudando a asegurar el regreso de San Wilfrido a su sede. Durante nueve años, Wilfrido llevó una ingente labor apostólica en su diócesis, realizando visitas pastorales por todos los confines y tribus de la misma, fundando monasterios bajo la Regla de San Benito, creando escuelas, reconstruyendo iglesias, realizando multitud de obras de beneficencia, corrigiendo los defectos del clero, confeccionando un catálogo de los bienes de la Iglesia, mejorando la liturgia e implantando la música en las celebraciones religiosas.

Pero junto a esto, también comenzaron a aflorar algunas fricciones entre el obispo y el rey. La implacable hostilidad que Egfrith, rey de Northumbria tuvo hacía él estuvo motivada en parte por los enormes poderes y vida ostentosa que llevaba San Wilfrido y también en parte, por el estímulo y decidido apoyo que el obispo le daba a la mujer del rey – Santa Eteldreda -, que quería abandonar la Corte para abrazar la vida religiosa. Eteldreda entró en el monasterio de Coldingham y en el año 672, fundó el monasterio de Ely. Pero la segunda mujer del rey – Ermenburga -, también se opuso a Wilfrido y como el rey no aceptaba las disposiciones del obispo, lo encarceló aunque más tarde lo puso en libertad a condición de que abandonase su reino.

En el año 678, el arzobispo Teodoro, aprovechándose de esta situación, a pesar de las objeciones de Wilfrido y sin su consentimiento, dividió la enorme diócesis de Northumbria en cuatro sedes: York, Hexham, Lindisfarne y Lindsey, poniendo al frente de ellas a obispos que no eran monjes y que apoyaban el criterio celta para establecer la fecha de la Pascua, aplicando una política tendente a no disponer de grandes sedes territoriales en Inglaterra. Wilfrido se marchó a Roma apelando al Papa San Agatón contra esta decisión tomada de manera autónoma por el arzobispo de Canterbury. El Papa convocó un Sínodo en el año 679, en el que se falló a favor de reponer a San Wilfrido en su sede, aunque manteniendo la conservación de las nuevas diócesis. Wilfrido no consiguió todo que quería, pero si se aseguró de que en el decreto papal se limitara a doce el número de diócesis en Inglaterra, se respetasen los derechos de sus monasterios de Ripon y Hexham, los cuales solo respondían ante él y ante el Papa, evitando cualquier interferencia por parte de los obispos diocesanos. Durante el viaje de regreso a su sede, se quedó un año predicando en Frisia, pero al llegar a Inglaterra en el año 680 y comparecer ante el consejo real, tuvo nuevos enfrentamientos con el rey, que se negaba a aceptar el decreto papal. Nuevamente fue encarcelado y desterrado. Fue entonces cuando Wilfrido se marchó a predicar entre los habitantes paganos de Sussex, donde fundó un monasterio en la isla de Selsey. Allí estuvo cinco años y en este tiempo, se reconcilió con San Teodoro de Cantérbury.

Tabla del Santo.

Tabla del Santo.

En el año 686, San Teodoro lo hizo retornar a Northumbria donde permaneció hasta el año 691. Allí, teniendo nuevos enfrentamientos con el rey Egfrith, decidió retirarse a Mercia, donde sustituyó al obispo de Lichfield y se involucró en los esfuerzos misioneros que San Willibrordo estaba llevando a cabo entre los frisones. Recordemos que San Willibrordo también era oriundo de Northumbria y había sido monje de Ripon. En el año 695 asistió en la abadía de Ely a la exhumación del cadáver de Santa Eteldreda, de quién había sido consejero espiritual y a la que, como dije anteriormente, ayudó en su deseo de convertirse en monja aun enfrentándose al rey. En esta ceremonia se descubrió que el cuerpo de la reina estaba incorrupto y con su elevación, fue declarada santa. Este episodio está bien descrito por San Beda.

En el año 703, un Sínodo inglés decretó su expulsión de la sede de York, pero Wilfrido apeló de nuevo a la Santa Sede, consiguiendo el apoyo del Papa San Sergio I, aunque recapacitando y a fin de mantener la paz en Northumbria, aceptó ceder la sede de York a San Juan de Beverly, ocupándose él exclusivamente de la diócesis de Hexham, donde construyó el templo más bello jamás construido hasta entonces fuera de Italia y reconstruyó su monasterio de Ripon. En estos dos lugares, construyó unas bellísimas criptas, parte de las cuales han permanecido hasta nuestros días.

Icono contemporáneo del Santo.

Icono contemporáneo del Santo.

San Wilfrido murió en Oundle en el año 709, con setenta y cinco años de edad, mientras visitaba sus monasterios en Mercia. Un año antes de su muerte había sufrido un accidente cerebrovascular, por lo que previendo que finalizaban sus días, hizo todo lo posible por poner en orden la disciplina y las posesiones de sus monasterios. Fue sepultado cerca del altar de la abadía de Ripon, colocándose un epitafio sobre su tumba. En un servicio litúrgico celebrado en Ripon un año después de su muerte y en el que asistieron todos los abades de sus monasterios, fue declarado santo. Como dije al principio, inmediatamente, el monje Esteban de Ripon escribió su “Vita”.

preguntasantoral_anticopia_articulo20151214

Aunque su festividad fue generalmente celebrada el 12 de octubre, también existe otra celebración el día 24 de abril, celebración que está relacionada con el hecho de que a finales del siglo X, el arzobispo San Odón de Canterbury transfirió las que creyó eran sus reliquias a la catedral de Canterbury. ¿Por qué digo: “a la que creyó eran sus reliquias”? Porque en el año 948 el rey Eadred destruyó la iglesia de la abadía de Ripon y fue después de esta destrucción cuando San Odón de Canterbury las buscó y trasladó. Parece que reconstruida la abadía de Ripón, San Osvaldo de Worcester, devolvió allí al menos parte de ellas.

San Wilfrido el Joven, obispo de York

Aunque sea brevemente, digamos algo sobre este otro obispo que lleva el mismo nombre y fue titular de la misma sede episcopal. Es también San Beda el Venerable el que nos dice que este San Wilfrido era uno de los cinco obispos educados en la Abadía de Whitby, bajo la dirección de la abadesa Santa Ida. Fue también el discípulo predilecto de San Juan de Berveley, que como he dicho anteriormente, fue arzobispo de York entre los años 705-718. San Juan lo hizo capellán y bajo su dirección, gobernó al clero catedralicio, aunque sin embargo, tenemos que decir que este nombramiento fue más oficioso que oficial. El mismo San Juan de Berveley lo eligió como su sucesor cuando él se retiró en el año 718.

Icono del Santo.

Icono del Santo.

Fue un obispo modélico, menos conflictivo que el Wilfrido anterior, muy caritativo con los pobres, muy celoso en la predicación, solícito en el mantenimiento de los edificios de culto y siguiendo el ejemplo de su predecesor, se retiró a la abadía de Ripon en el año 732. Allí llevó una tranquila vida monástica, muriendo en el año 745. Su fiesta se celebra el 29 de abril. Parece que sus reliquias también fueron transferidas por San Odón a Canterbury, aunque algunos autores mantienen que San Osvaldo se las llevó a Worcester, ya que este último obispo simultaneó el episcopado en las sedes de Worcester y de York.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Beda, “Historia ecclesiastica gentis anglorum”, editado por C. Plummer, Oxford, 1896
– Browne, G.F., “Theodore and Wilfrith”, Londres, 1897
– Campbell, A., “Frithegodii Breviloquium et Wulfstani Cantoris Translatio S. Swithuni”, Turín, 1950.
– Eddius Stephanus, “Life of Saint Wilfrid”, Cambridge, 1927.
– Duckett, E.S., “Santos y escuelas anglosajones”, Nueva York, 1947
– Farmer, H., “Bibliotheca sanctorum, tomo XII”, Città Nuova Editrice. Roma, 1990.

Enlace consultado (04/12/2015):
– https://en.wikipedia.org/wiki/Wilfrid

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santos Ruperto y Virgilio, obispos de Salzburgo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Pedro rodeado por los Santos Virgilio y Ruperto. Iluminación del Antifonario procedente del monasterio de San Pedro, Salzburgo, Alemania.

San Pedro rodeado por los Santos Virgilio y Ruperto. Iluminación del Antifonario procedente del monasterio de San Pedro, Salzburgo, Alemania.

Noricum y Pannonia eran dos provincias del bajo Danubio que estaban bajo la jurisdicción romana del norte de los Alpes y que fueron fuertes bastiones de la fe en Cristo, pero que sufrieron muchísimo durante la caída del Imperio Romano de Occidente y la invasión de los bárbaros, por lo cual, la fe cristiana llegó a desaparecer casi por completo en algunas de sus regiones. Los cristianos fueron perseguidos por las tribus germánicas paganas y, a veces, llegaron a mezclar la propia fe con algunas prácticas paganas. Pero desde el comienzo del siglo VI, algunos monjes irlandeses y obispos franceses comenzaron a predicar a Cristo entre estas tribus germánicas, aunque su misión, en la inmensa mayoría de las veces, no tuvo un efecto duradero. Por lo tanto, estas tierras de la Europa Central eran en su mayoría paganas cuando los santos Ruperto y Virgilio comenzaron su actividad misionera.

San Ruperto de Salzburgo, Apóstol de Baviera y de Austria (+27 de Marzo del 718)
San Ruperto, conocido también como Hrodberto, Ruprechto o Rudperto, nació alrededor del año 660 en el seno de una familia noble franco o irlandesa. Recibió una sólida educación cristiana y estaba lleno de sabiduría y de piedad. A una edad apropiada Ruperto fue ordenado de diácono y sacerdote y luego se convirtió en obispo de Worms, una ciudad cercana al río Rin. Una de sus primeras “Vitas”, escrita probablemente por San Virgilio, nos dice que “Era suave y casto, simple y sobrio, fiel en la alabanza a Dios y lleno del Espíritu Santo. Tenía un gran discernimiento espiritual y con sus buenas acciones guiaba el rebaño a imagen de Cristo, no solo con sus palabras, sino también con sus hechos. A menudo, pasaba el tiempo en vigilia, utilizaba el ayuno para debilitar su cuerpo y decoraba sus obras con la limosna. Todo lo que tenía lo dio a los pobres para que nadie se fuese con hambre, porque pensaba que su deber era vestir al desnudo y ayudar a los necesitados”. Este comportamiento de Ruperto lo hizo muy pronto famoso entre los pueblos germánicos.

San Ruperto bautiza a Theodo.

San Ruperto bautiza a Theodo.

El duque Theodo II de Baviera también se enteró de la sabiduría y maravillas de Ruperto, por lo que quiso conocer a este hombre de Dios. Aunque aun era pagano, Theodo tenía una hermana cristiana que lo hizo familiarizarse con los valores de esta fe. Por lo tanto, el duque envió mensajeros a Worms, pidiendo a Ruperto que se trasladara a Baviera. En el año 697, Ruperto llegó en la antigua ciudad romana de Ratisbona (la actual Regensburg), capital de Baviera. Theodo saludó al santo obispo con gran honor y alegría y escuchó con interés las palabras de Ruperto sobre el destino cristiano, por lo que poco después, recibió el bautismo. Posteriormente, siguiendo la costumbre germánica de seguir la fe de la persona de mayor rango, junto a él fueron bautizadas muchas personas de todas las clases sociales. Sin embargo, Ruperto no estaba contento con esta situación, debido a que la mayor parte del país seguía siendo pagana, por lo que decidió predicar en todas las áreas circundantes. Llevó consigo a varios compañeros y descendiendo por el Danubio, alcanzó la llanura de la Panonia inferior. Su “Vita” dice: “A través de sus santas palabras, sus corazones oscuros se iluminaron y las almas que estaban sin bautizar sentían la sed de la fuente de la vida”.

En sus viajes, Ruperto no derribaba los templos paganos, sino que los convirtía en iglesias, por lo que la población pagana recibió la fe de Cristo. Ruperto permaneció durante más tiempo en Lorch, una ciudad en el río Enns y en lugar de ir a misionar, esta vez vinieron muchos a buscarlo, porque se había hecho famoso como hacedor de milagros, sobre todo como exorcista.

Pero Ruperto, a pesar de su actividad misionera, amaba la tranquilidad y la soledad, por lo que no asentó la sede episcopal en Lorch ni en Ratisbona. Durante sus viajes, se encontró con una antigua ciudad romana que estaba en ruinas, llamada Juvavium, situada en las montañas en una zona tranquila y de gran belleza, y allí, con el permiso de Theodo construyó sobre dichas ruinas un monasterio dedicado a San Pedro, en el que colocó el asiento episcopal. Más tarde, este monasterio se convirtió en un centro de espiritualidad y educación de Europa Central. Debido a que la sal era muy abundante en las montañas de los alrededores, Ruperto rebautizado a Juvavium poniéndole el nombre de Salzburgo (ciudad de la sal). Muchas mujeres lo visitaron y se convirtieron en sus discípulas, por lo que el santo construyó un nuevo monasterio, cerca del monasterio de San Pedro, al que llamó Nonnberg (colina de las monjas), que dedicó a la Santísima Virgen. Su hermana Erentrudes, una mujer santa que antes había vivido en Worms, fue su primera abadesa.

San Ruperto con el vaso de sal y San Virgilio con la maqueta de la catedral. Catedral de Salzburgo, entrada. Alemania.

San Ruperto con el vaso de sal y San Virgilio con la maqueta de la catedral. Catedral de Salzburgo, entrada. Alemania.

Desde su monasterio en Salzburgo, Ruperto lideró todo el trabajo misionero. Buscando ayuda, regresó a Baviera y trajo a doce predicadores, entre los que también estaba San Virgilio, irlandés de Leinster, que fue el sucesor de Ruperto en la sede episcopal. Los misioneros asumieron también la labor de establecer nuevos monasterios, desde donde se impulsaba la misión evangelizadora. Otros monasterios fundados por San Ruperto son el de Waller Lake, también dedicado a San Pedro, otro en Maxglan, Pongau, fundado después de tener una visión celestial y en Altötting, dedicado a la Virgen María y que es el más famoso lugar de peregrinación de Alemania.

Sintiendo que su final se acercaba, en la primavera de del año 717, San Ruperto se retiró a su monasterio en Salzburgo para pasar allí la Gran Cuaresma. Realizó los servicios del día de Pascua y en ellos predicó su último sermón. Entonces, tranquila y pacíficamente, se inclinó ante todos los fieles y después de disculparse por los errores que pudiera haber cometido durante su vida, entregó su alma a Dios. Era el 27 de marzo del año 717: «Todo el pueblo de Noricum lloró al apóstol de su pueblo”. Después de su muerte, el santo fue sepultado en el monasterio de San Pedro en Salzburgo.

San Virgilio (+27 de Noviembre del 784)
El sucesor de San Ruperto en la misión evangelizadora de Baviera y Austria fue su discípulo, San Virgilio, conocido como uno de los más grandes eruditos de la Edad Media. Su nombre original era Fergal o Feirgil, por ser de origen irlandés, habiendo nacido en el seno de una familia aristócrata. La tradición dice que nació alrededor del año 700 y que tuvo su origen en la familia real Loegaire. Como San Kilian de Würzburg, creció espiritual y culturalmente en la Abadía irlandesa de Iona. Como se menciona en dos antiguas crónicas irlandesas, “Anales de Ulster” y “Anales de los Cuatro Maestros”, habría sido abad del monasterio Aghaboe en el condado de Laois, donde recibió el apodo de «el geómetra» por sus conocimientos de matemáticas y de geografía. Desde allí, marchó con dos compañeros a Alemania, con el fin de predicar la fe cristiana y después de una interrupción de dos años en la corte del rey francés Pipino el Breve, en el año 743 fue enviado junto a Odilón – hermano de Pipino -, que estaba en Baviera. Finalmente, San Ruperto lo reclutó para sus misiones, por lo que se instaló en el monasterio de San Pedro en Salzburgo, llegando a ser su abad en el año 746.

Tumba de San Ruperto. Iglesia del monasterio de San Pedro, Salzburgo (Alemania).

Tumba de San Ruperto. Iglesia del monasterio de San Pedro, Salzburgo (Alemania).

Parece que en este período de tiempo llegó a tener un conflicto con el obispo San Bonifacio de Fulda, en una cuestión relativa a la validez del Bautismo, que se impartía bajo una fórmula equivocada, es decir: “Baptizo te in nomine patria et filia et spiritu sancto», y en asuntos concernientes a algunas cuestiones científicas de su tiempo. Como hombre estudioso defendía que la tierra es esférica, lo mismo que antes defendieron San Isidoro de Sevilla y San Beda el Venerable. Esta teoría llamada «de los antípodas», defendía que había gente que vivía también en el otro hemisferio, cosa que igualmente fue impugnada novecientos años más tarde, en la época de Galileo Galilei. San Bonifacio abordó ambas cuestiones con el Papa Zacarías (741-752), quien respondió que debía convocarse un sínodo para determinar si Virgilio admitía “la existencia de otro mundo más allá de esta tierra, de otro sol y otra luna”. Si fuese hallado culpable, el abad de Salzburgo habría de ser excomulgado. El tratado, donde Virgilio expuso sus teorías no se ha conservado, pero se sabe que se demostró su inocencia, demostrándose que era sólo un malentendido, que sus afirmaciones no iban contra el dogma, por lo cual fue perdonado.

Poco después, Virgilio fue consagrado como obispo de la ciudad de Salzburgo, es decir, el 15 de julio de 749, lo que indica que no hubo sospechas acerca de sus enseñanzas. Como obispo, San Virgilio fundó una universidad liderada por doce sacerdotes y trató de organizar la Iglesia en su región conforme a la tradición irlandesa, según la cual todos los monasterios, iglesias y obispados fundados por misioneros de Salzburgo quedarían subordinados a la diócesis-madre. En el año 755, San Virgilio, a petición de Boruth, líder eslavo, envió a su discípulo San Modesto como misionero para organizar la Iglesia más allá de los Alpes. San Modesto fue consagrado como “Chorepiskopos” en María Saal, cerca de Klagenfurt, desde donde llevó a cabo una importante misión de evangelización entre los habitantes de la región.

Inscripción en la tumba de San Virgilio. Catedral de Salzburgo, Alemania.

Inscripción en la tumba de San Virgilio. Catedral de Salzburgo, Alemania.

San Virgilio ordenó la construcción de la catedral de Salzburgo, en el lugar ocupado por el antiguo monasterio de San Pedro y en la consagración de la misma, puso en la cripta las reliquias de su predecesor, San Ruperto y de otros dos santos misioneros locales: San Gislario y San Cunialdo. Esto sucedió el 24 de septiembre del 774, fecha que es hasta el día de hoy la fiesta conjunta de San Ruperto y San Virgilio.

Durante el episcopado de Virgilio floreció en Salzburgo la arquitectura y el arte. Él mismo era un hombre muy culto ya que tenía un amplio conocimiento tanto de teología y filosofía, como de historia, astronomía y matemáticas. Ya he comentado anteriormente como, en base a estos conocimientos, era conocido como “el geómetra». Entre sus obras escritas que nos han llegado, están la obra apologética “Libellus Virgilii”, algunas anotaciones personales y tal vez, la biografía original de San Ruperto (Vita Ruperti). San Virgilio murió el 27 de noviembre del año 784, siendo sepultado en la cripta de la catedral de Salzburgo.

Reliquia de San Virgilio en Wolfsberg, Alemania,

Reliquia de San Virgilio en Wolfsberg, Alemania,

Veneración
Parece que la canonización de San Ruperto sucedió durante la fiesta de la consagración de la catedral de Salzburgo, el 24 de septiembre del 774, cuando Virgilio dispuso el traslado de las reliquias de su predecesor a la cripta de la catedral. En contraste, la tumba de Virgilio fue olvidada durante un tiempo, hasta que fue renovada en el 1181, junto con todo el complejo de la iglesia. San Virgilio fue canonizado por el Papa Gregorio IX en el año 1233. Ambos obispos de Salzburgo se celebran en los países de habla alemana, el 24 de noviembre, el día de la inauguración de la catedral de Salzburgo y el traslado de las reliquias de San Ruperto a la nueva cripta. San Ruperto se suele representar con un recipiente de sal en la mano, que es una alusión al nombramiento de Salzburgo, o de “sazonar” las cosas, lo que significa transformar algo malo en bueno, como hizo profeta Eliseo con las aguas de Jericó, mediante salazón sus fuentes. San Virgilio se suele representar con una maqueta de la catedral de Salzburgo en sus brazos.

Mitrut Popoiu

preguntasantoral_anticopia_articulo20151212

Bibliografía:
– Hierodeacon Grigorie Benea, Sfântul Rupert din Salzburg, apostolul Bavariei și Austriei, in: Scrisoare Duhovnicească nr. 1(118), Nurnberg, january 2007, pp. 3-4
– Angelo Maria Raggi, Ruperto, Vol. 11, Roma, 1968, 506-508.
– Niccola del Re, Virgilio, in: Bibliotheca Sanctorum, Vol. 12, Roma, 1969, 1206-1208
– Ulrich Schmid, «St. Rupert.» The Catholic Encyclopedia Vol. 13, New York: Robert Appleton Company, 1912, 26 Nov. 2015.

Enlaces consultados (26/11/2015):
– www.newadvent.org/cathen/13229a.htm
– www.heiligenlexikon.de/BiographienR/Rupert_von_Salzburg.htm
– www.heiligenlexikon.de/BiographienV/Virgilius_von_Salzburg.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es