Los santos y el oso (IV)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Mosaico paleocristiano de San Urso de Rávena. Basílica de San Apolinar in Classe, Rávena (Italia).

Mosaico paleocristiano de San Urso de Rávena. Basílica de San Apolinar in Classe, Rávena (Italia).

Santos de nombre Urso («oso»)

San Urso de Rávena
San Urso, obispo de Classe, transfirió definitivamente la sede episcopal a Rávena en torno al año 402, cuando el emperador Honorio, por razones de seguridad estratégica, puso en aquella ciudad la capital del Imperio en Occidente. En el elenco episcopal de la Iglesia de Rávena el nombre de Urso precede inmediatamente al de San Pedro Crisólogo, luego asumiendo la exactitud de esa fuente, el episcopado de Urso debe conocarse a inicios del siglo V. Urso edificó en Rávena la “ecclesia catholica”, es decir, la catedral, llamándose posteriormente esta en su honor como basílica Ursiana, dedicándola a la Anástasis de Nuestro Señor en el día de Pascua. Según Agnello, Urso murió después de veintiséis años de episcopado, el día 13 de abril de un año en torno al 425. Su memoria era celebrada en Rávena el día de Pascua, aniversario de la dedicación de la basílica Ursiana. Una tradición dice que Urso era de origen siciliano, factor que explicaría la difusión del culto en Rávena a los santos sicilianos desde el siglo V.

San Urso, mártir tebano
Los santos Urso (Orso) y Víctor son tenidos por las fuentes más antiguas como los únicos soldados de la Legión Tebana escapados de la masacre de Agaunum (la actual Saint-Maurice en Suiza) y como tales son recordados también en el nuevo Martirologio Romano el día 30 de septiembre. Llegados a la vecina localidad suiza de Soleure, fueron alcanzados y decapitados por odio a la fe junto con otros sesenta y seis compañeros, como así es indicado por algunas fuentes.

San Urso de Auxerre
El Martirologio Romano recuerda el 30 de julio en Auxerre, en las Galias lugdunenses (Francia), a San Urso obispo. Ese mismo día vienen también recordados otros ocho santos con el mismo nombre.

Estampa devocional italiana de San Urso de Aosta.

Estampa devocional italiana de San Urso de Aosta.

San Urso, abad
El día 27 de julio, el Martirologio Romano recuerda en Loches, junto al río Indre en el territorio de Tours, en Francia, a San Urso abad, padre de innumerables cenobitas, célebre por su extraordinario espíritu de abstinencia y por otras virtudes.

San Urso de Aosta
Las informaciones fragmentarias que tenemos de San Urso de Aosta no permiten datar con precisión su vida (entre los siglos V al VIII), pero sin embargo sí que es seguro que murió un 1 de febrero. Según las fuentes, era sacerdote y custodio de la Iglesia-cementerio de San Pedro. Este tipo de iglesias eran unos lugares solitarios y el custodio era una suerte de eremita a la que la gente se dirigía buscando dirección espiritual. El culto a San Urso está extendido en todo el noroccidente de Italia, es invocado contra las inundaciones y enfermedades de los animales. La milenaria fiesta de San Urso se celebra en Aosta la vigilia de su conmemoración.

Beato Urso de Narni
En la Abadía de San Casiano de Narni, durante los trabajos de restauración, fueron encontradas dos inscripciones en mármol que ilustraban la historia de la abadía y de la ciudad. Una de las dos inscripciones une el nombre de Crescencio de Teodorada al del beato Urso y la segunda cuenta el descubrimiento de su cuerpo acaecido el día 5 de abril del año 1100. El beato Urso es probablemente el fundador o primer abad de San Casiano.

San Urso de Troyes
Predecesor de San Lupo, séptimo obispo de Troyes, fue nombrado obispo en el año 426. No se conoce ninguna otra noticia de este santo obispo, recordado en los antiguos martirologios el día 25 de julio.

Lienzo barroco de San Urso de Fano, obispo.

Lienzo barroco de San Urso de Fano, obispo.

San Urso de Fano
Se dice que en el año 1113, durante los trabajos de reconstrucción de la catedral de Fano, que había sido destruida por un incendio dos años antes, se encontraron las reliquias de los Santos Fortunato, Eusebio y Urso, que habían sido obispos de Fano y de cuyas tumbas se habían perdido todo rastro. Urso sucedió al obispo San Fortunato en el año 620, habiendo sido llamado por el clero de la ciudad debido a la fama que había adquirido como ermitaño que predicaba el Evangelio. El obispo trabajó bastante para elevar el nivel del pueblo, desvastado por las miserias de la guerra y murió, según algunos, alrededor del año 625, mientras que otros defienden que fue en el 639.

Cuenta una leyenda que en el día de la festividad del santo, un campesino estaba arando con sus bueyes en el campo. Un viandante, viéndolo trabajar en día de fiesta, lo reprendió recordándole que era la festividad de San Urso. Este le respondió que si el santo era un oso («orso» en italiano), él era un perro, y continuó arando. De improviso, delante de los bueyes se abrió un agujero que se tragó al blasfemo, al arado y a los animales. La “Bibliotheca sanctorum” dice que en Fano, la calle dedicada al santo obispo es denominada ahora “Fossa di Sant’Orso”.

Beato Urso Badoer
Fue Dux de Venecia en el año 910 sucediendo a Pedro Tribuno. Fue un hombre que buscó la paz en sus contactos de la República Veneciana con las otras potencias marítimas del Mediterraneo. Después de veinte años de haber sido elegido Dux, renunció a este cargo para retirarse al monasterio de los santos Félix y Fortunado en Ammina. El título de beato se le dio por primera vez en el año 1593, fijándose su conmemoración litúrgica el día 24 de noviembre. Del beato tenemos una pintura en el Palacio ducal, obra de Domenico Tintoretto. Un segundo cuadro se encuentra en la iglesia de la Madonna dell’Orto y una estatua en la basílica de la Salud, obra de Cavrioli (1670).

Relieve escultórico de San Urso en la catedral de Nápoles, Italia.

Relieve escultórico de San Urso en la catedral de Nápoles, Italia.

San Urso de Nápoles
Sobre este santo obispo de Nápoles tenemos muy poca información. En un documento fechado en el año 1446, se hace referencia a un fresco del siglo V encontrado en la iglesia de San Efebo, que representa la deposición del obispo Urso, después de haberse descubierto su sepultura y sus reliquias. Algunas fuentes dicen que fue el sucesor de San Severo, entre el 409-410. En la catedral napolitana hay un medio busto de este santo obispo.

San Ursio (Urso) caballero
Ursio nació en el seno de una noble familia franca. Mientras aún era un bebé de pañales, un adivino predijo a su madre que iba a matar a su padre. Siendo muy joven fue enviado a la corte de Carlomagno a fin de ser educado en las artes de la caballería. Durante este período, Urso demostró tal valor, que fue elevado al rango de ser uno de los doce condes palaciegos de Carlomagno. El único sufrimiento que Urso tenía era que cada vez que regresaba a su casa, se encontraba a su madre llorando al recordar la profecía del adivino. En una ocasión, preguntándole por la razón de dicho llanto, tuvo conocimiento de que su destino lo convertiría en parricida. Entonces, para evitar que la profecía se cumpliese, junto con un compañero llamado Cliento, decidió abandonar Francia. Llegó a Dalmacia y se enfrentó al ejército del rey pagano logrando ganarles, lo que le atrajo la atención de la hija del rey, impresionada por tanto valor y por tanta fe. El rey, a petición de su hija, invitó a Urso y a Cliento, los cuales le demostraron la fuerza de su religión y de su valor como caballeros hasta tal punto que el rey de Dalmacia decidió convertirse al cristianismo junto con su pueblo, concediéndole al mismo tiempo la mano de su hija para que contrajesen matrimonio. A la muerte del rey, se convirtió en el nuevo rey de Dalmacia.

El padre del rey Urso, a pesar de ser consciente de la profecía, teniendo conocimiento de lo ocurrido a su hijo fue a verlo a Dalmacia. Llegado allí fue acogido por su nuera mientras el rey estaba de cacería, siendo invitado a descansar junto a ella y a su hijo. Un camarero de Urso, en el cual se dice que habitaba el mismísimo diablo, dijo a Urso que mientras él estaba de caza, un hombre estaba acostado con su esposa. Urso se precipitó a la habitación y viendo a su esposa acostada con otro hombre, se enfureció y mató a su padre, su hijo y su mujer.

Fresco de San Ursio en la iglesia de San Dionisio de Santorso, Italia.

Fresco de San Ursio en la iglesia de San Dionisio de Santorso, Italia.

Al darse cuenta de lo que había hecho, se arrepintió inmediatamente de lo acontecido y decidió ir a Roma para solicitarle al Papa Adriano I expiar su pecado. El pontífice impuso a Urso que, vestido de peregrino, con la cabeza gacha y sin preguntar a nadie donde estaba, fuera a visitar la iglesia de Santa María en el Monte Summano. Urso salió a hacer su peregrinación penitencial sin hablar absolutamente con nadie: visitó Jerusalén y Santiago de Compostela y el 3 de mayo, después de estar peregrinando durante doce años, llegó al Monte Summano. En las cercanías del monte escuchó a unos pastores que decían: “Rápido, vayámonos con nuestros rebaños a casa porque tendremos que ordeñarlas y sobre el monte Summa hay una gran niebla y, como es costumbre, lloverá”.

Entonces se dio cuenta de que había llegado al final de su viaje penitencial. Se encaminó hacia el castillo del lugar llamado Salzena. En el camino encontró a una sirvienta de nombre Oralda a la que le pidió agua, pero no obteniendo respuesta, murió. En ese momento, las campanas comenzaron a sonar por si solas y la gente del lugar, al acudir, se encontraron al peregrino con el bastón en floración, signo de su santidad, por lo que le erigieron una iglesia. Llegando la noticia al emperador Carlomagno, fue a Sant’Orso a fin de recoger el cuerpo del santo caballero, pero no pudiendo moverlo de aquel lugar, se marchó a Francia sólo con el brazo y con el bastón florecido. La fiesta de San Urso se celebra el día 3 de mayo.

En Vejano (Viterbo) se cuenta esta historia: un mendicante que pasaba por el santuario de San Urso intentó robar el anillo del dedo del santo y al hacerlo, se desgarró el brazo, que se llevó consigo en su peregrinación. Habiendo llegado a Vejano, en una localidad llamada Sant’Urso, intentó descansar, pero donde quiera que se movía, estaba lloviendo. Entonces, trató de dejar el brazo y se dió cuenta de que llovía justamente donde estaba el brazo. Teniendo conocimiento de este hecho los habitantes de aquel lugar, decidieron construir una iglesia, obviamente con el nombre del santo, a fin de custodiar el brazo. Este brazo fue robado, pero se ha construido un relicario que en su interior conserva un hueso pequeño del brazo anterior. Las dos poblaciones: Vejano (Viterbo) y Sant’Urso (Vicenza) veneran a San Ursio (Urso) como su patrono.

San Urso, niño mártir de las catacumbas. Basílica de San Alfonso de Ligorio, Pagani (Italia).

San Urso, niño mártir de las catacumbas. Basílica de San Alfonso de Ligorio, Pagani (Italia).

San Urso, mártir romano
Se trata de un mártir de las catacumbas, o sea, “un cuerpo santo”. San Urso es un niño venerado en el Santuario de San Alfonso María de Ligorio en Pagani (Salerno).

Un segundo san Urso, con Quirino y Valerio, es venerado en la iglesia de San Salvatore in Lauro en Roma.

Un tercer San Urso, proveniente de las catacumbas de Priscila, está en la Basilica de San Paolo Maggiore en Bologna.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II-III appendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Librería Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Grenci Damiano Marco – Archivo privado iconográfico y hagiográfico: 1977 – 2014
* Musolino, Niero e Tramontin – Santi e Beati veneziani – Ed. Studium Cattolico Veneziano, 1963
* Pisani Paolo – Santi, Beati e Venerabili nella provincia di Grosseto – Edizioni Cantagalli
* Sartori Enio – Alla soglia dell’alba. Il Summano e la leggenda di Sant’Orso tra mito e storia – Ed. Signumpadova, 2000
* Sito comune.vejano.vt.it
* Sito imagessaintes.canalblog.com
* Sito scuole.provincia.terni.it
* Sito terredellupo.it
* Sito treccani.it
* Sito wikipedia.org

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Los santos y el oso (I)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Corbiniano atravesando los Alpes camino de Roma. Jan Polack, tabla del año 1489.

San Corbiniano atravesando los Alpes camino de Roma. Jan Polack, tabla del año 1489.

Premisa
Añadió David: “El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, me librará de las manos de este filisteo”. Saúl dijo a David: “Bueno, ve y el Señor esté con vosotros” (1 Samuel, 17, 37).

“Entonces, aquí está una segunda bestia, semejante a un oso, la cual estaba levantada por un lado y tenía tres costillas en la boca, entre los dientes, y dijo: levántate y devora mucha carne”. (Deuteronomio, 7, 5).

“Como cuando uno huye de un león y de un oso; como cuando uno entra a la casa, poniendo su mano en la pared y lo muerde una culebra” (Amós, 5, 19).

“La bestia que vi era similar a una pantera, con las patas similares a las de un oso y la boca como la de un león. El dragón le dio su fuerza, su trono y su inmenso poder” (Apocalipsis, 13, 2).

He aquí cuatro versículos del Antiguo y del Nuevo Testamentos en los que está presente el oso, animal fuerte y feroz. Ciertamente, el oso es así en realidad, no es como en la fantasía infantil el osito de peluche o el dulce Winnie. E incluso el bello protagonista de la película “Koda fratello orso”. Aún así, el oso es un animal presente en la iconografía y en la onomástica de la santidad católica y ortodoxa.

Pintura decimonónica de San Corbiniano con el oso.

Pintura decimonónica de San Corbiniano con el oso.

La santidad y el oso

San Corbiniano de Freising
Una tradición antigua cuenta cómo el primer obispo de Frisinga (la actual Freising), Corbiniano – nacido alrededor del 680 en Chátres (hoy Arpajon) y muerto el 8 de septiembre del 730 -, se puso en viaje para ir a Roma montado en un caballo y, mientras atravesaba un bosque, fue asaltado por un oso, que espantó al caballo. Él no sólo logró domar al oso, sino que consiguió que cargase con su equipaje y lo acompañase hasta Roma. Es por eso por lo que en el emblema de Freising – y en el escudo del emblema pontificio de Benedicto XVI -, aparece un oso marrón que lleva un fardo sobre sus espaldas. La interpretación fácil de esta simbología quiere ver, en el oso domesticado por la gracia de Dios, al mismo obispo de Freising, y suele ver en el fardo, la carga del peso del episcopado.

VIAJE APOSTOLICO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
A MÜNCHEN, ALTÖTTING Y REGENSBURG
(9-14 SEPTIEMBRE 2006)

Marienplatz, München
Sábado, 9 septiembre del 2006

Señora Canciller y Señor Ministro Presidente,
Queridos señores cardenales,
Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
Ilustres señores, queridos hermanos y hermanas.

Para mí es motivo de particular emoción encontrarme de nuevo en esta bellísima plaza a los pies de la Mariensäule, lugar que, como se ha dicho, en otras dos ocasiones ya ha sido testigo de cambios decisivos en mi vida. Aquí, como se ha mencionado, hace treinta años los fieles me acogieron con gran cordialidad y yo puse en manos de la Virgen el camino que debía recorrer, pues el paso de la cátedra universitaria al servicio de arzobispo de Munich y Freising era un salto enorme, y sólo con esa protección y con el amor perceptible de los habitantes de Munich y de Baviera podía atreverme a asumir ese ministerio sucediendo al cardenal Döpfner. Después, en 1982, de nuevo me despedí aquí, estuvo presente en esa ocasión el arzobispo de la Congregación para la doctrina de la fe, Hamer, que después sería cardenal, y dijo: «Los habitantes de Munich son como los napolitanos, quieren tocar al arzobispo y lo aman». Le sorprendió ver aquí, en Munich, tanta cordialidad; pudo conocer el corazón bávaro en este lugar, en el que yo, una vez más, me encomendé a la Virgen.

Grabado alemán de San Corbiniano.

Grabado alemán de San Corbiniano.

Le agradezco, ilustre y querido señor ministro presidente, las cordiales palabras de bienvenida que me ha dirigido en nombre del Gobierno y del pueblo bávaro. También doy gracias de todo corazón al señor cardenal Friedrich Wetter, mi querido sucesor como pastor de la archidiócesis de Munich y Freising, por las afectuosas palabras con las que me ha saludado. Saludo a la señora cancillera, doctora Angela Merkel, y a todas las personalidades políticas, civiles y militares que han querido participar en este encuentro de bienvenida y oración. Deseo dirigir un saludo particular a los sacerdotes, en especial a aquellos con los que, como sacerdote y como obispo, pude colaborar en mi diócesis de origen, Munich y Freising. Y quiero saludaros con gran cordialidad y gratitud a todos vosotros, queridos compatriotas reunidos en esta plaza. Os agradezco vuestra cordial acogida bávara y, como ya hice en el aeropuerto, doy las gracias a todos los que han colaborado en la preparación de la visita y que ahora se esmeran para que todo se desarrolle tan bien.

Permitidme evocar en esta ocasión un pensamiento que, en mis breves memorias, desarrollé en el contexto de mi nombramiento como arzobispo de Munich y Freising. Tenía que llegar a ser sucesor de san Corbiniano y así fue. Desde mi infancia me ha fascinado su leyenda, según la cual un oso habría despedazado al caballo del santo durante su viaje por los Alpes. Corbiniano lo reprendió duramente y, como castigo, lo cargó con todo su equipaje para que lo llevase hasta Roma. Así, el oso, cargado con el fardo del santo, tuvo que caminar hasta Roma y sólo allí Corbiniano lo dejó en libertad.

Cuando, en 1977, me encontré ante la difícil opción de aceptar o rechazar el nombramiento de arzobispo de Munich y Freising, que me sacaría de mi acostumbrada actividad universitaria llevándome hacia nuevas tareas y nuevas responsabilidades, reflexioné mucho. Entonces me acordé de este oso y de la interpretación de los versículos 22 y 23 del salmo 73 que desarrolló san Agustín, en una situación muy parecida a la mía, en el contexto de su ordenación sacerdotal y episcopal, y que después expresaría en sus sermones sobre los Salmos. En este salmo, el salmista se pregunta por qué con frecuencia les va bien a los impíos de este mundo y por qué, en cambio, les va tan mal a muchas personas buenas. Entonces, el salmista dice: era un tonto cuando pensaba así; estaba ante ti como un asno, pero después entré en el santuario y comprendí que precisamente en mis dificultades estaba muy cerca de ti y que tú estabas siempre conmigo. San Agustín, con amor, retomó con frecuencia este Salmo y, viendo en la expresión «estaba ante ti como un asno» (iumentum en latín) una referencia al animal de tiro que entonces se utilizaba en el norte de África para arar la tierra, se reconoció a sí mismo en este «iumentum«, como animal de tiro de Dios, se vio como alguien que está bajo el peso de su cargo, la «sarcina episcopalis«. Había escogido la vida del hombre dedicado al estudio y, como dice después, Dios lo había llamado a ser un «animal de tiro», un buen buey que tira del arado en el campo de Dios, que realiza el trabajo duro que se le encomienda. Pero luego reconoce: del mismo modo que el animal de tiro está muy cerca del campesino, al trabajar bajo su guía, así también yo estoy muy cerca de Dios, pues de este modo le sirvo directamente para la edificación de su reino, para la construcción de la Iglesia.

San Romedio y el oso. Santuario de San Romedio en Coredo (Italia).

San Romedio y el oso. Santuario de San Romedio en Coredo (Italia).

Con el telón de fondo de este pensamiento del obispo de Hipona, el oso de san Corbiniano me sigue estimulando siempre a realizar mi servicio con alegría y confianza — hace treinta años y también ahora en mi nuevo encargo—, pronunciando día tras día mi «sí» a Dios: Me he convertido para ti como en un animal de tiro, pero así «yo estoy siempre contigo» (Sal 73, 23). El oso de san Corbiniano, en Roma, quedó en libertad. En mi caso, el «Amo» ha dispuesto de otro modo. Por tanto, me encuentro de nuevo al pie de la Mariensäule para implorar la intercesión y la bendición de la Madre de Dios, no sólo para la ciudad de Munich y para la amada Baviera, sino para la Iglesia universal y para todos los hombres de buena voluntad.

San Romedio de Thaur
Estamos en los siglos III-IV. Romedio, rico y poderoso señor tirolés, fue capaz de abandonar sus tierras, sus minas de sal y su bello castillo de Thaur, cercano a Innsbruck, para retirarse como ermitaño a las montañas del Trentino. Romedio había demostrado en repetidas ocasiones su capacidad para hacer milagros, sanando a los enfermos, haciendo brotar agua de la roca y convenciendo a unos cuervos para que le ayudaran a construir una iglesia dedicada a la Trinidad en Val di Non.

Romedio, ya entrado en años, vivía en una cueva con dos discípulos: Abrahán y David. Un día le pidió a David que ensillara un caballo, pero David se vino de vueltas aterrorizado. Había descubierto que un oso estaba enloqueciendo al caballo. Romedio no se descompuso y ordenó a David que saliera y le pusiera las riendas al oso. El discípulo se fió y se acercó temeroso al oso viendo con sorpresa como el animal bajaba la cabeza y la espalda, permitiendo que le pusiera la silla y el freno. El santo descendió del valle y al entrar en Trento cabalgando sobre un oso, fue acogido por la población y por una bandada de pájaros.

Romedio representa al líder de un movimiento eremítico, que en el Trentino tuvo una gran difusión y que duró hasta tiempos muy recientes. La leyenda que floreció en torno al santo en el siglo XIII, dice que sus dos compañeros, Abrahán y David, hicieron vida en común con él. San Pío X, en el año 1907 confirmó su culto “ab immemorabili”.

Grabado de San Columbano y el oso.

Grabado de San Columbano y el oso.

San Columbano de Irlanda
Columbano es uno de los representantes del mundo monástico que dieron origen a aquella “peregrinatio pro Domino” que constituyó uno de los factores de evangelización y de renovación cultural de Europa. En el año 590, pasó de Irlanda a Francia, Suiza e Italia septentrional, creando y organizando comunidades eclesiásticas y fundando monasterios, algunos de los cuales, por ejemplo los de Luxeuil y Bobbio, son célebres por sus homónimos libros litúrgicos. La Regla monástica que codifica su espiritualidad, está marcada por un gran rigor y tiene como objetivo asociar a los monjes con el sacrificio de Cristo. Su praxis monástica ha influido en la nueva disciplina penitencial de Occidente. Murió en Bobbio (Piacenza), el 23 de noviembre del año 615.

Se cuenta que un oso estaba devorando los restos de un ciervo que había sido matado por unos lobos. El santo le ordenó al oso que no destrozase la piel del ciervo porque podría servir a los monjes para hacerse unos calzados. El oso le obedeció. Un segundo episodio dice que el santo convenció a un oso para compartir las bayas de un arbusto de las que el santo ermitaño pudo comer. Bastó el signo de la cruz y se hizo una división imaginaria.

San Galo de Irlanda
Irlandés y discípulo de San Columbano, Galo (Gallech) se marchó con este al continente. Vivieron juntos en Luxueil y en Bregenz en el lago Constanza. Allí se quedó haciendo vida de eremita mientras San Columbano se marchaba a Italia, donde fundó la abadía de Bobbio. Con algunos compañeros, San Galo se fue al oeste de Bregenz en la región de Suabia, donde murió entre los años 630-645. Sobre su tumba surgió una iglesia, que fue el primer núcleo de la Abadía de san Galo, en torno a la cual se desarrolló la homónima ciudad helvética.

Un día, mientras San Galo estaba orando, vino un oso para alimentarse de los restos de comida. El animal estaba cojeando porque tenía clavada una espina en una de sus patas. San Galo le quitó la espina del pie y el animal, en agradecimiento, lo ayudó a construir su ermita.

Imagen de Santa Columba, mártir, en su iglesia de Rianxo, La Coruña (España).

Imagen de Santa Columba, mártir, en su iglesia de Rianxo, La Coruña (España).

Santa Columba de Sens
Columba es representada como perteneciente a una rica, aunque pagana, familia hispana – la tradición riminese dice que era de Rímini – y vivió en el siglo III. Para sustraerse al culto a los dioses, abandonó su familia y se marchó a las Galias, primero a Vienne donde recibió el bautismo y posteriormente, a Sens. Se dice que su verdadero nombre era Eporita, pero que fue llamada Columba por su inocencia.

En Sens fue martirizada por orden del emperador Aureliano en la segunda mitad del siglo III. Se cuenta que puesta entre unas fieras feroces a fin de que fuese atacada, la santa amansó a una osa para que la defendiese. Los verdugos decidieron echar al fuego a la Santa y a la osa, pero la muchacha, haciendo la señal de la cruz, apagó el fuego e hizo que el animal huyese; entonces, los perseguidores, llenos de ira, la decapitaron.

Damiano Grenci

Bibliografía y sitios:
* AA. VV. – Biblioteca Sanctorum (Enciclopedia dei Santi) – Voll. 1-12 e I-II-III appendice – Ed. Città Nuova
* C.E.I. – Martirologio Romano – Librería Editrice Vaticana – 2007 – pp. 1142
* Grenci Damiano Marco – Archivo privado iconográfico y hagiográfico: 1977 – 2014
* Musolino, Niero e Tramontin – Santi e Beati veneziani – Ed. Studium Cattolico Veneziano, 1963
* Pisani Paolo – Santi, Beati e Venerabili nella provincia di Grosseto – Edizioni Cantagalli
* Sartori Enio – Alla soglia dell’alba. Il Summano e la leggenda di Sant’Orso tra mito e storia – Ed. Signumpadova, 2000
* Sito comune.vejano.vt.it
* Sito imagessaintes.canalblog.com
* Sito scuole.provincia.terni.it
* Sito terredellupo.it
* Sito treccani.it
* Sito wikipedia.org

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Conrado Confalonieri de Piacenza, fraile franciscano

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Lienzo del Santo, obra de Giovanni Lanfranco. Museo de Bellas Artes de Lyon, Francia.

Lienzo del Santo, obra de Giovanni Lanfranco. Museo de Bellas Artes de Lyon, Francia.

San Conrado Confalonieri de Piacenza es el santo patrono de Noto, ciudad italiana de Sicilia. Aunque algunos historiadores afirman que nació en el año 1284, lo más probable es que naciera seis años más tarde, en el 1290 en la localidad de Calendasco, en la provincia de Piacenza. Descendía de la noble familia de los Confalonieri, que aunque vivían en Piacenza tenían muchas posesiones en otros lugares de la península italiana por su secular fidelidad a la Iglesia. De su infancia y juventud no se sabe prácticamente nada.

La zona de Calendasco era una zona boscosa, donde abundaba la alta maleza, que servía de cobijo a numerosas especies animales, por lo que era utilizada por su familia como una zona de caza. Un día, Conrado se encontraba de cacería acompañado de unos amigos y familiares, y como la caza no les era propicia, ordenó que prendieran fuego a la maleza, a fin de ahuyentar a los animales y ponerlos a tiro, pero, levantándose un fuerte viento, el fuego arrasó todo aquello que iba encontrando a su paso, tanto bosques como casas rústicas y cabañas. Asustado e impotente, salió corriendo hacia su casa, decidido a no contar la realidad de lo que él había provocado.

En cuanto la noticia se propagó por la ciudad, se culpabilizó al clan de los güelfos (a la que pertenecía Conrado) diciendo que lo que pretendían era desestabilizar a los gibelinos, quienes reclamaron ser resarcidos por los daños causados. Se buscó a un culpable, y pronto se encontró en un inocente y pobre ciudadano a quien el gobernador de Piacenza, Galeazzo Visconti, sin prueba alguna que lo incriminara, condenó a muerte.

Habiendo llegado la noticia a los oídos de Conrado, tanto le afectó, que no podía encontrar la paz por aquello que él había provocado, y como se vio impotente como para impedir que se consumara la injusticia, se presentó voluntariamente ante el gobernador contando lo que en realidad había sucedido, mostrándose dispuesto a reparar con sus propios bienes el daño causado a los demás. Como era un noble, pudo evitar ser castigado corporalmente, pero quedó en la más absoluta pobreza.

Cuerpo incorrupto del santo. Noto (Siracusa), Italia.

Cuerpo incorrupto del santo. Noto (Siracusa), Italia.

Este hecho lo transformó profundamente. En adelante viviría pobremente, se dedicaría a la oración y la penitencia, su esposa Eufrosina ingresó en el monasterio franciscano de Santa Clara en Piacenza y él ingresó en la Tercera Orden de San Francisco, retirándose a un eremitorio cercano a Calendasco, dejándose guiar espiritualmente por un fraile llamado Arístides. Habiéndolo dejado todo, decidió marcharse de Piacenza y en el 1315 abandonó la ciudad.

Según la tradición franciscana decidió ser un eremita solitario itinerante, peregrinando durante más de veinticinco años por gran parte de la península italiana, visitando las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo en Roma, dirigiéndose finalmente en el 1343 a Val di Noto en Sicilia. Allí entabló una estrecha amistad con Guillermo Buccheri, que había sido escudero del rey de Sicilia Federico II de Aragón, y que, por diversas vicisitudes de su vida, había decidido llevar una vida similar a la de Conrado.

Bucchieri lo hospedó en una celda en un barrio aislado cercano a la iglesia del Crucifijo, en la que permaneció por espacio de unos dos años, pero viendo que a él acudían muchos fieles, solicitándole consejo, molesto por estas continuas visitas, decidió retirarse a una gruta solitaria en la zona de los Pizzoni, donde se dedicó a llevar una vida completamente ascética, similar a la de otros muchos eremitas de los cuales ya hemos escrito en este blog. Con el tiempo, los vecinos llamaron a este lugar la Gruta de San Conrado.

Urna de las reliquias (contiene el cuerpo). Noto (Siracusa), Italia.

Urna de las reliquias (contiene el cuerpo). Noto (Siracusa), Italia.

En ella murió al lado de su confesor, el 19 de febrero del año 1351, aunque fue sepultado en la iglesia de San Nicolás en Noto. La tradición nos dice que murió de rodillas, absorto en oración y con los ojos puestos en el cielo, mientras la gruta se vio envuelta en una extraña luz. Como en aquellos tiempos era normal que un obispo local elevara a los altares a una persona santa y virtuosa a la que había conocido en vida, y el propio obispo de Siracusa (de la que dependía la localidad de Noto) había asistido personalmente al milagro de la multiplicación de los panes realizado por Conrado, de inmediato inició su Causa, la cual, por diversos eventos políticos y civiles, se vio interrumpida durante gran parte del siglo XV, aunque su cuerpo fue reconocido por primera vez en el año 1485, encontrándose incorrupto – como aún continúa -, siendo puesto en una urna de plata.

Su culto fue confirmado por el Papa León X, el 12 de julio del 1515 para la diócesis de Siracusa y el 30 de octubre del 1544 en toda la isla de Sicilia. El 12 de septiembre del año 1625, el Papa Urbano VIII concedió Oficio y Misa propia a la Orden Franciscana. Algunos años antes se le había erigido una preciosa capilla en la catedral de Piacenza y otra en la localidad de Calendasco. En el año 1740 se construyó una iglesia en el eremitorio de la Gruta, iglesia que fue convertida en parroquia en el año 1923. Un siglo antes, el 19 de mayo de 1844 la iglesia de san Nicolás quedó constituida como catedral de la nueva diócesis de Noto.

Reliquia del santo venerada en su localidad natal.

Reliquia del santo venerada en su localidad natal.

A San Conrado de Piacenza se le atribuyen algunos milagros realizados en vida. Se dice que un día se encontró en Noto a un viejo amigo que estaba afectado por una hernia. Viendo lo mal que lo estaba pasando y compadecido por su amigo, oraron juntos e inmediatamente desaparecieron los dolores y los síntomas. Pero el milagro más conocido es el de los panes: durante los años 1348-1349, la isla de Sicilia se vio golpeada por una gran carestía de víveres, originada por la peste negra que impedía todo tipo de comercio con la isla. La gente acudía a Conrado, el cual repartía sin cesar “pan caliente hecho directamente por los ángeles”. Este es el milagro que presenció el obispo de Siracusa y del que hemos hecho mención anteriormente.

La fiesta de San Conrado se celebra con toda solemnidad en Noto y en Avola, ambas localidades situadas en la provincia siciliana de Siracusa. En Noto, los fieles, vestidos con camisas blancas y portando cirios, se amontonan alrededor de la urna de las reliquias del santo. En Avola, la celebración religiosa es precedida por una carrera celebrada a la luz de las antorchas y por una fingida batalla entre los asaltantes y los defensores de la ciudad, en recuerdo de una de las correrías a la que se vio sometida por parte de los turcos. San Conrado también es el patrono de su localidad de origen.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Battino, U., “San Conrado Confalonieri, el buscador de Dios”, Calandasco (Piacenza), 2005.
“Conrado Confalonieri: figura histórica, imagen y culto”, Actas de las jornadas de estudio del VII centenario de su nacimiento, Noto (Siracusa), 1992.
– VV.AA. “Bibliotheca sanctórum, tomo IV”, Città Nuova Editrice, Roma, 1987.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beatos Juan Descalzo y Juan “Paniagua” de Sacramenia

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Escultura del Beato Juan Descalzo. Iglesia parroquia de Pleuven (Francia).

Escultura del Beato Juan Descalzo. Iglesia parroquia de Pleuven (Francia).

Aunque inevitablemente este tenga que ser un artículo corto, pues poco se sabe de ellos, quiero escribir sobre estos dos sencillos beatos cuya festividad conmemoramos hoy, día 14 de diciembre.

Beato Juan Descalzo, fraile franciscano
El beato Juan Descalzo era llamado así porque, incluso antes de ingresar en la Orden Franciscana, debido a su gran espíritu de pobreza y de mortificación, andaba siempre descalzo. Su casa era llamada la “casa del descalzo”. Gonzaga y posteriormente Wadding y De Moustier, dicen que era uno de los compañeros de San Francisco, pero esto no es cierto, no es exacto. De una leyenda escrita en el año 1364, se deduce que Juan Descalzo nació alrededor del 1278 en la diócesis de Saint Pol de Léon, en la Bretaña francesa, y si San Francisco había fallecido en el año 1226 –cincuenta y dos años antes-, difícilmente pudo ser un compañero suyo.

Nació en el seno de una familia pobre y cuando fue bautizado le impusieron el nombre de Yannig, que en bretón significa “pequeño Juan”. Pronto quedó huérfano y tuvo que trabajar con un familiar haciendo de albañil y de carpintero. Desde muy joven se dedicaba a hacer el bien, ayudar a todos, pedir limosnas y repartirlas, a hacer obras de caridad y cuando tuvo la edad apropiada, marchó a Rennes, donde realizó los estudios eclesiásticos y se ordenó de sacerdote en el año 1303, ejerciendo de párroco y de canónigo en la catedral de la diócesis. Durante trece años ejerció su apostolado entre sus feligreses diocesanos, llevando siempre una vida austera, de penitencia, de pobreza y como dije al principio, caminando siempre descalzo ya fuera invierno o verano. Pasado ese tiempo, ingresó en la Orden de los Frailes Menores, donde permaneció por espacio de treinta y tres años, siendo siempre un ejemplo de virtud y dedicándose especialmente al apostolado de la confesión y de la dirección espiritual. Aunque vestía el rudo hábito religioso, continuó siempre andando descalzo.

Sentía una predilección especial por los pobres y los enfermos, asistió a los habitantes de Quimper durante el asedio de Carlos de Blois en los años 1344-1345, al año siguiente estaba en Cornualles asistiendo a las víctimas de la hambruna que asoló la región en 1346 y era tanta su entrega y su generosidad que habiéndose dedicado por completo a socorrer a los enfermos de Quimper afectados por la peste – quienes veían en él a su ángel protector -, se contagió, muriendo en el convento de Santa María Magdalena de aquella ciudad en el año 1349. En este y en otros conventos de la provincia había estado viviendo durante este tiempo y en todos ellos dio muestras de santidad.

Relicario de parte del cráneo del Beato Juan Descalzo en la catedral de Quimper.

Relicario de parte del cráneo del Beato Juan Descalzo en la catedral de Quimper.

Fue sepultado en la capilla de San Antonio de la iglesia anexa al convento. Como en su sepulcro se realizaban numerosos milagros, este se convirtió rápidamente en meta de peregrinación especialmente de quienes estaban afectados por problemas de cefaleas y jaquecas. Actualmente sus reliquias se veneran en la catedral de San Corentino, en Quimper.

Siendo canonizado de viva voz por el pueblo llano, el Martirologio Franciscano lo conmemora el 14 de diciembre, o sea, hoy, aunque aun sigue en curso ante la Congregación para las Causas de los Santos la confirmación de su culto “ab immemorabili”, habiéndose realizado ya la llamada “sesión histórica” en la cual fueron presentados todos los documentos referentes a su vida y milagros, sobre todo del siglo XIV.

Beato Juan “Paniagua” de Sacramenia, eremita
El beato Juan “pan y agua” fue descubierto dentro de una gruta perteneciente a los monjes cistercienses del monasterio “Scala Dei”, cuando en el año 1142 fueron llamados por el rey Alfonso VII mientras estaban preparando la fundación del monasterio de Sacramenia, en la provincia de Segovia. O sea, toda su vida había sido un eremita que había vivido en la primera mitad del siglo XII en unas montañas cercanas a la ciudad de Segovia.

Era un anciano, vestido de harapos, físicamente encorvado, que había pasado la mayor parte de su vida haciendo penitencia y viviendo en soledad y oración a imitación de San Juan Bautista. Durante toda su vida se había alimentado únicamente de pan y agua y a esto se debe el nombre popular por el que era conocido por los vecinos que vivían en su entorno, quienes acudían a él ya que tenía fama de realizador de milagros. Hoy diríamos que era una especie de curandero.

Fachada de la abadía cisterciense de Santa María en Sacramenia.

Fachada de la abadía cisterciense de Santa María en Sacramenia.

Descubierto por los monjes, fue admitido en el nuevo monasterio de Sacramenia, aunque murió antes de cumplir lo que podríamos llamar el año de noviciado. En ese poco tiempo fue tal su fama de santidad acompañada de la realización de milagros, que los monjes, solo dos años después de su muerte dedicaron el monasterio a “Santa María y a San Juan de Sacramenia”. Sus reliquias fueron veneradas inmediatamente después de su muerte y actualmente se encuentran detrás de una sencilla lápida en el monasterio. Los menologios cistercienses también lo conmemoran el día de hoy y es considerado como protector contra la sequía y para conseguir abundantes cosechas.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Acta Ord. Min., “Un documento inédito del siglo XIV: la vida de San Juan Descalzo, de los frailes menores”, Roma, 1910.
– Henriquez, C., “Menologium cistertiense”, Amberes, 1630
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Amato Ronconi, terciario franciscano

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Lienzo del Santo en su hábito de peregrino.

Lienzo del Santo en su hábito de peregrino.

Aunque sus principales biógrafos fueron Sebastián Serico de Saludecio (humanista del siglo XVI), Francisco Modesti y José Silbini, la historia que nos ha llegado hasta nuestros días es principalmente mediante la tradición oral popular, ya que con anterioridad a la escritura de estas “Vita”, no se ha encontrado ningún documento escrito, salvo su testamento. Sin lugar a dudas, aunque nadie duda de la historicidad de este nuevo santo, los relatos de su vida están contagiados por elementos fantasiosos.

San Amato nació en el seno de una rica familia de Saludecio, población de la diócesis de Rímini, en un lugar llamado Monte Orciaro, alrededor del año 1226, siendo el segundo hijo de un matrimonio formado por Félix Roncone y de una santa mujer conocida familiarmente por el nombre de Santuccia. Se quedó huérfano siendo aun niño por lo que tuvo que irse a vivir a casa de su hermano mayor Jerónimo, trabajando como jornalero agrícola en casa de un terrateniente.

Desde joven, Amato quería vivir el espíritu evangélico conforme a la espiritualidad franciscana vivida en el pequeño convento de Formosino, convento que había sido fundado por el propio San Francisco y sus hermanos menores y que se encuentra en el monte Formosino, entre los castillos de Mondaino y de Montegridolfo. San Francisco era su modelo de vida, atrayéndole especialmente su simplicidad, su caridad y su austeridad, por lo que ingresó en la Tercera Orden del Seráfico Padre. También le atrajo sus ansias de peregrinación porque estuvo en Rímini para venerar las reliquias de San Gaudencio, en el Monte Titano para venerar las de San Marino y, según la tradición, hasta cuatro veces en Compostela para venerar las reliquias del apóstol Santiago Zebedeo. En una de estas visitas, su biógrafo dice que en Galicia resucitó a un muerto.

Vestía como un peregrino: una túnica amarrada con un cinturón de cuero a la cintura y una especie de esclavina sobre sus hombros. Unas sandalias, una bolsa al hombro para llevar sus objetos personales, un bastón para ayudarse en el camino y la célebre concha de Santiago que llevan los peregrinos compostelanos. En el camino, hacía sus correspondientes paradas para ganarse el sustento ayudando a los agricultores y ganaderos en el campo. Lo normal en todo peregrino de la época.

Escultura y relicario del Santo en Saludeccio, Italia.

Escultura y relicario del Santo en Saludeccio, Italia.

San Amato vivía con su hermana Clara en una casa en el Monte Orciaro, casa que su hermano mayor, Jerónimo, le había dado como parte de la herencia de su padre. Su cuñada, Lansberga, le propuso matrimonio con su hermana Inés y ante la negativa de Amato – que quería vivir en castidad -, difundió una calumnia según la cual, Amato renunciaba al matrimonio con Inés porque mantenía relaciones incestuosas con su hermana Clara. Pudo demostrarse su inocencia, pero dice la tradición que ante esta falsa acusación, Amato se flagelaba la espalda con las ventanas de su cuarto cerradas, pero que esto fue visto por uno de sus vecinos. Comía poco, llevaba una vida de ruda penitencia y, como acabo de decir, diariamente se flagelaba.

La casa de Amato, que estaba junto al camino que iba desde Rímini a Roma pasando por Urbino, se convirtió en un verdadero hospicio u hospital para los peregrinos que por allí pasaban y que se paraban a comer o a descansar. Él les daba la bienvenida, los acogía y cuando los suministros se agotaban, se reponían milagrosamente. Uno de los milagros que se cuenta es que, estando un día sin nada que llevarse a la boca, envió a su hermana Clara a recoger las legumbres que habían sembrado aquella misma mañana. Aunque la hermana se quedó extrañada, fue a la huerta y regresó con una enorme carga de nabos y otras hortalizas que, como he dicho, habían sido plantados aquella misma mañana. La noticia del milagro se corrió y los propios nobles del lugar acudieron a él solicitándoles su asesoramiento e intercesión. Fue precisamente por esta ola de entusiasmo despertada alrededor suya, por lo que se quitó de en medio y comenzó algunas de sus peregrinaciones.

En una de ellas – se dice que en la última que realizó a Compostela – tuvo una visión angélica que le ordenaba regresar a Italia porque su vida llegaba a su fin. Él lo hizo y se presentó en el monasterio de San Julián en Rímini, comunicando esta revelación a un monje benedictino llamado Salvio, al que le solicitó permanecer en el hospicio del Monte Orciano. El día 10 de enero del año 1292, Amato donó todos sus bienes a los monjes benedictinos y les dejó dicho en el testamento que, cuando muriese, su cuerpo fuera enterrado en la capilla del hospicio. Allí, en una humilde celda y sobre un jergón de paja, murió el 10 de mayo del 1292, con unos sesenta y seis años de edad. Su cadáver estuvo expuesto durante varios días a fin de que los fieles lo veneraran. No sólo no se descomponía sino que exhalaba una agradable fragancia y los enfermos que se acercaban a tocarlo, con su tacto quedaban sanados.

Último reconocimiento de los restos del Santo.

Último reconocimiento de los restos del Santo.

Después de realizados los ritos funerarios, fue sepultado en el Monte Orciaro, en la capilla del hospicio. La veneración de los fieles fue inmediata y prueba de ello es que el 26 de mayo del 1304 – sólo doce años después de su muerte -, el cardenal Francisco de San Eusebio, delegado del Papa Benedicto XI, confirmaba la donación hecha en el testamento al monje Salvio, denominándolo “prior del hospital del beato Amato”, y concediendo indulgencias a quienes visitasen su sepulcro.

Los datos más ciertos de su vida se encuentran en su testamento, que fue publicado en Rímini en el año 1862, por Tonini, L., bajo el título de “La Rímini del siglo XIII”. En él se dice: “Vir honestus et religiosus frater Amatus de tercio ordine beati Francisci” (no necesita traducción), propietario y fundador del hospital de Santa María del Monte Orciano cercano al castillo de Saludecio, ha realizado cesión solemne de dicho hospital y de todas sus propiedades a los monjes benedictinos de San Julián y de San Gregorio en Conca de Rimini, queriendo ser sepultado en la capilla del mismo hospital”. La carta lleva fecha del 10 de enero del 1292, siendo el único documento que nos dice en qué siglo vivió y murió.

En el año 1330, con ocasión de un incendio en la capilla del hospital, sus reliquias fueron llevadas a Saludecio y fue en esta ocasión donde tuvo lugar el famoso milagro del olmo. Aunque sea de manera breve, tendremos que narrarlo. El traslado se hizo en un carro tirado por bueyes y después de la ceremonia fúnebre, los bueyes que llevaban el cuerpo del santo se negaron a tirar del carro. El vaquero, exasperado, clavó un cuchillo en el suelo y más calmado, por mucho que tiraba para sacarlo, no podía. En el lugar nació repentinamente un olmo y ante este prodigio, todos aplaudieron espontáneamente. Desde ese momento es conocido como el “olmo de San Amato”. El olmo fue rodeado por un muro en medio de la plaza donde había enraizado, aunque posteriormente fue colocado junto a la primera casa de la acera izquierda de la calle principal que iba a la plaza.

Amato fue beatificado por el Papa Pío VI el día 17 de mayo del año 1776, concluyendo un proceso que había iniciado el propio municipio de Saludecio dos años antes. En el mes de septiembre del año 1804 el cuerpo del entonces beato fue puesto en su capilla de la parroquia del lugar dentro de una sencilla urna de hierro. El 3 de mayo del año 1930, su cuerpo incorrupto fue reconocido canónicamente y se puso en una urna realizada por unos orfebres de Faenza. En las paredes de la capilla están colgados numerosos exvotos, símbolos de los favores recibidos desde el día de su muerte, pues desde el siglo XIII hasta nuestros días, los habitantes de Saludecio cuentan innumerables milagros realizados por el santo. Es considerado como milagroso el hecho de que la urna hubiese quedado completamente intacta durante el bombardeo que sufrió Saludecio en el mes de agosto del año 1944 y que arrasó completamente la iglesia parroquial. Cuando los vecinos, un mes más tarde, tuvieron acceso a las ruinas encontraron la urna intacta, sin ni siquiera ninguno de sus cristales rotos.

Fieles alrededor de la urna del Santo.

Fieles alrededor de la urna del Santo.

El proceso de canonización fue promovido desde el año 1997 por la propia parroquia y por una Asociación creada al efecto: la “Pía Unión del Beato Amato”. La investigación diocesana se completó en el mes de mayo de 1999. El decreto reconociendo el milagro previo a la canonización fue promulgado el día 15 de abril de este año y la canonización fue realizada por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro, el pasado domingo. Su fiesta se celebra en Saludecio el día 10 de mayo.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– LUCHESSI, G., “Bibliotheca sanctórum, tomo XI”, Città N. Editrice, Roma, 1990.
– RENZI, D., “Vita del beato Amato Ronconi di Saludecio con aggiunta di preghiere”, Miramare, 1933.
– UGHI, G., “Cenni sulla vita, le opere e i miracoli del beato Amato Ronconi di Saludecio”, Saludecio, 1892.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es